Capítulo 6
Y si tan solo pudiera hacer un trato con Dios. Y hacer que intercambie nuestros lugares
-KATE BUSH-
El sonido de las botellas rotas en el suelo apenas provocaron una reacción. Todas estaban igual de vacías, aún así pudo maldecir internamente por el depósito desperdiciado en los envases. El vidrio era otro material escaso.
La economía, sin embargo, importaba una mierda. A medias se movió del sofá mientras encendía una nueva colilla, lamentó sobre el último trago que le quedaba para luego hacer desaparecer el alcohol. Esta vez tuvo un poco de cuidado al dejar el envase bien parado en el suelo.
Kal sintió la pérdida de sus viciosos acompañantes con profundo desagrado, con suerte lo ingerido habría sido suficiente para dejarla dormir por la noche. Un trozo roto de cristal le dejó ver las profundas manchas bajo sus ojos, se había pasado la noche viéndolas. No era que le interesaran realmente, pero le recordaban al bastardo que la noche anterior le había negado trabajar de turno en el bar. Porque sus trajines no serían atractivos para los clientes.
— Vete al demonio — fue su respuesta. No era como si se estuviera muriendo por trabajar de puta para un montón de malnacidos. Pero se quedaba sin provisiones y su nave estaba en mal estado.
Las ganas de mear la hicieron levantarse, el apartamento apenas tenía la iluminación que se filtraba por las diminutas ventanas en la parte superior de la pared, la ubicación subterránea le estaba causando gran molestia dado la basura que caía de la calle con sus numerosos comerciantes. Gracias a los dioses en Betan nunca llovía, probablemente se habría enojado tanto con esa piedra que se hacía llamar planeta al punto de matarse de un cabezazo contra el templo de la capital.
—Mierda —quito el peso de la planta de sus pies, podía sentir el trozo de vidrio que se le incrustaba.
Llegó al baño, dejándose caer sobre el retrete. Cuidadosamente retiró el trozo de vidrio recibiendo más sangre de la que había pronosticado. Sin la mínima ortodoxia tomó un trozo de tela sobre el lavado y la ató alrededor de su herida. Apretó los dientes, su cabeza reposó sobre la estructura del lavamanos, el sueño haciendo lenta presencia.
— ¡Te dije que debíamos volver antes! — La cuchilla penetro y se deslizó de nuevo hacia fuera del cuello del soldado, como si se tratase de aire —¡oh, pero te querías hacer el listo con el idiota de Arguk!
— ¡No me eches la mierda! ¡Tienes tanta culpa como…
—Mira, seguramente muera hoy. Así que no te atrevas a terminar esta frase porque entonces te irás primero que yo. — Su filosa compañera había encontrado un nuevo objetivo en un sujeto de cara borrosa hasta el momento en que su expresión de guerra se detuvo en las grietas de la piedra de lo que segundos atrás había sido un hombre. El filo contra gris se repitió en sus oídos al menos una tercera vez, cada arruga congelada en terror grabada en la cabeza de Kal. La piedra se transformó en pedazos de sí misma al descender. No importaba, jamás lo olvidaría. No lo había hecho antes.
…
Como en las escenas de vagas películas de comedia romántica, al menos cinco hojas en blanco hicieron maldecir a Ninji. Gohan agarro cuatro de ellas sin mucho esfuerzo devolviéndolas a su amigo.
— No me sirve. Se arrugaron. La maestra es una neurótica con esas cosas.
Oh, Gohan lo sabía. Ellos decían algo como: "El día que trabajen en una gran compañía no podrán excusarse por este tipo de presentaciones". Gohan conocía a Bulma, a conceptos de su maestra la genio sería un desastre.
— Le puedes decir que te esforzaste tanto que terminaste llorando sobre la tarea. Jangler le dijo eso al profesor de química, parecía conmovido.
— Él señor Sha se conmueve con cualquier cosa, incluso una de estas — palmeando su maletín.
Gohan frunció el ceño. Cuidadosamente sacó del interior de la mochila una revista que no tardo en reconocer. Justo del tipo que leía el maestro Roshi. Esta vez Gohan no pensó inmediatamente en evitar el contacto con ella, por el contrario sus ojos se fueron inconscientemente a la figura de la portada. La imbecilidad no duró mucho tiempo, devolvió el material justo a su lugar original antes de que su compañero se aprovechara de sus segundo de distracción.
Las mejillas de Gohan ya eran de un tono carmesí.
— No creo que sea legal.
— Hombre, solo di que quieres una. Está bien, yo no las uso, pero si quieres no debes avergonzarte.
La cara del semi saiyajin no discriminó en color — Yo… no …¿Que diablos dices, Nin?
— La mayoría de las personas lo ven porno. Obtienen una mejor experiencia al momento de cuidar sus problemas.
Pero Gohan no estaba entendiendo las claves con las que intentaba Ninji explicar su punto.
— A Veces olvido que apenas tienes once.
La mayoría del tiempo la cabeza de gohan podía hallarse en cualquier lado y en ninguno. Los días hasta el aniversario de cell eran cada vez menos y la pandilla comenzaba a hacer planes de reunirse. Decir que estaba entusiasmado no sería muy preciso.
— ¡Hey, niño! La calle está sellada.
Un oficial de policía se levantaba frente a él, Gohan estuvo ensimismado en su camino de la escuela con destino a capsule corp, donde de vez en cuando hacía una parada aprovechando la cercanía. Se distrajo el tiempo requerido para quedar perdido en la situación. Una barrida rápida a la calle le bastó para ponerse al día. Chispas relucientes de diamantes rotos explicaban más o menos la presencia de dos hombres robustos al otro lado de la acera.
— ¡Ayuda! — El grito de un niño vino dentro del establecimiento, el infante sostenido en su cuello por las manos de una mujer basta y de brazos grandes, uno de ellos apuntaba un revólver a la sien de su rehén.
No hacía falta una divagación mental, pensarlo dos veces habría sido inteligente. Pero su motivación tal vez no estaba tan rota.
Se deslizó sin importar cuán confundido podría quedar el oficial, en menos de un segundo estaba tras un Callejón.
Me reconocerán. Maldijo para sí mismo.
Habría querido evitar algo tan excesivo como un super saiyajin, pero siendo su única opción para mantener su identidad tal como hasta ahora se dejó envolver por el aura dorada. Una nueva ola de seguridad envolviendo su normalmente vacilante personalidad.
— Sueltenlo — cerniéndose sobre los ladrones a mitad de la calle.
— Largo de aquí, niño. No quieres lastimarte — habló un hombre de cabello rubio casi rapado a la raíz en primera línea.
— No voy a repetirlo otra vez — Los meses de entrenamiento en control de la primera fase de supersaiyajin mantuvieron el enojo bajo contro. Sin embargo, su propia inestabilidad se vio en el tono ronco de su voz — Larguense de aquí.
Todo fue demasiado rápido para cualquiera que presenciara la escena. Aún más para el mismo Gohan, en un momento la mujer que sostenía al niño estaba sobre un cráter en el mármol blanco en la enorme pared. Tosió un conocido líquido rojo para luego caer en la inconsciencia
Gohan solo miró. Se sacudió la comezón en su brazo izquierdo, trocitos de metal desprendiéndose de allí. Un chillido asustado de uno de los hombres y el caer de las armas al suelo lo hicieron reaccionar.
— Lo… lo siento. Yo… yo de verdad no quise. Por favor déjame ir con la podía — La rabia en Gohan se empezó a apagar siendo remplazada por un confuso ceño fruncido — Solo no me mates.
Ahora el pequeño Son parecía más horrorizado que otra cosa — ¡No! ¡¿Que…? ¿Por qué te haría eso?!
A pesar de sus palabras, el criminal se tomó el grito escandalizado del semi saiyajin más como una amenaza que una corrección. El mal estómago de Gohan se intensificó al levantar la mirada del hombre tembloroso y encontrarse con el susurro de los espectadores al otro lado de la calle.
La masa en conjunto creó más distancia en el instante que la atención del niño se posó en ellos, armas que antes apuntaban a los delincuentes tenían un blanco en el pecho del pequeño guerrero.
Las ganas de vomitar empeoraron.
Quiso decir algo, sin embargo las palabras se mantuvieron firmes y pesadas en su garganta. Las personas seguían susurrando.
— Gracias — una voz tan finita que casi pudo no haber sido escuchada, el maltrato era evidente en la garganta — gracias por salvarme.
El alivio que le brindó el pequeño niño no tuvo precio a los ojos de Gohan.
Eso no significa que otras imágenes irrelevantes dejarían de perseguirlo los siguientes días.
…
Ninji poco se atrevía a preguntar sobre el uso que se daría a los proyectos en los que colaboraba. Hasta el momento solo había participado en dos. Nació con un talento para los números y la ciencia, su estómago se agitaba mientras descubría posibilidades que antes de intentar era nada más que improbables. Todo sería absolutamente maravilloso, exceptuando el detalle de que muchos de esos logros nunca podrían ser utilizados por humanos. Las cámaras de gravedad fueron los primeros productos confidenciales que conoció tras iniciar sus pasantías, su capacidad de aumentar hasta quinientas veces la gravedad en la tierra en un contenedor lo dejaron mudo. Las cámaras nunca salieron al mercado, la posibilidad de su construcción nunca fue publicada en un artículo.
La ambiciosa corporación cápsula no daba a conocer sus descubrimientos más significativos. Ninji no estaba seguro de que fuera lo correcto.
A veces, solo de vez en cuando, tenía la impresión de que algo mucho más grande que las pruebas de laboratorio se escondían tras las paredes de la corporativa.
Ninji, resignado a mantenerse ignorante, no podía hacer más que tropezar con sus palabras cuando Bulma Brief le invitó a pasar a la prueba del modelo en el que había trabajado.
— Los quiero a ambos al frente hasta el final de la construcción del modelo, así que Ninji deberá estar presente.
— Disculpe, Señora Brief — Ninji revisó sus casillas en el formulario de observación — ¿Hasta qué capacidad realizaremos la prueba?
— Toda, por supuesto.
Su expresión se hizo notar, por lo que Brief solo dio una mirada indulgente y restó importancia con su mano — No te preocupes, mi marido lo probará.
— ¿Eso cómo demonios es tranquilizador? — La estridente carcajada de la peliazul lo mantenía anonadado, mientras el menor se arrepentía de su desliz.
Se podían plantear múltiples situaciones por las que estar allí era una mala idea. Tal vez al final del día él era solo el chivo expiatorio que utilizaría una rica compañía para culpar por la negligencia de probar prototipos no autorizados en humanos. Ni siquiera haría una ecuación, aún con todo el equipo disponible una persona jamás resistiria la plena capacidad de ese modelo.
— Tengo derecho a un abogado — murmuro para sí mismo cuando las puertas del laboratorio se abrieron revelando a una figura que apenas había visto de lejos. El hombre de estatura pequeña y cabello extravagante no se molestó en mirar a nadie más que su esposa.
— ¿Para que me llamabas mujer? — El tono lo estremeció.
Pero a diferencia de cualquiera en aquel lugar, la respuesta de Bulma era ajena a cualquier tipo de timidez — Necesito que pruebes la nueva cámara.
— Interrumpiste mi entrenamiento — Oh, sí. La obsesión del marido de su jefa por entrenar cualquier deporte diabólico del que se tratara era famosa hasta en revistas de chismes de leian sus compañeros de clase.
—- Oh que desgracia, majestad. Si es molestia vuelve a tu cueva, seguro Yamcha quiere colaborar un poco — la melosa voz de la científica le hizo apartar la mirada al adolescente que intentaba contener la risa, ojala el feo hombre no lo descubriera burlándose o algo parecido.
— Ja, como si ese inutil pudiera hacer algo bien.
— Te sorprendería.
— Bien mujer, Basta de acabar con mi paciencia. Es la última vez que hago eso. No soy tu ratón de experimentos.
El marido de la señora Brief se conocía entre los trabajadores y la prensa como el gran mito de Capsule corp. Ni siquiera las extrañas anomalías captadas algunos años atrás, como luces y el cielo ennegrecido, provocaron tanto de que hablar como la identidad de la pareja. La prensa sensacionalista de West City no tomaba descanso ni soltaba un pez gordo.
Ninji solo había visto al señor Brief de lejos. El hombre parecía tan hosco que algunos empleados temblaban y corrían despavoridos cuando estaban cerca. Pero estaba ese pequeño grupo, como la Doctora Bulma, el hombre con su extraña enfermedad de piel verde y Gohan, que parecían no tener el más mínimo cuidado. El adolescente debía sacudir su cabeza cada vez que se encontraba exagerando la situación.
Claro que la Doctora sabía cómo tratar a su marido, no es como si se tratara de un asesino despiadado o alguna teatralidad de ese tipo.
Su concentración volvió en cuanto una luz roja atravesó el vidrio que separaba la cámara del cuarto de observación. En un par de minutos fue visible la imagen de un campo rodeado de masas de agua verde profundo, mismo color sobre el cielo adornado de la copa de árboles solitarios que no gozaban de un nombre en los recuerdos de Ninji.
Era el escenario N1M37K. Él mismo había diseñado los códigos junto a Natto. Era una atmósfera ligera, gravedad inicial de 9.1 m/s², no muy distinta a la terrestre. Sin embargo, permitía las variaciones personalizadas. ¿De donde habrían sido ideados todos los escenarios que fueron agregados a la computadora?
—¡ Puedes empezar!— liberó el botón rojo junto al micrófono. Ninji junto sus cejas porque no conocía estos detalles.
No pasaba nada en especial.
Entonces el sonido asqueroso de la sustancia verde sobre el vidrio vino del otro lado. Los restos de una criatura verde bajo el pie del hombre no fueron procesados a tiempo para ver a otro pequeño sujeto del mismo color ser atravesado sin dificultad, sus sesos regados en la hierba artificial.
— ¿Es una broma? Pelear con estas sabandijas en un nivel tan bajo de gravedad da incluso vergüenza.
— Es parte del chequeo de controles — la científica abrió y volvió a cerrar el micrófono.
La gravedad fue aumentando y cuando llegó a las 600 veces la de la tierra, no creía que sus piernas pudieran sostenerlo por más tiempo.
Porque era simplemente absurdo.
— De todos modos ¿como hiciste para cultivar saibaiman?
¿Era el nombre de las criaturas extrañas?
El señor Vegeta salía de la habitación secando su cara con la toalla blanca que había dejado reposando antes de entrar.
— Fue Gohan — prosiguió tras ver cómo el hombre levantaba una ceja solitaria — él encontró las semillas en el uniforme que le diste en Namek. Analicé el asunto y los hice más precisos, más fuertes y todo eso. Natto creo que será todo por hoy ¿crees que lo monitoreado sea suficiente para marcar el estado actual con precisión?
— Creo que está bien, pero los escenarios…
— Se cancelan. Vamos a proseguir con los que están.
— Listo. Ninji, ya es todo por hoy… ¿Pasó algo?
Casi tropezó al escuchar eso último. Acababa de ver a un hombre sobrevivir a una gravedad imposible y lo más ingenioso que podía decir su mentor era "¿pasa algo?". Cabía la posibilidad de haber confundido sus pastillas para la gripe con los psicotrópicos de su madre.
— Espera, casi lo olvido. Le haremos una fiesta de cumpleaños a Gohan, le vendría bien si te unes.
El adolescente se detuvo a mitad de camino, sin saber qué responder solo asintió. Escapó finalmente de la mirada desdeña del hombre bajito que tanto lo intimidaba. No tenía ganas de probar que tanta imaginación tenía.
Mientras el príncipe saiyajin rodó los ojos apoyándose en la mesa lateral del cuarto de control.
Los pitidos de la máquina la tenían harta, sin embargo ella se veía tan seductora con el ceño obstinado y la mirada encendida por lo que fuera que tratará de obtener de la maldita computadora. Que ridículo sentir celos de un pedazo de chatarra.
— ¿Y ahora qué?
— Logré reducir las funciones cerebrales individuales de los saibaiman, ahora solo atienden la computadora. Sin embargo, no he logrado encontrar la forma de maximizar en gran escala el poder de lucha…
Se generaban más códigos en la pantalla, mientras la mujer de cabello azul alternaba la vista a los planos del segundo monitor.
— ¿Esos son 18 y 17?
— Lo son. Solo… sé que Gero tenía una especie de…
— ¿No te parece prudente utilizar los planos de ese maniático?
Las manos de Bulma dejaron de teclear — ¿Estoy hablando con vegeta? — Un ceja burlona se levantó.
— El tipo se intentó pasar de listo y acabó muerto. No creo que haga caso a lo que sea que él haya intentado sea inteligente.
— No eres muy diferente ¿sabes? — esta vez Bulma se dio la vuelta para verlo por completo.
Vegeta bufó mirando hacia otro lado. Ella estaba haciendo eso de nuevo. Había estado tan distante unos meses atrás que probablemente no se dio cuenta de que Vegeta lo supo. La veía por las noches regresar muy tarde a la cama, las luces del laboratorio encendidas por la madrugada junto a los molestos ruidos de las tuercas, los tornillos y maldiciones a la nada.
La máquina del tiempo de vez en cuando regresaba como un parásito llevando a la mujer al insomnio continuado.
Se acercó por detrás mientras ella seguía en lo suyo. El frío metal de la mesa le sirvió de apoyo para que pudiera reposar su rostro, haciendo un lugar en su cuello. El aire limpio y esterilizado se filtró en sus fosas. Como odiaba esa maldita batalla blanca, de hecho odiaba cualquier prenda de vestir en este momento.
— No creo que sea el lugar — ella soltó una risita traviesa por lo bajo, pero no dejó de trabajar.
— No dijiste eso las otras quince veces.
— Aún tengo que terminar y alguien podría entrar.
— Puedes pedirle al dragón que termine el trabajo.
— Soy mejor que cualquier dragón — su barbilla desafiante se enfrentó a Vegeta por completo, desarmando cualquier autocontrol que hubiera deseado mantener el príncipe. Su insolencia podía ser tan enloquecedora.
Las piernas de Bulma tampoco prestaron resistencia, se enrollaron en su cintura justo en el mal momento que ninguno de los dos se percató de la amenaza a su privacidad.
Ambos se separaron en cuanto notaron al hijo de Kakarotto con sus ojos casi a escapar de sus cuencas y una cara roja como el culo de un chimpancé.
— Yo… lo siento — de un momento a otro el niño ya no estaba.
— Te lo dije — se quejó Bulma.
Maldito enano y su ascendencia. Siempre lograban una forma de provocar su infelicidad, ahora tendría que esperar hasta la noche para buscar un poco de más… Mierda.
— No es como si se fuera a morir por ver eso — dijo finalmente — ¿Acaso cree que Trunks se hizo del viento?
— Bueno, yo era una virgen…
Y yo era un perro de dos cabezas.
— ¿Qué hay del otro niño? Creí que era la última persona que dejarías fisgonear.
Bulma resopló colgando su propia cabeza hacia atrás.
— Milk está preocupada, es la razón por la que arreglé las citas de Gohan con la escuela de West City. El otro día se fue de casa y no regresó hasta la noche.
Vegeta se burló — No es que como si alguien pudiera raptarlo a estás alturas del partido. Lo que no entiendo es que tiene que ver eso con lo que te pregunté.
Ella le dio una mirada fulminante — A eso voy. Ninji parece llevarse bien con Gohan, los he visto interactuar y creo que serían buenos amigos. Solo estoy tratando de ayudar a que el chico pueda hacer amigos sin preocuparse por verse normal.
— Lo que necesita es concentrarse en entrenar, la escuela es una estupidez— rodó los ojos al ver como su esposa frunció el ceño —¡¿Que?!— espetó mas fuerte al ver que ella no decía nada.
— Él dijo lo mismo — respondió una vez más.
Malditos Saiyajines y su incapacidad para actuar normal. Pensó Bulma.
…
— Suéltalo
Al igual que en los viejos tiempos, el semi saiyajin dio un salto en su puesto al escuchar la voz de su mentor que se había mantenido en sepulcral silencio hasta ahora. No había ningún ruido aparte del curso del río y la cascada hacia el precipicio. Una pareja de arrendajos cantan en su camino más allá de la montaña adornando el azul cielo de medio día. El calor del sol sobre su rostro daría un empujoncito de ánimo a Gohan, pero hoy era aún más silencioso que otras veces.
No es que le molestara. Era la razón por la que Piccolo técnicamente vivía allí, un buen lugar para meditar. Gohan inhalo las nostalgia de los días soleados y pacíficos, esos descansos de medio tiempo entre el entrenamiento y la meditación.
— Creo que estoy listo, señor Piccolo … para volver a entrenar.
Hubo una pausa. Como si estuviera buscando las palabras, solo que Piccolo siempre tenía las palabras.
— ¿Y es eso lo que quieres?
La pregunta podría haber resultado hasta retórica como simple curiosidad de la forma en que la escuchó.
¿Lo quería? No, Gohan no se atrevía a hacer la lista de las cosas que no quiere por miedo de alarmar a las personas que lo amaban. Después de tantos años de pelear por deber, ya había pasado la oportunidad para una reconciliación pasional con la lucha, eso no quitaría que disfrutará de un combate, pero iba acompañado de tantas cosas no tan buenas… No era lo que quería, pero lo necesitaba.
— Hice una promesa — murmuró el pequeño con la cabeza al suelo.
Hubo un suspiro cansado.
— Mira, Gohan. Sé que te sientes culpable… no, no me mires así. Eres pésimo ocultándolo. — el Namek deshizo su cruce de brazos para dirigirse al alumno — No te voy a mentir diciéndote que no fue tu culpa en absoluto…
Gohan levantó la vista inmediatamente sorprendido de la acusación.
Una sombra de curioso entendimiento cruzó por los ojos del hombre verde, aún así prosiguió — Puede que esto se haya podido evitar, sin embargo, no fuiste el único que cometió errores. Tu padre sabía el riesgo a asumir enviandote allí. No quieras llevar una carga que no te pertenece o puede que no salgas de allí.
Los ojos picaban por una vez más en la semana. A tientas borró la humedad de su rostro con la manga de su camiseta, sin embargo no podía ser tan disimulado con la misma marca sobre la arena.
Era la segunda vez que lloraba luego de no haberlo hecho en meses. Comúnmente se sentía tan orgulloso de dejar ese hábito atrás.
Deseó que el señor Piccolo lo reprendiera.
En cambio:
— No debes avergonzarte de llorar.
Entonces lo perdió.
El poco control sobre sus lágrimas se quebró dejando expuesto la miseria de un niño de doce años recién cumplidos.
Un año no merecido. El pensamiento se deslizó de sus barreras mentales con ridícula facilidad.
— No es cierto, Gohan. Para con eso.
— Duele mucho, señor Piccolo.
Tragó saliva al sentir el frío provocado por la voz quebrada del chico. Intentó hacer cuentas ¿en qué punto todo salió mal?
El Namek dio lo que sólo a Gohan le podía dar. Extendió sus brazos con torpeza sobre el hombro del niño permitiéndole aferrarse por completo a él. El contacto físico era un lenguaje extranjero para el rey demonio, siempre fue un buen demonio. Aun así, Gohan lo necesitaba. Si el chico requería un brazo donde llorar, él se lo daría. Porque se ablandó cada vez que miró a Gohan, el niño raro que se abrió un profundo espacio en el corazón del demonio. Ahora temía por lo que sería el futuro del chico, cada vez más distante de lo que una vez conoció.
Gohan había perdido algo y Piccolo temía que él jamás volviera a ser el mismo. Esperaba volver a ver al rostro alegre que cantaba a los pájaros en lugar del cascarón de angustia que había dejado Cell…
¿A quién quería engañar? Sería tan fácil hacer al bio-androide el culpable de todo. Aunque lo odiaba con todo su ser, odiaba más saber que él mismo había tenido su parte en este sombrío desenlace que hoy pesaba sobre la inocencia de su alumno.
Se sintió tan hipócrita tras haberle dicho aquello a Goku. Él fue quien arrastró a Gohan en todo esto a fin de cuentas. Fue él primero en tratar de romperlo una y otra vez, solo porque resultaría útil, porque la tierra requería un arma en tiempos desesperados.
Patrañas. Por pura codicia.
Si Gohan lo necesitaba, Piccolo se lo daría, porque Piccolo se lo debía.
— Volveremos a entrenar con la puesta del sol.
...
Lo siento por las irregularidades en el formato.
Bien. Esta vez no me disculparé por tardar.
Lo siento, lo siento.
Ok, fuera de la autocompasión, esto iba a ser un poco más largo, pero adivinen. Terminé eliminando personajes y subtramas para no atarearlos con mil OC.
Voy a constetar mañana las reseñas pendientes por inbox. Con esto me despido.
Los quiero.
pd: Hay algunas pistas y curiosidades en el cap sobre puntos importantes. Si las detectan, no duden en comentar.
