Una habitación con paredes pintadas de blanco, una ventana que daba a la calle, cortinas también blancas. Dos camas idénticas, y dentro de ellas se encontraban Lincoln y Lynn respectivamente.
Recostada y despierta, viendo un partido de béisbol en la televisión, todavía un poco cansada por lo que pasó hace ya 3 días. Estaba con la cara con unas pocas marcas, y una venda en el párpado, y éste mismo ojo morado. Por suerte no perdió ningún diente, y tampoco le ocurrió algo sumamente grave, había sido mucho menor que lo sucedido con su hermano.
Éste último se encontraba en un peor estado, siendo administrado con calmantes vía intravenosa, con una venda recubriendo su pecho, y otra en su cabeza, parecida a la que Lisa había hecho, con la diferencia que ésta no le cubría el ojo. Al contrario que su hermana, se encontraba dormido, no importaba que sean las dos de la tarde, su cuerpo necesitaba recuperarse todo lo posible de sus heridas.
Fuera de la habitación estaban los padres Loud, hablando con el médico al cuidado de sus dos hijos. Al parecer ya habían comenzado a charlar desde antes.
—... Y por lo que veo, su hijo está evolucionando de una manera magnífica, si todo sigue de esta manera sería dado de alta mañana a primera hora, luego de que le dé ciertos parámetros a tener en cuenta, y los cuidados necesarios para su laceración —explicaba el doctor con buen ánimo, a la par que se ajustaba los lentes.
Connor Arlic, un hombre de mediana edad, casi repleto de canas, y el médico de confianza de la familia. Habían tenido suerte que estaba disponible cuando Lincoln entró a urgencias.
—Esas son muy buenas noticias —dijo Lynn Sr. esbozando una sonrisa. Aunque la preocupación en sus ojos no se iban a ir hasta que su hijo esté sano y salvo en casa.
—Muchísimas gracias doctor, no sabe lo feliz que me hace saber eso —agradeció la madre, con una expresión muy similar a la de su esposo.
—Bien, antes de retirarme debo decirles que Lynn Junior acaba de ser dada de alta. Le hicimos los controles protocolares para saber su estado, y es de mi agrado informarles que no tiene nada de gravedad, solo denle paracetamol cada ocho horas durante dos días, y en menos de una semana ya habrán desaparecido sus hematomas —el hombre mayor terminó de decir con calma.
—Genial, gracias por todo doctor, iremos a avisarle y a llevarla a casa —la madre habló primero.
—No es por sonar repetitivo, pero le agradezco de todo corazón doctor —el padre repitió una vez más.
—No hay de que señores Loud, solo hago mí trabajo. Nos vemos —se despidió el médico, dándole la mano a cada uno de los padres.
—Nos vemos luego —dijo el padre.
—Hasta pronto —Rita decidió despedirse con otras palabras.
Luego de ese intercambio de palabras, Connor se fue rumbo al ascensor, claramente debía estar ocupado con otros pacientes además de sus hijos.
Los padres Loud no mediaron palabra y entraron a la puerta a su izquierda. Al estar dentro vieron la misma escena que últimamente casi los tenía acostumbrados: Su hijo en una cama de hospital, y su hija en la otra cama, la que está del lado de la ventana.
Hablando de esto, se la veía contenta, aunque no del todo, pero está mejor que el primer día que estuvo acá. Todavía no estaba a su cien por ciento, pero la mejoría era evidente.
Sin hacer mucho ruido, Rita y Lynn Sr. se acercaron a su hija, quien no despegaba la vista del partido de béisbol. Y al estar cerca, los pudo ver con el rabillo del ojo, así que los saludó con calma y en voz baja.
—Hola pá, hola má, ¿Cómo están? —preguntó la castaña de manera animada, y con la cabeza apuntando a ellos.
—Estamos bien hijita —dijo Rita en el mismo tono de voz que su hija.
—Mejor ahora que estás dada de alta —Lynn Sr. tomaba totalmente por sorpresa a la deportista, mientras reía por la expresión que creía iba a tener.
Estaba en lo cierto, su expresión sorprendida le dió risa a ambos padres, quienes solo rieron por lo bajo por respeto a su hijo.
—¡Eso es genial! —gritó Lynn, siendo sobrepasada por la emoción y olvidando que su hermano estaba descansando.
Logró taparse la boca con los ojos abiertos como platos, pero sabía que su padres no estaban para nada contentos. Ni bien dió el grito miraron con desaprobación a Lynn, no la iban a regañar, ella ya sabía lo que esa mirada significaba.
Sus miradas se vieron interrumpidas por el sonido de una sábana moviéndose, y una voz un tanto ronca dando un bostezo. Dieron un poco la vuelta sus cuerpos y quedar de un perfil más cómodo para hablar con Lincoln.
Éste, por su parte, despertó, y se quedó mirando al frente durante unos segundos. Después vieron cómo su mirada se dirigía a la puerta, pero no sabían muy bien el por qué.
—¿Hijo? —preguntó con suma confusión el patriarca.
Lincoln solo se limitó a girar su cabeza hacia la izquierda, su ángulo de visión con el ojo derecho no le permitió ver a sus padres antes.
—Ah, hola mamá, hola papá, no los había visto—dijo el peliblanco, mirándolos con su sonrisa y una expresión cansada.
Verlo de esa manera, las vendas, las ojeras, el ambiente, nada de esto le daba a los padres mucha felicidad. La cereza del pastel era su ojo, todavía no podían verlo sin sentirse incómodos, algo parecido les pasaba con su otra hija Lucy, solo que con ella sucedía en menor medida.
—Buenas tardes hijito —su madre saludó, intentando dar una sonrisa lo mejor posible.
—Hola campeón, ¿Cómo te sientes? —la sonrisa de su padre era un calco a la de Rita.
—Mejor que ayer, menos cansado. Por lo que me dijo el médico, estoy mejorando mucho más rápido de lo esperado —dijo Lincoln con un poco más de ánimos.
—Me alegro por ti apestoso, pero la número uno se va primero —dijo Lynn mientras se apuntaba a sí misma con los pulgares y le daba una sonrisa arrogante.
Al oírla, Lincoln volvió al estado de antes.
—Si, gracias por la preocupación —dijo con sarcasmo, sin siquiera mirarla, no lo había hecho antes, en nada cambiaba girar la cabeza para verla ahora.
—De nada —claramente no había captado el sarcasmo en su voz.
Sus padres solo se veían más felices al saber que sus hijos seguían con la relación de siempre, mientras que Lynn seguía igual que antes.
Conversaron durante un rato, y hablaron con sus hijos sobre lo que les había dicho su médico de su situación actual. Claramente Lynn no esperó más y se levantó a irse sin siquiera despedirse de su hermano, no la regañaron, ya sabían cómo era.
Lincoln por su parte se puso feliz, ya no iba a tener que lidiar con ella durante, por lo menos, un día. Sus padres se disculparon con él, y se despidieron, iban a llevar a Lynn a casa lo antes posible.
El albino ahora se encontraba solo en una habitación de hospital, y al ser un pueblo chico, con pocos incidentes, creía que iba a seguir de esta manera hasta ser dado de alta.
No tenía nada para entretenerse, se había quedado sin teléfono desde que Lola hizo lo mismo que con el de Lori y lo tiró al agua hirviendo. Sus padres no le compraron otro porque Lola les mintió diciéndole que se le cayó al agua por andar peleando con ella, y haciéndose la víctima logró su cometido.
Sus padres le dijeron que no le iban a comprar otro por su "comportamiento", y que si quería otro se lo iba a tener que comprar por su cuenta. A éstas alturas era inútil intentar ganar una discusión con ellos, siempre se ponían del lado de ellas.
Pero bueno, cómo ya sabemos no tiene nada, ni le gusta ver la TV, así que la apagó. No tenía sus comics, no podía hablar con sus amigos, su guitarra estaba destruida.
—Hola, hace bastante no hablamos —dijo Lincoln al tal ente con el que habla de vez en cuando —, pero juro que no fue porque yo quisiera, estuve muy cansado por la recuperación de mis heridas —siguió con lo antes dicho.
Tomó una breve pausa para pensar un buen resumen de todo lo que pasó estos días.
—Para empezar, les voy a contar cómo llegué aquí, o por qué no quiero matar a Lynn, y demás cosas que seguro se estarán preguntando —dijo, luego de su pausa.
—Luego de que Lisa me sedara, mis padres llegaron a ver cómo estaba inconsciente encima de Lynn, justo después de haberla golpeado —cerró los párpados unos segundos, y respiró profundamente, para seguidamente abrirlos.
—Lisa les dijo que tenían que llevarme a mí y a Lynn a urgencias, y que les contaría todo de camino al hospital—se quedó pensativo unos momentos —. Nos llevaron a Vanzilla, y en nada llegamos al hospital general de Royal Woods. Lisa en el camino les explicó a nuestros padres que yo había accedido a probar una droga experimental de ella, que teóricamente era un energizante, pero que agarré el frasco equivocado, y ese era un experimento fallido —dijo, para hacer una pausa.
—Eso hizo que, según ella, me indujera a un estado de euforia combinada con alucinaciones, lo que causó que golpee mi cabeza contra el piso, lo que generó el glaucoma. Y por culpa de las alucinaciones, entré a una junta de hermanas, y comencé a golpear a Lynn sin razón. Cómo Luna no sabía cómo pararme me rompió la guitarra en la espalda, y Lisa me inyectó un calmante que me dejó inconsciente —al terminar de hablar, se tronó los dedos de las manos y el cuello.
—Con esa explicación hizo creer a mis padres que nadie tenía la culpa en esto, es más, les hizo creer que fue más mi culpa que la de ningún otro —dijo, pero no estaba enojado, se mantenía tranquilo —. Y lo peor de todo, es que cuando desperté al siguiente día, luego de una cirujía de emergencia por el corte en mi espalda, cuando mis padres no estaban, todas me explicaron lo que acabo de decirles; les dije que me porté como un idiota, que no debí reaccionar de esa manera... y les pedí disculpas por como actúe... —frenó su relato, todavía no podía con el actuar de sus hermanas.
Su mirada, totalmente perdida en un punto fijo en la pared, pareciera como si no estuviese en este lugar, más bien se lo veía perdido, pensante.
—... Pero ninguna de ellas me pidió disculpas a mí: Ni Lynn por el glaucoma, aparte de marginarme durante mes y medio; ni Luna por romper mí guitarra y hacerme un corte que necesitó más de veinticinco puntos de sutura, además de la cicatriz que va a quedar en mí espalda; ni Lola por sus humillaciones; ni a Lori por obligarme a pagarle las cenas a la chicas. Por su culpa me quedé sin ahorros, y no le pregunten de dónde sacó dinero para tener su nuevo iPhone. ¿Se hacen una idea cuánto dinero ahorrado me robó? —dijo, para esperar a que le den una respuesta, que claramente nunca iba a llegar.
—Mil trescientos dólares. Son diez dólares cada pizza, y mis hermanas comen, en promedio, tres porciones de pizza cada una. Esas son cuatro pizzas, o sea, cuarenta dólares. Comparaban pizza cada sábado y domingo, y en dos meses y medio, hay más o menos, doce sábados y doce domingos. Sumenle a esos novecientos, los cuatrocientos del iPhone, y listo, adiós a mis ahorros —se frotaba la frente mientras contaba todo.
Dejó de frotarse la frente, y cerró los ojos unos instantes, para seguir nuevamente con lo que decía.
—¿Saben algo interesante? Las cicatrices no se borran con nada, son como tatuajes, con la diferencia de que con láser y tratamiento, los tatuajes se borran —hablaba con la nada misma, con ese algo salido de su mente, con el que hacía su descargo emocional.
El albino miró el techo, se miró las manos, los brazos, se vió la cara en el reflejo de la ventana; y soltó un largo suspiro.
—Todavia no se me va lo negro de la uña —comentó de la nada —, y las marcas que tengo en los brazos, las manos, el corte en la ceja; todo eso, es imborrable —dijo mientras cerraba los ojos y tomaba un profundo respiro.
Al abrir los ojos, volvió a sí mismo, y cayó en la realidad nuevamente.
—Bueno, siguiendo por dónde estaba, cuando les pedí disculpas las aceptaron, y me preguntaron si había rencores. Yo les contesté que no, pero para mí, la relación que tuve con la gran mayoría, nunca va a volver a ser la misma —miró al frente con enojo, mientras su cuerpo permanecía relajado.
Pareciera que pensaba en todo, intentando soportar de alguna manera lo que hacía por ellas. Todo lo que nunca vieron, todo lo que no están viendo, y todo lo que nunca van a ver.
Pero la esperanza nunca se acaba, siempre iban a poder cambiar a mejor, seguramente algún día se den cuenta, y le devuelvan todo lo que él sacrificó por ellas.
Decidió alejar esos pensamientos de su cabeza, y pasó a ver el lado bueno de la situación, como siempre hace.
—Mis padres, por otro lado, no tienen la culpa de nada, se fueron de vacaciones y reaccionaron lo mejor posible a la repentina noticia que le dieron, yo no tengo nada en contra de ellos —al hablar de sus padres cambió ese semblante enojado.
—A mis amigos tampoco les puedo reclamar nada, se fueron todo el verano a un viaje de egresados, y van a volver justo para el primer día de secundaria. Yo ya había decido no ir al viaje desde antes que todo ocurriera, y como no tengo teléfono, no se enteraron de nada. Mejor así —el albino daba su punto de vista.
—Para Lucy solo tengo palabras buenas. Siempre estuvo ahí para mí, reconfortándome, escuchandome, pasando tiempo conmigo. Es la mejor hermana que podría desear —sonrió, recordando la buena relación que creó con su hermanita.
—Y ya no hay más que contar, solo voy a terminar diciendo que seguramente mañana ya esté en casa, y que, ojalá el tiempo aquí dentro se haga corto —terminó de decirle al tal ente, mientras se acomodaba mejor en la incómoda cama de hospital.
Estuvo pensando en que hacer ni bien vuelva, más que nada de qué manera iba a remodelar su habitación, ya que está le estaba quedando chica, además de que los juguetes que tiene ya nos los usan, y ocupan espacio valioso en esa pseudo habitación.
No tenía dinero, y no iba a pedirle a sus padres que le comprasen una cama o algo así, entonces debía planearlo bien. Fue justo en ese momento que recordó que su madre le había dejado unas revistas, hojas en blanco, y lapiceras; así que sin perder más tiempo se puso a dibujar su habitación como la recordaba, para así poder ver como mover los muebles en distintos lugares.
Estuvo de esa manera hasta que una enfermera le trajo la cena, exactamente a las siete y cuarenta de la tarde, e igualmente no había podido elegir entre los dibujos que había estado haciendo. Así que, dejó todo en donde estaba, comió, y esperó a que la enfermera venga a retirar la bandeja. Un rato más tarde vino, agarró la bandeja y se la llevó.
Poco después de eso, vino otra de las enfermeras, de las más jóvenes, y le cambió el suero, además de ponerle otra bolsa, pero llena de un líquido para prevenir infecciones. Luego de eso, le sacó los vendajes de la espalda y la cabeza, limpió sus heridas, las desinfectó, y por último, le puso unas vendas nuevas. Por lo que pudo ver, y lo ella le dijo, estaba curándose de muy buena manera.
Al terminar con su labor, se fue, no sin antes apagar la luz; así que, Lincoln decidió cerrar los ojos para dormir, quería estar lo mejor posible para mañana.
Durmió hasta las seis de la mañana, horario en el cual se levantó de la cama, y fue al baño. Toda una odisea, teniendo en cuenta que estaba drogado, adolorido, sin poder terminar de acostumbrarse al glaucoma, y teniendo que mover el portasueros. Pese a todo, lo logró solo sin ningún problema.
Siguió durmiendo un rato más, hasta que se levantó con el brillo del sol en todo su esplendor. Estaba menos drogado que a la madrugada, y se sentía bastante más enérgico.
Para matar el tiempo, decidió seguir planificando su habitación, además que estaba pensando de qué manera vender todas las cosas que ya no utilizaría.
El tiempo pasó volando, y antes de darse cuenta, su doctor estaba entrando en la habitación.
—Buenos días, Lincoln —saludó Connors, con su formalidad característica.
Ni bien lo saludó, comenzó a guardar sus cosas en la mesa a su derecha.
—Buenos días, doctor Arlic —el albino contestó tratándolo con sumo respeto, como siempre hizo con los mayores.
—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó, mientras se preparaba para anotar las respuestas del chico.
—Mejor que ayer, ya no me duele la espalda al moverme, aunque todavía no me acostumbro a moverme con un ojo menos —respondió con sinceridad.
Anotó el doctor su respuesta, y antes de continuar con las preguntas de protocolo, decidió dar su opinión clínica sobre el tema.
—Genial, es muy bueno que ya no te duela, y con el tema de tu ojo, vas a tardar en acostumbrarte. El glaucoma es muy delicado, más teniendo en cuenta que la medición de la profundidad, es afectada por la ceguera en uno de tus ojos; además que, reduce el rango de visión, y lograr ver cosas, a veces va a necesitar que gires la cabeza —dijo el doctor a Lincoln.
Éste se quedó pensando un poco, y luego respondió.
—Si, justo ayer me pasó algo así con mis padres, estaban a mi izquierda, y hasta que no me hablaron no supe que estaban ahí —contó el chico.
—Son cosas normales, teniendo en cuenta tu estado actual, pero lo bueno es que prontamente te acostumbrarás —le dió palabras de ánimo al peliblanco.
Lincoln sólo dió una sonrisa, sin duda Connors sabía cómo tratar con sus pacientes.
—Además de querer saber cómo estabas, vine a ver tus heridas, y si todo está bien, vas a poder irte a tu casa ni bien tus padres vengan a buscarte —dijo el doctor, mirando a los ojos a Lincoln.
El chico asintió en forma de respuesta, y se sacó la camiseta.
Connors se acercó, y dejó sus anotaciones en la mesa. Le quitó las vendas a Lincoln, y vió cómo estaban sus heridas, lo revisó por completo.
Al finalizar, tiró las vendas a la basura, le tiró alcohol en la herida, y agarró sus anotaciones. Al ver qué no le ardió el alcohol, procedió a decirle lo que vió.
—Por lo que pude ver, la herida está perfectamente, ya va en una etapa avanzada de cicatrización, y no va a hacer falta que la sigas teniendo vendada —dijo el doctor, mientras anotaba todo lo que vió.
—Que bueno —comentó Lincoln, mientras se ponía nuevamente su camiseta naranja.
—Sin dudas es muy bueno —agregó Connor —. Te voy a dar unas indicaciones, con respecto a lo que debes hacer, cualquier duda, me preguntas —al terminar de hablar dejó de ver las anotaciones, y lo vió a Lincoln.
—Está bien —respondió de manera amena.
—Puedes mojar la herida, pero al secarte, no frotes, solo pasa la toalla de manera delicada, además, no hace falta que la desinfectes, solo échale alcohol después mojarla. Si te pica, no te rasques, es normal. Por último, los puntos te los voy a sacar dentro de una semana, así nos aseguramos bien que haya cicatrizado internamente —dijo el médico.
—Entendido, no tengo ninguna duda —respondió el albino.
—Si es así, voy a decirle a la secretaria que llame a tus padres para que vengan a buscarte. Nos vemos en una semana Lincoln —se despidió el doctor Arlic, mientras ondeaba su mano.
—Nos vemos doctor —se despidió también Lincoln.
Al escuchar cómo cerró la puerta, agarró sus zapatillas de debajo de su cama, y se las puso. Además, fue guardando lo poco que era de su pertenencia.
En el momento que tenía todo preparado, decidió seguir con sus planes, matar el tiempo era la mejor idea en éste momento.
Luego de un lapso de, más o menos, quince minutos, vió a sus padres entrando a la habitación.
—Buenos días —saludo Lincoln primero.
La pareja se acercó a la cama donde su hijo se encontraba dibujando.
—Buen día hijito —Rita devolvió su saludo, a la par que lo abrazaba, y le daba un beso en la cabeza.
—Buenos días hijo —el padre hizo lo propio, con una sonrisa. —¿Estás listo para que nos vayamos? —preguntó.
—Si, solo déjenme que guarde estos planos, y nos vamos —respondió.
Se levantó de la cama y agarró todos los papeles con dibujos, se fijó cuáles eran los mejores de entre ellos, y tiró los sobrantes. Se había quedado con 3 ideas centrales.
—¿Qué es eso hijo? —la madre miraba con intriga los planos.
—Nada, son unos planos para ver cómo remodelar mi habitación —dijo sin darle importancia.
—Oh, bueno, cualquier cosa que necesites, siempre puedes pedirnos —dijo ella dedicándole una sonrisa.
Su padre solo se quedó un poco pensativo, esa habitación ya era muy pequeña para alguien de su edad.
—Bien, andando, en el auto les cuento lo que se me ocurrió —el peliblanco se dirigió directamente a la puerta.
Sus padres fueron con él, se notaba que su hijo ya no quería pasar ni un minuto más dentro del hospital.
Llegaron al estacionamiento, y entraron a Vanzilla. Una vez que estaban todos sentados, y el motor ya estaba en marcha, Lincoln habló.
—La mejor idea que tengo para mí habitación sería hacer que mi cama esté arriba de un escritorio, y subir a por una escalera, que quede como una litera, pero solo con la cama de arriba. Pondría un ropero en frente de la cama, dónde está, y las estanterías las pondría en la parte de abajo de la cama —dijo a sus padres.
—No es un mal plan —opinó el padre —, el problema es dónde hacer la media litera, y ni hablar de dónde sacaríamos el escritorio que necesitas —terminó de decir, sin dejar de mirar el camino.
—Además, ¿De dónde sacaríamos un ropero nuevo? —agregó la madre.
—Eso ya lo había pensado de antemano, hice bastantes tareas de hogar en la casa del Sr. Grouse, y nunca le pedí dinero. Me llevo muy bien con él, seguramente me regale algún escritorio que no use —dijo Lincoln —. El ropero lo compraré más adelante, y para la litera y la escalera las puedo conseguir vendiendo unos cómics de edición limitada —contestó.
—Si, ahora que lo dices, es muy buena idea —dijo Lynn.
—Si, pero no creo que quieras vender tus cómics por eso —opinó ahora Rita.
—Nah, ya no los leo, no me sirve de nada tenerlos ahí juntando polvo —Lincoln dió a entender por qué su razón.
—Si te responsabilizas, por mí no hay problema —definió la rubia.
—Por mi parte tampoco hay problema alguno —dió su veredicto el castaño.
—Genial, ni bien llegue, me pongo manos a la obra —comentó con un entusiasmo característico.
Sus padres se miraron a los ojos y sonrieron, su hijo estaba creciendo, y estaban claramente orgullosos.
Pasó un rato hasta que llegaron a la casa. Al estar Vanzilla ya estacionada, bajaron y fueron a la casa.
Al entrar, lo primero que pudo ver Lincoln, fue a Leni y Lily jugando con muñecas en la sala de estar; Lori estaba mirando se teléfono, mientras en la tele estaba puesta una telenovela; junto a ella estaban Luan y Lola, una haciendo juegos de palabras cada dos por tres, y la otra quejándose de no poder escuchar la tele.
De fondo podía escuchar a Luna tocando un solo de guitarra desde el piso de arriba; y también se oía a Lynn usando la licuadora en la cocina.
Lucy estaba en uno de los sillones individuales, leyendo alguno de sus libros; a Lisa se la veía bajando las escaleras con un tubo de ensayo lleno de un líquido flúor.
—¡Chicas! ¡Ya regresamos! —gritó el patriarca.
Todas dejaron de hacer lo que hacían, y se acercaron a Lincoln en una estampida. Un bombardeo de preguntas se hizo presente, en dirección a su único hermano.
Siendo sobrepasado por el ruido, y totalmente irritado por la locura de sus hermanas, se metió dos dedos en la boca, y dió un aturdidor silbido.
Todos se callaron, así que decidió hablar primero.
—Paren ya con las preguntas sin sentido, estoy bien, y me siento bien. Si tienen alguna duda levanten la mano y les respondo. Una por persona —ordenó el chico, con una voz tranquila.
Todas levantaron las manos, así que apuntó a Lily, quien al verlo, bajó la mano y habló.
—¿Te duele dónde te lastimaste? —pregunto inocentemente.
—No mucho —respondió de manera concisa.
Varias de las chicas bajaron la mano, así que ahora apuntó a Luan.
—¿Te enteraste que van a sacar una nueva película? —dijo ella, aguantando la risa.
—¿Cuál? —preguntó intrigado.
—Es sobre un mafioso, algo así como "Espaldacortada" —no pudo aguantar más la risa, y estalló por su propio chiste.
—Muy graciosa, Luan —respondió con sarcasmo.
Ahora apuntó a Lynn, quien con impaciencia, y casi dando saltitos, respondió.
—¿Me puedes ayudar en mi práctica de basquetbol? —pregunto entusiasmada.
Antes de que siquiera pueda responder, Luna habló.
—¡Hey! ¡Yo iba a pedirle que me ayude a terminar la letra de una nueva canción! —grito la rockera.
En solo segundos, se pusieron a discutir, mientras sus padres reían de la situación, contentos por ver nuevamente la cotidianidad.
Lincoln solo se quedó en silencio, con la mirada totalmente perdida, comenzó pensar
—Es raro volver a la rutina y el caos de esta familia luego de tanto tiempo, todo esto es igual que hace unos meses, es como si nada hubiese cambiado —pensó sin sentimiento aparente.
La discusión no paraba, y sus padres intentaron intervenir, lo que solo causó que los gritos y las quejas aumentaran.
—Me pregunto ¿Dónde se estará Lucy? —daba rienda suelta a su pensamiento, mientras miraba a todos lados.
De pronto sintió una mano fría agarrando la suya, y vió de quién era.
Lucy estaba agarrándolo, y cuando se vieron, le hizo una seña con su otra mano, apuntando hacia arriba. El albino asintió, decidió subir las escaleras. Sus padres y hermanas, al estar tan concentrados en discutir, pudieron irse tranquilamente, y sin ser vistos.
Ya arriba, decidieron ir a la habitación del chico. Entraron, y Lincoln dejó sus planos en su mesa, luego se sentaron con las piernas cruzadas, encima de la cama, y mirándose cara a cara.
Con el ruido de la discusión de fondo, se dedicaron mutuamente una sonrisa, y se echaron a reír por lo ocurrido.
—Es increíble que no nos hayan visto irnos —dijo Lincoln al terminar de reírse.
—¿Qué te puedo decir? A veces no ser vista tiene sus ventajas —dijo Lucy con su clásico tono de voz, solo que podía notarse la felicidad en ella.
—Al menos le puedes sacar provecho —comentó el chico.
Se quedaron en silencio un minuto, pensando en qué decir.
—¿Cómo han estado las cosas en casa? —el albino decidió hablar primero.
—Todo ha estado normal, aunque, las chicas no paraban de hablar sobre pedirte favores. Cómo saben que soy con quién mejor te llevas de entre nosotras, me pidieron que te convenza de ayudarlas urgente —dijo la gótica, de forma monótona.
Un ceño fruncido en forma de confusión, se hacía presente en el rostro del peliblanco.
—¿Urgente? —preguntó con curiosidad.
—Ya las escuchaste abajo, estaban discutiendo justamente sobre eso —dijo la chica.
La expresión de Lincoln cambió de la nada, su desinterés era notorio.
—Las ignoré olímpicamente —comentó él.
Lucy dejó salir una risa de su boca.
—Hubiera hecho lo mismo —dijo feliz, pero al recordar lo dicho por sus hermanas, su felicidad se desvaneció —Ya vuelvo —al decir ésto, se retiró.
Al cabo de unos segundos Lucy había vuelto con una lista.
—Esta es la lista que me hicieron escribir, para que te haga saber en qué te necesitan. Lola quiere que le hagas una nueva rutina, y que le limpies sus tiaras y premios; Lana quería que la ayudes a buscar algunos materiales en el vertedero de chatarra; Leni dijo que lo suyo no era nada importante, y que solo quería que la ayudes con unos diseños, y quiera también tomar tus medidas; Lisa dijo, "Al contrario que la demás, creo que nuestro hermano necesita descansar, no pienso seguir empeorando su situación"; Luna quería hablar contigo sobre la guitarra que rompió; Luan necesitaba ayuda con unas obras, y quería preparan nuevos actos para ésta; Lori quiere que le hagas la manicura, y le ayudes a prepararse para hacer su currículum; por último, Lynn necesita ayuda para practicar todos sus deportes, remarcó, todos —Termino de leer, un tanto enojada con la actitud de algunas de sus hermanas.
Pasaron unos segundos hasta que el chico reaccionó de alguna manera, y su expresión no ameritaba nada bueno.
—Tienen el descaro de joderme ni bien pongo un pie en la casa. Creen que yo voy a ser la misma puta persona de siempre, ayudándolas, aguantando sus caprichos, resistiendo los golpes por ellas, sacrificándose para que cumplan sus sueños... Y aún con todo lo que hago, parece no ser suficiente... —dijo Lincoln, con la vista perdida, en dirección a la manta debajo de él.
Lucy comenzó a preocuparse, su expresión volvía a ser la misma que vió cuando estaba dándole la paliza a Lynn.
—... Me bastardearon, humillaron, golpearon, marginaron, me dejaron ciego de un ojo, fui partícipe de un experimento en contra de mí voluntad... Y lo peor es que, aunque eso me pasara sólo a mí, lo aguantaría... —al decir ésto, miró directamente a los ojos de su hermana.
Impropio de ella, su nerviosismo creció repentinamente, y comenzó a temblar. Estaba asustándose de su propio hermano.
—... Pero tenían que meterte en esto. Tú, que nunca te metes en problemas, y que aún con tus conflictos, intentas darnos una ayuda, que aunque no hables mucho, eres la que mejor escucha. La misma chica que no expresa sus emociones como todos, pero que las siente como nadie... —Lincoln dejó de ver abajo, y se acercó a su hermana en un abrir y cerrar de ojos.
Sus emociones eran una Pangea, todos sus sentimientos estaban siendo expuestos, y ya no pensaba con la calma y el raciocinio, los cuales siempre lo acompañaron.
Al estar frente a ella, apartó con suma delicadeza su flequillo. Ahora la veía directamente a los ojos, y Lucy dejó de temblar, dejó de sentir miedo, todo su sentir dió un giro de ciento ochenta grados.
Estaba feliz por las palabras dedicas de su hermano, y se podía notar a simple vista, en esa sonrisa que a nadie le mostraba, y que solo él podía ver esa faceta tan oculta.
—Linky —dijo ella por lo bajo, con un apodo que raramente utilizaba.
Al oír ese apodo, Lincoln la abrazo como nunca hizo antes, y cerca de su oído, dijo por lo bajo.
—Lucy... Te juro... Que voy a vivir solo para ti, y a para tu bienestar; ya no más ayudar a todo el mundo, ahora lo único que quiero, es hacerte felíz. Estuviste conmigo cuando más te necesite, y aunque todas estuvieran en tu contra, siempre supiste como mejorar mi día —el peliblanco hablaba con todos su sentimientos a flor de piel, y una honestidad palpable.
Lucy nunca en su vida había sentido algo parecido. Siempre fue ignorada, y nunca la tuvieron en cuenta. Su familia la olvidaba, y cuando intentaba ayudar pocas veces era bien recibida. Pero hubo una persona que nunca fue así con ella, y ese era su hermano mayor, quien la ayudó en todos sus problemas, todo el tiempo la tenía en cuenta, y la pasaba bien con ella. Él siempre la hizo feliz.
Cuando se lo pudo devolver, lo hizo sin dudar, y desde ese momento, Lincoln le hace saber que haberle llevado la contra a sus hermanas valió el esfuerzo. Le demostró a la persona que más ama, que tan importante es para ella, y ahora que él se lo dijo, no pudo aguantar más sus emociones.
Se puso a llorar, pero no de tristeza, todo lo contrario. Estaba feliz, más feliz que nunca.
Lincoln volvió a verla a los ojos, y con un mirada llena de determinación, la abrazó por la cintura.
—Te amo Lucy, eres la persona más importante en mi vida —dijo él, sin dudar en ningún momento.
Algo dentro de ella, se liberó. Las palabras dichas por su hermano , desencadenaron sus emociones, las cuales tomaron el control de su ser.
Sin mediar palabras, agarró con sus dos frías manos a su hermano de las mejillas, cerró sus párpados y...
Lo besó.
Lincoln se quedó atónito unos breves momentos, pero al sentir los labios de su hermana contra los suyos, se relajó, cerró también los párpados y se dejó llevar.
Al separarse, se vieron nuevamente a los ojos, y con rebosante felicidad, Lucy dijo:
—Yo también te amo Linky —
