Capítulo 9: Hortense McDuck

Querido diario:

Hoy conocí a un hombre que no es un perdedor, al menos no un debilucho como los otros soldados con los que he lidiado. Me hace enojar, no voy a negarlo, es demasiado molesto, pero a diferencia de los demás, no es un incompetente. Lo he visto luchar, he peleado contra él y debo admitir que sabe lo que hace. Hemos discutido, no recuerdo el motivo, pero estoy segura de que fue culpa de Quackmore Duck ¿no te lo había dicho? Querido Diario, su nombre es Quackmore y es un cretino.

Quackmore es el mayor cretino al que he conocido, un completo imbécil. Es tan molesto y sin embargo no puedo dejar de pensar en él ¿Es extraño? Creo que sí y mucho, pero no me importa.

Quackmore es atractivo, demasiado. No es un vaquero, pero tiene su encanto. Su mirada desafiante, sus ojos negros y su mirada profunda, la forma de su pico y su cola… su cola es lo que más amo.

Es la primera vez que alguien no retrocede al verme enojada. No solo ha respondido a cada una de mis provocaciones, sino que ha demostrado ser ingenioso y también a mostrado ser fuerte, muy fuerte. Tuvimos un enfrentamiento de prueba. Yo gané, pero a diferencia de los otros, él sí representó un verdadero desafío para mí.

Fue el combate más entretenido que he tenido desde que me uní al ejército. No puedo esperar por volver a enfrentarme a Quackmore.

Querido diario, que esto solo quede entre nosotros dos. Arrancaré tus páginas si alguien llega a enterarse de lo que he dicho. Solo lo diré una vez más y únicamente en las páginas de este libro. Quackmore es atractivo y cuando estábamos peleando, hubo un momento en el que quise besarlo y no golpearlo como hice.


Minnie cerró el diario y pretendió estar dormida. Sabía que Donald estaba por llegar en cualquier momento, él siempre la visitaba a la misma hora y ella no sabía si era para asegurarse de que no intentara escapar o para protegerla. Ciertamente sus motivos no le importaban. Lo único que quería saber era cómo salir de esa situación.

La idea de robar un bote salvavidas no le parecía buena. La última vez que lo había intentado se había encontrado con un Donald muy desnudo y sabía que tampoco podía dejar su habitación porque era probable que más de un pirata tuviera segundas intenciones con ella.

Donald no tardaría en aparecer, pero no estaba solo.

—A partir de ahora tendrás que cuidar de estos niños, lo que pase con ellos es tu responsabilidad.

La mirada de Minnie se posó sobre los tres patitos. Eran unos niños y los tres hermanos, eran idénticos por lo que sospechaba que eran trillizos, parecían tener la misma edad que su hijo Mike. Parecían asustados y eso hizo que su instinto maternal se activara.

—¿Qué te hace pensar que cuidaré de ellos? —A Minnie no le molestaba cuidar de ellos, pero no quería darle esa satisfacción a su carcelero.

—¿Es necesario que responda?

No había amenazas en esas palabras, pero la mirada de Donald indicaba el peligro al que se exponía si se negaba. Los tres niños estaban asustados por lo que decidió que por el bien de todos, no le convenía hacerlo enojar.

—Cuidaré de ellos —respondió Minnie. Esos niños parecían tan frágiles, tan pequeños y se parecían tanto a su pequeño Mike.

Minnie no supo cómo interpretar la reacción de los patitos. Parecían decepcionados y eso le dio la impresión de que ninguno de ellos quería separarse de Donald Duck, idea que le parecía demasiado absurda. Donald la había salvado, no podía negarlo, pero no le había dado un motivo para considerar que hubiera algo bueno en él.