Capítulo 10: Huey, Dewey y Louie


—Mi nombre es Minerva Mouse, pero pueden llamarme Minnie —Minnie sabía cómo se sentía ser una prisionera y quería hacer algo por esos patitos, incluso si era muy poco —. ¿Cómo se llaman?

—Somos Huey, Dewey y Louie —Huey señaló a sus hermanos conforme decía sus nombres.

Minnie suspiró. Era la primera vez que veía a los trillizos, pero le dolía verlos en el barco e incluso llegó a temer por el bienestar de los tres. Ellos tenían la misma edad, pero ese no era el único motivo por el que quería protegerlos. La costurera no podía ni quería entender por qué alguien lastimaría a un niño.

—¿Qué sabes de Donald? —le preguntó Huey.

Minnie se sorprendió al escuchar esa pregunta.

—Es un pirata horrible, el peor de todos —Minnie recordó el momento en que la había secuestrado y el temor que había sentido al ver a Scrooge McDuck inconsciente, acostado en su propia sangre —. No hay nada bueno en él —Minnie dudó por unos instantes al recordar cuando la había salvado y la forma en que la había estado cuidando durante esos días, pero se dijo que él solo lo hacía porque era su trabajo —. Pero no se preocupen, no les hará nada mientras que estén conmigo. Les prometo que saldremos de aquí.

Los rostros de los niños adquirieron una expresión de tristeza y Minnie se preguntó cuál había sido el problema. Ella recordó lo que le había dicho la princesa poco después de su escapada al pueblo. Charlotte se había enamorado de Donald pese a que era el segundo al mando en una de las peores tripulaciones pirata y pese a que había presenciado uno de sus crímenes.

—Entiendo que pueda parecer fascinante, un pirata que navega por los mares, buscando tesoros y aventuras, pero no es digno de admirar y…

—Él es nuestro tío —la interrumpió Louie —. Escapamos de casa porque pensamos que nos ayudaría a encontrar a nuestra madre.

Minnie no sabía qué decir. Observandolos más a profundidad podía decir que sí se parecían. El blanco de las plumas, el color de los ojos y algunas facciones eran solo algunas de las cualidades que compartían. Pasaría algo de tiempo antes de que Minnie encontrara una fotografía de Donald y de Della en el diario de Hortense y se diría que el parecido era mayor a lo que había imaginado en un principio.

Minnie había conocido a sus padres, pero no los veía con mucha frecuencia por la distancia, pero ese no era el caso de Mike. Su hijo nunca había tenido la oportunidad de conocer a su padre y había dejado de preguntar por él años atrás, pero aún así Minnie sabía que lo necesitaba y lo mucho que le dolía su ausencia.

—Tío Donald salvó nuestras vidas.

Minnie nuevamente se quedó sin palabras. Ella sabía que Donald la protegía porque era su deber, todos creían que ella era una princesa, pero ese no era el caso de los niños, ellos habían admitido que eran unos polizones.

—Perdimos nuestros remos.

—Después de navegar durante horas.

—Capitán Pérdido volvió a hacer de las suyas.

—¿Y qué? Encontramos a tío Donald, es lo único que importa.

Minnie se colocó delante de los niños cuando escuchó el sonido de la puerta al ser abierta. Su única arma eran sus zapatos, pero no planeaba permitir que alguien lastimara a uno de los trillizos, incluso si eso le costaba la vida.

—Baja esa arma mortal —le dijo Donald de forma burlona —, traje comida para todos.

Los trillizos se olvidaron de sus diferencias, todo en lo que podían pensar era en la comida que les había llevado el pirata. Cada uno tomó un tazón y comenzó a devorar con gran rápidez. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que comieron.
Minnie aceptó la comida sin quejarse, algo que tomó por sorpresa a Donald.

—¿No tienes nada que decir?

Minnie negó con un movimiento de cabeza. Admitía que había discutido muchas veces con el pirata, muchas veces por la comida, pero esa ocasión era diferente.

—¿Algún problema?

—Al contrario, me alegra que la princesa aprendiera modales —Donald hablaba de forma burlona —. Te encargo a los patitos, lo que pase con ellos es tu responsabilidad.

Huey, Dewey y Louie no tardaron en quejarse.

—Todavía no has respondido nuestras preguntas.

—Lo hice, no los conozco y no sé quién es su madre.

—¿Seguro? —Dewey le mostró una fotografía en la que se veía a Scrooge McDuck, a Della Duck y a… Donald —. Entonces ¿por qué aparece en esta fotografía con mamá?

Para Minnie era extraño ver a Donald tan callado. El pirata solía mostrarse seguro de sí mismo, solía actuar de forma desafiante y solía emplear el sarcasmo cuando hablaba. En esa ocasión, sin embargo, se veía confundido.

—No siempre fui pirata —Donald pretendió estar ofendido —. Yo… trabajé con Scrooge McDuck y Della Duck, cargando el equipaje y cosas por el estilo.

Minnie se sintió aún más molesta. Había visto como Donald le disparaba a Scrooge y, probablemente lo asesinaba, aseguraba que lo había conocido, pero eso no hizo que dudara si quiera por unos instantes antes de atentar contra su vida. Parte de ella se dijo que no debería sorprenderse, que era un pirata y que no tenía sentimientos, pero otra estaba decepcionada y esa parte era la que se sentía en deuda con el pirata y que le agradecía por haberla rescatado del otro pirata y por cuidar de ella durante ese tiempo.

—¿Entonces no eres nuestro tío?

—Es lo que acabo de decir.

—¿Qué sabes de nuestra madre?

—No mucho, solo que ella y Scrooge McDuck aman la aventura —Donald calló, era extraño verlo lidiar con algo que no podía controlar —. ¿Qué pasó con Della?

—Esperábamos que tú nos lo dijeras —Dewey parecía ser el más afectado de los dos —.Nosotros nunca pudimos conocerla y tío Scrooge no quiere hablarnos de ella.

A Minnie le dolía ver la tristeza en el rostro de esos patitos, pero no podía hacer nada. Ella nunca conoció a Della y todo lo que sabía de Scrooge McDuck era que se trataba del capitán de la guardia real, ni siquiera sabía si vivía o no.

—Siempre supe que tu amor por las aventuras sería tu perdición, Dumbella…

Minnie quiso golpear a Donald, pero su mano fue detenida por el pirata. Este la miró de forma desafiante y la costurera tuvo miedo por primera vez. Él nunca la había visto de esa manera, ni siquiera cuando intentaba escapar. Solía verla de forma burlona, a veces con condescendencia, pero en esa ocasión algo había cambiado y ella no podía entenderlo.

"¿Acaso fueron los patitos?", se preguntó Minnie. Pasaría mucho tiempo antes de que obtuviera una respuesta y muchas cosas cambiarían para ese entonces.