Capítulo 19
―Te has quedado muy seria – comentó su padre, bebiendo una taza de café.
―Desde luego que no estoy embarazada – se apresuró a decir ― ¿Por qué llegas a esa conclusión?
Él se encogió de hombros, agitando la taza entre sus manos. Levantó la vista al escuchar en la pantalla el estado del clima. Podía escuchar desde el lugar donde estaba como su hija empezaba a hiperventilar.
― ¿Será porque soy tu padre?
―Me queda muy claro que eres mi padre – volvió a tomar otra rebanada de pan para aplicar el mismo procedimiento – Pero lo de …
Observó hacia ambos lados para ver si no había nadie que pudiera estar escuchando la conversación.
―Embarazada no es cierto.
Su padre únicamente rio, pues le daba más gracia que su hija no admitiera ante él su estado. Tal vez porque estaba un poco apenada, era claro. Siempre había sido así. Incluso cuando le tocó comprarle sus primeras toallas con extra protección profunda y sin alas. María lo acompañó solo una vez, posteriormente a eso, a él ya se le había hecho habitual ir al supermercado y rellenar su neceser.
―Si tú lo dices.
―Así es, lo digo yo. – su tono era severo.
―Bueno, pero no te enojes. Solo era una probabilidad.
Pero lo de embarazada era completamente cierto. En Italia, hizo sus compras rápidas, entre ellas iba la píldora y unos parches, que siguió usando hasta el cumpleaños de Inuyasha. Cosa que no le hizo el efecto deseado. Además, Sarah la había estado apurando y pudo haberse colocado mal el parche.
¿Cómo reaccionaría si le revelara su estado?
Bueno, probablemente bien. Era sabido que deseaba una familia, pero ¿Tan pronto?
―Por lo que veo te he dejado pensativa.
―Para nada – se levantó de la silla – Debo arreglar mis cosas para volver.
Subió prácticamente corriendo hasta la habitación que ocupaba, pero a sus espaldas escuchaba las risas de su papá. Era evidente que no le había creído en su mentira y como no, ese hombre la conocía mucho mejor de lo que ella se conocía a sí misma.
Abrió el cajón de noche para tomar aquella caja que compró hace unos dos días. La miró por unos segundos antes de abrirla, sacó la tira reactiva y ahí había dos rayas. Estaba nerviosa, pues si bien ella también deseaba uno, la simple idea que llegara de una manera rápida lo hacía un poco temible. No tenía un trabajo estable y mucho menos deseaba aprovecharse de la situación económica de Inuyasha.
― ¿Ya estas lista?
Abrió los ojos, sintió un escalofrió recorrer su cuerpo al escuchar la voz de Inuyasha a sus espaldas. Giró lentamente sobre sus talones ocultando la caja y la tira reactiva.
―En eso estaba – dijo nerviosa.
Inuyasha frunció el cejo, podía notar lo nerviosa que se había puesto en cuanto él entró a la habitación y más porque en cuanto entró a la habitación rápidamente ocultó algo a sus espaldas.
Entró por completo a la habitación cerrando la puerta a sus espaldas y eso la puso más nerviosa. Ahora si estaba en serios problemas, no sabía cuál sería la reacción que tendía si descubría lo que le estaba ocultando. Correr al baño y encerrarse no era una opción.
― ¿Qué ocultas? – preguntó, dando un paso en dirección a ella.
― ¿Yo? – esbozó una sonrisa nerviosa – Yo no ocultó nada – negó.
Inuyasha torció el labio en forma de sonrisa.
―Entonces levanta los brazos.
― ¿Eh?
―No me gusta repetir Kagome, pero lo diré por única vez. Levanta los brazos.
Negó, si accedía a esa solicitud vería la prueba de embarazado a sus manos, aunque si la tiraba al suelo y la arrojaba debajo de la cama sin que la viera podría salvar. De pronto correr al baño no le pareció después de todo descabellado.
―Voy al tocador.
Inuyasha frunció el cejo, pues se estaba comportando de una forma muy extraña. Probablemente se debía a ese "algo" que quería decirle justo antes de perderse en su cuerpo. No supo quién de los dos fue más rápido, pues él corrió hacía la puerta del baño bloqueándole el acceso.
― ¿Qué es eso?
―Qu….
En su lugar no dijo nada, se llevó las manos a la boca mientras todo ocurría en cámara lenta. Él se agachaba a recoger lo que estaba en el piso y se levantaba junto con la tira reactiva entre sus manos hasta sostenerla a la altura de su vista. Pero no se la devolvió, sino que se dedicó a examinarla.
Exactamente la caja decía "prueba rápida de embarazo" y en la reactiva indicaba positivo.
―Tú..
Ahora el que actuaba raro era él, primero abrió la boca para decir algo, luego la cerró de inmediato. Su mirada iba de ella a la reactiva.
― ¿Estas embarazada?
Kagome no pudo seguir mintiendo más y terminó por confesarlo. Pero antes de que él pudiera decir algo, se apresuró hablar.
―Lo siento, no fue mi intención quedar embarazada – hablaba de forma atropellada.
Pero él no estaba molesto, de hecho, la noticia no la esperaba o tal vez sí. Entonces la miró, todos esos sueños que alguna vez se planteó por fin comenzaban a tener luz propia y por primera vez estaba feliz.
Un hijo, uno de ella y de él.
Viajó con la intención de llevársela de regreso, de confesarle sus sentimientos y claro, de ir por sus sobrinas. Nunca se le ocurrió que era a su propia familia por la quien él había ido.
Levantó un dedo para callarla, seguramente ella era la más nerviosa en todo esto. Se atrevía a imaginar que incluso se había quedado embarazada para atraparlo, pero la verdad es que no era así, pues eso lo había hecho hace mucho tiempo.
―Tranquila – sostuvo su rostro entre las manos – No estoy diciendo nada y no quiero que te sientas culpable. En ese caso soy yo el culpable – recorrió su cuerpo y se detuvo en su vientre plan, donde se formaba el bebé de ambos – Porque soy consciente que las veces que hemos estado juntos no usé protección. El que debería pedir perdón aquí ese sería yo.
Los latidos del corazón de Kagome se fueron calmando a medida que le hablaba de esa forma tan serena y comprensiva, que la hicieron sentirse segura.
―Tal vez tus planes de embarazarte eran más adelante y pido perdón por ello.
―No – ella negó – Debí ser más precavida.
Inuyasha alzó una ceja y asintió un poco.
―Debimos serlo.
Era una responsabilidad del cincuenta y cincuenta. Eso quería que quedara claro en ella y que en ese sentido no se sintiera culpable.
La tranquilizó con un fuerte abrazo, prometiéndole muchas cosas, como el que nunca estaría sola, pues siempre él estaría allí para ella, cuidándola en todo momento. Y lo estaba consiguiendo, porque poco a poco se fue calmando entre esos brazos que ofrecían protección.
Junto con esas promesas de estar juntos y que estaría a su lado cada día, vino algo más.
―Te casaras conmigo.
Era más una afirmación que una propuesta de matrimonio.
― ¿Puedo negarme?
Inuyasha sonrió y le dio un leve beso en los labios.
―No – negó al fin – De hecho, no tienes escapatoria.
―Si usted lo dice señor Taisho.
―Lo digo y es una orden.
Aunque había un problema, no quería saber cómo reaccionaría el padre de su prometida al saber que la embarazó.
―Para ser sincero, temo por la reacción de tu padre.
Ahora la que sonrió era ella, si él la conocía muy bien a ella, ella lo conocía bien a él. Seguramente fingiría comportarse de manera irracional, señalándolo en un dos por tres, solo para hacerlo sentir mal.
―Te sugiero que corras – bromeó ella.
XXX
Su padre se quedó completamente serio al ver a su hija vestida de novia. La boda se organizó en un lapso de cinco meses antes de que naciera el bebé. Sonrió al verla con su vestido de novia, que no era muy ajustado, sino todo lo contario. Cómodo y que dejaba a relucir un pequeño vientre abultado.
Una lagrima se resbaló por su mejilla, eso para Kagome era mucho, pues solo lloraba cuando era el año luctuoso de su madre. Ella lo abrazó fuerte y no tardó un segundo en devolverle el gesto.
―Te amo – dijo él – Estoy seguro de que mamá estaría feliz de verte. – sonrió, pero era una entre triste y feliz – Estaría orgullosa de ver en la mujer que eres ahora.
Ella negó.
―Estaría más orgullosa de ti por cuidar de su hija.
―Si quieres salir huyendo, estacioné la camioneta frente a la iglesia. – le guiñó el ojo.
― ¡Papá!
―Es broma – le dio un beso en la frente – Para un padre es difícil ver como los hijos crecen, se van y hacen su propia familia – acarició su largo cabello – Siempre serás para mí, mi niña. La que se sentaba en mis piernas y me pedía que le leyera un cuento.
Ahora la que estaba a punto de llorar era ella, pero él se lo impidió.
―Te quiero papá.
No hubo más tiempo de hablar, pues Sango y Ayame habían entrado a la salita para anunciar que la ceremonia iba a comenzar.
Primero iban las damas, luego las pajes en este caso fueron Towa y Setsuna. Todo el mundo las miraba con ternura al verlas, mientras lanzaban pétalos de rosas por el camino. De tras de ellas, Kagome y su padre. Dejó la mano de su hija junto a la de Inuyasha y tras decirle algunas palabras, se retiró a su lugar, junto a su pareja Megan.
Inuyasha la recorrió con la mirada y sonrió al verla, pues parecía un ángel con ese vestido y su pancita de embarazo.
―Te vez hermosa.
―Lo mismo digo – ella respondió con un guiñó.
Se llevó una mano de su esposa a los labios, para besarla con devoción.
― ¿Juntos a partir de ahora?
―Juntos para siempre.
Y así fue.
Epilogo.
Inuyasha estacionó el auto frente a una casa de dos pisos. Si bien no era lo que él imaginaba cuando hiciera una familia, a Kagome la hacía sentirse cómoda y con eso le era más que suficiente. Salió del auto y entró cuidadosamente a la casa.
Reinaba un silencio que le era extraño, pues normalmente su pequeña salía corriendo a su encuentro cada vez que escuchaba la puerta abrirse. Pero se ocultó en una pared observando a su pequeña disfrazada de Peter Pan, mientras ella avanzaba lentamente hacía Towa y se detenía de tras de ella.
¿Se celebraba algo? Porque tanto su niña como sus sobrinas estaban disfrazadas con temática de Peter Pan. Towa iba disfrazada de princesa india, mientras que Setsuna de Wendy.
¿Dónde estaba su mujer?
―Towa ¿Quién es Riku? – preguntó una pequeña de cinco años.
¿Riku? Levantó una ceja, no había escuchado tal nombre anteriormente, tal vez enviaría a Nikos a que investigara a ese niño. Su sobrina no podía tener novio hasta los treinta años.
Towa se puso colorada y volteó a ver a su prima, su pequeña le sonrió.
Esa sonrisa le daba mil años más de vida, además, no cambiaría nada de lo que tenía. Se sentía un hombre afortunado.
―Un amigo, peque – respondió restándole importancia.
― ¿Y a un amigo se le envían corazones? – preguntó con toda la inocencia del mundo.
Inuyasha se tapó la boca para evitar reír ante el pequeño desliz de su niña. Pero la que sí lo hizo sin duda fue Setsuna, pues levantó su vista del libro que leía dese el otro lado del sofá, levantó la vista y comenzó a reír a carcajada tendida al ver el rostro enrojecido de su hermana gemela.
―Mo, creo a Setsuna le encantaría que la molestaras por un rato – miró a su hermana con el cejo fruncido.
Ella frunció el cejo al ver que Moroha corría y tomaba asiento a su lado.
― ¿Quieres jugar?
Setsuna negó.
Moroha comenzó a impacientarse, sus primas eran unas completas amargadas. Una no quería jugar y la otra enviaba corazones a sus amigos.
―Que aburridas son – se levantó del sofá – No me extraña que no tengan novio – miró a Towa – Tal vez tú no.
Bueno, había llegado el momento de salvar a sus sobrinas. Además, ya había observado mucho, pero qué podía decir, normalmente le gustaba contemplar en silencio lo que tenía y había logrado en cinco años.
―Buenas noches, familia.
Moroha al verlo sonrió y salió corriendo en busca de su encuentro, pues ya la esperaba inclinado y con los brazos abiertos. Pero ella se detuvo a centímetros de él y cruzó sus pequeños brazos.
―Llegas tarde – le reclamó.
Inuyasha abrió la boca y luego la cerró. No sabía si reír ni que decir.
―Tenía mucho trabajo.
―Pero te estábamos esperando. Es Halloween y debes llevarnos a pedir dulces.
¿Debes? Esa pequeña era más demandante de lo que habían sido sus sobrinas cuando eran pequeñas.
―Si tío, por favor – exclamó Setsuna.
―Termina con mi sufrimiento. Solo quiero ir a casa y dormir. – dijo Towa.
Moroha la miró con el cejo fruncido y negó.
―Solo quieres enviarle corazones a Riku.
― ¡Que es un amigo Moroha! – exclamó Towa ― ¡Tía! – comenzó a gritar la adolescente –Ven a controlar a tu hija
Pero a Inuyasha se le olvidó por completo su hija cuando vio salir a su mujer de la cocina. La recorrió con la mirada y ese disfraz de campanita activaba su imaginación perversa. De pronto la idea de dejarle a Moroha a su cuñada Rin, le parecía una buena idea. Además, sus sobrinas estarían encantadas de tenerlas.
― ¿Qué pasa?
―Tu hija me está molestando – dijo Towa.
―No es cierto mami – Moroha negó apresuradamente – Towa le está enviando corazones a Riku.
Kagome e Inuyasha contuvieron las ganas de reír.
― ¿Quién es Riku, Towa? – preguntó divertida ella.
― ¡Que es un amigo! – dijo desesperada.
La única que agradecía no ser centro de atención era Setsuna, pues ella seguía leyendo su libro. Hasta que sonó su móvil y era notificación de mensaje, desde el punto donde estaba Moroha pudo alcanzar a leer el nombre.
―Mira, Setsuna también le envía corazones a un "amigo".
Sestuna fue más lista y apagó de inmediato su teléfono para que Moroha no le dijera nada.
― ¿Ya nos podemos ir? – preguntó ella – A este paso no vamos a alcanzar dulces.
―Mi papi aún no está disfrazado.
― ¿Y que me va a tocar ser?
Su esposa levantó un dedo y la vio salir en dirección a un armario, no pudo evitar perderse en su figura. En el modo en que esas mallas alzaban su redondo trasero. Si, le dejaría a Moroha a Rin, de eso no cabía duda.
Se levantó en cuanto Kagome regresó y le tendió su disfraz.
― ¿Del capitán Garfio?
―Si – asintió Moroha, dando saltitos – Este año saldremos de Peter Pan. El próximo será de Avengers.
Miró a su pequeño retoño, aun no le daba el abrazo que tanto había querido.
― ¿Ya me puedes dar mi abrazo?
―No – negó descaradamente esa pequeña ―Ve a cambiarte.
Y esa orden le dio más gracia, pues una pequeña de cinco años gobernaba prácticamente su vida.
Esperaba que Kagome los acompañara a pedir dulces, pero ella simplemente dijo que ese año le tocaba a él salir con las niñas. Así estuvieron un buen rato, recorriendo las tranquilas calles. A pesar de que sus sobrinas (ya adolecentes) se quejaban continuamente de que pedir Halloween era cosa de niños, parecía que ellas eran las que más disfrutaban.
Moroha iba en medio de ellas, Towa y Setsuna la tomaban de ambas manos, rápidamente sacó el móvil y les tomó una fotografía. Sonrió al ver a sus tres mujercitas, dos de ellas ya casi todas unas adolecentes. Que rápido habían crecido, hace cinco años tan solo eran unas niñas de casi seis. Eran incluso muy altas, no tanto como él, pero si estaban a la altura de Kagome.
Se recargó en un auto mientras vigilaba como se acercaban a una puerta y les daban una buena cantidad de dulces. Un minuto después volvieron, exhaustas.
―Estoy cansada – dijo Moroha.
―Tío – Towa cargó a su pequeña prima ― ¿Moroha se puede quedar a dormir con nosotros?
Iba a oponerse, pero unas mallas verdes nublaron su mente y únicamente pudo acceder a la petición de su sobrina.
Luego de dejar a sus sobrinas y a Moroha en casa de Rin, regresó rápidamente a casa, con la espera de que Kagome no se quitara aún el disfraz de campanita ya que se había imaginado las mil formas en que podía darle uso y sobre todo como quitárselo. Al entrar, las luces de la estancia eran tenues, pero no la vio en ninguna parte de sala. Avanzó hasta la cocina y ahí estaba. Preparando algo que parecía ser una cena. Ella levantó la mirada y le sonrió.
Recordó que en un principio se rehusó a aceptar la editorial que compró solo para ella. Fue difícil convencerla, pero al final terminó accediendo. Le sorprendió porque no solo era buena jefa, sino que además logró aumentar las ventas de la editorial.
― ¿Moroha? – preguntó ella, mientras revolvía algo de la estufa.
―Towa me pidió permiso para que se quedara con ellas este fin de semana.
Avanzó lentamente y la abrazó por la cintura, rodeándola con sus largos brazos la fue acercando a él, deleitándose con su aroma.
―Será mejor que vayas a lavarte las manos para que cenes.
Pero él esbozó una sonrisa tras sus espaldas. Si, tenía hambre, pero no de comida.
Alzó a su mujer y la sentó sobre la isla, posicionándose en medio de sus piernas.
― ¿Qué haces? – le preguntó.
―Ese traje tuyo de campanita me ha estado volando la cabeza desde que la vi, señora Taisho.
Kagome sonrió, pero solo por un momento, pues los labios de Inuyasha capturaron su boca, devorando sus labios con habidos besos que dejaban mucho a la imaginación.
― ¿Campanita no quiere salir a jugar con Garfio?
Entonces ella no pudo contenerlo más y comenzó a reír.
― ¿Tienes idea de que no volveré a ver esa película infantil como antes?
―Solo tú yo lo sabremos.
Entonces la volvió a besar y sus mil formas de devorarla con ese disfraz las hizo realidad.
Esa mujer lo volvía loco desde el primer momento en que cruzó su sala de juntas hace ya tan solo cinco años y nunca llegó a pensar que ella le daría todo lo que deseaba en la vida.
Una familia.
Con ella se sentía completo y era un reto cada día, pero siempre juntos para desafiarlo todo.
Hola
Muchas gracias por acompañarme una vez más en una historia, desafortunadamente todo principio tiene un final.
Towa y Setsuna pagaron una a una las que hicieron de pequeñas con la llegada de Moroha, pero como dice el dicho "Recoges lo que siembras"
Sé que les dije que iba a ser uno o dos caps más, pero ya no quise demorar más el fic.
Ahora si me voy con los demás fic pendientes.
Las quiero, nos vemos.
Besos, abrazos.
BPB
