Capítulo beteado por Flor y Yani. Infinitas gracias por toda su ayuda, chicas.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Epílogo

Sonreí al ver su rostro.

Bella estaba completamente conmocionada al contemplar los cientos de flores que adornaban el apartamento.

Ella sonrió mientras caminaba hacia mí.

—Felices veintiuno, amor. —La abracé fuertemente.

Levantó su rostro, mirándome con sus ojos brillosos por las lágrimas.

—Eres increíble, Edward —susurró—, no entiendo cómo le haces cada día para que todo sea mejor.

Llevé mis manos a su trasero y la acerqué a mí.

—No dices lo mismo cuando me emborracho o cuando dejo un desorden en nuestra habitación cada mañana.

Bella movió su cabeza de un lado a otro, negando.

—Tenemos un año de casados —dijo—, iremos mejorando.

—Bella, ¿te has arrepentido en algún momento de haberte casado conmigo? —Esa duda llevaba tiempo en mis pensamientos y necesitaba saber una respuesta.

Sabía que nuestro enlace había sido precipitado, inclusive mi suegro creía que existía un embarazo como motivo, pues Bella apenas tenía veinte años cuando nos unimos en matrimonio. La ceremonia fue por todo lo alto y mi Bella usó el más hermoso vestido de novia, ese día fue espectacular y el más importante para mí.

—No me arrepiento en lo absoluto, amor —respondió sonriente—. Ambos estamos aprendiendo a convivir —encogió sus hombros débilmente—, sabemos que vendrán tiempos difíciles, quizá en muchas cosas no estemos de acuerdo, pero estaremos juntos para dialogar y llegar a lo que queremos, siempre buscando una solución por nuestro amor.

Sonreí ampliamente antes de dejar un beso en su frente, cerré los párpados mientras nos quedábamos abrazados.

Era todo lo que necesitaba saber. Ambos estábamos en la misma dirección y sabíamos lo que queríamos, no importaban las breves discusiones por las mañanas o noches cuando las reconciliaciones eran la mejor parte. Estaba convencido de que esas pequeñas discusiones un día iban a desaparecer. Claro, si ambos trabajábamos en ello.

Besé brevemente sus labios y di media vuelta empezando a recoger la ropa que había dejado anoche: eran zapatos y calcetines que siempre dejaba al lado de la cama. También estaba el vaso de agua que había olvidado casualmente cuando desperté, me lo tomé de un trago.

—Edward… quiero un bebé.

Escupí por boca y nariz el agua mientras empezaba a toser, me estaba ahogando y me faltaba el aire.

Bella corrió hacia mí y empezó a golpearme la espalda. Sentí como me desvanecí, en la cama por supuesto, tampoco me caería al piso. Bueno, casi desmayado escuché la voz demasiado lejos de mi esposa.

—Edward… reacciona. —Dio ligeros golpecitos en mis mejillas—. Amor, ¿qué tienes?

Estaba acuclillada sobre la cama cuando abrí los ojos.

—Bella —mi voz fue rasposa—, no bromees.

Sus hombros se hundieron y su semblante de preocupación pasó a la decepción.

—No estoy bromeando, quiero tener un bebé.

Sentí que de nuevo ese desvanecimiento volvía. Bella apoyó rápidamente mi cabeza sobre su regazo y acarició mi incipiente barba.

—¿Acaso no quieres uno?

Dios. Bella hablaba como si a los bebés los regalaran por catálogo, yo aún no me sentía preparado para no dormir por las noches a causa del llanto de un crío, prefería seguir desvelándome por estar enterrado en ella y confiando que no había problemas de embarazo.

—Mi vida —articulé—, somos muy jóvenes para ser padres, aún quiero pasar tiempo a solas contigo. Un año de casados no ha sido suficiente para mí.

Ella me sonrió ampliamente.

—Entonces, ¿si quieres bebés? —preguntó haciéndome reír.

Llevé mis dedos a sus labios y los recorrí con suavidad.

—Claro que quiero hijos, de hecho tengo planeado que sean dos. Uno se llamará Dave porque estoy seguro que será niño y bueno… —dudé—, el otro bebé seguramente será una nena, aún no he pensado en el nombre, pero ya se me ocurrirá.

—¿Por qué estás tan seguro de que será un niño?

—Porque sí, yo sé esas cosas. Tendremos dos hijos, niño y niña.

—Me gusta Dave —dijo ella tocando su vientre, su mirada se había vuelto soñadora—. Quiero ser mamá joven, Edward.

Suspiré.

Me senté al fondo de la cama y apoyé mi espalda en el respaldo mientras tiraba de ella y la envolvía en mis brazos. También apoyé mi mentón sobre su cabeza.

—¿Por qué insistes tanto? Debe haber una razón para querer ser madre tan joven, tienes veintiún años, amor. Aún no tenemos una casa y ni siquiera has terminado la universidad.

Se volvió hacia mí quedándose entre mis brazos.

—Nunca hemos hablado de hijos, Edward. Hablamos prácticamente de todos nuestros planes menos de bebés. Yo tengo sueños…

—Y yo quiero que todos esos sueños los cumplas —molesté su nariz—, quiero que logres todo lo que anhelas, quiero ser el primero que te aplauda o el primero que te sostenga cuando algo falle en esos planes.

Mordió su labio mientras bajaba su mirada.

—¿Qué ocurre, Bella? —Delicadamente sostuve su mentón y la hice mirarme—. Amor, no estoy diciendo que no quiero hijos, solo te digo que es muy precipitado tenerlos.

—Es que tengo pensado quitarme el DIU —reveló muy bajo—, pero antes quería saber tu opinión. Olvídalo… —Se incorporó de la cama saliendo de la habitación.

Exhalé al ver que se había enojado.

Era su cumpleaños veintiuno y ella estaba de malas ahora. La seguí.

Bella estaba oliendo las flores que había en la encimera, así vestida con una camiseta mía se veía hermosa, descalza y sin peinar.

Sonreí al recordar que me había despertado muy temprano al saber que vendrían a dejar todas las flores que ordené para ella, eran rosas rojas.

—Me alegro que te hayan gustado.

—Son hermosas —respondió caminando hacia la pequeña cocina, sujeté su cintura y no la dejé avanzar.

—Hablemos… —pedí.

—No importa, Edward. Olvida lo que te dije, solo estaba hablando por hablar.

—No voy a olvidar nada, quiero que me digas la verdad.

Bella suspiró hondo.

—Bueno… me hace ilusión tener una barriga —sus mejillas se tornaron rojas volviendo adorable su rubor—, cargar un hijo tuyo en mi vientre también está en mis planes, pero si aún no estás seguro, no pasa nada.

Sonrió. Su sonrisa era hermosa, genuina y a la vez triste, y eso no me gustó.

—¿Puedes darme algo de tiempo? Necesito procesar tu petición, nena. Tener un bebé no es fácil.

Ella de inmediato me miró y ahí estaba ese atisbo de esperanza en sus ojos.

Mierda.

Bella jodidamente quería un bebé.

—Sí, claro. No te he dicho que lo quiero ya, amor. Solo es uno de mis planes que quería que conocieras —farfulló—. Es decir, sí quiero un bebé, pero si aún no es el tiempo yo sabré esperar hasta que estés listo.

—Debes ser conscientes que un bebé nos cambiará la vida.

—Lo sé.

Resoplé. Ella estaba demasiado segura.

—Te amo, nena —me incliné para besar sus labios.

.

Ese fin de semana viajamos a Seattle para celebrar en familia el cumpleaños de Bella. Entre mis padres y suegros le organizaron una gran fiesta.

Tanya se encargó de la decoración, así que todo era excéntrico y lleno de globos. No se veía mal, para nada era queja.

Sin embargo, yo solo podía pensar en bebés desde hacía tres días.

—Papá… —Me acerqué a él después de partir el pastel—. Necesito un consejo tuyo.

Papá dejó su cerveza de lado y me puso toda su atención.

—¿Qué ocurre, hijo?

—Necesito un consejo.

El semblante de mi padre se volvió sereno. Movió su cabeza y asintió.

—¿Tienes problemas con Bella?

—No exactamente un problema. Digamos que… no sé por dónde empezar, papá. —Rasqué mi nuca y me quedé mirando hacia Bella que bailaba con Emmett.

Papá también miró unos segundos hacia mi esposa y cuñado.

—Edward, ¿qué está pasando, hijo?

Exhalé ruidosamente después de un sorbo de cerveza.

—Bella quiere tener un bebé.

El rostro de mi padre fue de sorpresa, de pronto una sonrisa se dibujó en sus labios.

—Oh… nos quieren hacer abuelos tan pronto.

—No, papá. Ella quiere, yo aún no estoy listo.

Los ojos de mi padre se ampliaron.

—Ya veo.

—¿Es normal que tenga tantas dudas? —pregunté—. Es que yo amo a Bella, no tengo duda de ello, sin embargo, no me veo cargando un bebé, no aún. Y no sé… también quiero complacerla.

—Así no funcionan las cosas, Edward.

—Es que, papá…

—Te comprendo perfectamente porque fue la misma sensación que yo tuve.

Enarqué las cejas, mirándolo.

—¿No me querías tener? —Fue incómodo preguntar.

—No es eso, hijo. También tenía dudas y mucho miedo.

—Ah.

—No puedes acceder a tener un bebé solo por querer darle gusto a tu esposa —me explicó—. Ambos deben hablarlo y llegar a un punto, una decisión precipitada generará problemas y más si lo hacen sin pensar. También comprendo a Bella, ella quiere ser madre por el simple hecho que su instinto se desarrolla más rápido. En cambio, nosotros pensamos más porque seremos los que vamos a proveer y dar seguridad no solo a la madre sino a un pequeño ser.

Restregué mis manos por mi rostro.

—No sé qué hacer, papá. Por un lado me ilusiona verla gestando un hijo mío y por otro… me estoy muriendo de miedo.

Mi padre se acercó y tocó mi brazo.

—Es normal que tengas miedo. —Me sonrió—. Esa sensación a lo desconocido es completamente comprensible, no obstante deben estar cien por ciento seguros que los dos quieren enfrentar la responsabilidad de ser padres.

—Siempre creí que los hijos llegarían a los treinta. No ahora.

—Y aún no llegan, hijo. Mantente tranquilo y medita sus deseos siempre respetando la decisión de ambos.

—Te quiero, papá —llevé mi mano a su hombro—, gracias por escucharme.

—¡Venga, Edward, cambia esa música aburrida! —gritó Jasper.

Solo reí mientras papá reía conmigo.

.

.

Habían pasado seis meses del cumpleaños de Bella.

En todo el tiempo algo había cambiado dentro de mí, no sabía bien qué era. Tan solo no dejaba de pensar en ella cargando una barriga.

No entendía por qué no paraba de pensar en la idea de ella embarazada, cuando nosotros habíamos hablado del tema y lo habíamos dejado en pausa hasta que yo estuviera listo.

En todos estas semanas seguimos disfrutando de nuestro matrimonio.

Salía del bufete e iba por ella a la universidad y los malditos celos seguían estando presentes, no me gustaba que se le acercaran y eran emociones que debía enseñarme a manejar mejor, ya una vez tuvimos una discusión grande por mis jodidos celos y no volvería ahí.

No obstante, ese no era el tema sino mis constantes pensamientos de un bebé.

Tal vez había llegado la hora, inclusive había soñado con mi esposa y una pequeña barriga. Y últimamente no dejaba de darle vueltas al tema.

—Nena, traje comida chatarra —le dije al entrar al apartamento.

Ella apenas se movió. Seguía dormida en el sofá.

—Bella, debes comer algo, nena. No es normal que te alimentes tan poco.

—No tengo ganas —me hizo un puchero antes de colgarse de mi cuello—, me siento muy cansada, Edward. Estos días de evaluaciones han sido muy complicados en la universidad.

—Sé cuán difícil es la universidad, cariño. Anda, come un poco.

Enfurruñada se sentó en el sofá y comenzó a comer papas fritas.

—Bella… he pensado mucho en el bebé —revelé ganándome su mirada.

En sus labios se había instalado una sonrisa.

—¿Y qué has pensado?

—Que no quiero esperar más. Creo que estoy listo.

Ella se echó a mis brazos.

—Edward, mi amor. Es la mejor noticia que puedas darme —sujetó mis mejillas—, ¿estás seguro?

—Totalmente, nena.

Llenó de besos mi rostro.

—Te amo, Edward. Te amo tanto.

La sostuve en mis brazos y me incorporé llevándola a nuestra habitación.

—Creo que lo mejor es empezar con ese bebé —le dije.

Bella soltó una carcajada y negó divertida.

—Eso no sucederá, amor. Tengo el DIU, debo ir antes al ginecólogo y vitaminarne. El médico debe decirme qué tomar para estar preparada para engendrar un bebé.

Fruncí las cejas.

—¿Crees que venga rápido? —inquirí dudoso.

—Eso depende de tus ganas.

Me reí antes de caer sobre la cama, acaricié su rostro y miré directamente sus ojos cafés.

Ella era mi lugar, mi todo.

La mujer con quien quería pasar el resto de mi vida hasta que nuestra piel se volviera otoño.


Así es como cerramos esta breve historia, no quise enfocarme en nadie más que no fueran nuestros protagonistas. Con todo mi corazón agradezco a quienes decidieron dar una oportunidad, quizá muy pronto volvamos a coincidir en alguna otra historia próxima o en las de curso, mantengo la esperanza que quieran volver a leerme.

Yani, Flor gracias por ayudarme a embellecer estas historias, lo hicieron genial.

A ti, 🍋 por animarme en cada capítulo (ya ves como soy) y a ustedes, chicas, que me acompañan en las actualizaciones. Reciban abrazos con todo mi cariño.

Estoy en mi grupo de Facebook por si quieren saber de historias en proceso o lo que viene próximamente: historias por Lau (link en el perfil).

¡Gracias totales por leer!🌻