Su ceño se acentuó más y apretó la quijada mientras agarraba la cadena de cuentas que liaba su cuerpo para tirarlo hacia abajo e intentar escapar.

Soy un prisionero en el paraíso

Que he sido traspasado por mi oscuridad

Lanzó un chillido de exasperación y tironeó de la cadena con más insistencia.

Sus ojos refulgieron con una llama roja llena de iracundia, buscando con determinación al perverso perro infernal que la encadenó ahí para torturarla con esa horripilante canción que se repetía cada cinco minutos.

VENGANZA murmuró entre dientes, reacia a pasar por tal humillación una vez más.

Sería la primera Rencor en confrontar a ese sádico perro infernal y regresaría a salvo con su ama.

Las gotas de lluvia pararon, y las orejas puntiagudas del pequeño Rencor se levantaron levemente, agudizando el oído ante el repentino silencio.

Un escalofrío recorrió su cuerpo fantasmal al percibir los pasos del perro infernal acercarse.

Tragó en seco y, tensa, se giró hacia ese ruido, alistándose para el contraataque.

La manilla de la puerta se giró, y sus ojos entornados se agrandaron, quemándose ante la impúdica vista.

Oh...

La comisura de los labios infernales se curvó levemente arriba.

De verdad funcionó

.

.

.