25.- Los peligros de la cercanía de Granger


Draco Malfoy y el mortificante calvario de enamorarse

"Draco Malfoy and the Mortifying Ordeal to Being in Love"

De Isthisselfcare

Beteado por Bet


Meme del desayuno de Hobbits: Hemos tenido colaboración forzada, sí, pero… ¿Qué pasa con la cohabitación forzada?


Draco se despertó, aturdido y con los ojos hinchados, al sonido de un grito ahogado.

Granger estaba en las escaleras, con las yemas de los dedos en la balaustrada, y con un pie congelado en el aire sobre un escalón.

Lo miraba a él y a su nuevo accesorio: el gato dormido, enroscado alrededor de su cuello como una bufanda hirsuta.

—Eh… Buenos días —dijo Granger, cuando se dio cuenta de que estaba siendo observada.

El gato se agitó por el sonido de su voz. Saltó de Draco, usando su rostro como punto de partida, y se dirigió hacia su ama.

Granger le preguntó a Draco qué le gustaría desayunar. Él pidió una taza de café para quitarse el picante sabor a pata de gato.

Granger preparó una taza de café muy decente.

La mañana transcurrió en un torbellino de reuniones. La primera fue con Tonks, con quien se encontraron en el Cuartel General de Aurores, para escuchar lo que había descubierto en el curso de sus interrogatorios.

—Estarán encantados de saber que las manos de Manco se volvieron a unir con éxito —dijo Tonks en cuanto llegaron.

—Qué mal —dijo Draco.

—Eso es lo que dije. —Tonks cerró la puerta de su oficina y se sentó en su escritorio—. Pequeño bastardo asesino. Bueno, siéntense; anoche, Robards autorizó el uso de Veritaserum en nuestros amigos, así que tuvimos una pequeña charla. Ninguno de los dos conoce la identidad de la persona que les dio las instrucciones. Sin embargo, descubrí algo bastante interesante: ambos son hombres lobo, y ambos participaron en los ataques de la luna de la cosecha.

Tonks colocó un trozo de pergamino sobre la mesa.

—La autopsia de la medibruja confirmó que el otro también era un hombre lobo.

Tonks miró de Granger a Draco y viceversa.

—¿Pensamientos? ¿Reacciones de las dos celebridades ante mí?

Las celebridades se miraron entre sí.

Granger se movió.

—Creo que es hora de que te diga en qué estoy trabajando. Malfoy, ¿harías los honores del Juramento Inquebrantable?

El Juramento fue emitido. Granger resumió su trabajo y hallazgos para Tonks, y Draco agregó el descubrimiento igualmente interesante (y angustioso) de que Fenrir Greyback había regresado y parecía haber vuelto a armar parte de su antigua manada. Probablemente fueron los responsables de los ataques de la luna llena, además de señalar a Granger.

—Es una locura —jadeó Tonks—. Todo esto.

Granger concluyó con el mismo lenguaje de advertencia que había usado con Draco la noche anterior, sobre navegar en aguas desconocidas y el resultado incierto de los ensayos clínicos.

Tonks tomó la noticia de la cura de la licantropía de Granger con una loable neutralidad, dada la condición de Lupin. Sólo su mohicano la traicionó, volviéndose unos tonos más pálidos que su anterior rojo sanguinolento.

Le dio a Granger una larga mirada llena de adoración, y susurró:

—Increíble. —Y luego se puso enérgica—. Pon a Potter y Weasley al corriente bajo el Juramento. También tendremos que informar a Robards y Shacklebolt. Eso sería todo en este momento, creo. Involucraremos a otros según sea necesario. Tomen la sala de conferencias. Me reuniré con ustedes en un momento.

Tonks los echó de su oficina.

Cuando se fueron, Draco lanzó una mirada a hurtadillas: Tonks estaba sentada en su escritorio, con las manos cruzadas delante de ella, y sus nudillos se presionaronn contra su boca.

Sus ojos estaban inusualmente brillantes.

En la sala de conferencias, Potter y Weasley fueron informados sobre la situación bajo el Juramento. Sus reacciones fueron predecibles, pero había algo reconfortante en abrazar a Granger, en sus declaraciones entusiastas hinchando el pecho y jurando mantenerla a salvo, en sus promesas de encontrar a Greyback aunque fuera lo último que hicieran. Como líder de GUAT, Potter parecía haber renovado su determinación en atrapar a los hombres lobo; hubo un brillo peligroso en sus ojos.

Weasley estaba tan sorprendido como Draco la noche anterior, y más sobre la potencial cura de la licantropía. Sus reacciones consistieron principalmente en repeticiones de «¡Rayos!», «¡Maldita sea!» y «¡Eres brillante, Hermione!».

Granger le dio una rápida sonrisa. Luego, ella y Draco fueron interrogados sobre el intento de allanamiento.

—Tengo la grabación de eso —dijo Granger, y sacó su móvil.

Parecía que pudo conservar las imágenes de su cámara en una especie de mini película. Curioso, a pesar de sí mismo, Draco se puso de pie para unirse a Potter y Weasley para rodear a Granger y mirar la pequeña pantalla.

Reprimió un atisbo de celos por la forma fácil en la que Potter apoyó un codo en el reposabrazos de Granger y se acercó a ella, y en cómo Weasley casualmente se arrojó alrededor del respaldo de su silla, mientras Draco permaneció de pie a una distancia rígidamente decorosa.

Granger puso la película. Draco, después de haber estado Desilusionado durante la mayor parte de la escaramuza, fue visible casi hasta el final. Su paradero sólo fue indicado por ráfagas de hechizos y sus efectos en sus oponentes: brazos cortados y el centinela consumido por el Bombarda. El duelo había durado una eternidad en la cabeza de Draco, pero en realidad apenas tomó menos de un minuto.

Weasley le dio una palmada en el hombro.

—Les hiciste pasar un infierno. Bien hecho, compañero.

Potter estrechó su mano.

—Recuérdame nunca batirnos en duelo.

—Ponla de nuevo —dijo Weasley.

La repetición estuvo acompañada de muchos comentarios de Potter y Weasley.

—Una maldición asesina desde el inicio, ¡ese maldito imbécil! ¿Te imaginas si hubiesen entrado? Hermione no habría tenido ninguna posibilidad. ¡Wow! ¡Mira la sangre! ¡Ja! ¡Qué chorro tan majestuoso! ¡Eso! El Desarme era cosa de Harry, pero le has dado un nuevo giro Malfoy: des-armando extremidades, ¡ja, ja! ¡La cara del tipo cuando se dio cuenta de que estaba atrapado! ¡Bonito equipo de Quidditch! Les tendrán fobia a los buscadores de ahora en adelante… ¿Esa es la nueva Étincelle?

Draco los dejó con sus repeticiones, volviendo a sentarse al otro lado de la mesa.

Miró a Granger y descubrió que ella no estaba mirando su móvil, sino a él. Le tomó un momento interpretar su expresión: era algo serio, algo estudioso, algo pensativo.

Ella estaba resolviendo el rompecabezas.

Carajo.

Ella desvió la mirada cuando él la atrapó. Draco decidió seguir atrapándola cuando lo observara, para interrumpir su tren de pensamiento y mantenerse a salvo, como una cosa Sin Resolver.

Llegó Tonks, precedida por el sonido de sus botas de combate pisando a lo largo del pasillo. Parecía tan imperturbable como siempre y entró en la habitación a toda velocidad. Su codo chocó vigorosamente contra la nuca de Potter.

—Lo siento —dijo Tonks—. No sonó hueco… Ese es un cumplido, Potter. ¿Ya estamos todos al corriente?

Granger guardó su móvil.

—Sí, jefa —dijeron los Aurores.

Tonks se sentó en la cabecera de la mesa.

—Tenemos mucho que discutir, pero comencemos con la parte más importante: la seguridad de Hermione.

Potter y Weasley se inclinaron hacia adelante, como si estuvieran listos para agarrar a Granger y llevársela a una torre lejana, para nunca más ser vistos.

—Bueno —dijo Weasley—, tenemos que sacarla de aquí. ¿Qué te apetece, Hermione? ¿Madagascar? ¿Groenlandia? ¿El Tíbet?

Draco no pudo culpar al hombre por la reacción, precisamente él había tenido el mismo reflejo.

Granger tenía la mandíbula apretada.

—Claramente no iré a ninguna parte.

Se produjo una explosiva discusión, por supuesto. Potter y Weasley presionaron para evacuar inmediatamente a Granger, entre más remota la ubicación, mejor. Estaban motivados por una genuina preocupación y las mismas ansiedades que Draco sufrió al escuchar el odiado nombre de Greyback. Draco, que ya había intentado esos argumentos sin éxito, en esta ocasión se puso del lado de Granger ; había demasiado en juego con su investigación: si Greyback continuaba siendo tan astuto como sabían que él era, estarían ocurriendo cientos, sino es que miles, de nuevos potenciales infectados durante las incontables lunas llenas, mientras que el trabajo en la cura de Granger se estancaba.

Tonks con una mirada de santa paciencia en su rostro, permitió que la discusión se prolongara durante cuatro minutos. Después, aplaudió.

—Gracias muchachos por compartir sus pensamientos. Afortunadamente, no me importan sus opiniones.

Draco, Potter y Weasley experimentaron la muerte del ego.

Tonks continuó mientras ellos se aferraban a los restos triturados de sus psiques.

—La Oficina de Aurores no tiene autoridad para decirle a la eminente Profesora Granger lo que puede y no puede hacer. Nuestro trabajo es mantenerla protegida mientras lleva a cabo su proyecto, tal como lo solicitó el Ministro. Así que, primera orden del día: programación y alojamiento.

Los cadáveres de Potter y Weasley discutieron un poco, pero los labios de Tonks comenzaron a fruncirse cada vez más por minuto y sabiamente se dieron por vencidos. Juntos, los cinco elaboraron un borrador de agenda para asegurarse de que, dondequiera que estuviera Granger, habría alguien con ella, ya fuera Draco u otro Auror.

Granger accedió a reducir sus apariciones públicas. También accedió, con tristeza, a suspender sus deberes en el mundo muggle, los turnos en cirugía y la enseñanza en el Cambridge muggle, hasta que Greyback fuera capturado. Los lugares no mágicos eran demasiado difíciles de proteger.

Los lugares mágicos eran mucho más seguros por naturaleza, pero por el momento, un Auror la acompañaría en su laboratorio y en sus turnos de Urgencias en San Mungo.

La discusión giró en torno a la vivienda: Granger accedió a mudarse a una casa de seguridad, siempre que estuviera a una distancia de flu de su laboratorio. Se discutieron las docenas de casas de seguridad administradas por el DALM, cada una de las cuales ofreció ventajas y desventajas (ubicación, facilidad de viaje, protecciones). Tonks y Draco compartieron cierta ansiedad por el hecho de que muchos Aurores y el personal del DALM conocían necesariamente todas las casas de seguridad.

Se deliberaron otras opciones: ¿Crear una nueva casa de seguridad? Era complejo y lento, pero fue una opción.

Potter y Weasley sugirieron que Granger se quedara en una de sus casas. Draco señaló que mudar a Granger a la residencia de cualquiera de sus mejores amigos era el próximo paso descaradamente obvio. En cualquier caso, Granger rechazó rotundamente la opción: no pondría en peligro a sus familias. Hizo la misma objeción a la sugerencia de Potter sobre Hogwarts: los niños no eran aceptables como posibles daños colaterales.

—Llévenla a la maldita mansión de Malfoy —dijo Weasley, señalando con el pulgar a Draco—. Nadie la buscará allí.

Granger se burló:

—¡Ja!

Potter se rio y luego se quedó pensativo.

Tonks tomó la sugerencia con un sorprendente grado de seriedad. Presionó un dedo en su barbilla y dijo:

—Weasley tiene un punto.

Granger parpadeó.

Draco sintió una oleada de anticipación confusa.

—Podríamos instalar varios señuelos de Hermione en las casas de seguridad y en su cabaña —reflexionó Tonks.

—Trampas —dijo Draco.

—Me gustan las trampas —asintió Potter—. Y las emboscadas.

—Soy brillante —dijo Weasley.

Tonk asintió.

—Realmente ingenioso.

—No —dijo Granger, sacudiendo la cabeza—. Tengo la misma objeción que con Harry y Ron: no pondré en peligro la casa de Malfoy. Si la mansión fuera atacada y algo le sucediera a su madre o a los elfos domésticos…

—La mansión es casi impenetrable —dijo Tonks—. Como la mayoría de esas antiguas propiedades. Veinte rompe maldiciones tardaron tres días en entrar, durante el último empujón de la guerra. Es diez veces más seguro que nuestro refugio más seguro.

—Cierto —dijo Draco. Trató de no sonar particularmente ansioso—. Además, mi madre está pasando la temporada en el Continente. Ella no está en la Mansión.

Granger, con los ojos muy abiertos, se giró hacia él.

—¿Estás de acuerdo con esta idea?

Draco realizó el encogimiento de hombros más descuidado del mundo.

—Creo que es una opción que vale la pena considerar.

Lo cual fue un eufemismo. Le encantaba; fue perfecto. Estaría protegida por magias centenarias, tendrían elfos domésticos como vigilancia secundaria y él estaría allí todas las noches. Estaba encantado con ello.

Weasley, quien estaba mirándolos con aire de suficiencia, aumentó tres centímetros enteros en la estima de Draco.

Mientras tanto, Potter miraba a Granger.

—La mansión no es exactamente un lugar de recuerdos felices, ¿verdad? ¿Estarías bien con esto, Hermione?

Granger seguía mirando a Draco confundida.

—¿Ah? Oh, sí, estaré bien. He vuelto desde entonces, en uno de los eventos de Narcissa Malfoy. —Draco notó que ella no mencionó la cena—. Estuvo… bien. Hablando objetivamente, no es una sugerencia irrazonable, como una medida temporal. Sólo dudo porque se siente como una verdadera imposición.

—¿Una imposición? Por favor, hay como unas cincuenta habitaciones en la Mansión —dijo Tonks, rechazando cualquier reserva real o imaginaria en el lugar de su primo—. Malfoy ni siquiera sabrá que estás allí.

La mirada de Granger pasó a Draco. Tonks también le clavó una mirada inquisitiva.

—Hagámoslo —dijo Draco, esforzándose por mantener una expresión neutra—. Es una solución fácil a corto plazo. Siempre podemos volver a reubicarte… O podríamos crear una casa de seguridad adecuada mientras tanto, extraoficialmente.

Tonks se frotó las manos.

—Brillante. Weasley tiene toda la razón: la mansión Malfoy es el último lugar en la tierra en el que cualquiera esperaría encontrar a Hermione Granger.

El resto de la reunión transcurrió en una maraña de debates sobre logística, horarios y emboscadas.

Tonks se enfocó en actualizar a Robards y, con un suspiro, a Shacklebolt.

—Él no estará feliz de que mantengamos los ataques de la luna de la cosecha en secreto. Él tendrá que hablar de eso con Robards. Pero al menos tenemos un plan para mantener a Hermione sana y salva.

Draco acompañó a Granger de regreso a su cabaña para empacar lo que Granger llamó una estadía «con suerte extremadamente breve» en la mansión.

Lo excelente de trasladar a la Señorita Experta en Encantamientos de Extensión, es que fue un proceso casi indoloro. Draco apenas tuvo tiempo de enviar un mensaje a los elfos para que prepararan una de las suites de invitados para la Compañera Sanadora Granger cuando ella anunció que estaba lista.

Cualesquiera que fueran las pertenencias que ella había considerado indispensables (incluyendo ambas copias de Revelaciones) estaban en una cosita con ruedas muggle, mágicamente extendida.

Su gato fue empujado, silbando y arañando, a una jaula.

—Le estoy ordenando a los elfos que mantengan tu estadía en secreto —dijo Draco mientras se dirigían a la puerta principal de la cabaña—. Mi madre ni siquiera se enterará hasta que decidamos que es seguro decir algo.

Granger parecía inquieta.

—¿Cuándo estará de vuelta?

—Creo que en marzo. Ha decidido saltarse el invierno inglés por completo.

La inquietud de Granger persistió.

—Bueno, está bien. Los elfos mismos, sin embargo, ¿si alguien tratara de encontrarme en la mansión y uno de los elfos resultara herido? ¿¡O asesinado!? El pensamiento me enferma.

—¿No escuchaste a Tonks? Deja de preocuparte. Nadie en su sano juicio te buscaría allí. Y si lo hicieran, necesitarían dos docenas de rompe maldiciones trabajando durante días… Lo cual puedo asegurarte, que yo lo notaría. Esta ha sido una de las ideas más brillantes de Weasley.

Granger se quedó en silencio, pero el ceño fruncido que juntó sus cejas le dijo a Draco que ciertamente no había dejado de preocuparse.

En la mansión, Henriette los recibió en las grandes puertas y llevó a Granger a una suite de invitados con vistas a los jardines.

El gato de Granger fue soltado en la suite, en donde indicó su desaprobación por la situación al deslizarse debajo de la cama y sisear a cualquiera que se le acercara.

Draco las siguió a distancia mientras Henriette le daba a Granger un recorrido por la mansión. La antigua elfina doméstica había entendido la gravedad de la situación. No hubo miradas tímidas en dirección a Draco, ni ningún coqueteo con las rosas: Henriette era todo negocios. La Compañera Sanadora Granger debía estar cómoda y segura.

Draco las vio a las dos caminar delante de él: la pequeña forma de Henriette y la figura esbelta de Granger, que se inclinaba atentamente hacia la elfina mientras hablaba. Henriette señaló el estudio de Monsieur a su izquierda e indicó en un susurro que Monsieur no debería ser molestado cuando estuviera ahí, ya que a menudo estaba de mal humor por los pestilentes niveles de incompetencia y otras cosas de esa naturaleza. Granger asintió con gravedad, luego lanzó una mirada divertida a Draco cuando Henriette avanzó de nuevo.

Se señalaron las puertas de la biblioteca y luego Henriette pasó al conservatorio. Granger se demoró en las puertas cerradas de la biblioteca por un momento antes de apresurarse a alcanzarlo, y fue el turno de Draco de divertirse.

La oleada de cariño que la acompañó fue reprimida antes de que pudiera hacerlo sonreír.

Para cuando Granger se había asentado y orientado, y Draco y los elfos habían vuelto a revisar las extensas protecciones de la mansión para su propia tranquilidad, ya era de noche.

Si Draco tenía esperanzas de una cena tranquila para dos esa noche, Granger las destruyó. Tenía un turno en Urgencias que definitivamente se negaba a perder, ya que era la única sanadora en turno y su respaldo sufría de Spattergroit.

Hoy se había sentido como un día largo, pero, mientras Draco esperaba a Granger al pie de la gran escalera, también se sentía como si apenas estuviera comenzando. Supuso que debería acostumbrarse a los días malditamente largos. Esta era, después de todo, Granger.

Bajó las escaleras al trote, con su túnica de sanadora recién puesta ondeando detrás de ella.

—Estoy lista. Supongo que no necesito preguntarte si te desmayas al ver sangre. ¿Estás bien con las evisceraciones?

—Sí —dijo Draco.

—Bueno, uno nunca sabe con qué se va a encontrar en San Mungo.

Draco lanzó su más poderoso No-Me-Notes y se Desilusionó para anticiparse a las preguntas sobre por qué un Auror estaba siguiendo a la Sanadora Granger.

Fueron a San Mungo por red flu para lo que sería el primero de muchos turnos al lado de Granger en Urgencias.

Draco realizó Legeremancia en todas las mentes en la sala de espera para asegurarse de que nadie tuviera diabólicos planes, aparte de morir desangrado.

Cuando terminó, se acomodó en un rincón fuera del quirófano, y comenzó a ser moderadamente perturbado por el entretenimiento de la noche, que incluía enfermedades impronunciables, un mago que se presentó con un cono de tráfico muggle que sobresalía directamente de su pecho y una experiencia realmente inspiradora de innumerables placientes que se «resbalaron» sobre objetos vagamente fálicos que ahora estaban atrapados en varios de sus orificios.

Draco lanzó hechizos silenciadores para amortiguar sus jadeos alternados entre horror y risa. Sin embargo, nada inquietó a Granger. Trató a sus idiotas compatriotas con un profesionalismo implacable que él no pudo dejar de admirar.


Si Draco había tenido fantasías sobre un largo y placentero desayuno con Granger al día siguiente, eso también estuvo condenado desde el principio. Para cuando bajó a la (muy respetable, pensó) hora de las nueve de la mañana, Granger ya había hecho yoga, se había duchado, vestido y desayunado.

Llegó justo a tiempo para despedirla en el salón flu. Pasaría el día en el laboratorio, donde Weasley estaría de guardia con Granger. Draco estaba programado para exprimir las mentes de Manco (ahora simplemente «Manos») y Compañía.

Draco escuchó un zumbido ahogado que emanaba de la vecindad de Granger: era su Bloc.

Ella lo ignoró y se retorció las manos en ese gesto ansioso suyo.

—Dudo que Greyback sea tan estúpido como para enviar a alguien al laboratorio de nuevo tan pronto —dijo ella, sonando como si se estuviera tranquilizando a sí misma más que hablando con Draco—. Las protecciones se mantuvieron maravillosamente la última vez. No debo preocuparme.

Hubo otro zumbido amortiguado de su Bloc.

—Estarás perfectamente bien —respondió Draco—. Nunca serían tan estúpidos como para intentar algo a plena luz del día. Y Weasley estará contigo y tienes el anillo. Ni siquiera esperes a estar segura de que existe una amenaza para usarlo, sólo úsalo.

—Sí.

—Sin dudarlo, prefiero aparecer listo para luchar contra el servicio postal que llegar demasiado tarde.

—Sí, por supuesto. Gracias.

Una vez más, el Bloc Parlante de Granger zumbó.

Irritado, Draco preguntó:

—¿Quién te está mensajeando a esta hora?

Granger vaciló antes de sacar el Bloc para mirarlo.

—Eh… todos….

—¿Por qué?

—Nada importante —dijo Granger, quien claramente nunca aprendió que cuanto más descartaba algo, Draco más quería saber sobre eso.

—Dime.

Granger parecía una interesante mezcla de molestia y vergüenza.

—Es mi cumpleaños.

—Ah —dijo Draco.

Hubo un silencio bastante largo.

—Eh… feliz cumpleaños, supongo —titubeó Draco.

¿En serio? ¿Eso fue lo mejor que pudo decir? ¿Por qué su elocuencia abandonó por completo su cuerpo cuando más la necesitaba? ¿Qué pasaba con Granger? Era una asesina de elocuencias.

—Gracias —dijo Granger—. Pero tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos que un cumpleaños, ¿no?

—Sí, bastantes más.

Granger arrojó polvos flu al fuego.

—Haré girar el anillo a la menor provocación, lo prometo. Cambridge.

Y luego ella se fue, y Draco se quedó reflexionando sobre la eterna brillantez de «Eh… feliz cumpleaños, supongo», y se quedó sufriendo en soledad.

Antes de ir a la oficina por flu, Draco le pidió a Henriette que lo ayudara a organizar una reparación para esa noche, si Granger estaba de vuelta a una hora decente.

Tendría un estúpido y maldito pastel de cumpleaños, incluso si estuviera atrapada en la mansión con un tonto ridículo.

Draco pasó el día realizando Legeremancia en los dos magos detenidos, habiendo recibido un permiso especial para usar sus poderes. El único recuerdo de valor era el que había encontrado la noche del allanamiento. Pasó largas horas en el cerebro de Compañía en particular, revisando semanas y meses de recuerdos. Greyback fue cuidadoso. Un poco de información sobre posibles lugares de reunión para los hombres lobo de Greyback fue todo lo que Draco obtuvo. Le pasó los maleantes a Potter.

Esa noche, su cerebro daba vueltas, se sentía más como una mezcla de puré viscoso que un cerebro real, para cuando Draco se fue a casa.

Granger y Draco parecían estar desarrollando una especialidad en colisiones cuando usaban los medios de transporte mágico. Granger regresó a la mansión desde Cambridge casi al mismo tiempo que él lo hacía desde Londres. La única advertencia fue una mancha con forma de bruja que venía hacia él entre las chimeneas por las que pasó, y el borrón lo golpeó (con un chillido que confirmó que era Granger), y ambos fueron escupidos contra las losas entre cenizas del salón flu en la mansión.

Hubo una maraña de túnicas verdes entre túnicas negras y mucha expectoración de hollín.

Una risita estridente resonó en el salón flu. Para cuando la cabeza de Draco escapó de las faldas de Granger, Tupey había desaparecido y el pequeño mirón no pudo ser reprendido de inmediato.

Draco se dejó caer con un gemido. Los comienzos de un colosal dolor de cabezapor Legeremancia hormiguearon en la parte posterior de su cráneo.

Granger parecía haber aceptado filosóficamente el problema recurrente de sus colisiones y no dirigió ningún veneno hacia Draco.

En lugar de eso, ella dijo:

—Bien. —E intentó levantarse.

Se pisó la túnica y volvió a derrumbarse.

Tonkseaste—dijo Draco.

Granger hizo un sonido de exasperación y se tumbó en el suelo junto a Draco, quien ya se había rendido.

Se miraron el uno al otro. Granger suspiró y Draco saboreó el humo.

Parecía exhausta. Ni siquiera había tenido un momento para preguntarle cómo había dormido durante su primera noche en la mansión, fue su culpa por levantarse tan ridículamente temprano.

—¿Algo a partir de la Legeremancia? —preguntó Granger.

—Sólo hallazgos menores: posibles lugares de encuentro… Se los dejé a Potter.

—Maldición.

—¿No hubo problemas en el laboratorio?

—No. Y sólo tuve una pelea con Ron.

—¿Acerca de qué?

—Quería orinar en un biberón en lugar de dejarme sola durante cinco minutos mientras él iba al baño.

Draco resopló.

—Un tipo dedicado.

—Él siempre ha sido un poco diligente.

—Puedo admirar eso.

—¿Deberíamos levantarnos?

—No —dijo Draco, presionando la parte posterior de su cabeza contra la fría piedra—. Me apetece yacer aquí hasta que me lleve la muerte.

Granger reaccionó más casualmente de lo que le hubiera gustado ante este dramático pronunciamiento.

—¿Mmm? ¿Qué pasa?

—Dolor de cabeza.

—Fuimos demasiado duros con la Legeremancia, ¿verdad?

—Quería respuestas.

—Puedo ayudarte con el dolor de cabeza. Pero primero, un baño, he tenido un día sudoroso.

—Henriette puede aparecernos en nuestras cámaras.

—Nuestras cámaras —repitió Granger con un acento exagerado. Pareció darle el coraje que necesitaba para levantarse—. Me dirigiré a la mía por mis propios medios.

—Ve y hazlo —dijo Draco.

Y ella lo hizo.

La cena fue un asunto tranquilo. Comenzó en la mesa del comedor formal, luego Granger le preguntó a Henriette si le importaría mucho si cenaban en uno de los salones, que ofrecía mayores posibilidades para estirar sus extenuados cadáveres en los sofás.

Henriette estaba encantada de organizarlo. Pronto los hizo instalar cómodamente en el salón más pequeño en la parte trasera de la casa, alrededor de una mesa baja llena de alimentos. (Draco notó la adición de una sola rosa roja en un jarrón pequeño, pero dado que sólo había una, decidió que era puramente decorativa).

Granger arrastró una pila mixta de libros mágicos y muggles de alguna parte y aprovechó el momento para informarle a Draco sobre sus planes para el equinoccio de otoño, dado que Mabon estaba a solo dos noches de distancia. Había reducido su búsqueda a potencialmente doce sitios sagrados. Su objetivo era identificar el dolmen del que se hablaba en el Apocalipsis.

—Estamos tan cerca de completar esto —dijo Granger, quien pareció tomar un nuevo vigor de la idea—. Es muy emocionante, en realidad.

—¿Nosotros? Disparates, es todo tuyo.

Granger miró hacia arriba.

—Sí, nosotros. Has estado conmigo en esto desde el principio. No seas modesto, no te conviene.

—Está bien. Tomaré cualquier reflejo de gloria que se cruce en mi camino —dijo Draco con un lánguido movimiento de su mano.

Se deslizó en su sofá hasta que estuvo acostado y se cubrió los ojos con el brazo para bloquear la luz que hacía que le doliera la cabeza. Quería irse a la cama, pero apenas eran las ocho. El horario de Granger se le estaba contagiando y ella solo había estado allí un día.

Granger lo observó.

—Ah, sí, tu dolor de cabeza. Echemos un vistazo. ¿Por qué no dijiste algo, en lugar de dejar que me metiera más en tu cerebro durante media hora?

Cuando Draco no respondió (el machismo parecía una respuesta débil), Granger sacó su varita y se movió de su sofá al de él. Él se movió lo suficiente para darle espacio para sentarse a su lado. Lanzó un hechizo de diagnóstico, estudió la imagen resultante y chasqueó la lengua.

—Esto va a convertirse en una maldita gran migraña—dijo ella—. Intentaré Solamentum... Es delicado así que quédate quieto.

Draco cerró los ojos. Sintió la punta de su varita contra su sien. La sensación normalmente iniciaría una respuesta de estrés. No estaba seguro de cuándo había comenzado a confiar en Granger tan implícitamente, pero ni siquiera abrió un ojo.

Ella susurró un encantamiento y un suave consuelo comenzó a fluir en su cerebro sobreexcitado.

—Glorioso —murmuró Draco.

—Shh… Tengo que concentrarme.

—Mmm.

—Cállate.

Mmmm.

—¿Puedes dejar de gemir por un maldito minuto?

—No cuando se siente tan bien… ¡Mff…!

El calor de la yema del dedo de Granger presionó contra sus labios.

Sus ojos se abrieron con sorpresa. Por encima de él, Granger fruncía el ceño en concentración, y le lanzó una mirada de advertencia. Cerró los ojos de nuevo.

Ahora sus otros sentidos se volvieron más sensibles. Contra su costado podía sentir el empuje del muslo de Granger y la curva de su trasero. Sobre su sien, el frescor del hechizo. Olía a algo antiséptico, que no debería haber sido tan terriblemente tentador como lo era, pero él quería enterrar su rostro en ella e inhalar.

Se preguntó qué pasaría si moviera la lengua contra el dedo que estaba presionando sus labios.

Quizás algo traicionó su pensamiento. Granger retiró su dedo de sus labios y lo presionó debajo de su barbilla, inclinando su cabeza hacia ella.

Ella movió su varita a su otra sien y él escuchó el susurro del encantamiento nuevamente: «Solamentum».

El hechizo curativo irradió la pesadez de los calambres.

—¿Cómo se siente? —preguntó Granger.

Draco hizo lo que le encantaba hacer: darle respuestas que, en realidad, se referían a ella.

—Precioso —dijo Draco.

—¿Sí?

—Celestial.

—Qué bueno.

—Sublime.

—Ahora sólo estás tratando de provocarme.

—No, es verdad.

Granger miró al techo en un gesto de leve exasperación y se levantó. Volvió a sentarse en el sofá frente a Draco, lo que lo dejó con una clara sensación de Ausencia en su costado.

Habría estado perfectamente feliz de que ella continuara a su lado y le susurrara hechizos curativos complejos, en lugar de dulces palabras, al oído.

Ah, sí… El Crush que estaba destinado a Reprimir.

Ató y amordazó a su corazón y lo empujó a un profundo abismo psíquico.

Henriette se materializó con la pièce de résistance de comida: un pequeño pastel de mousse de chocolate, cubierto con una sola vela.

Oh, merci! C'est trop gentil! —exclamó Granger, una mano presionando su clavícula.

Draco había tenido la sensación de que Granger habría detestado por completo que él y los elfos le cantaran «Feliz cumpleaños» (tan desenfrenado como hubiera sido), así que le había dicho a Henriette que no cantara.

Henriette simplemente dijo:

Joyeux anniversaire, mademoiselle! —E hizo una reverencia con un crack.

—Realmente no necesitabas hacer nada —le dijo Granger a Draco, luciendo genuinamente conmovida.

—Al contrario, es un horrible cumpleaños: estás atrapada en la mansión conmigo, con una horda de hombres lobo merodeando e intentando matarte.

Granger sacó la vela del pastel y la apagó. («Es más higiénico», dijo frente a la ceja arqueada de Draco).

—¿Qué pediste?

—No puedo decírtelo.

Draco se pasó la mano por el cabello.

—Apostaría que nada. Ya me tienes. ¿Qué más podrías pedir?

Ella se rio, como era de esperar -qué sentimiento tan miserable-, y empujó del pastel hacia ella.

—¿Quieres?

Ante su asentimiento, Granger cortó para cada uno, una pegajosa rebanada del pastel de mousse.

—Ron dijo que, de camino a casa, revisará la cabaña en busca de paquetes para mí. Los dejará mañana.

—Bien por él.

—Mmm.

Hubo un silencio mientras se saboreaba el pastel.

—De todos modos, ¿qué pasó entre tú y Weasley? —preguntó Draco.

Como regla general, Granger y él no hacían preguntas personales, un hábito saludable para cultivar entre el Auror y su Principal. A ella se le había escapado una pregunta en Provenza, sobre su educación, y ahora él se permitía una en cambio, por una curiosidad no tan ociosa.

Quizás era una pregunta que Granger respondía con regularidad. Ella simplemente se encogió de hombros.

—Queríamos cosas diferentes. Éramos jóvenes cuando nos comprometimos, recién salidos de la guerra. Yo tenía muchos planes que no implicaban construir la Madriguera II y crear la próxima dinastía de los Weasley. Pero, al final, nos separamos amistosamente. Soy muy suertuda; Ron sigue siendo uno de mis más queridos amigos. Él y Luna han estado juntos por un tiempo, y son una pareja mucho más feliz.

Draco murmuró una respuesta evasiva alrededor de una cucharada de pastel.

—¿Y tú? —preguntó Granger. Había una curiosidad contenida en su mirada—. Escuché que tú y la hermana menor de las Greengrass estaban comprometidos.

Fue el turno de Draco de encogerse de hombros.

—Supongo que igual que tú: teníamos diferentes planes. Ella quería ser la próxima Señora Malfoy y hacer las cosas correctamente, ya sabes: las cosas de sociedad, las fiestas, las cenas, cuatro niños y dos niñeras para los veinticinco años. Yo quería palizas regulares por parte de mis profesores franceses… —(Granger asintió y dijo «Como debe ser»)—. Y los fines de semana sucios en Barcelona.

—Tu madre debe haber estado molesta.

—Devastada; éramos perfectos para el papel.

—Tantas cosas lo son.

Se quedaron en silencio por un rato. Ninguno miró al otro.

—Gracias de nuevo por el pastel —dijo Granger—. Fue… un gesto inesperado.

—Agradécele a Henriette —contestó Draco.

Supuso que Granger había terminado con su pastel y deslizó el tenedor hacia él para darle otro mordisco, sin molestarse en cortarse un trozo.

—Vas a arruinar la integridad estructural —jadeó Granger—. ¡No te atrevas!

—¿O qué? —preguntó Draco, apuntando al centro del suave mousse.

Granger golpeó su tenedor con el de ella.

—Llevaré a cabo un arresto ciudadano.

—¡Ja! Me encantaría verte int…

Un movimiento de la varita de Granger transformó los gemelos plateados de Draco en unas estrechas esposas, cuidadosamente unidas en el medio. La Transformación fue imposiblemente rápida… También sorprendente.

Draco observó esta nueva situación. Separó las manos y las esposas tintinearon la una con la otra y se mantuvieron firmes.

Él silbó.

—Los metales de transición cerca de tus manos no pueden ser la decisión más sabia para un Auror —dijo Granger.

—La mayoría de los malos no tienen una Maestría en Transformaciones.

—Y supongo que normalmente tampoco te distraes con el mousse de chocolate.

—Así es.

—Aun así —dijo Granger. Había alegría en sus ojos—, eso no fue tan difícil.

—Lo repito: habrías sido una excelente Auror, sin los chillidos.

—Mi cerebro se usa mejor en otros lugares —dijo Granger.

Con mucha razón, también.

—¿Me dejarás ir o vemos cuánto tiempo tardo en desarrollar un nuevo fetiche? —preguntó Draco.

Granger agitó su varita y las esposas se convirtieron en gemelos una vez más.

Pero ya era demasiado tarde: las esposas ahora eran una Cosa que iba a residir en la cabeza de Draco. Hubo una euforia que vino con ser dominado tan rápidamente. Su varita también había estado fuera de su alcance. Podría haber seguido haciendo todo tipo de cosas interesantes y descubrió que él era un participante dispuesto.

Pero no. No habría sexo con su Auror esposado en un sofá. Ella era Granger; ella nunca cruzaría la línea; era controlada y profesional. Ética. Correcta.

Maldita sea.

Draco se sirvió una generosa copa de vino y se la bebió.

Él debería hacer lo mismo y ser igualmente Correcto, pero fue muy difícil cuando ella estaba presionando su trasero contra él y colocando sus dedos contra su boca y esposándolo. Y eso había sido en sólo una noche de actividades. Y serían muchas, muchas más juntos.

En el fondo, en su corazón atado y amordazado, Draco sintió una agitación de advertencia.


¡Aaah! ¿Qué emocionante, no es así? ¿Qué les esperará Mabon?

Vamos a jugar: Intenten adivinar en qué capítulo finalmente se besarán y si alguien le atina, adelantaré el próximo capítulo.

Pista: No, no es en el capítulo 30 ;)

Besos,

Paola