Capítulo 16
Abrí los ojos lentamente y recorrí con mi vista la desconocida habitación. ¿Dónde estaba? Solté un quejido. Levanté mi mano para frotar mi cara y entonces lo vi. Montones de cables. Estaba en el hospital. Gruñí. ¿Cómo llegué aquí? No recordaba nada. Volví a cerrar los ojos. Me encontraba muy cansada. No supe cuánto tiempo pasó hasta que desperté de nuevo. No había sido un sueño. Seguía ahí.
- Al fin despiertas. –miré hacia mi izquierda y vi a un chico con una bata blanca– ¿Cómo te encuentras? –me preguntó mientras sacaba una especie de bolígrafo de su bolsillo– Sigue la luz. –me pidió, encendiendo una luz que me molestó mucho– ¿Recuerdas lo que pasó? –negué– Hay dos personas en la sala de espera que quieren verte. ¿Quieres que las deje pasar? –volví a negar.
- Me duele la cabeza. No quiero ver a nadie. ¿No podría decirles que sigo durmiendo y que se vayan? –asintió– Gracias.
- Volveré más tarde. Descansa un poco más. Yo me encargo. –dijo y se marchó, dejándome allí sola de nuevo.
…
- Fate, tranquilízate. Deja de dar vueltas.
- ¡No me pidas que me calme! No puedo, Ginga. ¿Qué habría pasado si yo me hubiese marchado? –palideció– ¡Podría haber muerto ahogada! –negó varias veces.
- ¿Me puedes explicar qué es lo que pasó?
- ¿Sabías que fue a España? –la peli morada abrió los ojos en sorpresa y después desvió la mirada– Cielos, tú lo sabías… ¿Por qué no me dijiste nada? Por todos los cielos, Ginga, se la presenté a mi madre porque creí que teníamos algo real, pero resulta que solo era por mi parte porque ella decidió irse a esa playa a revolcarse de nuevo con aquel chico. ¡Me viste totalmente abatida y, aunque no te conté el motivo, sabías que era por ella! ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Cielos, eres mi mejor amiga! ¿Sabes cómo me sentí cuando vi esas fotos?
- ¡No podía decírtelo! ¡Ella lo tenía todo planeado desde el día en que os acostasteis juntas! ¡Por todos los cielos! –la rubia abrió los ojos en sorpresa– Ella me llamó después de haber dejado tu casa para que fuese a su apartamento a hablar. Me contó todo lo que había pasado entre vosotras esa noche, absolutamente todo, y me expresó sus sentimientos por ti. Me pidió ayuda para ejecutar su plan sorpresa. –bajó el tono de voz– Iría a Irlanda a recoger sus cosas y las enviaría aquí. Yo me haría cargo de recogerlas y llevarlas a su apartamento. Cielos, hizo horas de vuelo para hacer la audición y poder estar en tu cumpleaños cuando sabía que a los dos días tendría que volar de nuevo para España. En un principio no iba a venir para tu cumpleaños, pero cambió los billetes de avión porque quería estar contigo en ese día tan especial. Ya lo tenía todo listo para quedarse, pero necesitaba solucionar las cosas con Hayate-san y cerrar su pasado para poder comenzar un presente y futuro desde cero, contigo. ¡Jesús! ¡Hizo locuras por ti! –exclamó– Cuando llegó de España ni siquiera descansó, directamente tomó un taxi que la llevase al estudio, se duchó allí, se vistió e hizo la prueba para trabajar en tu academia. Jamás he visto a alguien que haga tales cosas por amor… Hablé con ella todos los días que estuvo en España, todos. –recalcó– Y en ningún momento importó la hora, siempre estuvo disponible. Siempre. –reiteró.
- No, eso no es cierto. Ella fue a acostarse con él. Tengo las fotos que demuestran que han estado juntos en el hotel y ambas conocemos su pasado…
- ¿Hablas en serio? –se levantó de golpe de su asiento– Fate, jamás habría pensado que tú, precisamente tú, la chica más dulce e inocente que conozco, se dejase llevar por el pasado de alguien y no le diese ni el beneficio de la duda ni mucho menos dejarse llevar por fotos que, seguramente, te enseñó tu madre, la cual también sabemos cómo puede llegar a ser. Desconfiaste de ella una vez y te arrepentiste. Ojalá esta vez no estés equivocada para que tu conciencia esté tranquila y no te arrepientas el resto de tu vida por dañar y alejar a una persona como Nanoha porque, esta vez, yo no pienso fallarle por protegerte. Creo y confío en ella más que en tu madre. –espetó– ¿En serio crees que se acostó con él estando locamente enamorada de ti? ¿En serio crees que una persona como ella mentiría y jugaría contigo? –preguntó molesta e incrédula– Ella, que siempre ha sido un juguete para muchos… –habló con tristeza– ¡Por todos los cielos! ¡Te confió la alianza de su madre! –le gritó y la rubia reaccionó.
- ¿Familiares de la señorita Takamachi? –ambas se dirigieron hacia el doctor.
- ¿Cómo está? ¿Podemos verla? –preguntó la peli morada.
- Aún sigue durmiendo. Está algo débil. La combinación de alcohol, aspirina y un baño con agua caliente no es la más adecuada. Estaba demasiado bebida y con el agua caliente, se le bajó demasiado la tensión y perdió la consciencia. Estará en observación todo el día de hoy. Será mejor que se marchen y vuelvan mañana.
- Pero… –quiso protestar la rubia.
- Por el momento no pueden pasar a verla. Necesito que descanse y esté tranquila. Por favor, vuelvan mañana. Cuidaré de ella. –dijo y se marchó antes de que las chicas dijesen algo más.
…
Habían pasado más de 3 meses desde que me escapé del hospital. Al recordar todo lo que había pasado, me sentí horrible. Las palabras de aquella mujer no podían afectarme tanto como para casi morir ahogada en mi baño después de haberme emborrachado. Yo no era tan débil como lo fue mi padre. Ginga vino a verme a mi apartamento cuando se enteró de que me había fugado del hospital. Le expliqué lo que había pasado y, a pesar de que Fate seguramente le habría contado todo, se llevó las manos a la cabeza intentando entender por qué la rubia había escupido eso por su boca. Desde ese día, gracias a la ayuda de Ginga, comencé a hacer entrevistas de trabajo en algunas academias de danza. Acababa de salir de una y me encontraba en un parque cercano, sentada en un banco tomando algo de aire y pensando que septiembre estaba a la vuelta de la esquina, cuando alguien se sentó a mi lado.
- ¿Cómo te encuentras? –habló una voz masculina, haciéndome salir de mis cavilaciones.
- … –me quedé viéndolo con la boca abierta.
- Hola. –me sonrió– Te llamabas Nanoha, ¿cierto? –asentí en automático– No te veía desde que te escapaste del hospital aquel día. –suspiró– ¿Sabes? Nunca se me había fugado un paciente… –rió.
- Hola. –contesté avergonzada– Sí, bueno, siento eso. No me gustan los hospitales, y menos ese. –hablé nerviosa y él alzó una ceja, curioso– Malas experiencias con una doctora. –admití.
- ¿Te trató mal? –frunció el ceño.
- ¿Qué? ¡Oh, no! Nada de eso. Ojalá. Nyahaha. –contesté rápidamente entre risas– Digamos que… –me ruboricé al no saber qué decir y él rió.
- No me digas que te coqueteó. –me sonrojé aún más mientras asentía y él volvió a reír, negando– Seguro que fue Due… –suspiró– No pierde el tiempo. –otra carcajada– Tranquila, yo no voy a coquetearte. No soy así. –suspiré aliviada– Aunque no lo parezca, soy muy tímido. –reí– Sólo quería saber cómo te encontrabas.
- Estoy bien. Gracias, doctor. –le di una suave sonrisa.
- Vice. Me llamo Vice Granscenic, pero todos me llaman Vice-kun. –se puso en pie– Tengo que irme a trabajar, sólo vine por un café y te vi aquí sentada. Me alegra ver que estás bien. Cuídate, Nanoha.
- Tú también, Vice-kun.
…
Llamé a mis chicos para celebrar mi nuevo trabajo. Cada vez que alguno de nosotros tenía alguna buena noticia, nos reuníamos y lo celebrábamos por todo lo alto. Hoy no sería una excepción. La academia para la que hice la entrevista el día que vi al doctor, me llamó a la semana siguiente para contratarme. Era un empleo temporal para cubrir una baja por enfermedad cuya duración estimaban sería un mes más o menos, pero para mí era más que suficiente. Me encontraba en mi apartamento vistiéndome con un vestido rojo muy corto y totalmente ceñido al cuerpo. Me puse mis zapatos de tacón, tomé mi bolso, llaves y teléfono y salí de allí dirección al club donde habíamos quedado. Después de haber salido del hospital, hablé con Signum y me ofreció volver a trabajar para ella, las noches de fin de semana, como bailarina tras haberse ido la bailarina principal. Hoy entraba a la 1, así que sólo podría divertirme con los chicos un par de horas antes de ir al Desert Club. Intentaría no beber demasiado esta vez o no conseguiría bailar después. Reí. Tenía una nueva vida y, por primera vez, amigos de verdad. Ya no estaba sola y nunca más lo estaría. Los tenía a ellos y siempre los tendría. Sonreí ampliamente. Me sentía feliz y en paz conmigo misma. Llegué al local y ya se encontraban allí algunos de los chicos bailando y bebiendo. Los saludé y fui a la barra a pedir una copa para mí. Estaba realmente tan extasiada que no me di cuenta de la presencia a mi lado.
- Hola, Nanoha. –saludó.
- ¡Ginga! –me lancé a sus brazos y ella rió– ¿Cómo estás?
- Bien. Estoy aquí con Cinque y… –se calló y yo asentí, entendiendo.
- Tranquila, no hay problema. Hoy nada me molesta. –hablé con una sonrisa, bebiendo de mi copa– ¿Recuerdas la última entrevista que hice? –asintió– Me han llamado para cubrir una baja.
- ¡Felicidades! –su cara irradió felicidad– Ya verás que nadie se resistirá a tus movimientos y te añadirán a la plantilla. Es una buena academia. –me sonrió– Ojalá estuvieses en el estudio de Fate y no en la competencia, pero estoy muy feliz por ti. Te lo mereces. –le di una suave sonrisa.
- Gracias. Jamás pensé que volvería a bailar. –suspiré– Hice bien en volver a España para cerrar mi pasado, aunque haya perdido a… –no continué y ella me dio un apretón en el brazo, entendiendo– En fin, que estoy feliz por mi nuevo empleo y por eso lo estoy celebrando con mis chicos. –los señalé y ella sonrió– Oh, y después haremos un brevísimo espectáculo aquí, ya sabes, como aquella fatídica noche… –abrió los ojos en sorpresa– Después de aquella actuación, el dueño del local nos pidió que lo hiciéramos más veces porque al parecer gustó bastante, así que hacemos actuaciones ocasionales a cambio de barra libre. –reímos– Lo haremos una hora antes de marcharme a trabajar al Desert. Hoy me toca un largo turno allí. –suspiré.
- ¡Jesús! ¡Chica, no paras! –volvimos a reír– Esperaré con ansias a verla. Tengo que volver antes de que…
- Tranquila, ve. –nos dimos un abrazo– Nos vemos pronto, ¿vale? Te llamaré en mi día libre. Saluda a Cinque de mi parte. –asintió, sonriendo– Adiós.
Volví junto a mis chicos y, tras haber terminado mi copa, salí a la pista a bailar con ellos. Esa noche no bebería más. Primero, porque tenía que ir a trabajar más tarde y, segundo, porque no podía dejar que pasara lo mismo que la otra vez. ¡Jesús! Casi muero ahogada en mi bañera porque estaba demasiado borracha. Eso no podía volver a pasar. Negué. Estaba bailando cuando vi a un chico que me sonaba bastante y me estaba sonriendo tímidamente. ¡El doctor! Se acercó a mí y, muy avergonzado, me pidió bailar juntos. Acepté. ¿Por qué no? Con él me sentía cómoda y era muy tierno verlo abochornado. Bailaba realmente bien y me dejó sorprendida. Cuando me confesó que era latino, entendí todo y reí. Un doctor latino, irresistiblemente sexy y que bailaba extremadamente sensual. ¡Lástima que mi corazón aún pensase en cierta rubia de mirada borgoña! Si no fuese el caso, no habría dudado en coquetear con él y en dejarme llevar. Aunque, a estas alturas, quizás debería dejarme llevar. Al fin y al cabo, mi pasado había construido mi futuro y parecía ser que no serviría para otra cosa. Me divertí mucho con él. Resultó ser un excelente compañero de baile. Le pedí que me esperase unos minutos porque tenía que irme al centro de la pista para dar el espectáculo con mis chicos. Para esta ocasión, las dos canciones que habían elegido los chicos eran bastante sexuales. ¡Maldición! Debería haber bebido más para sentirme algo cómoda bailándolas, o, al menos, para no sentirme nerviosa por las miradas de los que se encontraban allí alrededor de la pista ya aguardando por el espectáculo, pero no podía porque tenía que ir a trabajar después. Cerré los ojos y solté un gruñido de molestia. ¿Por qué siempre me metía en esa clase de líos? Respiré hondo. La primera canción comenzó a sonar y las chicas entramos a la pista. Empezamos a bailar seductoramente y cuando llegó el estribillo, entraron los chicos. Fue ahí cuando la vi. Esa inconfundible mirada borgoña. ¡Cielos! Había olvidado que se encontraba ahí con Ginga y Cinque. Desvié la mirada rápidamente y entonces escuché un halago proveniente de mi lado izquierdo que me distrajo. Volteé mi cara porque me sonaba la voz y sonreí, negando, al ver que se trataba del doctor. Le guiñé un ojo y continué bailando, más relajada, hasta que terminó. Esa canción subió considerablemente la temperatura del local y, no solo del recinto, también de todos los asistentes. Comenzó a sonar la siguiente canción. Tiida tomó mi cadera con firmeza y nos movimos con la complicidad que siempre nos caracterizó. Sonreímos a la vez cuando nos miramos a los ojos y me dio un guiño. Lo cierto es que cualquier persona que no nos conociese podría asegurar que éramos pareja por la forma de mirarnos y tocarnos sin sentirnos incómodos, pero nada más lejos de la realidad. Tiida se había convertido en un buen amigo y, aunque el chico era realmente guapo, no había ese tipo de atracción entre nosotros. Cuando terminó la canción, rápidamente, el castaño me dio un apretado abrazo y un beso en la frente antes de voltearnos y agradecer al público. Nuestro pequeño espectáculo había terminado por fin. Abandonamos la pista central, miré al doctor y le hice señas para que me acompañase a por una bebida. ¡Jesús! Necesitaba beber algo urgentemente. Él asintió y no me hizo esperar. Pedimos una bebida sin alcohol y estuvimos hablando y riendo mientras la tomábamos. Cuando ya me sentí mejor, lo jalé a la pista de nuevo y estuvimos bailando y hablando. Me hizo reír innumerables veces, haciéndome olvidar todo. Me detuve repentinamente al volver a ver a una rubia en particular que nos miraba fijamente, pero decidí ignorarla y centrarme en mi compañero de baile. Salimos de la pista para sentarnos con los chicos. Vice era un hombre muy divertido cuando se le pasaba la vergüenza inicial y a los muchachos les cayó genial cuando lo presenté. Le contamos acerca de cómo fue que nos conocimos, del concurso en el que participamos y muchas más cosas. El tiempo voló entre risas, bebidas y bailes. Cuando miré el reloj, era hora de irme a trabajar. Mi tiempo se había agotado. Me despedí de todos y me disponía a marcharme cuando el castaño doctor se ofreció a acompañarme a la salida. Le sonreí en agradecimiento. Le pedí que me esperase un segundo mientras le decía algo a Claus, el dueño del local. Asintió y fui rápidamente hacia la barra para hablar con el encargado. Cuando terminé y me despedí, una suave y cálida mano me retuvo, sobresaltándome.
- ¡Jesús! –me llevé la mano al corazón– Me has asustado. –rió.
- Lo siento, Nanoha. Es muy fácil asustarte. –miré alrededor buscando a las chicas– Ginga y Cinque están en el baño. –me explicó– He aprovechado para saludarte y darte la enhorabuena por vuestro pequeño espectáculo. Esta vez han sido canciones en inglés bastante sensuales y sexuales, pero veo que la gente lo disfruta realmente, al igual que tú. Pensé que… –la interrumpí.
- Gracias. –dije secamente– Es un club latino, así que sólo escucharás canciones de este tipo. Nunca vas a entender nada a no ser que pongan canciones como las de hoy. No sé por qué sigues viniendo… –me interrumpió ella.
- Para verte. –confesó, mirándome fijamente y me estremecí– No lo puedo evitar. Te echo de menos. Quisiera hablar contigo y solucionar las cosas… –suspiró– Lo que pasó la última vez no… –una voz masculina la interrumpió.
- ¿Nos vamos ya? No llegarás a tiempo si no nos damos prisa. –dijo el castaño doctor, colocándose tras de mí, y sujetando mi cintura con firmeza.
- Vice-kun… –lo miré y le di una leve sonrisa cuando me guiñó el ojo– Sí, vámonos. No puedo llegar tarde… –puse mi mano sobre la suya, rogando que no se alejara y siguiera con la farsa. Me volvió a dar un guiño y me tranquilicé– Lo siento, Fate. No tenemos nada de lo que hablar. Creo que ya fuiste lo bastante clara la última vez que nos vimos, ¿no? –sonreí triste– Cuídate.
- Nanoha, por favor… –intentó tocarme y me aparté.
- Tengo que irme, de verdad. –me disculpé– Lo único que me queda por decirte es que te entiendo, en serio que te entiendo. ¿Cómo no pensar todo eso de mí? Me lo merezco. –ella negó queriendo decir algo, pero no la dejé– ¿Quién sabe? Quizás, algún día, nuestros caminos vuelven a cruzarse y podemos volver a ser amigas…
- Yo no quiero ser tu amiga. –habló segura y fulminó con su mirada al castaño, que puso su otra mano en mi espalda baja– ¿Estás con él?
- ¿Importa con quién esté? –pregunté cansada– Quizás es otro que puedo añadir a la extensa lista, ¿no crees? –bajó su mirada.
- Nanoha... Lo siento mucho. Tú sabes lo que siento por ti…
- No. Honestamente no lo sé, Fate... –respiré hondo antes de soltar mis pensamientos con todo mi dolor– Pensé que lo sabía, pero, ¿a quién pretendo engañar? Mírame… –sonreí triste– Siempre seré una puta para ti y para todos. Es para lo único que sirvo. –abrió los ojos desmesuradamente y el castaño doctor me dio un apretón en la cintura.
- Vámonos, Nanoha. No voy a permitir que hables así de ti misma. No eres ninguna puta... –me jaló, pero lo detuve.
- Espera, Vice-kun. –le pedí con otra triste sonrisa antes de voltear a mirar a la rubia, quien seguía estupefacta– Nunca me diste la opción de explicártelo. Nunca me diste el beneficio de la duda. Reconócelo, nunca, repito, nunca, has confiado en mí y nunca lo harás… –dije con pesar y ella bajó la vista– Pero lo entiendo, cómo confiar en mí con el pasado que tengo, ¿verdad? –rematé– Adiós, Fate. Cuídate y sé muy feliz. –miré al doctor– Ahora sí, Vice-kun. Vámonos. –pasé mi mano por su cintura, enterrando mi rostro en su hombro y me abrazó protectoramente, llevándome a la salida apresuradamente.
- ¿Estás bien? –preguntó sin soltarme.
- Lo estaré. –susurré y me separé de él, limpiando mis lágrimas– Gracias.
- De nada… Ha sido tanta la tensión entre vosotras que parecían volar cuchillos… –rió suave y levantó la mano para llamar a un taxi.
- Siento eso. Y, gracias por seguirme el juego no retirando mi mano y sacándome de esa manera del local. No habría resistido mucho más…
- No hay de qué. Para eso están los amigos. Además, los chicos me advirtieron de que necesitarías ayuda o llegarías tarde… –me sonrió– ¿Quieres hablar de ello mientras consigo un taxi? –respiré hondo– A veces, hablar, ayuda.
- ¿Somos amigos? –asintió, sonriendo– No sabría ni por dónde empezar a contarte, Vice-kun… –miré hacia el cielo estrellado– Y no me digas que por el principio. –lo escuché reír mientras seguía levantando la mano.
- ¿Te gusta ella? Podríamos empezar por ahí. –negué.
- No, no me gusta… La amo con todo mi corazón. –le confesé– ¿Tienes algún problema con eso? –negó– Pero, yo no soy para ella ni para nadie. Creí que podría serlo, pero estaba equivocada… –hablé hundida.
- ¿Por qué? ¿Por considerarte una puta? –iba a contestarle, pero me detuvo– Tus chicos te adoran y admiran. Solo tienen buenas palabras para referirse a ti. No creo que alguien pueda hablar así de una mala persona, así que no digas que no eres para ella ni para nadie. Y, si quieres saber mi opinión personal, me caes bien. Eres simpática y divertida. Hiciste que me sintiera cómodo con tus chicos y contigo. Fuiste muy considerada y agradable.
- Gracias… –susurré sin ánimos.
- Mira, he visto cómo coquetean contigo en ese club y tú no has devuelto ni uno solo a ninguno. ¡Los has ignorado! –exclamó riendo– Así que no eres ninguna puta... –dijo mientras veíamos a un taxi parar a nuestro lado.
- Eso no importa… –suspiré– En el pasado lo fui, o, al menos, actué como una...
- ¿Qué tiene que ver el pasado con el presente? –preguntó mientras me abría la puerta del taxi.
- Pregúntale a ella… –sonreí de lado. Me dirigí al taxi y, antes de subirme, me volteé para hablarle– Gracias por lo de hoy. Ha sido muy divertido, Vice-kun. –asintió– Y también has sido muy amable. –me sonrió– Espero que podamos volver a repetir algún día.
- Dalo por hecho, Nanoha. –sonrió de nuevo– Yo también me divertí mucho. –se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla– Esta conversación no se queda aquí. Ahora somos amigos. –dijo una vez que ya me subí al taxi y antes de cerrar la puerta. Reí– Hasta pronto, Nanoha. –levantó la mano antes de que el taxista pusiera rumbo al club.
…
Y así pasaron mis días y semanas. Entre semana estuve dando clases de salsa en una pequeña academia hasta que se incorporó el profesor titular y, los fines de semana, trabajaba para Signum en el Desert Club. El primer club que me dio la oportunidad tras haber llegado de España. Pensé que no me volvería a contratar después de haber renunciado hacía ya dos años, pero Signum me volvió a dar una nueva oportunidad porque sabía que era una buena empleada y jamás la había decepcionado. Septiembre ya había llegado y con él, el espectáculo anual donde se reunían grandes empresarios para ver a los bailarines, buscando a alguno que les sirviese a ellos para los espectáculos que tuviesen programados. Como cada año, se celebraba el día 9. Maldito día. Suspiré. No podía hacer nada para evitarlo. Ahora me había convertido en la bailarina principal porque así lo decidí cuando acepté y firmé el contrato con Signum. Antes de venir al club había recibido una videollamada de Hayate y sus hijas, a quienes consideraba mis sobrinas y ellas a mí su tía, y otra de Ginga. Ambas sabían que este día era especialmente difícil para mí y quisieron hacerme saber que contaba con ellas para lo que necesitase. Sonreí mientras terminaba de aplicarme el maquillaje. Eran las mejores. No me cabía duda alguna de ello. Ya no. Cuando estuve lista, salí de la habitación y me dirigí a bastidores con mis compañeros, quienes ansiosos, esperaban para salir a dar el gran espectáculo. Salimos a escenario y disfrutamos del momento. No me sentía igual que bailando con mi grupo latino, pero también era agradable bailar con ellos. A diferencia de aquella vez, en esta ocasión, no bajé del escenario antes de tiempo llorando y esperé para saludar al público junto a mis compañeros antes de ir al camerino a cambiarme de ropa. Al salir, comprobé que estaba lloviendo. Estupendo. Tendría que correr un poco bajo la lluvia para tomar un taxi que me llevase a casa. Estaba a punto de hacerlo cuando una voz femenina me detuvo.
- Buenas noches, señorita Takamachi. –me tensé y volteé lentamente.
- Har… Harlaown-san… –susurré– ¿Qué… qué…? –no conseguí formular la pregunta.
- ¿Tendrías algo de tiempo para dedicarme? –me preguntó suave y yo seguía en shock– Sé que es muy tarde y estarás agotada, pero me gustaría hablar contigo en otro lugar más tranquilo y privado.
- No tiene que preocuparse por la reputación de su hija. –dije tras salir del estupor– Supongo que vio las fotos al igual que ella, así que puede estar tranquila, ya no tenemos relación de ningún tipo. Le diré lo mismo que le dije a ella hace más de un año: nunca me ha interesado la fama ni el dinero. Ahora no será la excepción… –me interrumpió.
- No me preocupa que te interese o no la fama y dinero. Sólo quiero hablar contigo de algo acerca de mi hija. ¿Podrías acompañarme, por favor? Es muy importante. –no estaba muy segura, pero asentí antes de seguirla a una limusina que nos llevó a un edificio empresarial– ¿Dónde estamos? –pregunté al entrar en una oficina.
- Este es mi lugar de trabajo cuando no estoy viajando. Es mi despacho. –asentí al entender– Siéntate, por favor. –suspiré y me senté frente a ella– Supongo que quieres saber por qué estamos aquí y para qué. –volví a asentir– Quiero confesarte algo que he hecho y de lo que no estoy nada orgullosa. Me arrepiento enormemente porque he fallado como madre. –lo miré confusa– Mi hija Fate es lo único valioso que tengo en esta vida. Es lo único bueno que tengo. Ella es dulce e increíblemente inocente, tanto, que es fácilmente manipulable. –fruncí el ceño porque no sabía a dónde quería llegar– Siempre he querido protegerla de todo y de todos para que nadie destruyera esa inocencia, pero por culpa de mi obsesión por conseguir que ella tuviese siempre una buena reputación, fama y dinero, destruí algo con lo que ella estaba realmente ilusionada.
- ¿Podría ser más clara? No sé, ir más directa al grano. No es un buen día para mí y no tengo toda la noche y, sinceramente, dudo que usted tampoco. No sé por qué me está contando todo esto y qué tengo yo que ver con lo que usted le haya hecho.
- Déjame explicarte, por favor. –suspiré cansada y la miré fijamente, esperando a que contase lo que fuera que tuviese que decir– ¿Te contó alguna vez que contrató a un detective privado cuando desapareciste hace más de un año? –negué.
- No, ella no lo hizo, pero Ginga sí. Me lo contó cuando tuvo el accidente.
- Te refieres al accidente que tuvo cuando vio tus fotos junto a Zafira, ¿cierto? –asentí– ¿Te contó alguna vez el acuerdo al que llegamos para permitirle vivir sola? –asentí– ¿Y te ha llegado a contar sobre el acuerdo que yo mantengo con la prensa para proteger su reputación? –volví a asentir– ¿Entiendes que todo lo que he hecho y hago es por ella? –asentí, suspirando.
- Sigo sin entender qué tiene que ver esto conmigo. Ya le he dicho que no estamos juntas desde hace casi 5 meses, desde que vio esas fotos… No la he buscado ni llamado ni tampoco pienso hacerlo. Ya nos hemos dicho todo lo que nos teníamos que decir... –hablé cansada– Yo debí haberme mantenido alejada de ella cuando tuve la ocasión. Fue culpa mía y lo siento. Si yo hubiese sido una mujer inteligente, no me habría acercado a alguien como ella. Merece muchísimo más. Yo no soy nada ni tampoco tengo nada, sólo un pasado que me perseguirá el resto de mi vida. –respiré hondo antes de volver a mirarla y hablarle para zanjar esa estúpida conversación– No he querido a nadie como la quiero a ella, y es por eso que no voy a volver a verla nunca más, así que no tiene que preocuparse por nada porque lo que menos quiero es manchar su reputación… –me interrumpió.
- Yo le enseñé las dos fotos tuyas con ese chico en el hotel de España y la manipulé para hacerle creer que te habías pasado el día con él en la cama… –abrí los ojos como platos.
Isana-konoe: Me alegra saber que la historia te tiene completamente enganchada. Ya ves que Nanoha mintió a Fate, aunque fue para darle una sorpresa. No puede ser tan romántica porque después llega la mamá de Fate y lo complica todo. Uh... A ver cómo se las arreglan ahora para solucionar todo este embrollo...
