Capítulo 17
- ¿Qué? –pregunté sin aliento.
- Antes de que te llevase a mi casa, ella ya me había hablado de ti: cómo os conocisteis en una cafetería que ambas frecuentabais, cómo no quisiste mantener ninguna relación cercana con ella ni con Ginga-san y Cinque-san... Me contó muchas cosas… –yo seguía en shock– He visto cómo mi hija tomaba un vuelo comercial destino a España sólo para darte una explicación cuando le da pánico subir a un avión. He visto cómo se consumía poco a poco durante todo un año porque no sabía dónde ni cómo estabas. –suspiró– Después de haberte ido de nuevo y al verla con esa alianza… –señaló mi dedo anular– …supe que su amor por ti no sería pasajero ni tampoco una fase de experimentación como en un principio pensé que sería… Contraté a mi detective privado de confianza para que te investigase: pasado, familia, amistades, parejas... –no podía creerlo– Necesitaba saber de qué clase de persona se había enamorado mi hija. Lo que menos me importa es que seas mujer, pero debía saber si tenías algo que pudiese enturbiar su reputación... –yo seguía sin palabras– Encontramos varias cosas interesantes… entre ellas, la pérdida de tus padres a una edad muy temprana... –me dio una mirada a modo de disculpa– Has luchado muy duro por llegar hasta aquí… No has contado con ayuda de nadie. –dijo asombrada– Sólo has tenido apoyo de una profesora de instituto que también es amiga y familia para ti, ¿no es así? –asentí en automático– Y luego está tu época de dedicarte a la prostitución, de acostarte con cualquiera. –dijo suavemente sin ofenderme, pero yo cerré mis manos en forma de puños, odiándome intensamente por esa parte de mi vida– Eso no podía permitirlo, así que decidí enseñarle sólo dos de las fotos: cuando te recogió en el hotel y cuando te dejó en la puerta. Supongo que te las enseñó… –asentí, suspirando.
Flashback
- ¡Mamá! –la abrazó con fuerzas– ¿Qué haces aquí en el estudio? Nunca vienes a no ser que se trate de algo sumamente importante. ¿Qué ocurre? –cuestionó.
- ¿Has terminado por hoy? Me gustaría hablar contigo. –suspiró.
- Sí, ya terminé. Iba a llamar a Nanoha para darle los buenos días y decirle cuánto me encantó su regalo de cumpleaños. –sonrió emocionada– Me ha estado enviando mensajes y llamando todo el día, supongo que estaba algo desesperada y nerviosa por saber qué me pareció. –rió– Mamá, ¡me dio la llave de su apartamento! No lo vendió ni lo va a vender. Mamá, ¡va a volver! ¡Va a volver! –dio un saltito de emoción– ¿No es maravilloso? –habló sin poder ocultar su felicidad, pero su madre seguía seria.
- ¿Puedes llamarla después? Esto es muy importante y no puede esperar.
- Eh, sí... –calmó sus emociones abruptamente ante las palabras de su madre– Espérame. Me cambio y nos vamos. –asintió y se sentó a esperar que su hija regresara– Ya estoy mamá. ¿A dónde quieres que vayamos?
- Vayamos a tu casa. –la rubia la miró confusa, pero asintió y se marcharon.
…
- Mamá, me estás asustando. ¿Qué es lo que pasa? Estás demasiado tensa y seria. –dijo sentándose en el sofá y tomando a Asteion entre sus brazos para acariciarlo.
- Quiero enseñarte algo. –ella la miró expectante mientras sacaba un sobre de su chaqueta y se lo entregaba.
- ¿Qué es esto? –lo tomó entre las manos y sacó lo que había en su interior– Mamá… Mamá, ¿qué significa esto? –cuestionó mirando las dos fotografías– Esto tiene que ser un error. Tiene que ser de otro año. Ella está en Irlanda.
- No, hija. Ella no tomó ningún vuelo a Irlanda, sino a España. –abrió los ojos como platos y comenzó a negar– Me han llegado este mediodía. –suspiró.
- Tiene que haber alguna explicación, mamá. –dijo, aun negando– Ella no lo haría. No me haría esto. Me ama. –su madre desvió la mirada– Mamá… dime que esto es un montaje.
- Lo siento, hija… Leti Lowran me ha dicho que no han salido del hotel en todo el día…
- Mamá… –seguía negando una y otra vez– Ella no es así. La conozco. Tiene que haber una explicación… Siempre la hay…
- No la hay, Fate. Ha jugado contigo… Has sido otra más de su extensa lista. Ambas conocemos su pasado. Nunca ha dejado de ser una puta. –lágrimas comenzaron a caer de sus ojos– ¿Por qué no te dijo entonces que iría a España? ¿Por qué no te permitió acompañarla al aeropuerto? Porque entonces verías que no volvía a Irlanda… –la rubia se llevó las manos a su rostro y rompió en llanto– Lo siento, hija.
Fin Flashback
- … –lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas y me puse en pie– Yo jamás la engañé ni la engañaría. Fate era muy especial para mí.
- Lo sé… –confesó derrotada.
- Ella me mostró el verdadero significado de amar a alguien y se lo agradeceré hasta el fin de mis días... –me dirigí hacia la puerta– Entiendo que lo hiciera, de verdad que lo entiendo. Tienen mucho en juego y mucho que proteger… –la abrí– Como ya le he dicho, no voy a buscarla ni ella me buscará a mí. Ya está todo dicho. Nos hemos hecho mucho daño. Ya no hay vuelta atrás. –la miré por unos segundos– Lo hizo extremadamente bien haciéndola desconfiar de mí, aunque tampoco lo tenía muy difícil conociendo mi pasado, ¿no? –bufé– Adiós, Harlaown-san.
- Quiero que vuelvas con ella. –me detuve antes de cruzar el umbral– Cometí un grave error al separaros así. –no me moví– Antepuse la fama y el dinero a la felicidad de mi hija y no sabes cuánto me arrepiento. Ella estaba totalmente ilusionada con comenzar una vida junto a ti y yo la destruí… Soy la peor madre… –habló descorazonada– Al igual que te lo he contado a ti, a ella también le diré la verdad. –suspiró– Seguramente me odiará por lo que hice, pero no puedo verla por más tiempo así… Desde hace prácticamente 5 meses parece un fantasma. Llora todo el tiempo por ti. –mis lágrimas seguían bajando por mis mejillas– No quiero eso para mi hija. Jamás la había visto más feliz e ilusionada que cuando estuvo contigo. Por favor… Sé que no tengo ningún derecho a pedírtelo, pero no le niegues verte cuando ella sepa la verdad. –no dije nada y me marché de allí rápidamente.
No podía escuchar nada más que proviniese de esa mujer. ¿Cómo era alguien capaz de hacerle eso a su propia hija? Cielos, el día que la conocí vi todo el amor que profesaba por su hija. Pensé que se alegraba de verla feliz, pero jamás pensé que le hiciera creer algo que no pasó y que nunca pasaría. Sólo le enseñó dos fotos para que fuese más fácil creer lo que ella quería. ¿A quién creería Fate, a su madre o a mí? La respuesta a esa pregunta era más que obvia. Salí del edificio y seguía lloviendo. Era muy tarde y sería prácticamente imposible encontrar un taxi a esas horas. Correr no era una opción tampoco porque me mojaría igualmente, así que decidí caminar lentamente para intentar despejar mi mente al sentir la fría agua, aunque, precisamente, la lluvia no ayudaba en nada a mi estado de ánimo en este maldito día. Estaba totalmente aturdida por lo que acababa de oír. Turbada y abatida. Sabía que no era lo mejor, pero podría haber sido sincera conmigo desde un principio, diciéndome que no me quería cerca de su hija por esos motivos. Habríamos buscado otra solución, pero no esa. No sólo la había perdido sentimentalmente hablando, sino también su amistad. Ella era muy especial y me habría encantado tenerla en mi vida para siempre, pero por mucho que su madre le contase a ella la verdad, el daño ya estaba hecho. Simplemente había roto algo sincero y real. ¿Cómo se suponía que recogías todos esos trocitos y los volvías a unir, sabiendo que la desconfianza podía volver a llegar en cualquier momento? Exhalé. Había vagado durante demasiado tiempo por las calles y comenzaba a tener mucho frío. Me disponía a cruzar cuando un auto se detuvo a mi lado y bajó la ventanilla.
- ¡Nanoha! ¿Qué haces caminando bajo la lluvia? ¡Son las 5 de la mañana! –exclamó.
- ¿Vice-kun? –pregunté desconcertada.
- Vamos, sube. –me abrió la puerta desde el interior y subí– ¿Quieres enfermar? ¿Qué diablos estás haciendo con lo que está lloviendo, Nanoha? –preguntó al poner el auto en marcha.
- Caminar…
- Eso ya lo vi, pero ¿por qué? ¿No podías usar un paraguas como todo el mundo y salir a otras horas? –lo miré.
- ¿De dónde vienes a estas horas? –le pregunté.
- Acabo de terminar mi turno y me dirigía a casa. –suspiró– ¿De dónde vienes tú?
- De hablar con alguien. –me froté los brazos para intentar entrar en calor.
- Te llevaré a tu apartamento. Necesitas darte un baño bien caliente y cambiarte de ropa o pescarás un buen resfriado. –asentí y me dediqué a mirar por la ventanilla antes de quedar adormilada– Nanoha, hemos llegado.
- Gracias, Vice-kun. –le di un beso en la mejilla y me disponía a bajar cuando me detuvo, sujetando mi muñeca.
- Cuando quieras hablar, avísame. Sabes que te escucho. –me dio una sonrisa y me soltó. Asentí y bajé del auto.
Corrí hacia el interior del portal y subí a mi apartamento. Entré y me dirigí a oscuras al baño. Abrí el grifo y dejé que el agua cayese mientras, con mis manos temblorosas por el frío, me quitaba toda la ropa empapada y me metía dentro. ¡Jesús! Necesitaba urgentemente agua caliente para entrar en calor. Dejé que el agua recorriese todo mi cuerpo. Estaba temblando de frío, o, quizás, eran las emociones. Volví a llorar mientras el agua seguía cayendo sobre mi cabeza. Cerré los ojos y me quedé bajo la ducha durante, al menos, media hora. Lo suficiente para entrar en calor. Salí de la ducha y, después de secar mi cuerpo y pelo, fui hasta la cocina y me tomé un vaso de leche bien caliente antes de irme a la cama a dormir. Abrí los ojos porque sentí mi teléfono sonar, pero lo escuchaba muy lejos. Volví a cerrarlos. Estaba muy cansada, física y emocionalmente. El insistente sonido del teléfono me hizo volver a abrir mis ojos e incorporarme. La habitación me daba vueltas. Me levanté y, repentinamente, me sentía débil y caliente. Intenté ubicar el lugar de donde provenía el sonido del móvil ya que no recordaba dónde lancé el bolso cuando llegué. Parecía que venía de la cocina. Caminé lentamente. Todo me daba vueltas y comenzaba a ver borroso hasta que sólo vi oscuridad. Escuché unos golpes en mi puerta, pero no podía moverme ni abrir los ojos. Estaba demasiado cansada y me dolía todo el cuerpo. Solté un quejido por el incesante golpeteo.
- ¡Nanoha, abre la puerta! Por favor. –creí escuchar antes de que volviese a perder la consciencia.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero escuché murmullos y unos pasos alrededor de mí antes de que me cargaran en brazos. Gruñí. Me dolía todo mi ser. Sentí cómo me tumbaban en la cama de nuevo. Me estaban hablando, pero no podía abrir los ojos ni tampoco reconocía las voces. Sentí pasos apresurados y más voces. Volví a gruñir. Me dolía mucho la cabeza. Escuché de nuevo sonar mi teléfono, pero no hice el intento de moverme siquiera. Más pasos apresurados y gracias al cielo que el teléfono dejó de sonar. No supe cuánto tiempo pasó hasta que, por fin, pude abrir los ojos. La luz solar proveniente de la ventana me molestaba y volví a soltar otro gruñido.
- ¡Nanoha! Por fin despiertas. ¿Cómo te encuentras? –miré hacia mi derecha y entonces la vi sentada junto a mí, en mi cama– Nos diste un buen susto. –quise hablar, pero tenía la boca muy seca.
- Toma, bebe un poco de agua. –me hablaron desde la izquierda ahora– ¿Puedes incorporarte un poco? –lo hice con ayuda de la rubia a mi derecha y bebí del vaso que me ofrecieron.
- Gracias, Vice-kun. ¿Qué hacéis aquí? ¿Qué ha pasado y cómo habéis entrado? –pregunté mirando a la oji borgoña.
- ¿Recuerdas algo? –preguntó el castaño y negué.
- No mucho. Recuerdo que me di una ducha muy caliente después de que me dejaras aquí y me puse ropa seca. –asintió y vi cómo la rubia miraba sin entender– Me fui a la cama y cuando desperté me encontré realmente mal. Todo me daba vueltas. El teléfono comenzó a sonar e intenté levantarme para buscarlo, pero no sé si lo conseguí porque ya no recuerdo nada más.
- Fui yo quien te estuvo llamando. –habló la oji borgoña– Como no atendiste mi llamada, vine a buscarte, pero no abrías la puerta. Logré escuchar unos suaves quejidos, así que llamé a Ginga porque sabía que ella tenía llaves de tu apartamento… así fue como conseguimos entrar. –asentí– Te encontramos en el suelo y con ayuda de Cinque te trajimos a la cama. Estabas ardiendo en fiebre.
- Yo te llamé para preguntarte cómo te encontrabas después de haberte encontrado vagando bajo la lluvia… –asentí, bajando la mirada para no mirarlos a ninguno– ...y ella respondió a tu teléfono. –siguió explicando el castaño– Me contó lo que había pasado y vine. Has tenido una fiebre muy alta y casi tengo que llevarte al hospital, pero me alegro de que hayas despertado. Ella ha estado cuidando de ti desde entonces. –miré a la rubia con sorpresa– Debo irme a trabajar, pero llamaré más tarde para saber cómo estás, ¿vale preciosa? –me sonrojé– Tómate las medicinas que Harlaown-san te dará, ¿entendido? –asentí– Y no hagas tonterías. –se acercó a mi oído– Avísame si vuelves a necesitar ayuda con ella. –me susurró antes de darme un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios.
- Gracias, Vice-kun. Estaré bien. –nos sonreímos y se marchó, dejándome a solas con la rubia, quien miraba hacia el suelo– ¿Dónde está Ginga? –le pregunté.
- Está en el estudio con Cinque haciéndose cargo de todo. –la miré confusa– Te cuidaré hasta que estés bien. –negué– Haré lo mismo que tú hiciste por mí cuando tuve el accidente. Es lo menos que puedo hacer por ti. Te lo debo. Iré a prepararte algo de comer. Sigue durmiendo.
No tenía ganas de discutir con ella. Me encontraba sin fuerzas y volvía a sentirme caliente. Cerré de nuevo los ojos y, antes de quedarme dormida, recordé la conversación con Lindy Harlaown. ¿Se lo habría contado y por eso estaba aquí? No encontraba otra razón para que viniese a buscarme tan repentinamente después de tanto tiempo. Desde aquel día en el club latino no nos volvimos a ver. Ella no volvió a ir más a ese club, no me llamó ni tampoco me buscó. Ya no teníamos nada de qué hablar. Ya lo dijimos todo. Yo lo dije todo. Aquel día todo terminó entre nosotras. Aquel día nos dijimos adiós. Me dormí, cansada de pensar, hasta que sentí un pequeño zarandeo, unas horas después.
- Nanoha, despierta... Tienes que comer algo para tomarte la medicación. –la escuché decir, pero tenía mucho sueño– Nanoha, vamos… –sentí unos labios muy suaves y frescos en mi frente, haciéndome suspirar de placer– Estás muy caliente... –la oí musitar.
- Gracias, tú también. –no era consciente de lo que decía, pero algo debí murmurar porque al abrir los ojos vi que la rubia estaba muy sonrojada.
- Estás delirando, pero gracias. –susurró y la miré sin entender.
Me ayudó a incorporarme y me dio de comer, de manera muy paciente, la deliciosa y caliente sopa que me había preparado. Al terminar, me dio la medicación y me ayudó a tumbarme de nuevo. Sentí un paño húmedo en mi frente haciéndome sentir un alivio inmediato. Cuando volví a despertar, ya casi había anochecido. Fate estaba tomando una toalla húmeda para cambiarme la que, suponía, tenía en mi cabeza. Ahora que la observaba más detenidamente, comprobé que tenía los ojos realmente hinchados y se veía triste, decaída. Volteó hacia mí y se sorprendió al verme despierta. Le sonreí ligeramente.
- Hey. –me habló con dulzura y una sonrisa mientras cambiaba la toalla.
- Hola. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
- 5 meses… –suspiró triste y la miré sin entender– Oh, ¿te refieres a desde que te encontramos en el suelo? –asentí y su rostro se volvió abochornado– 4 días. Es viernes. –abrí los ojos desmesuradamente– Realmente nos preocupaste. Perdías la consciencia constantemente, no conseguíamos bajar la fiebre y no dejabas de murmurar palabras en tu idioma… –me colocó el termómetro– Voy a tomarte la temperatura, ¿vale? –asentí– Veamos... –dijo cuando lo retiró– Ha bajado… –suspiró aliviada– Aun así, tienes que seguir tomándote la medicación que nos dejó el doctor y descansar.
- Tengo que ir a trabajar. –hice el intento de levantarme y ella me detuvo– Suéltame, Fate. –le pedí sin fuerzas– Tengo que irme. Me están esperando.
- No vas a ir a ningún sitio, Nanoha. ¡Estás enferma! –iba a reclamar, pero me lo impidió– El doctor Granscenic habló con tu jefe y le llevó un justificante médico. –abrí los ojos en sorpresa– Vuelve a tumbarte y descansa.
- ¿Y tú por qué no estás en el estudio? –le pregunté mientras me colocaba en una posición cómoda.
- Estaba demasiado preocupada por ti. No podría dar clases sabiendo que tú te encontrabas así. –me retiró unos mechones de pelo del rostro– Sigue descansando, ¿vale? Avísame si necesitas algo. No me moveré de aquí.
Tal y como ella dijo, no se movió de mi lado. Estuvo todo el tiempo conmigo cuidándome con toda la delicadeza y paciencia del mundo. Ginga y Cinque vinieron cuando cerraron el estudio.
…
- ¿Cómo te encuentras? –me preguntó mi peli morada amiga, sentándose a mi lado.
- Estoy bien. –le sonreí.
- Jamás he conocido a alguien tan obstinada como tú.
- ¡Oye! –me ofendí y ella rió– Me duele un poco la cabeza y me siento cansada, pero estoy bien. Gracias por preocuparte.
- ¿Y cómo te sientes teniéndola aquí? –me encogí de hombros.
- No lo sé. No esperaba volver a verla después de aquella noche… Pero agradezco que esté aquí y que me esté cuidando. No tengo fuerzas para nada. –reí levemente.
- Avísame si necesitas algo. –asentí– Descansa. Volveré mañana, ¿de acuerdo? –volví a asentir.
Ginga salió de la habitación para dejarme descansar y se reunió en el salón con su esposa y su amiga. Cinque puso al corriente a Fate sobre la academia y se fueron antes de la hora de la cena. Tenían que irse para alimentar a Asteion. Quería verlo. Extrañaba a mi pequeñín. Me gustaba cuando se dormía en mi regazo mientras le daba mimos. Suspiré. Vice llamó ya bien entrada la noche para preguntar cómo me encontraba y Fate se encargó de hablar con él porque yo estaba dormitando. Cuando finalizó la llamada, sentí que me volvía a tomar la temperatura. Suspiró. Abrí los ojos y la vi sentada, con los ojos cerrados, en la silla que había junto a mi cama.
- Fate… –la llamé en un susurro y se incorporó de golpe.
- ¿Te encuentras mal? ¿Qué te duele? –me preguntó realmente preocupada.
- Estoy bien. –le sonreí y ella se relajó– ¿Por qué estás aquí?
- Ya te lo dije… Estoy preocupada por ti… –la interrumpí.
- Y tú sabes a lo que me refiero, Fate. ¿Por qué viniste a mi apartamento? Ya nos dijimos todo. –suspiró y se sentó en el borde de la cama, mirándome fijamente.
- No lo soportaba más. Necesitaba verte y hablar contigo. Quería pedirte perdón por todo lo que te dije. No debí hacerlo. Debí haberte escuchado primero y no haberme dejado llevar por mis emociones. Desconozco el motivo que te llevó a ocultarme que irías, pero eso no era razón para gritarte e insultarte de la manera en que lo hice. –bajó por unos segundos la vista antes de volver a mirarme y acariciar mi mejilla suavemente– No eres ninguna puta. Nunca te he considerado eso. Siento mucho haberlo insinuado. –volteé la cara y cerré los ojos. Ella suspiró– Lo que te dije sobre ser una más de tu… extensa… lista… Yo… me dejé llevar por la rabia y dije cosas que no sentía ni pensaba realmente. Te dije cosas horribles y no sabes cuánto me arrepiento… Jamás podré perdonarme… Lo siento mucho... –se levantó de la cama para sentarse en la silla de nuevo.
- Duerme en la cama conmigo. –le pedí en un arrullo.
- ¿Qué? –preguntó asombrada, pero ilusionada.
- Que duermas conmigo. La cama es más cómoda que esa silla. –vi la decepción en sus ojos– Tengo frío y tú eres muy cálida. Me gusta tu calor. Lo extraño. –no dijo nada, sólo sonrió y entró a la cama.
- Buenas noches, Nanoha. –me dijo antes de abrazarme y estrecharme entre sus brazos con extrema delicadeza y dulzura.
- Buenas noches. –sonreí al sentirla de nuevo así de cerca.
…
Fate permaneció a mi lado todo el tiempo que permanecí enferma. El fin de semana ya me encontraba mucho mejor, así que el lunes le pedí que fuese a dar clases y, a regañadientes, lo hizo, aunque venía a almorzar conmigo, después se iba y volvía a la hora de la cena y ya no se iba hasta el día siguiente. Se trajo a Asteion a mi apartamento y me hizo mucha compañía mientras ella estaba ausente. Mi pequeñín no se separaba de mí ni un solo segundo. Se subía a mi cama y se tumbaba a mi lado, quedándome dormida cada vez que escuchaba su rítmico ronroneo. Fate llegaba la mayoría de las veces y nos encontraba a los dos acurrucados en la cama, descansando plácidamente. Ella siguió durmiendo abrazada a mí sin que yo se lo pidiese de nuevo y mi pequeñín lo hacía a nuestros pies. El viernes llegó y ya me encontraba totalmente recuperada gracias a los cuidados recibidos, pues había descansado lo suficiente y comido muy bien. Me estaba duchando para irme a trabajar cuando sentí a Fate llegar. Había llegado mucho más tarde de lo usual. Al terminar en el baño, me vestí con mis vaqueros, blusa, chaqueta y zapatos de tacón antes de salir al salón donde ella se encontraba sentada en el sofá con las manos en su cabeza. Asteion estaba a su lado mirándola y frotando su cabeza por sus piernas, tratando de confortarla.
- ¿Fate? –se sobresaltó y limpió las lágrimas rápidamente– ¿Qué te pasa?
- Que soy una estúpida.
- No eres estúpida. –fruncí el ceño.
- ¡Sí lo soy! –gritó– Perdóname, perdóname, perdóname… –no dejaba de repetir mientras lloraba.
- … –me quedé en silencio y traté de acercarme a ella lentamente.
- Perdóname… –susurró antes de levantarse del sofá y salir corriendo del apartamento.
- Pero, ¿qué diablos? –dije antes de tomar mis llaves y salir corriendo tras ella.
Se notaba que había estado enferma y no había hecho ejercicio. Después de haber dado solo unos pasos, sentía que me faltaba el aliento. Cielos, jamás la alcanzaría si no me quitaba los zapatos de tacón. Estaba corriendo con todas sus fuerzas. Pero, ¿por qué había salido corriendo así? Me detuve un momento, me quité los zapatos y comencé a correr de nuevo rumbo a la playa, que era la dirección que ella había tomado. Corrí más rápido y la vi adentrándose en la arena de la playa. ¡Jesús! Iba a llegar tarde al trabajo si no la alcanzaba ya. Aceleré el ritmo todo lo que pude, que no se dijese que no había pertenecido al club de atletismo. Un poco más, ya casi la alcanzaba. ¿Cómo podía correr tanto sin detenerse? ¡Jesús! Mis pulmones estaban gritando desesperadamente por oxígeno. Di un último sprint y, cuando estaba lo suficientemente cerca, salté sobre ella rodeándola con los brazos y cayendo ambas sobre la arena. Ella comenzó a forcejear, pero no la solté.
- ¡Cielos, Fate-chan! Por favor, detente. –le pedí– Estoy sin aliento. Siento que si corro de nuevo tras de ti me desmayaré… –dije casi sin aire y ella se detuvo al instante– ¿Prometes que no huirás de mí si te suelto? –asintió y la liberé. Ambas nos sentamos en la arena sin decir nada, solo tratando de recuperar el oxígeno– ¿Por qué has salido corriendo de esa manera? –le pregunté cuando ya me recuperé y ella volvió a llorar– Fate-chan, ¿qué pasa?
- Yo debí… –ahogó un sollozo– Yo debí haber creído en ti por encima de todos. Sabía que debía haber alguna explicación. Siempre la hay. Sé cómo eres y sé que no le harías daño a nadie porque sabes lo que se siente. Jamás has mentido. Nunca… –se puso en pie sin dejar de llorar– ¡Jesús! ¡Me confiaste la alianza de tu madre con lo que significa para ti! –me puse en pie rápidamente pensando que se echaría a correr de nuevo, pero no lo hizo– Yo debí imaginar que había algo oculto en esas fotos… –me miró totalmente arrepentida– ¡Mi madre me mintió! –gritó enfurecida.
- Te lo ha contado, ¿no es así? –abrió los ojos como platos.
- ¿Tú… tú lo sabías? –asentí– No me lo puedo creer… –se llevó las manos a la cabeza.
- El domingo, después de haber salido del club, tu madre me estaba esperando en la puerta. Quería hablar conmigo. –suspiré– Me llevó a su oficina y me lo contó. Fue por eso que llegué a casa totalmente empapada y enfermé. Después de habérmelo confesado, caminé bajo la lluvia durante horas tratando de asimilarlo todo… Vice-kun me encontró cuando salió de su guardia y me llevó a casa. –exhalé.
- Te he perdido por culpa de mi madre, Nanoha… –seguía llorando– ¡Por su culpa! Jamás podré perdonarla. –la abracé con cariño.
- No me has perdido. Sigo estando aquí. –le dije con ternura mientras le retiraba algunas lágrimas.
- Pero no de la forma en que yo quiero… –confesó derrotada.
- Fate-chan… No quisiera dejar esta conversación aquí, pero tengo que irme a trabajar o llegaré tarde… –me miró sorprendida– Vete a casa y descansa. –negó– Tienes que digerir todo lo que ha pasado. –asintió débilmente– Vámonos. –la tomé de la mano y la jalé dirección a mi apartamento en completo silencio hasta que estábamos cerca– Escúchame, tenemos mucho de lo que hablar, pero será mañana por la mañana. –le dije mientras seguíamos caminando– Te estaré esperando a las 10 a.m. donde todo comenzó. –se detuvo de golpe– ¿Sabrás dónde es? –entrelazó sus dedos con los míos a modo de respuesta y ambas sonreímos– ¿Te encuentras mejor?
- Sí. Gracias. –me dio una de sus preciosas sonrisas.
- Me alegro. No me gusta verte llorar. –acaricié su mejilla y en un abrir y cerrar de ojos me acerqué a ella dándole un rápido beso en los labios, tan rápido, que fue solo un roce, pero lo suficiente para que ella me mirase boquiabierta– Me gustas mucho cuando sonríes. No pude evitarlo. –me volvió a regalar otra de sus bonitas sonrisas y me contuve para no besarla de nuevo– Tengo que irme. Te veo mañana, ¿vale? Vete a casa y descansa. Yo me encargo de Asteion… –le di un beso en la mejilla y me volteé para marcharme.
- Te quiero, Nanoha. Siempre te voy a querer. –me dijo y me volteé a darle una sonrisa antes de entrar rápidamente en el apartamento para tomar mis cosas y salir a toda prisa hacia el club.
…
Cielos, llegaba tarde a mi encuentro con Fate. Salí demasiado tarde del club y me quedé dormida porque mi móvil se quedó sin batería y tampoco sonó la alarma de mi despertador debido a que Asteion la apagó con su cola. Tomé aire. Ya estaba a punto de llegar al local. Si llegaba y Fate no estaba allí, estaría en problemas. Reí negando con la cabeza. Estaba a punto de abrir la puerta cuando alguien la abrió antes y me golpeó, derramándome un café hirviendo encima.
- Shit! –exclamé.
- Lo siento, lo siento. –esa voz…
