—No quiero tener que despedirme de ti— Michiru hizo un puchero, sabiendo que Haruka tenía que irse, o volvería a perder el vuelo.

Como si la historia se estuviera repitiendo, otra vez estaban ahí, en el aeropuerto de Kyoto. Las largas vacaciones antes del inicio de temporada habían terminado, y Haruka otra vez tenía que reportarse con su equipo.

Otra vez estaba ahí, con sus amigas, todas abrazando a Haruka y despidiéndose. Febrero ya había llegado, y el tiempo se había ido volando.

—Ven conmigo entonces— Murmuró, tomándola con fuerza de la cintura— Puedo conseguir otro boleto sin nos apuramos.

Haruka intentó besar a Michiru, pero esta no la dejó, para la extrañeza de todas las presentes.

—Estamos en un lugar muy público, ¡Cualquiera nos podría ver!

Haruka quiso protestar de que las probabilidades de que algún conocido las estuviera viendo, eran bajas, por no decir que prácticamente eran nulas. Aun así, termino por aceptar que Michiru tenía un punto.

Para Michiru, despedirse de Haruka era muy difícil. No quería tenerle que decir adiós, menos después de la noche que habían pasado. Por lo más lindo siempre se hacía esperar. Y esa era la realidad.

—Regresaré en tres semanas, ¡Así que espero una celebración con bombos y platillos!— Haruka tomo con fuerza sus maletas y salió a toda velocidad rumbo a la sala de abordaje.

—¿Tres semanas?— Rei fue la primera que empezó a atar cabos.

—¿Eso no es después del gran premio?— Mina fue la segunda.

Setsuna directamente volteó a ver a Michiru. Que solo se encogió de hombros.

—¿No les dijo a ustedes que vendría cada semana que tuviera libre?

Cuando Mina la dejo en la puerta de su casa, Michiru no esperaba que fuera nada diferente a cualquier otro día. Se había equivocado.

Apenas abrió la puerta de su casa, Nakaru la esperaba, con una mirada que francamente era tétrica.

Nakaru, más que una empleada más, era una confidente de Michiru. Así que, evidentemente, tenía bastantes más libertades que una empleada normal.

—¡Estaba tan preocupada por usted!— Nakaru parecía que le estaba reclamando, aunque notaba que realmente había estado preocupada por ella— Dios, después de que usted se fue con el chofer, usted no volvió a llamar, nadie sabía nada al respecto y… ¿Dónde estuvo toda la noche?

Pero Michiru estaba sonriente, como si estuviera caminando por encima de una nube. No había nada más que felicidad para ella en ese momento, y eso era todo lo que iba a disfrutar.

—Con Haruka— Eso fue todo lo que respondió, y fue suficiente como para que Nakaru se consternara aún más.

Michiru había llegado con el cabello mojado, y la misma ropa de ayer… O ni siquiera eso, ella recordaba perfectamente que su señora había salido con una chaqueta que ahora no tenía.

¿Qué rayos había sucedido?

La siguiente vez que Darien hizo un comentario respecto a ella, fue cuando se dio cuenta de que algo había cambiado desde aquella noche.

—¿Y esa ropa nueva? Nunca te la había visto, ¿No crees que es algo desacorde para ti?— Esas habían sido las palabras de su esposo— Además, tardaste en bajar a desayunar. No esperes que haga un esfuerzo, tengo muchísimas cosas que hacer.

—A mí me gusta bastante la ropa que traigo— Michiru sorprendió a Darien con esa respuesta— Y hoy tenía sueño, no quería despertar. Lo siento por eso.

Darien ya había lo había notado, algo estaba cambiando con su esposa. Pero por más que estaba buscando la respuesta, no la había encontrado.

Michiru llevaba meses siendo una insolente, parecía que cada día ignoraba más y más sus indicaciones, y que, incluso, disfrutaba del retarlo. Lentamente, estaba perdiendo la paciencia, y eso ya lo estaba cansando.

—¿Qué demonios es lo que te sucede?— Tomo el brazo de Michiru con fuerza, pero, en lugar de que ella se retrajera, lo miró con fuerza a los ojos, directamente.

Aquella mirada… Estaba seguro qué había sentido esa fuerza en otro lado, ¿Dónde había sido? No lo recordaba bien.

—Suéltame, Darien— Michiru intentó soltarse de su agarre— No me sucede nada, solo quiero verme un poco más linda, como a mí me gusta, ¿Acaso no te parece bien?

—No— Darien parecía estar gruñendo— Tú me debes lealtad a mí, soy tu esposo, y a mí no me gusta esa ropa, ¿Para quién te vistes así?

—¿Estás celoso?— Michiru alzo una ceja, incrédula— Tú nunca te has interesado por mí, ¿Qué te preocupa?

—Únicamente te estoy advirtiendo, Michiru. Tú eres mía, ¿entendiste?— por mucha seguridad que tuviera, Michiru parecía estar asustada, Darien era un psicópata cuando se lo proponía.

Este nada más la soltó, y se fue, dejando a Michiru desorientada. ¿Acaso era verdad? ¿Ella estaba excediendo los límites? No lo sabía, y no le gustaba jugar mucho con ello.

Pero para ese punto, ya tampoco le gustaba atosigarse con esas ideas. Ahora disfrutaba ante la idea de vivir únicamente el presente, no recordar el pasado, no sugestionarse con el futuro.

Y más, cuando ese día, después de tanto tiempo anhelando y esperando, por fin regresaba Haruka.

Ella hubiera dado lo que fuera por ir a recogerla al aeropuerto, pero Haruka era muy inteligente, y tal vez más astuta que ella, sabía que sería raro que empezara a frecuentarlo, solamente para encontrarse. Además, ambas sabían que sería imposible mantener las apariencias, en el momento en que se vieran nuevamente a los ojos.

Por lo tanto, habían decidido, que Haruka llegaría hasta su casa a buscarla, y de ahí, se irían a quien sabe donde.

Se había esforzado en aquel día, había buscado otra forma de peinarse, y se había maquillado para la ocasión. Todo estaba perfectamente planeado para que Haruka sonriera al verla.

"Vas a salir o ¿tengo que ir a tocar a tu puerta?" Cuando aquel mensaje llegó, Michiru no pudo dejar salir un suspiro de emoción, de amor.

Michiru quería salir corriendo a los brazos de Haruka, quería que esta la abrazara, que la girara por los cielos, quería sentir sus labios de nuevo, quería tener su rostro a centímetros de ella, solo para saber que no estaba viviendo dentro de un sueño de nuevo. Quería admirarla, creerse que no había una persona más importante que Haruka.

Pero no podía, por mucho que se estuviera muriendo por hacerlo, sabía que si se dejaba llevar por esos impulsos, algún vecino las vería, y no dudarían ni un instante en decirle a su marido. Ellos jamás la protegerían, ni la encubrirían.

Al abrir la puerta, Michiru sentía que perdía todas sus fuerzas. Haruka ya estaba ahí, con esa sonrisa perfecta, esperándola. Había una rosa en sus manos, y se la estaba entregando como presente.

—Tendrá que disculparme, pero estaba tan desesperada por encontrarme de nuevo contigo, que olvide comprar algo a tu altura— Michiru rodó los ojos, el tener a Haruka a su lado, era más que suficiente para ser feliz— Así que , me trata que disculpar, pero corte una flor de su jardín.

Aquello le quito la sonrisa a Michiru— ¿Qué hiciste que?— Exclamó, aunque era más un grito— ¡Mis rosas!

Haruka rio, viendo que Michiru salía a toda velocidad del jardín, y se inclinaba para buscar de donde había sido que había cortado la rosa.

—¿Sabe? Tengo mucho que agradecerle a esa rosa— Haruka también se inclinó, y le susurró a Michiru por la espalda.

—¿Ah sí? ¿Y por qué? ¿Por matarla?— Michiru, francamente, no le estaba prestando mucha atención.

—No… Porque me permitió encontrar el lugar ideal para hacer esto.

Y sin pensarlo mucho, Haruka tomó a Michiru por la espalda, sin darle tiempo de reaccionar, la beso, la beso con una fuerza que sorprendió hasta a ella misma. Pero fue cuestión de segundos para que todo se suavizara y ambas fueran correspondidas.

Al final de cuentas, Michiru también tenía mucho que agradecer. Gracias a aquella rosa, habían encontrado el lugar perfecto para no ser descubiertas. Y eso le encantaba.

—Haruka, hemos estado dando vueltas y vueltas por todo el día, ¿A dónde es que me llevas?— Preguntó Michiru, viendo que Haruka volvía a detener el coche, dándole otra mordida a su algodón de azúcar.

Dios, si seguían a ese ritmo, se iban a acabar todos los lugares turísticos de la ciudad en apenas unas semanas. Tampoco era como que le molestara, quería pasar todo el tiempo que tuviera al lado de Haruka, y si terminaban en su departamento, viendo series… tampoco se quejaba mucho.

—Humm, después de un día tan genial como lo fue hoy, me pregunté a mi misma "¿A dónde podría llevar a la luz de mis ojos?" y entonces se me ocurrió este lugar.

Haruka le hizo plática a Michiru, con el único propósito de que esta no le apartara la mirada, y se sorprendiera del lugar cuando llegaran.

—¡Un parque!— Michiru sonreía como niña pequeña— Hace años que no vengo a uno, ¿Sabes?

El parque estaba completamente solo. No había nadie a los rededores, después de todo, ya era muy noche, y ningún padre dejaría a sus hijos ir a jugar a esas horas. Esa era la primera razón por la que a Haruka le había parecido tan buena idea ir a ese lugar.

—Eso mismo fue lo que pensé— Haruka río— Este era mi lugar favorito cuando era pequeña, venía con mi padre todo el tiempo. También tenía mucho tiempo sin venir.

Michiru sonrió, le gustaba mucho ir descubriendo la vida de Haruka, incluso en esos pequeños detalles. Era claro que había sido una niña bastante feliz.

—¡Hay columpios! Haruka, por favor, vamos a uno— Haruka se sorprendió de ver a Michiru tan emocionada, no hubiera esperado que esa salida la hiciera tan feliz.

Michiru, para ella, era una persona tan indefensa, era como un cristal, temerosa de romperlo. Aquella misteriosa mujer a la que había conocido, no era nada lo que hubiera imaginado. Michiru era una mujer encantadora, amable, que tenía un gran valor dentro de sí misma, tan tierna, era como viajar entre un momento y otro.

Michiru volvía loca a Haruka, llenaba ese vacío que sentía, le daba razones para superarse, para no obsesionarse en las cosas, para valorar a las personas que la rodeaban.

Michiru era la salvación que esperaba Haruka en su vida. Sin siquiera desearlo, imaginarlo, Michiru la había ayudado. No le alcanzaría la vida jamás, para decirle cuanto la amaba.

—¿Quieres que te empuje?— Haruka preguntó, viendo que Michiru se subía sobre uno de los columpios.— ¿Y si te caes?

—¡Por favor!— Michiru sonreía, sabiendo que Haruka solo se estaba haciendo del rogar.

—Bueno pero… Agárrate bien ¿Eh? No vayas a salir volando.

Haruka salió corriendo tomando a Michiru de la cintura, y empujándola en el columpio, sintiendo la felicidad de Michiru, al ir de arriba para abajo, riendo.

—¡Te amo, Haruka!— Michiru gritaba cada vez que se acercaba a esta, que únicamente podía corresponder, empujándola para que fuera más alto.

Entonces, Haruka también quiso subirse a un columpio.

—¡Ah! Entonces, ¿Quieres que hagamos una competencia de esto?— Haruka asintió con la cabeza.— ¡Prepárate! Porque no sé si lo sabías, pero ¡Yo soy más fuerte que tú y mira!

Michiru se impulsaba con todas sus fuerzas, mientras Haruka apenas se acomodaba. Le gustaba ese espíritu de competitividad, y, definitivamente, no se iba a quedar atrás.

—¡Espera tantito!— Haruka reclamó, viendo que Michiru tenía demasiada ventaja.

Y cuando más o menos había llegado a la altura de Michiru, se le ocurrió una de las peores ideas que había tenido jamás en su vida.

—Michiru, ¡Un beso!— Ambas voltearon, no necesitaban palabras, se entendían perfectamente con una sola mirada.

Pero, cuando Haruka se acercó para besarla, la inercia pudo más que ella, y perdió el control del columpio.

De no ser por sus hábiles reflejos, estaba segura de que se hubiera caído y dado un buen golpe. Y, a pesar de que estaba un tanto mareada, había logrado poner los pies en el suelo, sin un rasguño.

Michiru también se detuvo del columpio, preocupada de ver que Haruka estuvo a punto de casi matarse.

—¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? ¿Te sientes mal?— Michiru se apresuró a preguntar, viendo que Haruka aún tenía problemas para mantenerse un poco de pie.

—Si, solo fue el susto— Trató de tranquilizarla.

Aun así, Michiru se acercó a ella, acariciando su rostro, buscando que no le estuviera diciendo ninguna mentira.

Y Haruka, sintiendo la calidez de sus manos, no podía aguantar. Tomó la mano de Michiru que le acariciaba el rostro, atrayéndola hacía si, besándola.

Solamente la luna debía ser testigo del amor que existía entre ellas dos. Ella era su única cómplice, de la que estaban seguras de que nunca abriría la boca.

Haruka se estacionó en el frente de su casa. Michiru estaba tan embelesada, acostada sobre el hombro de su amada, que no le resultó extraño que las luces siguieran prendidas hasta tan tarde.

Ninguna quería separarse, querían que el tiempo se detuviera en ese mismo instante, y se olvidara que tenía que continuar. Solo de esa manera, las dos estarían juntas, sin complejos, sin miedos.

Nada más así, encerradas en ese carro de lujo, podías decirse cuanto se amaban, sin estar esperando que alguien más las escuchara.

Sería un beso de despedida hasta el día siguiente, nada más pasarían una larga noche anhelándose una a la otra. Suspirando por ese momento donde se reencontrarían, donde sus vidas volverían a tener color.

Y era por eso, que aquel beso se hacía da vez más y más prolongado. Como si se les estuviera yendo la vida en ello. Porque así era como lo sentían.

Haruka abrió la puerta del carro, y dejó a Michiru en la puerta de su casa. Ella nunca pensó que podría haber alguien vigilando, ella únicamente se dejó llevar, y le dio un beso más, uno corto, antes de cerrar la puerta, dejando a la chica rubia con una mirada tonta.

Y cuando por fin cayó en cuenta de su error, ya había sido demasiado tarde.

—¿Señora?

A ustedes también se los digo. Les debo una disculpa por no haber actualizado ayer, Pero me encuentro bastante mal anímicamente, y no tenía fuerzas para todo esto.