Hola a todos, espero que estén bien.
1) Gracias por sus reseñas, las leo todas con mucho gusto y cariño.
2)Espero que disfruten este capítulo.
CAPÍTULO XVII
La cena de esa noche fue exquisitamente agradable para todos los que participaron de ella. Lady Dianne fue avisada que todos se reunirían en Oxford House, y ésta no dudó en llegar a tiempo al lugar. Como se encontraban en familia y los únicos varones que había no estaban dispuestos a dejar de ver y conversar con Lizzy, la separación de sexos fue un asunto olvidado de inmediato, aun así, Lizzy consiguió el tiempo y espacio para hablar con Lady Amanda y Lady Matlock sobre la situación con su querida Jane.
Fue sorprendente la reacción de Lady Matlock al saber lo ocurrido con Jane, por un momento Lizzy se extrañó por su respuesta, pues Jane no era muy conocida por la matrona de los Matlock, pero al saber que su molestia era con la Srta. Bingley a quien había conocido e intentado ignorar en otras ocasiones, entendió su molestia.
–La muy desvergonzada asistió a la cena de los Dumong el invierno pasado sin estar invitada. Claro, en ese momento no lo sabía, pues había dicho que fue por invitación de mi sobrino, quien casualmente no había asistido al banquete–, ante esto, Lizzy frunció el ceño, pues no podía conciliar aún, que la agradable Lady Matlock fuera pariente del despreciable Sr. Darcy. –Los Dumong por respeto a la familia Darcy y sus acuerdos comerciales no la corrieron del lugar, pues no querían ofender a mi sobrino y que llegara tal acción a sus oídos. Pero al siguiente día cuando fue a mi casa con su hermana, le reñí por haber hecho eso–, sorbió té, prosiguió. –Me quedé anonadada cuando me dijo que él nunca la había invitado a ningún lugar y que si la toleraba, era por la amistad con su hermano.
–Que desfachatez de esa mujer. No puedo creer que actúe de forma tan repudiable, ¿y si hubiese asistido tu sobrino?–, mencionó una sorprendida Amanda.
–Y eso no es lo peor–, Lady Matlock siguió contando. –Estuvo TODA la noche detrás de mis faldas queriendo sacarme cualquier tipo de conversación. Inició lisonjeándome* por cualquier prenda que llevara puesta; cuando no cedí a su adulación, empezó a contarme de sus tratos con los Darcy, y cuando no me mostré impresionada por ello, empezó a preguntar si podía llamarme "tía" como lo hacía su querida Georgiana–, dijo esto volteando los ojos hacia arriba. –La muy sinvergüenza no quería entender mis despidos y palabras para que se marchara, irrumpía en mis demás conversaciones como si fuera parte de ellas. Y lo último que hizo que me fuera del lugar porque no la soporté, fue cuando empezó a criticar a las demás damas, haciéndolas menos que yo, y exaltándome a mí.
–Vaya Lady Matlock, que desagradable debió ser esa noche para usted–, intervino Lizzy con simpatía.
–Ni que lo digas querida. He conocido cientos de mujeres caraduras** en todos mis años en sociedad. Pero esa Srta. Bingley se llevó el premio a la más descarada. Por eso no me sorprende lo que hizo con tu hermana, aunque le hubiese caído muy bien, al no tener un apellido o título de renombre iba a despreciarla a ella y cualquiera que no sea noble de cuna. Tu hermana debería agradecer el no haberse involucrado formalmente con esa familia y cualquier familia a la que la Srta. Bingley pertenezca.
–Pero no seamos tan duras con la querida Jane, que ya está pasando por un mal momento–, intervino Amanda al ver que Lady Matlock realmente despreciaba a la Srta. Bingley y no estaba ayudando a la situación de Lizzy. –Si bien no me gustaría que se relacionara con una gente así, por lo que me has contado el Sr. Bingley no es una mala persona. Por decir más, es muy similar a tu hermana en carácter y aptitud. En caso de reencontrarse entre ellos y llegar a un entendimiento, solo deben separarse de sus hermanas y vivir alejados, ¿cierto?
–Así es Amanda. Aunque no sé si es estos momentos sea prudente que se encontraran, pues no se realmente la posición del Sr. Bingley con respecto a Jane. Yo solo quiero que ella mejore y levante el ánimo, pero no quiero que deje de aprender la lección de esta situación–, dijo una cabizbaja Lizzy, quien se sentía un poco culpable por celebrar de cierta forma, la tristeza de su hermana mayor.
–Mi Lizzy, te conozco de hace varios años y sé que siempre has sacrificado tu felicidad y bienestar por tus hermanas. No te sientas mal por querer que Jane aprenda la lección, porque lo que te ha enseñado a ser la gran mujer que eres hoy día, han sido los golpes duros de la vida: la indiferencia de tu padre y locura de tu madre, el maltrato, el dolor, la miseria y burlas de otros hacia ti y tu familia. Todo eso te hizo pararte firme y crecer a una edad temprana. Si hubieses sido sobreprotegida, o al menos, hubieses podido evitar la mayor parte de tus desgracias, ni siquiera fueses la mitad de mujer que eres hoy día–, dijo Lady Amanda con mucha pasión.
–Si quieres intentar recuperar tu relación con tu hermana en medio de la tensión que están pasando, puedes invitar a tu amiga de la que solías hablar de joven, que era tu vecina. Estoy segura que si organizas que venga y se quede con tus tíos, puedes hacer que Jane pase unos días diferentes. No serán ustedes dos las únicas en el grupo, por lo que la presión será mucho menor o inexistente. Deberás ir poco a poco con ella, pues es probable que aún esté alerta con cualquier cosa que digas–, sugirió sabiamente Lady Matlock.
–Me parece una excelente idea Lizzy. Deberías hablar con tus tíos para que la Srta. Lucas se hospede en casa de ellos unos días para acompañar a Jane, y yo puedo organizar salidas esos días para que se junten entre ustedes sin crear tanta fricción–, secundó la idea Lady Oxford.
–Gracias Amanda–, dijo Elizabeth muy agradecida mientras abrazaba a Lady Amanda. –Y gracias por la idea Lady Matlock–, le dijo de corazón mientras tomaba sus manos en un gesto cariñoso.
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Tres días después de la cena en Oxford House, se encontró una Charlotte Lucas llegando a Gracechurch Street, a casa de los tíos de su querida amiga. Si bien entendió la carta enviada por Lizzy comentándole la coyuntura actual entre las Bennet mayores, no sabía qué pensar de toda la situación. A menudo Charlotte actuaba como mediadora entre las hermanas menores de su amiga, pues eran muy revoltosas y creaban un gran drama de cualquier situación pequeña, pero en todos sus años de amistad con la familia vecina, jamás había existido algún desacuerdo tan grande entre la complaciente y benévola Jane y la testaruda pero mimosa, Elizabeth.
Tampoco entendía (pues su amiga no lo había explicado en la carta) por qué, si Lizzy había venido a petición de su tía, la Sra. Gardiner, ésta se estaba hospedando en otro sitio. No sabía si era por la situación con su hermana mayor, y de ser así, el problema era mucho mayor de lo que pensaba. A menudo Charlotte se reservaba sus comentarios para ella misma, y aunque solía ser muy observadora y perspicaz, eran pocas las veces que intervenía en los asuntos de otros, pues siempre pensó que, no hay mayor ciego que aquel que no quiere ver. Por lo que era malgastar el tiempo discutir e intentar hacer ver a quien tenía una idea preconcebida e inamovible en su cabeza.
De igual manera, aprovecharía el tiempo en la ciudad no solo para ayudar a las Bennet y hacer compañía a la dulce Jane, sino para tratar de obtener la oportunidad de conseguir marido, pues a sus 27 años la edad de casadera estaba más que pasada, y no quería seguir siendo un estorbo para sus padres que, si bien nunca le habían reprochado nada, no podía seguir viviendo bajo su techo por más años. Si a ellos les pasaba algo, ella como la mayor debía ser quien diera cobijo a sus hermanos menores y no al revés. Y pensando en tal situación, su padre le dio un poco más de su mesada para que comprara vestidos de mejor calidad y diseño que en Meryton.
–Charlotte, gracias por venir, espero que el viaje haya sido cómodo para ti–, dijo Lizzy a penas su amiga bajó del carruaje que Lady Amanda organizó para su amiga.
–Gracias a ti por invitarme Lizzy. Debo admitir que tenía tiempo sin venir a Londres, por lo que el viaje no solo lo aprovecharé para ayudarte con Jane, sino para asistir a todos los eventos posibles–, dijo una alegre, emocionada pero cansada Charlotte, mientras caminaba hacia la casa de los Gardiner.
–Tío, tía, ya ustedes conocen a mi amiga y vecina Charlotte Lucas. Charlotte, no sé si recuerdes a mis tíos, el Sr. y la Sra. Gardiner, y a mis primos: Anna, Beth, Edmund y James.
–Por supuesto que la recordamos Lizzy. Bienvenida a nuestro hogar Charlotte–, dijo Edward Gardiner.
–Esperamos que te sientas cómoda y cualquier cosa que necesites nos puedes decir a nosotros o a una de las criadas–, dijo cálidamente Madeleine Gardiner. –Ahora Srta. Lucas, supongo que el viaje te agotó un poco y deseas descansar. Lizzy te acompañará hasta tu habitación
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Una vez en la habitación, ambas amigas procedieron a ponerse al día muy rápida, pero detalladamente. Charlotte actualizó a Lizzy sobre los habitantes de Meryton y el cortejo de su primo, el Sr. Collins, con su hermana Mary, y, aunque a Lizzy no le caía nada bien el hombre, dada la atracción inicial de su hermana por él, sabía que sería feliz. Por otro lado, Lizzy le comentó a grandes rasgos lo sucedido con Jane y su pequeña discusión. Le contó que se estaba quedando en casa de una amiga muy querida, y que los siguientes días saldrían con ella y una Sra. de sociedad, que las guiaría por las tiendas y paseos a hacer; lo que no le dijo, es que esa amiga era hermana del Duque Berkshire y la dama que organizaría sus paseos sería la Duquesa de Oxford.
–¿Y dónde está Jane ahora Lizzy?, no la he visto desde que llegué.
–Ahora está con una vieja amiga que la invitó a tomar el té. Es una excelente persona, pero es un poco mayor para Jane por lo que no puede entretenerla todo el tiempo–, explicó Lizzy, quien le había pedido a Lady Amanda que invitara a Jane a tomar el té para poder recibir a Charlotte y hablar sobre lo que quería hacer esas semanas en la ciudad.
–No te preocupes Lizzy. Haremos que Jane se sienta más tranquila y feliz consigo misma–, dijo con convicción su amiga.
–Yo tengo que irme Char, pero mañana vamos a ir de compras desde temprano. Mi amiga Dianne debutará dentro de poco y tanto tú, como Jane deben tener el vestido adecuado para la ocasión. Quién sabe, quizás regreses a casa con pretendiente–, dijo Lizzy riéndose, mientras movía las cejas hacia arriba.
–Eres una desvergonzada Lizzy–, respondió Charlotte riéndose. –Pero tienes razón, ojalá pueda conseguir marido pronto.
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Esa noche cuando Jane llegó de ver a Lady Amanda, se alegró mucho al encontrar a Charlotte en casa de sus tíos. Desde que había discutido con Lizzy se sentía muy sola porque no tenía a alguien de su edad con quien hablar. Sabía que había sido un poco dura con lo que dijo a su hermana, pero estaba cansada de que todos querían obligarla a entender algo, pero, quién la entendía a ella. Sí, sabía que se había equivocado con Caroline Bingley, pero no podía imaginar que el trato del Sr. Bingley para con ella fuera algo fingido y eso es lo que nadie quería reconocerle.
Después del intento de visita a la Srta. Bingley, se dio cuenta que todo lo que su hermana le dijo desde el inicio era cierto, Caroline era una mala persona, rencorosa y ponzoñosa. Pero esa mujer era el único canal que tenía para poder llegar a Charles y que él le dijera en su cara que no quería nada con ella, que las risas, cortejos, mimos y palabras dichas, eran solo para pasar el rato en el pueblo mientras volvía a la ciudad. No creía que, como escribió Caroline, su hermano estuviera cortejando a la Srta. Darcy, pues sabía que el hermano de ésta no permitiría un hombre libertino para su hermana.
A diferencia de Lizzy, no creía que Charles careciera de carácter. Por el contrario, solamente una persona con un carácter firme puede ser amable y educado, habiendo crecido rodeado de tanta maldad e interés, no dejándose contaminar por las malas actitudes de otros. ¿No era ella igual? Pudo haber crecido con el ego por los cielos por la alabanza constante de su madre a su físico; pudo haber conseguido marido desde sus 15 años cuando salió a sociedad, pues nunca faltaba ningún pretendiente que la quisiera cortejar; pudo haber actuado indolente con cualquiera y considerarlo por debajo, pues todos la protegían de cualquier daño potencial. Pero no, ella tuvo la fuerza y carácter para no dejarse influenciar por todo lo malo que le rodeó, y decidió ser culta, compasiva, reservada y humilde, ¿eso la hizo débil? No, la hizo más fuerte.
*Lisonjear: Alabar de forma exagerada y generalmente interesada a una persona para conseguir un favor o para ganar su voluntad.
**Caradura: Persona que actúa con desvergüenza, descaro o falta de respeto.
