SamanthaBenitez: jajaja todos estamos deseando que llegue ese momento, yo incluida!

Guest: Hola! Pues no sé cuándo la terminaré, pero ya van quedando pocos capítulos.

NoraCg: Su relación avanza despacio pero segura :)

Nena Taisho: Las Veelas se mencionan en los libros, explicando el tipo de criaturas que son. En las películas creo que solo dicen que Fleur tiene una abuela Veela. Me alegro de que te esté gustando! Y para el lemon ya va quedando menos.

Gibelu: gracias a ti por leer y comentar! ^^

Sandy0329: Si te fijas bien, la primera fecha que sale es la fecha en la que publiqué el primer capítulo. La segunda es la última vez que actualicé, que fue en el mes de junio. No me gusta mucho que me exijan que actualice porque hago esto por gusto y en mi tiempo libre. Escribo cuando puedo.

Alex: muchas gracias!


En unos días se cumplirá un año desde que publiqué el primer capi de esta historia. Gracias a todos los que me han acompañado en este viaje! Ya va quedando poquito para el final :)


Capítulo Treinta y Dos

Consejos indeseados


Granger había aceptado acompañar a Potter a Hogsmeade el sábado, así que Draco se apuntó a regañadientes.

La noche de antes, pocos minutos después de que su madre se marchara de nuevo a cenar con Andrómeda las llamas de la chimenea volvieron a alzarse.

Draco levantó la vista de su libro justo a tiempo para ver a sus tres mejores amigos sacudiendo el polvo de sus chaquetas.

—¿Por qué venís siempre juntos los tres?

—Porque es más divertido —respondió Pansy mientras se sentaba a su lado y cruzaba las piernas.

Theo apoyó su espalda en la pared junto al sofá.

—Sabíamos que estarías solo y aburrido.

Draco entrecerró los ojos en su dirección y Blaise se rio entre dientes, tomando asiento en el otro sillón.

—Granger me dijo que hoy iba a cenar en la Madriguera y me imaginé que tú no estarías dispuesto a acompañarla —añadió Theo, encogiéndose de hombros.

El ceño de Draco se arrugó un poco más.

—¿Cuándo has hablado con ella?

—A veces me envía cartas —murmuró Theo con una pequeña sonrisa.

Draco apretó su puño izquierdo sin darse cuenta.

¿Granger intercambiando cartas con su amigo? ¿Desde cuándo?

Los celos estaban a punto de nublar sus pensamientos cuando escuchó la voz de Pansy.

—A mí también.

Draco pestañeó, confundido, y miró a Blaise.

—A mí no —dijo él, poniendo mala cara.

Pansy soltó una risita aguda.

—Seguro que todavía no te ha perdonado por lo que hiciste cuando Draco nos contó que tenía sangre Veela —comentó, sacudiendo una mano para quitarle importancia.

Blaise apretó los labios.

—Pues a él bien que lo ha perdonado —gruñó entre dientes con la mirada fija en Draco.

Él se la sostuvo sin pestañear.

—Sabe que yo estoy arrepentido.

Blaise puso los ojos en blanco y apoyó la espalda en el sillón, resoplando con fastidio.

Su amiga apoyó la cabeza en su hombro mientras suspiraba. Sujetó una de sus manos y la apretó, hablando en voz baja.

—Te lo agradezco, sabes. Que nos dieras otra oportunidad.

Si era completamente sincero, la idea de perdonar a sus amigos probablemente no habría pasado por su mente si Granger no hubiera aparecido justo en ese momento para ayudarlo a tranquilizarse y controlar su rabia.

Si ella había sido capaz de olvidar todo lo malo que había pasado entre ellos en el pasado, él también podía hacer lo mismo.

Draco suspiró, apoyando la mejilla en la cabeza de Pansy.

—Es como dice Granger. Todo el mundo merece una segunda oportunidad.

Volver a tener a sus amigos a su lado era un gran alivio. Pansy volvió a apretar su mano y levantó la barbilla, mirándolo a los ojos.

—Hablando de Granger... ¿Cómo va todo con ella?

Draco se maldijo a sí mismo por mencionar su nombre delante de ella.

—Bien.

—Se acerca el gran día, ¿verdad? —preguntó su amiga con una ceja arqueada.

Él suspiró con cansancio.

—Pansy...

—Cada vez tienes peor aspecto, Draco. No puedes esperar más.

—Ya lo sé.

Ella se cruzó de brazos.

—Deberíamos repasar lo más básico, para que estés preparado.

Draco cerró los ojos y se apretó el puente de la nariz con los dedos.

—No.

—No te estaba pidiendo tu opinión —comentó Pansy con voz burlona.

Abrió los ojos de nuevo al escuchar el crujido de una puerta al abrirse.

—Voy a buscar algo de beber —dijo Theo, que estaba bajo el umbral.

Draco frunció el ceño.

—En ese armario hay vino —contestó, señalando el mueble que había junto a la chimenea.

Su amigo chasqueó la lengua, sacudiendo la cabeza.

—Prefiero algo más fuerte.

Era una excusa. Theo no quería escuchar la conversación que estaban a punto de tener, y todos lo sabían.

En cuanto la puerta se cerró Pansy palmeó su hombro con impaciencia.

—Ya sabes que lo más importante son los preliminares.

Draco apoyó los codos en las rodillas, escondiendo su rostro en las manos.

—Otra vez no —se quejó con un gruñido.

Escuchó la risa de Blaise.

—Pues yo quiero volver a oírlo.

Draco le lanzó una mirada de odio y él se encogió de hombros mientras su sonrisa se ampliaba.

A Blaise le gustaban demasiado las charlas sobre sexo de Pansy. Lo había visto más de una vez tomando notas.

Ella los ignoró a ambos y se aclaró la garganta para llamar su atención.

—Recuerda, Draco. Primero debes usar tus dedos y después tu boca.

Draco jadeó, mirándola con los ojos muy abiertos.

—¿Qué?

Si su amiga vio su sonrojo, no sirvió de nada. Las palabras siguieron saliendo de sus labios a toda velocidad.

—Utiliza la lengua para encontrar su clítoris y entonces...

Aquello era demasiado. Estaba tan ruborizado que toda su cara ardía.

—¡Suficiente!

Pansy dejó de hablar y lo miró fijamente con gesto desafiante.

—Para, por favor —añadió él en un susurro.

Su amiga dejó salir un largo suspiro.

—El sexo es algo natural y hay muchas cosas que necesitas saber.

—¡No quiero seguir hablando de la vagina de mi novia con vosotros, Pansy! —gritó Draco, pasándose una mano por el pelo y alborotándolo.

Blaise estaba aguantando la risa. O intentándolo.

—Soy la única que puede ayudarte a que Granger no tenga escalofríos cada vez que recuerde vuestra primera vez —aseguró ella con voz grave, golpeando su pecho con un dedo acusador. —Y deberías hacerme caso.

—Yo sí que tengo escalofríos cada vez que recuerdo tu maldito dibujo —protestó Draco entre dientes.

Pansy arrugó la nariz y se puso de pie.

—Me rindo —anunció, caminando hacia el pasillo principal. —Vamos, Blaise. Os estaremos esperando en la piscina.

Los dos amigos cruzaron una mirada y Blaise la siguió sin decir nada. Draco se cruzó de brazos y se quedó en el sofá, esperando a que Theo decidiera que ya era seguro volver.

Apareció unos minutos después con una botella de Whisky en la mano y arrugó el entrecejo al verlo solo.

—¿Dónde están?

Draco señaló el pasillo central con un movimiento de barbilla.

—Nadando.

Theo asintió, girando la botella entre sus dedos mientras se sentaba a su lado. Draco lo miró de reojo.

—¿Tú no vas a intentar darme consejos?

Los labios de su amigo se curvaron hacia arriba.

—Podría hacerlo.

Jamás había escuchado a Theo mencionar nada sexual. De vez en cuando bromeaba sobre el tema, pero nunca hablaba en serio sobre ello con nadie.

Bueno, tal vez con Pansy. Pero con nadie más.

Theo suspiró al ver su mirada llena de curiosidad y desvió la suya, torciendo los labios.

—La primera vez es... complicado.

Draco sintió que se tensaba. La idea de tener sexo con Granger lo ponía muy nervioso y escuchar a su amigo diciendo eso lo inquietaba todavía más.

¿Y si no era capaz de hacerlo bien?

—¿Por qué? —preguntó con preocupación.

Theo se rio al ver su expresión y le dio un codazo en las costillas.

—Porque se siente demasiado bien, Draco. No aguantarás mucho.

Esa no era la respuesta que esperaba. Dejó salir todo el aire de sus pulmones y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá, fijando su mirada en el techo.

—Joder.

—Exacto.

—Así que no solo le dolerá, sino que prácticamente todo terminará antes de que ella se haya enterado de lo que está pasando —resumió Draco, suspirando con pesar al pensar en que también tenía que marcarla. —Genial.

Había hablado con su madre aquella misma mañana sobre el tema, y Narcissa le había explicado la mejor forma de hacerlo tras mostrarle su marca. Estaba justo en la base de su cuello, en un lugar donde podía cubrirla fácilmente con su pelo.

Nadie podía verla, pero ella y Lucius sabían que estaba ahí. Y ahora Draco también.

Volvió a suspirar, mordiéndose la lengua para descargar un poco de su frustración.

Cada día estaba más seguro de que la suya iba a ser la peor primera vez de la historia.

—No creo que a Granger le importe —contestó Theo, encogiéndose de hombros.

Seguramente tenía razón. A ella le daría igual que al principio fuera todo un desastre, pero...

—A mí sí me importa.

—¿Por qué dices eso?

La imagen de Granger sufriendo por su culpa apareció en su mente. Un segundo después fue sustituida por su rostro sorprendido y algo decepcionado.

Y lo peor era que él iba a poder sentir cada una de sus emociones.

—Porque no quiero hacer el ridículo con ella, joder. Quiero que todo salga bien, quiero... quiero que le guste, y que se olvide del dolor cuando solo pueda pensar en mí.

Theo pestañeó.

—Vaya.

—Cállate —gruñó Draco con enfado.

Su amigo abrió la botella de whisky con un chasquido de sus dedos y le dio un gran trago, pasándosela a él para que hiciera lo mismo.

—Hay una forma de aguantar un poco más.

Aquello despertó su interés. Draco giró la cabeza, arrugando la nariz al ver las mejillas de Theo teñidas de rojo.

Eso no era buena señal.

—Si fuera tú me daría una larga ducha justo antes de estar con ella —comentó su amigo con aire ausente, mirándolo de reojo. —Sabes a lo que me refiero, ¿no?

Seguramente el sonrojo de Draco igualaba el suyo.

—Sí.

Theo asintió, volviendo a desviar la mirada y bebiendo otro trago.

—Así estarás más calmado y te resultará más fácil controlarte.

No era un mal consejo. Draco se pasó la lengua por los dientes mientras pensaba.

Cualquier cosa que le ayudara a relajarse era más que bienvenida. Sabía que iba a tener los nervios a flor de piel ese día.

—Y respecto al dolor... haz caso a Pansy y todo irá bien —añadió Theo en un susurro.

Draco puso los ojos en blanco, gruñendo una maldición entre dientes.

—¿En qué momento hemos terminado todos hablando de mi vida sexual?

Theo se rio en voz baja, pasándole la botella.

—Esto es mucho mejor que cuando hablábamos de una posible muerte a manos del Señor Tenebroso.

Él se encogió de hombros con desgana.

—Si tú lo dices.

Los dos se quedaron en silencio un momento, hasta que Draco volvió a clavar sus ojos grises en su amigo.

—¿Fue doloroso para ella?

Nunca se había parado a pensar que Pansy hablaba desde la experiencia. ¿Lo habría pasado mal?

Theo se frotó el rostro con una mano, suspirando con pesar.

—Sí —bebió un último trago y dejó la botella a un lado. —Y me odié a mí mismo al verla intentando disimular para que no me diera cuenta.

Justo lo que Draco más temía, aunque Granger no iba a poder ocultar lo que sentía por mucho que quisiera.

Su amigo palmeó su hombro al ver su mala cara.

—No todo es malo —aseguró con una pequeña sonrisa. —Tener ese nivel de intimidad con alguien a quien quieres es como un sueño hecho realidad.

La presión que sentía en su pecho se alivió un poco al escuchar sus palabras.

—¿En serio? —preguntó Draco con interés.

En tan solo unos meses su relación con Granger había avanzado a pasos gigantescos, y no se podía imaginar que fuera aún mejor. Lo que tenían ya le parecía increíble.

Todavía había noches en las que temía despertarse y descubrir que seguía encerrado en Azkaban, que todo había sido un sueño muy cruel.

Theo asintió, ampliando su sonrisa.

—Cada día que pasa ella es mucho más cariñosa conmigo.

Y también lo era con Draco, aunque mucho más desde que habían vuelto a reconectar. Pansy nunca había sido muy afectiva, pero poco a poco estaba cambiando.

Y probablemente se debía a la relación sana y feliz que tenía con su novio.

—Sí, lo he visto.

—Todos podemos cambiar si queremos —añadió Theo con gesto serio. —Aunque el cambio más impresionante es el tuyo.

Draco resopló, intentando contener su sonrisa.

No podía ser más diferente del chico malcriado y estúpido que había dedicado todos sus esfuerzos a humillar a Harry Potter y sus dos mejores amigos.

Y era un alivio no seguir siendo así aunque el cambio hubiera sido a base de cometer errores, algunos de ellos imperdonables.

—Lo sé.

—Narcissa también ha mejorado mucho —comentó Theo, arqueando las cejas.

La amistad de su madre con Potter todavía le provocaba dolor de cabeza, pero había aprendido a aceptarla. Y su corazón se aceleraba cada vez que la veía sujetar el brazo de Granger mientras caminaban juntas por los jardines de la mansión.

Narcissa haría cualquier cosa por él, desde renunciar a todas sus creencias hasta entregar su vida para protegerlo. Por eso era la persona más importante de su vida, aunque Granger estaba escalando puestos a toda velocidad.

Ahora que lo pensaba, las dos estaban empatadas en el más alto desde hacía tiempo.

—Tienes razón —admitió, correspondiendo a su sonrisa. —Sabes, cuando Granger me toca o me coge la mano, yo... es como si mis problemas desaparecieran.

Por muy preocupado que estuviera, su presencia era como sumergirse en un mar de calma. Y el roce de su piel apagaba al instante el fuego de su ira.

—Me encanta que me toque el pelo —confesó Draco en un susurro.

«Mierda.»

El whisky estaba empezando a hacer efecto. Carraspeó y fijó su mirada en la pared, apretando los labios.

—Joder, sí —el suspiró de Theo hizo que lo volviera a mirar, sorprendido. —Eso es lo mejor.

Los dos se miraron y soltaron una carcajada a la vez.

—Todo saldrá bien —dijo su amigo, dándole un golpe cariñoso en el brazo.

Draco se levantó y lo siguió a través del pasillo, en dirección a la enorme piscina.

—Eso espero.


Ginny los estaba esperando con los brazos cruzados y la espalda apoyada en la pared de una de las casas de Hogsmeade.

Una gran sonrisa se extendió por su cara al verlos y corrió hacia ellos, saltando sobre Harry que la rodeó con sus brazos al instante.

Tras un saludo demasiado intenso para su gusto, dio un paso atrás y miró fijamente a Draco.

Su sonrisa se amplió al ver la apariencia que tenía, obra de Granger. Pelo largo y oscuro con los ojos tan azules como los de su madre.

—Estás muy guapo, hurón.

Él le dedicó una sonrisa llena de desprecio.

—No puedo decir lo mismo de ti, Weasley.

Siseó cuando Potter y Granger le dieron un codazo a la vez. La pelirroja se rio entre dientes.

—Deberías llamarme Ginny de una vez.

Potter resopló, poniendo los ojos en blanco.

—Buena suerte con eso. Todavía sigue llamando a Hermione por su apellido.

Draco se sonrojó cuando todas las miradas cayeron sobre él.

—Me gusta Granger —admitió con gesto serio, retándolos con la mirada.

Sintió algo extraño en su pecho y desvió la mirada hacia Granger, observando cómo se ruborizaba.

Hacía poco menos de una hora que había ido a buscarla a Grimmauld Place y la había acorralado contra la pared del pasillo, besándola hasta dejarla sin aliento y susurrando su nombre varias veces sobre sus labios.

Y, tras ver (y sentir) su reacción, sabía que Granger estaba pensando exactamente en lo mismo.

A ella también le gustaba escuchar su nombre. Casi tanto como a él oírla decir el suyo.

Los ojos de la chica Weasley se posaron en las tres personas que había a su espalda y su rostro se endureció.

—¿Qué hacen ellos aquí?

Draco miró a sus amigos de reojo antes de hablar. Pansy llevaba un abrigo negro y estaba flanqueada por Blaise y Theo.

—Querían venir.

Ella se encogió de hombros, relajando la postura.

—Supongo que esto iba a pasar tarde o temprano —contestó, sorprendiendo a Draco al aceptar su presencia tan fácilmente. Aún lo sorprendió más cuando se acercó hasta ellos, deteniéndose delante de Pansy y ofreciéndole su mano. —¿Empezamos de cero, serpientes?

Pansy la aceptó, lanzando una mirada confundida a Draco mientras se la estrechaba.

Después de todo, había sido ella la que gritó que entregaran a su novio justo antes de la batalla final contra el Señor Tenebroso. Nadie pensaba que fuera capaz de perdonarla.

Los dedos de Granger detuvieron su espiral de pensamientos al rozar los suyos con suavidad.

—Ginny tiene buen corazón. Deberías darle otra oportunidad —murmuró cuando la miró a los ojos.

Si supiera que haría cualquier cosa que ella le pidiera...

Draco suspiró, alzando la barbilla.

—Está bien.

La gran sonrisa de Granger alteró los latidos de su corazón.

Comer juntos en Las Tres Escobas fue algo incómodo al principio, pero todos terminaron contando historias vergonzosas de sus años de estudiantes y riendo a carcajadas mientras compartían una jarra de cerveza de mantequilla que se llenaba sola cada vez que la terminaban.

Draco apenas habló, aunque admitió que había exagerado cuando el hipógrifo lo atacó y que todavía tenía pesadillas con la conocida maldición que la chica Weasley había usado contra él más de una vez.

Las hojas crujieron bajo sus pies cuando salieron de nuevo a las calles de Hogsmeade.

Pansy, Blaise y Theo se despidieron, marchándose en dirección a Honeydukes.

Granger y Potter se giraron hacia Weasley para despedirse, pero ella los interrumpió levantando su mano.

—Esperad —sus ojos marrones se posaron en Granger. —Tienes que venir conmigo al castillo.

Ella dejó salir un jadeo de sorpresa.

—¿Por qué?

—McGonagall sabe que estais aquí y quiere hablar contigo.

Draco frunció el ceño. ¿Qué estaría tramando la nueva directora del colegio?

Podía sentir los nervios de Granger y no le gustaba nada.

¿Sería algo malo?

—Vosotros también podéis venir —añadió la pelirroja, mirando a los dos chicos. —Así vereís como ha quedado Hogwarts tras la reconstrucción.

Potter se tensó de inmediato y ella avanzó hasta estar a su lado, sujetando sus dos manos.

—No tienes que hacerlo si no quieres —susurró, sin tener en cuenta el gran oído que tenía Draco desde su primera transformación.

Quizás no lo sabía. Miró de reojo a Granger, sonriendo al darse cuenta de que no le había contado casi ninguno de sus secretos a sus amigos.

Era tan perfecta para él que no parecía real. A veces se preguntaba si su padre se habría sentido igual cuando supo que Narcissa era su compañera.

A lo mejor debería hacerle caso a su madre y visitarlo de una vez. Él era el único que entendía por lo que estaba pasando.

Potter sacudió la cabeza, entrelazando sus dedos con los de Weasley.

—Estoy preparado —respondió, desviando la mirada hacia él.

Draco tragó saliva ante el escrutinio de sus ojos verdes. Ninguno de los dos había vuelto a pisar Hogwarts desde la caida de los Mortífagos, y no estaba seguro de qué tipo de recuerdos podría despertar el caminar de nuevo por sus pasillos de piedra.

Sujetó con más fuerza la mano de Granger y asintió en su dirección.

—Yo también.

Potter le dedicó una pequeña sonrisa y miró de nuevo a su novia, que tenía los ojos fijos en la torre más alta del castillo que se veía a lo lejos del sendero.

—Bien. Vamos.