Rostros familiares

2 de julio de 1972

Dora paseaba de un lado a otro del salón, esperando la llegada de Sirius del Expreso de Hogwarts. Los últimos meses habían pasado demasiado lento para su gusto. Los domingos eran sus días favoritos, cuando podía visitar a Al o practicar duelos con Moody.

Dumbledore había mantenido la comunicación con ella al mínimo, aunque se había unido a algunas horas del té de domingo con Al y Moody. Le había asegurado a Dora que encontrarían el basilisco y se "encargarían de él" antes del comienzo del próximo año escolar. El diario también había sido localizado, aunque no había sido movido de la Mansión Malfoy.

Las últimas veces que Dora había visto a Voldemort, afortunadamente él no le había hablado. No se había dicho nada más sobre su magia o su futuro, y estaba contenta. Esperaba no tener que volver a hablar con Voldemort nunca más, aunque su precario lugar como espía de Dumbledore hacía casi imposible que pudiera evitar a Voldemort por mucho más tiempo.

—¿Podrías dejar de caminar de una vez? —Regulus exigió—. Él no volverá antes.

—Me ayuda a pensar —explicó Dora.

—¿Qué estás pensando?

—El futuro, supongo.

—Deja que el tío Al y madre se preocupen por eso —dijo Regulus arrastrando las palabras—. No es como si tuvieras muchas opciones.

Regulus se había vuelto más hosco en las últimas semanas. La decepción de la tía Walburga por el comportamiento de Sirius en su primer año en Hogwarts había dado lugar a lecciones y conferencias adicionales para Regulus sobre cómo representar adecuadamente a la Casa Black. Con cada paso en falso, Sirius preparaba el camino para que Regulus se convirtiera en el heredero de la Casa Black, para gran decepción de Regulus. Las conferencias sobre los tejemanejes del Wizengamot y el asiento de la familia que Regulus inevitablemente tomaría, las lecciones sobre cómo administrar las complejas inversiones que la familia Black tenía tanto dentro como fuera de Gran Bretaña, y aprender a representar a la familia con orgullo mantuvo a Regulus ocupado, pero infeliz.

—Veré si puedo hacerlos cambiar de opinión —dijo Dora, sabiendo lo que pesaba en la mente de Regulus.

—Lo dudo.

—Me subestimas.

—Si lo logras, te daré la mitad de mi herencia.

—Trato —Dora se atrevió a decir, estrechando la mano de Regulus. En ese momento, la chimenea llameo en verde y la tía Walburga salió con Sirius, arrastrándolo de la oreja hacia el salón. Sirius parecía especialmente molesto por el viaje a casa, y gruñó un saludo a Dora y Regulus antes de subir las escaleras resoplando y cerrar la puerta de un portazo.

La tía Walburga frunció los labios y les gruñó a Dora y Regulus antes de pedir a gritos la ayuda de Kreacher para subir las cosas de Sirius y murmurar obscenidades en voz baja.

—Veré si puedo hablar con él —le susurró Dora a Regulus. Subió las escaleras y llamó suavemente a la puerta de Sirius.

—No te hablare, madre —escupió Sirius a través de la puerta.

—Soy yo, Dora.

—Bien, puedes pasar —ordenó Sirius. Dora abrió la puerta en silencio y la cerró detrás de ella, lanzando un hechizo silenciador en la puerta en el proceso.

—¿Qué pasó? —preguntó Dora amablemente.

—Madre me gritó frente a mis amigos y me prohibió hablarles de nuevo —explicó Sirius—. Como si ella tuviera la autoridad para controlar lo que hago en la escuela.

—¿Por qué no le gustaban tus amigos?

—No todos son pura sangre perfectos.

—¿No es James un sangre pura?

—Según madre, apenas cuenta como uno porque su familia es un montón de malditos traidores de la sangre —gruñó Sirius—. Peter y Remus son ambos mestizos, así que apenas valen mi tiempo. Si tan solo supiera sobre los nacidos de muggles.

—Lamento eso. Es estúpido que espere eso de ti. ¿No comparten un dormitorio? —preguntó Dora.

—¡Ella sabe que comparto un dormitorio con ellos! —exclamó Sirius—. ¡Solamente está tratando de hacerme la vida imposible ahí también!

—Sin embargo, ella realmente no puede controlar lo que haces en la escuela —le aseguró Dora.

—No, a menos que el precioso y perfecto Regulus le diga algo —se quejó Sirius.

—Me aseguraré de que no lo haga.

—Solo confía en mí, ¿de acuerdo?

Sirius puso los ojos en blanco. —Realmente mereces ser una Hufflepuff. Solo quieres que todos se lleven bien.

—¿Es eso tan malo? — preguntó Dora.

—Tal vez no malo —explicó Sirius—, solo es jodidamente improbable.

11 de julio de 1972

—¡Están aquí! ¡Están aquí! —Regulus gritó emocionado, entrando sin antes llamar en el dormitorio de Dora.

—¿Qué está aquí? —refunfuñó Dora, cansada por el comienzo temprano.

—¡Nuestras cartas de Hogwarts, tonta! —Regulus explicó, empujando el pergamino demasiado familiar en las manos de Dora.

—Bueno, eso solo significa una cosa —comenzó Dora— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, REGULUS! —gritó, abrazando a Regulus con fuerza.

—¿Cómo es que tu carta llegó en mi cumpleaños? ¡¿También es tu cumpleaños?! —preguntó Regulus.

—No, no, mi cumpleaños es el cinco de noviembre —explicó Dora—. Pero entonces estaba en Ilvermorny, así que creo que Dumbledore arregló que mi carta llegara el mismo día que la tuya.

—¿Así que realmente irás a Hogwarts con nosotros? —preguntó Regulus.

—Por supuesto, Reg —aseguró Dora—. Ahora, veamos, ¡ser el cumpleañero significa regalos de cumpleaños! —Dora le sonrió brillantemente a Regulus y sacó una caja pequeña de debajo de su cama.

—¿Para mí? —preguntó Regulus.

—Ahora tu eres el tonto —bromeó Dora—. Por supuesto que es para ti.

Regulus desenvolvió apresuradamente el regalo para encontrar una caja de madera ornamentada. Dora había decidido regalarle una caja de varita. Si bien rara vez se usaba para guardar una varita, era el tipo de artículo que los magos de clase alta guardaban como decoración en sus estudios. Dora la mandó grabar con las iniciales de Regulus, R.A.B.

—Esto… es… guau —tartamudeó Regulus—. Gracias, Dora.

—La tía Walburga dijo que recibirías tu varita el próximo mes, así que pensé que te gustaría —explicó Dora.

—¿No vas a recibir una varita también? —preguntó Regulus.

—No, usare la varita de mi mamá —dijo Dora—. Creo que el tío Al me la dará hasta que consigas la tuya.

En ese momento, Kreacher se materializó frente a los dos, inclinándose profundamente. —Muchas felicidades al amo Regulus por su undécimo cumpleaños. Se solicita al amo Regulus y a la ama Dora en el salón.

—Gracias, Kreacher —dijo Regulus—. ¡Vamos, Dora, veamos qué me regalaran mamá y papá para mi cumpleaños! —Regulus agarró la mano de Dora y la condujo escaleras abajo al salón.

Sirius, la tía Walburga, el tío Orión y Kreacher los estaban esperando en el salón. Sirius saltaba de alegría. Dora sospechó que tenía una broma para el cumpleaños de Regulus, y le calentó el corazón de ver a Sirius genuinamente feliz por primera vez desde que llegó a casa de la escuela.

—¡FELIZ CUMPLEAÑOS, REG! —gritó Sirius. La tía Walburga lo golpeó en la nuca, pero a Sirius no pareció importarle.

—Muchas felicidades por tu cumpleaños, Regulus —dijo arrastrando las palabras el tío Orión—. Según su deseo, usted, su hermano y yo asistiremos al próximo partido de Puddlemere United el sábado. Nos sentaremos en palcos, por supuesto.

—¡Gracias, padre! —exclamó Regulus.

—¿Dora no va? —preguntó Sirius, luciendo cabizbajo.

—Tu prima, Pandora, estará comprometida en otro asunto —dijo la tía Walburga rotundamente. Sirius pareció un poco decepcionado y Dora se sintió un poco molesta porque no se uniría a ellos para el partido de Quidditch.

—Pueden contarme todo cuando regresen —les aseguró Dora. Sospechaba que la tía Walburga la llevaría a algún evento de sociedad para brujas finas, y temía otra velada sangre pura.

—Tus regalos, Regulus —dijo la tía Walburga, entregándole a Regulus algunos paquetes bellamente envueltos. Regulus los abrió para revelar caros omniculares y varios artículos de Puddlemere United.

—Gracias, madre —dijo Regulus. Kreacher luego se volvió hacia Regulus y se inclinó.

—Kreacher ha hecho el pastel favorito del amo Regulus —anunció Kreacher—. El pastel del amo Regulus está listo para cuando el amo Regulus lo desee —Kreacher hizo una reverencia y luego se apareció.

—También tengo un regalo para Regulus —dijo Sirius con impaciencia. Le dio un pequeño paquete a Regulus, quien lo abrió para encontrar un pequeño chivatoscopio—. Lo necesitarás en esa guarida de serpientes a la que planeas unirte —explicó Sirius—. Confía en mí —Walburga miró furiosa a Sirius, pero no dijo nada.

—Guau, gracias, Sirius —dijo Regulus, girando el chivatoscopio en sus manos. Comenzó a girar lentamente, para sorpresa de Regulus.

—¿Qué estás escondiendo, Sirius? —preguntó Dora.

Sirius sonrió y respondió, —Síganme a la cocina.

—Están excusados —dijo Walburga. Orión salió para volver a subir a su estudio y Walburga se quedó en el salón.

Dora y Regulus siguieron a Sirius a la cocina. Dora se sorprendió al verla tan limpio y habitable; la última vez que había estado en la cocina de Grimmauld Place, estaba lúgubre, sucia y mugrienta. Era realmente impactante ver la cocina en su antigua gloria.

—Está bien —comenzó Sirius—. Hice algo para Kreacher.

—¿Hiciste algo para Kreacher para mi cumpleaños? —preguntó Regulus.

—Sí, pero se lo darás a él para que piense que es tuyo —explicó Sirius. Sacó un paquete cuidadosamente envuelto y se lo dio a Regulus—. Confía en mí.

Regulus vaciló pero tomó el paquete. Llamó a Kreacher y el anciano elfo doméstico apareció ante él, inclinándose profundamente.

—¿El amo Regulus ha llamado a Kreacher? —graznó.

—Tengo un regalo para ti, Kreacher —dijo Regulus. Los ojos de Kreacher se agrandaron.

—El amo Regulus no necesita darle un regalo a Kreacher —Kreacher parecía incómodo.

—Tómalo y ábrelo, Kreacher —ordenó Regulus—. Es una orden.

Kreacher abrió el paquete a regañadientes y encontró un pequeño letrero de madera grabado con "Alacena de Kreacher, hogar del mejor elfo doméstico". Kreacher estalló en feas lágrimas cuando leyó el letrero. Sus orejas de murciélago se agitaron furiosamente mientras lloraba en voz alta y tiraba de la túnica de Regulus. Regulus parecía desconcertado, pero Sirius y Dora se habían doblado de risa.

—El amo Regulus dice que Kreacher es el mejor elfo —sollozó Kreacher—. Kreacher está tan feliz. Muy feliz. Kreacher le hará al amo Regulus otro pastel. Hará pastel todos los días para el amo Regulus. Cualquier cosa por el amo Regulus —Kreacher continuó llorando en voz alta, hasta que Regulus le ordenó a Kreacher que se detuviera y preparara un pastel para Sirius y Dora y se los enviara por lechuza para sus próximos cumpleaños. Kreacher asintió vigorosamente, murmurando—: Cualquier cosa por el amo Regulus. Cualquier cosa —salió de la cocina con un suave pop, dejando a Regulus sin palabras.

—Eso salió mucho mejor de lo que imaginaba —se rió Sirius—. ¡Él podría amarte más que mamá ahora!

—Eso fue realmente muy dulce, Sirius —dijo Dora.

—¿Por qué no le diste el letrero a Kreacher tú mismo? —preguntó Regulus.

—Él no habría creído que era genuino viniendo de mí —explicó Sirius—. Kreacher siempre ha preferido a Reg y ahora eso nunca cambiará.

—Eso es… muy considerado —respondió Dora—. Sorprendentemente considerado.

—No soy un idiota total, Dora —replicó Sirius—. Además, no todo fue solo para Reg, ¡ahora tú y yo recibiremos pasteles de Kreacher para nuestros cumpleaños! ¡Él solo me da basura, pero ahora tendrá que darme un pastel! —Sirius se rió a carcajadas mientras Dora y Regulus ponían los ojos en blanco.

—Feliz cumpleaños para mí de hecho —murmuró Regulus.

—Solo espera hasta el partido de Puddlemere el sábado, Reg —dijo Sirius—. Tengo una sorpresa más para ti —Sirius le guiñó un ojo y subió corriendo las escaleras, dejando a Regulus atónito a su paso.

15 de julio de 1972

Era el día del partido de Puddlemere United, por lo que Sirius, Regulus y el tío Orión se habían ido ese día para disfrutar del Quidditch. Dora, mientras tanto, se vestía para una tarde con brujas del círculo social de la tía Walburga. A Dora se le había recordado, no menos de 17 veces, que si avergonzaba a Walburga o a la Casa Black con sus horribles modales, tendría suerte de ser vista en cualquier lugar que no fuera Grimmauld Place o el departamento de Al hasta su segundo año en la escuela.

Dora se vistió con túnicas ligeras de verano. Se estaba volviendo cada vez más difícil mantener su forma de cabello negro brillante. Echaba de menos su mágico rosado, sus rizos morados, sus ondas esmeralda y todo lo demás. Incluso deseaba volver a cambiar el color de su cabello a su marrón claro, solo para verse a sí misma en algo diferente. Suspirando, se recogió el pelo en un suave moño y bajó las escaleras para encontrarse con la tía Walburga.

—No me decepcionarás, jovencita —dijo la tía Walburga. Bueno, hola a ti también, tía, pensó Dora.

—Como usted desee, tía Walburga —respondió Dora—. ¿Puedo preguntar a dónde vamos?

—La Mansión Nott— respondió Walburga—. Sígueme y no pierdas el tiempo.

Walburga arrojó polvos flu a la chimenea y entró, gritando, —¡Mansión Nott! —Dora se preparó y siguió su ejemplo.

—Madame Black, señorita Black —saludó el elfo doméstico de los Nott, Tippy—. Bienvenidas. La ama las espera en el jardín.

Tippy llevó a Dora y Walburga a los jardines de la Mansión Nott. Estaban impresionantes y bien cuidados.

—Walburga, encantada de volver a verte —saludó una elegante mujer. Era pequeña y frágil, parecía como si pudiera romperse con un buen maleficio, o eso pensaba Dora—. Creo que no he tenido el placer de conocer a tu… ¿sobrina? —preguntó la anciana.

—Sí, ella es mi sobrina, Pandora Black —presentó Walburga, mientras Dora hacía una reverencia—. La señorita Black es la hija de mi hermano Alphard—. Pandora, ella es Ariadne Nott —anunció Walburga.

—Es un placer conocerla, Madame Nott —dijo Dora—. Sus jardines son hermosos —Walburga asintió con aprobación ante los modales de Dora.

—¿Escuché que comenzarás a estudiar en Hogwarts este septiembre, señorita Black?

—Sí, madame —respondió Dora—. Espero con ansias mis estudios.

—Una cosita tan joven como tú no tiene por qué molestarse en estudiar demasiado —observó Madame Nott—. Los encantamientos serán de gran ayuda para administrar una casa, al igual que las pociones —continuó—. El resto de tus temas son bastante opcionales para una joven bruja como tú.

Dora sintió que el calor le subía a las mejillas y luchó por contener la ira. —Eso es un montón de…

—Un consejo realmente encantador, Ariadne —interrumpió Walburga—. Pandora tomará en serio tu guía —Walburga miró a Dora, que estaba furiosa. Dora se tragó su orgullo y le sonrió a Madame Nott, excusándose para unirse a la siguiente persona más agradable que pudo encontrar, que resultó ser su prima, Narcissa.

—Hola Cissa —dijo Dora, fingiendo entusiasmo—. ¿Cómo van tus vacaciones de verano?

—Muy bien, Dora —respondió Cissa, con una sonrisa—. Pasé las últimas dos semanas en la Mansión Malfoy preparando el ala que Lucius y yo compartiremos cuando nos casemos el próximo verano.

—Qué emocionante —dijo Dora inexpresivamente.

—Muy emocionante de hecho —dijo efusivamente Cissa—. Los jardines de la Mansión Malfoy son incluso más grandiosos que los de aquí —continuó—. El jardín de Ariadne es bastante pintoresco, ¿no crees?

Esto es una tortura, pensó Dora. Tortura. ¡Cambia de tema!

—¿Cuáles son tus clases favoritas en la escuela, Cissa? —preguntó Dora.

—Me gusta la herbología, las pociones y los encantamientos —expresó Cissa—. Las encuentro poco más útil.

—¿Qué hay de Defensa Contra las Artes Oscuras? —preguntó Dora.

—Apenas necesito una clase para sobresalir contra los enemigos —dijo Cissa—. Lucius es más adecuado para ese papel.

—¿No quieres una carrera? —preguntó Dora, exasperada.

Narcisa se rió; era una risa de sociedad remilgada y bien ensayada. La tía Walburga había estado tratando de demostrarle a Dora cómo producir una risa similar, pero a Dora le parecía falsa.

—Las brujas en nuestros círculos no necesitan carreras, Dora —comentó Cissa—. Además, escuché que apenas te faltaran pretendientes elegibles, ninguno de los cuales necesita oro adicional.

—¿Por qué, Narcissa, qué te lleva a hablar de pretendientes? —preguntó otra mujer elegante. Esta tenía túnicas de seda extravagantes y un enorme colgante de ópalo colgando de su cuello.

—Para mí joven prima, Madame Rookwood —aclaró Cissa—. Espero que tenga tanta suerte como yo. Ah, pero ¿dónde están mis modales? Por favor, Madame Rookwood —continuó Cissa—, me gustaría presentarle a mi prima, Pandora Black. Ella comenzará a estudiar en Hogwarts en septiembre con Regulus.

—Mi Augustus también comienza este otoño —señaló Madame Rookwood—. Es un joven apuesto y de buenos modales. Espero que haga grandes cosas —Madame Rookwood sonrió con orgullo en dirección a Dora.

—Espero darle la bienvenida en Slytherin. Como prefecta, tengo el privilegio de guiar a los de primer año a las mazmorras después de la fiesta de bienvenida —dijo Cissa.

—Ah, sí, dejaste una gran impresión en mi Orfeo el otoño pasado, señorita Black —interrumpió otra mujer.

—Madame Nott, es maravilloso que se haya unido a nosotras —notó Cissa—. ¿Ha conocido a mi prima, Pandora Black?

—Tuve el placer de conocer a la joven señorita Black en la gala de los Malfoy el invierno pasado —compartió Madame Nott, alegremente—. La joven señorita Black dejó una gran impresión en mi hijo.

—Es bueno volver a verla, Madame Nott —dijo Dora, cada vez más aburrida de la conversación—. Encantado de conocerla también, Madame Rookwood. Espero conocer a su hijo en el otoño. Si me disculpan, esperaba reunirme con mi abuela Irma hoy —Dora hizo una reverencia ante las mujeres, con Madame Rookwood luciendo especialmente complacida de que Dora hubiera mencionado a su hijo en lugar del de Madame Nott.

Dora esperaba que hablar con su abuela Irma pudiera conducir a conversaciones un poco mejores, así que hizo una reverencia ante ella mientras Irma presentaba a sus propias amigas: Perséfone Yaxley, Guinevere Goyle y Serafina Selwyn. Sin embargo, Dora se decepcionó rápidamente cuando la conversación giró en torno a la manía sangre pura.

—El hijo de Ariadne todavía no se ha casado —chismeó Irma a Perséfone—. Aunque tiene al menos dos hijos, ninguno de los cuales son herederos apropiados. Parece preferir la compañía novedosa a la estabilidad del matrimonio.

—Él es bienvenido a disfrutar de cualquier compañía que le guste después de que produzca un heredero aceptable —comentó Serafina.

—Ariadne se está desesperando por que su hijo tenga un heredero —conversó Guinevere. Está considerando una mestiza de Francia.

Las mujeres se estremecieron ante la idea. "¿Francesa?" "¿Mestiza?" "¿Impura?" "¡Inmunda!" "¡Manchando la línea de sangre de la familia!" Dora escuchó cada uno de estos términos en rápida sucesión y decidió excusarse también de esta conversación. Escuchó el nombre de su madre y se dio la vuelta para ver nada menos que a Andrómeda Tonks entrando en los jardines.

Bellatrix estuvo sobre ella inmediatamente. —¡¿CÓMO TE ATREVES?! —le gritó a Andrómeda—. ¿DESPUÉS DE LO QUE HICISTE PARA AVERGONZAR A NUESTRA FAMILIA?

Andrómeda estaba tranquila. —Fui invitada aquí por la señora Nott, Bella —dijo tranquilamente—. Creo que tales arrebatos son bastante impropios, ¿no crees?

—¡TÚ! ¡DEJASTE TODO EL DECORO CUANDO TE ESCAPASTE CON ESE INMUNDO! —ahora era la tía Druella quien le gritaba a Andrómeda. Narcissa estaba de pie justo detrás de Druella, con un toque de rosa adornando sus mejillas. Debe estar avergonzada, pensó Dora; su futura suegra, la señora Malfoy también está aquí.

—Ahora, ahora —interrumpió Madame Nott—, esta no es la ocasión para peleas familiares. Demos la bienvenida a Andrómeda como siempre lo hemos hecho —Bellatrix y Druella estaban visiblemente furiosas, pero se dieron la vuelta y se sentaron en el extremo más alejado de los jardines lejos de Andrómeda.

—Ariadne debe estar bastante desesperada —le susurró una bruja mayor detrás de Dora a otra bruja—. Ella cree que podría separar a Andrómeda de su desafortunada… unión… y unir a la chica con su propio hijo.

La otra bruja respondió, —Ariadne pensó que si Andrómeda veía a sus hermanas y a su madre, ella podría ver una razón para dejar al sangre sucia y a su mocosa, aunque Druella y Bella podrían haber arruinado el plan de Ariadne.

Dora decidió que no podía oír más los chismes de las brujas y se dio la vuelta para alejarse lo más posible de todas, a la mierda los modales. Se dio la vuelta y chocó con otra bruja, tirándose al suelo en el proceso. Al parecer, la torpeza no se puede eliminar, pensó Dora.

Era Andrómeda con quien se había topado Dora. Andrómeda se inclinó y ayudó a Dora a ponerse de pie. —¿No creo que nos hayamos conocido? —Andrómeda aventuró—. Soy Andrómeda Tonks —Dora miró el rostro de su madre y se dio cuenta de cuánto se parecía a Andrómeda en su forma actual.

—No lo hemos hecho —dijo Dora apresuradamente—. Soy Pandora.

—¿Pandora?

—Black.

Los ojos de Andrómeda se entrecerraron ligeramente. —¿De quién eres hija? ¿A menos que mis padres te hayan adoptado?

—No, no, no —se apresuró a decir Dora—. Soy la hija de Alphard.

—¿Alphard tuvo una hija? —las cejas de Andrómeda se levantaron—. Esto significa que eres mi prima —Andrómeda sonrió ampliamente. Dora le devolvió la sonrisa, tratando de no apretar a Andrómeda en un fuerte abrazo.

—Viví en Estados Unidos con mi madre hasta que murió el año pasado —mintió Dora—. Me mudé a Inglaterra justo después de mi undécimo cumpleaños.

—Lamento mucho oír eso, Pandora —lamentó Andrómeda—. ¿Quién te trajo aquí?

—La tía Walburga —compartió Dora—. Vivo con la tía Walburga y el tío Orión porque no era apropiado para mí vivir con mi padre, o eso me dicen —Dora puso los ojos en blanco.

Andrómeda se rió; no era la risa de sociedad que había escuchado de Narcissa, sino la risa real que Dora había escuchado al crecer.

—¿Qué haces al lado de Dora? —Walburga exigió—. Puede que Ariadne te haya permitido venir aquí, pero yo no te permito hablar con mi sobrina.

—¿Dora? —preguntó Andrómeda, con una enorme sonrisa creciendo en su rostro.

—Así es como me llama mi familia —explicó Dora.

—Así es como mi esposo llama a nuestra hija —dijo Andrómeda, suavemente—. Su nombre es Nymphadora.

Dora luchó por contener las lágrimas al pensar en su padre. Había estado demasiado sorprendida por los últimos minutos para dejar que se diera cuenta de que finalmente estaba pasando tiempo con su madre, a quien extrañaba mucho.

—Dora, no te asocies con esta traidor de la sangre. Ella no es prima tuya —se burló Walburga—. Narcissa está esperando que te unas a ella.

Dora miró a su madre, Andrómeda, con tristeza. —Disculpe —murmuró. También había tristeza en los ojos de Andrómeda, pero había poco más que Dora pudiera hacer para consolarse a sí misma o a su madre en medio de tanta angustia familiar.

24 de julio de 1972

—Por favor, por favor, ¿podemos ir hoy? —Regulus le suplicó a su madre durante el desayuno.

—La carta de Sirius aún no ha llegado, Regulus —dijo Orión arrastrando las palabras—. Esperaremos hasta que llegue su carta con su lista de libros para ir juntos al Callejón Diagon.

Regulus había estado tratando de persuadir a Walburga y Orión para que lo llevaran de compras para la escuela, ya que Dora tenía el permiso de Al para usar su varita frente a los demás (la había estado guardando en su persona desde que llegó a la nueva línea de tiempo, pero finalmente tenía la oportunidad de usarla y hacerla pasar por la varita de su difunta madre). Regulus quería desesperadamente su propia varita, ahora que Dora tenía la suya y Sirius tenía la suya por un año.

—Iremos allí muy pronto, Reg —lo tranquilizó Dora.

—Es fácil para ti decirlo: ¡ya tienes una varita! —Regulus hizo un puchero.

—Yo también estoy emocionada, Reg —dijo Dora—. Nunca he estado en el Callejón Diagon antes —mintió.

—Es lo mejor, Dora —interrumpió Sirius—. Tenemos que ir por un helado a Florean Fortescue, y Zonko tiene todo lo que necesitas para gastarle bromas a todos los demás.

—Tienes prohibido ir a Zonko este año —interrumpió Walburga—. No recibiré más cartas del director sobre tus fechorías. Eres una vergüenza para nuestro apellido.

—Gracias madre —Sirius sonrió—. Eso significa mucho para mí.

Walburga abofeteó a Sirius en la cara y gruñó, —Tu insolencia te costará, mocoso. Apártate de mí vista.

Sirius tomó la misiva y salió corriendo del comedor.

—Regulus, serás un buen chico y esperarás hasta que llegue la carta de tu hermano —gruñó Walburga—. No escucharé más de tus ruegos. No tendré dos fracasos en mi casa —Regulus agachó la cabeza, decepcionado, y Dora luchó por mantener su ira bajo control nuevamente. Estaba ansiosa por salir de Grimmauld Place.

Las siguientes horas se convirtieron en una semana y Sirius no había regresado a casa. Ni Walburga ni Orión parecían notar exteriormente su ausencia. Dora estaba cada vez más preocupada.

—Reg, ¿nadie está tratando de averiguar dónde está Sirius? —preguntó Dora, los dos estaban jugando Snap Explosivo en el salón más pequeño.

—Estoy seguro de que volverá —dijo Regulus—. Esta no es la primera vez que se escapa por más de un día.

—¿Adónde va?

—Usualmente con el tío Al, pero Al vino esta mañana y dijo que Sirius no se estaba quedando con él —explicó Regulus.

—¿Crees que se fue a visitar a uno de sus amigos? —inquirió Dora.

—Si lo hizo, es un idiota —dijo Regulus—. Después del regaño que madre le dio hace unas semanas, sería tonto si intentara eso.

Desafortunadamente, Sirius había hecho exactamente eso: los Potter habían enviado un mensaje a Walburga y Orion de que Sirius había viajado por red flu a su casa unas noches antes. Mientras los Potter tenían la impresión de que Sirius había obtenido el permiso de sus padres para unirse a ellos, Walburga les hizo saber, en términos muy claros, que Sirius pertenecía a Grimmauld Place. La ira de Walburga solo se calmó un poco después de confirmar que los Potter eran sangre pura.

Dora podía escuchar los chillidos de Walburga desde su habitación en el piso de arriba cuando Sirius finalmente llegó por la red flu esa noche. Entre sus chillidos, escuchó los gritos de Sirius. Dora volvió a sospechar que se usó la maldición Cruciatus. Después de lo que pareció una cantidad interminable de tiempo, Dora escuchó el inconfundible movimiento de pies y la puerta cerrándose de golpe en la habitación de Sirius.

Dora asomó la cabeza al pasillo y se arrastró hasta la habitación de Sirius. Tocó ligeramente y la voz ronca de Sirius respondió —Entra.

—Hola, Sirius —susurró Dora. Sirius estaba haciendo una mueca y sus ojos estaban enrojecidos. Estaba acurrucado en su cama apretando sus rodillas contra su pecho. Dora tenía su varita y lanzó algunos hechizos de diagnóstico sobre él, pero desafortunadamente, la maldición Cruciatus dejó poco daño físico a su víctima.

Dora suspiró y se sentó en la cama junto a Sirius, frotando pequeños círculos en su espalda. Sirius comenzó a sollozar suavemente y Dora lo abrazó con fuerza.

—Pronto volverás a la escuela, Sirius —lo tranquilizó Dora.

—No lo suficientemente pronto —lloró Sirius—. Odio tanto estar aquí. Ojalá nunca hubiera nacido —sollozó.

—No digas eso, Sirius —susurró Dora—. Walburga y Orión no existirán para siempre, y entonces todavía nos tendrás a Reg y a mí. Te prometo que nos quedaremos a tu lado —Sirius sollozó y Dora conjuró pañuelos para que él los usara.

Sirius miró fijamente a Dora, momentáneamente distraído, y preguntó, —¿Cómo hiciste eso? Eso es magia realmente avanzada.

Dora se dio cuenta de su error; los niños de once años no deberían poder conjurar elementos de la nada.

—Algo que me enseñó mi madre —mintió Dora.

—Todavía requiere mucha habilidad —dijo Sirius—. Ya sabes mucha magia entonces, ¿no? —estaba sentado ahora, intrigado por las habilidades de Dora.

—Tal vez lo obtuve del lado de mi madre —sugirió Dora. Por favor, créeme, por favor—. A mi mamá le gustaba enseñarme.

—Probablemente serás la primera de tu clase en Hogwarts —reflexionó Sirius—. Nunca pensé que fueras una tragalibros.

—El hecho de que sepa algo de magia no significa que me gustará escribir ensayos —dijo Dora, poniendo los ojos en blanco—. No puedo decir que estoy emocionada por eso.

—Apuesto a que serás parte del Club Slug —dijo Sirius—. Probablemente también serás buena en pociones.

—¿Qué es eso? —preguntó Dora, genuinamente curiosa. El único maestro de pociones que había conocido era Severus Snape, y él solo había estado en Hogwarts durante unos años cuando ella comenzó en su línea de tiempo original.

—El club especial del profesor Slughorn —explicó Sirius—. Al viejo Sluggy le gusta juntar a los mejores estudiantes y los invita a cenas y fiestas donde conocen a sus otros estudiantes favoritos. Conoce a un montón de jugadores de Quidditch. James y yo fuimos a una de sus primeras cenas pero no hemos sido invitados desde entonces. El abuelo de James inventó la poción alisador de Sleekeazy e hizo un montón de oro con ella, y como soy el maldito heredero de la Casa Black, creo que Sluggy apostó que seríamos mejores en pociones, pero no lo somos.

—Fascinante —dijo Dora—. Me pregunto si seré lo suficientemente buena para él.

—Tienes que ser realmente buena en pociones o en algo más, como Quidditch —explicó Sirius—. O uno de sus Slytherin favoritos, porque es el jefe de la casa de Slytherin. Reg entrará —continuó Sirius—. No lo sabrías, pero él es bueno en una escoba. Probablemente formará parte del equipo de Quidditch cuando esté en segundo año.

—¿Qué temas te gustan más, Sirius? —preguntó Dora, contenta de que Sirius estuviera saliendo de su depresión.

—Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo Sirius rápidamente—. Luego Transformación y Encantamientos.

—¿Qué quieres hacer después de Hogwarts?

—Si soy el heredero, no puedo hacer nada —se quejó Sirius—. Mi vida estaría llena de mierda pomposa y sin sentido.

—¿Y si Regulus fuera el heredero?

Sirius pensó por un momento. —Me gustaría ser un auror —dijo.

—Yo también quería ser una aurora —confesó Dora—. Ahora no estoy tan segura —en esta línea de tiempo, necesitaré un trabajo diferente, pensó con tristeza. Ella, Pandora Black, necesitaba estar fuera de su propio camino, el camino de Nymphadora Tonks, para que Tonks tuviera éxito como aurora.

—Madre no aprobaría eso, de todos modos —declaró Sirius.

—No me importa lo que ella piense —dijo Dora acaloradamente—. Es mi vida, no la de ella, y no voy a ser la heredera de nada. Además, ella no es mi madre.

—Considérate afortunada, Dora —dijo Sirius, tristemente—. Espero que consigas lo que quieras. No todos lo hacemos.

Sirius y Dora se sentaron en silencio durante varios minutos hasta que Dora le dio un último abrazo fuerte.

—Debería regresar a mi habitación —murmuró Dora—. Buenas noches, Sirius.

—Buenas noches, Dora —murmuró Sirius, acurrucándose en su cama y envolviendo las mantas alrededor de su cuerpo cansado.