INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI
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UN DIABLO POR EQUIVOCACION
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Capítulo 13
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Sango ayudó a servirle el té, mientras observaba con pena a su prima Kagome.
Desde que llegó, la encontró en un lamentable estado y según Kaede, tuvo mucho que ver el que viniera el conde de Winchester a hablarle. El contenido de la charla lo ignoraba completamente.
No comprendía en absoluto nada. Su prima estaba por casarse con Inuyasha Archer, pero parecía que, en vez de sus esponsales, lo que estaba por celebrar era su ejecución.
Vio a Kagome levantarse de la cama y mirarse al espejo, como si detestara cada parte de ella.
A Kagome nunca le molestaron sus curvas ni sus formas redondeadas, siempre se rió de ello, pero ahora estaba desolada.
―Si tan solo fuera como nuestra prima Kikyo…o incluso como Tsubaki ―la oyó murmurar.
― Pero ¿qué dices…? ―Sango se levantó hacia ella―. Ahora mismo me vas a decir que ocurre contigo.
Kagome parecía no darse cuenta de ella, mirando el espejo, como si quisiera poder entrar en ella y cambiar tantas cosas.
―No…amo al conde de Bristol.
Sango abrió mucho los ojos con la inesperada revelación.
―Estás prometida a él, tu padre arregló ese matrimonio…y sólo hace pocas tenías problemas por una carta que era para ese hombre.
Kagome se sentó sobre la cama.
―Hay mucho que no te he contado ―los ojos de la joven estaban vidriosos y tristes.
Allí no había espacio para las bromas.
Sango abrazó a su prima.
Al verse en los cálidos brazos de su prima, Kagome se permitió llorar.
―Estoy enamorada del Demonio…
― ¿Qué? ―Sango casi salta al oír eso, pero se compuso enseguida para evitarle más penas a Kagome.
―Y también sé que él también me desprecia…vino a buscarme para decirme cosas horribles.
Al fin Sango entendió porque el estado de Kagome se relacionaba con aquella visita.
―Me cuesta creer que él sea tan malvado ¿en verdad fue tan grosero?
Kagome tragó un sollozo.
A Sango le dolía ver a su prima en ese estado, pero también entendía que existían tantos trucos y malentendidos. Ya habían pasado por uno por culpa de Tsubaki. Ella era partidaria de confirmar las cosas.
Si era realmente cierto que el Demonio se portó maliciosamente con ella por el simple hecho de disfrutarlo, ella misma se encargaría de darle una buena bofetada.
Pero Kagome estaba demasiado herida.
Sango se prometió que iría a buscar a ese truhan para ajustar cuentas.
Pero la resolución de Kagome era clara.
―Necesito alejarme de aquí, de esta ciudad, de mi familia, de Inuyasha…y sobre todo de él.
― ¿A que te refieres?
―No puedo desobedecer a padre…pero no quiero esperar aquí ―Kagome se limpió las lágrimas―. Voy a ir a casa de campo, en Bath. Me quedaré allí hasta la boda.
Sango no estaba segura que el duque permitiera aquello, pero si entre ambas hacían fuerzas, era posible que sí.
La muchacha no tenía deseos de ir a Bath, pero Kagome se merecía cualquier sacrificio.
Y más ahora que sabía que estaba a punto de casarse, prácticamente obligada por su padre.
Decidió que apenas Kagome durmiera, ella iría a arreglar cuentas con ese infeliz Demonio.
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La última vez que había bebido tanto fue cuando murió su madre.
Despertó con una horrible resaca, sin saber exactamente donde se encontraba. Palpó, aun con los ojos cerrados, que no hubiera ninguna furcia durmiendo a su lado.
Afortunadamente no había cometido ninguna tontería porque la cama estaba vacía a su lado.
Abrió dificultosamente los ojos y le costó enterarse que se encontraba en su habitación del Palladium. Raramente no recordaba haber subido a la cama. Sólo tenía los pantalones puestos.
En eso, la puerta se abrió y distinguió a Miroku, que entraba con un tazón humeante.
Bankotsu se incorporó sobre la cama, mientras Miroku le acercaba lo que traía entre sus manos.
― ¿Qué ha pasado aquí…?
―Antes de cualquier cosa, bebe esto ―Miroku le conminó a beber el contenido de la taza―. Es un té para resaca.
Bankotsu sabía que las resacas no eran buenas en él, y Miroku también, así que cogió la taza y lo bebió todo de un solo trago.
Era amarga.
Bankotsu hizo un rictus de desagrado y dejó la taza vacía sobre la mesilla.
―Estuviste borracho como una cuba.
El tono de Miroku estaba lejos de ser agradable y respetuoso. Le estaba hablando como cuando eran viejos conocidos en el East End, cuando el duque de York, el difunto padre de Bankotsu aún no le había otorgado un título a su hijo.
―Eso no te da poder para hablarme de ese modo ―Bankotsu se levantó de la cama. Tenía el torso descubierto y se dirigió al aguamanil que estaba sobre la mesada, para mojarse la cara.
―Pues alguien tiene que hacerlo ¿Cómo pudiste decirle cosas tan horribles a la señorita Rawlins?
Bankotsu se volteó.
El tono de Miroku era demasiado irrespetuoso. Aunque él fuera su mano derecha, siempre tuvieron claro quién era el amo y el sirviente.
―Por nuestra amistad anterior, te disculparé. Pero no permitiré que se vuelvan a repetir estas fanfarronadas ―advirtió el conde de Winchester.
Bankotsu iba a buscar su camisa que estaba en el suelo, pero antes de agacharse, Miroku se le acercó y le propinó un puñetazo que lo arrojó al suelo.
Bankotsu, en el suelo, sintió la línea de sangre escurrirse de su labio.
Le había tomado desprevenido, pero él no iba a quedarse quieto, así que se levantó para devolver el golpe a Miroku.
Ambos hombres comenzaron una pelea en la habitación.
Pero Miroku, mientras esquivaba y daba otros golpes, aprovechaba para decir lo que quería.
―Ella es la mujer más buena que conozco y mira lo que le haces ¿acaso crees que ella se casa por elección?
Bankotsu lo cogió por la solapa y lo apretó por la pared.
― ¡Nadie te dijo que te metieras en mis asuntos!
―! ¡Pues alguien tiene que decírtelo! ¿sabes quién vino aquí más temprano en la mañana?
Bankotsu le lanzó una mirada interrogante.
―La prima de la señorita Rawlins vino a buscarte.
Al oír eso, Bankotsu soltó a Miroku.
― ¿Qué quería…?
―Ella se va a ir a Bath a esperar la boda, una que ella no eligió y que se vio obligada a tomar, por presión de su padre ―refirió Miroku, con una severa mirada hacia Bankotsu.
Bankotsu pestañeó confuso.
―Podía negarse si quería ―agregó Bankotsu, dándole la espalda a Miroku―. ¿Qué tiene que ver conmigo?
―Tiene mucho que ver, pedazo de imbécil ―expuso el hombre―. ¿Qué no te diste cuenta que esa mujer está enamorada de ti?, y tú como buen patán, en vez de salvarla de aquella boda ridícula, la empujaste aún más a ella ¿te parece a ti que así se comporta un hombre de verdad?
Bankotsu giró sorprendido al oír aquello.
Fue como si alguien le arrojara un cubo de agua fría.
Kagome ¿estaba enamorada de él?
¿Y que hizo él?
La última vez que la vio, la pisoteó de tal forma, acusándola sobre el asunto de Inuyasha.
Era la primera vez que se comportaba de forma tan tonta.
Bankotsu no era así ¿Cómo fue capaz de perder los estribos de esa forma?
El Demonio se dejó caer en la silla, relacionando las imágenes y las situaciones. Fue como si una claridad se hubiera apoderado de él, una que necesitó que Miroku lo zarandeara para entender.
Él perdió los papeles frente a Kagome, por una sola razón.
Estaba celoso, como nunca antes lo había estado.
Se limpió la sangre que aún se escurría de su boca.
De algún modo, cierta paz se apoderó de él al saberse liberado de admitir sus celos por Kagome.
No entendía como algo así le pudo haber pasado.
Ella no era en absoluto el tipo de mujer que solía gustarle ¿Cómo es que alcanzó a albergar tales sentimientos?
Si la prima de Kagome vino, es porque estaba preocupada por ella.
Y ese desgraciado de Miroku ya sabía que él sentía algo por Kagome y lo único que se le ocurrió fue golpearlo para espabilarlo.
Bankotsu se levantó.
Parecía otro hombre.
― ¿Dónde está Kagome, ahora? ―le preguntó a Miroku, quien sonrió al oírle.
―Si no están en Rawson House, estarán por marcharse a Bath, donde ella se piensa internar hasta la celebración de la boda.
― ¿Qué sabes del paradero de Inuyasha?
―Fue visto en compañía de su amante francesa, aquella cantante de poca monta.
Bankotsu tenía tanto que agradecer a Miroku, quien no necesita recibir una orden para saber lo que debía hacer.
Se puso la camisa y volteó a ver a Miroku.
―Ya sé lo que debo hacer.
―No te preocupes, Hiten y yo estaremos alertas por cualquier movimiento de Lord Archer.
Bankotsu le hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza.
Lo cierto es que Miroku acababa de salvarlo, haciéndolo descubrir sus propios sentimientos.
―Ordena que ensillen mi caballo.
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Obtener el permiso del duque de Gloucester no fue difícil.
Además de la tensión habitual, había cierta incomodidad en el ambiente por el abierto desdén que Kagome mostraba a su futuro matrimonio.
Y aparentemente aquella tirantez se trasladó a sus propios hermanos, quienes, en los últimos días, ya no le gastaban tantas bromas.
Kagome sabía que la marcha a Bath, solo serían unas pequeñas vacaciones antes de su enclaustramiento por parte de su futuro esposo.
Sango pidió permiso a su familia y la acompañaba.
Se dispuso un sequito muy pequeño compuesto del cochero, del pequeño Matty quien no quiso despegarse de su ama y un lacayo para la procesión a Bath.
No necesitaban más, ya la casa de verano fue informada de la llegada de la hija menor del duque y ya prepararon su llegada.
Desde que subió al carruaje, Kagome permanecía silenciosa.
Habia traído una bolsa con sus enseres para bordar, así que cada tanto sacaba la labor para distraerse. Estaba bordando un nuevo pañuelo.
Sango, silenciosa como su prima, la miraba cada tanto de reojo, y acompañaba también con otro brocado. No tenía nada más que acotar, ella ya había hecho su parte hablando con el hombre de confianza del Demonio.
Aunque ese hombre no correspondiese los sentimientos de su prima, al menos se acercaría a ella como amigo, con una sincera disculpa y eso ayudaría a aligerar el corazón de Kagome.
Kagome pasaba las puntadas, y lo hacía por mera inercia, porque ya había oscurecido y no tenían luz natural, salvo la de la lamparilla que tenían en el habitáculo.
Afuera, el sonido de los cascos de caballos que la llevaban, era lo único que se podía oír y para Kagome era una bendición, porque con eso, evitaba oírse sus propios sentimientos.
Lo único que anhelaba era llegar a Bath, encerrarse en la habitación y hundirse en su propia miseria.
En eso la voz de Matty y el otro lacayo la alertaron.
― ¡Apresure la marcha!
― ¿Qué ocurre? ―preguntó Sango
Kagome levantó la mirada.
―Quizá vieron algún animal salvaje.
Sango movió la cortina para preguntar.
― ¿Por qué tanto alboroto?
Fue allí que ambas primas percibieron lo mismo que Matty y los demás.
El sonido inequívoco del trotón de un caballo.
― ¡Nos está siguiendo! ―gritó el lacayo, quien se había estirado para ver en la oscuridad del vehículo en movimiento―. ¡Más prisa!
El cochero y Matty comenzaron a presionar a los caballos para que aumentaran la velocidad.
Las dos mujeres se asustaron.
¿Podría ser un bandolero de los caminos?
Sango apretó la mano de Kagome, quien soltó su labor de brocado.
Fue mala idea hacer un viaje sin descanso.
¿Su tozudez los estaba poniendo en peligro a todos?
Pero un grito se oyó claramente.
―! Kagome!
Las mujeres pestañearon confusas.
―Creo haber oído tu nombre…
― ¡Es un caballo con un jinete en solitario, pero no puedo distinguirlo de la oscuridad! ―informó Matty.
Un segundo grito se oyó aún mejor.
―! Kagome, deténgase! ¡No pretenda matarse de esta forma!
El rostro de Kagome se paralizó.
Ella reconocía la voz del jinete que los perseguía con apremio.
―Es él…―murmuró Kagome
― ¿Deberíamos quedarnos? ―preguntó Sango
Pero Kagome aún tenía fresca la imagen de él, con aquellos crueles sermones, así que negó con la cabeza.
Pero el persistente jinete también estaba exigiendo a su caballo y se acercaba.
Volvió a gritar.
― ¡Deténgase, nunca me perdonaré si se mata de esta forma! ¡necesito hablar con usted!
― ¡Es el conde de Winchester! ―fue el turno de Matty de reconocerlo, quien finalmente pudo distinguir al hombre que los seguía.
Pero Kagome era presa de un entumecimiento y los demás no podían parar la loca carrera del carruaje sin su orden.
Bankotsu, a bordo del caballo, ya estaba prácticamente cerca de la ventana y hubiera metido la mano por ella para sacar a Kagome por la fuerza, de no ser por el grito de susto del cochero.
Se había roto una brida y el hombre, quien no tenía tanta experiencia en carruajes, perdió el control.
Matty, el niño asustado intentó manejarlo, pero sus escasas fuerzas no podrían sostener la otra brida.
― ¡Se ha roto una rienda y no puedo conducir con una sola!
― ¡No puedo sostenerlo! ―gritó Matty.
La oscuridad y la galopada incesante e incontrolable era desesperante.
Kagome pareció despertar de su parálisis, y se horrorizó.
Habia puesto en peligro a todos por su tontería.
Pero en un gesto rápido, Bankotsu, quien cabalgaba a lado, hizo un movimiento veloz, saltando de su yegua hacia el carruaje y le quitó la única rienda al pobre de Matty.
La situación era desesperante, pero Bankotsu haciendo uso de su fuerza y su autocontrol, luego de varios segundos exasperantes, logró dominar finalmente la situación y en un costoso ajetreo, aminoró la marcha del carruaje, haciendo que se detuviera.
― ¡Es usted fantástico, Lord Culpeper! ―la voz de Matty fue la primera que se oyó
― ¡Le debemos la vida, milord! ―las voces indistintas del lacayo y del cochero siguieron los agradecimientos.
Bankotsu, aun en la punta, seguía portando la adrenalina del momento.
Al cabo de un par de minutos que parecieron eternos, la puertilla del carruaje se abrió lentamente y las dos mujeres descendieron.
Sango, estaba temblorosa y Kagome estaba pálida, pero, aun así, caminó hacia el frente, donde Bankotsu aún seguía sentado al mando.
La muchacha había vivido minutos de terror y fue Bankotsu, quien, haciendo uso de su temple y valor, los salvó de un accidente.
Intentó controlar las lágrimas que amenazaban sus ojos.
Y fue ahí que lo vio.
El Demonio estaba allí, y bajó enseguida al verla.
Kagome no se atrevió a rechazarle.
Bankotsu la miraba con ojos extraños para ella.
― ¿Acaso perdió el juicio? ¿Por qué no detuvo el coche?
Sango, quien estaba haciendo asistida por Matty, hizo un gesto a los otros para alejarse y darles espacio a esos dos.
La joven entendió que allí había algo más, donde los terceros eran extraños a eso.
Kagome, quien había estado aliviada de verlo, a pesar de sentirse culpable, no podía dejar ir su orgullo.
― ¿Y porque me siguió? ¡Creí que era un asalta caminos!
Bankotsu se le acercó, sus ojos adquirieron un tinte cristalizado y la tomó de los hombros.
― ¡Porque me preocupaba que se fuera y no volviera a verla nunca! ―exclamó el hombre, haciendo que ella quedara anonada por la declaración―. ¡La fui a buscar a Rawson House, y cuando me dijeron que se marchó a Bath, me desesperé tanto! ¿Por qué insiste en hacer cosas estúpidas?
Aunque el zarandeo de Bankotsu no era fuerte, tampoco era tierno. Era una movida desesperada y Kagome lo sintió así.
Hizo una sonrisilla irónica.
― ¿Acaso teme perder la sirvienta que le escribía cartas? ―ella se deshizo del agarre, pero él volvió a cogerla de los hombros, decidido.
― ¡Temo perder a la mujer, por cuya culpa, me estoy volviendo un tonto sin remedio!
―No le entiendo…
― ¿¡Que es lo que no entiende!? ―bramó él―. ¡Estoy enamorado de usted, como uno de esos galanes bobos de esas novelas ridículas que suele leer!
El rostro de Kagome se volvió blanco al oír eso.
Bankotsu, con la mirada cristalizada y viendo que ella no reaccionaba, siguió con su declaración, asegurándose de apretar los hombros de la muchacha.
―No debí haberle gritado esas cosas horribles ¡pero usted se lo buscó, poniéndome celoso con ese palurdo de Inuyasha! ―las manos de Bankotsu bajaron hacia los brazos de Kagome―. He visto cada cosa que ha hecho desde que la conocí. Su bondad, sus bordados y su amabilidad para con un villano como yo ¡seguro lo hizo a propósito, porque ahora no puedo dejar de pensar en usted!
Kagome oía embelesada, ya que era incapaz de decir una sola palabra, ya que creía estar en un sueño.
Bankotsu siguió hablando.
―Y cuando me enteré de su boda con Inuyasha ¡Casi me vuelvo loco! ¡No puedo tolerar la idea de ningún hombre cerca suyo! Ninguno, excepto yo ―él cogió sus manos y a pesar de sus esfuerzos, un par de lágrimas se le habían escurrido―. Siempre le decía, que yo no persigo chicas, ya que ellas me persiguen a mí…pero quiero que sepa que a usted si la perseguiré.
En un gesto insoportable de evitar, él llevó las manos trémulas de Kagome hacia sus labios para besarlas.
Kagome, quien nunca antes había soñado que alguien le dijera tales palabras, con tal pasión, también lagrimeaba de la emoción.
Estaban en sitio desierto, oscuro, con sus pobres acompañantes en una esquina intentando darles espacio, pero Kagome sentía que nada nunca sería un sitio tan perfecto como ése.
Y tener el rostro del hombre amado tan cerca, que le prodigaba besos ardientes en las manos luego de declararle su amor.
Él volvió a dirigirse sus enormes ojos azules, expectantes.
― ¡Diga algo! ¡al menos recháceme con vehemencia!
Pero Kagome ya no pudo más, y llevó sus brazos al cuello de Bankotsu para atraerlo hacia ella y besarlo con ganas. Era toda la respuesta que le nacía dar.
Que él se diera cuenta con aquel beso, lo que ella sentía por él.
Bankotsu se entregó, casi enloquecido a aquel contacto y también la abrazó.
Cuando cortaron el contacto, sus frentes seguían unidas.
―Si me rompe el corazón, juro que le quitaré el corazón y me lo comeré en la cena ―murmuró ella.
Él sonrió, pero aun su cuerpo estaba preso de la agitación reciente.
―No vaya a Bath…―pidió él, volviendo a coger sus manos para apretarlas―. Sea mi esposa y quédese conmigo.
Kagome comenzó a lagrimear. Sólo ese hombre podía pedirle matrimonio de esa forma.
―Será complicado…
―No me importa.
Ella sonrió con toda sinceridad.
―Entonces me casaré con usted, condenado demonio.
CONTINUARÁ
Gracias hermanas, solo restan dos capítulos.
BESOTES PAULA, NEFFER, CONEJA, NENA TAISHO, MANU (Muchos éxitos con el fic), LUCYP0411, YULI Y NETTE SAN.
Perdon por los errores y a veces me como palabras y no me doy cuenta.
Ojalá pueda sacar el capítulo 14 entre el domingo y el lunes.
Paola.
