-¡Por fin!

Ron se puso de pie con el sonido de la campana que indicaba el final de las clases. Juntó sus cosas y se puso en marcha.

Harry y Hermione fueron con él fuera del aula de Transformaciones, junto al tumulto de alumnos de séptimo que estaban dejando lo que sería la última clase de Hogwarts que tuvieran en sus vidas.

-Este es el momento que hemos estado esperando por siete largos años -decía Ron, sin dejar de sonreír. Se sentía el olor del verano, de los terrenos exteriores esperándolos para ir a descansar. Había un radiante sol entrando por las ventanas y todos los alumnos del colegio, andando por los pasillos, parecían igual de felices que ellos.

-Me siento tan nerviosa, sin embargo -comentó Hermione, que abrazaba aun los libros con los que había dormido las últimas dos semanas, en las que habían rendido los ÉXTASIS-. No puedo creer que ya terminó. Ya rendimos los ÉXTASIS, y hasta que nos envíen las calificaciones no habrá nada que hacer de nuestras vidas. ¿Qué vamos a hacer ahora?

Parecía al borde del colapso, pero Ron no podía sentirse más diferente.

-Pues yo disfrutaré de un merecido descanso -dijo, encantado de la vida-. Y yo que había pensado que las MHB habían sido brutales, pero esto ha sido la muerte.

Harry parecía un punto intermedio entre ambos. No estaba al borde del colapso como Hermione, pero tampoco tan contento como Ron. La idea de dejar Hogwarts para siempre en solo una semana se le hacía terriblemente nostálgica.

-Empezaré por disfrutar del resto de la tarde acostado en el césped, tomando sol junto al lago -relataba Ron, con una sonrisa algo tonta en la cara-. Luego quizás vaya por mi escoba y…

-Señor Weasley, esos planes no parecen corresponderse con lo que se espera de un Premio Anual como usted -dijo entonces una voz.

McGonagall se acercaba a pasos largos tras ellos.

-¿Cómo dice, profesora?

-Pues ya me oyó, señor Weasley. Necesito que patrulle el séptimo piso, el fin de curso ha revolucionado a muchos alumnos de Gryffindor y Ravenclaw, que han estado haciendo toda clase de travesuras por los pasillos.

-Pues a los de Ravenclaw que los castigue Padma, ella es su Premio Anual -protestó él.

-Señor Weasley, le recuerdo que aun tengo una semana para quitarle ese Premio Anual.

-¡No, profesora, por favor! ¡No puedo perder el Premio Anual! ¡Es el único motivo por el que mis padres han pedido el préstamo en Gringotts para mi futura casa! ¡Me lo quitarán, o se lo darán a Fred!

-Pues entonces, señor Weasley, vaya a patrullar el séptimo piso y a instruir a sus Prefectos. Se supone que usted es su líder, y los tiene completamente abandonados.

Ron lanzó un suspiro de fastidio y revoleó los ojos a Harry y Hermione.

-Sí, profesora. Nos vemos en la cena -les murmuró a ellos en voz baja, antes de marcharse.

-¡Y espero no encontrarlo besuqueándose con la señorita Brown por los pasillos otra vez, ¿me oye?! -le gritó McGonagall por la espalda, muy seria, negando con la cabeza con reproche.

Ron hizo un gesto con la mano, de espaldas a ellos, y despareció escaleras arriba. McGonagall se marchó de allí, enfadada y aun negando con la cabeza.

-¿Vamos a tomar el sol junto al lago? -le preguntó Harry a Hermione, sonriente.

-Sí, vamos -dijo ella, enfilando escaleras abajo, aun nerviosa-. ¿Crees que McGonagall pueda hablar con los examinadores para que me envíen mis ÉXTASIS antes del verano? ¡Ay, no, mejor no! ¿Y si obtuve un Troll en Defensa Contra las Artes Oscuras? Estoy segura de que no obtuve ni un mísero Excede las Expectativas. Le dije a Snape hace semanas que no habíamos repasado lo suficiente sobre encantamientos mudos aplicados en…

No se calló por un segundo hasta que llegaron al lago.

Afuera, en los terrenos del castillo, estaba repleto de estudiantes por doquier. Hacía calor y todos descansaban sobre el césped, mirando el cielo azul, compartiendo cervezas de manteca o volando en escobas.

Se sentaron solos bajo el árbol al que solían asistir los días de calor como aquel, al pie del lago. Durante todo ese tiempo Hermione estuvo hablando sobre los ÉXTASIS y sobre cómo estaba convencida de que los había reprobado todos. Al principio de la charla parecía tener bastante confianza en que al menos le había ido bien en Aritmancia, pero para cuando el sol empezaba a bajar y a esconderse tras los árboles del Bosque Prohibido, no le cabían dudas de que iban a ponerle un Desastroso.

Finalmente, cuando estaba oscureciendo y los alumnos regresaban al interior del castillo, el tema de conversación dejó de ser los ÉXTASIS. Se habían puesto a caminar alrededor del lago, dándole la vuelta, y mientras andaban lado a lado y observaban la tranquila superficie del agua y a los pájaros volando sobre ella, se pusieron a hablar sobre la vida post-Hogwarts.

-Pues yo debería irme de la casa de Sirius -le dijo Harry, pensativo-. Estos últimos veranos viviendo con él, como hombre libre y con su nombre limpio, han sido fantásticos. Pero creo que ya es hora de independizarme, de buscarme un lugar propio.

Ella asintió.

-Sí, yo también creo que debo irme de lo de mis padres. Pero las casas no están nada baratas. Quizás podría rentar un piso en el Callejón Diagon. ¿Qué opinas?

-Sí, no es mala idea. También lo pensé, ¿sabes? Podríamos ser vecinos.

Se sonrieron, mientras charlaban sobre posibles empleos, además de la opción más obvia, que era el Ministerio de la Magia.

-Estoy aterrada, para serte honesta -le dijo ella, cuando ya daban la segunda vuelta al lago y los últimos rayos del sol dorado hacían brillar la superficie de este como si estuviera reflejando un enorme tesoro de oro leprechaun.

-¿Por qué?

-Todos estos años en Hogwarts… La verdad, creo que si me ha ido bien con los estudios ha sido solo porque estaba desesperada por encajar, por adaptarme al mundo mágico, que antes no conocía.

-Vamos, Hermione. Estás siendo demasiado modesta. Todos saben que eres la más brillante de todos los…

-¡No estoy siendo modesta! -insistió ella-. De verdad, Harry. Estaba aterrada de no adaptarme, de no encajar. Por eso me he esforzado tanto. Pero ahora estoy cansada, estoy agotada de todo este estudio… No sé si tenga fuerzas para empezar de nuevo, en otra parte del mundo mágico. No creo que mi suerte vaya a ser la misma de ahora en más. No creo que vaya a triunfar en ningún empleo ni en nada que…

Harry la interrumpió también en ese punto.

-Hermione, tranquila, lo harás bien.

Se detuvieron, y una brisa veraniega les alborotó el cabello. Ya habían acabado esa vuelta al lago en la parte de atrás del castillo, donde estaba el patio empedrado con la fuente en medio que lanzaba un chorro de agua hacia el cielo, cada vez más oscuro. No quedaba nadie allí, más que ellos. El débil sol que quedaba iluminaba el rostro de Hermione y sus ojos en dorado, así como su cabello.

Se miraron a los ojos un segundo, y luego ambos desviaron la mirada rápidamente. Harry se quedó mirando la fuente, mientras que Hermione se metía las manos en los bolsillos, encogiendo un poco los hombros por el fresco del anochecer.

-¿Recuerdas este lugar? -susurró él, observando cómo la fuente lanzaba su chorro de agua. Era una bella fuente empedrada con varias roturas y maleza creciendo en sus bordes.

-¿Qué si recuerdo el patio de Hogwarts, donde vivimos desde hace siete años? -ironizó ella, con una risita que denotó algo de nervios. Harry pudo decir que había entendido lo que verdaderamente quiso decir.

Fue más allá:

-Tienes razón, me expresé mal. Lo que quise decir es… Que si recuerdas lo que pasó en este lugar…

Ella entornó los ojos mientras miraba hacia el horizonte, como si estuviera muy concentrada en el crepúsculo.

-…Hace un año.

Hermione no contestó de inmediato. Su cabello ondeó con la brisa, mientras ella evitaba mirarlo.

Por fin, se volvió hacia él y sus ojos encontraron los suyos.

-Claro que lo recuerdo.

-¿Has pensado al respecto?

-¿Cómo que si he pensado al respecto? No hay nada que pensar.

-Dijiste que…

-Harry, ya déjalo.

-No puedo dejarlo.

-Sí, claro que puedes.

-No es algo fácil de olvidar.

-Yo lo he olvidado -Hermione se encogió de hombros, como restándole importancia.

-¿De verdad? -Harry parecía dolido.

Ella lo miró de forma rápida y luego apartó la vista, rascándose un brazo.

-Si -dijo con una mueca, notoriamente nerviosa pero aparentando desinterés-. No es importante. ¿Qué fue? Algo que pasó una noche y ya.

Harry la miraba fijamente.

-Fue mucho más que eso para mí. Nos besamos. Aquí mismo, en este lugar…

-¡Baja la voz! -Hermione miró alrededor, como temiendo que alguien oyera.

-¿Te avergüenza?

-¡No! ¿Por qué habría de avergonzarme? Solo fue una estupidez. Habíamos bebido un montón. Hagrid no dejaba de abrir botellas para brindar…

-Yo no he hecho nada que no quisiera hacer, más allá de que hayamos bebido o no…

-No he dicho que yo no haya querido…

-¡Entones quisiste!

Hermione lo miró con seriedad.

-Por supuesto que quise, pero fue solo… Bah, eso no importa. Ya pasó. Fue hace mucho tiempo.

Harry se acercó un paso hacia ella, y Hermione retrocedió. Lucía asustada.

-A mí sí me importa. No fue una estupidez para mí. Fue algo muy importante.

-Pues es muy lindo de tu parte decir eso, Harry, pero no sé qué quieres que te diga.

-Solo quiero que me digas algo que me ayude a darle un cierre a esto, es decir… Lo que intento decir…

-Sí, entiendo lo que quieres decir.

-¿Y entonces?

-No lo sé.

-¿No lo sabes?

-No.

-¿Te gusta otro chico?

-¡Claro que no!

-¿No te gusto?

-¡No es eso!

-¿Entonces qué es?

-¡No lo sé, Harry! -Hermione lucía angustiada-. Eres mi amigo. Hemos sido mejores amigos toda la vida. Lo que pasó esa noche fue muy pero muy raro. No sé qué pensar al respecto.

-Pues ha pasado un año para que pensaras al respecto, Hermione. Solo quiero que me digas que fue un error, que no quisiste hacerlo, que me pidas que deje de molestarte y que me olvide del tema, y eso haré. Te lo prometo. Pero si no me dices nada, no podré seguir adelante. Hermione, yo sí he pensado al respecto. Y mucho. Cada día de mi vida. Cada noche, cuando me acuesto a dormir, no puedo evitar recordar ese momento…

-Ay, Harry… -dijo ella, tapándose la boca con una mano y muy angustiada.

-¡Es cierto! Y no me avergüenza decirlo. Solo quiero que me ayudes a hacer algo con esto que me está pasando. He estado un año entero esperándote, esperando a que me digas algo, algo que me ayude a pensar en otra cosa. Dijiste que tenías que pensarlo, y yo esperé. Te esperé todo este tiempo, Hermione, y no he podido dejar de pensar en ti nunca, en ningún momento…

Hermione ahora lo miraba fijamente con la boca entreabierta, y una lágrima caía por su rostro.

-Así que dime, por favor, qué es lo que sientes -finalizó Harry, en una total desesperación-. Dímelo, por favor. Por favor…

Hermione siguió mirándolo fijamente, claramente enternecida.

Extendió una mano y le acarició una mejilla, mirándolo con dulzura.

-Creo que finalmente aprendiste a tratar con mujeres, Harry.

Él apenas sonrió un poco. Estaba temblando de pies a cabeza.

-Yo… -Hermione cerró los ojos unos instantes y bajó la mano con la que lo había acariciado. Luego abrió los ojos nuevamente y lo observó en la oscuridad. El último rayo de sol había desaparecido en el cielo, y ahora era de noche.

Harry esperó, en total silencio.

-Yo tengo miedo, Harry -dijo en voz muy baja.

Él arrugó el entrecejo, confundido.

-¿De qué tienes miedo?

-No eres un chico cualquiera, Harry, que haya conocido por ahí y con quien haya pasado algo. No eres… No eres Víctor, ¿entiendes? Si saliera mal…

Harry se acercó a ella y le tomó las dos manos. Ambos temblaban ahora.

-¿Eso es? ¿Temes que nuestra relación se arruine? Hermione… -Harry trató de poner en palabras sus pensamientos y emociones, lo cual era extremadamente difícil para él-. Sé que no te sientes preparada para dejar Hogwarts, que piensas que todo te saldrá mal, que sientes que ya no podrás ser una bruja tan buena como lo has sido en Hogwarts, y todo lo que me dijiste… Y eso, todo eso… Son solo miedos, te lo aseguro. Sé que siempre seguirás siendo la bruja más brillante que haya conocido. Y que todo te saldrá bien, y que tendrás un futuro brillante. De verdad, cualquiera que te conozca lo sabe. Lo que intento decir… Es que no tienes que temer. Nada. Todo va a estar bien… Y también lo estará entre nosotros, pase lo que pase.

Sintió que ella apretaba sus manos con fuerza. Estaba respirando con mucha dificultad, mientras lo observaba con los ojos muy abiertos y el rastro de las lágrimas aun en su rostro.

-¿Me lo prometes?

Harry la miró de lleno en sus ojos café y en su respuesta no hubo nada más que honestidad absoluta.

-Sí, te lo prometo.

Ambos se inclinaron hacia adelante, tomaron la cara del otro entre sus manos y empezaron a besarse.

La puerta del Invernadero 7 se abrió de par en par instantes después y ambos entraron en él a los besos, de forma loca y apasionada. Cerraron la puerta de cristal de un golpe y anduvieron de espaldas hacia la enorme y larga mesa del centro de la sala.

Estaba totalmente oscuro allí, siendo ya completamente de noche. Tras los cristales del enorme invernadero se veía el castillo a lo lejos con sus luces encendidas, pero desde los terrenos exteriores no se podía ver hacia allí adentro, ya que estaba demasiado oscuro. Estaban completamente solos y ocultos allí.

Harry lanzó de un manotazo todas las macetas que había en ese extremo de la mesa al suelo. Estas cayeron pesadamente y se hicieron añicos, desparramando tierra y plantas mágicas todo a sus pies.

Hermione se apartó un poco de él para observar el desastre.

-Acabas de romper varias plantas de asfódelo -dijo en voz baja, aun abrazándolo por los hombros.

Harry se asustó un poco, pensando que lo reprendería.

-Al recibir un fuerte impacto, el asfódelo libera una sustancia que al ser inhalada puede provocar ciertos efectos en magos y brujas.

-¿Qué clase de efectos? -preguntó Harry, preocupado.

-Relajantes y estimulantes, estos últimos más que nada, de acuerdo a la mayoría de los herbólogos -dijo ella a toda velocidad-. Aunque, al ser tan utilizadas en pociones herbovitalizantes, muchos creen que…

Harry la hizo callar a besos, poniendo una mano detrás de su cabeza mientras apretaba sus labios contra los suyos.

Cayeron juntos sobre la mesa, uno sobre el otro, besándose con locura. Harry prácticamente estaba comiéndole la boca a besos, sin poder contener una urgencia que brotaba desde el fondo de su alma.

Empezaron a moverse un poco, él encima de ella, con la tela de sus túnicas rozándose entre sí. Hermione abrió un poco las piernas y permitió que Harry apoyara su duro miembro contra ella a través de la ropa. Le apretó los brazos con fuerza mientras lo besaba con mucho entusiasmo, y levantó un poco la pelvis para sentir más el roce de su miembro.

Harry empezó a besarle una oreja. Ella tenía la cabeza de lado, con los ojos cerrados, y sus manos desesperadas recorrían el pecho de Harry, que se sentía tonificado y fuerte. A su vez, Harry disfrutaba del roce de su pene contra ella, le apretaba los pechos a través de las túnicas y apretaba con los labios el lóbulo de su oreja, jugando con él.

Hermione lo hizo girar. Harry quedó boca arriba, y ella ahora encima de él. Se acomodó el cabello tras las orejas y empezó a besarle el cuello a él, con las piernas abiertas en torno a su cuerpo.

Harry la sujetó del trasero. Se lo acarició mientras sentía el calor del aliento de Hermione en su cuello, y su saliva encima de su piel. Sentía un poco de cosquillas, pero se dejó llevar.

Hermione bajó de la mesa. Había ido casi hasta los pies de Harry. Empezó a levantarle la túnica, revelando las piernas de Harry, hasta que subió lo suficiente para su bóxer negro quedara al aire.

Harry se quedó mirando las estrellas en el cielo a través del techo de vidrio, mientras sentía la mano de Hermione cerrarse en torno a su pene a través de la tela de su ropa interior, y apretarlo. Sintió que las dos manos de la chica tiraban del elástico del bóxer para bajarlo, y luego sintió el aire y la brisa del invernadero en su miembro, duro como una roca, que había escapado del bóxer y ahora se balanceaba un poco en el aire.

Hermione empezó a masturbarlo. Su mano subía y bajaba los pliegues de piel en torno a su glande. Con más rapidez, su mano se movía frenéticamente sobre el pene de Harry. Luego Harry bajó la mirada un poco y vio que la chica lo diría hacia su boca…

Harry se mordió los labios, sintiendo un goce infinito, al sentir la boca de Hermione envolviendo su glande y chupándolo. Su lengua le recorrió toda la cabeza del pene, y la calidez de su saliva estaba ahora en su miembro erecto, mientras Hermione lo succionaba con ganas.

Hermione se lo chupó varios minutos, en los que Harry se aferraba a los bordes de la mesa con fuerza. Luego de eso, terminó de quitarle los bóxers y el resto de la túnica, dejándolo completamente desnudo, boca arriba en la mesa. Luego ella misma se quitó la ropa, a toda velocidad, y se subió nuevamente sobre él.

Volvieron a besarse con locura. El cabello de Hermione caía sobre su cara. Harry le acariciaba la espalda, ahora desnuda, y bajaba las manos hasta sus glúteos. Se los apretó y luego los soltó. Sintió el roce de sus senos cayendo sobre su pecho. Hermione, sobre él, se movía un poco, mientras se besaban, y Harry sentía su pene rozando contra ella, contra su abdomen, sus piernas y su pelvis, pero aún no estaban haciéndolo.

Hermione puso una pierna a cada lado de Harry, arqueando un poco el trasero, y mientras lo besaba en los labios y en la cara fue bajando la cintura, buscando su pene. Finalmente lo sintió, erecto contra un espacio bajo su ombligo. Subió un poco su cuerpo, arqueando la espalda, hasta que la punta le tocó la piel exterior de su vagina. Luego aplicó un poco de presión hacia abajo, y la humedad que emanaba de ella provocó que el pene de Harry se deslizara con suavidad dentro suyo, abriéndola lentamente…

-Jamás hice esto antes -le susurró ella en un agitado hilo de voz, al oído.

-Yo tampoco -le respondió Harry, que la abrazaba muy fuerte. Le apartó un mechón de cabello y la miró a los ojos en la semi-oscuridad. Sintió que quería decirle algo más, algo romántico y hermoso, pero no podía pensar en nada. Seguía siendo malísimo con cosas "de chicas", y en el fondo era consciente de que Hermione lo sabía.

Mientras ella lo miraba fijamente, ambos supieron que Hermione entendía lo que estaba pensando Harry, y no era importante en absoluto. Estaban tan conectados que podían leerse la mente, por lo que no hacían falta palabras.

Empezaron a penetrarse. A medida que Harry la abría, y Hermione hacía una mueca de dolor, un poco de sangre salió de ella. Pero no se detuvieron, y continuaron aumentando el ritmo y la velocidad. Se abrazaron con fuerza y se besaron. El pene de Harry entró y salió mientras ella, encima suyo, subía y bajaba la pelvis, Harry subiendo un poco para acompañar el ritmo.

Hermione controló la mayor parte de la situación, estando ella arriba, haciéndolo con la velocidad suficiente para disfrutarlo sin sentir tanto dolor. De a poco, se dio cuenta que este desaparecía y todo pasaba a ser goce. Empezó a disfrutar del roce de Harry dentro de ella, de cómo su humedad envolvía la carne de Harry, que tocaba cada parte de su interior…

Se besaron y lo hicieron durante un largo rato, hasta que era tan de noche que las luces distantes del castillo empezaron a apagarse. Cuando terminaron, se relajaron y se quedaron allí juntos, abrazados sobre la mesa, acariciándose y mirándose a los ojos.

-Ha estado bien -dijo ella, sonriéndole.

Harry estaba a punto de contestarle, con una sonrisa algo tonta en el rostro, cuando oyeron algo.

Ambos se incorporaron de un salto, asustados.

Había gente fuera del invernadero. Alumnos. Estaban bastante lejos, en el patio, charlando de forma distraída.

-¿Crees que puedan vernos desde allí? -susurró Hermione.

-No, no lo creo. Están bastante lejos.

Salieron de la mesa y empezaron a vestirse.

-Estás lleno de tierra -dijo ella, riendo.

-Oh…

-Deja que te limpie -Hermione movió su varita para limpiar la tierra en la espalda de Harry. Se dieron cuenta de que la mesa donde habían estado haciéndolo estaba llena de tierra de las macetas.

-Espera, tú también tienes -con una risita él también, Harry limpió con su varita la tierra del cuerpo desnudo de Hermione.

-Toma, esto es tuyo -Hermione le pasó su bóxer, y luego Harry a ella su sostén. Se vistieron, y una vez hecho esto trataron de ordenar el desastre con las macetas rotas de asfódelo tanto como fuera posible.

Lograron reparar las macetas mediante magia y colocar las plantas en ellas sobre la mesa otra vez. Limpiaron el suelo tanto como pudieron, y anduvieron hasta la puerta de cristal del Invernadero 7.

-Espera, salgamos por turnos -sugirió Hermione, mirando a través del cristal a los chicos que se habían quedado cerca de la fuente. Eran chicos de séptimo de Slytherin. Habían encendido cigarrillos y fumaban en la noche, allí solos, mientras charlaban.

-Buena idea. Ve tú primero.

Hermione se volvió para despedirse.

-Recuerda tu promesa -le susurró en voz baja, mientras se ponía en puntas de pie para besarlo en los labios.

-Lo haré -le respondió él, devolviéndole el beso. Se apretaron las manos con fuerza, se miraron a los ojos una vez más y ella salió del invernadero tratando de aparentar toda la naturalidad posible.

Harry se quedó observando a través de los cristales cómo ella subía la explanada hacia el castillo, dándole la vuelta hacia la parte del frente, para evitar a los de Slytherin. Ellos no parecieron verla. Después de todo, estaban bastante lejos.

Harry aguardó allí. Esperaría un largo rato, quizás hasta que estos se hubieran ido, para salir él.

Mientras esperaba, aun recorriendo en su mente, con mucha felicidad, todo lo que acababa de pasar, se dio cuenta de algo.

Había alguien que parecía estar observándolo desde una de las ventanas del castillo.

Harry miró hacia allí. En lo que parecía ser la ventana de algún pasillo del cuarto o quinto piso, había una chica con cabello negro mirando hacia afuera, visible en la distancia ya que había luces de velas a su alrededor iluminándola. Y miraba fijamente hacia donde estaba Harry, totalmente inmóvil.

Se dio cuenta de que era Ginny. Harry se alejó un poco de la puerta de cristal, hacia atrás, a salvo en la oscuridad del invernadero. Estaba muy lejos de allí, y estaba muy oscuro allí dentro. Era imposible que ella hubiera visto nada… ¿Verdad?

Ginny miraba fijamente hacia donde estaba él, y no movía un solo músculo. ¿Por qué hacía eso?

Algo nervioso, se apoyó contra la mesa y se quedó quieto, esperando a que ella se marchara. Ginny siguió allí, mirando en la dirección de ese invernadero, hasta que luego de lo que pareció una eternidad se dio la vuelta y se marchó.

Harry se pasó una mano por la cara. Lucía muy nervioso. Pero debía ser casualidad… Era imposible que los hubiera visto.

Se dio cuenta que los chicos de Slytherin ya no estaban. Anduvo a pasos largos hasta la puerta otra vez, comprobó que nadie estuviera mirando desde una ventana y se marchó de allí él también.