MOOSE (ALCE)
Disclaimer:
Todos los personajes pertenecen a S. Meyer; la historia es mía.
Capítulo 7
—¿Isabella? ¿Qué mierda haces tú aquí?
Angela Webber, mi compañera de clases, y el que reconocí como Ben Cheney, el amigo cantante de la banda de Edward, me miraban expectantes desde el marco de la puerta.
Santa. Mierda.
—Ángela— dije sorprendida, cuando pude recuperar mi voz—, hola. No esperaba verte.
Ella me alzó la ceja; pude ver el millar de preguntas y conclusiones formándose en su mente, pero no me dijo nada. Ella era más del tipo de atacar cuando estuviésemos solas. Ya me podía oír gimiendo de frustración; aunque ella y yo éramos unidas, no me sentía lo suficiente en confianza como para hablar con ella y contarle todos mis secretos.
—Hola— Cheney me sonrió, completamente indiferente a la sorpresa de Ángela y mi disgusto—, me llamo Ben. Edward no nos presentó ayer, yo estaba algo ocupado.
Le devolví la sonrisa lo mejor que pude.
—Hola, Ben.
Levanté la mirada, desde mi posición en la entrada podía ver la cama de Edward y que él ya se había levantado y estaba vestido. Suspiré, mentalmente aliviada. Sabía que si nos veían desnudos iban a sacar conclusiones de cosas que no habían pasado – para mi mala suerte –.
El pensamiento me llevó a darme cuenta de la ropa que traía. Inevitablemente me sonrojé.
—Mierda. Yo… mmh, ¿les parece si me esperan un poco?
Ben se encogió de hombre.
—Sí, claro.
—Bien.— Ni siquiera me molesté en ver la expresión de Ángela y cerré la puerta en sus caras. Maldita sea.
Subí corriendo las escaleras hacia el «cuarto» de Edward mientras me regañaba mentalmente. Siempre había querido tener un monoambiente pero ahora me daba cuenta de la falta de privacidad que eso incluía. Suponía que eso funcionaba para Edward, que era un chico, pero ciertamente para mí no.
Edward estaba riendo y ya tenía mis jeans y mi ropa de la noche anterior junta en una mano; también tenía una camiseta de él.
—No te rías, idiota. Prácticamente me vieron desnuda.— le siseé.
Los ojos de él se oscurecieron.
—No, no se te veía nada; si eso hubiera sido no te hubiera dejado bajar a abrir.
Lo miré mal.
—Maldito controlador.
Se rio.
—¿Ya vamos a empezar con los insultos?— le rodé los ojos—. Toma, vístete en el baño en lo que les abro. Toma una camisa mía; creo que es mejor que la tuya.
Seguía enojada con él por no avisarme pero le murmuré un «gracias» entre dientes y me metí al baño. Cuando salí y bajé las escaleras, ya muchísimo más fresca, me encontré a Edward sentado en la barra del bar y a Ángela y Ben riendo amistosamente con él. Me di cuenta de que el departamento estaba limpio; seguramente él había recogido todo antes de acostarse a dormir conmigo. Él es ordenado, pensé, anotándolo en la lista secreta de cualidades que tenía sobre Edward.
Me acerqué tímidamente a ellos, sin saber realmente que decir, y me senté al lado de Edward en uno de los bancos de la barra. No me gustaba sentirme cohibida, para mí eso era un recuerdo de guerra, pero no podía evitarlo debido a la manera abrupta en que me había encontrado con los invitados de Ed.
Afortunadamente Ángela, aunque era algo entrometida, también era una persona amable y comenzó la conversación incluyéndome.
—Bella, no sabía que conocías a Edward.— dijo.
—Sí, lo conocí hace unas semanas— pasé mi mirada entre él y Ángela—, pero no sabía que ustedes se conocían.
—Ay, pero quién no conocería a Masen, tonta.— se rio.
Alcé una ceja hacia Edward.
—¿Masen? ¿Tu apellido no es Cullen?
Edward se encogió de hombros, sin tomarle importancia.
—Masen es mi segundo nombre, a algunos en Moose les parece divertido llamarme así.
Me sorprendió mucho que Ángela supiera eso – era algo muy básico –. De repente me sentí incómoda, como si fuera una extraña en la vida de Edward. Después de todo apenas y lo conocía. Se me hacía muy fácil olvidar eso cuando estaba con él, pero este tipo de cosas me lo recordaban constantemente.
Él pareció notar eso.
—Es tonto— me dijo, tratando de reconfortarme—, en realidad no me dicen mucho así. Ni siquiera te lo señalé por eso; a veces olvido que tengo un segundo nombre.— sonrió.
—¡Tonto!— dijo Ángela, fingiendo un jadeo—. Dios, eres tan modesto, Ed— volteó a verme—. Literalmente Edward es el segundo al mando en Moose y en tan poco tiempo, todo el mundo le dice Masen.
Ángela estaba exagerando y Edward obviamente se estaba poniendo incómodo a mi lado; era obvio que no le gustaba que compartieran información de él. Él me había dicho que tenía muchos conocidos y que no los consideraba realmente sus amigos, ahora podía entender a qué se refería. Pero ¿por qué mierda Ángela estaba actuando tan exagerada? De repente ella no me parecía tan amable, se veía dispuesta a hacerme sentir mal y no entendía por qué.
Edward volteó la conversación, intentando que el tema no fuera sobre él. Miró a Ben.
—Hombre— sonrió, una sonrisa real—, creí que no vendrías. Ayer estabas que te caías de borracho, por eso ni siquiera pensé que te aparecerías.
Eso era cierto – yo misma había visto a Ben empinarse una botella de tequila como si nada – sin embargo, aquí estaba él, como si no hubiese pasado.
Ben se rio.
—Nada que un suero que no arregle.
Edward sonrió.
—Eso me imaginaba, hombre. Nunca decepcionas— le dijo, luego volteó a verme—. Bella, no te había dicho; pensé que no conocías a Ángela, pero Ben y ella son novios.
Ahora entendía por qué habían llegado juntos, aunque eso ya lo había intuido. Alcé la ceja hacia Ángela.
—No te vi en la fiesta ayer.
Ella se encogió de hombros.
—No fui. Ben sabe que odio las fiestas caseras— no pareció transcendental el hecho de que había sido la primer tocada de la banda de su novio. Me pregunté mentalmente por qué Ángela estaba actuando tan perra, ¿siempre había sido así?—. ¿Y Tanya, Edward? No la he visto.
Oh, mierda.
De repente sentí que todas las piezas encajaban en mi cabeza, cada punto con la i y cada tornillo con su tuerca. ¡Ángela era amiga de la novia de Edward! Y si no eran amigas, ciertamente se conocían, al menos lo suficiente como para preguntarle eso tan descaradamente, sabiendo – o intuyendo – que yo no estaba ahí por una visita de caridad.
Maldita sea. ¿Por qué debía ser así? ¿Y por qué de repente me estaba sintiendo ahogada como si Seattle fuera tan pequeño como Portland?
Esta vez mi incomodidad fue palpable en el ambiente e incluso el amable Ben se dio cuenta que había algo raro, pues pasaba su mirada confundida entre Ángela – que ahora no se molestaba en lanzarme dagas con los ojos – y Edward, que seguía muy calmado en su silla, imperturbable.
Bueno, si a él no le importaba a mi tampoco. Traté de recoger la tensión de mi cuerpo. Yo no había hecho nada malo.
Nada salvo prácticamente lanzarme sobre él el sillón y hacerlo fajar conmigo por aproximadamente un cuarto de hora hasta que él me tuvo que parar.
Gemí internamente. No me arrepentía de nada.
—No la he visto, Ángela.— La voz de Edward me devolvió de mis estúpidos y muy, muy calientes pensamientos. Él seguía relajado.
—Sí, eso noto.— Ella me miró mal.
¿En serio esta era la chica que la semana pasada me había pedido mis respuestas de un examen final y me había acompañado a Moose a festejar el casi fin de semestre? Ahora no lo parecía.
—¿Chicos? ¿Por qué de repente siento que hay un elefante en la habitación?— Ben seguía mirando entre nosotros confundido. Después de ponerle especial atención me di cuenta de que tenía el blanco de los ojos un poco rojo.
Casi me reí; por supuesto que ese idiota estaba drogado.
—De hecho— dijo Edward, su mandíbula estaba apretada y ahora estaba tenso. Mierda, estaba comenzando a enojarse—, no es por ser mal anfitrión, pero Bella y yo acabamos de despertar y no esperábamos visitas. Será mejor que nos veamos mañana, Ben.
Ugh. ¿En serio había aceptado prácticamente que dormimos juntos? Quería patearlo. Y besarlo.
Era obvio que no le importaba que Ángela fuera de perra chismosa con Tanya y eso me hacía sentir bien, porque entonces significaba que cumpliría su promesa y terminaría con ella – después de todo incluso si no era así ¿quién soportaría una infidelidad? Algo muy en mi interior me decía que Tanya lo haría –, pero luego estaba esa otra parte de mí que sabía que eso solo «confirmaría» que estábamos teniendo una relación bajo la suya cuando no era cierto.
Maldita sea. Todo entre Edward y yo era muy difícil y Ángela sólo había venido a alterarlo más.
—Sí, hombre— Ben se levantó de su asiento, sin estar realmente afectado por el tono duro de las palabras de Edward. Dudaba que siquiera lo hubiese notado—. No te preocupes, mañana arreglamos algo.
Edward y yo los acompaños hasta el pasillo.
—Ángela, ¿podemos hablar?— le pregunté a mi «amiga». Quería asegurarme de ver qué es lo que planeaba, al menos para saber de dónde me caería el golpe con Tanya.
Edward me miró mal cuando hablé, pero para su suerte no dijo nada. Ángela sólo asintió y la jalé por el pasillo, dejándolo a él y a Ben en la puerta del departamento, donde no podían escucharnos.
—¿Por qué estabas actuando como una auténtica perra ahí?— le siseé, enojada. Odiaba esa actitud que había tomado, intentado hacerme sentir mal frente a Edward, y yo no estaba acostumbrada a no defenderme.
—¿En serio me estás diciendo perra, Bella? ¿Mientras te acuestas con Edward Cullen?— se burló.
—Estás llena de mierda, Ángela, pero por si tanto te interesa saberlo no me acosté con él.
—Pues no parecía— se burló—. Por lo que veo jugaron a las cartas.
—Métete en tus propios asuntos, es lo único que te diré. No querrás tener problemas conmigo y lo sabes.— la amenacé. Ella sabía que yo podía ser muy buena onda, pero cuando quería podía ser también un auténtico dolor en el culo. Ahora notaba por qué había fingido amistad tanto tiempo.
Un rayo de temor cruzó por sus ojos durante un momento, pero fue remplazado por la ironía.
—Oh, conmigo no tendrás problemas, Bella, pero espera a que Tanya sepa que su noviecito se acuesta contigo. Me gustará darle la noticia.
—Siempre de perra chismosa— me reí sarcástica—, no dudé ni un segundo de ti.
Ella me miró enojada.
—No sé qué jueguito de mierda te traes con Edward Cullen, Bella, y la verdad es que no me importa un carajo, pero soy amiga de Tanya y nunca me han gustado esas mierdas de meterse con los novios ajenos.
—Yo no me estoy metiendo con el novio de nadie, Edward y yo somos amigos.— ni siquiera sabía por qué le seguía contestando si ya me había dicho lo que quería: que iría corriendo a decirle a todo el mundo lo que yo estaba haciendo, incluso aunque no fuese verdad.
—Sí, claro, repítetelo hasta que lo creas— se rio—. Sólo quiero que sepas que Edward ha engañado infinidad de veces a Tanya, sino ¿por qué crees que no está nada molesto en que yo vaya a decirle? Seguro crees que eres especial, pero no, Isabella, eres más de la porquería que Eddie Masen recoge en Moose cuando se aburre.
Lo había dicho con tanta seguridad que me dolió, pero no dejé que se entreviera. Yo nunca dejaría que me vieran ponerme mal, muchísimo menos por alguien.
—Di las estupideces que quieras, Ángela, pero ya te lo dije: métete conmigo y te irá mal.
—No te tengo miedo.
—Deberías.
Le di una última mirada y me di la vuelta, devolviéndome hacia el departamento de Edward. Ni siquiera les dije nada, sólo pasé y me senté en el sillón. Esperé hasta que Edward se despidiera de Ben de nuevo – esta vez más amistosamente –. Él entró al departamento, cerrando la puerta atrás de él, y se acercó a mí lento, temeroso de mi reacción.
Pero yo no estaba enojada, estaba triste. Y eso solo significaba que estaba muy, muy jodida, porque yo no lloraba nunca. Me hacía sentir débil y dependiente. Y esta era la segunda vez que lo hacía teniendo a Edward al lado, lo que me hacía sentir muchísimo peor.
—¿Te estabas tratando de burlar de mí, Edward?— le pregunté, con los ojos abnegados de lágrimas que no me permitía dejar salir—. ¿Qué dijiste? ¿Le llamo a Ben y a Ángela para que vean que me estoy cogiendo a Bella y le digan a todo el mundo?
De repente, me sentí como si estuviera en Portland, rodeada de gente de la preparatoria que se estaba burlando porque un idiota que amaba había decidido que filtrar fotos mías desnuda. Sentí otra vez esa vergüenza. No era mi jodida culpa, como no lo había sido esa vez, ¡y aún así la maldita sentía!
—¿Bella?— Edward se acercó rápidamente a mí cuando vio mi precario estado de ánimo, se puso de rodillas justo al frente de donde estaba sentada y tomó mi cara entre sus manos, acariciándome la mejilla—. Amor, te prometo que no fue así. Ben si me había dicho que iba a venir pero ayer se estaba cayendo de borracho y nunca me confirmó nada así que supuse que no lo haría. Yo nunca haría nada para dañarte ni burlarme, amor, si lo sabes, ¿verdad?— Su tono era desesperado pero yo ni siquiera lo estaba escuchando.
—Estoy tan cansada, Edward. Para mañana la estúpida de Ángela dirá a todo el mundo mierdas de mí que no son ciertas
Edward se levantó de donde estaba, llevándome suavemente a su regazo y acariciándome el cabello. No quería más mierda, pero estar con él y su toque me calmaba, así que no pude evitar colgarme de su cuello y empezar a llorar. Otra maldita vez.
—Hey, bebé, no llores— lo oí decirme—. No dejaré que nadie hable nada de ti, ¿okey? Te lo prometo.
—Ángela lo hará.— lloré.
—Hey— tomó mi cara entre sus manos—, no te lo voy a negar, sí, irá corriendo a decírselo a Tanya, pero no dejaré que le diga a nadie más, ¿okey?
—¿Y cómo se supone que vas a impedirlo?
Él medio sonrió.
—Ella siempre hace lo que Ben le pide.
—Es una auténtica perra— hipé, dejando un poco las lágrimas detrás. El enojo estaba comenzando a formarse—, ni siquiera lo ha de querer.
—Lo hace— me replicó—. Bella, vas a creer en mí, ¿verdad? ¿Por favor?
Lo miré. Para mi mal gusto, me daba cuenta de que le creía, pero ahora estaba comenzando a ponerme furiosa por otra cosa en particular.
—¿Cuántas veces has engañado a Tanya, Edward?
Si se sorprendió por el repentino cambio de tema, no lo dejó ver. Sólo me miró, paciente.
—Ninguna. Bueno, si te cuentas tú, sólo una vez, pero ya sabes que esa relación está muy muerta, Bella. Técnicamente no fue un engaño.
—Estoy hablando en serio, Edward.
Frunció el ceño.
—Yo también.
—Ángela parece conocerte muy bien.
—Pues no sé de qué mierda habla, apenas y me la he cruzado una cuantas veces en Moose o en la facultad.— Me dijo.
—¿Entonces por qué carajo te dice Eddie? ¿O Masen? ¿Qué es esa mierda, Edward? Ni siquiera sé nada sobre eso.— Chillé enojada, tratando de quitarme de su regazo, pero él tenía los brazos sobre mi cadera, presionándome contra él.
—Esas son mierdas, ya te lo había dicho. Te conté todo, Bella, maldita sea, ¡te dije que no tengo amigos y es porque no tengo! Ben, quizás. Alec y Demetri, pero hasta ahí. Esa mierda de Masen es porque suelo hablar con mucha gente en Moose cuando trabajo y decidieron ponerme un estúpido apodo pero no significa nada para mí, no pensé en decírtelo porque no me importa.
—No parece que no te importa, si la corriste por eso.
—La corrí porque te estaba haciendo sentir incómoda, Bella —suspiró—. Escucha, no quiero pelear, no me gustan las peleas, ¿podemos por favor hablarlo decentemente?— me preguntó, intentando mediar la situación.
Traté lo más que pude relajarme, pero mi voz y mis actitudes seguían igual de furiosas que hacía un momento.
—Primero quiero que me sueltes.— Me quejé.
Edward se tensó. Pasaron unos minutos antes de que volviera a hablar y sus expresiones no me dejaban ver nada de lo que estaba pensando. Era frustrante. Edward no era la persona más abierta del mundo, por decirlo menos.
—¿Te vas a ir?
—¿Eh?— le pregunté, había logrado confundirme.
—Sí, ¿vas a dejar lo nuestro? ¿sin intentarlo?
—¿A qué viene eso?
Parecía que estábamos teniendo una pelea de preguntas y casi quise bromear al respecto, pero sabía que no era el momento.
No entendía qué era lo que estaba pensando o lo que había asumido, pero debía haber sido algo malo porque aún seguía tenso debajo de mí y no había aflojado su agarre ni un ápice; de hecho, estaba comenzando a lastimarme.
—Bella.— Me miró a los ojos y no pude comprender lo que había ahí, pero el tono de su voz era muy triste y casi me desarmé entre sus brazos.
—¿Qué, Edward?
—No quiero que lo dejemos sin intentarlo. Yo te quiero.
Parecía como si hubiese soltado una bomba justo en ese momento, por primera vez en muchos años me había quedado sin habla, ni siquiera me moví.
Él me quiere.
Me lo había dicho como medida desesperada porque pensó que me estaba escapando, sí, pero me quería.
Por fin, después de unos momentos, me arranqué un poco del miedo que me había atravesado por todo el cuerpo y me atreví a mirarlo. Jadeé.
Sus ojos estaban abnegados en lágrimas que no había querido soltar, y en su mirada sólo se notaba la derrota, porque obviamente estaba pensando que yo no lo quería de vuelta.
Chico tonto, ¡yo lo había querido desde la primera frase que cruzamos! Pero siempre había tenido miedo de demostrar mis sentimientos y esta vez no era la excepción.
Aunque había algo ahí, en su mirada y en su malestar, que me forzaban a tratar de hacer algo para que estuviera feliz; incluso si eso significaba luchar contra mi frío modo de ser. Yo también quería reconfortarlo y ser su lugar seguro, tal como él lo era para mí.
—No te estoy dejando, Ed— susurré lentamente, cerrando los ojos—. Yo también te quiero, desde que te conocí, creo— las lágrimas estaban de vuelta, empujándome—. Es sólo que me cuesta tanto decirlo porque ya me han lastimado antes y siento que estoy cediendo demasiado terreno y yo…
—Hey— tomó mi cara entre sus manos, su semblante estaba más tranquilo—, perdóname. Estoy presionándote de nuevo y comportándome con un idiota, ¿verdad?
Reí, aún con los ojos cerrados.
—Sí, lo estás.
—No necesito que cedas nada, Bella. Sólo quiero que sepas que te quiero.
Lo miré.
—Ahora lo sé. Ya no estoy tan enojada.
Se rio.
—Menos mal— me ayudó a acomodarme a su lado en el sillón, pero sin perder el contacto pues me seguía tomando de la mano. Su tono fue muchísimo más serio cuando volvió a hablar—. Sabes que me puedes contar lo que sea, ¿verdad?
—Sí, yo…
—No te quiero presionar.
Lo miré mal.
—No me estás presionando, pero sí me estás interrumpiendo.
Sonrió, notablemente avergonzado.
—Perdóname.
Suspiré, doblando mis piernas para quedar en posición india sobre el sillón, todavía sin soltar la mano de Edward, pero antes de que pudiese abrir la boca para hablar, el timbre sonó.
Edward frunció el ceño.
—Yo voy.— Murmuró. Esta vez él miró por la mirilla antes de abrir – cosa que yo debí hacer antes – y se supuse que era el repartidor; pues le dieron una bolsa de cartón. Instantáneamente el salón se llenó de un olor delicioso. Mmh, sándwich de pollo.
Edward se acercó a dejar la bolsa en la barra de la cocina.
—¿Te parece si me cuentas mientras desayunamos?
—Sí.
Me aseguré de sacar la comida sobre la barra mientras él iba por unos vasos para servirnos limonada. Ambos nos sentamos frente a frente.
—Bueno, como te decía— dije, el nerviosismo me había quitado parcialmente el hambre así que estaba jugueteando con el sándwich—. Sólo me he enamorado una vez en la vida, cuando iba en la preparatoria y terminó muy mal.
Los ojos de Edward me observaban atentos; aparentemente no me iba a interrumpir más por lo que seguí hablando.
—Se llamaba Blake y era un idiota, era de esos tipos populares que crees que cuando se fijan en ti es porque eres jodidamente suertuda— rodé los ojos—. En ese tiempo yo era una flacucha con poco autoestima y bueno, dejé que se me metiera hasta por los ojos. Él nunca había tenido novia, no una formal al menos, entonces cuando él hizo pública nuestra relación a todo el mundo, de verdad creí que me amaba, pero era un amor tóxico. Yo me la pasaba pegada a él como lapa y me sentía mal cuando no podíamos estar juntos, la primera vez que terminamos me eché a morir porque él ya no me quería y sólo me dejó de ver, tuve que ir al psicólogo porque Emmett me obligó; él me dijo que todo lo que mis padres me habían hecho se desencadenaba en traumas de abandono y en dependencia emocional para con otras personas, en este caso Blake. Lamentablemente como estaba muy molesta, y yo no quería realmente ir, lo dejé después de unas citas; así que técnicamente nunca me «curé».— Me encogí de hombros y le di la primera mordida a mi sándwich; ya no me tomaba esto de manera personal, pues odiaba a mi exnovio. Aún no llegaba a la parte que verdaderamente me dolía.
—Qué jodido cabrón— Edward espetó, frunciendo el ceño—. Qué cobarde por solo botarte y ya está.
—Sí, fue un cabrón— contesté, suspirando—, pero fui más estúpida yo. Unos meses después de eso él regresó a mí; estábamos ambos en último año y él se iba a ir a UCLA y yo aquí, a la UDub; casi cambio todos mis planes por él, casi, pues después de todo Charlie no tenía problema, él solo quería que me fuera de la casa y ya— apreté mi mano alrededor del vaso de vidrio, mi molestia era casi palpable—. Afortunadamente Emmett logró convencerme de que no lo hiciera y matriculara en Seattle como quería originalmente, sin embargo…— Mi voz se cortó.
—¿Bella?— Edward vio la expresión de molestia en mi rostro y las lágrimas que se estaban avecinando de nuevo—. Sabes que no necesitas decirme nada, ¿verdad?
—Lo sé, pero quiero hacerlo— moví la cabeza, simulando espantar para mí misma los feos recuerdos que me golpeaban—. Como dije, regresé con Blake en último año y bueno, ya llevábamos tiempo yendo y viniendo, yo confiaba en él y por supuesto yo seguía siendo una rarita— mi expresión se endureció—. A él le pareció divertido darme como regalo de graduación filtrar fotos mías desnuda; que yo le había pasado con total confianza. Lo hizo unas horas antes del baile escolar y TODOS me miraron, Edward, se burlaron de mí.— Mi expresión se endureció y no dejé que ninguna lágrima saliera, estaba cansada de llorar por esa mierda.
El rostro de Edward no mostraba nada de lo que pensaba.
—¿En serio hizo esa mierda?— sus ojos relampaguearon furiosos—. Qué grandísimo hijo de puta, no puedo creer que haya roto tu confianza de esa manera, y ¿todos se burlaron? ¿En qué puto año estamos? ¿En 1900?
Bufé.
—No importa, Edward. Eso fue hace casi dos años y la verdad es que ya me tiene sin cuidado— Mentí.
La expresión de él se suavizó.
—No tienes que mentirme, Bella. Veo en ti que eso aún te lástima.
—De todos modos no puedo hacer nada, ya pasó y vivo con ello.
—Tal vez deberías retomar la terapia a la que ibas.
—No— me tensé—, no quiero hacerlo.
—¿Te sientes capaz de confiar de nuevo?
Lo miré.
—Eres mi primer amigo hombre después de Emmett y Jasper desde que sucedió eso, había decidido alejarme de todos por lo mismo— confesé—. Emmett siempre se burla de que siempre digo que todos son iguales.
Él se rio amargo.
—Supongo que no ayudé mucho al hablarte y buscarte teniendo novia.
—No, definitivamente no me ayudaste.
Me miró, su expresión era de absoluta tristeza. Incluso ya no estaba comiendo, al parecer a ambos nos había caído el malestar de la inminente separación. Él seguramente no querría andar con alguien que tenía problemas después de haber pasado todo lo que me había dicho con Tanya, así que no tenía caso. Yo sabía que era una bomba de tiempo – había muchas cosas que nos separaban, intangibles o no.
—¿Eso significa que no estaremos juntos?— preguntó. No lo hizo de mala manera. Sólo como si quisiera confirmar lo que yo que yo pensaba al respecto.
Bajé la vista a mi regazo, incapaz de mirarlo a los ojos.
—Tengo muchos problemas, Ed. No he estado en una relación en años y a veces sobre pienso demasiado las cosas y me cuesta abrirme. No sé si eso es lo que quieras para ti, no suena bien salir de una relación tóxica para seguramente entrar en otra que potencialmente también lo sea.
—Hey— su manó tocó mi rostro, obligándome a verlo—. No creo que sea de esa forma para nosotros, lo has hecho muy bien. Has confiado en mí a pesar de que yo me he portado como un cabrón y te he dado motivos para que ya no quieras estar.
—Sigues teniendo novia, Edward.
—Ya sé, pero pronto no será así.
Suspiré.
—Yo ya no soy de las que se quedan sentadas esperando.
—También lo sé, por eso habíamos quedado en que no te molestaría ni te pretendería hasta que lo arreglara, ¿recuerdas?
—Sí.
—Bien. Te quiero.
Rodé los ojos.
—¡Como amiga!— se defendió, sonriendo. Yo sólo negué con la cabeza divertida—. Quiero intentarlo, Bella, no me importa que tengas problemas por resolver; quiero estar ahí para ayudarte a hacerlo.
—Está bien. — Le sonreí. En el fondo de mi mente solo esperaba que no se arrepintiera.
Él se levantó del banco.
—Ven, ¿no te duele la cabeza? Vamos a acostarnos un rato y luego te llevo a tu departamento.
Vi a Edward, parado frente a mí, ofreciéndome su mano con sus ojos llenos de esperanza y adoración. ¿Sería capaz de confiar?
La respuesta no tardó ni un segundo en llegar a mi mente.
Sí, sí lo sería.
Llegué a mi casa pasando de las seis de la tarde; Edward y yo nos la habíamos pasado excelente. Después de nuestra plática profunda y de abrir nuestros corazones – bueno, yo más o menos – él había actuado como si nada hubiese pasado y me había tratado como yo se lo había pedido: como amigos. Habíamos estado jugando un poco de Jenga e incluso él tenía un twister. Sin embargo, todo lo bueno tenía que terminar, así que él finalmente me trajo a mi casa para terminar sus deberes de la universidad. Era la primera semana de junio, lo que significaba que ya era la última. Mis clases por fin terminarían el viernes, aunque ya realmente no tenía nada que hacer.
Entré rápidamente a la sala; Emmett no estaba pero Rose sí. Pude oler el aroma a la comida desde allí, así que me acerqué a la cocina.
—Hola, Rose. — Saludé.
—Bella— se volteó a mí, poniendo una mano sobre su corazón—, maldita sea me asustaste— me estudió con la mirada—. Vaya, luces como la mierda.
Le rodé los ojos. Aunque me había bañado en casa de Edward, aún seguía sintiéndome sucia después de la tremenda borrachera y nuestra «pelea».
—¿Esa camisa es de Edward?— inquirió Rose, viéndome atentamente. Incluso me estaba prestando más atención que al pollo que estaba asando en el sartén.
—Sí, ayer no me llevé ropa así que me prestó algo.— Ni siquiera quise mencionar que en estos momentos traía puesto un bóxer suyo, eso hubiese sido terriblemente incómodo. De por sí la ceja de Rosalie casi estaba tocando con el comienzo de su frente.
—¿Me vas a contar?— Rose sabía que yo nunca decía nada y que si no quería hacerlo por más que intentara convencerme no lo lograría, pero esta vez quería contarle algo, al menos parcialmente.
Me encogí de hombros.
—Bueno, fuimos a una fiesta con unos amigos suyos de Moose, fue divertido. Me embriagué, como siempre, y Edward terminó llevándome a su casa donde hice que él tomara también, así que nos pusimos un poco calientes y bueno, terminé encima de él en su sillón.
La boca de Rose abrió de la sorpresa.
—¡Mierda! Y lo dices tan normal, necesito detalles, Bella.
Le alcé la ceja.
—¿Detalles morbosos? ¿Ahora eres Voyeur?
Se rio.
—Eres asquerosa, pero no. Me habías dicho que no harías nada con él.
—En realidad esa idea se fue por la ventana en cuanto estuve lo suficientemente borracha como para tomar valor— le sonreí sarcástica—. Creí que haríamos algo más pero Edward no se dejó, supongo que quiere proteger su virtud.
Rosalie bufó.
—Dudo que aún la tenga.
Me reí.
—Cierto, cierto. Pero no, me dijo que quiere hacer las cosas bien conmigo y eso, que no quiere que lo nuestro empiece sobre lo suyo, así que por el momento continuamos como amigos.
—Suena bien para mí— Rose dijo finalmente— Así no caes en el jueguito de las dos cartas.
—Así es— bostecé—. Rose, estoy cansada y molida horrible, iré a tomar una ducha y a enterrarme en mi cama hasta mañana. Si Emmett viene a molestarme, le arrancaré las pelotas, así que adviérteselo.
Rose rio.
—Hasta mañana, Bella.
Le murmuré un «hasta mañana» muy bajo, que seguramente no logró escuchar, y me dirigí hacia mi cuarto, dispuesta a dormir. Había sido un día de mierda, pero cuando cerré mis ojos, sólo pude soñar con Edward Cullen.
Edward, muy lindo y todo, pero ya termina con Tanyaaaa. Me desesperas verdaderamente.
*Para el comentario Guest (no vi tu correo ff lo borró u.u) las actualizaciones son todos los domingos!
Muchas gracias a todas por sus comentarios en el capítulo anterior. Leo todos y cada uno de ellos y los valoro completamente:D
SpicyDreams
