¡Buenas tardes! Sí, están sorprendidas. Y capaz pensaron que ya me había ido a hiatus. Pero la verdad es que me dediqué a editar tanto este fanfic como su precuela, y pues no quedaba tiempo para pensar en continuaciones. Y si bien ya terminé, le estoy dando otra vuelta por sí las dudas; por lo que pido paciencia. Igualmente pueden pasarse por los primeros veinticinco capítulos —que son los que ya he subido— para ver cómo quedó y noten los cambios que hice. De cualquier modo, cuando ya esté al día con eso pondré un listado sobre las cosas que se modificaron por si les da pereza releer. Por cierto, con los ajustes que hice, aún estamos a algunos caps de llegar al número 100. Sin más, disfruten la lectura.
Turbulence
No tuvieron la necesidad de abandonar su ubicación para ver al causante del oleaje de destrucción y pánico porque ya se había desplazado hasta ellos. Ignoraron por completo a la desgraciada alma que se había convertido en el palo masticable de aquella bestia y la observaron con detenimiento.
Sus largos colmillos superiores llegaban hasta la mitad de su pecho y sus altivos ojos dorados lo analizaban todo con mucho detalle. El pelaje era mullido y abundante sobre todo en sus patas, pecho y costados de la cara. Sin embargo, no eran sus rayas negras su mayor atractivo, sino el suave lila que teñía todo su cuerpo.
—Ban.
—¿Sucede algo, almirante?
—¡¿Qué demonios te hizo pensar que obsequiarme eso era buena idea?!
—Su elegancia, porte, fiereza y majestuosidad —expresó poético—. Lo vi y me acordé de usted, Tentei-san.
—Ciertamente es una criatura augusta. —Apoyaba Moka.
—Bueno, hay algo de razón en tus palabras —decía el almirante—. Es una criatura magnífica, digna se ser admirada.
—¿No es Sakata al que casi se termina de tragar? —interrogaba Raiko—. ¿No deberíamos ayudarlo?
—Tentei, es hermoso. Deberíamos conservarlo —suplicaba Oshin.
—¿De dónde demonios sacaste esa cosa? —Joben deseó saber.
—De la última misión que realicé —contestó—. Tenía que capturar algunos ejemplares para un estrafalario coleccionista. Y conservé el mejor para usted.
—Ban.
—Le ha encantado, ¿verdad? Yo sabía que estaría fascinado.
—Llévatelo de vuelta.
—Dele una oportunidad. No se va arrepentir.
—Sí, deja que le enseñemos algunos trucos y verás lo útil que es. —Oshin también intervino.
—Hija, ya tienes muchas mascotas. Si seguimos así tendremos un zoológico en casa.
—Oigan, ya está devorando a alguien más —comunicaba Kouhime.
—Descuida, sólo es el cherry-boy. Nada importante —alegaba la Renho muy despreocupada.
—Ban, es una orden.
—Entendido, almirante.
—Y no olvido lo que hicieron con esa bomba. —Tentei pescó a esos tres antes de que escaparan—. Tendrán un castigo ejemplar.
Había sido testigo de cómo aquel gigantesco felino se abrió camino a través de la fuerza. Asimismo, ignoró a las víctimas que capturó con intenciones de saciar su apetito. Su interés recaía en los capitanes del Hokusei que llegaron y que podrían asegurarle un duelo interesante.
Aunque después comenzó a preguntarse dónde se había metido la boticaria. Porque pese a que fue a buscarla a su habitación, no la halló.
—Tu mujer no está por aquí —dijo Abuto en cuanto se encontró con su capitán—. Fue castigada por Tentei por la pequeña fechoría que hizo.
—¿La explosión?
—Ella junto con Kai y el capitán del sexto escuadrón. —Sonrió burlesco. Se había divertido con la situación—. Por unos días ella estará lejos de ti.
El angosto pasillo era alumbrado lastimeramente por unas lámparas tan viejas que con apuro encendían aún.
Los barrotes de la celda eran inmunes a la fuerza de quienes tenían la facilidad de resumir lo que tocaran a meros escombros. El piso era tan frío que ni siquiera por la presencia de tres cuerpos se entibiaba.
—No más natto, por favor... Ya no más —balbuceaba Kai tapando su boca ante las ganas de vomitar.
—Obtenga los valores y vectores propios de la matriz A.…—Deliraba Ban bocabajo.
—Ya no. Se los suplico. Ya no quiero ver a otra estúpida enamorarse de un idiota que la trata como un perro...
—Oshin, tenemos que salir de aquí. No soportaré otro día más comiendo todas esas asquerosas legumbres apestosas.
El pelirrojo había colapsado y se aferraba a los hombros de la boticaria aguardando a que ella le concediera el milagro de huir.
—Salgamos de aquí. Mi cerebro explotará si sigo con esas clases infernales de álgebra avanzada.
—Mi cuerpo entero se llenará de ronchas si continúo viendo esas vomitivas series de romance barato. —Se abstuvo de rascarse. Ya lucía lo suficientemente fea su piel para hacerle más daño—. Hay que escapar de aquí.
—¿Cómo? Toda la celda fue diseñada para que soportara la fuerza de los nuestros.
—Nadie vendrá por nosotros. —Se lamentaba Ban—. Ni siquiera escucharían nuestros gritos. ¡Sáquennos de aquí!
—Sí tan sólo Masamune estuviera aquí.
Dejó de tomar la advertencia de Abuto a la ligera cuando vio el avance de los días en el pequeño calendario que había en el renovado comedor.
La buena comida no faltó ni una sola vez. Y siempre se le dio tanto como él quisiese. Mas si podía quejarse que desde el día en que la boticaria desapareció, la habitación que compartía con Abuto ya no era solamente de ellos dos.
Tenía horarios para poder estar ahí y todos eran de cierta hora de la mañana hasta antes del anochecer. Y si se atrevía a entrar lo hacía bajo su propio riesgo. De modo que sus noches transcurrieron en uno de los sillones de las pequeñas estancias que había en la tripulación.
También estaba el gigantesco aburrimiento que lo golpeaba sin clemencia. Más allá de lo ocurrido con el fiero tigre no había pasado nada interesante. Había tanta paz que era desquiciante.
Entonces una idea cruzó por su cabeza cuando vio a su hermana menor.
—Ella siempre va con ese policía.
Kagura no era buena en el arte de esconderse. Tampoco se le daba bien vigilar que nadie la siguiera.
No le importaba si ese par querían privacidad. Él ansiaba un poco de acción; una completamente diferente de la que deseaba tener su hermana esa tarde.
La delicadeza y educación no formaban parte de su código de vida. Por lo que tumbar la puerta de una patada no significaba nada.
—Ey, policía de la Tierra, es hora de resolver el duelo que teníamos pendiente.
No fue el filo de la espada de aquel samurái lo que tuvo que evadir, sino todos los objetos que llegaron a las manos de su hermana.
—¡Idiota!¡Lárgate de aquí!
Estaba furiosa por la violación a su privacidad. Sin embargo, a Kamui poco o nada le importaba el que estuvieran en medio de algo importante.
—Maldito sheeta.
—Recuerdo que dijiste que mi tonta hermana era fea y sin gracia~.
—Sólo dije que era fea.
—Entonces te gustan las feas y sin gracia.
—Al menos tiene buenas te...
Okita tenía que aprender por la fuerza que no debía meterse con la apariencia de una mujer y mucho menos con la de Kagura.
—¡Maldito cabeza de coco!¡Lo único bueno que tienes es la cara!¡Muere!¡Maldito, muere!
—No decías eso anoche, maldita china.
Kamui suspiró con fastidio. Su presente presa estaba intentando no ser masacrada por la fuerza bruta de su hermana menor que no descansaría hasta que se le bajara el enfado.
Resignado tuvo que irse de allí. Mas aquel desplante no lo pasaría por alto y se encargaría de cobrarse aquel despunte.
Le informó a su pelado padre sobre las actividades ilícitas que su querida hija realizaba y siguió en la búsqueda de algo con qué matar el tiempo.
Su ociosidad lo condujo hasta el hangar. Y allí había otro grupo de seres igual de aburridos que él. Entonces se le ocurrió un pequeño plan.
—Masamune —llamó al oscuro can—, ¿te gustaría salir de paseo?
Desde la llegada del resto de escuadrones del Hokusei no había abandonado la nave principal. Por lo que no había notado las numerosas naves aparcadas sobre la arenosa superficie de Kouan.
Supo por Moka que ese grupo de revoltosos habían sido llevados a otra nave para cumplir con su castigo. E indagar en cada una le tomaría mucho tiempo; por lo que recurrir al infalible olfato de Masamune era la mejor elección.
Encontraron la nave. Sin embargo, también notó lo gruesa y resistente que era su exterior. Sus golpes únicamente abollarían a medias su exterior.
—Es muy duro.
Podría seguir golpeando la superficie hasta que cediera. No obstante, no quería hacerlo cuando tenía otro método más efectivo.
Fue así como Yoshimune hizo acto de presencia y comenzó a darse un banquete con todo el metal que se interponía entre él y su ama.
—¿Escuchan eso? —Kai abandonó su estado fetal y paró la oreja.
—Se oye como si alguien estuviera mordisqueando del lado contrario —concluía Ban.
—¡Yoshimune! —grito Oshin con profunda alegría.
La pared a sus espaldas era un vago recuerdo convertido en una amplia ventana donde su única vista era aquel conejo espacial.
—Chicos, andando. Tenemos que escapar —ordenó a sus cómplices de fechorías.
Descendieron en la brevedad posible, encontrándose con la siguiente sorpresa del día.
—Kamui.
Él ni siquiera pudo abrir la boca antes de que Oshin se arrojara a sus brazos para estrecharlo con una añoranza que le era muy desconcertante.
—No importa lo que te haya traído hasta aquí. ¡Me alegra tanto que nos hayas sacado!
—Todas las travesuras que tenía pensado para hacerte las cancelaré —decía Kai conmovido.
—¿Puedo llamarte jefe?¡Sólo un capo como tú podía liberarnos de la tiranía de esa mujer!
Lo extraño no eran sus excesivos agradecimientos, sino que los tres lo estuvieran abrazando como un hijo a su padre que no han visto desde hace meses.
—Ustedes dos, sino me sueltan los golpearé~.
—¡Abajo!
La orden de Ban llevó a Oshin y a Kai a empujar a Kamui hacia el suelo.
Él iba objetar, mas notó rápidamente el porqué de su actuar.
El casco de la nave que tenían en frente había sido perforado por un objeto redondo, pesado y que había viajado con la velocidad y potencia suficientes para atravesar el metal, continuando su camino hasta el lado contrario.
—¡Tenemos que movernos o la próxima nos va a dar! —Kai se levantó, llevando al resto a hacer lo mismo—. Ahora que nos escapamos se ha enojado aún más. No nos va dejar ir hasta que nos golpee.
—No hay sitio seguro en el que nos podamos esconder —decía Oshin.
—¡Síganme! —ordenaba Ban.
Kamui echó un vistazo hacia atrás y vislumbró a Yuna con una pila de esféricos muy similares a las balas de cañón. Mismas que agarraba con una mano y lanzaba como un pitcher profesional con dirección hacia sus carnes.
Eso era lo que temían. De lo que huían.
—Ni se te ocurra regresarle eso o nos irá peor —advertía Oshin.
Sí, estuvo a punto de golpear esa pelota de hierro. Sin embargo, optó por acelerar el paso porque esos lanzamientos eran más rápidos y más poderosos que al impactar contra el suelo, levantaban columnas de arena que bloqueaban su visión.
—Así que ese es el juego de la pelota del que tanto hablaban —expresaba Kamui.
Oshin chifló y el aullido del Syx adquirió nitidez hasta que se halló a un costado de ellos, corriendo a su misma velocidad.
No hubo tiempo para dudar y como bien pudieron se treparon sobre el lomo del cuadrúpedo. El escape comandado por esa bestia era más eficiente.
—¿Eso es el tema de batalla de Fin** Fanta** VII? —interrogaba Kai.
—No. Es el VI —corregía Ban—. Es el tono que elegí para quitarle el seguro a mi nave.
—¿Significa entonces que...? —Oshin vio al moreno asentir.
La compuerta se abrió y el can incrementó su galope por petición de su ama.
Derraparon en un intento de no chocar contra la pared. Y cerraron la compuerta justo antes de que aquella lluvia de esféricos los hubiera impactado de lleno.
—Ella no los va a dejar en paz ni aquí.
—Jefe, ya lo sabemos. Por eso no tenemos remedio que recurrir al plan E.
—¿Plan E?
Ban desapareció por la única entrada que conectaba el hangar con el interior de la nave.
Y en menos de un minuto se escuchó el rugido de los motores al ser encendidos con brusquedad. Pudo sentir cómo se despegaban del suelo y ascendían rápidamente hacia el cielo.
El plan E debía referirse a escapar de Kouan.
—Tarde o temprano tendrán que volver. —A Kamui le producía mucha gracia toda su situación.
—Sí, lo sabemos. Mas no quiero lidiar con mi madre y su juego de pelota. —Tenía profundos traumas que no podía ocultar.
—Para cuando volvamos ya se les habrá pasado —decía Oshin, campante—. Por ahora tenemos comida, dinero y un piloto competente.
—Iré a ducharme para comer algo y dormir. —Se estiró y miró a esa parejita con una sonrisa bribona—. Los veo después.
—No me mires así. Era la única manera de salvarnos de Yuna.
Kamui se burló de ella a través de una sonrisa. Es que era hilarante el pánico que le tenían a la rubia.
—Andando, idiota.
No pidió permiso y lo tomó de la muñeca para que la siguiera. No quería que estuviera husmeando.
—Descuida, aquí también hay buena comida.
La miraba en silencio mientras analizaba su propio humor y actitudes. Y quería reprocharse a sí mismo el que se haya sentido tan aburrido solamente porque ella no había estado durante esos dos días.
Sí. Las riñas verbales eran divertidas y formaban parte de su relación. Sin embargo, también estaba esos momentos de paz donde se relajaban siendo ellos mismos. Y tampoco podía olvidar lo que hacían en la intimidad de su habitación.
—Oshin.
El capitán del sexto escuadrón los interceptó.
—¿Pasa algo?
—Podría ser un problema. Aunque tal vez no —comentaba—. Kai se ha apropiado de una de las dos habitaciones disponibles.
—Kamui y él pueden compartir el cuarto.
—No pienso hacerlo —objetó el pelirrojo.
—Entonces yo dormiré con él y asunto arreglado.
—No lo harás. —Obviamente se opondría a tal propuesta.
—Yo te dije que durmieran juntos y no quieres. Tampoco pienso dormir en un sillón.
—La respuesta sigue siendo la misma.
—Lo que el jefe quiere decir es que utilicen la misma habitación. Así todos salen ganando.
—¡¿Ban?!
—¿Qué? Son pareja, ¿no? —Ella se sonrojó—. No debería haber problema con que duerman juntos.
Oshin había olvidado que Ban era una persona sumamente despreocupada, que no seguía los cánones convencionales. Y eso lo volvía muy laxo para muchos temas.
—Ten. Es la llave. —Entregó el valioso objeto al Yato—. Está en la segunda planta hasta el final del pasillo.
Kamui no tenía prisa por revisar su nueva alcoba. No obstante, decidió echarle un vistazo por el simple hecho de perturbar la estabilidad emocional de la boticaria.
Siguió las indicaciones de Ban y arribó al cuarto. Abrió haciendo uso de la llave magnética.
Era del doble que la que compartía con Abuto. Aparte constaba de una pequeña sala, una cocina integral moderna, un mini comedor y un baño. Era una estancia ideal para viajar a lo largo del universo.
—Bastante amplia.
—Vaya que es bonita —murmuraba Oshin—. Yo pido el lado izquierdo de la cama.
—Oh, pensé que huirías y te dormirías en el hangar~.
—De ninguna manera pienso dormir en el frío suelo, idiota.
No tenía por qué estar inquieta. Ya habían compartido la misma cama en una ocasión. No sería diferente de aquella vez.
—¿Nerviosa?
—¡Claro que no!
Salió de allí para buscar un cambio de ropa. Volvió, se duchó y se vistió dentro del baño. Y para cuando pudo sentarse sobre la cama, encontró a tan descarado pelirrojo ocupando el lugar que explícitamente pidió para dormir.
No quiso discutir y se recostó del lado opuesto. E incapaz de esconder la dicha que le producía al fin tener un lecho suave y cálido para dormir, bostezó y se giró automáticamente hacia su lado preferente para dormir.
Desde ahí tenía la magnífica vista de sus ojos azules.
—Sea cual haya sido la razón por la que nos sacaste de ahí, te lo agradezco.
Sus agradecimientos sinceros eran tan escasos que había que tomarse el tiempo para disfrutarlos.
—Sospecho que se debió principalmente a que estabas aburrido.
—Desde que ese policía está pegado de mi hermana ya no quiere pelear.
Aguantó las ganas de echarse reír ante los banales predicamentos de su pareja.
—Kagura se ve del tipo de chica demandante que desea aprovechar todo el tiempo que pueda a la persona que quiere. Por lo que es obvio que no desea que te metas en sus asuntos.
—Igual ya le conté al pelado lo que estaban haciendo~.
Si sería gilipollas.
—Kamui, tú no querrías que ella hiciera lo mismo contigo, ¿verdad?
Su mutismo le entregó la respuesta.
—Entiendo a tu hermana porque a mí también me gustaría pasar más tiempo con mi insurrecto pirata espacial.
Todavía no se acostumbraba a ser tan abierta con él. Mas sus sentimientos la empujaban a hablar más de lo que debería
Siempre pensaba antes de hablar. Y esa habilidad se perdía cuando se trataba de Kamui. Había sido de ese modo desde que, inconscientemente, empezó a sentirse atraída por él.
—Y-ya mejor vayamos a dormir.
—Más vale que no me destapes.
—Tú eres el que me quita la colcha.
Dentro del Hokusei la situación no era tan afable. La noticia de que aquel par de revoltosos miembros se dieron a la fuga llegó a los oídos del almirante minutos después de que vieran la nave despegar y alejarse de Kouan. Asimismo, era imposible establecer comunicación con la nave principal del sexto escuadrón.
Los que eran ajenos a la tripulación no comprendían en su totalidad el comportamiento de esos tres. No obstante, para el almirante y el resto de capitanes era una reacción predecible que había escalado a niveles más altos que cuando eran un grupo de niños.
Interceptar el navío para obligarlo a retroceder ya no era elegible. Tampoco tenían manera de rastrearlos. Y buscarlos representaba una inversión de tiempo y recursos que no querían malgastar por ahora.
Debían esperar a que ellos mismos volvieran. Y cuando lo hicieran tendrían que enfrentarse a sus respectivas consecuencias.
—Cuando escuché sobre el «juego de la pelota» nunca imaginé que se tratara de Yuna arrojándoles bolas de cañón con la intención de acercarlos al plano astral —mencionaba Abuto con asombro y pavor—. Las naves quedaron agujereadas mientras los perseguía.
Por azares del destino había terminado sentado a la mesa junto con los capitanees del Hokusei mientras merendaban.
—Odio ese maldito castigo. —Para Moka toda esa persecución significaba que seguiría trabajando hasta desfallecer—. No obstante, es la única manera de tener al okaban en paz.
—¿«Okaban»?
—Es así como bautizamos al grupo conformado por Oshin, Kai y Ban —respondía Jashin a la duda de Abuto—. Y siempre que están juntos esos tres ocurren grandes desgracias.
—Y Yuna siempre se encarga de castigarlos cuando hacen algo —contaba Kouhime—. Bueno, en realidad ella es la que corrige el mal comportamiento de los miembros de nuestra tripulación. Ni el almirante se salva.
Dentro del Harusame pasaba por completo de la autoridad de Hōsen. Así que ni le sorprendía que hiciera lo mismo dentro del Hokusei. Mas nunca creyó que pudiera ser tan sádica para traumatizar a esos tres hasta el nivel de que preferían cambiar de planeta a quedarse soportando sus reprimendas.
—Su combinación comenzó a volverse un problema para todos nosotros desde la primera misión que hicieron juntos —relataba Raiko—. Todo terminó consumido por el fuego de las explosiones que provocaron.
—Ban es afecto a crear bombas. Siempre está elaborando una más potente que la anterior. Y siempre que tiene la oportunidad las prueba —Aidan suspiró con pesar—. Kai es el maestro de las bromas pesadas. Oshin por su lado es la mente avispada que hace uso de la capacidad de ese par.
—Eso suena muy peligroso. —Abuto podía contemplar otra posible razón de por qué Kamui se fijó en ella—. Esos tres son un grano en el culo. Justo como mi capitán.
—Oye, hablando de él. ¿Dónde está? —cuestionaba Moka a su pareja.
—Escuché que él estuvo dentro de la persecución —añadía Kouhime.
—Ey, no me digan que mi imbécil capitán se escapó junto a esos revoltosos...
—No necesitas preocuparte —añadía la Renho—. Mi capacitada amiga va con él. Se encargará de que no se meta en problemas.
—Mi sexto sentido no está tan de acuerdo contigo.
No fue el frío de la madrugada el que irrumpió su descanso, sino la pesadilla que la descolocó y la hizo despertar acompañada de un grito ahogado que dejó escapar aquel nombre.
Intentaba calmarse, controlar su respiración y secar el sudor frío que le empapó la frente. Mas no podía hacerlo. Todo lo que vio parecía demasiado real para considerarlo como una mera pesadilla.
—No puede ser verdad. No hay manera de que él y yo nos hayamos conocido antes. Mucho menos que yo...
Incluso poseyendo el sueño pesado logró despertarse en cuanto sintió el brusco movimiento sobre el lecho y escuchó aquel infame nombre que no podría olvidar.
—Lamento si te desperté —dijo para quien la observaba—. No me hagas caso. Sigue durmiendo.
—No fue una pesadilla. Realmente pasó.
Sólo dijo un nombre. Nunca describió el evento. Entonces, ¿cómo lo afirmaba con tanta seguridad?
—Yuna nos lo contó.
El corazón se le encogió, se le llenó de incertidumbre y desazón. Y tal nivel de aflicción se reflejó en su mirar y en esos labios que se negaban a forzar una sonrisa.
—Tal parece que ser imprudente ya era parte de ti desde que eras una mocosa.
—Recuerdo la misión de rescate, que llegué hasta donde estaba Yuna. Sin embargo, a partir de ahí todo era borroso... Me desmayé y cuando desperté estaba en la tripulación.
La había violentado al punto de poner su vida en riesgo. El que perdiera el conocimiento era lo mínimo que pudo pasarle.
—Le ofreciste tu vida a cambio de la de Yuna.
Aquel estúpido y suicida intercambio no había sido olvidado por él. Se mantenía en una parte distante de su memoria porque el tenerla presente le malograba el buen humor.
—Y le di ese estúpido nombre...
Le había entregado su vida para preservar otra. Le había dado un nombre para terminar de completar su identidad.
—Como siempre. Tu elección para los nombres apesta.
No era el nombre lo que le molestaba. Lo que lo incordiaba era que él debía estar consciente de que la vida de la boticaria le pertenecía; que únicamente él poseía el derecho legítimo de tenerla.
—Aunque... Su apariencia no era la misma. Tenía otro cuerpo.
—A saber, cuántas veces ha cambiado de apariencia.
—Si te soy sincera, no me arrepiento de haber pactado con él. De ese modo evité que asesinara a Yuna y que Raiko sufriera la pérdida de alguien tan importante para él.
Qué estupidez que su confesión le molestara, que lo hiciera sentir celoso por todo lo que fue capaz de hacer para evitar que Raiko sufriera.
Cómo odiaba sentirse expuesto a lo que ella dijera o hiciera.
—Por mi culpa perdió a Dai... Por mi culpa.
Dolor. Tristeza. Odio. Todo eso y más aplastaban su pecho en un intento por hacerla flaquear, por hacer que se desahogara a través del llanto.
Ya se había quebrado frente a él. No quería hacerlo otra vez. No obstante, su encuentro prematuro con Bishamon y las agridulces memorias de su maestro la rompían.
—¿Oshin?
Se acurrucó junto a él, hundiendo su rostro en su pecho, ocultando la humedad de sus mejillas.
—Kamui, no quiero perderte a ti también. Por favor, no cometas ninguna estupidez.
Su cálido abrazo. Sus sinceras y quebradas palabras. Su dulce preocupación. Y su dolorosa angustia ante un futuro que nunca quería ver cumplido, lo sobrecogió y lo hizo pensar por primera vez en toda su vida, que no quería dejarse seducir por los susurros de la muerte.
Él no deseaba convertirse en otro motivo más por el que ella tuviera que llorar en silencio a media noche.
