Disclaimer: No tengo ni un activo en Disney, así que ninguno de sus personajes me pertenece.
Las partes con /y negritas/ son tachadas.
Viñeta 27
En la víspera del baile de San Valentín, que Anna y Olaf tozudamente habían decidido realizar, Elsa era la que menos tenía ánimos festivos (aunados a su poco gusto con esos eventos formales).
Le desanimaba un festejo al amor, cuando su aspirante a romance estaba casi inalcanzable a sus ideales.
Desde su fracaso de confesión, la distancia era la nueva compañera de los dos. Todavía se veían y tenían encuentros, pero la privacidad era escasa (y frustrante). Ya no era mucho el tiempo que dedicaban a estar juntos —a lo que también contribuía el aumento de obligaciones de ella.
Primero había declarado su amistad y ahora se mantenía dentro de lo correcto. ¿Sería solo ella quien lo veía con ojos de amor y él no?
Si no hubiesen ignorado hablar de la atracción entre ambos, no tendría esa incógnita.
Elsa negó frente al espejo, agitando uno de los bucles de su recogido. Él aun la miraba, le descubría observándola de reojo; ella estaba apresurándose con sus pensamientos, del modo en que tendía a hacerlo.
Sin embargo, no solo era eso, sino la revelación pendiente. Con encuentros insuficientes, motivarse a hablar y crear un entorno de confianza se tornaba difícil. De no conseguir lo anterior, aspiraba cuando menos a la falta de testigos durante unos minutos.
Tenía que conseguirlo, por obstáculos que se presentaran, pensó arrugando la nariz.
Era conspiración del mundo que, cuando ella había hecho un intento real de desvelar su secreto, él se sintiera más lejano. En otras circunstancias, temería que hubiese descubierto la verdad, pero debía haber algo de lo que no estaba enterada y debía ser paciente. Además, el asunto con su magia no era para tomarlo a la ligera.
Cuan irrisorio que hacía dos años dudara de la intimidad y futuro con una persona, y ahora los quisiera y se le escaparan.
Suspiró con resignación. Solo ansiaba que no se tratase de un castigo por no insistir aquella primera vez, ni una probada de lo que podrían ser los días que le restaban.
Quería una oportunidad con Hans, se dijo, dando una última revisión a su atuendo para abandonar la habitación.
…&…
Hans sabía que Elsa había utilizado la versión más inocente de sí misma al vestir de rosa para el baile, pero el color tenía una manera de enfatizar sus características físicas y su encanto propio, que había estado a punto de quedarse boquiabierto al mirarla descender de las escaleras para el baile de San Valentín de esa noche.
O era que se trataba de un vestido bastante similar al primero que creara con su magia, del mismo brillo y sensualidad para hacerla imposible de olvidar, igual que esos bucles que pedían a gritos ser trazados por sus manos. Había algo diferente en ella con su cabello en ondas, aunque nunca cambiaría su impresionante melena lacia, que hacía una cortina de luna a su cuerpo, mostrando su finura y destacando su característico porte majestuoso.
Vaya fortuna que el baile fuese para el reino, con un par de parejas de otros vecinos, y no abierto a mucho público extranjero, porque no se habría sentido en calma con el aprecio que le otorgasen caballeros dispuestos a cortejarla. Entre conocidos y allegados, el trato era amistoso, mas con representantes foráneos, podía tornarse en acercamientos peligrosos.
Y no le gustaba imaginarlo.
Hombres que la veían como un trofeo, ni que apreciaran a la persona que era, no se la merecían. No eran lo suficientemente buenos para ella. La perturbarían y…
Estaba siendo ridículo, no tenía por qué decidir lo mejor para Elsa, quien era perfectamente capaz de escoger lo que quería. Ni siquiera tenía que pensar en una situación que no sucedía ahora. Tampoco era su dueño para querer acapararla, solo un amigo.
Su estómago se revolvió.
Si no tenía intenciones formales con ella, al no definir si escogía el camino que esta le daba, y se alejaba para no besarla como quería, no debía inquietarse porque otros la pretendieran. Ella debía querer una familia propia y no podía esperar toda la vida a una posible persona, teniendo mucho que ofrecer para atraer a cientos —independientemente de que estos le merecieran—. Él se tomaba demasiados derechos por considerar que le atraía ahora y por tener un espacio en su casa.
Un gruñido le recorrió por dentro.
¿Por qué no simplemente le pedía su permiso para pretenderla y acababa con la inquietud de resistirse a ella?
No obstante, ¿cómo sería si aparecía Louise queriendo intentar algo romántico?
En su mente prevaleció el deseo actual por Elsa, instándole a caminar hacia ella, que platicaba con Olaf, el cual se escabulló al verlo llegar.
Convivir en público era el método que más contenía sus ansias de atraparla en sus redes.
—Después de la cena te has desaparecido, pensé que abrirías el baile. ¿Te encuentras bien? —comentó, observando su semblante ligeramente triste.
Ella negó.
—Estos bailes formales no son mi divertimento favorito. A veces… el pasado. Y otras cosas.
—Comprendo. De haber tenido conocimiento de causa, habría buscado ser tu acompañante para la velada, sé lo que es estar en tu posición. —La habría tocado, de no encontrarse en circunstancias que podían malinterpretarse.
—Es muy amable de tu parte, aunque sería darle más importancia de la que realmente tiene, ya me he acostumbrado y he acudido a bailes con aplomo.
Trató de recordar cómo estaba en Holania, sin éxito. No todo lo de esa noche era claro, y por aquel entonces no la conocía.
Controló sus pensamientos para no rememorar su beso, sonriendo para sí al verla sonrojar, suponiendo que ella recordaba tal acontecimiento.
Empero, no olvidaba a la notoria dama rodeada de seres insulsos, que había mostrado la mejor actitud ante un reencuentro público con el hombre que amenazara la supervivencia de su familia. Había sido ejemplar frente a las aves carroñeras de la sociedad, deseosas de caer sobre su próxima comida.
—Creo, sin duda, que eres de las personas más admirables, Elsa.
Sus palabras coincidieron con la pregunta de ella sobre un libro.
Ella rió detrás de su mano, ocultando su bochorno y reaccionando a su confusión por su repentino cuestionamiento.
—Acabo de hacer lo que detesto de estos eventos. Cambié de un tema a otro —explicó ella cuando él alzó sus cejas, interrogando en silencio. —Y no lo hice del todo. Sucede que, en un baile, estuvieron conversando de esta obra, la cual busqué y solo pude leer recientemente.
—¿Tomaron con seriedad las injusticias a los trabajadores? —inquirió, demostrando que había leído de lo mencionado. Para su vergüenza, notando el interés de ella, sin ejecutar acciones que reflejaran el beneficio de la reflexión momentánea.
Era sencillo leer y tomar conciencia, manteniéndolo para sí, omitiendo comportamientos que mostraran un cambio. Deplorable si ostentaba un lugar en sociedad que pudiera influir en otros para hacer lo correcto.
—Es lamentable que no le dieran la atención suficiente; incluso si el lugar no era el más adecuado para tomar en cuenta asuntos de naturaleza delicada, ¿cuándo discutes esta clase de temas con personas de agendas tan apretadas, que sus reuniones habituales solo se dirigen al objetivo por el que se organizaron? —contestó Elsa, apretando los labios al terminar—. Ese es, quizá, uno de los motivos que no finalicen las veladas como esta, en algunas partes no hay frivolidades. La tarea ardua es encontrar a las personas indicadas para conversar. Dicen que hay acontecimientos significativos de nuestra historia que nacieron en bailes o mesas de juego… como han surgido obras de las artes de sumo valor. Del día a día, es cuando debe planearse lo trascendente, porque lo demás es ensayado.
Otro en su posición habría tomado sus palabras circunspectas con fastidio; a él le hizo sentirse orgulloso de que Elsa se tomara en serio su papel de regente, no por un discurso, sino de haber visto los trabajos que se hacían en Arendelle por dictado de su gobernante, que tenían en mente el bienestar común y no el enriquecimiento de las arcas de la monarca.
—En efecto, y debo reconocer que no he tomado cartas en el asunto como debería.
—No es mi objetivo hacerte un reclamo, disculpa si… —Ella meneó su cabeza levemente. —También tengo mis fallas. Es un error ser demasiado severo con uno mismo. Y siempre lo soy, pero el cambio se me resiste.
Un suspiro de ella compartió su resignación a un rasgo que permanecía.
—Ahora bien, confieso que me gusta ser la reina, para tener un control de lo que puede hacerse.
—Y naciste para serlo. —Le guiñó un ojo, añadiendo picardía a su aseveración. —En cuanto a tu pregunta inicial…
Así como sucedía en otros momentos, y emulando a su discusión de marxismo de otrora, se enfrascaron en una plática ingeniosa, mucho más interesante que tonterías pululantes en charlas de baile.
Vistos desde cualquier ángulo, resultó obvio que la estaba acaparando, pese a que nadie pudiera presumir de hacerlo con una conversación afín a lo concerniente a ese día.
Él disfrutaba indistinta clase de intercambios que pudiera tener con Elsa; su compañía era estimulante a diferentes niveles y podría transcurrir una vida antes de cansarse de lo que proviniera de ella. Era una igual y, en vez de amenazarlo, como opinarían algunos, le producía placer; su mente, cuerpo y espíritu estaban a tono con Elsa de Arendelle.
Fue más tarde, al estar junto a la mesa de ponches —dándose espacio para mezclarse con más asistentes—, que se dio cuenta que por un periodo de tiempo había olvidado sus demandas internas de hacer de ella su pecado, y se sintió bien, porque estar apartado era una tortura. Era uno de los estímulos para seguir su constante quehacer de dominar su poder.
Y, a causa de ello, la invitó a un vals.
El último.
Elsa aceptó con símil cortesía a la suya, dejándose orientar hacia la pista; sonriéndole, toda vez que saludaba a las otras parejas de baile que se apartaron para darle un espacio al centro, proclamando su respeto e importancia.
A él le pareció perfecto, porque durante un instante sugería que lo aprobaban para ser compañero de la reina, superado su atentado. En lo tocante a él, los foráneos podían proclamar en el exterior que estaban en excelentes términos.
(E insinuar más, si eso alejaba a los caballeros solteros.)
Por otro lado, en el vals, se sintió muy cómodo, pudiéndole demostrar con creces sus dotes de bailarín, relegando al olvido su torpe interpretación del baile formal que tuvieran en el continente.
La sentía hecha para sus brazos, cálida y entregada, entusiasta como él, una perfecta pareja en todos los aspectos, igual que una melodía bien preparada. No había equivocación ni titubeo, solo confianza y el deseo de mostrar que eran como un único ser.
…un acoplamiento que parecía familiar, pensó, antes de perderse en los ojos de ella.
Esa vez su poder pasó a segundo plano; aunque fue absorbido por la cascada cerúlea de su mirada, no lo hizo con más que arrobo. De pronto, su corazón era el predominante y el motivo de su comportamiento era el ritmo de sus latidos, de los que ella era la inspiración.
Tenía la respuesta a todas sus inquietudes, al día de mañana, al destino.
Sabía lo que quería y lo que le haría feliz toda la vida.
…&…
Estimada Louise.
Me encuentro sin las palabras correctas para dirigirme a ti en esta /sucinta/ misiva, que espero llegue a ti /en buenas circunstancias/ encontrándote con bien.
He estado fuera de mi reino e ignoro si tengo correspondencia sin abrir, que ansío no se interponga al propósito de esta. Disculpa si el contenido es impreciso o desatento, es la madrugada de una noche en la que llegó claridad a mi mente y no me parece apropiado aplazar esta carta, porque a la luz del día planeo comenzar algo que me llenará de dicha.
Mi vida ha cambiado desde la última vez que coincidimos. Estoy más cerca que nunca de encontrar la respuesta al enigma más grande de mi existencia; finalmente he podido hallar /el camino hacia/ la clave para dominar el don con el que he nacido.
Y gracias a ello, ser yo quien decida lo que quiero.
Es aquí donde mis pensamientos se tornan hacia mi alma gemela.
Te he sentido poco, tanto como pude saber de ti. Los últimos tiempos me han animado a pensar que tú ya no me necesitas, del mismo modo que yo lo hacía.
Aunque realmente nunca lo hicimos; en lo que a mí compete, me refugié en ti como última esperanza cuando mi mundo se tornaba gris, sin tener una idea que las soluciones que añoraba estaban en mí mismo. /Y que tú te merecías a alguien a la altura de tus necesidades al acudir al baile./
Consecuentemente, quiero agradecerte por el impacto que has sido en mí y tenerte la consideración de hablarte de mis intenciones con una mujer, diferente a mi alma gemela, a la cual consideraba sería mi destino amoroso.
Quiero cortejarla y hacerla mi esposa.
Temo que no te agrade esta información y que desilusione a alguna expectativa que tuvieses conmigo. No esperaba un sentimiento tan fuerte que opacara el entendimiento y simpatía que predominaba contigo. Conservo la ilusión que yo no representara una oportunidad romántica para ti, pero ruego perdón si es lo contrario; no quiero causarte daño, mas en asuntos del corazón, a veces es imposible conseguir que todos obtengamos entera satisfacción. Aun así, lo correcto es hablarte con la verdad, por decepciones que provoque.
Cuan condescendiente suena esto. Si pudiera evitarte un dolor, lo haría.
Dicho esto, me queda expresar que no te cierro las puertas a mí. Es decisión tuya si deseas continuar una amistad por correspondencia; le hablaré a ella de ti, y sé que comprenderá la necesidad que tengas de conversar con alguien.
Empero, entenderás que nuestra forma de relacionarnos será lo menos comprometedora posible.
Atentamente,
Hans.
NA: ¡Hola!
¿Se esperaban otra actualización de julio? Solo yo, para traerles una viñeta más larga. Hans ha escogido, si supiera.
Besos, Karo
Guest1: Yeah, he had to become better to accept things and act. Now, he sees a path for his future.
Guest2: Well, I'm more into canon (in my way XD), but I'm not against AU and maybe in a distant or close future I'll write a wiser Elsa.
Ha,ha,ha, yeah, 20 minutes or less... and guess what? Olaf -ridiculously- long Adventure would've been longer XD.
I'm not an only child.
