SEGUNDO CAPÍTULO
»Kame«
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—: Principalmente para diálogos.
«»: Pensamientos.
»«: Otros.
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Un silencio rodeó a los presentes. Al menos hasta que unestupefacto Penguin, exclamó:
—¡WOOW! ¿Mil años? Eso es muchísimo tiempo.
Shachi movió la cabeza de arriba a abajo—como un pequeño niño emocionado— para darle razón. Escuchar que existía una criatura tan longeva le parecía extraordinario. Y deja no más que llegue al nuevo mundo. La tortuga le parecerá de lo más normal.
—Vaya... Es tan vieja como Zunesha —musitóBepo para si mismo. En su imaginación; por alguna extraña razón, el elefante salía de un huevo. ¿Por qué? Quién sabe. Tampoco podemos juzgarlo, ¿verdad? El mundo es tan extraño que tal vez hasta haya sucedido de esa manera.
Mich —con cierta nostalgia— observó al Mink. Quería hablarle y preguntarle muchas cosas, pero sería en otro momento. Cuando la ocasión lo ameritara. «¿Qué? Yo no he dicho nada. No soy tan tonta como tú para hablar inoportunamente del tema.¿Acaso desconfías de mi?», miró de soslayo a Lilith e hizo un adorable puchero al tener una respuesta afirmativa. Su mamá gallina a veces era muy directa con ella.
—¿Tantos años y nadie conoce de su existencia? ¿Cómo eso puede llegar a ser posible? —cuestionó el pelinegro, sacándola de sus pensamientos. Al contemplarlo, notó como fruncía el entrecejo hasta casi unir sus cejas. Curiosamente le parecían las alas extendidas de una gaviota. ¿Acaso graznaría si la veía minuciosamente? No, espera, eso no iba al tema. ¿En qué diablos pensaba?
A Law; en primer lugar, le pareció extraño que no existiera ni un solo rumor de ella. Claro, no es que anduviera de curioso escuchando los chisme de la chusma; pero considerando el tiempo que tiene la tortuga —y lo mortífera que eran sus tierras—, debía por lo menos haber algún cuento de terror rondando en la cercanías.
Mich —antes de responder—, se apartó de la chimenea en un salto. Cómo era susceptible a las altas temperaturas, se sofocaba por estar mucho tiempo cerca del calor. Desventaja de ser una bola pelo y tener desgraciadamente una piel sensible. Ahora solo debía esperar a que su pelaje se secara solo. ¿Cuánto duraría? Mucho para su consternación. Lo bueno es que no olía a perro mojado.
—Lo haces sonar como si fuera imposible, Law. —Pudo ver la conmoción de todos cuando saltó sobre el hombro del aludido y le lamió la mejilla con travesura. Sintió como se estremeció ante su tacto. Aunque sorprendentemente él no le tomó importancia y esperó a que continuara con el rostro impasible. ¿Será porque era un animal? —Ya todos han vivido en carne propia los peligros de esta isla. Tripulación que llega, tripulación que termina muriendo. Algunos tienen más suerte y fallecen por sobredosis, mientras que los otros desfallecen al ser despellejados vivos por los Cannival.
El cirujano de la muerte chasqueó la lengua. No le gustaba recordar esa batalla desigual que tuvo hace unas horas. Si hubiera estado en sus cinco sentidos, jamás hubiera perdido. De eso estaba seguro. «Malditas flores», maldijo internamente. Tomó la nuca —o pescuezo— del pequeño zorro para quitarlo de su hombro y mirarle a los ojos.
—Eso aún no explica el porque nadie sabe de su existencia. Este lugar es muy peligroso.
Mich bostezó y se restregó con ambas patas la cara. Por alguna razón, que la sujetara de esa manera le daba sueño. Sacudió la cabeza y se zafó del agarre, moviéndose como un desesperado pez que acaba de ser pescado.
Apenas tocó el suelo, escapó —no vaya a ser que la quiera volver a agarrar— y saltóa la cabeza de Bepo en busca de refugio. El oso sentado sobre la vieja alfombra no mostró incomodidad. Su rostro tenía una sonrisa boba y el aura que destilaba parecía estar llena de coloridas flores. Si, no había duda, le encantaba la presencia del zorro.
En cuanto a Shachi y Penguin, ambos solo refunfuñaban entre dientes. Decir que no estaban celosos, era mentira. ¿Y quién no? Mich en aquella forma era tan adorable que sería imposible no querer apapacharle.
Por otro lado, Law puso su clásica cara de pocos amigos. Le parecía ridículo quesus nakamas tuvieran una estúpida rivalidad por el zorro. ¿Y su dignidad de piratas? ¿Dónde está? O sea, si, era jodidamente encantadora. Tanto que podía competir con Bepo. Sin embargo, debían mantener su orgullo. Quien los viera dudaría que son atroces piratas.
—Piensas mucho. —Lo reprendió de manera juguetona, atrayendo su interés. —Mira, no hay mucho que explicar. La isla se mueve y no tiene un campo magnético que pueda ser rastreable con el Log post —aclaró, saltando a los brazos de Shachi. El pelirrojo le sonrió de manera triunfal a un mosqueado Penguin. —Ademas, Kame normalmente se encuentra en el corazón de Florian Triangle. Debes en cuando es encontrado por uno que otro barco...
—Y ninguno sale vivo para contarlo. —concluyó el mayor del grupo, cruzándose de brazos. —Tiene sentido. Muchos barcos desaparecen misteriosamente todos los años. A estas alturas ni el gobierno les presta atención.
—Exacto.
—¿Y los otros? —Law la tomó súbitamente de la nuca, separándole a la fuerza de Shachi. Ella bufó y el pelirrojo solo atinó a dejar caer los hombros con tristeza. No podía ir en contra de su capitán.
Penguin, aprovechando la oportunidad, golpeó su espalda con burla mal fingida. Definitivamente la venganza se sirve en plato frío. Él no habrá tenido la ocasión de sostener a Mich; pero cuando tuviera su momento, se lo restregaría en la cara.
—¿Otros? No entiendo.
—Los otros barcos que arribaron en este lugar.
—Mmm, bueno... Los tripulantes perecieron y los buques probablemente naveguen en el mar como barcos fantasmas. —Mich sonrió con diversión al imaginarse los navíos sobre aquellas aguas espeluznantes. De seguro más de uno se llevó el susto de su vida al cruzarse con uno de ellos por casualidad.
—Sabes que no me refiero a eso. —El pelinegro rodó los ojos. —¿Acaso no los ayudaste como lo hiciste con nosotros? ¿O solo nos salvaste-¡EY?!
Inesperadamente, Mich se quedó dormida. Y menos mal que lo había hecho. Tal vez se habría ofendido por la desconfianza de Law... Aunque en teoría ella era la menos indicada para enfadarse. No es como si fuera un pan de dios. Desde un principio también fue muy precavida con la tripulación Heart. ¿Qué? Si pensaban que era una tonta confiada, pues déjenme romper sus ilusiones.
—Capitán... —Le llamó Bepo, jugando nerviosamente con sus dedos. —Lo siento... —Se disculpó y continuó. —Si la agarra de esa manera, es normal que se quede dormida. Las madres sujetan así a sus crías para mantenerlos tranquilos.
Law frunció los labios, mirando detenidamente al zorro. Sabía que estaba siendo un cretino con Mich. Y más cuando le prestó su ayuda y veló por la seguridad de sus compañeros sin pedirle nada a cambio.«¡Demonios!», se rascó incómodo la parte trasera del cuello. Por el bien de todos, zanjaría el tema. Ese pequeño zorro no se merecía más su escrúpulo.
Derrotado, se relajó y soltó un largo suspiro. Cambió la manera en que la sujetaba; y para despertarla, simplemente golpeó su frente con el dedo índice. Dudaba que zarandearla funcionara.
—Lilith..., cinco minutos más —susurró Mich con los ojos entrecerrados. Se notaba a leguas que ella era del tipo que le costaba levantarse en las mañanas. Parpadeó para librarse del sueño y clavó sus brillantes ojos dorados en los grises del cirujano. —¿De que —bostezó— hablábamos? —Se estiró con pereza, sin importarle mucho la posición en la que se encontraba. —Oh, cierto. Los otros... Esos otros... ¿Qué otros?
El pelinegro soltó un bufido, reprimiendo su risa. A fin de cuenta él si tenía una imagen que cuidar.
—Los barcos que llegaron antes de nosotros, Mich-ya —contestó, sin ninguna intención de incomodarla. Si no quería hablar, no la obligaría y cambiaría de tema.
—¡Aaaaah! Esos barcos... Pues no hay mucho que contar a decir verdad. Desde que estoy acá solo e llegado a ver dos: Una tripulación pirata y un barco mercader —explicó, abrazando su larga y esponjosa cola. A pesar de que era más pelo que zorro, no le gustaba que el cirujano mirara su torso. Aun creía que tenía pudor. —Los piratas rechazaron mi ayuda e incluso trataron de cazarme para ser su comida, —sonrió. Aquella persecución fue estúpidamente divertida. Los piratas fueron bastante perseverantes para comer su carne. Qué lástima que hayan sido ellos la cena. Karma, supuso. —En cuanto a los mercaderes. Ellos también buscaron atraparme. Aunque fue para venderme como esclava a los nobles de Sabaody. —Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. —¿Su final? El mismo.
Shachi, Penguin y Bepo no pudieron reprimir una mueca de asco. ¿Cómo diablos podían comer humanos? ¡Puaj!
La franqueza de Mich, hizo que Law se sintiera apenado. Diablos, si que era un cabeza dura. Mira que desconfiar de alguien que le era estúpidamente sincero. Ni siquiera necesitaba usar su habilidad para saber si mentía. Sus ojos dorados eran tan transparentes como un libro abierto.
—Lo siento.
—¿Por qué te disculpas?
—Por desconfiar de ti.
—¿Por eso? No te preocupes. Yo también sospeché de ti. Incluso te puse a prueba para ver si valía la pena rescatarte—rió entre dientes. —Si quieres, podemos decir que estamos a mano.
Ambos se observaron con detenimiento por un largo segundo, sonriéndose con complicidad para la tranquilidad de su público. ¡Uff! Casi se mordían las uñas por la ansiedad. Lo menos que querían era ser enemigos de Mich.
Cuando Law por fin la dejó libre sobre el suelo, se volvió a sentar y —por primera vez desde que despertó en ese lugar— apoyó su preciada katana a un lado de la cama. Esto podría tomarse como un gesto sin importancia, excepto para los que le conocían. Su acción era una clara prueba de confianza ya que bajó su guardia.
—Yo tengo una pregunta. —Sachi levantó la mano como un niño pequeño. Ya que todo se había arreglado, aprovecharía de resolver la inquietud que tenía desde que llegaron a la cueva. —¿Por qué este sitio no es peligroso como el resto de la isla?
Mich le respondió con otra pregunta.
—¿Viste el musgo brillante que hay en toda la cueva? —Todos asintieron al mismo tiempo por alguna extraña razón. —Es el depredador natural de la flor Parásito. O al menos así me gusta llamarle. —Se sentó sobre el regazo de Bepo. —Gracias a que el musgo que se come el polen, éste es el único sitio fiable dentro de la isla. Hasta puedes conseguir agua potable.—comentó y luego añadió: —La playa también es una zona segura ya que a flor no le gusta la arena y la sal del mar.
—Que interesante... —Penguin se llevó la mano a los labios pensativo. —¿Crees que podríamos tomar unas muestras para estudiarla?
—Toma toda la que quieras. No necesitas pedirme permiso. No soy su dueña, shijijiji.
El mayor se rascó la mejilla con ligera timidez. Se sintió un tonto por preguntar.
Shachi no se contuvo y se burló de él, recibiendo un golpe en la cabeza por el aludido. Que linda era su amistad.
Verlos interactuar le hizo recordar una vieja frase que escuchó hace ya muchísimo tiempo atrás: "Los amigo son familia, no comida..." No espera, así no iba... Bueno, tampoco es que mereciera la pena recordarlo. Lo importante es que no debía desaprovechar la oportunidad y preguntar lo que quería. Solo esperaba que no la rechazaran. Eran su última y ÚNICA oportunidad.
—Por cierto, ¿puedo hacer una petición? —Las miradas cayeron sobre Mich. Todos estaban a la expectativa de su solicitud. Le debían la vida y tenían que pagársela de alguna forma. Incluso si ella no les pidiera nada a cambio. Estaba en su código y moral. —¿Podría de casualidad..., —su cola se movió de manera nerviosa, —unirme a su tripulación?
La estancia quedó en un silencio sepulcral. Jamás se les pasó por la cabeza que esa fuera su petición. No obstante, aquello no impidió quelos tres miembros fundadores regresaran a la realidad e inmediatamente miraran a su capitán con ojos de cordero degollado. Una gota de sudor resbaló por la mejilla de Law. ¿A qué se debía esa expresión? Se preguntó.
—¡Sí, capitán! ¡Deje que se una! —exclamó Penguin.
—Además sus habilidades curativas pueden sernos útiles —secundó Sachi. Bepo solo asintió ante lo dicho.
—¿Habilidades curativas? —Aquello avivó su curiosidad. Contempló al zorro, esperando su respuesta.
¿Por qué no le pedía una breve explicación a sus Nakamas? Porque no sería lo mismo y de seguro no les habría compartido mucha información. En todo caso, si de verdad poseía dichos poderes, eso explicaría su condición tan saludable. Ni siquiera durmiendo correctamente cinco horas—ni el se cree que duerma tanto— o comiendo tres veces al día, se sentiría tan bien. Aunque una duda invadió su cabeza: ¿Cómo funcionaba esa habilidad? ¿Tendría que comer uno de sus pelo? ¿o tal vez era su saliva la curativa? De todos modos, cual sea que fuera la respuesta, le daba repulsión. Lo que si era innegable es que Mich debía ser usuaria de una Zoan Mitológica. ¿Cuál? Esperaba que ella se lo explicara.
—Prométeme que no te reirás —pidió de pronto, uniendo sus patitas en plegaria. Law asintió desconcertado. Al mirar a sus abochornados nakamas para pedir una explicación, pudo darse una idea de lo que sucedió. —Además de transformarme, tengo la habilidad de producir arroz y éste tiene ciertos efectos curativos.
—¿A-rroz? —parpadeó estupefacto.
Mich asintió efusivamente y tomó un poco de distancia de los piratas. Una nube blanca brotó de su cuerpo y un »puff« resonó en la estancia. Una adorable y menuda chica vestida con harapos rasgados apareció frente a ellos. Sus ojos eran dorados. Su cabello rojo estaba mal cortado y su tez era muy pálida. Lo más curioso de su apariencia eran las singulares orejas de zorro sobre su cabeza y la peluda cola tras la espalda baja.
—¿¡ERAS UNA CHICA?! —Tanto Mich como Bepo tuvieron que taparse las orejas ante el estrepitoso grito de los dos chicos vestidos con overoles blancos.
—¡Lo siento! —El Mink se disculpó. Él si se había dado cuenta de su generó por el olor. No lo mencionó antes porque no lo vio conveniente, nadie le preguntó... y después se le olvidó.
—¡¿Lo sabías!? ¡¿Por qué no nos dijiste, Bepo?! —Exclamaron indignados Penguin y Shachi.
—¡Es que ninguno me lo preguntó! —Los ojos del oso daban vueltas ya que sus compañeros lo sacudían de un lado a otro como si fuera un simple peluche de felpa.
—¿Es lo que más les sorprende? —Los labios de Law se torcieron en una ligera sonrisa, separando a los chicos del aturdido Bepo. Si hubiera tardado más, seguramente su pobre navegante vomitaría lo poco que tenía de comida en el estómago. En cuanto al sexo de Mich, él ya sabía que era mujer. O al menos del género femenino. ¿Cómo? Gracias a su »Room«. Es fácil reconocer los órganos reproductores con su habitación desplegada. Eso si, nunca se imaginó que fuera humana.
«Pensé que sería usuaria de una Hito Hito», reflexionó, mirando detenidamente a la chica. A pesar de las cicatrices que tenía, ella era bastante bonita. Tan pequeña y encantadora como una muñequita. Y pensar que vivió en esa isla por quien sabe cuanto tiempo.
De pronto, los movimiento de Mich captaron su atención. La pelirroja movió sus dedos y de estos comenzaron a brotar granos blancos. Cuando hizo un montículo en le palma de su mano libre, le dio forma de triángulo y se lo ofreció. Por supuesto no dudo en tomarlo y darle una mordida.«Esta rico». ¿Qué? Vio sus manos y éstas estaban limpias; además era un Onigiri. No lo iba a rechazar. Menos si tenía hambre.
—Así como puedo hacer arroz cocido, puedo hacer Sake u otras derivaciones. Por ejemplo, pasta, granos crudos, harina o agua. Mientras que sea algo compuesto de arroz, no tengo limitaciones. ¡Hasta puedo hacer un arrozal! —Se sintió nerviosa al tener todas esas miradas de asombro sobre ella. Hace tiempo que no le mostraba su apariencia original a un humano y tampoco hablaba de su habilidad con franqueza. —En cuanto a sus capacidades curativas... —meditó un poco antes de responder, —éste solo puede aliviar la fatiga, envenenamiento u/o drogas leves. Así como puede curar dolores musculares, de cabeza, estomago y cerrar pequeños cortes. Nada muy extremo.
—Y no podemos olvidar su buen sabor. —Sachi se cruzó de brazos, recordando el Sake que les dio la chica cuando estaban en aquella celda de huesos. ¿Qué tipo de huesos? No quería hablar de ello.
—Exacto —concordó Penguin, alzando el pulgar. —Incluso admito que es el mejor Sake que he probado hasta el momento.
Mich sonrió complacida. Todos sus años haciendo arroz habían válido la pena... Aunque seamos sinceros, tampoco es como si pudiera hacer otra cosa.
—Sabes que el mundo de la piratería no es un juego de niños, ¿verdad? —cuestionó Law, regresando al tema original. Le parecía interesante las habilidades de la pelirroja. Sería muy favorable para la tripulación. No obstante, debía asegurarse que no se arrepintiera. —Si lo que quieres es salir de aquí, podemos llevarte a una isla. E incluso si lo deseas, te podemos llevar a tu hogar. A fin de cuenta te debo un gran favor.
—¿Eso es un no?
Law negó con la cabeza y acomodó su sombrero.
—Nos dirigimos al nuevo mundo y ese lugar es muy peligrosos. No quieroque después te arrepientas.—Obviamente no le iba hablar de sus planes futuros. No era el momento.
Mich sonrió de oreja a oreja, revelando sus agudos caninos.
—Desde pequeña siempre quise ser pirata; pero entre una y otra cosa terminé varada en este sitio sin poder salir. —Su nariz se arrugó cuando refunfuño. —Tampoco es como si tuviera una familia que espera mí regreso.
—Siendo ese el caso. Eres bienvenida de formar parte en mi tripulación.
—¡¿Enserio?! —Los ojos de la pelirroja brillaron con emoción.
—Sí, y no lo vuelvas a preguntar. No me gusta repetir las cosas.
—¡Muchas gracias, capitán!
Penguin, Shachi y Bepo, levantaron sus pulgares para darle la bienvenida. Cuando regresaran al Polar Tang —y la presentaran con los demás tripulantes— harían la mejor fiesta de bienvenida que jamás hayan hecho.
Por la emoción, Mich se abalanzó contra Law, abrazándolo con mucha efusividad. ¡Hasta frotó su mejilla con la de él demostrado su felicidad! El pelinegro enmudeció y se quedó estático. No estaba acostumbrado a esas muestras de cariño. Más si venía de una desconocida. Apenas y le permitía a su navegante hacer lo mismo que ella.
—¿Y cuánto tiempo llevas aquí? —preguntó de pronto Bepo, tratando de obtener la atención de la chica para que se separara de su capitán.
La pelirroja frunció el ceño y soltó al morocho. Comenzó a contar con sus dedos el estimado de los días en la isla sin recordar exactamente el tiempo.
—Dame un momento.
Sin añadir algo más, salió de la habitación. Los hombres se miraron entre si al mismo tiempo y no tardaron en seguirle el paso.
Mich abrió una escotilla al final del pasillo, desapareciendo al ingresar al interior. El piso inferior estaba oscuro, por lo que solo Bepo podía indicarles el camino. No obstante, gracias a la tenue luz del musgo que provenía de la única habitación al fondo del corredor, lograron observar el interior. El lugar era espacioso y lo más sorprendente era la cantidad de joyas y oro que había. Literalmente habían montículos de monedas que sobrepasaban la altura del más alto del grupo. Y estamos hablando de que Bepo mide dos metro cuarenta.
La chica ignoró las exclamaciones tras su espalda y comenzó a contar las líneas marcadas sobre las cuatro paredes de madera. Eran tantas; que si no contabas bien, tendrías que iniciar de cero.
—Diez años, dos meses y tres días —contestó Mich, girando sobre sus talones para encarar a Bepo con una sonrisa.
El navegante estaba a punto de colocarse una preciosa corona de joyas sobre la cabeza. La cuál después lanzó a quien sabe donde al tener la mirada divertida de Mich sobre él.
Law se acercó a la pared, deslizando sus dedos sobre las hundidas marcas en la madera y sintiendo bajo su tacto la rudeza con las que fueron hechas. ¿Las habrá hecho con sus uñas? ¿O con una piedra filosa? Las astillas en la madera no le daba una respuesta correcta.
—Debiste sentirte muy sola —murmuró Law, sin darse cuenta que lo dijo en voz alta y no lo pensó.
—Al principio, si. Fue difícil.—respondió la aludida, sujetando su muñeca tras la espalda.—Pero después llegó Lilith y a partir de ahí todo fue menos solitario. Lo bueno es que no me volví loca.
Decir que no estaba loca, era mentir. Pero claro que eso no se lo iba a comentar. Solo esperaba que con compañía de toda la tripulación, la chica pueda recuperarse y separarse de esa muñeca.
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»Continuara...«
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Perdón por la demora. Tardé modificando la narrativa... No es que estuviera inconforme con la otra, pero la sentía muy rígida. Probablemente porque era mi primer capítulo luego de varios años sin escribir... Aunque, por muy raro que suene, en lo que más me tardé fue en editar... Sí, editar, porque el capítulo lo escribí super rápido. ಠ_ಠ
En fin, pronto subiré también el capítulo dos de Cruce entre mundos (Nuevo fanfic, ubicado también en One Piece), para continuar con el capítulo tres de esta. (La novela la pueden encontrar en Wattpad).
PD. ¡Muchas gracias a todos por comentar! me hicieron muy feliz. ‹3
