EXTRA 1
UN CAPÍTULO NUEVO
Día soleado, clima caluroso característico del verano y cientos de personas caminando de arriba abajo con maletas en mano era lo que el paisaje del gran aeropuerto de Narita mostraba.
Tanto extranjeros como locales no dejaban de desfilar y los reencuentros familiares, de parejas o amigos estaban a la orden.
No muy lejos de ahí una niña pequeña de no más de 6 años de edad, miraba alrededor por la enorme ventana de la sala VIP en la que había ingresado hacía quince minutos. Donde acompañada de Corimori – Akito (el perro peluche más popular del momento) comía un trozo de pastel de naranja mientras su padre revisaba sus redes sociales para contestar, a petición de su manager, algunos mensajes de sus fans.
La pequeña movía de vez en cuando la cabeza haciendo revolotear sus colitas amarradas con ligas de corazón que caían ondulantes a cada lado de su cabeza. Su piel trigueña dorada, ojos verdes brillantes coronados por largas y tupidas pestañas, facciones delicadas y excelentes modales para alguien de su edad, la hacían parecer toda una muñequita, que aparte de destacar por su hermosa apariencia, su ropa terminaba por completar el cuadro, pues de pies a cabeza vestía de la diseñadora Española Agatha Ruiz de la Prada. Que si bien no era una marca tan costosa como las que en otras ocasiones usaba, sí era su favorita. Amaba los colores y diseños divertidos de las prendas, así que desde la primera vez que vio las piezas, la amó con todo su corazón.
Su mono blanco con estampado de aguacates kawaii cuyos tirantes se abotonaban con un corazón, así como sus sandalias blancas con las letras "LOVE", resaltaban bastante entre los monocromáticos colores de alrededor.
Tras pasar un trozo del rico pastel, dio otra mirada expectante hacia afuera. Soltando un suspiro cuando no vió a quien esperaba.
—¿Papá, ya casi llega papi?
—Mmm déjame revisar, princesa. ¿Ya te aburriste? – preguntó el atractivo hombre que acomodando sus lentes de sol miró hacia la pantalla donde informaban el estado de los vuelos.
—No, solo ya quiero ver a papi. Lo extraño – el pequeño pucherito no mentía, realmente sentía lo que decía.
El hombre esbozó una sonrisa de medio lado —Yo también lo extraño mucho, mucho, pero mira. – Indicó señalando la pantalla.
Pronto el letrero de viajes internacionales marcó el arribo "Los Angeles – Tokyo".
—¡Papi ya llegó!, solo espera 15 minutos más y podremos verlo.
La emoción en su voz era la misma que la de su niña quien saltó de felicidad abrazando a su peluche.
Chunta cargó a la nena que de inmediato se colgó como un koala con la sonrisa más radiante del mundo. Caminó hacia la caja y pagó su cuenta, no quería perder ni un solo minuto.
Mientras salía de la sala pudo notar que algunas personas lo habían reconocido y apuntaban sus celulares hacia él, por lo que acomodó a su hija de tal manera que su rostro no fuera expuesto, para lo que el peluche resultaba muy útil; ya que no solamente servía como juguete sino para cubrirla, por lo que estos nunca faltaban a la hora de salir de casa.
Tanto él como Takato habían cuidado con fiereza que la identidad de su bebé no fuera expuesta, pues si bien era un delito mostrar a menores de edad en publicaciones, a algunos medios y personas no les importaba pagar la exorbitante multa si con ello obtenían popularidad y gran cantidad de ventas.
Hace unos años, cuando ambos llegaron de España con la bebé en brazos, los medios de comunicación se les fueron como buitres encima. Ambos eran famosos, también eran la primera pareja gay del medio que mostró sin pena su relación por todo lo alto y la primera en formalizar su relación por medio del matrimonio igualitario. Así que estaba de más decir que el que ambos hubieran llegado de una tercera "luna de miel" con un bebé, era una primicia que ninguno se quería perder. Aunque Japón se caracterizaba por ser respetuoso, la nota era la nota y todos la querían primero.
De no ser por Usaka que anticipó la acción de estos mandando a algunos guardaespaldas para cubrirlos en aquella ocasión, Junta estaba seguro de que se habría ganado el apodo de Ángel caído, pues estaba dispuesto a todo con tal de proteger a su familia.
Sin embargo, a diferencia de las otras ocasiones en las que su vida privada no fue "tan privada", ninguno iba a permitir que su hija fuera tomada como objeto para vender portadas ni mucho menos para comentarios insidiosos. Ella estaría alejada de los reflectores y llevando una vida tan normal como se pudiera.
Suficiente habían tenido cuando un paparazzi atrevido fotografió a Takato saliendo de una tienda de conveniencia un sábado por la mañana llevando a la bebé en su cangurera.
La foto en la que se veía al actor con una gorra oscura, lentes y ropa deportiva cargando a la nena, a quien solo se le podía apreciar sus piernitas regordetas y media cara, se vendió como pan caliente en tan solo una hora con el título "¿La bebé de los Saijo-Azumaya no es blanca?".
Tal título los llenó de indignación por el claro racismo y connotación negativa que esta mostraba. Sí, su hija no era blanca, pero ¿¡qué demonios importaba eso!?, así fuera del color que fuera, este no debía ser un tema de conversación y menos hacerlo ver como si fuese algo malo. Claro que demandaron y ganaron. No dieron declaraciones ni hicieron más grande la noticia; si los perros tenían hambre, comerían, pero no del plato que ellos servían.
Desde entonces nadie más sacó un solo artículo sobre la niña.
Ella era su pequeño tesoro, uno por el cual habían trabajado muy duro haciendo viajes extenuantes para no fallar a sus visitas mensuales, sometiéndose a infinidad de test psicológicos, socioeconómicos, cursos de preparación y de más para asegurarse de que ambos eran aptos para adoptar.
Al principio Takato se preocupó por los resultados que el test de Chunta pudiera arrojar, sabido era que el castaño muy normal no podía ser considerado, así que mordía sus uñas cada que el Ángel entraba a la habitación con la psicóloga y trabajadora social. Sin embargo y para su sorpresa, sus resultados fueron sospechosamente perfectos. Además, las personas con las que hablaba decían maravillas de él. El ángel engañador lo había vuelto a hacer, pero en esta ocasión lo dejaría pasar, pues si bien Chunta podía ser un perfecto psicópata, jamás atentaría contra él o su hija.
Tiempo después que pareció una eternidad, el sello de aprobación fue puesto y oficialmente se convirtieron en los padres de la pequeña Sara, quien ahora llevaría por nombre Sara Megumi Saijo Azumaya. El primero significaba "princesa" este había sido otorgado por el orfanato, pues cuando fue dejada en ese lugar, la cobija en la que estaba envuelta tenía coronas estampadas; mientras que el segundo, escogido por ambos, significaba: "bendición", pues eso era su niña para ellos.
Desde la primera vez que la vieron, se enamoraron del bodoque de 10 meses de vida. Celestino no había mentido, la criatura era una copia de Junta. Por lo que sí o sí, ella debía ir a casa con ellos. Su naturaleza les había negado el don de procrear con la persona que amaban, pero el cielo les regaló una niña que nació de su corazón. Una niña que sería tratada como sus nombres indicaban, "una princesa bendecida".
Antes de salir de la sala VIP, Junta les dedicó una mirada oscura a quienes apuntaban con sus celulares, mismos que de inmediato los escondieron. Poco le importaba si eso afectaba su imagen, su hija ¡siempre! estaría primero.
—Papá… quiero ver. – Pidió la nena asomando su cabeza por sobre el hombro de Junta. Ella sabía que cuando su papá la acurrucaba en su pecho debía permanecer quieta, pero mientras más crecía, más curiosa estaba del mundo que la rodeaba, por lo que estar en tal posición durante un tiempo considerable no era para nada atractivo ni divertido.
—Aguanta un poco más ¿sí, princesa? casi llegamos a la puerta de donde papi saldrá. – Respondió manteniéndose alerta. A la niña no le pareció la idea de seguir así, pero obedeció. Siempre lo hacía.
Un par de pasos más, Chunta volvió a hablar señalando con el dedo hacia el horizonte.
—¡Ahí está papi!
Sara giró la cabeza con prisa buscando con la mirada a Takato. Sus preciosos ojos verdes escrutaban todo a su paso, pero no fue hasta que la figura menuda estuvo a unos cuantos metros, que saltó de los brazos de Junta y corrió hacia el actor quien ya la esperaba de rodillas y con los brazos abiertos.
—¡Papi! ¡papi!, ¡te extrañé mucho, mucho! – en segundos Megumi llenó de besitos a Takato quien los recibió sonriente y gustoso. Por supuesto él tampoco se quedó de brazos cruzados y contraatacando regresó el gesto.
—¡Mi hermosa princesa!, yo también te extrañé. ¡Pero mira que preciosa andas!
De inmediato, el Takato serio e inmutable que todos conocían desapareció, dando paso a su modo consentidor y empalagoso.
Desde siempre al actor le habían gustado los niños, tal vez porque él mismo no había sido capaz de disfrutar de su infancia debido a que comenzó su carrera casi desde la cuna, y ahora que tenía una hija, se desvivía por ella atesorando cada momento. Un montón de besos fueron dejados por toda su carita mientras la nena se colgaba de él como un monito.
Extasiado por la escena, Junta se unió al par que por un momento se habían olvidado de él.
—Oh, ¿acaso no me extrañaste a mí? – Preguntó el castaño señalándose a sí mismo mientras ponía ojos de cachorro abandonado.
Takato se levantó lentamente luciendo toda su figura, que pese a las 12 horas de vuelo y sus 39 años de edad, se veía tan hermoso y perfecto como la primera vez que lo conoció. Error, con el pasar del tiempo, su esposo simplemente se volvía más y más atractivo.
Su cuerpo fino, apariencia pulcra y elegante, movimientos suaves, cabello ligeramente más largo y presencia lo convertían en el objeto de deseo tanto de hombres como mujeres. Aunque ya no era el número uno de los más deseados, no salía del top de los diez. Su público se había vuelto más maduro y su talento ahora no era solamente reconocido a nivel nacional, sino también internacional.
Aquella película que filmó con el ahora fallecido Madarame, era la que más odiaba, pero al mismo tiempo la que le había abierto las puertas de ofertas más interesantes y de gran escala.
Con el pasar de los años, las heridas del pasado habían sanado, pero de vez en cuando su cuerpo tendía a recordar el trauma. Si alguien se le acercaba por la espalda sin darse cuenta se estremecía, las salidas nocturnas eran un gran ¡no! si no se encontraba acompañado de su esposo o un guardaespaldas y esporádicamente pesadillas donde caía a un barranco perturbaban su sueño al punto de levantarse empapado en sudor. Cuando eso pasaba Junta sabía exactamente qué hacer: abrazaba al azabache dejándolo descansar sobre su pecho y con amor limpiaba las gotas de sudor para después asegurarle que estaba en casa, sano y salvo, siendo confirmado por el bello portarretratos que descansaba en el buró, donde Takato y Junta posaban felices con su hija. Aquella había sido su primera sesión familiar, realizada al mes de estar en su nuevo hogar.
Ante la pregunta de Junta, el de los ojos azules le dedicó una mirada cargada de miel, sostuvo a la pequeña sobre su brazo izquierdo mientras que con el derecho enganchaba el cuello del menor.
—Por supuesto que te extrañé mi Chunta.
Complacido, el castaño respondió el abrazo sintiendo el cuerpo que muchas veces se había estremecido debajo de él.
—¿Cómo te fue mi tesoro?
Takato olfateó el perfume que tanto le gustaba en su hombre, disfrutándolo — Mmm… bien, muy bien de hecho, pero… esta es la última vez que aceptaré una oferta como esta, no puedo vivir ni un segundo sin ti y mi bebé, o vamos todos o ninguno – sentenció depositando un piquito en los labios del castaño, a quien el gesto lo dejó queriendo más. Con el tiempo las muestras de amor se habían convertido en algo más natural entre ellos, Junta había influido mucho en él y su niña con su comportamiento tan libre y occidental.
—Aaah… - suspiró entrecerrando sus ojos —no te preocupes amor, no dejaré que te vuelvas a ir de mi lado, y para compensar el tiempo que estuvimos separados… – Junta hizo una pausa y con tono seductor se acercó hasta la oreja del azabache —Me aseguraré de llenarte por cada día que no nos vimos – Advirtió mordiendo la oreja que en microsegundos se tornó de un rojo furioso.
—Pero ¡qué…! ¡no digas eso en público, ¡ángel descarado! – reprendió mirando hacia el otro lado. A lo que Chunta solo atinó a reírse, había cosas que por más que pasara el tiempo no cambiarían.
La nena que no soltaba a Takato tenía un gran signo de interrogación en la frente —Papi, ¿por qué estás todo rojo?, ¿qué te dijo papá? – de inmediato la pequeña adaptó una posición inquisidora mirando al hombre que lucía como ella. —¡Papá, no molestes a papi! – sentenció moviendo su dedo índice hacia el alto. Quien solo estiró la cabeza pretendiendo lanzarle una mordida provocando la risa de la pequeña.
Takato abrió los ojos como platos respondiendo con un ligero tartamudeo —¡Sa- sara!... nada, solo te-tengo calor… papá no me dijo nada.
Sin creerlo del todo, infló sus mejillas —Fuuu, fuuuu, es porque es verano papi – Sara comenzó a soplar sobre Takato en un intento para refrescarlo.
El aliento con aroma a naranja llegó al actor, quien de inmediato esbozó una sonrisa llena.
—Awww mi bebé es tan tierna y considerada. ¡Papi te ama! – exclamó restregando su cara contra la mejilla de la niña. Esta a su vez soltó un ¡Kyaaa! Animado.
Junta no se cansaba de ver a sus dos amores y las interacciones que estos tenían. Por un momento juró que pudo ver orejas de gato sobre la cabeza de Takato y poco le faltaba para ronronear de gusto. Estaba disfrutando el momento, lastimosamente, este no podía ser eterno.
Murmullos entre la gente comenzaron a escucharse, aquello era su pan de cada día cuando salían de casa. La popularidad de Takato que creció con los años aunada a la propia de Junta quien pasó a ser la imagen mundial oficial de Gucci, simplemente no los podía hacer pasar desapercibidos. Ambos actores eran tan conocidos que bastaban unos pocos minutos para ser identificados así intentaran pasar por simples ciudadanos de Japón.
Tsk, chistó el menor sintiéndose irritado. Plumas negras flotaron de fondo. Primero en la Sala y ahora aquí. Deseaba que al menos por un día nadie volteara a verlos, pero el enorme poster de Junta modelando una pieza de la nueva colección primavera-verano con las letras GUCCI al frente y colocado en la tienda del aeropuerto, no ayudaba.
Tomó la bolsa y única maleta que cargaba Takato al tiempo que rodeaba los hombros de este con su brazo.
—¿Es todo lo que empacaste? – preguntó sintiéndose curioso por la pequeña cantidad.
De inmediato negó.
—No, Sasaki me está haciendo el favor de registrar las otras para que lleguen a casa directamente. En esta cargo sus regalos.
—¡Síiii! ¡Regalos! Quiero verlo, ¿puedo, puedo, por favor?
Era sorprendente cómo la pequeña imitaba a la perfección a Junta, frente a él estaba esa misma mirada de cachorro.
—Santo cielo, ¿esto es lo que le enseñas a nuestra hija? – una risa suave escapó de su boca al ver a su bebé. De inmediato, la castaña dirigió su vista hacia el ojiverde con una expresión que decía "atrapados".
Junta rió levantando los hombros inocentemente, encaminando a su esposo y niña hacia la salida. — Jaja, mejor vámonos a casa. Debes estar cansado. Te prepararé la bañera, cocinaré comida deliciosa y te llenaré de mimos. Hoy solo serás consentido.
Prometió depositando un beso en la sien del azabache. Este solo recargó su cabeza en el cuerpo del otro.
—Eso se escucha encantador. Quiero mucho jamón serrano y paella, extraño la que tú preparas.
—Yo quiero cachopo, papá. – Pidió Megumi saboreándose el rico platillo. Últimamente la niña solo deseaba comer la rica ternera empanizada.
—Oh, creí que pedirías algo japonés – argumentó Junta pensando que Takato extrañaría el arroz blanco, para después pellizcar gentilmente la naricita de la niña. —Princesa, ayer comiste eso.
La niña llevó las manos a su nariz tapándola del ataque.
—No importa, me encanta como papá cocina. Todo sabe delicioso – contraatacó dejando desarmado a Junta que solo entrecerró los ojos y sonrió de lado.
—Eso es trampa…
—Pero es cierto, todo lo que haces es delicioso – apoyó Takato mirando al alto sin imaginar que sus palabras serían tomadas con otro sentido.
—Ya veo, te prometo que hoy tendrás un extra de lo delicioso por la módica cantidad de mil yenes.
—¡Ya no hables, por favor! - ¡Bum! Ahora el actor se había convertido en un volcán y de aquí a la casa no volvería a abrir la boca.
Pensando seriamente en sus acciones, Takato pensó: —Nueva nota mental: No provoques a un esposo que ha estado abstinente por un par de meses.
╔═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════╗
—Vaya… ¿puedes creerlo?, somos padres… tenemos una bebé y es perfecta – susurró Takato recargado en el cunero observando con ojos embelesados al pequeño ser mientras acariciaba la suave pancita que se inflaba con cada respiración.
Junta colocó su mano sobre la espalda de Takato palmeándola.
— No, en realidad jamás pensé que tendría una hija o hijo… pensé que solo seríamos tú y yo… – exclamó con franqueza.
Takato dejó de ver a la niña y la sonrisa que adornaba su rostro poco a poco fue convirtiéndose en una línea. Tragó seco y giró su rostro para encarar al menor, pero las palabras no salieron. Inseguro agachó la cabeza.
En su mente ya se había creado todo un drama al recordar que la decisión de adoptar había nacido de él y aunque Junta a todo le dijo que sí, jamás preguntó o escuchó lo que él pensaba al respecto.
Mordió su labio inferior sintiéndose un egoísta. El que él tuviera 33 y se sintiera lo suficientemente listo para tener un hijo, era justamente eso, su sentir. Pero Junta, con todo un futuro por delante y siendo mucho menor que él, aún no alcanzaba los 30 y ya le había dado la responsabilidad de criar a una niña de un año y seis meses de edad.
No había pasado mucho desde que se casaron cuando ya estaban viajando a España para visitar el orfanato y a la pequeña de la que Celestino les había hablado el día de su compromiso.
Todo había salido a pedir de boca y a los ocho meses de estar con los trámites de adopción, la beba les fue entregada y él no podía estar más feliz. Tenía un esposo increíble, su carrera estaba mejor que nunca y ahora era padre.
Pero… ¿qué pensaba Junta al respecto?, ¿él realmente lo quería o solo lo estaba complaciendo?, ¿llegaría un momento en que explotaría y mostraría lo que realmente sentía?, tal y como sucedió en España después de que él se fuera a casa de Antonio dejándolo nuevamente atrás.
El castaño pudo leer en los ojos de Takato todo lo que este estaba pensando, por lo que esbozó una media sonrisa divertida. Durante todos esos años juntos, ambos habían aprendido a comunicarse con honestidad y después de la prueba de fuego que enfrentaron con tanto dolor, esa comunicación alcanzó niveles que jamás imaginaron.
Así que el hecho de que surgieran malentendidos como estos no eran aceptables y debía corregirlo en el momento. Por lo que de inmediato tomó la barbilla del mayor para que lo mirara.
—No me malinterpretes. Amo nuestra relación, amo nuestra vida actual y amo a nuestra hija. Ni conocerte, ni amarte, casarme o formar una familia son acciones que estaban en mi plan de vida, pero no por ello significa que no me encanten. Conocerte fue lo mejor que me pasó – Aseguró acariciando el rostro de Takato que lo escuchaba atento inclinando su cabeza para tener mayor contacto con la mano que lo mimaba — ser tuyo y tú mío… es un sueño hecho realidad. Todo lo que quieras te lo daré y seré feliz cuando tú estés feliz. Seguro piensas que solo quiero complacerte y es cierto… pero no soy tan inmaduro como para tomar la vida de otro ser como algo a la ligera. Sara es mi hija, la acepto en nuestra vida, la amaré y protegeré siempre. Si realmente no la hubiera querido, no habría pasado esos exámenes – soltó levantando los hombros restándole importancia al asunto.
Takato abrió los ojos como platos ante la declaración y sin querer soltó una risa estruendosa salida de su alma, que de inmediato calló con sus manos esperando no haber despertado a la nena que con mucha dificultad había logrado que se durmiera.
Con un "shh, shh" de su boca, Junta meció la cuna cuando el bodoque se estremeció por el ruido.
Takato recuperó el control. Posó su mano sobre la del castaño hasta entrelazar sus dedos y en un suave susurró dejó salir un dulce y sincero "te amo".
—Eres más de lo que pude haberle pedido a la vida… - agregó besando su mejilla.
—Esa es mi frase Totaka.
╚═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════╝
—Mi tesoro… amor, despierta. Llegamos a casa.
Indicó Chunta removiendo de la frente de Takato los cabellos sueltos que se le pegaron. Este último solo atinó a acomodarse en el asiento murmurando palabras ininteligibles. Apretó los ojos y continuó durmiendo.
—Papi no quiere despertarse… ¿lo muevo? – desabrochando su cinturón de seguridad, Sara se acomodó en medio del asiento del conductor y copiloto lista para actuar en cuanto su papá le diera luz verde.
—No, princesa. Papi está muy cansado, fue un viaje muy largo. Mejor ayúdame abriendo la puerta de la casa, ¿sí? Lo cargaré.
—¡Sí, papá!, ¿puedo darle otro besito?
Junta asintió —Claro, pero hazlo suave, no lo despiertes.
La hermosa residencia que tiempo atrás les había dado la bienvenida a su nueva vida, ahora lucía con columpios, resbaladillas, juguetes regados y una casa del árbol en el jardín. La presencia de la pequeña Sara estaba más que establecida y reclamada.
La combinación minimalista de Takato, la natural de Junta e infantil de Sara formaban la triada perfecta.
Con mucho cuidado el castaño depositó a Takato en su cama y, ayudado por su hija que corrió a cerrar las cortinas donde el sol veraniego pegaba con fuerza, él aprovechó para quitarle los zapatos, desabotonar su camisa y pantalones con el fin de que estuviera más cómodo, para finalmente colocarle la pijama.
Dando un último vistazo, lo arropó y salió del cuarto, no sin antes dejar un beso en sus labios.
Notando la decepción en el rostro de su hija, Junta la cargó hasta la cocina, donde la acomodó sobre la barra.
—¿Qué te parece si preparamos lo que papi quería comer? Cuando se despierte tendrá mucha hambre, pero nosotros lo estaremos esperando con algo delicioso.
Los ojos de la pequeña centellaron al tiempo que asentía vigorosamente.
—Sí, voy a lavarme las manos y me pondré mi mandil – dijo orgullosa. Antes de hacerlo se detuvo un momento… —Papá… ¿Puedo hablarle a mi abuelito Celes para decirle que papi ya llegó?, me encargó que le avisara.
Junta miró la hora para asegurarse de que fuera prudente llamar y al comprobarlo asintió pasándole su móvil.
╔═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════╗
—No… Lo siento Sasaki san, ya se lo había dicho a la presidenta. Sí, entiendo que te está presionando y solo cumples al llamarme – Takato hizo caras extrañas, abrió mucho los ojos y movió su mano como si fuera un avión logrando que la bebé abriera la boca — Gracias por entender, pero no agregaré más trabajos a mi agenda. Quiero tener tiempo para estar con mi hija y Chunta ¡mmmm yomi, yomi!, está rico el puré y el pollito, ¿no?… ¡ah!, no, hablaba con Megumi chan. Entiendo, sí, sí. Nos vemos, salúdame a Rina y Nana chan. Gracias.
Takato suspiró en cuanto cortó la llamada. La grabación de su nueva serie, entrevistas, sesiones de fotos, shows y demás apenas si lo dejaban respirar. No sabía cómo, pero había logrado encontrar espacio entre cada cosa para siempre estar en casa cuando su bebé despertaba, a la hora de la comida y de dormir, aunque después tuviera que volver a salir.
Mentiría al decir que aquello no estaba mermando sus fuerzas, pero cada que veía la sonrisa de su pedazo de sol, todo el cansancio desaparecía llenando su corazón de calidez y amor.
—Saijo san, dejé listo el biberón para cuando la señorita termine su papilla. Si no hay alguna otra indicación me retiraré.
Takato miró a la mujer madura que portaba un uniforme de la agencia de niñeras que dos meses atrás había contratado.
Ayagi Chihiro la había recomendado. Al principio no estaba seguro de tomar en serio su sugerencia, después de todo se trataba de encontrar a la persona a quien le confiaría su pequeño tesoro, pero después de que este le explicara que estaba saliendo con la hija del dueño y logró conocer a fondo cómo se manejaban, pudo asegurarle que sus estándares eran altos y de confianza. La confidencialidad de sus clientes y alta eficiencia eran su sello de garantía.
—Gracias, puede retirarse, Osaki san. Que pase buena noche.
La mujer inclinó la cabeza y se despidió. Takato por su parte, continuó dando de comer a la niña. Después de trabajar sin parar, logró tener dos días enteros de descanso. Mismos que aprovecharía para hacerle una visita sorpresa a Chunta, quien se encontraba en Nara grabando una serie histórica donde los paisajes del japón antiguo debían estar presentes.
—Megumi… ¿quién soy yo? – balbuceos era lo único que respondía.
Con una edad de 1 año 8 meses, resultó preocupante para Takato que la pequeña no pudiera decir "papá", investigando se dio cuenta que era una palabra con la que su bebé no estaba familiarizada, ya que en el orfanato no había nadie a quien pudiera llamar así. Por lo que al saberlo su corazón se estrujó y todos los días repetía "papá" señalándose a sí mismo con el propósito de que su niña lo relacionara y supiera que ahora sí tenía, y no solo uno, sino dos padres.
Limpió con una servilleta su boquita y la tomó en brazos para que repitiera.
—Bueno, ya podrás decirme papá. Ahora te diré nuestro plan: tomaremos un baño, te pondré una ropa muy bonita, tomaremos las maletas e iremos con papá Chunta para que no se sienta solito. ¿Te gusta mi plan? – preguntó palmeando la espaldita de la nena. De pronto esta habló.
—Sí, sí, papá, soy papá… ¡qué!
A Takato casi se le cae la quijada por la sorpresa, puso a la bebé frente a él tomándola por las axilas y esta repitió la palabra manoteando y pateando emocionada con una enorme sonrisa donde varios dientes de leche se asomaban entre las encías suavecitas.
—¡NO PUEDE SER!, ¡DIJISTE PAPÁ!
—Pa-pa…papa, papa, ¡kyaaaa!
Takato no cabía de la emoción, saltaba y reía como loco. Era algo que por supuesto presumiría a Junta. Coronándose así, como el primero al que Megumi llamó "papá".
Sin embargo, algo opacó su momento de victoria. Pues la niña no lo miraba cada que decía esa palabra. Por lo que, siguiendo la dirección hacia la que esta observaba, encontró que parado en la puerta Junta dejaba sus maletas.
—¿Es en serio? ¡Megumi!, ¡eso es traición!
Takato lloriqueó cuando su hija continuó diciendo papá y estirando sus pequeños bracitos hacia el ángel roba bebés. Quien a su vez, se quedó paralizado al percatarse de la mirada asesina que el azabache le dedicaba.
╚═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════╝
El sonido de unas risas provocó que Takato se removiera entre las cobijas hasta que finalmente abrió los ojos mirando a su alrededor teniendo que parpadear un par de veces para enfocar y darse cuenta de que estaba en su hogar y no en un cuarto de hotel, y que los sonidos alegres que llegaban a sus oídos eran las voces de su esposo e hija.
Inconscientemente dibujó una sonrisa en su rostro. Con cuidado se puso de pie notando que ahora estaba en pijama.
—Mi Chunta es tan atento…
Caminó hacia el baño, tomó una ducha rápida y se dispuso a encontrarse con su familia.
—Ya quedó lista la mesa, papá.
—Bien, ahora saca una botella de sangría de la vinera y ponla en el centro. Abuelito la mandó hace poco para Takato, le gusta mucho.
Meg corrió hasta el mueble y se detuvo en seco al ver a su papi entrando a la cocina.
—¿Cuánto tiempo estuve dormido para que prepararan todo esto? huele muy bien, la mesa luce perfecta y todo se ve exquisito – Canturreó dedicándoles una sonrisa complacida.
De inmediato el azabache fue atacado por Junta y Meg, uno de cada lado pegados como garrapatas.
—Tres horas contando el camino del aeropuerto hasta acá. Yo quería bañarte… - respondió Junta besando el cabello húmedo de Takato —¿Descansaste?
—Luego podrás hacerlo – susurró el mayor con tono tímido —Dormí muy bien, ¡batería recargada!
El ángel caliente entrecerró los ojos y aprovechando que su hija seguía hundida en la panza de Takato, bajó su mano para apretar el trasero de su esposo. Recibiendo en el acto una mirada de advertencia que ignoró como todo un profesional.
—¡Siéntate, papi! Ayudé empanando las milanesas, con el postre y poniendo la mesa – informó orgullosa al tiempo que tomaba su mano para guiarlo al comedor.
En medio de su agradable comida, la plática fluyó en torno a lo que cada uno había echo en el tiempo que estuvieron separados, riéndose de vez en vez con ciertos comentarios y poniéndose serios con otros tantos.
Los platos se vaciaban y las copas volvían a llenarse. El ambiente era agradable, relajado y reconfortante. No había mirones, cámaras ni gente acercándose a ellos buscando un autógrafo o foto, solo ellos tres disfrutando su momento familiar.
Al terminar recogieron el comedor dejándolo tan impecable como lo habían encontrado.
Las horas que siguieron a su tan esperado encuentro fue ocupado en jugar juegos de mesa, ver películas y comer una que otra golosina. Tampoco pudo faltar la repartición de los obsequios que Takato había traído para ellos.
Pronto el sol se ocultó y dando besitos y abrazos de buenas noches, Takato arropó a su bebé acariciando su rostro.
—Descansa mi amor. Mañana tendremos un día muy divertido – prometió el actor colocando un peluche a su lado.
—Estoy feliz de que estés en casa papi – bostezó sintiendo cómo sus párpados se cerraban, mas la sonrisa en su rostro seguía firme.
—Yo también estoy feliz, mi tesoro.
Complacido, Takato dejó otro beso en la frente de la niña y se dispuso a salir del cuarto no sin antes dejar una pequeña luz encendida.
Apenas cerró la puerta fue atrapado por los ansioso brazos de Junta.
—¿Acaso no podías esperar hasta estar en nuestra recámara? – canturreó socarronamente el de ojos azules.
—¿Y tú?
Takato se giró quedando de frente al alto. Entrecerró los ojos y de un salto se colgó del castaño con las piernas bien enroscadas en su cintura. Acercó su rostro hasta rozar sus labios con los contrarios susurrando con voz sensual: —No
En un instante su boca fue devorada por la de Junta que demandaba cada milímetro de su cavidad.
Ansioso, Chunta apretó el trasero de Takato mientras caminaba a su habitación. Este último se estremeció cuando la dureza del alto presionó contra su entrepierna. A lo que solo atinó en restregarse con movimientos necesitados.
Takato abrió los ojos cuando sintió que era depositado sobre la cama y exclamó un quejido suave cuando la boca que Junta dejó de besarlo, reclamando la falta de contacto.
Levantó la vista acompañado de un puchero; sin embargo, lo que vió le hizo olvidar cómo respirar.
Los ojos de Chunta resplandecían de un verde intenso que casi parecía falso. Su vista fija en él expresaba diversas emociones, como: deseo, pasión, anhelo, pero sobretodo amor. Mismo que se respiraba con cada inhalación que daban.
Estremecido y tocado por su afecto, Takato le regresó la misma expresión. Ambos estaban felices, estaban enamorados y añorando sentir la piel del otro, su respiración y los latidos de su corazón.
Junta lo recostó en la cama dejando que su cabeza reposara en la almohada —Hermoso…
Ágilmente removió la pijama de Takato dejándolo completamente desnudo e incapaz de cubrir un solo centímetro de piel. Admiró a su ser amado y con hambre en su mirada, bajó la cabeza hasta su cuello e hizo un camino de besos hasta su estómago, dejando algunas marcas rojas a su paso.
Sentía su propia piel cosquillear con cada sonido que Takato dejaba salir, haciéndole saber lo mucho que estaba disfrutando sus atenciones. Cubrió con sus manos cada centímetro de su cuerpo, explorándolo como si fuera la primera vez y deteniéndose en las partes donde el pelinegro se estremecía.
Junta estaba extasiado, cada que hacían el amor se sorprendía por la perfección de su pareja, de su amante, de su esposo. Sintiendo que el ser entre sus brazos era demasiado bueno para él. Era perfecto.
—Mmh Chu-chunta…
El ojiverde motivado por sus gemidos, presionó los dedos en sus pequeños botones rozados, hundiéndolos, rodeando su circunferencia con las yemas de sus dedos pellizcándolos, provocando que Takato arqueara su espalda.
Sus pezones sensibles hacían que gritara. Volvió su boca por el camino dejado, sacó la lengua paseándola sobre la carnosidad hinchada para finalmente introducirlos en su boca succionándolos hasta que estuvieron rojos y con marcas de sus dientes.
Una vez que los libró de las filosas perlas, su fría lengua siguió con el trabajo, calmando el ardor que sentía por todo su cuerpo.
Takato gritó, gimió y se arqueó por la atención recibida. En sus lagrimales se acumulaban gotas saladas. Estaba completamente entregado y excitado.
Notando el estado del delgado, llevó una de sus manos hasta la boca del ojiazul quien apenas y era capaz de enfocar. Sus ojos estaban nublados por la espesura de la lujuria.
Obediente, introdujo los dedos en su boca e imitando una felación los empapó con su saliva.
—Takato… estás volviéndome loco…
Junta pensó que era suficiente, debía continuar su tarea y prepararlo pronto, su deseo aumentaba y no sabía qué tanto podría seguir controlándose.
Bajó la mano con sus dedos mojados y acarició entre los muslos de Takato, siseando ante el contacto con el crisantemo que se contraía cuando rozaba su centro.
Con cuidado, llevó uno de sus dedos a la entrada arrugada lamiendo sus labios por la facilidad que tuvo para deslizarse en su interior.
—Mm, Takato…
Movió su dedo acariciando, penetrando y estirando la zona, sintiendo como las paredes internas de Takato se contraían alrededor de su dedo. —Tan suave, tan caliente.
—De-deja de ju-jugar… - pidió Takato abriendo más sus piernas. Un sonido se escapó de los delgados labios, uno dedicado especialmente para su Chunta. Elevó su cadera intentando follarse a sí mismo con los dedos que delineaban los bordes de su entrada.
Chunta estiro su brazo para sacar el lubricante. Dejó caer el líquido sobre la entrada de Takato y giró un poco su dedo para intentar tomar algunas gotas.
En cuanto introdujo tres dedos, el punto feliz de Takato se estremeció mandando señales deliciosas por todo su cuerpo.
—¡Aaaah!, ¡ahí, justo ahí! – suplicó aferrándose a las sábanas.
—Lo que pidas.
Junta apenas y podía controlarse. Líquido preseminal salí de su miembro, que para ese momento estaba más que listo para divertirse.
Takato sollozó removiéndose al tiempo que mordía su labio para no gritar por las olas de placer que sentía cada que Junta golpeaba ese lugar especial. Al verlo, Chunta detuvo sus movimientos para juguetonamente concentrarse en las reacciones de Takato.
Tomó un segundo para que este se diera cuenta de que los dedos ya no estaban. El alto succionó sus propios dedos, removiendo con la lengua cualquier rastro del dulce líquido sabor a miel. Sus ojos verdes estaban muy abiertos y enfocados en su amante que se encontraba completamente rojo, algo que no tenía nada que ver con la luz que los iluminaba.
Takato se quejó girándose para restregar su pecho contra el colchón, elevando sus caderas y dejando su entrada expuesta. Sus piernas se sentían débiles y el líquido de su interior corría por ellas cayendo sobre las sábanas.
—Chunta… hazlo…
Junta cerró los ojos ante el llamado, considerándolo uno de sus sonidos favoritos. Abrió los ojos a tiempo para ver a Takato masturbándose y correrse sobre la cobija y el lubricante salir de su entrada.
El espectáculo en primera fila aceleró su respiración, la cual solo se intensificó al ver como las manos de Takato temblaban intentando sujetarse a cualquier cosa para mantenerse estable.
—Takato, ¿qué haré contigo? - se preguntó pasando su lengua por sus labios. Barrió el cabello húmedo de su frente y sin avisar, sujetó con fuerza las caderas que se mecían de un lado a otro enterrándose de lleno en el pequeño agujero. El cual se expandió lo suficiente para borrar cualquier arruga.
Takato quiso gritar por el repentino ataque, sin embargo, su voz no salió. Echó la cabeza hacia atrás extasiado cuando un segundo orgasmo convulsionó su cuerpo.
—No aprietes tanto, amor… me lo vas a romper… - indicó dejando caer su mano sobre las nalgas, dejando una marca roja en estas.
Espesas gotas de sudor corrían por su rostro, acabando en su nariz y cayendo sobre la curva de Takato donde su espalda baja y trasero colindaban.
Ver a Takato hundido en placer, con una fina capa de sudor empapando su cuerpo delgado, sus pezones erectos, su miembro escurriendo y su boca hinchada jalando aire, era una escena que guardaría en su mente para reproducirla una y otra vez.
Impaciente, comenzó a moverse vigorosamente, despertando del trance al delgado que de inmediato reclamó el asalto.
—¡Nn no, no puedo más!, ¡espera!
Por supuesto que sus palabras no fueron escuchadas. Junta tenía su vista nublada, intentaba concentrarse, pero su lado animal se había despertado y no podía detenerse.
Aunque Takato gritara que se detuviera, él mismo no dejaba de mover sus caderas haciendo chocar con fuerza su trasero, donde los testículos de Junta azotaban sin reparo sus partes sensibles.
Había pasado un largo tiempo desde la última vez que habían tenido intimidad. Así que ambos estaban disfrutándose el uno al otro con desesperación.
—Chu… Chunta, así no… qui-quiero verte…
Pidió entre jadeos descompuestos.
Sin sacar su falo del interior de Takato, tomó las delgadas piernas y lo giró.
—Ah, hermoso, eres tan hermoso.
Y no se equivocaba. Takato tenía el cabello extendido sobre la almohada, el rostro pintado de un rosa precioso, los ojos llorosos mirándolo con deseo, la boca temblando, su pecho subiendo y bajando con una respiración acelerada, y por último, su vientre mojado y pene erguido rogando ser atendido.
Junta no pudo resistirse y sin avisar, tomó con su mano izquierda las muñecas de Takato estirándolo hacia él, mientras que con la derecha envolvió el miembro bañado en semen al tiempo que embestía sin piedad su agujero.
—¡AH, ASÍ!, ¡ASÍ! ¡CHUUNTA!
—Jaja… decídete, amor, ¿lo quieres o no?
Takato se estaba volviendo loco.
Se sentía irreal. Hacía calor, más del que emanaba de cualquier llama que intentara quemarlos.
Los gritos de Takato solo lo alentaban a continuar con la bestial cogida.
La mano de Junta se aferraba con fuerza a la piel sensible de las tiernas muñecas que, seguramente, quedarían con moretones. Su pene entraba en ese espacio que rogaba por ser llenado por completo.
Takato lloró pidiéndole que se moviera, así que eso hizo. Se movió rápido, su cadera golpeando con fuerza. Sus movimientos eran certeros, asegurándose de golpear ese punto dulce, el que hacía que Takato se sintiera extasiado.
Sus grandes manos soltaron las muñecas e hicieron el camino hacia el cabello lacio y negro, tirando de el, avanzando hasta su nuca atrayéndolo hacia él para que lo montara.
Acercó su rostro al cuello que se vencía de lado mostrando sus venas palpitantes. Junta lamió, besó y chupó el área hasta que no quedó espacio libre de marcas de amor.
En ese momento Takato tuvo un orgasmo seco. — Ya, ya no saldrá más…
Murmuró apoyando su frente en el hombro de Junta que gimió ahogado cuando Takato apretó su pene con fuerza.
—Pero, yo aún no me he venido, mi tesoro.
—Ya, ya no toques mi, mi pene… - Rogó con el rostro exhausto. Junta lo calló besándolo con dulzura. Por un momento soltó el pobre miembro cuya cabeza estaba completamente enrojecida y dejó de penetrarlo. Takato suspiró aliviado recuperando el aliento.
Pero si algo tenía Junta, es que podía a llegar a ser un ángel realmente malvado, pues al minuto, volvió a atacar su erección y las embestidas continuaron con la misma intensidad.
Lo tomó y jadeó cuando Takato pareció apretarse más alrededor de su miembro. Sus movimientos no cesaron, mantuvo un ritmo rápido, dejando marcas rojas en las nalgas que rebotaban sobre su pelvis.
Delineó con uno de sus dedos el glande del azabache y la mano que tenía sobre su pene tembló suavemente al sentir el líquido blanquecino cubriendo su palma.
—Mm... – suspiró contra el cuello del hombre más pequeño — quiero comerte Takato, quiero lamerte y probar cada parte de ti.
Takato chilló haciéndose para atrás.
—¡Va a salir, va a salir! - gritó desesperado removiéndose sobre sus piernas.
—Nnh, Hagámoslo juntos… - pidió Junta frunciendo el ceño en un intento por aguantar.
Sus movimientos se hicieron más rápidos y en unos segundos ambos explotaron en éxtasis, dejando salir sus líquidos. Sus pechos chocaban y sus respiraciones se entrelazaban sintiendo el calor que ambos desprendían.
Sonrieron satisfechos y felices, confirmando que quienes decían que el sexo con tu pareja al pasar los años se volvía aburrido, era porque no sabían disfrutar plenamente a su compañero.
Después de un par de rondas más, cambio de sábanas y un baño relajante, Takato y Junta hacían plática de sobrecama aprovechando que ninguno de los dos tenía sueño y que aún tenían mucho de qué hablar.
Takato descansaba sobre el pecho de Junta haciendo círculos con su dedo sobre el abdomen exquisitamente formado, mientras que este lo envolvía de la cintura apegándolo más a él.
—Sabes, he decidido dejar la actuación y el modelaje. Lo haré en cuanto los contratos que firmé concluyan.
De pronto, Takato fue incapaz de escuchar otro sonido. La habitación perdió calidez y el tiempo se detuvo.
—¿¡Qué acabas de decir!? - exclamó incorporándose de golpe para quedar frente a frente con Junta, quien imitó su acción.
Takato estaba increíblemente sorprendido, esperaba que su conversación postsex fuera random tema, pero para nada le pasó por la cabeza una en la que Junta renunciara a su carrera.
—No, no entiendo… ¿por qué? – preguntó exaltado, llevando sus manos hacia su cabello —No puedes hacerlo, tú… tú… pensé que ya te habías dado cuenta de lo increíble que eres. Tu talento es natural, das el cien porciento siempre y no dejas de mejorar, cada que sales en un nuevo drama o película te reinventas. Puedo decir con toda seguridad de que eres mejor que cualquiera que haya conocido, incluso mejor que yo. Si renuncias, será un talento desperdiciado. ¡No puedo aceptarlo!, piénsalo bien, ¡por favor!
Junta bajó las cejas sintiéndose triste por la reacción de Takato, sabia que este no se lo tomaría a bien, pero escuchar y tener su reconocimiento era lo que realmente le importaba y no lo que los demás pudieran ver o decir de él.
Para nada extrañaría tener que interactuar con extraños, sonreír falsamente ni pretender ser alguien que no era.
Acarició con su mano el rostro compungido de Takato intentando trasmitirle tranquilidad. Con cuidado lo acercó a él depositando un piquito en su boca.
—Siento decepcionarte, en serio… pero, si continué con la actuación fue para ser digno de ti y poder estar a tu lado. Tomé tu desafío, gane no solo una vez sino cuatro veces el premio a mejor actor, me tomé la actuación en serio y disfruté cada segundo de rodaje contigo. Sin embargo, en los últimos tres años no hemos coincidido en ningún proyecto, cada uno andábamos por nuestro lado e incluso pasaba mucho tiempo antes de que pudiéramos vernos y pasarla en familia. Fue entonces que me di cuenta que si la actuación me gustaba era porque tú estabas de por medio.
Takato tragó en seco. De nuevo y pese a los años juntos, no se había dado cuenta de los verdaderos sentimientos de Junta. Por lo que no iba a interrumpirlo y escucharía atentamente todo lo que tuviera que decir.
—Tu ida a Los Ángeles terminó por convencerme de que esta no es la vida que quiero.
En ese momento Takato sintió como si un balde de agua helada cayera sobre él. ¿Acaso Junta le estaba pidiendo terminar?
Antes de que sacara cualquier extraña conjetura, Junta continuó.
—Dime, ¿qué beneficio tengo de ser actor, si con la única persona con quien deseo compartir pantalla no está? Solo a tu lado me siento pleno y contento sobre un escenario o tras la pantalla. Ahora soy padre y lo único que quiero es poder tener todo el tiempo del mundo para estar a tu lado y de Meg. Cuidarlos, atenderlos, amarlos. Si llegas a tener un rodaje fuera, tener la libertad de ir contigo y nuestra hija sin la presión de cumplir algún otro compromiso.
Viendo el rostro afligido de Takato, agregó para romper la tensión: —No te preocupes, he ganado lo suficiente en todos estos años como para no ser un esposo mantenido. Este plan lo he venido pensando desde hace mucho, no en vano he abierto una cadena de restaurantes. Sabes que disfruto cocinar.
Takato esbozó una sonrisa triste. Tomó la mano de Junta y la besó.
—Tonto, felizmente te mantendría.
—Lo sé, pero al menos quiero ser capaz de proveer lo mejor para mi familia – dijo devolviendo el gesto —¿Qué pasa?, ¿sigues estando en contra?
El azabache lo miró con vergüenza, negando con la cabeza.
—Solo… me siento mal, tú estás renunciando a tu carrera por nuestra familia y yo no, ni siquiera lo pensé, simplemente seguí como siempre… yo… soy tan egoísta por orillarte a tomar esta decisión. No soy un buen padre para Megumi, ni un buen esposo para ti.
Agachando la cabeza, sintió como el agua se acumulaba en sus orbes azules.
Junta no pudo con esa imagen y abrazó a Takato.
—Eres el mejor "papi", ¿crees que no me doy cuenta de cómo haces horas extras para poder dedicarle a Meg días enteros?, y, ¿cuándo me he quejado de ti como esposo?, eres tan genial que no te merezco, pero igual no quiero soltarte.
Al fin Takato pudo esbozar una sonrisa.
—Por favor no vuelvas a decir que eres un egoísta. Además, te equivocas. Tú no me estás orillando a renunciar. En serio es lo que realmente quiero. Este no es mi mundo, mi mundo eres tú y Megumi. Jamás te pediría que renunciaras a tu carrera, a la carrera que has dedicado la mayor parte de tu vida. Una que amas y que fue nutrida por tu abuela. Tú me inspiraste y cautivaste desde la primera vez que te vi, llenando mi vida aburrida de hermosos colores. Naciste para actuar y quiero que continúes haciéndolo.
Por su parte, Takato estaba totalmente conmovido. Reflexionó en cada palabra que Junta había dicho y no tuvo más opción que aceptarlo. Le dolía infinitamente que su ángel teatrero se retirara, pero al ser algo que él mismo no se atrevía, internamente agradeció por haber encontrado a su otra mitad.
Junta le demostraba día a día que aquel encuentro extraño, aunado a una imprudente borrachera, había sido el inicio de una maravillosa vida a su lado. Que su insistencia los había llevado a estar juntos durante diez largos años y que haberle permitido amarlo y él mismo permitirse amar, generó frutos que en su vida imaginó cosechar.
Lo amaba, Takato amaba a Junta con cada fibra de su ser y por ello pondría todo de su parte para siempre corresponder los hermosos sentimientos que constantemente el castaño derramaba sobre él.
Sumido en sus pensamientos, reaccionó cuando la voz del ojiverde volvió a escucharse.
Rascando su mejilla, Junta esbozó una sonrisa tonta —La verdad… me encantaría poder compartir el escenario contigo una última vez antes de retirarme, pero si no se puede no importa, mientras compartamos la misma cama todos los días, mientras pueda ver tu rostro al dormir y al despertar, mientras estos anillos sigan en nuestros dedos, para mí será más que suficiente.
UN AÑO DESPUÉS
—Abuelito, creo que abuelita Hikari y abuelita Yachio se perdieron.
Celestino miró a Sara negando —No te preocupes cariño, seguro fueron por algún bocadillo antes de comenzar la obra.
—Sí, justo eso hacíamos, el vuelo se retrasó así que ya no tuvimos tiempo de comer. Shuuji, lo siento. No permiten ingresar bebidas ni alimentos.
El hombre que se había quedado en la sala para cuidar de su nieta, se puso de pie para darle el pase a su esposa —Está bien, saliendo podemos ir a comer en familia.
Las butacas se iban llenando poco a poco acompañados de murmullos constantes. La multitud estaba emocionada y las expectativas eran altas, sobre todo por el rumor que había tras la puesta en escena.
—Pero qué hermosas flores tienes ahí, Megumi chan – exclamó la esposa de Sasaki seguida de Nana y el antes mencionado.
—Gracias, Rina-san. Son para mis padres.
—Seguro les encantarán – aseguró el de lentes.
La sonrisa de la niña se ensanchó pensando en la cara que estos pondrían cuando se las entregara.
—Yo la ayudé a escogerlas.
En el asiento de adelante, Ayagi acompañado de su nueva pareja (un modelo ruso llamado Ivanoff Knight, con quien en el pasado había compartido un dorama, mismo en el que Takato hizo aparición) saludaba a las recién llegadas.
—Cierra la boca, a nadie le interesa – Un pelirrojo sentado detrás pateó el asiento de Chihiro —¿A qué hora saldrán Kitty-chan y el que no le pierde de vista?
—Arisu, no es Kitty-chan, es Saijo-san y la otra persona es su esposo. ¿Cuándo madurarás?
—Oh, mi querido Arata, siempre tan amargado, cuándo vas a superar que… adfgudgg
De inmediato una paleta fue introducida en la boca del músico para callarlo —Arata, Yoshi, mucho tiempo sin verlos – saludó Usaka colocando un cigarrillo en su boca.
—Sí, hemos estado ocupados con muchos proyectos – Respondió el muchacho que lucía radiante y hermoso, sin rastro de su oscuro pasado.
Después de graduarse como Arquitecto y haciendo uso del dinero que aún tenía de la indemnización, Yoshi pudo abrir su propia oficina y gracias a los contactos que Arata tenía por sus años como policía, consiguió hacerse de clientes, quienes a su vez lo recomendaron a más personas. En resumen, la vida les sonreía a la parejita.
—Ah, Usaka san, estamos dentro de un teatro, no puede fumar…
Numano y su inseparable pareja, Tsukishima, llegaban justo a tiempo para tomar sus lugares.
Más y más conocidos iban apareciendo, ninguno quería perderse este momento especial.
Desde la boda de Takato y Junta, ninguno de los presenten habían vuelto a reunirse en siete años. La amistad continuó, pero las ocasiones para convivir como en el pasado y que todos coincidieran, habían sido nulas.
Pero hoy, no era cualquier día. Esta noche se mostraba la última función de la obra "El ángel en mis brazos", cuyos protagonistas no eran otros que: Takato Saijo y Junta Azumaya. En la que se narraba la vida de un escritor que pese a su talento con las letras, jamás sus obras eran publicadas, hasta que un día, cansado de su mala fortuna decide suicidarse lanzándose al mar; sin embargo, es detenido por un ángel que tras el velo de la inconsciencia, lo admiraba todos los días y leía sobre su hombro lo que este escribía. Comenzando así una travesía por las diferentes emociones humanas.
La obra había sido escrita por una autora joven cuyo nombre era poco conocido, pero que tras el estreno comenzó a llamar la atención de productores y demás gente interesada en patrocinarla.
Esta, era una de las tantas cosas que llamaban la atención, pero lo que más movió a las masas, fue saber que después de esta puesta en escena, Junta Azumaya se retiraría del mundo de la actuación para siempre.
Pronto, la tercera llamada fue voceada. El público se acomodó en sus asientos y las luces se apagaron sumergiendo al mar de gente en aguas oscuras y expectantes. Solo una luz permaneció encendida iluminando a las dos figuras sobre el escenario.
La actuación de ambos fue magistral, el público reía, se sorprendía y lloraban conmovidos por la trama. Las dos almas mostraban todo su talento y maestría. Ninguna persona era capaz de quitarles el ojo o respirar para no romper el momento.
Al final, el escenario volvió a quedar solo con Takato y Junta sobre él.
El ángel desfallecía entre los brazos del escritor. Cada una de sus plumas iban cayendo al igual que las lágrimas del contrario.
El cuerpo débil y cansado apenas tenía fuerzas para mantenerse despierto.
Acongojado, Takato abrazó al ángel formulando la pregunta que había guardado con recelo en su corazón:
"Ángel… por qué no me dejaste morir aquel día… ¿qué es lo que esperabas que aprendiera?"
Junta, esbozando una sonrisa, dejó con sus últimas fuerzas su mensaje.
"Una cosa: que el papel de tu vida aún no terminaba, solo debías crear un capítulo nuevo, como el que ahora yo escribiré"
Sin más, la última de sus alas cayó y desapareció, dejando sobre sus brazos la sensación de que alguna vez hubo un peso sobre estos.
El tiempo pasó. El escritor se encontraba en casa leyendo su última obra publicada cuando unos golpes en la puerta lo interrumpieron. Caminó soltando un "voy". En cuanto giró la perilla y la puerta fue abierta, el hermoso ángel que llenó su vida de consuelo y quien se sacrificó al mostrarse para que él pudiera vivir, lo saludaba de nuevo, pero ahora como un ser mortal como él.
"¿Es este un capítulo nuevo?"
Asintiendo el ex ángel respondió con una enorme sonrisa en su rostro:
"Lo es"
