Disclaimer: Boku no Hero Academia no me pertenece.

(...)

Abandonó por un momento su cara de cansancio para devolver su vista al frente, era obvio que estar desde la mañana vagando por ese bosque no era algo muy grato. Ni siquiera sabía cómo rayos volvería a su hogar, y el haberse metido al bosque por voluntad propia era algo que le preocupaba.

¿Y si al protector del bosque le molestaba que intentara meterse a la fuerza?

Sabía de antemano que nadie había podido entrar desde hacía ocho años, cuando fue el último avistamiento en la frontera de este asombroso lugar. Cuando el rey rojo se volvió loco por atraparle aún sin saber si la alarma estaba en lo correcto.

Dios, eso no era algo muy masculino de su parte, según lo que le había dicho la líder el rey Endeavor era de lo más intimidante, siempre dispuesto a todo por cumplir su cometido; entonces ¿Por qué la manía de perseguir a una especie de personas que se habían extinguido hacía unos cien años? Era ridículo, tanto como buscar a alguien sin Quirk.

Estiró las piernas una vez más, no tenía reloj, pero por el hambre que tenía suponía que ya eran más del medio día.

A esta hora Katsuki ya debería estar en casa.

Frunció el ceño al percibirse solo, no sabía cómo, pero la líder tenía la sospecha de que su hijo iba todos los días al bosque a ver quién sabe qué. Era extraño, él era el único en el clan que podía entrar y salir de ese lugar a voluntad propia. ¿Por qué ella estaba tan segura de que podría conseguir las respuestas a todo este misterio? Era obvio que Eijirō era el más cercano al príncipe, pero eso no significaba que podría librarse de esta situación tan terrorífica. Pero es solo que no podía negarse al mandato de la líder, ella era amenazante.

Casi tenía tanta presencia como un hombre, muchos la comparaban con el poder del rey del reino rojo, aunque era obvio; ella era una de las pocas mujeres alfas que estaban en la nobleza.

Pensó en su entrenamiento sobre este tipo de inconvenientes, llamar al clan era algo que se le había enseñado desde pequeño, cuando se decidió que sería un caballero en el futuro; pero era prácticamente imposible que ellos pudieran socorrerle en este lugar, el bosque era un lugar prohibido.

Recalcó el hecho de que la rubia parecía muy segura de mandarlo a un sitio desconocido y embrujado.

A veces pensaba que no lo tomaban en cuenta debido a su corta edad. Esto parecía como una especie de suicidio premeditado.

Además, estaba el hecho de que sentía una mirada en su nuca, tal vez fueran animales los que le estaban observando, pero casi podía asegurar que no era así. Los animales tenían una mirada diferente, como si buscaran hacerte daño, en el caso de ser depredadores, y con miedo; en caso de ser presas. Esta era diferente, podía sentir curiosidad.

Su refinado sentido de presencia era algo que los de su especie tenían el privilegio de poseer. Ser un híbrido mágico era a veces genial, claro si descontamos el hecho de que requieren más energía.

Su especie era una evolución de dos Quirks de metamorfosis, uno que le permitía endurecer su cuerpo y otra que le permitía transformarse en un animal en específico.

Podía escuchar al ser seguir sus pasos, su calmada respiración y su presencia tan... relajante, algo demasiado extraño, ni siquiera las betas más tímidas tenían este tipo de características.

No quería asustarle, pero estaba desesperado, necesitaba salir de ahí pronto.

Se concentró y con una exhalación su cuerpo fue cambiando de forma.

Su nariz fue haciéndose más filosa hasta el punto de volverse un hocico, su espalda se curveó haciéndole recostarse en cuatro patas, debido a su vestimenta pudo desplegar los picos que salieron de su espalda, unas alas quedaron al descubierto y la cola no hizo más que crecer.

Sus pupilas volvieron filosas y su mirada cambió de color ahora volviéndose dorada.

El dragón intentó emprender vuelo, pero no pudo hacer más que desplegar sus alas e intentar batirlas de arriba abajo, algo le estaba impidiendo levantarse.

Como si su cuerpo se hubiera vuelto muy pesado.

Algo demasiado extraño, en sus clases siempre podía lograr su cometido, pero algo se lo estaba impidiendo, una fuerza mayor a él.

Sus alas de pronto se entumecieron y solo pudo exclamar un gemido lastimero.

Algo las estaba reteniendo.

Esta situación era de lo más extraña, casi podía sentirse desfallecer. Su espalda dolía, aunque ya no se estuviera moviendo. Rápidamente un niño peliverde se posicionó delante suyo alzando las manos.

—¡Detente! ¡No deberías hacer eso! —exclamó asustado, ahí pudo reconocer la presencia de extraños sentimientos.

Eijirō hizo caso al ojiverde, si lo decía era por algo.

Intentó calmarse, entrar en pánico no era algo propio de un hombre. Su forma original volvió a ser la misma, ahora ambos niños se encontraban mirándose fijamente.

—¿Quién eres? —parecía escéptico a que alguien más que Bakugō pudiera estar en este lugar.

—Midoriya Izuku—el peliverde suspiró aliviado, al menos ya no tenían problemas.

El pelinegro ladeó la cabeza confundido. El nombre de alguna manera le sonaba de algo.

¡Claro!

Había escuchado a su amigo llamar a alguien así desde hacía mucho tiempo, aunque al principio la única palabra que repetía cuando se le preguntaba dónde estaba era «Estaba con Deku».

Ahora que le veía bien, Katsuki tenía un motivo más que suficiente para escaparse del clan cada dos días.

—¿Estás buscando el pueblo? —preguntó desviando la mirada.

—No, en realidad busco a un amigo mío—solo pudo sonreír cuando el pecoso abrió los ojos sorprendido—No sé si lo conozcas, es un rubio muy malhumorado, se llama Katsuki—agregó ensanchando su sonrisa, era obvio que ya había encontrado el motivo de su desaparición.

—¿Kacchan? Si, viene muy a menudo—llevó un dedo a su barbilla recordando que el nombrado se había marchado hacía una hora—¿Eres amigo suyo también?

Le parecía raro que le llamara su amigo sin nada de temor, el rubio podía llegar a ser... un tanto explosivo.

—Sí, Bakubro y yo somos muy cercanos—se señaló a sí mismo con entusiasmo, aunque no era totalmente verdad.

Katsuki lo trataba más como su asistente que como su amigo. Es más, parecía que solo lo soportaba porque su madre le ordenó ser su fiel compañero.

—¿De verdad? Y yo que pensaba que Kacchan no tenía muchos amigos—dijo sin nada de malicia, podía notarlo, sus sentidos no le advertían de malas intenciones en las palabras del chico—, él en realidad es muy poco hablador sobre la gente a su alrededor, solo agrega cosas sobre sí mismo...—agachó la mirada recordando las horas que pasaban conversando sobres sus vidas, su primer amigo parecía siempre tener una mirada tan vacía—como si no tuviera a nadie.

El pelinegro volteó la mirada analizando el comportamiento del contrario, era de alguna manera como si estuviera pensando de más.

—Pero me alegro de que te tenga a ti...

—Eijirō Kirishima.

—Eijirō, ¿Por qué te ves tan melancólico? ¿Kacchan te hizo algo? —Izuku ya sabía cómo solucionar el problema, solo necesitaba confirmar sus sospechas, el peliverde era muy bueno estudiando a las personas. Lo supo al ver los ojos del azabache cristalinos al nombrar al rubio.

—¿De verdad eres amigo suyo? —estar sentados en pleno bosque ya era algo que pasaba a segundo plano, solo quería decirlo en voz alta, aunque fuera una vez—Digo él es un poco maleducado.

—Katsuki puede ser un príncipe, pero; aun así, sigue siendo un niño y que todos a su alrededor le traten con respeto sin él habérselo ganado puede llegar a afectarle—se recriminó al escucharse hablar sobre uno de sus amigos a sus espaldas, pero alguien tenía que saberlo.

—No entiendo.

—Eijirō ¿Cómo te sentirías si todos estuvieran obligados a quererte, aunque por dentro te detestaran? ¿No te sentirías engañado? ¿Podrías confiar en las demás personas?

El pelinegro calló, Izuku de verdad tenía un punto.

—¿Él se siente tan solo? —preguntó sin creérselo del todo.

El pecoso sonrió al escucharle decir eso con genuino interés.

—¿Tú enserio quieres a Kacchan? Te veo preocupado por él—el joven caballero asintió de manera lenta, Izuku suspiró—. Entonces demuéstrale que no eres falso como los demás, tal vez él no confía en ti porque estas con él por obligación, él piensa que su madre es demasiado intensa cuando se trata de ser un buen niño.

—Yo... quiero saber cómo se siente mi único compañero—revolvió su cabello tratando de explicarle la situación—todos me tratan de manera diferente porque fui elegido para ser caballero a mi corta edad... me subestiman, creen que solo pude conseguirlo porque soy un beneficio para la líder, solo yo tengo la paciencia para soportar a su hijo—le miró con un segundo lleno de determinación—si Katsubro se siente de esa manera tal vez todo lo que dicen de mí sea verdad, solo sirvo para aguantar regaños...

Izuku iba a replicar queriendo evitar que el pelinegro se hiciera ideas equivocadas.

—Pero, si pudo abrirse contigo ¿Por qué no puedo lograr lo mismo yo? Estoy seguro de que pronto él se dará cuenta de que no busco engañarlo—Eijirō sonrió satisfecho e Izuku le imitó sabiendo que todo mejoraría para sus dos amigos.

—Tú eres más que solo un caballero, sólo demuéstrales a todos que eres importante por ti mismo—puso su mano en su hombro, un toque suave y dulce—. Yo confío que podrás hacerlo Kirishima.

Los ojos del pelinegro se cristalizaron, alguien por fin confiaba en sus capacidades.

Solo pudo asentir.

Ya había encontrado la razón de Katsuki para ir tanto al bosque.

Y ahora él también tenía la suya.