Aviso: Nada de lo aquí escrito está totalmente apegado al manga. Muchas partes sí lo son, y muchas otras son de mi autoría.
Capítulo 11
Candy
Voy caminando colina abajo para llegar a mi empleo de la clínica feliz.
¿Quién pensaría que terminaría trabajando junto al doctor Martin?. Y todo por culpa del infeliz de Niel. ¡Hace algunos meses intentó cortejarme el muy descarado!, ¿pero qué es lo que se piensa?. ¿Cree que después de tratarme como si fuera una basura voy a permitirle entrar en mi vida?. Está muy equivocado. ¡La única que toma decisiones en su vida soy yo! Y él, sería justo el último hombre sobre la Tierra que tomaría por esposo.
Es más… ¡antes de aceptarlo, prefiero volverme monja como la hermana María!.
Era lógico que tomara represalias… No me lo han dicho directamente, pero ya conozco como juegan los Legan…
Si se dieran cuenta del daño que hacen…pues para Niel, no soy más que un caprichito más, pero, ellos me han quitado la posibilidad de un mejor salario, sabiendo que dependo de ello.
No puedo negar, que el dolor y la decepción me embargaron cuando el doctor Lenard me despidió bajo el amparo, de que, ningún otro hospital habría de contratarme, y que el Santa Juana no aceptaba enfermeras de comportamiento disoluto.
En su momento, las emociones me sobrepasaron a tal grado, que estuve a punto de contarle toda la historia a Albert, pero, al pensármelo mejor, me arrepentí, puesto que, sería inevitable que se sintiera mal por esto. Pero yo sabía lo que arriesgaba al proponerle que viviésemos juntos. Hoy en día la reputación de las mujeres es algo muy delicado. No se nos puede ver en compañía masculina sin carabina porque ya comienzan los cotilleos…y bueno… alguien como yo, quien vive con un hombre sin estar casados se presta a malos entendidos.
Eso hasta cierto punto lo comprendo y lo acepto, pero estoy casi segura de que todo esto fue por esa familia y su odio para conmigo.
Si tan solo pudiera tener la oportunidad de hablar con el tío abuelo… No lo conozco, pero ni remotamente lo concibo como madame Elroy, la señora Sara y sus vástagos. Sé que podría pedirle educadamente que me quitara el apellido, para así ser libre de una buena vez. Digo… tampoco es que disfrute de los beneficios de ser una Andrew. Hace mucho que velo por mi sin que inviertan un centavo. La tía Elroy no sabe si como bien, o si me falta algo, es más, me dejó muy claro, aquella ocasión en que regresé de Nueva York enferma, que no soy bienvenida en la familia, por lo tanto, a todos les haría un favor si saliera de sus vidas.
Aunque debo agradecer, el haber adoptado como primos a Stear y Archie. Mis paladines…
Ay Stear… cómo me he acordado de ti últimamente. Sé que te has enrolado, y que lo has hecho para ser congruente con tu forma de ver la vida, pero, temo mucho por tu salud. Siempre trato de distraerme cuando escucho noticias sobre la guerra, porque, en mi mente, prefiero saberte sano, en lugar de un avión volando sobre el cielo, y sorteando balas para sobrevivir…
Y ni que decir de Archie y de Paty. Ellos, siempre que llega carta de tu parte, corren a visitarnos a Albert y a mi para traernos las nuevas, sin embargo, en sus rostros, está siempre presente la esperanza de saber si pronto regresarás.
Paty es la más afectada… Se la pasa rezando en las iglesias para que no te ocurra nada.
Espero que así sea. Por el bien de todos…
¡Vaya pero si el tiempo vuela!. Por andar sumida en mis pensamientos se ha hecho de noche y ni cuenta me he dado…
Qué raro… Albert no ha regresado del trabajo.
Últimamente siempre llega tarde. Me dijo que ha encontrado otro lugar en donde hace algunas horas extra, un empleo por recomendación y mejor remunerado, a lo cual, le respondí que no era necesario, que con lo poco que tenemos estamos bien. No quisiera que se presionara más de la cuenta.
Pobre…trabaja más y encima de todo tiene que pasar por el calvario de comer lo que guiso para cenar. Aunque… creo que el estofado que él hace ya me sale "aceptable".
Los apartamentos en donde vivimos son muy pequeños, así que todo se escucha.
No puedo evitar sonreír al escuchar paso afuera, seguidos de una llave en la cerradura.
Albert
Hoy me reuní de nueva cuenta con George…
Hace meses ya que he recuperado la memoria…
El doctor Martin tuvo razón. Creo que el golpe que recibí cuando me atropellaron aceleró el proceso.
Día tras día trato de alejar todos los pensamientos que me aquejan, pues hay muchos asuntos rondando por mi mente. Sé que soy el patriarca del Clan Andrew, pero, por primera vez en mi vida soy plenamente feliz, y no quiero irme lejos de mi hogar que es Candy.
Siempre crecí muy atendido, con todas las comodidades y todo lo que pudiese querer, ya fuera por gusto o para mi educación, pero el precio fue cari: Casi la completa soledad.
Mis amigos eran los sirvientes más cercanos. Y ni mencionar a George, quien fue como un padre para mi, pues estuvo pendiente de cada paso que daba; incluso mi tía Elroy me visitaba una vez a la semana, sin embargo, ¿qué niño puede considerar que sesenta minutos son suficientes para disfrutar de la única figura materna que tiene?. Y no es como si mi tía fuera muy expresiva tampoco. Por lo mismo, aunque le estoy agradecido, tengo que reconocer que siempre necesité más.
No obstante, con Candy… mi sentir es por completo distinto. No puedo negar que he tenido experiencia, pero a ella la amo… Y eso me provoca una vorágine de emociones.
Hay días en que no puedo con el remordimiento y casi tomo a Puppet a punto de abandonar el departamento.
Pero no me atrevo…
Hacer eso sería como arrancarme con el puño el corazón.
Sin darme cuenta se ha metido poco a poco hasta adueñarse de mi…Entonces es ahí cuando repito: "mañana será el día", más solo me engaño, porque el siguiente día nunca llega.
Por otro lado, tras unos meses he decidido ponerme en contacto con George. Sé que su afecto es sincero y no quisiera tenerlo más preocupado.
Cuando me vio en la primera ocasión, sus ojos se cristalizaron, y por un segundo casi le gana la emoción. Su rostro se notaba cansado y algo ojeroso. Me dijo que me habían estado buscando por poco más de tres años, y que a estas alturas, mi tía comenzaba a perder la esperanza. Me preguntó si debía comentarle de inmediato la noticia, pero le pedí un poco de tiempo. Fue entonces, que le conté toda la historia que me trajo de regreso hasta Chicago, y cómo por decisiones del destino, precisamente Candy fue quien terminó velando por mi salud tanto física como emocional.
No pasó mucho tiempo para que dedujera que estoy enamorado de ella. Y no pude negarlo…
Respecto a ese tema…
¡Dios!
¿Cómo explicar que me siento dichoso por amarla, pero al mismo tiempo me siento terriblemente culpable por no poder decirle la verdad?, y por enamorarme cuando ella es mi pupila.
Es irrisorio…
Me fui de Londres para no pensar en ella, y regreso para volverme loco por ella cuando he perdido la memoria.
Por otro lado, en la primera ocasión cuando me reuní con George, le solicité que me ayudara investigando el paradero exacto de Terry.
Ahora que pienso en retrospectiva… Él y yo fuimos buenos amigos, ¿cómo es posible que jamás haya dedicado un tiempo para preguntarle a Candy por mi salud?. Bueno… en realidad lo hizo en una ocasión, pero hasta ahí. Por lado… no comprendo cómo ha desmeritado el hecho de que estuviese viviendo con ella… por mucha confianza que me tenga sigo siendo un hombre. Yo en su lugar no me habría quedado tan tranquilo, pero, no fue para visitarla ni una vez.
Luego está esa separación tan tortuosa que tuvieron … Creo conocerlo lo suficiente, para saber que debe estar bebiendo en pos de canalizar su pena, esa es la razón de la encomienda a George, pues, si en mis manos está ayudarlo, con gusto lo haré.
Cualquier otro en mi lugar, diría que lo más ético sería poner los ojos en otra mujer, pero no pienso retractarme de lo que siento por ella. Yo también he sufrido lo suficiente, y mi corazón quiere creer que al fin tengo una pequeña oportunidad, así que no la voy a dejar escapar por mucho que aprecie a Terry.
Ahora estoy entrando al edificio de la calle Magnolia que es en donde vivimos. Candy no sabe nada de todos estos secretos, solo le he comentado, que encontré otro lugar para pasar media jornada, y ella con la plena confianza que me tiene no ha cuestionado nada.
Pero si ella siente lo mismo que yo, estoy seguro que pronto he de contarle todo sobre mi.
Cuando abro la puerta, la encuentro justo mirando hacia a mi. Se ve tan bella con ese uniforme…
Si me preguntaran…lo único que haría es soltarle el cabello. Siendo honestos, creo que ni ella sabe lo hermosa que es, y prefiere esconderse tras esa fachada de niña.
Tratando de mantener la rutina de siempre, dejo las llaves colgadas el perchero, para después acercarme hasta ella, quien me mira con ilusión, puesto que, estos días ha preparado la cena.
—Hola pequeña. ¿Qué tal tu día?.
La miro directo a los ojos, y como no está acostumbrada de inmediato de sonroja. Si supiera que adoro ser el causante de esas reacciones. Un par de segundos después, atina a contestarme un poco nerviosa.
—Bien, bien Albert. Todo igual. Ya sabes… a la "Clínica Feliz" llegan más que nada niños, así que he pasado de ayudar a curar heridas hasta leer cuentos para distraerlos de alguna inyección, y regalarles paletas como premio por ser buenos pacientes.
Yo le regalo una sonrisa de solo imaginármela… A Candy se le dan los niños. Es de esas personas que no buscan su atención, pero, que tienen una energía tan positiva, que hace que ellos se le acerquen.
Un pequeño silencio se instaló entre nosotros.
Yo dirigí la mirada a la cena servida. A lo que ella me contestó con un poco de pena:
—Imagino que ya te harté con tanto estofado Albert, pero, te prometo que esta vez ya puede comerse. Anda vamos a sentarnos. Seguro estas muriéndote de hambre.
—Espera Candy… no te has quitado el delantal.
—¡Ay pero que tonta, tienes razón Albert!.
La observé batallar con el botón de la parte superior, puesto que se había enredado entre su cabello. Así que sin pensarlo dos veces me ofrecí para ayudarle.
—¡Espera un momento Candy!. Permite que te auxilie, de lo contrario te lastimarás.
Al terminar mis palabras, con cuidado, me acerqué a ella, quien se dio media vuelta, exponiendo a mis ojos los delicados cabellos rubios enredados en el botón del delantal. Con extremo cuidado y lentitud, coloque mis dedos la nívea piel de su nuca. No pude evitar acariciarla casi de forma inconsciente, aunque fue solo un instante. El silencio reinaba entre nosotros, y pude observar como sus vellos se erizaban ante aquel sutil contacto. Con diligencia, terminé la tarea a la que me había ofrecido. La parte delantera calló frente a ella, y tomándome la libertad, me acerqué hasta su cuello para preguntarle en un tono más íntimo:
—¿Puedo desanudarte el moño…?
Me deleité observando antes de comenzar, cómo su respiración se volvía un tanto irregular. Si tuviera el derecho, la habría tomado entre mis brazos, no obstante, alargué ese momento tan erótico lo más que pude. Mis manos se deslizaron con suma lentitud y delicadeza hacia su estrecha e incitadora cintura. De pronto, la tela se me hizo tan delgada, que casi podía sentir la calidez de su piel. Me encontraba a escasos centímetros separado de ella. Como es natural, con el paso de las horas, Candy tenía su propio olor. Una esencia deliciosa entre su aroma natural y los restos de su perfume floral que me llenaba los sentidos y el corazón de futuras promesas.
Así comencé la tarea, y fui jalando lentamente cada uno de los largos listones que juntos se anudaban. Al terminar, lo tomé con cuidado para doblarlo, al tiempo en que ella se giraba, quedando frente a mi. Continuaba sonrojada y me miraba de una forma que no pude descifrar.
—Servida señorita —Hablé con presteza para romper el momento— ¿cenamos?.
Me enterneció su reacción, pues abrió la boca para decir algo, pero de inmediato la cerró, aparentando los labios en el instante.
Pronto, al comenzar a comer, la comunicación entre nosotros volvió a ser la misma. Era cierto cuando aseguró que en esta ocasión su guiso era comestible. De solo pensar que todo este esfuerzo realizado, es en parte para mi, me inflama el corazón.
Al terminar, ambos limpiamos la cocina y nos turnamos para ducharnos. Ella entró primero, en lo que yo me ocupaba de encender la chimenea pues el frio se intensificaba, y hasta ese momento, no habíamos contado con dinero suficiente para comprar otra igual de abrigadora, así que la compartíamos.
Es por de más evidente, que al ser tan chaparrita, mi camisa le venía grande, pero, dejaba al descubierto una parte de sus bien torneadas piernas. Tuve que desviar la mirada para concentrarme en el fuego, ya que sentí una punzada de deseo recorrer mi cuerpo.
Cuando fue mi turno, dejé que el agua caliente relajara mis músculos, que se llevara esta necesidad no solo emocional que tenía por ella, sino física…
Al terminar, me puse una camisa interior blanca, y mis pantalones. Cuando entre al cuarto, ya se había acostado y las luces estaban apagadas. Subí casi de un brinco a la parte de arriba de la litera para cobijarme, pero la temperatura comenzaba a descender. Esa noche iba a ser difícil para ambos.
Al cabo de un momento escuché su voz tiritante por el frio.
—Albert… tengo…mucho…frío… El calor… de…de… la chime...me…nea no llega… hasta a…acá.
—Lo sé pequeña, esta noche será inclemente. Trata de no pensar en eso y pronto dormirás.
La habitación volvió a envolverse en silencio. Me arropé como pude, pues también me estaba calando los huesos. Más su voz volvió a irrumpir en el ambiente.
—¿Al…Albert…?
—Dime Candy… —Trataba que mi voz se escuchara de lo más normal y calmada.
—¿Qui…quieres…dormir…con…con…conmigo?.
Aquello hizo que casi los ojos se me salieran de sus orbitas. Pero en menos de un segundo me vi bajando de la litera con la cobija en mano, para acostarme a su lado.
—Gra…gracias…
Al ser una cama individual, tuve que recostarme de lado, pero no podía creer que estuviera con ella…aún en estas circunstancias era una experiencia arrebatadora. De inmediato sentí cómo se acurrucaba contra mi pecho. ¡Dios!. Pido al cielo que se encuentre lo suficientemente cansada para no darse cuenta de los latidos desbocados de mi corazón. De pronto me di cuenta de cuánto frío tenía, pues sentía sus heladas manos traspasar el calor de mi pecho, por lo que, sin más, las tomé entre las mías para darle calor. El suspiro que emitió como señal de descanso fue la señal de que estaba en una mejor temperatura.
En cuanto a mi… no quería dormirme. Es cierto que también el tenerla pegada a mi cuerpo había calmado esa sensación de vacío que provoca el sentir las bajas temperaturas, pero estaba seguro, de que esta es una ocasión extraordinaria, que no se repetiría, y necesitaba continuar soñando despierto con ella a mi lado.
Al cabo de un rato le sentí removerse inquieta, por lo que tomé las cobijas y nos enrollé con ella, mientras le susurraba al oído:
—Trata de descansar princesa...yo cuidaré de ti.
Continuará…
Hello desde mi escritorio (literal porque voy terminando el capi).
¿Cómo pasaron su Domingo?. Espero muy bien.
La verdad no es día de actualizar, pero me entraron unas ganas desesperantes por ponerme a escribir. (Y tengo que aprovechar que mi nene esta de vacaciones).
Respecto al capítulo, ¿Cómo ven los avances de Albert y las reacciones de Candy?. Me encanta que este capítulo fue de puro amor (aunque también me encantará cuando toque el dramita jajaja).
En fin, muchas gracias por acompañarme en esta aventura de nuestros rubios adorados.
Gracias a todos y todas por leer, y y dejar un pedacito de su tiempo en sus comentarios. Lo valoro mucho. De igual manera para quien no. Sé que todos estamos ocupados, o que simplemente hay quienes no son de escribir, y esta bien tambien. Todo es bienvenido.
Lorena Pizziment, Ericka Larios, MadelRos, Any, Anita Paz, DanyCornwell, Elizabeth, Guest, Maria Almudena, Mia8111, MariaGpe22, Sincity12345, Nancy Reyes, Carol Aragón, Blanca67, Rossardlay.
Espero que su semana comience con energías renovadas tras el descanso del finde.
Les mando un saludo afectuoso a la distancia.
Atte: Moon
