EPILOGO

TERCERA PARTE.

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Leonardo Jonhson

Actualidad.

Julio de 1945

Hospital St. Jacobo. NYC.

Leonardo Jonhson de 22 años es un médico Fisiatra, se había especializado en la rehabilitación de heridos de Guerra en Boston, hace una semana lo habían trasladado de hospital, a Nueva York ya que en aquél hospital tenía la especialidad y todos los servicios y equipos de vanguardia.

Su jefe inmediato era un joven de 26 años, Mark Brower, había estudiado y hecho la especialidad con honores en la Universidad de Medicina en Chicago. Hace tres años lo habían trasladado al hospital de Nueva York y ahora él era el supervisor de los nuevos internistas.

– Muy bien, son las 10:40 y ya me mandaron la lista y los expedientes de cada uno de los pacientes de las 11 de la mañana, – decía el Dr. Mark Brower a sus 6 internistas que estaba a su cargo – tenemos en este horario a 10 pacientes, cada uno tiene ya su entrenamiento y ejercicios asignados en cada aparato. – decía mientras entregaba los expedientes a su equipo – Por favor antes que entren los pacientes, me gusta que lean los expedientes de sus pacientes para que sepan si han progresado o han tenido alguna recaída, dolencia o malestar, necesito que hagan sus informes de todo, avances o retrocesos y estado de ánimo.

Leonardo vio la lista de pacientes y su sorpresa fue enorme cuando vio que ahí estaba el nombre de Richard Grandchester Andley. Leyó su expediente.

– Dr. Johnson, creo que se ha demorado mucho con un solo expediente, – dijo el Dr. Brower tomando el expediente que tenía el internista. – ¡¿Richard Grandchester?! ¡¿Hoy tiene cita con nosotros y en este horario?! ¡Vaya! ¡No me comento la secretaria que tenía cita Grandchester! – hizo una mueca de enojo – ¡Normalmente soy yo quien lo atiende personalmente!

– Entiendo, ¿Cómo es posible que Su Alteza Real lo vaya a asistir médicos internistas? – se burló – Él debe ser atendido unicamente con personal que tengan un Doctorado.

– Ese comentario está fuera de lugar Dr. Johnson, tomé los expedientes y léalos antes que entren los pacientes que están en la sala de espera.

Habían entrado los 10 pacientes e inmediatamente reconocí a Richard Grandchester, el hombre en sí, tiene mucha personalidad, alto, gallardo y a simple vista simpático, él cojeaba y observé que no apoyaba el talón y caminaba con un bastón especial. Vestía como todos los pacientes con una camiseta, short y sandalias. Saludaba a todos y se presentaba simplemente como Ricky.

– Ricky, ¿Por qué no has apoyado el talón? Necesitas apoyarlo más en tus caminatas, poco a poco… aunque te duela, ya es tiempo que apoyes bien el pie como debe de ser – le decía el Dr. Brower dando instrucciones seriamente – ¿Has hecho los ejercicios que te he recomendado? – el joven afirmo con la cabeza – antes de comenzar con los ejercicios te voy a revisarte el pie. – dio un giro y miro a su personal. – Dr. Jonhson por favor me puede ayudar a revisar cómo se encuentra el pie en lo general.

– Si doctor, – me dirigí a la camilla – Sr. Grandchester le voy hacer un examen físico de cómo está el talón, el pie y la movilidad de sus dedos.

– Si doctor. – decía el joven con una sonrisa nerviosa.

– Cualquier dolor me avisa por favor – veía que tenía varias cicatrices, en su informe le habían realizado 5 cirugías reconstructivas. – ¿Le duele? – le flexionaba el pie hacia adelante y hacia atrás, de un lado a otro y lo palpaba minuciosamente.

– Un poco cuando lo flexiona hacía adelante, pero es aguantable el dolor, – decía el joven y el Dr. Brower vigilaba todos los movimientos como su supervisor.

– Excelente trabajo puede continuar ahora con los ejercicios de estimulación para el talón del Sr. Grandchester, mientras voy a ver a los demás pacientes. – asentí con la cabeza.

Mientras le ayudaba hacer los ejercicios, Ricky me platicaba como si yo fuera un gran amigo y me di cuenta que él a pesar de pertenecer a una de las familias más adineradas y poderosas de Inglaterra como América era una persona sencilla, amable y hasta agradable. Así era igual Maggie Grandchester y que yo estúpidamente la lastime.

FLASHBACK.

1934.

Trinity School Secundaria.

Estaba en tercero de secundaria cuando una hermosa chica había entrado a mi salón de clases, a sus 14 años parecía ya toda una mujer… alta, su cabello suelto, rubio y risado, sus hermosos ojos azul zafiro y un esbelto cuerpo desarrollado completamente. Estaba a dos asientos atrás de ella y podía observarla muy bien.

– Deja de mirar a Margaret Grandchester como un idiota, ¿Crees que una chica así va a hacerte caso? Por favor, cuando sepa que no eres rico y que estas aquí porque estas becado y no precisamente por tus buenas calificaciones sino porque tu mamá, bueno…

– Deja de hablar de mi madre Robert. – estaba enojado.

– Bueno, no deseo que te lastimen, eres una buena persona.

La miraba en la clase, era sumamente inteligente, tiene excelentes notas académicas, gran personalidad, segura de sí misma y muy elegante, con clase y porte. Deseaba saber quién era ella y la investigué por medio de periódicos y revistas, me di cuenta que efectivamente era una chica de cuna noble, su padre es Marques, su abuelo Duque y casi me desmayo cuando leí que su tío abuelo son los mismísimos Reyes de Inglaterra.

Y bueno, por parte de su madre pertenecía al Clan Andley, ellos eran banqueros, empresarios en Chicago como en Nueva York. En sí, esa chica es multimillonaria y aristocrática.

Desde mis 13 años había entrado a trabajar en las vacaciones y en los fines de semana en el Club Campestre para pagar algunos lujos para que creyeran en mi escuela que pertenecía a su status social y no un simple becario, mi estatura y mi presencia hacia que pareciera que tuviera 16 años, eso me ayudo a entrar como mesero.

Antes no me fijaba en las personas que frecuentaban esos lugares donde apestaba a dinero. La gente era sumamente prepotente y en varias ocasiones llegaban a humillarme sobre todo los chicos de Universidad. Tenía que aguantarme todo tipo de vejaciones hacia mi persona para que no me despidieran.

El primer fin de semana después de entrar a tercero de secundaria me doy cuenta que ella y toda su familia han sido socios desde hace más de tres años en el Club Campestre. Casi me desmayo de la impresión cuando casi choco con Maggie cuando iba a las cuadras, minutos después la vi galopando con caballos pura sangre junto a su padre y su hermano, sin duda son excelentes jinetes. Me pregunto si alguna vez me había topado anteriormente con ella. Y me di cuenta que los Grandchester y los Andley tienen accesos exclusivos a ciertas partes dentro del Club, aunque seas socios, no cualquiera entra en los restaurantes y zonas más exclusivas.

En clase en varias ocasiones sentía que Maggie me miraba y me sonreía, yo simplemente le hablaba en monosílabos. Mi verdadero sentimiento era que estaba "acomplejado", que vivía en una mentira, mi padre era el chofer de un político muy poderoso, él estaba casado y le gustaba mucho mi madre, una mujer sumamente hermosa, aquel político pagaba las cuentas de mi casa, de mi colegio, la ropa a cambio de favores sexuales y mi padre lo permitía.

Cuando entramos a la preparatoria unos días después Abigail y Roxana me comentaron que Maggie Grandchester estaba enamorada de mí ya que lo había confesado en una piyamada, y que estaba triste porque yo no le hacía caso.

Al principio creí que me estaban jugando una broma de muy mal gusto. ¿De verdad le gusto a Margaret? Finalmente, el viernes me di valor para hablarle y decirle

– Hola ¿Quieres ser mi novia?

– Si… me gustaría… mucho… ser tu novia – había dicho ella titubeante, realmente se veía sorprendida y se sonrojo enormemente.

– Excelente, porque siempre me has gustado mucho y nunca tuve el valor de decírtelo. – y de repente sin previo aviso la bese en los labios. – sentí que temblaba ligeramente, era simplemente hermosa, su mirada tierna, su sonrisa angelical, en ese momento me di cuenta que era amable, simpática y alegre, pero sobre todo sencilla en el carácter, conforme pasaban los días y las semanas me enamoraba cada día más de ella.

– Sabes, eres muy diferente, – la miraba fijamente y le acariciaba el dorso de la mano – pensaba que eras una niña rica, mimada, prepotente y soberbia… pero en realidad eres todo lo opuesto.

– ¡Gracias! – Soltó una enorme carcajada – nadie, me había dicho algo tan lindo como tú. – y se recargo en mi pecho.

Después de dos meses me sentía en las nubes y los chicos me envidiaban, salía con la chica más guapa de toda la escuela, un sábado había sido mi cumpleaños.

– Hijo te veo muy feliz ¿A qué se debe esa cara?

– Lo que pasa es que tengo novia, es muy hermosa, me gusta realmente, me gustaría invitarla cena a un lindo restaurante, pero ella… – callé abruptamente, seguramente ella comerá solo en restaurantes exclusivos.

– ¿Ella qué hijo?

– Ella es rica. – hablaba desanimado.

– Sabes, él hijo de mi jefe fue aceptado en la Universidad de Harvard, estoy seguro que si le pido el carro de su hijo me lo prestara todo el fin de semana.

– ¡¿De verdad papá?! – dije realmente sorprendido.

– Solo un favor, no vayas hacer alguna estupidez con aquella chica, porque te puedes meter en graves problemas y más si es doncella. Podrías hasta ir a la cárcel.

– Si entiendo tu punto.

– Sabes, de regalo por tus 16 años te voy a llevar con unas chicas de la vida galante, ya que veo que tienes la testosterona muy elevada – sonrío al ver mi cara de asombro – es para prevenirte de no hacer estupideces con tu novia.

El lunes en la mañana Maggie me había sorprendido con dos hermosos regalos, dos pulseras hechas a mano por ella y un pay de manzana. Estaba completamente sorprendido mientras me amarraba la pulsera que decía Maggie. Era algo tan significativo y hermoso aquel gesto, cuando ella también se amarraba en su muñeca la pulsera que había hecho con el nombre de Leo. Creo que se sorprendió de mi reacción ya que dijo algo de un Rolex o pulsera de oro. No, estaba maravillado que ella con tanta dedicación hiciera mi regalo.

Viernes 28 de octubre de 1938.

Aquel viernes en la escuela Abigail y Roxana me habían dicho que Margaret era realmente una mosca muerta, haciéndose la inocente cuando en realidad era todo lo contrario. En la piyamada había dicho que había estado con alguien más y que en realidad ella no era doncella.

– ¡Están dementes! – les grite a esas dos arpías, como osaban decir tanta infamia.

– Si no me crees, puedes comprobarlo por ti mismo – había dicho Roxana con una mirada determinante – le gusta leer libros obscenos, así son las mujeres hermosas como ella, son unas zorras disfrazadas de ángeles.

– No creo que lleve aquel libro en su mochila, pero quien puede dudar de ella cuando se hace la inocente – dijo Abigail con una mirada perversa.

Mirador.

El lugar donde la había llevado estaba bastante oscuro, se podía ver miles de estrellas. Maggie me pidió que prendiera las luces del carro ya que le daba un poco de miedo la oscuridad.

Me subí al carro y en el asiento de atrás tenía un cobertor para podernos sentarnos y ahí estaba su bolso escolar, tenía curiosidad si en realidad lo que me habían dicho esas chicas era verdad o mentira y sin meditarlo tome su bolso y vi que había una bolsa con la ropa que había llevado al colegio, dos libretas y dos libros, uno de química y otro libro que no podía creer, ¡¿Cómo es posible que Maggie tenga esta clase de lectura?! Era algo incomprensible, metí las cosas en su bolso escolar y la puse en el asiento trasero y encendí los faros del carro.

Estábamos sentados y media hora después, nos estábamos besando, Maggie correspondía muy bien a mis besos, pero al mismo tiempo era tímida, tierna y sumamente amorosa, había profundizado más el beso cuando de repente sentí que su mano estaba acariciándome sobre mi pantalón, el simple hecho de ser acariciado fue algo tan excitante, sin darme cuenta poco a poco le bajaba el cierre del vestido y bajaba su vestido hasta su cintura, jamás había sentido algo tan placentero, ella tiernamente besaba mi cuello… cuando le quite el sujetador y tome su hermoso pecho.

– ¡Dios mío, Margaret! Eres maravillosa. – y sin previo aviso bese aquellos montes con tanta pasión.

– ¡¿Qué haces?! – Gritaba con fuerza mientras acariciaba con mis dedos su intimidad sin obstáculo alguno y comprove que era virgen. – ¡Por favor detente! ¡Detente por favor! – Al principio se resistía mientras la desvestía fácilmente y después se quedó inmóvil, me levante y con la luz de los faroles del carro que había dejado encendida contemple su completa desnudez, es perfecta, como una diosa griega y la deseaba aún más cuando finalmente escuche su llanto y su rostro estaba bañado en lágrimas.

Camino a su casa estaba completamente en shock, estaba asustado, que demonios había hecho y lo peor con una Grandchester, su familia es sumamente influyente, podría pasar una larga temporada en la cárcel, ¿Por qué hice eso? Afortunadamente me detuve antes de hacerla mía. ¿Por qué? Solo veía que lloraba, no, ¡No quiero estar en la cárcel! Sabía que me había sobrepasado – me decía así mismo – Ella tiene toda la culpa ¡El libro! Ella fue quien me estimulo primero. Finalmente, así son las mujeres… como lo es mi maldita madre… por afuera se ven tan inocentes, pero en realidad son unas zorras.

Antes que Maggie bajara del carro le eché la culpa de todo lo que le había ocurrido y cuando se bajó supe que la había perdido.

Lunes.

– Hola Leo, ¿Dime a que base llegaste con Grandchester, hiciste un Home Run? – Preguntó Roxana y Abigail.

– ¿De qué demonios hablas? – replique enojado – ¡¿Están dementes?! Claro que no hubo absolutamente nada.

– Uhhh, ¡¿No me digas que estuvo de niña puritana?!

– ¡¿Ustedes?! ¿Ustedes fueron que le dieron ese maldito libro verdad? ¡Son unas asquerosas!

– ¡Fuiste un idiota! Te la entregamos casi en bandeja de plata, ya que hablamos con ella antes de irse del colegio, y mira que hasta pensamos que habías hecho ¡Un Home Run! Ya que Margaret por primera vez falto a clases, seguramente se ha de sentir completamente humillada. – comenzaron a reírse burlonamente.

Estaba preocupado ya que al segundo día también había faltado, y al tercer día pregunte a sus maestros si sabían algo.

– Si, su mamá llamo al colegio, desafortunadamente su padre y su hermano Ricky sufrieron un asalto, al parecer les dispararon, ella está ahora en el hospital. – fue un duro golpe escuchar aquello, deseaba estar con ella en estos momentos tan críticos y difíciles, pero sabía perfectamente que eso no podría ser, no después de lo que le había hecho.

Después de dos semanas Maggie regreso al colegio, lo más sorprendente es que ella siempre estuvo con la mirada muy en alto, fue un completo As en el Póker ya que nunca se mostró humillada, como si no hubiese ocurrido nada.

Mayo de 1939.

Club Campestre.

7 meses después.

Aquel sábado estaba ahí el hijo del jefe de mi padre con sus amigos de la Universidad, solo sentía como me miraban y se burlaban frente a mi cara, cuando de repente entró Maggie vestida con traje de equitación acompañada de su dama de compañía y se sentó en una de mis mesas que entendía.

– Buenos días, me podría traer dos malteadas por favor, uno de vainilla y otra de chocolate y dos Sándwiches de pavo. – levanto la mirada del menú y me miró fijamente.

– ¡Lady Grandchester! ¡Qué sorpresa verte por aquí! – dijo Roger el hijo del político yendo a su mesa. – Siempre te veo en los restaurantes más exclusivos del Club.

– Fui a entrenar equitación y este restaurante es el más cercano y me muero de hambre. – en ese momento Leo llego con los alimentos – Gracias Leonardo.

– ¡¿Conoces a Leonardo?!

– Si claro, estudiamos juntos en el Trinity, vamos en la misma clase, es un gran amigo, – dijo mirándolo con simpatía – no sabía que trabajabas aquí. – Leonardo simplemente se quedó callado.

– ¿No lo sabías? Creo que no sabes muchas cosas acerca de él, – le sonrió con maldad y Leo simplemente apretó los puños – sabes que mi padre le paga la colegiatura a esta basura, ya que su madre es un golfa que se acuesta con mi padre. – cuando de repente le dio un puñetazo. – ¡Esto lo pagaras muy caro Leonardo! – dijo sobándose la quijada – ¡Voy hacer que te corran de aquí maldito bastardo! – Leonardo tomo la malteada de vainilla y Maggie se levantó de su asiento y su traje de equitación fue manchado.

– ¡Basta! – Gritó Margaret golpeando la mesa, Leo tenía el rostro completamente pálido y él otro joven se estaba muriéndose de la risa. – ¡Quiero hablar con el encargado de este lugar!

– Ahora sí que te van a echar como un leproso, mira cómo has manchando el traje de Grandchester.

– Mi lady, por favor, lamento mucho lo sucedido – dijo llegando un señor de 50 años sumamente nervioso.

– Deseo hablar con usted en su oficina, Dorothy acompáñame por favor. – dijo ella con determinación.

Media hora después,

– Sr. Jonhson, Lady Grandchester habló conmigo, me ha solicitado que lo remueva de aquí, de esta área.

– Comprendo, ahora mismo entrego mi renuncia.

– No, me ha solicitado que se le traslade a una zona exclusiva, al restaurante de las Rosas, es un restaurante donde asiste normalmente señoras mayores a tomar el té y el ambiente es muy tranquilo. No cualquiera entra como mesero a ese restaurante. – El muchacho se quedó pasmado – nos dijo… que lo habían insultado y que seguramente no había sido la primera vez, que deberíamos de sacar a un muchacho tan vil y prepotente de este club ya que no tiene modales, sin embargo, eso es imposible, es hijo de un político muy poderoso. Así que pidió su cambio a una zona más exclusiva.

– ¡¿De verdad?! No sabía que podía hacer eso, y más una chica de 16 años.

– Ella pertenece a una familia aristócrata y muy influyente, nos amenazó qué si no lo hacíamos, ella y toda su familia iban a cancelar su membresía del Club, no podemos permitir aquello. Mañana se presentará a trabajar allá. – le entrego un folder.

Maggie estaba sentada a la orilla del lago, estaba atardeciendo y se veía las diferentes tonalidades de naranjas en el paisaje, se le veía sumamente melancólica.

– Maggie, hola – después del incidente no tuve el valor de dirigirle la palabra y menos aún pedirle disculpas de lo que había hecho. – gracias por lo que hiciste hoy, necesito del trabajo… perdóname por haberte engañado... no es sencillo… lo que dijo Roger es verdad… – bajo el rostro avergonzado – el padre de Roger paga mi colegiatura y los gastos de la casa, mi padre es chofer… el chofer de ellos.

– Yo ya lo sabía, desde el año pasado justamente hace un año, antes de que me pidieras que fuera tu novia. – dijo Maggie mirando el horizonte.

– ¡¿Cómo, lo sabías?! – se sorprendio el joven.

– En la clausura de la obra de mi padre "La Tempestad" en el cierre de temporada, ahí estaba todas las grandes personalidades de la política y la alta sociedad. Ahí conocí a Roger, cuando fuimos a la celebración en la mansión del Alcalde. Me presumió su nuevo carro y me llamo mucho la atención la placa, MGA – 304 Le dije a Roger ¡Qué coincidencia! ¡Son mis iniciales y mi fecha de cumpleaños, 30 de abril! Y en aquel momento llego el padre de Roger, y conocí a su chofer y vi que era tu papá.

– Sabías que el carro no era mío, – ella asintió con la cabeza – ¿Por qué no me dijiste que lo sabías?

– ¡Yo te amaba Leo, realmente te amaba! Porque cuando te conocí en la secundaría eras tan distinto a los demás, sin esos aires de grandeza y sintiéndose como si fueran Gente Muy Importante. Cuando en realidad ¡No tienen ni educación, ni valores! ¡Estudiar en Colegios Privados no te da derecho de humillar a los demás! Mis padres me enseñaron esa difícil lección desde los 7 años, porque ¡Yo era así cuando vivía en Inglaterra! Y ahora de recordarlo me doy asco de haber sido el tipo de persona que es Roger.

– Maggie yo te amo, pero por miedo no tuve el valor…

– No es verdad Leo, ¡Tú nunca me amaste realmente! Si me hubieras amado como yo te amaba a ti… nunca me hubieras hecho lo que me hiciste… – lo miro directamente a los ojos. – sabes, vamos a confesarnos la verdad, sin mentiras.

– Bien, aunque la verdad siempre es dolorosa.

– Tu nunca me amaste, solo estas impresionado porque yo era tu novia, ¡¿Cómo una Grandchester iba estar con un don nadie?! ¿Ese era tu pensamiento?

– Verdad y falso… quizá al principio. – bajo el rostro, si, era verdad lo que decía.

– Sabes, – se rio – yo pensaba que te amaba… pero en la realidad me sucedió lo mismo que a ti. Deseaba con toda mi alma tener alguien como Emma Miller, envidiaba a mi hermano por tener a Emma.

– ¿Emma?

– Hace una semana paso mi cumpleaños, y alguien me dijo ¿Qué le puedes regalar a alguien como tú, su tú tienes absolutamente todo? En ese momento pensé en Emma y en mi hermano, ella nunca le regalo algo materialista, ella le regalaba pulseras hecha por ella, un cofre de madera pintado por ella, se escribían hermosas sus cartas, iban a la cocina y se preparaban postres y galletas, son confidentes, se dicen de todo… ¡Yo deseaba eso contigo! Y solo fue una ilusión…– dijo Maggie a punto de las lágrimas.

– ¡Eso es falso! ¡Mira! – Dijo mostrándole la pulsera que le había dado, – no me le he podido quitar y no sabes cuánto me arrepiento de lo que hice… de no haberte respetado… vamos a intentarlo nuevamente ahora sin mentiras, porque una relación no puede comenzar bien si nos mentimos él uno al otro.

– Ya no voy estar para el siguiente año, – volteo a verlo a los ojos. – mi familia se está desmoronando poco a poco… por alguna razón mi padre y mi abuelo… se han gritado horriblemente cómo nunca antes, habla pestes de Stewart y Alfred… en general, ¡Que nos ha arruinado nuestras vidas! No sé en qué sentido… – lloro – ¡Cómo si fuera la culpa de mi abuelo que les hayan disparado! ¡No lo sé! Por otra parte, mi padre tuvo que dejar su gran sueño de ser Director y Productor algo que realmente le apasionaba, ¿Y mi hermano? ¡Está frustrado y enojado con la vida! ¡No sé por qué! Pero le ha dicho a Emma que ya no la quiere ver, Emma ayer me ha dicho que se va a Inglaterra, ¡Qué Ricky ya no la ama! ¡Ninguna mujer va a ser tan buena con mi hermano como lo ha sido Emma! – apretaba los puños fuertemente – y mi madre… llora todos los días al ver tan mal a Ricky… a mi padre… y yo no quiero darles más problemas, debo de tener la frente en alto y tragarme las lágrimas y mi sufrimiento…

– Maggie… yo… quiero…

– Mis padres han decidido que terminando el año escolar iremos a Chicago, a la mansión Andley… allá se recuperará mi hermano Ricky. – se levantó mirando el ocaso del sol que estaba finalizando y en pocos minutos llego la oscuridad.

– ¡Chicago! ¿Te iras a Chicago? – bajo el rostro derrotado – que lastimas que nuestra historia haya sido así, pero prométeme que serás feliz… en Chicago. – levanto su rostro y estaba derramando las más tristes lágrimas.

– Tú también, trabaja mucho, es un restaurante muy exclusivo donde van puras señoras educadas y dejan buenas propinas. No permitas que nadie te humille nuevamente. – su rostro estaba llena de lágrimas también – Debo irme – se dio la media vuelta y corrió.

Fin del flashback.

ACTUALIDAD.

– ¿Cómo te fue con Richard Grandchester? Espero que no haya sido grosero contigo, – pregunto el Dr. Brower cuando finalizaron la terapia y en menos de 10 minutos otro grupo de 10 pacientes llegaría.

– No, él es un joven muy agradable. No toda la gente adinerada es cómo él.

– Si, lo sé, leí tu expediente, – dijo tomando los expedientes de los pacientes. – me gusta tener en mi equipo personas capaces y con retos fuertes, porque son aquellos que aprovechan las oportunidades.

– ¿Sabe, todo acerca de mí?

– Si, absolutamente todo, lo que sucedió con tu mamá fue muy comentado en los medios. Y no te diste por vencido, pagaste tu carrera por tu trabajo y esfuerzo.

– No fue nada fácil, a mi madre la asesino ese maldito político desgraciado y salió libre diciendo que ella se había suicidado, mi padre nunca más lo volví a ver, fue en el tiempo que iba a entrar a la Universidad y ninguna Universidad me acepto, hasta que llegue al hospital, ya que solicitaban personal para los heridos de guerra. No tengo carrera universitaria.

– No, y no la necesitas, el hospital te enseña las cosas más esenciales, y que mejor con la practica con los heridos de guerra. Sabes, tienes mucho potencial por eso te deje que atendieras a Grandchester.

– ¿Habla de verdad?

– Él es… en cierta forma un gran amigo o un familiar, – dio una carcajada – le debo mucho a ellos… bueno en realidad al tío de él, el Sr. Albert Andley. – dijo viendo todos los reportes de sus internos y verificando los nuevos expedientes. – si te dijera que soy huérfano, estuve en un lugar que se llama el Hogar de Ponny y los Andley son benefactores de ese lugar. A los 13 años si no eres adoptado ya no puedes estar ahí, así que el Sr. Andley hizo una insitución llamada "Brower y asociados" en memoria de su sobrino, de ahí tome el apellido ya que no tengo padres, y el Sr. Andley lo acepto ya que me quiere como un hijo, la institución paga un internado para tener un oficio, para que en el futuro tengas un trabajo bueno y puedas sostener una familia.

– Wow ¿El Sr. Andley te pago la Universidad?

– No, si deseas estudiar más debes estar becado por tus medios, yo consegui una beca en la Universidad de Chicago, una beca del 75% y el otro 25 lo pagaba trabajando duramente con los heridos de guerra, aprendí muchísimo tanto que me asendieron y gracias a eso tengo una familia que puedo mantener.

– ¿Está casado?

– Si me case hace dos años y mi esposa tiene 3 meses de embarazo. Así que le estoy muy agradecido al Sr. Andley por todo lo que nos ha dado… por cierto voy a verlo el fin de semana, me han invitado al teatro, se estrena una gran producción "La fierecilla Domada".

– Así que tiene amistad con los Grandchester y los Andley.

– Si, – le entrego los expedientes de los pacientes de la siguiente hora.

– ¿Sabe a qué se dedica Margaret Grandchester?

– Ella es abogada en el consorcio Andley, trabaja en el Edificio Chrysler en el piso 66. ¿Por qué?

– Dr. Brower, ya están listos los pacientes del horario de las 12:30 – dijo la secretaria.

– Por favor que pasen, ya estamos listos. – se dirigió a su equipo de 6 internistas. – Muy bien doctores manos a la obra, necesitamos esa sonrisa y buen trato, ya que todos nuestros pacientes han sufrido muchísimo…

6:30 de la tarde

Departamento del Dr. Brower.

– Hola mi amor – Lo saludo una bella mujer a su esposo con un beso apasionado – ¿Cómo te fue en el trabajo?

– Tuve muchísimo trabajo – dijo sentándose en el sillón junto a su esposa – sabes, hoy tuvo cita Ricky Grandchester, mi secretaria no me aviso, me hubiera gustado atenderlo personalmente, sin embargo, lo atendió un médico internista.

– ¡¿Un internista?! ¡¿A un Grandchester?! ¡¿No se enojó?! ¿Cómo Su Excelencia lo van a atender un internista? Y no toda una eminencia como usted, que es gran Doctor reconocido.

– No, no le dije a Grandchester que era un internista.

– Es increíble, ¿Después de tantos años todavía va a terapias físicas? Ya debería de caminar bien. – hizo una mueca chistosa – Es claro que su esposa ha de mimarlo y consentirlo demasiado para que siga usando el bastón. Así vive esa clase priviligiada, apenas se hacen una cortadita y ya quieren irse a emergencias.

– Ehhh no te enojes – dijo besándola en los labios apasionadamente – viene un bebé en camino y necesitamos pacientes adinerados como Grandchester para pagar las cuentas del bebé. – le guiño el ojo.

– Oye, ¡Es verdad! Deberías de darle un martillazo o torcerle el pie para que vaya más seguido a tu consultorio privado.

– O mejor aún – dijo el hombre con una sonrisa sarcástica – cobrarle lo que le cobré hoy y meterlo con todos los demás pacientes como un plebeyo cualquiera. – se llevó las manos al rostro de frustración. – ¡Tenía ganas de asesinar a mi secretaria! ¡Cómo demonios se le ocurrió agendarle una cita comunitaria! Solo a ella se le ocurre hacer esa clase de estupidez.

– Espero que no la hayas despedido. – se carcajeo enormemente – Me has puesto de muy buen humor, vamos a la cama, deseo que me ames con locura.

En la recamara se encontraba dos personas que se amaban infinitamente entre besos y dulces gemidos hasta llegar a una estaxis total.

– Mi amor, te amo mucho, – decía su mujer, cuando habían finalizado de hacer el amor, ella estaba exhausta y se había recargado en el pecho de él.

– La próxima semana es el estreno de La Fierecilla Domada de William Shakespeare, – había dicho después de recuperar fuerzas y la abrazaba cariñosamente – y la protagonista es la gran actriz consagrada, la hermosa Andrea Rosemont, – sonrío – hoy Richard me entrego los boletos para estar en el Palco de Honor como invitados especiales, – le guiño el ojo – tengo tantas ganas de verla, es una excelente actriz.

– Si, sé muy bien que es tu amor platónico aquella actriz de quinta, y seguramente irá a saludarnos al Palco.

– Oye, ¿Estás celosas? Sabes que yo solo tengo ojos para ti y para nadie más. – le dio un beso en la frente. – me gustas tal como eres.

– Así, pues déjame advertirte que también estará ahí Lady Margaret Grandchester, – le dio una mirada retadora.

– ¡¿Lady Margaret va estar ahí?! Dios mío que novedad, no sabía que ella iba estar en el Palco de los Grandchester.

– Me pregunto si no te arrepientes de haber dejado a una chica tan sofisticada e influyente como ella. – dio una carcajada enorme – sin duda estará con un hermoso vestido de seda de algún diseñador europeo importante y hermosas joyas con diamantes.

– Bueno, ¡No me va a arruinar mi velada para ver en persona a mi amor platónico Andrea Rosemont! Y comprendo lo que me quieres dices, ¡¿Lady Grandchester?! – la miro fijamente a los ojos – No, no me arrepiento de no haberme casado con ella, yo prefiero mil veces a la chica hermosa y sencilla con quien vivo. ¿Y tú, estás feliz de haberte casado conmigo, no estás arrepentida?

– ¡Yo soy la mujer más feliz de todo el mundo! – decia mientras se acurrucaba en el pecho de su marido para dormir plácidamente. – no me arrepiento de haberme casado contigo.

No podía dormir, era de madrugada y veía a la mujer dormida que estaba en mi cama plácidamente.

FLASHBACK

6 de junio de 1941.

– Srita. Grandchester – había dicho aquel sábado cuando por casualidad había llevado a su hermano al hospital de Chicago. – su hermano se encuentra ya mejor, con estos medicamentos y algunos ejercicios podrá muy pronto dejar ya las muletas. – le entregue la receta médica.

– Muchas gracias Doctor.

– Mark, – me detuve a mirarla detenidamente – es increíble que no te acuerdes de mí Maggie. – me atreví a llamarla por su nombre.

– ¿Nos conocemos?

– ¡Ohhh, no puedo creer que no me reconozcas! Por primera vez en mi vida me siento muy humillado. – dije con un fingido gesto de tristeza.

– Yo, yo… – Me observo detenidamente, hombre alto, cabello corto y castaño, ojos azul cielo, delgado y miro mi consultorio, mis diplomas de los colegios donde había estudiado, la Universidad de Medicina y mi título profesional – Dr. Mark Brower. En realidad, no conozco a personas de Chicago que no sean mis primos los Andley y toda mi vida he vivido entre Inglaterra y Nueva York.

– Qué lástima que no te acuerdes de mí, hasta me regalaste una pulsera con tu nombre y bailamos un hermoso vals, me habías dicho que era tu primer baile con un chico. – dijo sacando de su escritorio una caja y entre ellos saco la pulsera y se la dio.

– ¡¿Mark?! ¿Tú eres aquel niño del Hogar de Ponny?

– Si, el mismo, ¿Ya te acordaste de mí?

– Si, claro – dijo Maggie realmente sorprendida – me acuerdo de ti, ¿Fuiste adoptado? Desde hace dos años que vivo en Chicago, he visitado cuatro veces el Hogar de Ponny.

– No sabía que una niña de 7 años fuera una verdadera mentirosa. – ella se carcajeo ante el recuerdo. – ¡Me mentiste!

– No fui yo… que te quería mentir, fueron mis padres que nos castigaron a mi hermano y a mí, era tres semanas en el Hogar de Ponny o… que mi trasero fuera severamente castigado por salirnos y perdernos en el bosque todo un día. – hizo una mueca chistosa. – Estoy sorprendida que hayas conservado la pulsera que te di.

– ¿Y tú conservaste mi pulsera? Recuerdo que me habías dicho que era tu primera pulsera de la amistad.

– Ahhh – hizo un gesto de estar pensando en donde había dejado aquella pulsera. – este… supongo… que debo de tenerla en mi habitación.

– Si claro, como no, aunque no lo creas, – la miraba a los ojos – tú fuiste mi primer amor… – Maggie se sorprendió ante tal confesión. – claro era amores de niños, yo acababa de cumplir 11 años bueno me faltaba un mes para mi cumpleaños. Pero aun así, fue un hermoso precumpleaños que nos hicieron.

– Lo recuerdo perfectamente.

– ¿Te gustaría salir a comer conmigo para platicar de viejos tiempos? – preguntó Mark con una sonrisa pícara – claro si tú lo deseas, seguramente has de tener muchos pretendientes o tu novio no le ha de gustar que salgas con alguien de casi 22 años.

– No, estaría encantada de ir a comer contigo, además no tengo novio. – dijo Maggie con el rostro sonrojado, ademas él era un hombre sumamente guapo y su voz parecia de locutor de la radio, fuerte, ronca y muy sensual.

Desde esa vez todos los días Maggie iba al hospital a visitarme y se había graduado ese verano de la prepa con honores en Chicago.

15 de agosto de 1941.

Dos meses después

– Pensaba ir a estudiar a Harvard, pero estoy considerando de estudiar aquí, en la Universidad en Chicago. Voy hacer mis exámenes de admisión.

– ¿Lo haces por mí? – se lo dijo a quemarropa – No sé, si tus padres estén contentos que tengas un novio mayor, tengo 22 años.

– Yo tengo 18 años, ya soy mayor de edad y puedo hacer lo que yo quiera.

– Me alegra que ya seas mayor de edad, porque podría ir a la cárcel si tus padres supieran. – ella asintió con el rostro. – bueno debo de ser sincero contigo, no tengo familia, sabes que soy huérfano, pero tengo un doctorado y dos especialidades, gano bastante bien, vivo en un hermoso departamento gracias a las prestaciones que tengo del hospital… y tú eres una Grandchester, y no sé si tu familia esté contenta… porque quiero decirte que seas mi novia formalmente.

– ¡¿Tu novia?! ¿Quieres que sea tu novia?

– Sí, me gustas mucho y me la paso muy bien contigo y aunque no lo creas sentí algo muy especial desde que te vi en el Hogar de Ponny, recuerdo tu vestido rojo con tirantes y tu blusa blanca.

– Recuerdo ese vestido, mi hermano se burló de mí porque decía que parecía Anita la Huerfanita. – soltaron ambos una carcajada.

– Me gusta ser siempre claro y desde un principio desee que supieras quien era yo… no me gustan las mentiras y no deseaba engañarte. Soy un hombre maduro y deseo ya asentar cabeza y tener una familia, cuando te vi… quise ser directo.

– Mark, tú has sido sincero y no has tenido secretos conmigo y yo hice algo que me arrepiento y no deseo engañarte, no sé si… tú me perdones… – se puso nerviosa.

– Dime, te escucho, no deseo tener secretos contigo.

– Cuando tenía 15 años, estaba en primero de prepa… no había tenido novio y deseaba mucho tener novio… los muchachos de mi clase no me tomaban en serio y pensaba ¿Por qué nadie quiere que sea su novia? ¿Hay algo malo en mí? Hasta que dos compañeras que eran unas arpías ponzoñosas, me abrieron los ojos, ¡Mírate! Qué hombre quiere casarse contigo, si eres la primera de la clase y tu familia es adinerada e influyente, ¿Qué hombre quiere ser un mantenido por su mujer? Normalmente el hombre trabaja, trae el dinero y la mujer es la que se queda en casa cuidando a los hijos. Y tú no vas hacer eso. Así que te quedaras como una solterona porque ningún hombre va a querer que sea tú mejor que él.

– Comprendo. – dijo el hombre escuchando el relato.

– Un chico que creía amar, me había engañado, deseaba impresionarme y pidió un carro que no era de él… me decía mentiras… pero no quería romper con él… una noche me llevo a un mirador – sus ojos se cristalizaron, pero no deseaba mentirle a Mark – me besaba y sentía que lentamente me quitaba mi vestido, al principio le dije que se detuviera, ¡Detente por favor! Sin embargo, yo deseaba sentir, ser abrazada... mi cabeza decía detenlo y mi corazón y mi cuerpo decía… nunca vas a tener una experiencia igual, me quedé inmóvil pensado que iba hacer algo maravilloso, pero fue grotesco… la manera que besaba mis senos y acariciaba mi intimidad… ¡Yo se lo permití! – comenzó a llorar – mis padres me descubrieron, pero no pude decirles la verdad, que no me hice a respetar.

Mark simplemente se quedó mudo durante todo el tiempo que ella se había confesado.

– Si te digo esto es porque no quiero mentirte, quiero mirarte a los ojos con sinceridad y no como lo dice mi padre que debo de tener siempre la frente en alto.

– ¡¿Lo hicieron?! – trago en seco.

– No, él se detuvo antes de tiempo. – lo dijo llorando y creyó que su alma se rompía en mil pedazos al ver la cara de Mark.

– Es mucha información para mí, debo de pensar todo esto que me acabas de decir, debo de irme Margaret.

Dos semanas después.

– Hola Maggie, – saludo Mark cuando la vio en un parque que ella solía acudir – ya no has ido al hospital desde aquella vez.

– Pensé que nunca más me ibas a volver hablar después de lo que te platique.

– Te invito a comer a mi casa y a platicar, si tú no estás enojada conmigo por no llamarte en estas dos semanas que han pasado, – le tomo de las manos y la miro fijamente a los ojos – te confieso que si me moviste el piso con esa confesión, pero te amo, estas dos semanas me he dado cuenta que me haces mucha falta y que no vale la pena de terminar por lo que hiciste hace tres años atrás. ¿Tú me amas? - como adoro esa voz tan sensual.

– Sí, te amo… – lo dijo Maggie con lágrimas en los ojos – pensaba que te había perdido.

– Vamos a mi departamento, deseo hablar contigo y poner las cosas en claro. – él era un hombre maduro y yo me sentía como una niña a quien su padre la iban a reprender cuando le decía, "vamos a mi despacho", estaba nerviosa, una vez que llegaron al departamento tomaron asiento en la sala y la abrazo afectuosamente y la beso en los labios tiernamente.

– ¿De que deseas hablar conmigo?

– Te amo Maggie – dijo sacando una cajita de terciopelo, la abrió y ahí había un anillo, Maggie se sorprendió a ver aquello. – Hubo algo en tu relato que me abriste los ojos y que yo no había pensado anteriormente.

– ¿Qué cosa? – preguntó alarmada, ya que normalmente debería de entregarle el anillo y él lo retenía en su mano.

– Deseo que seas mi esposa, porque te amo y deseo vivir contigo toda mi vida. Tú sabes que soy Doctor y tengo un excelente trabajo, pero no deseo que tu padre nos pague una boda ostentosa como la boda de tu hermano Richard y Emma, con una hermosa iglesia y un banquete para 500 personas donde asistieron la crema y nata de la política y la alta sociedad, si te casas conmigo usaras mis joyas, este anillo es de oro de 18k, no es un diamante, es una zirconia, y no voy a permitir que tus padres nos regalen una mansión como a Ricky, y todos esos privilegios que gozan ustedes por ser aristocráticos.

– ¡¿Qué es lo que me estás diciendo?! – Sentía que un balde de agua helada caía sobre ella.

– Sé que te gusta la equitación, pero no podré pagar una membresía de más de 50 mil dólares anuales, cuando mi sueldo anual es de 120 mil dólares, y si deseas estudiar la Universidad tendrás que pedir una beca, ya que la Universidad es muy cara y no podré pagarla, – Maggie lloraba de todo lo que Mark le estaba diciendo – si deseas algún gusto o lujo tendrás que trabajar, no tengo problema que mi esposa trabaje, entre nuestros dos sueldos podemos pagar todas nuestras necesidades y vivir bien, pero lógicamente, no se compara con los millones de dólares que tu familia posee.

– No me pidas elegir entre mi familia y tú por favor. – negaba con la cabeza.

– Nadie te está diciendo que te voy a alejar de tu familia Margaret, podrás verlos cuantas veces desees, lo único que no deseo es que ellos paguen nuestras cuentas, o que nos dé mansiones, joyas, membresías del club campestre, podrás ir al club, pero como invitada y de vez en cuando, y si te casas conmigo ¡Esté departamento será tu casa, tu hogar! Y solo vendrás con una maleta con tú ropa y artículos personales, pero sin joyas ni nada de valor.

– No me hagas esto, por favor – rogaba de rodillas llorando – tengo muchos eventos sociales con mis padres, con mis tíos, con mi abuelo el Duque, no podré ir sin el protocolo… no puedo dejar a mi familia.

– Está bien, podrás ir como una Lady únicamente cuando sean eventos sociales, celebraciones o fiestas con tus padres, todos los demás días será como te he dicho.

– Yo… yo necesito pensarlo, no es fácil para mi dejar todos mis privilegios que tengo, soy una Grandchester, nunca he sido pobre…

– Tienes dos semanas para decirme si estás de acuerdo en casarte conmigo o no. Te amo y prometo que seré un excelente marido para ti… deseo yo protegerte, cuidarte y proveerte y amarte apasionadamente.

En ese tiempo no volví a ver aquella mujer aristocrática.

7 de diciembre de 1941

Ataque a Pearl Harbor.

Al día siguiente América finalmente declaraba la guerra a Japón, y Estados Unidos finalmente entraba a la guerra oficialmente. Cientos de jóvenes son recluidos y llamados a pelear por su patria. Al principio solo eran voluntarios, ahora llegaban por cientos las invitaciones para que fueras a pelear, negarse a ir a la guerra los jovenes eran enjuiciados y encarcelados y en Europa enrolaban a los hombres hasta 50 años de edad, Los heridos de guerra comenzaban a saturar los hospitales que los trasladaban a las ciudades más importes de América.

A principios de enero de 1942 un mes despues del ataque me trasladaron al Hospital St. Jacobo en Nueva York y el 2 de febrero una joven inexperta había llegado al Hospital como voluntaria para ayudar a los heridos de guerra, ella se encargaba de la comida y trabajos menores con los pacientes, su dedicación y esfuerzo hizo que me enamorara de esta nueva chica, duramos año y nueve meses de novios y el 13 de septiembre de 1943 contraje matrimonio en una sencilla ceremonia donde solo la familia directa de mi novia asistió al enlace, ya que eran tiempos de guerra y había muchas pérdidas humanas.

Actualidad.

Consorcio Andley

Edificio Chrysler. NYC.

– Licenciada un joven desea verla. – había dicho su secretaria personal – Su nombre Leonardo Johnson, dice ser un compañero de escuela.

– ¡¿Leonardo Johnson?! Hágalo pasar por favor. – un minuto después entro el joven.

– Hola Leo ¡Qué milagro que te veo! Nunca me imaginé verte nuevamente. Toma asiento ¿Cómo te ha ido? ¿Qué ha sido de tu vida?

– Yo estoy muy bien en lo profesional, estoy trabajando en el Hospital St. Jacobo. Es uno de los mejores hospitales de especialidad ¿Y tú, cómo te ha ido?

Sábado. Broadway

La Fierecilla Domada

De William Shakespeare

Director y productor. Terruce Grandchester

Primera actriz. Andrea Rosemont como Catalina.

En un Palco de Honor está toda la familia Andley, la familia de Albert y Ángela, Archie y Annie, Robert y Paty, con sus hijos y algunos con sus nietos. Sin embargo, el hijo mayor de Archie fue llamado a la guerra en junio de 1942 Archie no pudo evitar que fuera al frente y murió seis meses después en Alemania. Albert había movido todas sus influencias para que ninguno de sus hijos fueran llamados a pelear al frente de batalla, en julio de 1940 todos los hombres de nacionalidad inglesa mayores hasta 50 años eran llamados por el ejercito Britanico para pelear, entre ellos, los Grandchester y afortunadamente los hijos de Paty era dos mujeres.

En el Palco de Honor de los Grandchester ahí estaba el Duque y su esposa Eleonor, Candy quien veía con todo su amor la nueva etapa de su esposo, a lado de ella su hijo menor William, Ricky con su esposa Emma, y Maggie con su esposo. También estaba ahí Esmeralda Baxter y Alfred Bates. Los padres de Emma.

Al otro lado del escenario otro Palco lo ocupaba la familia de la actriz principal, su esposo Stewart y su hijo de siete años y en aquel palco se encontraba sus compañeros de trabajo de la Guardia Real.

Al finalizar la obra el Director dirigió unas palabras al público presente.

– Quiero agradecer a todo nuestro público que está aquí presente, – comenzaba Terry su discurso – sin ustedes nosotros no seríamos nada, gracias por su gran apoyo y comprensión, sin duda… han sido años muy difíciles en nuestras vidas, hemos perdido familiares y seres queridos a lo largo de estos 6 años de guerra. Algo que al principio creíamos imposible, algo inimaginable de vivir nuevamente los horrores de una Guerra.

Las experiencias de la vida te cambian para bien o para mal, pero siempre debemos de luchar contra las adversidades que surgen en el camino, piensas que has tocado fondo y debes de levantarte con la frente muy en alto. En ti esta de aprehender cada lección, porque cada lección es un aprendizaje, de ser más humildes y ayudar a nuestro prójimo.

– Quiero darle las gracias a todos nuestros actores y actrices que han realizado esta magnífica obra con tanto profesionalismo y que como todos los que estamos aquí… hemos sufrido… y nos hemos levantado, atrás en bambalinas hemos llorado y reído como una gran familia unida. Un aplauso enorme a todos nuestros actores, productores, a todo nuestro staff en general. – los aplausos del teatro eran ensordecedores.

– A mi hermosa y adorable familia, a mi padre, el Duque de Grandchester quien a pesar de los desacuerdos y peleas como toda familia aristócrata – sonrió – Te quiero… y ahora… después de varios años… no había tenido el coraje y el valor de expresar mi arrepentimiento y te doy las gracias por todo lo que has hecho por mí y por mi familia principalmente. A Eleonor Baker, – hizo una pausa, tenía un nudo en la garganta – no sé si el público sea de su conocimiento, pero mi padre hace seis años en 1939 le pidió matrimonio a una gran mujer, la gran reconocida actriz y muy amada Eleonor Baker… – su voz temblaba de la emoción – quien ha sido una gran amiga desde mi juventud y una gran mentora en mi profesión… ahora estoy agradecido con dios y al destino de poder tener la dicha de llamarla "Mamá" – sus ojos estaban cristalinos – ella ha sido como una verdadera madre para mí en todos estos años. Un aplauso por favor. – el público estaba tan conmovido por aquellas palabras de afecto hacia sus padres.

– Y por último, a mi amada e incondicional esposa que ha estado conmigo en las buenas y en las malas, ella un pilar enorme de sabiduría, entendimiento y comprensión. A mis tres amados hijos… mi hijo mayor Richard y su hermosa y admirable esposa Emma, quien ha sido una gran aspiración para Ricky para seguir adelante en su carrera, él ha diseñado grandes y maravillosas construcciones en Nueva York como en Chicago, a mi hija… a mi adorable Margaret y a su esposo el Dr. Mark Brower, quien le ha enseñado a mi hija ser una mujer sencilla, humilde y trabajadora, ella una excelente abogado quien ayuda a todas las familias damnificadas… eres un ejemplo de valentía y de temple. Y a mi hijo William de 13 años, ya todo un hombrecito a quien se le ve enormes dotes actorales… igual dentro de algunos años estés aquí… pisando los grandes escenarios de Broadway. Y es una gran revelación, porque su nombre es por su tío y su abuelo materno William, y por mi gran pasión por las obras de William Shakespeare.

A mi esposa Candy y a mis tres hijos siempre voy a estar tan orgulloso de ustedes y de sus logros, mi más grande admiración a todos ustedes. ¡Mil gracias!

El público se levantó dando una enorme ovación, mientras todos los actores daban una reverencia y llorando de felicidad y abrazándose como una gran familia.

FIN.

MIL GRACIAS A TODAS LAS PERSONAS QUE ME HAN ESCRITO PARA QUE TERMINARA ESTA HISTORIA, ALGO DIFERENTE. ESPERO QUE HAYA SIDO DE SU AGRADO YA QUE EL EPILOGO FUE MÁS QUE NADA LA VIDA DE LOS HIJOS DE TERRY Y CANDY.

BESOS Y SALUDOS.