Epílogo.


El sol empezaba a iluminar la habitación, llenando cada rincón de un calor reconfortante que le indicaba que ya era hora de despertar. Abrió sus ojos y se halló solo en esa espaciosa cama. La mujer con la que había estado durmiendo en los últimos diez años, ya no se encontraba con él.
Se levantó con cierta pesadez y se dirigió al baño para asearse antes de salir a la cocina, de donde provenía un delicioso aroma que solo podía indicar una cosa, el desayuno.

—¡Buenos días! —saludó sonriente la castaña al verlo llegar —¡Feliz cumpleaños!

El hombre se acercó a ella y depositó un pequeño y dulce beso en sus deliciosos labios. Era su manera de responder.

—No deberías de estar haciendo eso.

—¡Claro que sí!, es tu día y tengo que mimarte. Además no es como si estuviera enferma ni nada parecido —reprochó ella con sus cachetes inflados —. Siéntate, ya casi termino.

Sin tener nada más que discutir, decidió hacer caso y no insistir, después de todo, ya llevaba años casado con esa mujer, sabía que si ella quería hacer el desayuno para él, no habría forma de quitarle ese poder.

—Despertaste temprano —mencionó Sesshomaru, sirviéndose una taza de café para luego sentarse en la mesa del comedor, en donde estaba su ahora actualizada tablet.

—Bueno, quería hacerte un desayuno sorpresa, pero tal vez no fui lo suficientemente madrugadora —expresó con un puchero de descontento. No por él, sino por ella misma —, ¡pero eso no quita que este desayuno especial estará buenísimo!

—No lo dudo.

Unos pasos se escucharon acercarse.

—¡Buenos días! —exclamó Towa sonriente. Aún empijamada, se acercó a Sesshomaru y lo abrazó con cariño, depositando un pequeño beso en su mejilla —. Feliz cumpleaños, papá.

Papá, una palabra a la que ya estaba acostumbrado, pero que de igual manera le pesaba, en el mejor sentido, cada vez que la escuchaba. Hacía varios años que las gemelas habían empezado a llamarlo así, y aunque solía decirles que no le molestaba que lo llamaran como se les hiciera cómodo, lo cierto es que en el momento en que a Towa se le escapó el primer "papá", todo cambió para él, y de repente "Señor Sesshomaru" se le hacía extremadamente distante.

Al principio para ellas fue difícil. A veces mezclaban los nombres y de un momento a otro era llamado de ambas formas, pero poco a poco el "Señor Sesshomaru" fue desapareciendo y la palabra con P, permaneció.

—¡Huele delicioso! —comentó Towa, acercándose a su madre —, pero mamá no deberías de estar haciendo esto, deja que te ayude.

—No hace falta, ya casi termino. Estoy preparando un desayuno irlandés —sonrió Rin.

—¡Genial!, el favorito de papá.

Poco después, cuando Rin empezó a servir, Setsuna llegó con toda la cara de sueño, cubierta por su peluda y cómoda manta.

—Buenos días... —balbuceó sin ánimo alguno. Se sentó junto a Sesshomaru y se dejó recostar sobre su hombro, cerrando sus ojos como si quisiera seguir durmiendo —. Feliz cumpleaños, padre.

Él solo le dio unas palmaditas en la cabeza como agradecimiento.
Era gracioso ver cómo había cambiado. Cuando era pequeña era tan sonriente y dulce, pero tal parece que terminó adoptando más sus comportamientos que los de Rin. Incluso la manera de referirse a ellos, "madre" y "padre", fue por imitarlo cada vez que se dirigía a Toga e Irasue. Curioso porque fue a Setsuna la que más le costó relacionarse con él, pero ahora eran casi como dos gotas de agua. La muchacha era seria y en muchas ocasiones fría, aunque tenía sus excepciones, personas con quienes podía llegar a ser bastante cariñosa y demostrativa. Aun así a la vista de todos, eran ¨de tal palo tal astilla¨.

—Setsuna aún tiene sueño —rió Towa.

La menor refunfuñó sin moverse ni un milímetro. Sesshomaru sin decir nada y ya acostumbrado al peso en su hombro, siguió revisando su tablet. Al parecer tenía algunos correos de trabajo e información que Jaken le había dejado al respecto. No era día laboral, pero quizás podría adelantar un poco antes del lunes. Con tranquilidad empezó a leer cada correo, pero hubo algo que lo detuvo. Setsuna, que había abierto sus ojos solo para ver lo que hacía, habló a voz populi.

—Padre está revisando cosas de trabajo.

Sesshomaru en ese momento se tensó y volteó a verla con el ceño fruncido, lástima que esas miradas no le afectaban cuando ella sabía que tenía las de ganar.

¡Chismosa!

En menos de cinco segundos, Rin ya estaba a su lado mirándolo con ese encantador y a la vez demandante puchero.

—No señor —exclamó con sus manos en las caderas—, nada de trabajo por hoy.

Cual niño regañado apagó la tablet y la puso en la mesa. Cuánta indignación.

—Tienes que descansar más, papá —dijo Towa, dándole pequeñas palmaditas en la espalda —, especialmente en tu cumpleaños.

Y aunque quisiera no hacerles caso, el hombre estaba en total desventaja. Su hija mayor sonriéndole cariñosamente, la menor ejerciendo presión en su hombro izquierdo, y su esposa haciéndole puchero. No tenía salvación alguna.

...

El desayuno había quedado delicioso y una vez llegada la tarde, los cuatro salieron a comer a un restaurante, uno que Rin podía recordar muy bien, ¿y cómo no hacerlo?, si fue el lugar en el que tuvieron su primera verdadera cita después de años de no verse. Y lo que sucedió después, recordó ruborizándose ligeramente. Pasando desapercibida por sus hijas, pero no por su esposo que estaba pensando exactamente lo mismo.
Ambos habían disfrutado mucho de ese restaurante y siempre iban en momentos especiales. Ese día, no era la excepción.

—Por cierto papá, ¿cuántos años estás cumpliendo? —preguntó Towa comiéndose su postre, un biscocho de chocolate con helado de fresa.

—Todos los años haces la misma pregunta.

—Es que se me olvida —sonrió apenada.

Sesshomaru le dio un sorbo a su café. No era amante de las cosas dulces, así que para él, ese era el postre.

—35 —habló finalmente.

—Padre ya está viejo —mencionó Setsuna.

Haciendo que el hombre tensara notablemente la mandíbula.

—Setsuna, por favor no digas eso —rio Rin —. Tu padre y yo aún estamos muy jóvenes.

Sesshomaru aún tenso, suspiró y tomó otro sorbo a su café. Ser padre de dos adolescentes, no era nada fácil.

Con el pasar del día terminaron yendo a casa de Toga, más que nada por petición del mismo, pues el hombre quería celebrar un poco con su hijo. Sabía que no iba a durar mucho, no solo porque lo conocía perfectamente, sino porque sorpresivamente su madre estaría ahí. No se equivocó, cuando Sesshomaru vio a Irasue en casa de su padre, cambiò completamente la cara, pero terminó quedándose un poco más de lo que habrían pensado, porque no quería arruinar el día. Aunque no lo admitiese verbalmente, la estaba pasando bien con su esposa e hijas. Últimamente no salían tan seguido como, extrañamente, le gustaría. Las chicas siempre salían con sus amigos y pocas eran las veces que pasaban un día los cuatro, como cuando eran niñas. Así que esos días especiales, le gustaba aprovecharlos al máximo. A su extraña y seria manera.

Finalmente volvieron a casa y celebraron con un pastel que compraron en el camino. Como no era muy amante del dulce, siempre dejaban que eligiera el que quería, pero él que no era alguien egoísta — al menos no con su familia — siempre buscaba uno que tuviera una mezcla perfecta entre dulce y amargo, así ellas también podrían disfrutarlo. Al final del día y luego de haber terminado y repetido sus rebanadas de pastel, las chicas entraron a su cuarto a buscar una caja envuelta en papel de regalo.

—¡Feliz cumpleaños! —dijeron al unísono.

—Es de parte de nosotras tres —aclaró Towa.

Sesshomaru abrió el regalo y se encontró con una foto enmarcada. Levantó las cejas notablemente ante la sorpresa, y sintió una especie de calidez en su corazón, una que solo experimentaba cuando de ellas se trataba, pero que esta vez, la sintió más intensa que en otras ocasiones.

La foto era de cuando las niñas empezaron el primer grado. Ambas usando su uniforme escolar, se veían extremadamente adorables, incluso para él. Junto a ellas estaban ambos padres. Sesshomaru de rodillas al lado de Setsuna, con su habitual y elegante traje de trabajo y Rin del lado contrario, junto a Towa, con su uniforme de preparatoria, un detalle que, debía admitir, le encantaba de diferentes formas. Podía recordar ese momento como si hubiera sido ayer. Fue el último día en que llevó a las niñas a la escuela y el que para él, marcó un crecimiento acelerado de sus pequeñas. A partir de ahí, todo fue cambiando tan rápidamente. Las gemelas crecieron demasiado deprisa para su gusto. Un día era niñas consentidas que lo buscaban para jugar o ver televisión, pequeñas que se emocionaban solo porque en una casa de playa les había enseñado a susurrar mientras su madre dormía, y al otro salían con sus amigos y le pedían que tocara la puerta antes de entrar a su habitación. Lo de niñas consentidas seguía igual. Era una foto muy especial para él y tenerla en físico, enmarcada en un hermoso y elegante marco plateado, lo hizo adorar ese regalo más que ninguna otra cosa que pudiera comprarse con su enorme fortuna.

—Mamá mencionó que tenías esta foto guardada en tu celular, así que pensamos que tal vez te gustaría tener una para tu oficina. —Ciertamente la tenía. Era la única foto de la época que guardaba, ya que todas las demás estaban en la tablet o en la nube, y él no solía guardar nada en su galería. Las únicas que tenía en físico, eran las de su boda, y la mejor de esas, en donde salían los cuatro, estaba enmarcada en la sala.

—Yo elegí el marco —aclaró Setsuna.

Podía imaginarlo. Un marco plateado con una luna en la parte inferior central, es algo que definitivamente llamaría la atención de Setsuna. El hombre con su habitual cara, reverenció a modo de agradecimiento.

—¿Te gustó? —preguntó Towa emocionada.

—La llevaré a mi oficina —respondió, detallándola un poco más. Se veía incluso más bonita en físico.

—Le encantó —susurró Rin a sus hijas, cosa que las hizo sentirse muy felices.

En general Sesshomaru no era expresivo y ya se habían acostumbrado a ello. Incluso podían leerlo muchas veces sin problemas, pero en esos días especiales, nunca sabían qué regalarle, o si le iba a gustar. Qué bueno que Rin era toda una experta en el arte de saber qué podría ser de su agrado y siempre conseguían un buen regalo para él, aunque ella estaba segura de que sin dudas este, había sido su favorito hasta ahora.

...

Al caer la noche, cuando el cansancio invadía sus cuerpos, especialmente los de los padres, ambos se retiraron a acostarse.

Había sido un muy bonito día. Aunque no lo admitiera en voz alta, tampoco hacía falta. Sesshomaru disfrutaba cuando sus hijas y su esposa lo mimaban. Saberse querido por los amores de su vida, le transmitía una paz que esperaba nunca perder.

Se dio una ducha justo después de Rin y salió listo para acostarse.

—Sesshomaru... —Él volteó a verla dándole una última secada su cabello. Tenía una cara adolorida, aunque ya intuía por qué —. Podrías darme un masaje, por favor.

Él asintió ante su voz suplicante, y con cuidado empezó a masajear sus piernas.

—¿Otro calambre?

—Sí, han estado fuertes esta semana —se quejó ella.

Él frunció ligeramente el ceño.

—¿Estás segura de que es algo común? —preguntó dubitativo —. Te dije que no debías esforzarte mucho, puede empeorar tu condición.

—¿Mi condición? —rio fuertemente. A veces podía ser tan inocente —. Sesshomaru, ya te dije que no debes de preocuparte, un embarazo no es una enfermedad. No tengo que privarme de nada por eso.

—Si te va a causar dolores, es mejor que evites moverte mucho.

—Los calambres son normales, especialmente en estos últimos meses. —dijo sintiendo como sus piernas se relajaban gracias al impresionante masaje de su esposo.

—¿Mejor?

—Bastante —sonrió. Ya estaba acostumbrada a eso, aunque debía admitir que esta vez, tanto los calambres como otros síntomas, le habían pegado mucho menos que en su primer embarazo, lo que hizo que para ella fuera un proceso más sencillo, pero para Sesshomaru...

No es que la noticia lo tomara por sorpresa. Rin le había comentado que quería dejar los anticonceptivos y él tomó eso como indirecta de que quería otro hijo. Como él estaba en su doloroso y "secreto" proceso de aceptar que sus hijas ya no eran unas niñas, no dudo mucho en seguirle la corriente a su esposa. Por lo que él tampoco tomó medidas de protección, y tal y como supuso, en poco tiempo, Rin quedó embarazada.

Las gemelas se emocionaron con la noticia, y él solo lo vio como algo que era de esperarse, aunque no podía negar que se sentía feliz de escucharlo, especialmente cuando vio la cara de Rin al contárselo. La alegría que reflejaba su sonrisa era tal; pocas veces la había visto tan llena de júbilo. Pero el pobre volvió a la realidad, cuando le tocó lidiar con los molestos síntomas. Podía entender que en eso, ella era la que más sufría, pero él...
No sabía que tan bruscos podían llegar a ser, especialmente los famosos cambios de humor. Rin era casi bipolar durante los primeros meses. Si según ella este embarazo le había pegado mucho menos que el de las gemelas, no podía imaginarse cómo fue para su pobre abuela aguantar ese martirio, si él ya se estaba volviendo loco. A veces estaba feliz, otras extremadamente molesta, y cualquier respuesta que él pudiera darle podía — o no— hacerla llorar. Al principio peleaba con él de maneras exageradas, o tal vez así lo percibió Sesshomaru. Si no se quejaba de que no le prestaba atención, lo hacía de que no la dejaba respirar, cuando la realidad era que él seguía actuando como siempre y ella simplemente reaccionaba de una manera distinta cada día... A cada hora. Al menos algo positivo que salió de eso fue el tremendo apetito sexual que la invadió. Después de alguna pelea en la que ella sola discutía por varios minutos con él, volvía con todas las ganas de que la hiciera suya de las formas más salvajes posibles. En algunas ocasiones incluso, llegaba a ser poco discreta al momento de aguantar los gemidos, los cuales debía admitir, que aunque deseaba ocultar de sus hijas, él mismo adoraba escucharlos. Tanto tiempo y esa chispa en ambos se mantenía igual o incluso más fuerte que antes. Si ese era su premio por aguantar tales cambios de humor, con todo gusto lo volvería a hacer... Bueno, quizás no. Tres hijos era más que suficiente.

Acostándose ahora junto a su mujer, tomó su mano y cerró los ojos, dejándose invadir por el sueño. Nunca se imaginó llevando una vida así, con una familia, siendo padre y esposo. Siempre pensó que algo como eso no le interesaría. Bueno, siempre no, solo una vez dudó. Cuando tenía tan solo 19 años y se enamoró de la amiga de su hermano. Solo esa vez pensó que estar con alguien de esa manera, no era una pérdida de tiempo. Irónico que fuera con esa misma chica, con quien años después, terminaría teniendo la vida que tanto creyó no desear. Y ahora que la había experimentado, no estaba dispuesto a soltarla. Tenía a su lado a las personas más importantes para él y el aceptar amarlas, fue la mejor decisión de su vida.


No creyeron que los dejaría sin epílogo ¿o sí?
Ay no puedo creer que terminó. Tengo que decir que me ha venido muy bien hacer esta historia. Como mencioné en un principio, nunca había hecho un fanfic, ni nada similar en mi vida, por eso la trama es simple y no ahondo mucho en otros personajes, pero haciendo esto, buscando información y referenciándome, pude aprender infinidad de cosas relacionadas a la escritura. Creo que a fui mejorando un poco a medida que avanzaba y me siento satisfecha por ello. Quizá más adelante corrija un poco los primeros capítulos para que todo se sienta más homogéneo. Por el momento hasta aquí llego con esta historia.

Les agradezco un montón el que me hayan apoyado con sus hermosos (y a veces hilarantes jeje) reviews. Me encanta leerlos! Espero poder verlos en el próximo fanfic, el cual se tardará un poquito más en continuar, para estar segura de que todo está bien, pero no crean que lo abandonaré, solo necesito un poco de tiempo.

Si quieren ver cómo sería la foto que le dieron a Sesshomaru, en la versiòn de wattpad hay una ilustraciòn hecha por ohmagaby.
El arte de la portada pertenece a Okami_seturin.
Ambas artistas están en twitter. Vayan a seguirlas por favor.

Es todo, los quiero un mundo. Nos leemos.