Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.

Advertencias: Relación ChicoxChico. EWE: el epílogo es un invento. Descripción gráfica de violencia. Gore. Crimen. Misterio. Auror!Harry. Alchemist!Draco.

Pareja: Draco Malfoy y Harry Potter, esto será drarry.

Nota de la autora: Bueno, vine 2 semanas después, aunque estoy muriendo con mis exámenes. En agosto ya tendré más tiempo y daré una fecha más clara de publicación.

Disfruten la lectura!


Pista 2

Fue fácil adivinar que Roger no estaba actuando normal. Harry se preguntó cómo había logrado engañarlo si entraba en pánico tan rápido. El joven auror lo observó los siguientes días paseándose, escondiendo la correspondencia, revisando las cosas de Harry y soltando respuestas a la defensiva cuando se le cuestionaba. Si el Gryffindor no lo hubiese visto en aquel café, sería en ese momento que habría notado que su pareja le era infiel.

—¿Hoy no tienes trabajo, amor?

Estaban desayunando cuando un búho real exigió la atención de Harry, luego de quitarle la carta y recibir varios picotazos, el auror intentó darle un poco de pan. El ave ululó disconforme y comenzó a botar las cosas que habían sobre la mesa hasta que el Gryffindor le dio unas golosinas que tenía guardadas y había olvidado.

Con la comida arruinada, Harry volvió a sentarse y abrió la carta. Casi de inmediato Roger se asomó desde atrás, apoyando ambas manos en los hombros de Harry, intentando, claramente, leer el contenido de la nota.

—¿Quién te escribe y manda a un búho tan gruñón? —la pregunta intentaba ser casual, pero Harry notó el deje de ansiedad.

—Malfoy —comentó con simpleza.

El Slytherin le había mandado una estúpida nota hablando de que se había enfermado y que era culpa del ambiente de su oficina. Nada importante, pero Roger ahogó un grito y volcó el azucarero, creando más desastre del que ya había. Harry lo observó confundido antes de recordar que se suponía que Malfoy lo estaba extorsionando. No tenía pruebas, pero imaginaba que a lo largo de esos días Roger había sido acosado una y otra vez por parte del Slytherin, el sanador estaba demasiado nervioso como para que fuera solo la culpa lo que lo llevase a ese estado.

—¿¡Malfoy!? —soltó una risita nerviosa—. ¿Por qué? ¿No te odia?

—Lo hace. Dice que le debo una compensación porque se enfermó, que fue culpa mía y de mi despacho.

Harry bebió lo que le quedaba de té y siguió las reacciones de su novio. El joven había empalidecido y había tenido que sentarse. Se veía asustado y enfermo.

—¿Fue a tu despacho…?

—A veces nos presta sus servicios.

—¿Eso…? ¿Fue hace poco?

—Hace un par de días —Harry agitó la varita para limpiar.

No debería estar disfrutando tanto aquello, pero ver a Roger entrando en pánico era bastante satisfactorio.

—Ah… —el mayor soltó una risa nerviosa—. Aunque tiene razón en que pudo haberle pasado algo en tu oficina, siempre tienes todo desordenado.

Harry encogió los hombros. Ya había limpiado una vez y eso bastaba para los siguientes cuatro meses. Roger se veía desesperado por volver a la normalidad aquel desayuno.

—No volveré a verlo por trabajo —dijo Harry de todas formas—. El caso en el que estoy no tiene relación con la alquimia. Serviría más si tuviese algún dato de un depravado.

—Qué bueno… —murmuró a lo primero—. ¿Eh? ¿Depravado?

La actitud de Roger cambió por completo, se veía más interesado en el trabajo investigativo ahora que tenía la confirmación de que Malfoy no había revelado nada sobre su infidelidad. Harry optó por fingir que no había notado nada, después de todo, su novio siempre había sido un chismoso y le gustaba estar al tanto de las investigaciones del auror.

—Es solo un caso. Unas chicas han estado desapareciendo en Londres, no hay nada que Malfoy pueda decirme y yo considere interesante.

Roger sonrió y se puso en pie. Rodó la mesa para quedar al lado de Harry y le depositó un suave besos en los labios. Alguna vez el Salvador del Mundo Mágico había sentido mariposas revolotear en su estómago por el contacto, en ese momento se sentía más parecido a náuseas.

—Evítalo. Malfoy siempre fue una serpiente interesada, nada bueno viene de él —susurró Roger con una expresión mezcla preocupación y cariño.

—Eso quisiera, pero tengo que hacerle caso si hablo con él como auror —aunque por el carácter de su trabajo era poco y nada lo que se encontraban—. O si lo veo en la casa de Andromeda.

—¿¡Pasas tiempo con él cuando vas a visitar a tu ahijado!? —medio chilló Roger.

—No —Harry hizo una mueca de asco—. Un saludo cortés para fingir frente a Teddy y luego cada quien por su lado. Tenemos demasiada historia como para pretender empezar una amistad.

Roger no se veía calmado, pero terminó aceptando el hecho y luego de un nuevo beso se retiró. En realidad, si las circunstancias hubiesen sido otras, el Ravenclaw habría tenido razón en no preocuparse, Harry evitaba a Malfoy y Malfoy lo evitaba a él, pero debido al negocio que habían iniciado, era inevitable que se encontraran.

Esa tarde Harry salía de una reunión con Robards bastante molesto. Debido a la falta de personal le habían hecho guardaespaldas del Ministro en la futura gala benéfica. Harry siempre evitaba aquellos eventos, por lo que Shacklebolt se las había arreglado para siempre tenerlo allí. Roger iba a estar contento, por supuesto, mostrarse de la mano con el héroe del mundo frente a la crème de la crème era uno de sus pasatiempos.

—Con esa cara cualquiera diría que el Señor Tenebroso regresó.

Harry levantó la mirada bruscamente, deteniendo sus pasos en el corredor. Malfoy vestía con sus trajes carísimos, como siempre, y se apoyaba en su bastón. Su mueca llena de burla era lo único que demostraba que seguía siendo el mismo bastardo de siempre.

—No te ves muy enfermo.

—Tengo pociones muy buenas.

Harry rodó los ojos y siguió caminando, Malfoy dio media vuelta para seguirlo.

—¿Y cómo va todo en el nidito de amor? —cuestionó con aparente desinterés.

—¿No encontraste a Roger que vienes a joderme a mí? —Harry se detuvo y lo observó—. No estoy de humor.

Malfoy, en vez de retroceder, amplió su sonrisa y sacó de su bolsillo un sobre, extendiéndolo hacia el Gryffindor. Harry lo tomó y lo abrió rápido, extrayendo un par de fotografías mágicas. En ambas Roger estaba con una chica de cabello corto y oscuro, abrazándola mientras paseaban por la calle. Las entrañas de Harry se retorcieron y algo en su interior gritó por sangre.

—¿Qué con esto? —preguntó con rudeza.

—Son las pruebas del engaño de tu novio, Potter. Gracias a ellas conseguí un par de contactos, unos cuantos favores… —el Slytherin sacó una bolsita de cuero que dejó en las manos de su rival escolar—. Y 345 galeones.

—¿Sigues chantajeándolo?

Malfoy le quitó el sobre con las fotografías, se las guardó y se inclinó hacia él. Harry sintió todo su cuerpo tensarse, preparándose para huir o pelear. Lo primero que notó fue un cosquilleo en su mejilla debido a unos mechones rubios y la sutil fragancia de un perfume que de seguro costaría todo un mes de su sueldo, luego un aliento cálido sobre su oreja.

—Tu novio está detrás tuyo —susurró Malfoy—. Parece alterado…

El alquimista tomó distancia, una pequeña sonrisa que no terminaba de brotar apareció en sus labios. A Harry le costó un poco volver a la realidad, había quedado sumergido en las sensaciones que había logrado captar, algo atontado.

—¡Harry!

Roger lo sacó de sus pensamientos cuando le agarró del brazo, estaba agitado por haber corrido y observaba hacia Malfoy con verdadero odio.

—Sanador Davies, qué casualidad encontrarlo aquí —saludó Malfoy con fingida cortesía.

—Vine a ver a mi novio. ¿Qué hacías tú aquí? —Roger escupió con agresividad.

—Solo le cobraba a Potter el tratamiento al que me tuve que someter —el rubio inclinó la cabeza a modo de despedida—. Mis negocios aquí terminaron. Hasta luego sanador Davies, Potter.

Roger casi de inmediato tiró a Harry hacia el otro lado del pasillo, mascullando por lo bajo. Ambos entraron al despacho del auror y recién allí el sanador lo soltó. Mientras se quejaba de Malfoy y fingía normalidad, Harry se preguntó por qué insistía en continuar aquella relación. Estaba claro que tenía interés en otro tipo de personas y ya no había conseguido lo que quería con Harry.

Tal vez por eso el auror no abrió la boca cuando lo descubrió, quería ver qué tan lejos era capaz de llegar Roger para cubrir sus infidelidades.

El fin de semana llegó y con él el día libre de Harry. Era el momento de hacerle una visita a Teddy y tratar de compensar la falta de figuras paternas. El Niño Que Vivió Dos Veces consideraba sus interacciones con su ahijado una forma de expiación, era algo que nunca había dicho, no quería que le dijeran que todas las muertes, incluidas las de Remus y Tonks, no habían sido su culpa. Así que había decidido volverse el padrino más responsable y genial que Teddy pudiese tener.

—¡Oh, Harry! ¡Justo a tiempo!

Andromeda abrió la puerta de la casa y le hizo pasar. Vestía de forma elegante y estaba arreglada como si fuera a salir.

—¿Puedes quedarte con Teddy hoy? Sé que no te lo había pedido con antelación, ni siquiera yo estaba segura de si iba a salir, pero Mary dijo…

—Tranquila, Andromeda, yo me encargo —Harry sonrió.

La mujer había ido cediendo poco a poco parte de la responsabilidad de los cuidados de Teddy, esa sería la tercera vez que dejaba todo en manos de Harry y aún no parecía convencida de que todo estuviera bien.

—Gracias, Harry —respondió ella, suspirando aliviada.

El auror apenas alcanzó a dar un par de pasos dentro de la casa cuando una bola azul se apegó a sus piernas.

—¡HARRY! —gritó Teddy con su voz infantil.

—¡Hey, campeón! ¿Estás más grande? Pareces más grande.

El auror tomó en brazos al niño y le dejó un sonoro beso en la mejilla. Teddy dejó escapar una risa cantarina antes de elevar sus bracitos, su expresión estaba llena de asombro con los ojos y la boca abierta.

—¡Teddy va sher griande! ¡Como un driagón!

—Dragón, cariño. Pero, ¿cómo vas a entrar a la casa? No puedes crecer tanto —dijo Andromeda divertida.

—Oh, sheto. ¿Griande como Harry? —Teddy había bajado sus bracitos para envolver a su padrino con ellos.

—Grande como Harry —la bruja besó a su nieto para luego dirigirse a la sala—. ¿Te vas a portar bien?

—¡Shi! ¡Teddy porta bien!

La mujer dio un par de vueltas más antes de irse, dándole a Harry una y mil recomendaciones sobre el cuidado del niño. Se habían instalado en la sala a dibujar, Harry había conseguido un papel grande que había extendido en el suelo para que el pequeño Teddy rayara con sus crayolas, parecía muy concentrado, con la lengua afuera y hacia un lado. En el papel solo habían rayas y círculos de colores.

El timbre sonó y una voz masculina llegó desde el exterior.

—¿Tía?

Ante el llamado, Teddy dejó olvidados sus lápices y salió corriendo. Harry tuvo que detenerlo antes de que abriera la puerta, pero no había contado con la energía del niño y lo atrapó después de que hiciera girar la manilla. Malfoy los observó a ambos con una ceja alzada y una sonrisa burlesca que empezaba a florecer. El auror registró que vestía ropa muggle normal y corriente acorde con el clima caluroso, y que algunos mechones rubios se escapaban de su gorra con visera. No se veía muy como él.

¡DRIACO!

El pequeño se zafó del agarre de su padrino y se tiró a las piernas del otro adulto, casi de inmediato comenzó a parlotear sobre todas las cosas que había hecho con Harry, que más allá de dibujar no había sido mucho, todo sin soltar al Slytherin. Malfoy, como siempre que hacía cuando estaba con el niño, ignoró a todos los demás y volcó su atención en su pariente, siguiendo la historia llena de vueltas y elementos fantásticos que Teddy contaba.

—Andromeda salió, solo estamos Teddy y yo —aclaró Harry en cuanto el niño tomó un respiro.

—Oh, ya veo —Malfoy no parecía muy interesado en la información.

El acuerdo tácito dictaba que Harry tendría que inventar alguna excusa e irse, permitiendo así que el idiota del Slytherin pasara tiempo con su familia. En el caso de que Harry hubiese llegado después, entonces Malfoy habría tenido que retirarse. Pero el auror no podía solo irse, Andromeda le había encargado el cuidado de su nieto y era una muestra de confianza que no pensaba transgredir, así que esperaba que el rubio diera media vuelta y se fuera. Por supuesto no fue así.

Habían regresado a la sala donde Teddy había reanudado su charla, esta vez sobre los dibujos que había hecho desde la última vez que lo vio, había obligado al alquimista a sentarse en uno de los sofá y le pasaba hoja tras hoja, explicándole la historia detrás de los trazos. Harry se había apoyado contra una pared para mirar toda la escena, con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido. Pasaron así unos 20 minutos, no se habían insultado, hechizado, golpeado o intentado matar en ese lapsus, cosa que no había ocurrido desde… nunca. Así que el auror estaba un tanto ansioso esperando que la bomba explotara.

Y explotó, pero de una forma diferente.

—¿No quieres ir al cine, Teddy? —cuestionó Malfoy.

El niño abrió grandes sus ojos, casi parecían brillar por la emoción, empezó a dar saltitos y a aplaudir, dirigiendo toda su atención a Harry para suplicarle que le dejase ir. Era lo suficientemente grande como para captar qué adulto estaba cuidándolo y, por tanto, a quién debía pedir permiso.

—¿Teddy puede, Harry? ¿Puede? —preguntó rápidamente.

—No lo sé… No creo que el cine tenga algo apropiado para tu edad, Teddy.

—Hablo del cine muggle —aclaró Malfoy con expresión sabihonda—. Hay muchas películas para su edad.

Por supuesto que Malfoy consiguió lo que quería y los tres fueron a un cine muggle en Londres, para sorpresa de Harry el Slytherin parecía manejarse lo suficiente en ese mundo. La película fue, para sorpresa del auror, bastante divertida. Teddy, que había estado en medio de ambos con una gorra calada hasta las cejas para ocultar su cabello azul, no había parado de demostrar su emoción, susurrándole a Harry las cosas que pasaban y le habían impactado.

Una hora y media más tarde caminaban por las calles.

—¡ENTONSHES EL OSHO, EL OSHO NO PUDO ATRIAPAR EL PEZ! —Teddy relataba una escena de la cinta.

—Porque no era un oso, era una persona que se transformó en un oso —explicó Harry con calma, tirando del niño para evitar a un transeúnte.

—¿¡ERIA UN MAGO!? ¿¡UN ANIMAGO!?

El niño se había detenido, tirando de la mano de Harry quien se vio obligado a pararse también. El auror podía observar a su ahijado perder el control, los pocos mechones que se asomaban cambiaban de color rápidamente, al igual que sus ojos, los que se habían abierto de par en par.

—No, Teddy, Kenai no era un mago —aclaró Malfoy.

—¿Su hemanio era mago? ¿El pájaro?

—Ninguno lo era. ¿Sabes lo que es un patronus, verdad? Los tótem que les dieron eran como eso. Como Kenai hizo algo horrible, lo transformaron en su patronus para darle una lección.

—¿A Teddy también le van a dar un tótem? —cuestionó el crío, soltándose de Harry para así abrazar al otro adulto—. ¿Cuál es el tuyo?

Malfoy rió de forma sincera, tomó en brazos al pequeño y le arregló la gorra. Casi parecía como si no le importara estar en público y tener un comportamiento normal.

—Nosotros no tenemos tótems, pero seguro a Potter le darían un oso del amor —los ojos grises buscaron a Harry, lo conmovida de su expresión era demasiado exagerada como para ser real—. Es tan Gryffindor eso de creer que el amor es la solución a todo.

—¿Eso no te convierte en el otro hermano? Si me convierto en un oso, ¿me vengarías? ¿Irías detrás de mí? —Harry respondió con una sonrisa victoriosa.

—Yo no soy el que persigue a los demás —susurró Malfoy, volviendo a enfocar toda su atención en Teddy.

El auror prefirió no comentar nada, sabía que el rubio se refería a su sexto año y el terrible desenlace que tuvo el acoso sistemático de Harry en aquel baño con un Malfoy desangrándose. Hace algunos años, después de la guerra, el Salvador del Mundo había decidido disculparse y aunque sus palabras habían sido aceptadas, Malfoy nunca le había dicho que lo perdonaba. Así que se había vuelto un tema tabú, que lo sacara a relucir era simplemente una bajeza.

—¡De chocolate! —chilló Teddy en cuanto entraron a una heladería.

Harry compró helado para su ahijado y para el molesto Malfoy que no paró de quejarse hasta tener tres sabores distintos en su vasito. Debido a que el local estaba repleto, decidieron caminar hacia el parque cercano para sentarse en unas bancas y ahí comer su helado. Ya acomodados, Teddy balanceaba sus pies mientras metía su cuchara lentamente en el dulce, Malfoy le había dicho que de comer rápido su cerebro se congelaría y se le saldría por la nariz. Asqueroso, pero efectivo.

—¿No que tu novio estaba trabajando? —cuestionó Malfoy, rompiendo el tranquilo silencio.

El auror lo observó confundido, pero pronto siguió su mirada. A varios metros estaba Roger con una mujer que empujaba un coche, ambos reían y el sanador incluso había tomado en brazos al pequeño bebé de ella, haciéndole caras para hacerlo reír. Si no fueran cercanos, aquella mujer no le habría dejado tomar a su hijo tan fácilmente.

—Eso dijo —respondió Harry en voz neutra.

El Gryffindor apretó los puños sobre su regazo, sabía que ahora venía la lástima y no podía perder los papeles en medio de un parque muggle con Teddy a su lado. Todo su cuerpo estaba en tensión y sus ojos no se apartaban de la pareja. Roger se veía tan cómodo y feliz, llevaba aquellas prendas que guardaba solo para citas importantes y que no le había visto usar desde hace meses. ¿Tan mal novio había sido? Empezaba a hundirse en la autocompasión y el enojo, una mezcla fatal para él.

—No tengo una cámara a mano, ¿crees que sea suficiente mi palabra?

—¿Qué? —Harry giró el rostro y volvió a mirar a Malfoy.

—Bueno, ¿no íbamos a sacarle un montón de oro y favores a tu novio? —Malfoy se había movido lo suficiente para verlo, mostrándole una de sus sonrisas llenas de crueldad—. Puedo ponerlo nervioso… ¡Ah! Tenía tantas ganas de buscar unos resultados en San Mungo, seguro estará dispuesto a ayudarme.

Harry lo observó en silencio por unos segundos. El Slytherin se veía como un gato frente a su presa, sabiendo que ya la había acorralado. Conocía esa mirada y esa expresión, la había recibido justo antes de obtener alguna putada de su parte. El auror asintió de forma distraída y ayudó a Teddy a limpiarse, de alguna forma el enojo había disminuído lo suficiente como para poder manejarlo y sus pensamientos autodestructivos se habían silenciado. Malfoy era un bastardo, pero su comportamiento era algo que Harry ya conocía y que podía manejar.