La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.
CAPITULO 30 – Ser feliz
La parte de avanzar tras terminar una relación no suele ser la más fácil para ninguna de las partes, supone un cambio y estos de por sí ya tiene su propio peso en la vida de una persona; para David había significado un gran consuelo tras la muerte de su hijo, no le era fácil y seguía pensando que pudo haber hecho algo para que las cosas sucedieran de diferente manera, y tenía que admitir que de no ser por Kathryn seguramente se habría sumido en su dolor, fue así que, con el pasar del tiempo su apoyo terminó convirtiéndose en la luz de una nueva oportunidad.
Le pidió2 a Mary Margaret que se reunieran un momento, lo hicieron en el departamento de ella porque no quería ser interrumpido por Emma, así que allí estaba, terminando su café tras comentar sobre la situación actual de la ciudad y sus preocupaciones por la falta de un oponente dispuesto a pelear la alcaldía con Sidney; no pudo dilatar más la conversación y decidió decirle al fin el motivo por el cual la había citado.
—He decidido que quiero comenzar una relación con Kathryn, y creo que necesitaba decírtelo antes que a todos —lo dijo sin rodeos y mirándola a los ojos.
—Era solo cuestión de tiempo y está bien, no me debes nada —dijo Mary Margaret con una pequeña sonrisa.
—Una parte de mí no se siente bien con esto, sigo pensando que quizá podríamos haber intentado arreglar nuestra relación.
—Solo perderíamos el tiempo, yo te quiero, pero no quiero estar contigo, no sé si me voy a arrepentir o si voy a querer que me invites a tu boda, pero ahora mismo quiero estar solo conmigo.
—Siempre voy a quererte, ¿lo sabes, verdad? —le dijo tomando su mano, un pequeño gesto cargado de todo el afecto que sentían el uno por el otro.
—Lo sé. Yo también siempre te voy a querer, David. Lo que nosotros hemos vivido marcó nuestras vidas, pero estoy segura que todo ha sido para que logremos la felicidad que tanto anhelamos.
A veces querer a alguien no implica que debas compartir tu vida con esa persona y no hay nada más honesto ni valiente que admitirlo. David no solo quería contarle a ella primero por una cuestión de respeto por los años juntos, era también su propia prueba para estar seguro de sus sentimientos, saber si quería luchar por la mujer que una vez amó más que nada o decirle adiós para seguir adelante con su vida; la respuesta para ambos resultó demasiado fácil.
Mary Margaret no podía sentirse de la misma manera con respecto a su hija, a diferencia de ella, tuvo la oportunidad de establecer su vida junto a la persona que amó en su momento y consideraba que Emma no había logrado tener lo mismo aún. Se reunió con ella y con Henry también, para pasar tiempo en familia, cocinando un poco y viendo una película divertida, quería asegurarse que la noticia que David les había dado a todos fuera tomada de la mejor manera, desde su punto de vista lo más importante era ser feliz, incluso si esa felicidad no era compartida entre ellos como pareja.
—¿Qué tal las clases Henry? ¿Cómo lo están llevando todos?
—Bien —respondió con la boca llena.
—No hables con la boca llena —lo corrigió Emma.
—Tenemos que hacer un súper proyecto en la clase de ciencias y en la clase de música debo decidir que instrumento voy a tocar todo el año.
—Puedes elegir uno cada mes —dijo Emma.
—No, se supone que debemos comprometernos con uno este año y ser muy buenos, al final daremos un concierto.
—Me encanta esa idea, estoy seguro que tendremos muchos niños talentosos.
—No sé si yo tenga talento para la música, abuela.
—Claro que sí, es cuestión de práctica.
—Pues a mí no me agrada, preferiría tocarlos todos —se quejó Emma.
—Hay menos posibilidades de aprenderlos correctamente, la idea es establecer compromisos, Emma.
—Y qué pasa si elijo batería, soy muy mala y ni siquiera tengo una batería en casa para practicar, seguramente muchos niños están en la misma situación que yo.
—Excepto que tú ere una adulta que no asiste a la escuela, y para que lo sepas, puedes practicar en la escuela, incluso después de clases, para eso están los clubes también.
—Mamá dijo que me compraría el instrumento que yo elija siempre y cuando no sea una batería.
—Claro que tu madre diría eso chico, pero no estoy de acuerdo con comprar el instrumento, no es justo para los demás.
—No vamos a discutir ahora por eso, veamos la película en paz.
La paz no duró demasiado, porque terminada la película la discusión siguió su curso entre Henry y Emma, y aunque no parecían llegar a ningún tipo de acuerdo, para Mary Margaret fue un bonito gesto de normalidad en sus vidas, la comprobación necesaria que había estado necesitando, y sabía que David también estaría feliz por eso. Lo único que realmente faltaba era saber si Regina podría seguir su corazón y volver a darle una oportunidad a Emma, la ironía de su historia de vida, aunque siendo sincera, ella siempre deseó que Regina lograra encontrar el camino correcto hacia la vida que tanto deseó tener alguna vez.
—SQ—
REGINA
—¿Se acostaron? —no pude evitar preguntar cuando logré encontrar el momento para interrogar a Kathryn después que Henry me contara que David conversó con ellos para informarles que tendría una relación formal con otra mujer—. Dime, me has tenido esperando demasiado.
—Han sido un par de días y creo que tú te enteraste antes que yo.
—Hay que reconocer que el pastor aprendió mejores modales que muchos caballeros de noble cuna, y debe ser muy en serio por la forma en que lo está manejando.
—Estoy gratamente sorprendida, la última vez, aunque no haya sido del todo real, fue un verdadero desastre, él siendo infiel con Mary Margaret, todo el drama que se formó, no creí que seríamos capaces de tener algo bueno.
—Parece muy bueno, ¿y qué tan bueno exactamente?
Las dos sonreímos mientras tomamos un sorbo de las copas de vino tinto al mismo tiempo, sentadas en la isla de la cocina de la casa de Kathryn, ya que tuve que hacerle una visita para saciar mi curiosidad y aburrimiento, cualquier cosa que me ayudara a evitar a Emma era absolutamente bienvenida.
—El sexo es genial, es todo lo que está bien con David, es tan bueno que no me importa que deje las toallas mojadas en el baño.
—¡Kathryn!
—¿Qué? Tú preguntaste. Ahora te contaré todos los sucios detalles.
—Vas a hacer que me arrepienta de haberte preguntado, no me gusta pensar en él de esa manera.
—Lo cual es genial, porque no pienso compartirlo con nadie, ni a él ni a su perfecto y grandioso pene.
—¡KATHRYN! —mis mejillas seguramente debieron ponerse rojas y ella solo parecía disfrutarlo.
—Mira, la base de una buena relación es el sexo, por suerte crecí con la libertad necesaria para experimentar lo suficiente, algo que a ti te falta. Las cosas que yo haría con un poco de magia. ¿Te has vuelto a acostar con Emma? Me pregunto si es tan buena como su padre.
—Eso ni lo digas, no puedes comparar.
—Podríamos si no fueses tan princesa en ciertas cosas.
—Te recuerdo que soy una reina.
Las dos reímos y, aunque yo pude esquivar sus preguntas sobre los detalles de mi vida sexual, ella no dudó en describirme todo el sexo que estaba teniendo con David tras haberse reprimido tanto. Le recordé que tendría la cita con mi médico y ella estuvo dispuesta a acompañarme, habría ido con Nieve, pero ella le contaría a su hija y no tenía ganas de tener una nueva discusión o un cambio de planes. Henry pasaría la semana con Emma, así que tendría el tiempo disponible para ocuparme de todo lo que debía hacer.
Motivada en parte por los malos consejos de Kathryn terminé invitando a Emma a cenar con una excusa tonta sobre la escuela de Henry, ella insistía en mantener su promesa de no tener sexo conmigo mientras yo no aceptara tener una relación formal, quizá estaba sacando las ideas de su padre, pero ellos dos no estaban en la misma situación.
Afortunadamente había un lado que conocía muy bien de Emma y era suficiente para cumplir con mis deseos, quería que estuviéramos juntas antes de la inseminación, no sabía cómo me sentiría después, así que era como una especie de secreta despedida para mí. Llegó puntual, tal como esperaba que lo hiciera y la recibí en toalla, con el cabello húmedo mojando mis hombros descubiertos, pude ver exactamente cómo su boca se hacía agua con solo mirarme.
—Lo siento. Creí que llegarías tarde y tendría tiempo de terminar de arreglarme. Pasa, por favor —le dije y caminé por delante de ella—. Estuve en casa de Kathryn y el tiempo pasó volando, no quería cancelar porque es importante que hablemos sobre los horarios de Henry.
—Claro —dijo tras de mí. Volteé a verla y ella seguía de pie en medio del recibidor con las manos en los bolsillos mirando a todos lados excepto a mí—. ¿Vas a salir?
—Si, tengo algo más tarde. Hice lasaña, si tienes mucha hambre te puedes servir mientras yo me pongo decente.
—Yo te espero para que cenemos juntas.
—No voy a poder, como te dije, se me hizo muy tarde. Ya que no vas a comer, ¿te importa si hablamos en mi habitación, así terminamos con esto rápido.
—Pensé que cenaríamos, dijiste que era importante y si tienes algo que hacer, no quiero interrumpir.
—¿Te molesta?
—No. Claro que no. ¿Vas a salir con alguien?
—Emma.
—No es que quiera inmiscuirme, solo me preocupo por ti. Ya sé que no tenemos nada y que no debo meterme en tus cosas, pero al menos puedo preocuparme por la madre de mi hijo.
—Te dije que quería algo casual y no quisiste, ¿no sé por qué te enojas?
—¿Que por qué me enojo? ¿Hablas en serio? —respiró profundo y físicamente se contuvo para no acercarse a mí, como si yo de pie en mitad de la escalera envuelta con una toalla corta pudiera prenderle fuego si se acercaba demasiado—. No vamos a discutir, voy a ser la mujer adulta que soy y decirte que me parece bien si sales con alguien, solo quisiera saber quién es, por la seguridad de todos.
—¿Estás segura que no tienes hambre?
—Si, estoy segura —dijo casi perdiendo la paciencia. Era evidente que su madurez era una farsa.
—Bueno. Henry quiere tomar un montón de clases extras —dije dándole la espalda y siguiendo a mi habitación, sabiendo que ella me seguiría—, no estoy del todo de acuerdo, creo que es demasiado, pero tampoco quiero desalentarlo, por lo que debemos compartir responsabilidades y establecer un horario, hay que ir por él, vigilar sus tareas.
—Si. Claro.
Entré al armario mientras ella se quedó de pie en medio de la habitación, normalmente se lanzaría en mi cama sin pedirme permiso, pero seguramente esa no era una buena idea en las actuales circunstancias. Crucé de regreso al baño buscando una crema para aplicarme en las piernas, dejando la puerta un poco abierta para que me escuchara cuando en realidad quería que me mirara. Las hormonas que me había estado inyectando no ayudaban en nada con mis ganas de volver a estar con ella y empezaba a molestarme que ella estuviera guardando tanto la compostura.
—¿Me estás escuchando? —pregunté un poco molesta, aunque ni siquiera yo estaba prestando atención a mis propias palabras.
—Sí.
—Pues no lo parece —salí del baño y me detuve frente a ella—, es como si tuvieras la cabeza en otra parte, ni siquiera me miras cuando te hablo.
—Pues es que no quiero tener sexo contigo, no porque no quiera, porque en realidad si quiero, pero tú no quieres lo que yo quiero.
—Puedes hablar correctamente, por favor.
—Pues que estás en toalla y yo no soy un jodido robot. Mejor te espero abajo mientras te vistes.
Ella estaba lista para salir de la habitación, y mi tonto plan de lograr que sea ella quien tome la iniciativa para no ponerme en evidencia no funcionó. Me interpuse en su camino impidiéndole el paso y la besé, ella ni siquiera dudó en corresponder, sus manos dejaron caer mi toalla y acariciaron mi piel con brusquedad mientras yo le desabrochaba la camisa y el pantalón.
Emma tomó el control de la situación de inmediato, me dio media vuelta y me empujó sobre la cama, pude sentir su magia haciendo efecto y al segundo siguiente me penetró con fuerza. Podía sentir la hebilla de su cinturón rozando mis piernas, sus dedos clavándose en mi cadera mientras sus penetraciones se volvieron profundas y constantes. Quise frotar mi clítoris, pero ella no me lo permitió, se ocupó por su cuenta y frotó logrando hacerme alcanzar el orgasmo demasiado rápido.
Dejé caer mi cuerpo hacia adelante mientras recuperaba un poco el aliento, pero ella no me lo permitió, me estaba dando exactamente lo que necesitaba y era mucho mejor de lo que imaginé en mi cabeza. Su pelvis chocó una y otra vez contra mí, haciéndome pensar que quizá alguien fuera de la ventana de mi habitación podría escucharnos con gran facilidad, en especial porque yo no había reprimido ninguno de mis gemidos, y su nombre salió de mi boca en un grito cuando sentí su semilla caliente derramarse en mi interior.
—SQ—
EMMA
La mejor noche de mi vida. No tenía otra forma de describirlo, tampoco sabía qué había poseído a Regina para aceptarme de vuelta en su cama; desde el preciso instante en que abrió la puerta cubierta tan solo por una toalla supe que me había tendido una trampa, mientras que yo intentaba débilmente mantener mi plan de lograr conquistarla para convertirla al menos en mi novia oficial, ella ganó por completo solo con mostrarme algo de piel.
Debía sentirme muy enojada, pero eso era imposible porque ella no me dio tiempo ni de respirar, no quise arruinar el momento preguntándole si había consumido algo o estaba bajo algún tipo de hechizo; fue cuando me levanté para ir al baño que vi las hormonas que había estado tomando para su inseminación, incluso recordé las pinchadas que había visto en su piel mientras lamía todo su cuerpo, eso me hizo cambiar de opinión rápidamente, en lugar de enojo sentí temor al saber que no había desistido de tener un hijo sin mí.
—¿Intentas que te deje embarazada? —pregunté volviendo a la cama—. Porque si ese es el plan estoy de acuerdo, solo tienes que decirlo.
—Tienes una gran facilidad para arruinar el momento.
—Solo soy comunicativa y con una magia muy poderosa.
—Piensas demasiado sobre tus habilidades y no eres realmente tan buena.
—Veamos si es cierto.
No quería que me echara de su cama en mitad de la noche, así que parte de mi motivación por seguir haciéndole el amor fue quedarme a su lado el mayor tiempo posible. Su boca repitiendo mi nombre entre jadeos era un deleite para mis bajos instintos, pero mi momento favorito fue cuando se quedó dormida y tuve el placer de sostenerla entre mis brazos soñando con no volver a soltarla jamás.
Desperté muy temprano gracias a que puse mi alarma, en modo vibración para que Regina no la escuche, calenté la lasaña para llenar mi estómago ya que moría de hambre, y preparé un desayuno del gusto de Regina, incluso me puse en plan cursi y corté una rosa de su jardín para colocarla en la bandeja que subí a la habitación logrando sorprenderla.
—No tenías que hacerlo. En serio.
—Quería hacerlo.
—¿No vas a comer?
—En realidad, ya comí. Tengo que trabajar así que voy a irme.
—Oh, claro. Sabes que no estamos en una relación ni nada.
—Lo sé. Me gustó pasar la noche contigo —dije poniendo un beso en su frente.
Me dio la impresión que no quería que me fuera y eso me dio un poquito de esperanza.
Pasé por casa para cambiarme y luego me dirigí a la estación, el trabajo me resultaba aburrido, especialmente porque no dejaba de pensar en Regina, incluso le envié un par de mensajes para preguntarle cómo estaba o si necesitaba algo, ella contestó muy brevemente, haciendo aumentar mi ansiedad por hablarle e ir corriendo a sus brazos.
Sidney con su molesta presencia me interrumpió, pasó toda la tarde molestándome con preguntas absurdas sobre las necesidades de la ciudad; según él, estaba comprometido con la loca idea de convertirse en el nuevo alcalde, antes de eso no había considerado posibilidad alguna de verlo en el puesto, pero su terquedad no tenía límites. Fui directo a la escuela a hablar con mi madre para contarle sobre las locuras de Sidney, me obligó a ayudarla a terminar de decorar su salón, lo cual sirvió para hacer tiempo mientras Henry salía de su práctica, de una de las tantas cosas a las que se había apuntado y que yo no podía seguirle el ritmo.
—Te preocupas por tonterías. Sidney no va a ganar.
—Está hablando con todos y preguntándoles sus necesidades para luego poder complacerlos cuando sea alcalde.
—No votarán por él.
—Contrató a gruñón como su guardaespaldas y chofer.
—No juzgaré a Leroy por ganarse la vida.
—Quizá debas postularte.
—¿Y yo por qué? —lo dijo con una mirada de reproche, como si yo la hubiese ofendido terriblemente.
—Nadie más quiere hacerlo, esta ciudad va a caer en ruinas.
—Entonces deberías postularte tú en lugar de presionarme a mí.
—Muy graciosa.
—No bromeo con algo tan serio.
—Van a arrepentirse cuando Sidney sea nuestro alcalde, y los niños odian las casas para pájaros.
—¡No es cierto! —dijo atacándome con purpurina.
Junto con Henry y mi madre fuimos por un helado al restaurante de la abuela, y mientras Ruby se burlaba de la idea de mi postulación a la alcaldía uno de sus comentarios fue brillante, la distracción de la burla fue de ayuda para ocupar mi mente en otras cuestiones, pero su recomendación de utilizarlo para acercarme a Regina con el pretexto de pedirle ayuda con mi postulación no era en absoluto descabellada, o quizá fue simplemente que me estaba quedando sin motivos para presentarme en su casa.
Me recibió en su cocina porque estaba preparando la cena, lucía preciosa, tenía el cabello suelto y llevaba un vestido azul de esos que me hacían suspirar cuando trabajaba en la alcaldía. Mientras que el resto de mortales se la pasaría en pijama estando en casa, Regina parecía disfrutar levantarse por las mañanas y ponerse lo más hermosa que le fuera posible.
Me reí junto con ella cuando bromeó sobre las razones por las cuales no soy la indicada para el puesto, recordamos los informes que ella me hacía repetir porque yo era terrible haciéndolos, sin embargo, me sorprendió escucharla diciendo que estaba segura que ganaría las elecciones, que la gente me adoraba y que incluso haciendo un pésimo trabajo votarían siempre por mí.
—¿Tú votarías por mí? —pregunté.
—No.
—Auch —fingí que me había dado un golpe en el pecho—. No va a matarte ser buena conmigo y mentirme.
—Tienes buenas cualidades, pero serías una alcaldesa terrible, y lo sabes, solo estás aquí haciéndome perder el tiempo.
—Tú aprendiste a hacer todo ese papeleo, yo también podría hacerlo si quisiera.
—¿Quieres hacerlo?
—No, pero Sidney…
—No tienes que ocuparte de todo, Emma. Deja que la gente tome sus propias decisiones y lidien con ellas.
—Intentaré seguir tu consejo —dije sonriendo—. ¿Hoy si vas a invitarme a comer? Me debes una cena.
—En realidad te comiste casi toda la lasaña, no te debo nada.
—Esa ensalada vendría bien para mi estómago, de vez en cuando comer algo saludable equilibra mi estado de salud.
—Deberías estar cuidando a nuestro hijo, es tu semana para que pases tiempo con él.
—Me iré después de ser alimentada, lo prometo, o puedo compensarte por la lasaña llevándote a comer fuera.
—No vamos a desperdiciar comida recién hecha.
Fui la mujer más feliz comiendo lechuga con pollo al vapor, solo ella podía conseguir que algo así sepa delicioso o quizá simplemente todo lo que hacía me parecía fantástico, estaba perdidamente enamorada y nada podía bajarme de la nube en la que me encontraba, fue casi como volver a nuestros buenos tiempos, compartiendo una cena juntas y hablando de tonterías, incluso comencé a olvidarme del temor de echarlo todo a perder.
—¿Ya has pensado si quieres tener un niño o una niña? —pregunté simplemente porque la curiosidad pudo más que mi buen juicio.
—La verdad no, no tiene importancia para mí.
—Es verdad, al final es cierto lo que dicen, lo importante es que nazca bien.
—Hay veces en que pienso que ha pasado demasiado tiempo y que ni siquiera voy a recordar cómo cambiar un pañal.
—Lo harás bien, de eso no tengo dudas.
—Me gusta la idea de no tener que hacer nada más, ser mamá de tiempo completo, lo estoy disfrutando más de lo que esperaba.
—Todavía te falta pasar el día en pijama.
—Eso es algo que me cuesta aún. Supongo que lo asocio a estar enferma.
—Nunca te he visto enferma.
—Siempre he gozado de buena salud, y quizá solo sea la costumbre.
—Cuando logres pasar todo un fin de semana en pijama me avisas, eso será digno de celebración.
—Está bien.
Su sonrisa se quedó congelada con la mía, como presas del tiempo que parecía haberse detenido a nuestro alrededor, y volvieron a darme unas terribles ganas de besarla; quería quedarme en pijama a su lado y disfrutar de no hacer nada, era el plan perfecto.
—Lamento no haber hecho postre, estoy evitando un poco los dulces, para tener una dieta decente antes de… ya sabes —dijo como si su falta fuera grave.
—Es una buena idea, cuando estés embarazada podrás comer los dulces que quieras.
—No funciona así. Hay que cuidarse.
—Hay que disfrutar.
—Las dos cosas.
—Parece que al fin estamos logrando llegar a un acuerdo en todo.
—Tuvimos peleas divertidas.
—Hemos tenido todas las clases de peleas, me alegra que podamos recordar las buenas.
—A mí también, y no solo por Henry como siempre digo, he estado pensando que si voy a tener un bebé quiero estar bien, quiero que todo sea perfecto.
—No creo que todo resulte por completo perfecto, pero has trabajado más que nadie por ser feliz y estoy segura que solo te quedan días buenos en tu vida.
Para mi absoluta sorpresa, Regina caminó hacia mí, rodeando la isla de la cocina, y me abrazó.
—Gracias por llegar a mi vida, Emma —puso un beso en mi mejilla y se apartó para mirarme a los ojos.
—No creo haber hecho nada, además de Henry —dije con torpeza, su afecto movió el piso bajo mis pies.
—Sé que hemos hecho muchas cosas malas la una a la otra, pero… tu cambiaste algo en mí, te diría que pusiste mi mundo de cabeza y eso era exactamente lo que necesitaba… —lo dijo con sus ojos brillando con lágrimas y una sonrisa en sus labios—. No eres una mala persona, solo quería que sepas que las cosas malas no borraron las buenas, y aunque pudiera volver el tiempo atrás no las cambiaría.
—Tu pusiste mi vida en orden, Regina. Me devolviste la esperanza de tener una familia, dejar de correr y no querer más nada que quedarme para siempre. Yo tampoco cambiaría nada.
Fue mi turno de acercarme y abrazarla, puse un beso en su mejilla sosteniendo su rostro entre mis manos. No importaba si no podía recuperarla, porque lo que más quería era que pudiéramos ser felices, tanto como las dos merecíamos. Ver mi reflejo en sus ojos quizá sirvió para comprender que yo era digna de ser amada y capaz de ser alguien lo suficientemente bueno para amar también.
