Buenas Noches Señor de Ojos Azules

Capítulo XII

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Soun se frotó las sienes en señal de consternación. Ayer (Por que ya pasaban de las 00:00) sus tres hijas habían sufrido un ataque directo, todo indicaba que iban tras Akane, lo cual probablemente se relacionaba con los hombres que la habían secuestrado.

Tras aquel suceso, su hija mayor había quedado muy sensible y había llamado inmediatamente a su esposo (quien estaba realizando unas diligencias) para que viniera a recogerla, ya no quería quedarse en la casa Tendo, por ahora, seguían en la mansión, pero Soun estaba seguro se irían muy pronto. Por su lado, Nabiki, había preparado sus maletas y se había ido nuevamente a la universidad, por supuesto no sin antes exigir a su padre, la dotara con una escolta de seguridad más grande de la que ya tenía.

Y mientras que sus herederas mayores seguían con su vida, Akane había tenido un ataque de pánico. Tofu le había dado un remedio de su propia dotación de hierbas infusionadas y con eso había caído dormida, desde entonces, no había despertado; según el médico, podría deberse más que nada a un agotamiento mental, y Soun, para ser sinceros, estaba asustado, nunca había visto a su hija en un estado parecido a aquel, tal vez su método de hacer como si no hubiese pasado nada cuando los problemas estaban resueltos (al menos en apariencia) no era tan bueno como creía; Tendo había pensado que su hija superaría el secuestro al llegar a casa, al estar tranquila y aislada, rodeada de un montón de seguridad y no había sido así.

Nuevamente se encontraba en su estudio personal, y aprovechando la ocasión se sirvió un vaso más de sake, regularmente bebería wiski, pero ahora mismo, sentía necesitaba otro tipo de calmante que ayudara a su cerebro a organizar sus ideas.

- No sé qué hacer Noriko...- le habló al cuadro sobre la pared. - Siento que estoy perdiendo el hilo de la vida de nuestras hijas... - suspiró. - Lo sé... no debes decírmelo, no he sido un padre demasiado presente en sus vidas, pero mejor que nadie sabes que he puesto a su disposición lo mejor de lo mejor. - se sentó en su sillón personal mirando la imagen sobre la pared, incluso aunque fuera solo un objeto inanimado, tenía el poder de darle tranquilidad al mirar la sonrisa que se dibujaba en el rostro de su difunta mujer. - Ahora no sé cómo acercarme a ellas... y si quieres saberlo, aunque no creo que quieras... particularmente con Akane... - se quedó callado por algunos minutos enteros donde terminó el alcohol, dejó el vaso de lado y estuvo con la cabeza enterrada en sus manos.

Soun se levantó y comenzó a dar vueltas por el lugar, dejando su idea anterior sin terminar y comenzando con otra.

- Contraté un entrenador para ella, se llama Matsubara Tomeo, fue uno de los candidatos para el dojo en Osaka, con solo ver sus movimientos de pelea y estilo que desempeña, pude notar el parecido que tiene con el "Todo Vale" de nuestra escuela, no puedo decir que es exactamente igual a la rama Tendo, pero vaya que parece impartido por el mismo Happosai. Tengo una seria duda de que Matsubara se haya convertido en una de las ramas del Todo Vale por descuido del viejo... Por lo pronto, este nuevo maestro es muy competente en las disciplinas marciales, así que estará entrenándola hasta que alcance un nivel óptimo, llegado el momento, supongo que tendré que encargarme de su entrenamiento para afinar detalles y para que Akane esté bien guiada sobre la rama Tendo, pero esperemos que falte un buen tiempo para eso.

Volvió sentarse con un suspiro, luego se sirvió otro vaso de sake.

- El viejo dejó un mensaje, al parecer los clanes chinos quieren declarar la guerra, no sé qué voy a hacer si eso llega a suceder... tengo que pensar en un buen plan para dejar bien protegidas a Kasumi y a Nabiki, sobre todo un plan que haga que Akane no tenga que pelear y pueda quedarse en un lugar sana y salva...

Toc* toc* toc* Sonó sobre la puerta, Soun se despabiló de inmediato.

- Soy Tofu. - luego de recibir la confirmación de Tendo, el médico entró.

- ¿Cómo está Kasumi? - fue lo primero que preguntó el hombre mientras su yerno se sentaba frente a él.

- Sinceramente sigue alterada y se durmió un poco molesta porque quiere irse a otro lugar. – Tofu declaró con un gesto ligeramente molesto.

- ¿Y le dijiste que no? - Preguntó nuevamente, no como reclamo, pero si sorprendido, Tofu desde el momento que había comenzado a cortejar a Kasumi, jamás le había negado nada.

- No exactamente, pero, no creo que sea conveniente irnos de aquí, usted sabe la razón por la que volvimos a Japón, además, y más importante, creo que es bueno que esté aquí por Akane, de un tiempo para acá me ha parecido que Kasumi se ha apartado de sus hermanas y no lo veo sano, ni siquiera quería regresar al país. - resumió la situación, habían otros asuntos detrás, pero eran cuestiones de pareja.

- Creo que solo quiere alejarse de mí. - se le aflojó la lengua a Soun tras haber bebido más de lo que normalmente se permitía.

- En cualquier caso, no justifica, al menos a mi parecer, que ni siquiera mencionó el secuestro de Akane hasta hace unos días que se enteró que regresaríamos. – Soun pudo ver una furia meticulosamente guardada dentro del médico que solo se asomó por unos instantes. - si de por sí mi relación con Akane se fracturó desde que se enteró que nos íbamos del país, ahora debe odiarme pensando que soy insensible.

- ¿La quieres mucho cierto? - Soun lo miró fijamente. - Debo confesar que, aunque eres mayor que Kasumi, en algún punto, pensé que esperarías a que Akane tuviera edad y pedirías su mano, no creí que estuvieras enamorado de Kasumi.

Ono Tofu, tercera generación de médicos prestigiosos allegados al medio marcial, heredero de una de las pocas familias amigas de los Tendo, era de las únicas personas que había estado cerca de las hermanas Tendo desde siempre y de alguna forma extraña, más cercano aún de la menor de la dinastía. Con el paso del tiempo, había resultado que no solo Tofu y Akane no estaban interesados el uno en el otro de ninguna forma que no fuera fraternal, sino que la jovencita, había deliberadamente metido sus manos para que Kasumi se interesara en él, quien desde que tenía uso de razón había estado enamorado de la mayor.

El médico ante el comentario de Soun, prefirió guardar su contestación para sí.

- Eso es porque usted no les prestó atención... - En su lugar contestó. - Siempre ha sido como una hermana para mí. - dando un suspiro resignado continuó. - Como sea que sean las cosas la situación es peligrosa, y creo que lo mejor es estar aquí. Por cierto, estoy dispuesto a pagar los servicios del médico que vino en balde a atender a Akane. - dijo con un tono un poco más animado. - No tenía idea que había llamado ya alguien.

- No te preocupes, fue mejor así, mejor que nadie sabes que si en las manos de alguien debiese poner la vida de mis hijas, sería en las tuyas. - Sin más se levantó. - Pero si te voy a pedir que, ya que estás aquí, ayudes a Akane a recuperarse.

- Creo que Akane necesita más que un doctor que atienda sus necesidades físicas... - dijo Tofu acomodando sus lentes, esperando con esa frase dar a entender que su joven cuñada necesitaba a su padre.

- Tienes razón, si tienes algún conocido que pueda ayudar con una buena terapia contáctalo con mi asistente. - Y salió de la oficina.

El esposo de Kasumi, miró la puerta algunos segundos antes de salir e ir a ocupar su lugar en la alcoba con su esposa.

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Akane abrió los ojos, la luz no estaba encendida pero el repentino terror de saberse en la oscuridad se disipó poco a poco al notar encendida la luz de la lámpara del buró. Se sentó lentamente, los recuerdos de aquel día vinieron a su cabeza como una película, el mareo que le sobre vino la hizo tambalearse cuando puso sus pies sobre el suelo.

- Es imposible... - se tomó la cabeza con la mano derecha. - Él no puede haber regresado. Tal vez lo imaginé... O tal vez, yo estoy viendo cosas donde no las hay... ¿Qué tal y es otra persona? - intentó convencerse cuando comenzó a sentir ganas de vomitar, y a la vez, tratando de ignorar la sensación conocida que solo había sentido con "El señor de ojos azules" y que también sintió aquella tarde, protección.

Miró el reloj digital y marcaba las 02:15, era entrada la madrugada y sabía que no iba a poder dormir de nuevo. Tal vez, con un poco de suerte, podría eludir a los guardias que hacían rondas por la casa, llegar hasta la cocina y tomar un vaso de leche sin sentir que la estaban vigilando.

Se levantó y con cuidado caminó hasta la puerta, dio un vistazo rápido y notó que, al fondo del pasillo, de lado contrario a la escalera, estaba un guardia parado mirando por la ventana hacia el jardín. no estaba muy segura, pero al parecer era Ryoga. No es que no le agradara, pero en este momento no tenía ganas de hablar con él ni con nadie. En silencio salió al pasillo y en unos cuantos segundos había llegado a la escalera sin alertar al muchacho, ahí se quedó agachada hasta que vio a otro guardia pasar por la planta de abajo, sin más, también lo esquivó, pasó rápidamente por la estancia y llegó a la cocina.

Venía atenta a sus espaldas asegurándose de que nadie la viera antes de cerrar la puerta que separaba el comedor con la cocina, por lo que casi grita cuando al girar (Luego de cerrar la puerta) vio a una señora parada en la puerta del refrigerador abierta, cuya luz era lo único que iluminaba el lugar; tenía una galleta en la boca y la miraba con susto igual que Akane a ella.

- ¿Qui-quien es usted? - preguntó Akane en un tono bajo. De alguna manera dudaba que fuera una ladrona o algo parecido, que clase de ladrona andaría en bata de dormir comiendo galletas mientras husmea en la nevera.

La señora tragó lo que llevaba en la boca antes de contestar.

- Mi nombre es Matsubara Nodoka, acabo de llegar a vivir aquí, lo que pasa es que mi hijo fue contratado como maestro de artes marciales. - dijo en voz baja en un tono que denotaba simpleza.

Akane parpadeó varias veces, su cerebro había sido llenado de tanta información en ese momento. Para empezar, NO, no había imaginado nada; SI, si habían intentado secuestrarla otra vez, y había aparecido un hombre (con cara visible) que le había "parecido" era "El señor de ojos azules", porque no estoy segura de que sea él, se recordó para calmarse. El hombre, se había identificado como "Matsubara" y esta señora que seguía viéndola fijamente decía ser la madre de su héroe. Luego...

- Si Matsubara fuera el señor de ojos azules, ella sería la madre que dijo tener, de la que me habló en más de una vez con alegría, la que nunca pude imaginar porque él no quiso decirme su edad. - su cabeza quedó en blanco por un momento, luego se reactivó su cerebro . - Era menor de lo que pensaba, no es un señor realmente... si es que fuera él... ¡Solo se la pasó bromeando conmigo! - Le cruzó por la cabeza con algo de enojo, como si hubiera sido burlada por un viejo amigo . - Si es él... ¿habrá venido sin malas intenciones? ¿Porqué? - sintió ganas de llorar, estaba demasiado confundida. Una parte de ella le había dado al señor de ojos azules papel de héroe, que lo era; pero la otra, era muy consciente que era parte de los secuestradores, la parte que recordaba nítidamente el último momento consciente antes de ser secuestrada.

- ¡Oh linda! ¿Estás bien? - la mujer se acercó a ella al notar que lloraba silenciosamente, su respiración por momentos se hacía errática y temblaba ligeramente. - Perdón si te asusté, no quise hacerlo. - la tomó con delicadeza pasando un brazo alrededor de ella y la hizo caminar hasta una silla donde la sentó. - ¿Necesitas algo? - preguntó casi maternal. Akane la vio a los ojos que seguían iluminados por la poca luz que salía del refrigerador, eran...

- Azules... - musitó

- ¿Perdón? - sin entender preguntó.

- Sus ojos, son azules... - mencionó dándose cuenta que eran iguales a los de Matsubara, el que podría ser, el señor de ojos azules.

- ¡Oh eso! - Nodoka suspiró un poco aliviada, y sin más se movió para servir agua en un vaso y facilitarlo a la chica. - Es de familia, a mí me los heredó mi padre, y yo se los heredé a mi Ra... ¡Tomeo! - se corrigió de inmediato.

- Tomeo... - Akane repitió el nombre de pila.

- Mi hijo, el maestro de artes marciales. - aclaró. - ¿Estás mejor?

- Si... - arrastró la palabra. - ¿Maestro de artes marciales? - pensó sin comprender aquello.

- Que bueno, me alegra escuchar eso. - Akane notó que las palabras eran sinceras y sin poder evitarlo sonrió ligeramente. - ¿Y tú quién eres?, no pareces trabajar en la casa. - se llevó un dedo a la barbilla pensando. - No... No me digas que tú eres una de las hijas del señor Tendo. - dedujo. - Oh cielos, se supone que no debía hablar contigo. - dijo mirando el techo más para sí misma.

- Yo no... - intentó hablar la chica

- Como lo siento en verdad señorita. - se dirigió a ella ahora con respeto. - Creo que, si ya está bien, será mejor que me retire. - Se alejó de paso en paso y tuvo la intención de cerrar la puerta del refrigerador.

- ¡No! - pidió para no quedarse a oscuras y también, en parte, para que no se fuera, y otro poco a la idea que imponía su padre de que nadie le hablara.

- ¿No? - se congeló sin cerrar el frigorífico.

- No se valla... y no cierre, no me gusta la oscuridad.

- Comprendo... - Nodoka la miró con interés. - Y entonces ¿Tu eres...

- Akane, la hija menor. Puede llamarme por mi nombre. - añadió para ver qué pasaba, esta mujer parecía amable y sentía comodidad ante su presencia.

- Lo haré. - dijo sin más y Akane sonrió. - Pero tú tendrás que llamarme Nodoka.

- De acuerdo. - Se alegró de ello, ningún otro empleado tenía el valor de hacer aquello.

- Yo vine por un vaso de leche. No le digas a nadie, sé que tu padre tiene muchas reglas, pero Tomeo me traicionó y le informó a la cocinera, ¿Suzuki se llama? - la muchacha asistió y la mujer siguió hablando. - Le dijo a Suzuki sobre la dieta que estoy llevando, y me dieron una cena muy desabrida y escueta.

- En general Suzuki siempre cuida mucho la alimentación, todo bajo en grasa, la sal mínima, azúcares reducidos... - Comentó, a ella tampoco le parecía la cocina de Suzuki demasiado atractiva.

- ¿A ti también te alimentan así? - incrédula preguntó mientras se acercaba de nuevo a la chica. - Pero que horrible, pobrecita de ti cariño. - agregó con pena acariciando su cabeza, como si de verdad fuera un acto desalmado y necesitara compasión.

- Creo que ya me acostumbré. – Ella sonrió sintiéndose bien ante el gesto cariñoso poco común hacia sí. Cuando la señora se alejó, sorbió del vaso recordando lo buena que era la comida que hacía Makoto siempre y cuando no se encontrara en casa Soun. Poco a poco su cuerpo se iba relajando, y no era que sus confusiones estuvieran resueltas, pero la señora hablaba tanto y se notaba tan ocurrente que la distraía casi inmediatamente.

- Que mal... Entonces debes tener hambre. - concluyó la mujer con una sonrisa de travesura, sin saber nada de los problemas que llevaba Akane consigo.

Akane la vio ir de nuevo hasta el refrigerador, sacar algunos ingredientes de ahí y bajo la luz del frigorífico mezcló y organizó algunos platillos condimentando a su gusto, mientras hablaba de como no podía dormir por el hambre que tenía, así había decidido levantarse.

- Aquí tienes. - le extendió a la muchacha un plato con algo que parecía arroz frito, pero no era aquello ya que había usado solo ingredientes fríos.

- Gracias. Buen provecho - dijo bajito, no fueran a descubrirlas. - Esto está muy bueno... ¿Cómo lo logró? - Sorprendida se llevó otro bocado a la boca.

- Nada del otro mundo, cuando llegas a mi edad, puedes hacer que hasta las piedras sepan bien. Con decirte que puedo hacer incluso que mi dieta sepa bien... Aunque si mi doctor pregunta, negaré rotundamente haber usado algunos ingredientes. - aseguró antes de comer.

- ¿Doctor? - Akane la miró, a simple vista la mujer parecía sana.

- Tuve una cirugía de hígado hace algunos meses ya, tengo que cuidar aun mi alimentación y tomar algunas medicinas, pero nada de qué preocuparse. En el sentido de la comida, la verdad si envidio a Tomeo, él se recuperó muy pronto y come lo que se le da la gana. - Dijo molesta, luego, le restó importancia hablando de lo mala que era la comida de los hospitales y la chica dedujo que había pasado mucho tiempo en ellos; después de algunos giros en la historia, Nodoka terminó diciendo lo difícil que había sido ver a su hijo hacerse cargo de todo aquello el solo.

Akane tuvo ganas de preguntarle si Tomeo había pasado por una cirugía, en general preguntar por las dudas que le iban surgiendo, pero la señora seguía hablando y supuso sería incomodo cuestionar sobre algo de lo que ya no estaba hablando, sin contar que, aunque Nodoka le contaba todo con soltura, eran desconocidas y podía ser un poco maleducado de su parte preguntar.

Terminada la comida, ambas mujeres se despidieron, la señora se encaminó a al pasillo que conducía a las habitaciones de empleados y Akane a la puerta de la cocina, el lugar ahora estaba a oscuras pero la joven no sintió pánico como en otras ocasiones pues aún escuchaba la voz de la mujer comentando algo sobre no ser descubierta por su hijo.

- Señora Nodoka. - la llamó antes de abrir la puerta.

- ¿Sí?

- Su hijo... - por alguna razón se le hizo incómodo mencionar su nombre. - ¿Es bueno? - Nodoka pensó que se refería a ser buen maestro, y respondió a la cuestión de manera, que, sin notarlo, tranquilizó a Akane.

- Muy bueno. - Antes de que alguna de las dos dijera algo más, un ruido afuera de la cocina las alertó y ambas terminaron por huir.

Aquella noche Akane no durmió demasiado, no podía invocar, al menos de forma consciente, su mantra personal por el miedo que aún tenía, pero al no hacerlo, tampoco ayudaba en nada.

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Ranma abrió los ojos, su reloj interno nunca fallaba, a las seis en punto siempre despertaba, era el tiempo exacto que tenían de efecto las pastillas que utilizaba para dormir desde hace algún tiempo, específicamente desde que había comenzado con el trabajo aquel que le había ensuciado la conciencia.

Miró a su madre y notó que tenía la mitad del cuerpo destapado, abajo, en el piso, sus pantuflas estaban desordenadas, lo cual hizo que Ranma rodara los ojos, eso significaba que la mujer se había levantado a mitad de la noche, probablemente a buscar comida ya que de eso había estado quejándose "La cena estaba tan desabrida", recordó sus palabras.

- Mamá... - bufando un poco, negó con la cabeza mientras se levantaba de la cama para comenzar su rutina, aunque las pastillas no lo dejaban realmente en un estado completamente inconsciente, si hacían que tuviera el sueño pesado y eso Nodoka lo aprovechaba para levantarse de la cama, regularmente en busca de algún postre de media noche.

Mirándose al espejo al lavarse la cara comenzó a trazar un plan. Ahora era inminente su permanencia en ese lugar, jamás dejaría a Akane sola con el desgraciado de Ryoga, además, en general tenía el fuerte impulso de protegerla, sea de quien sea, los secuestradores, Ryoga, incluso de su propia familia a quienes seguía teniendo en el concepto de tener descuidada a Akane, al menos en el sentido emocional.

"¡Dejen todos de actuar como si les importara! ¡Estoy harta de todos!" había gritado ella entre lágrimas, "¡Siempre estoy sola, a nadie le importa mi vida! ¡Así que déjenme so..." La recordó Ranma con dolor, abrazada sobre el suelo sin confiar en nadie.

- Por supuesto que me voy a quedar. - dijo con rabia. - Akane no debería pasar por todo esto. - Estrelló su puño en la esquina del lavabo, la cerámica crujió, pero a él no le importó. - Sé que en algún momento tendré que dejarla, yo tampoco merezco quedarme a su lado después de lo que hice, pero antes, me voy a asegurar de que esté bien en todos los sentidos posibles. Se alistó rápidamente, necesitaba echar un vistazo a la propiedad, mientras que una pequeña parte de su cerebro deseaba que la suerte estuviera de su lado y pudiera ver a Akane aunque fuese a lo lejos, solo para saber que estaba mejor que el día anterior.

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- Últimamente me has sorprendido en varias cosas. - Soun se paró en el marco de la puerta de cristal que daba acceso a la terraza. El aire matutino corría ligero, frio, pues, aunque ya estaban en primavera, aún quedaban residuos de invierno.

- No sé a qué te refieres. - contestó Akane sin despegar su vista del desayuno que ingería.

- Sabes que debes tomar tus alimentos dentro de la casa. Esto no solo es que desobedezcas tú, sino que también haces que el personal desobedezca mis órdenes.

- Es cosa mía, no los vayas a castigar. - habló sin mirarlo en un tono serio, como si se lo estuviera advirtiendo.

- No lo haré... por esta vez. - El señor nunca lo diría en voz alta, pero era la manera más cercana de consentir a Akane luego de verla en tan mal estado. Los minutos pasaron, la joven nunca lo invitó a sentarse y tampoco posó sus ojos sobre él, cansado, Soun volvió a hablar resignado. - Veo que... ya estás mejor. - Ese era su mejor intento para mostrar su preocupación.

- Supongo...

- ¿Por qué no desayunaste con nosotros en el comedor? Tu hermana y su esposo deseaban verte. Y yo también. - pensó

- Se nota... - dijo casi con gracia. - Por eso Kasumi le rogaba a su esposo para que se la llevara de esta casa, mientras Nabiki te pedía más guardaespaldas para irse de nuevo a la universidad.

Soun se tensó, había pensado que Akane no se había dado cuenta, parecía ausente en el auto mientras viajaban de regreso a casa luego del atentado, incluso pensó que dormía pues había puesto su cara en sus rodillas abrazando las mismas, hundida lo más que podía en el asiento más alejado de sus hermanas y de él.

- No es eso Akane. - Se acercó por fin frente a ella, rodeando la mesa de metal y tapando la vista del horizonte que su hija tenía. - Ellas solamente... - intentó explicar como pocas veces en su vida.

- No es necesario que las disculpes, soy consciente que no soy esencial en la vida de ellas ni en la tuya, no te preocupes. - Ella lo miró, sus ojos lucían tan apagados, su expresión tan vacía.

- Akane...

- No creo que hayas venido hasta aquí a hacerme compañía, ¿Qué necesitas Soun? - preguntó regresando su atención al plato de arroz.

- No me... - el hombre por instinto iba a soltar un regaño por llamarlo por su nombre de pila, pero ¿En verdad tenía derecho a ello? Se calló inmediatamente y continuó diciendo luego de suspirar. - He contratado un maestro particular para que se encargue de tus entrenamientos. Se llama Matsubara Tomeo. Lamentablemente tuviste que conocerlo de forma abrupta gracias al suceso de ayer, pero como habrás notado, es excelente en lo que hace. Le di autorización de programar las clases que sean necesarias para que alcances un nivel óptimo en poco tiempo, pero si en algún momento no te sientes físicamente bien, puedes hacérselo saber. Además, quiero que sepas que mientras no regrese Yamagishi, Matsubara estará encargándose de tu seguridad personal.

Tendo, había hablado de largo, sin pausas y Akane incluso se sintió ofuscada por tantos datos, no estaba segura de si quería agradecer o reclamarle a su padre las acciones que había implementado.

- ¿Entendiste Akane? No quiero contrariedades y... - ella lo interrumpió con su risa, no era una genuina, sino una carcajada mal intencionada. - ¿Qué pasa contigo niña? - molesto la tomo del brazo y la levantó de la silla, cansado de que no lo mirara y ahora más de aquella burla.

- Lo siento, solo me parece gracioso. Me estoy riendo de mí misma, no te preocupes. - dijo, Soun la soltó e inmediatamente Akane se alejó, yendo hasta la barandilla del lugar a ver el horizonte.

- ¿Qué te parece tan gracioso? - más molesto cuestionó.

- En verdad creí que obedecerías al maestro, y que, aunque fuera solo por obligación podría heredar el legado de la familia, ahora veo que fui muy ingenua. - una risita más se le escapó. - Debí saber que a ti no te agradaría la idea y que encontrarías una manera de relegarme. Mira que ponerme a aprender el arte marcial de un extraño, ¡eso si que no me lo esperaba! - El hombre se sorprendió ante aquella declaración. - Pero está bien, a estas alturas lo que pueda obtener es bueno, y pensándolo bien, es mejor, así cuando sea mayor, no tendré que quedarme aquí retenida por una escuela de combate.

- No es... - para su frustración, su hija no lo dejó hablar.

- No, no tienes por qué decir nada más. - Ella volvió a mirarlo, intentando parecer segura, pero Soun notó a la perfección sus ojos acuosos, lo que lo dejó congelado sin poder decir nada. - Supongo que... gracias. - ella salió rápido de ahí.

Soun tenía tantas cosas que decir, pero se quedó callado, pasmado ante la posibilidad de perder a Akane. Bajo el suelo de la terraza, sujeto a la estructura, Ranma se contuvo de golpear algo y delatar su presencia. Tendo seguía siendo el mismo tipo que describía Akane a diario en medio de la oscuridad. Un bastardo que le importaba poco su hija.

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- ¡Levanta los brazos Sasuke! - gritó con furia Kuno, tenía a su sirviente hincado sobre las piedras del jardín, al tiempo que el hombrecillo era obligado a cargar sobre su cabeza con los brazos estirados una cara armadura samurái de su colección personal.

- ¡Señor por favor! - se quejó el ninja estirando los brazos que por el cansancio se le doblaban por momentos, llevaba desde la mañana en lo mismo y ya pasaba de medio día.

- Eso te pasa por desobedecer mis órdenes Sasuke. ¡Te dije explícitamente que debías ir por Akane Tendo y me desobedeciste! - se levantó del sofá de jardín donde estaba sentado a la sombra del sakura que apenas denotaba sus primeros botones

- Pero señor, si fui. - intentó defenderse.

- ¡Te quedaste en el auto que solo iba a sacar del camino a los de seguridad! ¡Tu deber era ir hasta Akane y traerla contigo! ¡Inepto!

Tatewaki estaba furioso, no le importaba mucho haber perdido a varios hombres en el proceso, tampoco los autos que se habían utilizado ni la gran cantidad de dinero que había invertido en ello, sino (obviamente) no haber conseguido a la chica.

- ¡De todas maneras no lo hubiéramos logrado señor Tatewaki! - el cuerpo del sirviente se rindió y cayó de cara al suelo. Kuno al parecer le tuvo la suficiente compasión para dejarlo por la paz.

El ninja se arrastró hasta llegar donde había pasto, y se dejó caer sobre su espalda, en la cara, tenía piedritas incrustadas, pero no le importó, solo se concentraba en recuperar las fuerzas.

- Explícate. - Pidió Kuno, por fin con intenciones de escuchar alguna explicación, con interés bebió de su té helado.

- Además del otro grupo que pensamos son los hombres de Kanazawa, había otro hombre señor.

- ¿Qué clase de hombre?

- Él saltó sobre las cabezas de todos los que estaban disparándose, no le importó moverse entre las balas para llegar a la señorita Tendo. ¡Y era tan rápido!

- ¿Más rápido que yo? - preguntó con celo Tatewaki

- Mmm... no, no lo creo señor. - mintió el ninja con voz de duda, Kuno captó aquello, pero decidió no indagar en ello por orgullo. - Luego lanzó a uno de los del bando contrario raspando el suelo, seguro el pobre tipo quedó completamente quemado por el asfalto. Ese hombre tomó a la chica en brazos y en cuatro saltos ya había huido. - Sasuke decidió omitir que la había puesto en la terraza de un edificio conjunto a donde él se escondía, lugar de donde había tenido una vista privilegiada de toda la escena, porque si lo comentaba su señor le preguntaría porque no había hecho nada.

- ¿Me estás tomando el pelo Sasuke?

- No señor. Ese hombre se perdió entre los techos de los edificios de cuatro saltos. - dijo incluso moviendo las manos. - Ese tipo llegó con los hombres de Tendo.

- Investiga, quiero los detalles lo antes posible. ¡ponte a trabajar Sasuke! - le gritó al ver que aún no se movía.

- ¡Si señor Tatewaki! - respondió con susto levantándose con el cuerpo tembloroso.

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- Señor... - Kasai le habló a su jefe tan pronto colgó el celular. - Era del hospital, Yagi acaba de morir. - al parecer le había ganado la batalla la herida de bala.

- Maldición. Encárgate de eso.

- Si señor... - Kasai sabía lo que significaba encargarse. Era mover los hilos para que nadie hiciera preguntas de nada. - Con Yagi, perdimos a cinco hombres.

- Es mejor así, los muertos no hablan. - dijo en cierto modo despreocupado. - ¿Tienen información de quienes eran los del otro bando?

- Pues, estuvimos preguntando con nuestros contactos, llegarles al precio no fue fácil, pero obtuvimos alguna información. Dicen que desde hace semanas un hombrecillo estuvo reclutando hombres, todos los que se sabe accedieron a seguirlo son de "alta gama" - comentó aludiendo a ser "profesionales" en trabajos poco éticos. - con decirle que, según los rumores, este hombrecillo logró reclutar a: "El Demonio".

Kanazawa volteó a mirarlo sorprendido, aquel al que apodaban el Demonio solo trabajaba una o dos veces al año, sus servicios eran tan caros como efectivos, las leyendas de la baja sociedad contaban que cuando fijaba su objetivo no había forma humana de salvarse de él. El líder mafioso había intentado unirlo una vez a sus hombres, pero el precio que pedía por cada trabajo era tan alto que era imposible pagar sus honorarios.

- ¿Tú lo viste? ¿Viste al Demonio?

- No estoy seguro señor, todos los hombres iban con la cara cubierta, completamente de negro, y la misión sobre los autos fue casi prioridad, además, antes de que pudiéramos hacer gran cosa, apareció ese otro hombre, el que salvó a la chica. – dijo con rabia recordando como se la habían quitado de las manos. - Fuera de eso, no sabemos nada más. - Kasai se sentó lentamente en la silla, estaba bastante maltrecho y le dolía todo el cuerpo.

- Con eso es más que suficiente. Estoy sospechando no solo quien pudo haber pagado por los servicios del Demonio, sino pagar por todos esos hombres de alta gama. - lanzó una carcajada al aire de ironía. - Estoy casi seguro que el desgraciado de Kuno está detrás de todo esto. Bastardo, te enteraste de que está viva y la quieres para ti sea como sea. - dijo mientras se levantaba de su silla y caminaba hasta la ventana con cigarrillo en mano. - Me quieres sacar del negocio ¿No es así? - Meneó el vaso de alcohol que estaba en su otra mano, como si tuviera al heredero millonario frente de sí. - De mi cuenta corre infeliz, esa chiquilla va a estar en mis manos, ¡y vas a tener que rogar por ella!

Kasai se encogió de su lugar cuando en un arranque su jefe estrelló el vaso contra la pared, lo cual al parecer lo tranquilizó, pues con voz más calmada, preguntó.

- ¿Y del hombre que dijiste salvó a la chica y de paso te dio una paliza? - Kasai torció el gesto antes de responder tratando de no sentirse humillado, cosa que no logró.

- Solo que llegó con el servicio de Tendo. Seguro es de sus trabajadores.

- ¿No era Hibiki? Ese idiota tiene buenos movimientos cuando quiere. por algo lo teníamos trabajando para nosotros.

- No, nuestros hombres dicen que no era él. - Kanazawa lo pensó un poco antes de decir,

- Necesito que me traigan a Hibiki lo más pronto posible, quiero saber de una buena vez en donde se metió el idiota de sombra y de pasada que nos diga su maldita identidad, y esta vez, voy a hacer que esos dos bastardos se queden en el negocio, nadie se burla del gran Kanazawa. - se auto alagó antes de darle la última inspiración a su cigarrillo.

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- Señor Matsubara, ella es la señorita Tendo Akane, señorita, él es el maestro Matsubara Tomeo, a partir de ahora se encargará de su entrenamiento. - El asistente de Soun se encargaba de presentarlos formalmente en el dojo de la propiedad Tendo. Ambos realizaron una inclinación en saludo.

Al estar frente a frente con este individuo, Akane sintió que las piernas se le habían vuelto de gelatina y que su estómago retenía lava en su interior quemándole con sus propios ácidos gástricos.

Ranma por su lado había decidido mantener la distancia estricta con la muchacha, necesitaba mantenerse lejos para apaciguar sus propios sentimientos, ayudar a que Akane estuviera bien sería hecho a las espaldas de la joven.

- Señorita Tendo, ¿Se encuentra bien? - preguntó Shimakura, Akane asistió lentamente sin quitar su vista de Matsubara quien la había mirado a la cara por cortesía durante algunos segundos, luego había apartado la vista, sin embargo, ante el comentario del asistente, levantó los ojos para encontrarse con los chocolates de ella, ahora quedando en un trance por sus ojos. - De acuerdo... - continuó no muy convencido. - Cualquier duda que tengan pueden comunicarse conmigo y personalmente me encargaré de hacérselo llegar al señor Tendo.

- ¿ Ósea que si Akane tiene algún problema conmigo debe sacar cita con el asistente de su padre para ser atendida? - Pensó con enojo sin poder evitarlo Ranma.

- Bien, creo que eso sería todo. - El de traje miró su reloj de pulsera, debía apurarse, Soun ya debía estar esperándolo en el auto, hoy viajarían a Hokkaido, luego fuera del país. Haciendo una ligera inclinación se despidió y salió del lugar.

- Supongo que deberíamos comenzar. - Ranma apartó su vista de ella, moviéndose y posicionándose al centro del dojo, esperando que ella lo siguiera como buena alumna. - Comenzaremos con un calentamiento suave y de ahí iremos avanzando. Si siente que no puede seguir el ritmo yo...

- Matsubara. - Akane había encontrado su voz y lo llamó sin moverse de su posición. De alguna manera sintió que su cuerpo se preparaba para huir si oía una respuesta que no le gustara, de hecho, ni siquiera hubiera asistido a encontrarse con él de no ser porque había estado reflexionando en todo lo que le había contado Nodoka la noche anterior de ese hijo tan dedicado, y en sus palabras: bueno.

- Sería conveniente si me llamara maestro. - contestó ocultando su nerviosismo, sobre todo al notar que la mirada de Akane no era normal, no solo era curiosidad en ella, era otra cosa. - ¿Sospechará quién soy? No, eso no puede ser. - intentó descartar sus pensamientos.

- Tú... - dijo sin saber muy bien como preguntar. - ¿Eres el Señor de ojos azules? ¿La persona que me secuestró? - Ninguna le parecían preguntas correctas.

- Señorita Tendo...

- No me gusta que me llamen así. - lo interrumpió de tajo. Pensar en el Señor de ojos azules llamándola así no le gustaba, no le gustaba para nada, no cuando se habían vuelto tan cercanos en aquellos días oscuros, cuando sintió que había encontrado a alguien a quien realmente le importaba.

- Lo siento, pero es importante mantener la formalidad. Comencemos de una vez.

- Me llamaste Akane.

- ¿Perdón? - volteó hacia ella sin entender, aun manteniendo su fachada.

- En la azotea, ayer, cuando me rescataste. - afirmó sin saber realmente como su cerebro había registrado aquello y hasta ahora era que lo recordaba como un rayo atravesando su cabeza de forma intempestiva ante la molestia de ser llamada "señorita Tendo"

- No... no sé de qué habla. Será mejor que...- su voz comenzaba a sonar nerviosa.

- Me gritaste Akane, luego me mantuviste junto a ti en el suelo, protegiéndome de las balas. - Ranma retuvo la respiración pensando en que decir.

- Era mi obligación protegerla.

- Pero no llamarme por mi nombre, de hecho... ¿Cómo supiste mi nombre? - Preguntó para tantear el terreno.

- Venía en el contrato. - Akane sabía de sobra que su nombre ni el de sus hermanas, ni siquiera el de su padre aparecían en los contratos; incluso, en los medios de comunicación, cuando se presentaban en público, siempre las anunciaban como las hijas de Tendo, herederas o cualquier otro término, pero no sus nombres, Soun tenía una obsesión con la confidencialidad y le pagaba muy bien al equipo jurídico para que se encargaran de que así siguiera siendo.

- Mentira. - declaró tajante, Ranma comenzó a sentirse acorralado.

- Entonces me lo dijo su padre o Shimakura, no lo recuerdo, nunca presto atención a esos detalles.

- Creo que estás mintiendo.

- No tengo por qué mentir. - enfatizó, se le estaban agotando las ideas.

- En realidad... - respiró hondo antes de decir. - Creo que nos conocemos de otro lugar. - Ranma perdió color.

- Ella no puede reconocerme... ¿Cómo podría? Siempre todo fue oscuro, incluso cuando la liberé fue en plena noche, nunca me quité el pasamontañas. No, ella no tiene idea, no puede tenerla. - desesperado, intentó la defensiva. - Lo que yo creo es que est ás intentando evadir entrenamiento.

- Me acabas de hablar de "tú" - remarcó ella y el joven se corrigió inmediatamente.

- Perdón, señorita. - remarcó. - Pero no le veo sentido a lo que intenta llegar.

Akane no sabía si deseaba correr, ya fuera para huir o ir hacia los brazos de él. En este momento de su vida se sentía sola, sin nadie que realmente la entendiera o alguien que la hiciera sentir incluso un poco querida. Él, ahora, bajo su mirada inquisitiva, se notaba nervioso, podía ver como no solo el cabello de su fleco se pegaba a su frente, sino también, la trenza que ordenaba su cabello había quedado pegada a su masculino cuello. Su rostro estaba compungido en una mueca de inquietud que igualaba a la tensión notable sobre sus hombros rígidos, todo en una postura completamente tensa.

- ¿Eres el Señor de ojos azules? - ella casi por inercia adelantó un poco su pie derecho, como si su instinto reclamara ir hacia él, pero solo se mantuvo sosteniéndole la mirada. - ¿Eres... tú? - pregunto cómo si la pregunta anterior hubiera sida lanzada al aire en voz alta.

- No... por supuesto que no... es decir... No sé a lo que se refiere señorita. - se corrigió de inmediato, porque extrañamente había entendido a que se refería.

Ranma se sintió miserable viendo como bajaban las lágrimas silenciosas de los ojos de ella, pero, ¿Qué podía hacer? Claro, en caso de que las cuestiones de ella fueran las que él mismo estaba imaginando y no había forma de que fuese así, ¿Verdad?

- Se- señor de... - al joven maestro se le erizaron los vellos de la piel cuando comenzó a decir lentamente. - ojos... - tuvo el instinto de huir de ahí, pero sus pies no respondieron, era como si estuvieran clavados en la duela del lugar. - azules.

- No... - susurró. - No soy... - incluso dio algunos pasos hacia atrás. - Es mejor que... - declaró decidiendo irse a como diera lugar, tomando valor para pasar a su lado y alejarse de ahí. Caminó en la dirección a la salida y ese simple gesto pareció asustar a la chica, quien como si fuese un conejito se echó atrás.

- Ella me tiene miedo. - se quedó pasmado en su lugar ante el descubrimiento certero. Si ella sabía quién era, era obvio que le tuviera miedo.

- So-solo... - levantó un poco sus manos, ni siquiera ella misma sabía si era para que no se acercara a sí o para que se detuviera y no se fuera, porque había notado la intención. - Solo... quiero saber.

- ¡No soy él! ¡No soy el señor de ojos azules! - le gritó, frustrado de verse descubierto, triste de comprobar que ella le temía, furioso por haber cometido el error más nefasto de su vida: secuestrarla.

Matsubara Tomeo caminó de prisa pasando en el proceso a su lado y logrando un sobre salto en la chica, llegó a la salida y al poner su mano sobre la mampara de madera corrediza, escuchó su pequeña vocecilla.

- Tengo… miedo. - Ella soltó. Ranma regresó su mirada y Akane lo observaba aterrada, pero al mismo tiempo con súplica. - Todo el tiempo tengo terror... so-solo quiero... quiero saber si... si tú me harías daño. - su voz se había ido apagando, como si tuviera miedo de la respuesta.

- Nunca. - afirmó lo único de lo que estaba seguro en esta vida, volteando todo su cuerpo hacia su dirección en señal de estar hablando con decisión y se notara que no mentía. - Jamás te haría daño Akane.

El silencio se extendió por mucho tiempo, en el cual nunca apartaron la vista del otro, como si de esa forma se pudieran conectar y comunicar. De pronto, ella, dio un paso al frente, y otro... y otro, cada vez más cerca de él, aún tenía miedo, pero parecía disolverse en cada centímetro que recorría hasta el muchacho, quien solo la miraba impaciente. Cuando estuvo frente a él, a la misma distancia de extender su brazo y tocarlo... la puerta corrediza se abrió.

- ¡Señorita Tendo! - gritó Hibiki haciendo que ella se echara atrás. Ranma giró su cuerpo e hizo ademán de que bajo ninguna circunstancia le permitiría la entrada. - A un lado... - exigió entre dientes.

- Vete de aquí. - respondió de igual manera el otro.

- ¿Pa- pasa algo señor Hibiki? - preguntó ella solo para disipar aquella escena que no entendió entre los dos hombres.

- Yo solo venía a...

- Ahora Akane está entrenando. Váyase ahora. - Exigió para sorpresa de los dos el joven maestro.

Ryoga tuvo que contenerse apretando los puños, rabioso de que el de trenza le hablara con autoridad, de que Ranma fuera su maestro cuando estas semanas él había estado ayudando a Akane con su entrenamiento, furioso de que incluso a nada de conocerse Saotome pudiera llamarla Akane, y además en frente de otros cuando él mismo lo tenía que hacer a escondidas.

- Señorita Tendo. - La llamó Hibiki, con la esperanza de que ella le diera lugar frete al idiota de Ranma.

- Lo... lo siento señor Hibiki. - Habló ella por fin, ambos jóvenes la miraron, pero Akane estaba demasiado encandilada con los ojos azules para notar algo más. - Pero, debo entrenar... si nos permite.

Ryoga cerró de nueva cuenta la mampara quedándose fuera, azotándola en el proceso, pero dentro del dojo, nadie lo notó. Se dio media vuelta y comenzó a correr, tenía tanto enojo que solo quería correr y encontrar algo que destruir donde nadie lo viera y no pudiera afectar su estadía en la casa Tendo.

- ¡Hibiki! ¡¿A dónde vas?! - Oyó gritar a alguien al saltar la barda de la propiedad, pero no se detuvo. Fueron casi veinte minutos los que corrió a alta velocidad, hasta que en un lote baldío paró y comenzó a destruir todo a su alrededor. Al caer exhausto al suelo luego de su rabieta, se tomó unos segundos pensando en cómo deshacerse de Ranma, o al menos en eso estaba cuando sintió algo clavándosele en la parte trasera de la cabeza.

- Levántate lentamente idiota. - Un hombre le tenía encañonado apoyando el arma en su cráneo lo más que podía. - El jefe quiere verte.

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- ¿Disculpé? - preguntó Tofu a la cocinera que servía la cena. - ¿Sabe si la señorita Akane cenará con nosotros?

- No lo creo señor Ono, hoy la señorita estuvo entrenando casi todo el día. Terminó tan cansada que cayó rendida, después de su baño solo tomó algo ligero y se retiró a dormir. - La mujer terminó de servir y se retiró pidiendo que la llamaran si necesitaban algo.

- Extraño la comida de Makoto, o la comida de casa, cualquier cosa es mejor que la de este lugar. - Se quejó Kasumi. - La única razón por la que regresamos a cenar aquí es porque queríamos estar con Akane y ella decidió dormir.

Tofu no dijo nada, en parte era cierto, pero, por otra parte, tampoco culpaba a su cuñada de no querer pasar tiempo con ellos, no cuando él había fracturado la amistad que tenía con la menor por ocultarle cosas desde antes de su matrimonio con Kasumi; mientras que su esposa, parecía haberse vuelto insensible a la situación en general de su familia en Japón luego de irse a vivir al extranjero.

- ¿Has intentado hablar con ella? - preguntó el hombre que seguía concentrado en su plato.

- Claro que he hablado con ella, desde el día en que llegamos a Japón hasta que pasó "eso". - Tofu frunció el ceño, ella ni siquiera mencionaba las palabras como atentado, secuestro, intento de matarlas, como si con evitarlas, evitara los problemas. - Luego entró en ese "estado nervioso" y no volvió a hablar conmigo, ni con Nabiki o papá. Akane se ha vuelto muy inestable e incomprensible.

Ono miró a su mujer, no tenía ganas de pelear, pero ella entendió esa mirada gélida y decidió ya no agregar nada a su parloteo, al menos por algunos minutos, hasta que añadió.

- Aun creo que sería mejor que nos fuéramos a alojar a otro lugar. - La mirada gacha en su plato de comida y la actitud inocente ya no afectaban a Tofu como en sus tiempos de adolescencia, aun le removía el alma, pues la amaba muchísimo, ella era su más grande debilidad, pero, ahora comprendía que su esposa no era una santa y también tenía sus buenos dotes de egoísmo.

- Sufrieron un atentado, casi las matan a Nabiki y a ti. - La cara de la mujer palideció ante las crudas palabras. - Es algo que no le deseo a nadie, menos a ti Kasumi, pero, a Akane se la iban a llevar, la querían secuestrar de nueva cuenta para hacerle quien sabe qué clase de horrores. Estuvo secuestrada por semanas, Dios sabe lo que pasó dentro de ese infierno, para regresar y encontrarse con el desapego de tu padre y ninguna cara conocida en esta casa. Y para cereza del pastel, ninguna de sus hermanas tiene la decencia de preguntarle al menos "¿Necesitas algo?" o al menos decir algo como "Estoy aquí para ti"

- Yo...

- Exacto, tú Kasumi, has estado tan asustada desde "eso" - ironizó la forma en que ella lo llamaba. - Que has estado pegada a mi desde entonces, cosa que en ningún momento he reprochado, al contrario, me gusta que estés conmigo, incluso si otros médicos me ven raro al entrar en las reuniones o que todas las asistentes y enfermeras de piso cuchicheen a mis espaldas, no me importa, porque lo importante es hacer que tú te sientas bien. Ser un poco más compasiva con Akane, ya sea en tu actitud y comentarios, es lo menos que puedes hacer, ¿No crees? - Por la cara de su esposo, supo que si volvía a replicar iba a convertirse en una pelea y a Kasumi le disgustaban las peleas, así que mejor prefirió dejarlo para otro momento.

- Señores, tenemos una situación, así que mientras la resolvemos, es importante que vayan a su habitación hasta nuevo aviso. - Dijo un hombre de seguridad al entrar de prisa al comedor.

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- ¡Todos, a sus habitaciones, ahora! - gritó otro de seguridad a los empleados de servicio. Con ellos no se tomó la molestia de ser gentil.

- ¿Qué está pasando? - Tomeo dejó su cena en el comedor de empleados, indicándole con la mano a su madre que acatara las órdenes.

- ¡Obedece Matsubara! - gritó el elemento tratando de tomarlo de la camisa y empujarlo, pero ni siquiera llegó a rozarlo, al contrario, el de trenza lo tomó a él.

- Por si no sabías estoy a cargo de las funciones del mayordomo en cuanto a la seguridad de la señorita Akane. - El hombre se tambaleó al ser soltado y con cara de no saber que hacer, pues sabía el poder que ese puesto conllevaba, habló.

- No sabía Matsubara. - con un gesto de cabeza pidió disculpas y avanzó fuera del lugar seguido por el artemarcialista. - sonó la alarma hace una hora, pero no encontramos nada, pensamos que había sido falla de sistema, pero cuando volvió a sonar hace media hora y luego hace quince minutos... estamos seguros que hay alguien merodeando dentro de la propiedad. Dicen que pudieran ser los mismos que se la llevaron a su secuestro, no dejaron ni una sola huella.

Ranma ni siquiera se molestó en explicar nada, simplemente corrió hasta la habitación de Akane. Él la había sacado de su cuarto para el secuestro, pero eso no significaba que fuera el único que podía hacerlo de manera limpia y sin rastros. Ejemplo era Ryoga que en antiguos tiempos había hecho ese tipo de trabajos, y con lo enojado que lo vio la última vez, bien podía ser él.

- A un lado. - le dijo a los dos guardias que custodiaban la puerta. Con duda, ambos se movieron. Ranma entró y cerró tras sí.

La luz de la habitación estaba encendida, había completa claridad y Akane con rapidez se había sentado sobre la cama.

- ¿Qué pasa? - Preguntó sosteniendo las cobijas contra su cuerpo con los ojos rojos, prueba de que ya estaba, al menos dormitando cuando lo oyó entrar.

- Voy a revisar la habitación. - Le advirtió.

Akane lo vio meterse al baño, salir de ahí, entrar al cuarto del closet e inspeccionarlo a detalle, buscó bajo la cama y tras los biombos que adornaban una esquina de la habitación.

- Señor de ojos azules. - lo llamó.

- Ya te dije que no me digas así. - El joven la miró con molestia. Luego de lo que parecía podía ser un conciliador encuentro y la entrada repentina de Ryoga, Matsubara se había ido por el lado seguro y la había puesto a entrenar, entonces, Akane había decidido obedecer sin más, ambos pensando que era el camino más seguro y cómodo para esa extraña relación. - Maestro Matsubara, por favor. - recalcó como debía llamarlo, ella había agarrado manía a nombrarlo "Señor de ojos azules", aunque él hubiera negado la identidad un millón de veces. - No sé porque me sigue llamando así, me está confundiendo con alguien más señorita - Declaró.

- No creo... - Ranma alcanzó a oír ese susurro, pero no dijo nada. - ¿Qué está pasando? - se encogió en la cama.

- Hay una alerta. Solo es mejor estar seguro. - dijo por fin al terminar su inspección. Luego miró a su alrededor y decidió tomar asiento en un sofá en la esquina del cuarto delante de los biombos.

- ¿Te quedarás aquí?

- Si, y ya le dije también que me hable de usted.

- No quiero... - lo miró encaprichada.

- Terminarán por correrme y será tu culpa. - La señaló con el dedo. Ranma estaba muy concentrado en mantener su papel profesional, pero nada más comenzaba a discutir con ella como cuando hablaban en la obscuridad de aquel encierro como amigos y se le olvidaba.

- No creo que te vayan a... - El joven le hizo una seña para que guardara silencio, su cara había cambiado drásticamente a serio. Le hizo otra señal para que se moviera rápido hasta él, y al instante ella obedeció, Matsubara la tomó de los hombros y la puso tras las mamparas decorativas, haciendo que se sentara en el suelo indicándole de nuevo con una seña que no hiciera ni el mínimo sonido. Un ruidillo insistente en la ventana se oyó y Akane supo que eso era lo que lo había alertado.

Por una pequeña rendija entre hoja y hoja del biombo, Akane vislumbró como su ventana se abría y a un hombre entrar por la misma.

- Más vale que te largues de inmediato. - Advirtió Ranma antes de que siquiera el individuo hubiera notado su presencia. Tras unos segundos donde el sujeto lo miró sin comprender, retomó una pose segura. En la extraña máscara del hombre se perfiló una sonrisa torcida, desenvainó una cuchilla del cinturón y sin más se fue a atacar al joven, este golpe fue tan rápido que terminó por rasgar su camisa, dejándole una fina línea de sangre en el costado izquierdo bajo las costillas. Si Ranma no fuera lo suficientemente hábil y si no fuese tan rápido, el ataque hubiera sido fatal.

La muchacha Tendo apretó con fuerza sus manos sobre su boca, había estado a punto de gritar.

El joven instructor no tardó en regresar el ataque, apenas habían intercalado algunos movimientos y ambos individuos ya se habían calado lo suficiente para saber que eran buenos adversarios. El ruido incrementó y en cuestión de segundos los guardias entraron a la habitación, esa distracción hizo que Ranma acertara un golpe sobre el abdomen del intruso y luego otro sobre el rostro. Los desperfectos en la habitación eran evidentes.

- ¡Señorita Tendo! - El jefe de seguridad la vio por un costado del biombo y la llamó acercándose a toda prisa a ella para sacarla de ahí, sin embargo, el desconocido, alertado, ni siquiera se molestó en intentar regresarle los golpes al su adversario, tampoco las múltiples armas que lo apuntaban, solo saltó con dirección a la joven. El objeto decorativo fue roto por la mitad y Akane casi alcanzada si no fuera porque su maestro también se movilizó tacleando al tipo, ambos rompiendo la ventana con sus cuerpos, cayendo al jardín ante la mirada de todos los presentes.

- ¡Señor de... - Akane se mordió la lengua mientras corría al filo de la ventana rota. - ¡Matsubara! - gritó mirando hacia abajo.

- ¡Maldición Akane! - le gritó el aludido levantándose del césped, desde el jardín, apuntándola con el dedo. - ¡Te he dicho que no te pongas en peligro! - Le gritó para que se alejara de la ventana. Ella respiró tranquila, él estaba bien y el desconocido al parecer había huido.

- ¿Está todo bien? - Tofú preguntó asomándose por una de las ventanas perteneciente a una de las habitaciones contiguas a la de la menor. Akane se hizo hacia atrás al ser tomada de los hombros por uno de los guardias para alejarla de la ventana. De un instante a otro Matsubara había llegado de nuevo a la habitación en un solo salto.

- ¿Estás bien? - preguntó soltándose de Nagatsuki, el nuevo jefe de seguridad, mirando sin disimulo la rasgadura en el constado masculino.

- Por supuesto que estoy bien. - Solo era un rozón. La tomó del brazo movilizándose con ella fuera del lugar.

- ¿A dónde la llevas Matsubara? - preguntó el jefe, entre enojado por no recibir indicaciones y confuso.

- Este, al menos por hoy, no es un lugar seguro. - Él señaló con la cabeza la ventana rota, además de todos los daños en la habitación. - Ella va a estar donde yo pueda tenerla vigilada. De preferencia el lugar más aislado de la casa.

- Puede ser la biblioteca. Solo tiene un tragaluz en el techo, pero por el resto de sus paredes, está franqueada por otros espacios de la casa. - Contestó el hombre sin oponerse.

.-.-.-.-.

- Señor de ojos azules.

- No me llames así. - Dijo sin abrir los ojos, sentado en la alfombra de la biblioteca, recargado contra el sillón donde estaba acostada ella; Akane sobre el mullido sofá estaba recostada, tapada con una manta.

- No vas a dejar que me pase nada, ¿Verdad?

- No.

El silencio se extendió por varios minutos. La joven solo mirando el resplandor tenue de la lámpara, se preguntó por un momento si sentiría miedo si se apagara, no es que quisiera hacerlo, pero, él estaba allí, y si él estaba no temía de la obscuridad.

- Si no eres tú, ¿Porque no siento miedo? - él no respondió, no tenía respuesta a eso, era como si él le preguntara a ella ¿Cómo es que contigo me siento en paz? - Sé que eres tú.

- Duérmete de una vez. - No dijo que fuera así, pero tampoco dijo lo contrario y Akane se dio por aludida, como esa misma mañana cuando se reencontraron oficialmente.

- Pe...

- Buenas noches Akane. - La chica, dibujó una tenue sonrisa en su rostro. La había llamado por su nombre, de nuevo, y sin tener que sacarlo de sus casillas.

- Buenas noches, señor de ojos azules. - Mencionó cerrando los ojos. Solo por esta vez, "Tomeo" decidió no negarlo, mientras un gesto de alegría se formaba en su rostro.

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ACLARACIONES

-El traje samurái que cargaba Sasuke como castigo, puede llegar a pesar 17kg o más.

N/A

Si, ya sé me he tardado un montón, no crean que no lo sé, lo peor es que a los capítulos solo les faltan detalles xD, pero tengo mucho trabajo y estoy algo frita mentalmente. Por cierto, creo que no le quedan ya muchos capítulos a esta historia.

¡Ah! y antes de que se me olvide, ¡Que larga quedó esta entrega!

Gracias a todos los que siguen apoyando a esta loca autora, en especial a:

- Arianne Luna

- Vero Guti

- Kris de Andromeda

- gatopicaro831

- Benani0125

- Juany Nodoka

- D-Infinity

- Lelek An3li

- Bealtr

- justkiyo,ana192

- Psicggg

- Bayby Face (x2)

- AbiTaisho

- Erlyn Ortiz

- Akai27

- Rosejandra

- Rowenstar,art

- Grace

- Vane

- SARITANIMELOVE

- roxbonita,x27

Gracias a todos, de este lado del cibermundo, AkaneMiiya.