Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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―Creo que sería más entretenido escuchar tus conjeturas ―se ríe Edward mientras camina hacia la ventana y se sienta cómodamente en el alféizar. Cruza los brazos sobre su pecho, divertido por la cara que hago mientras trato de adivinar.
―Hmm ―reflexiono―. ¿Fuiste mordido por una araña radiactiva?
Se ríe y luego hace una mueca de confusión.
―No estoy seguro de cómo el Hombre Araña es específicamente el maestro de la autodefensa, pero continúa.
―¿Policía jubilado?
Él niega con la cabeza.
―Soy demasiado joven para jubilarme a los treinta y siete ―explica y se mueve para que pueda sentarme a su lado.
―Mi papá tenía los años para jubilarse cuando murió ―comento―, pero probablemente todavía estaría trabajando si no fuera por el accidente.
―¿Era un policía? ―pregunta Edward, su voz suavizándose mientras descubrimos más capas el uno del otro.
Asiento con la cabeza.
―Uno muy bueno, también.
Edward toma mi mano, llevándola a su boca para besarla en el dorso.
―Sería un honor compartir la profesión con él, pero no. No un policía.
Me giro un poco, así que estoy de pie frente a él, sus ojos observan cómo la distancia entre nosotros disminuye con cada movimiento que hago.
―Bueno, eres impecablemente hábil en ciertas cosas. Y rápido —digo, mis brazos deslizándose por su pecho mientras sus piernas se mueven para que pueda pararme entre ellas. Sus manos, antes apoyadas contra el alféizar de la ventana, encuentran mi espalda baja y suavemente me empujan más cerca de él―. Fuerte.
―¿Como el Hombre Araña? ―Su risa es baja y ronca contra mi mejilla. Esta vez me alejo, golpeándolo ligeramente en el pecho.
―Oh, ¿así que ahora ves las similitudes? ―me río, pero me atrae hacia él antes de que nuestra conversación vaya más lejos.
Y estoy completamente bien de que me distraiga con su boca, especialmente cuando su lengua hace esa cosa contra la mía que me hace jalar de las puntas de su cabello mientras la intensidad entre nosotros se vuelve imposible de ignorar.
Sé lo que está haciendo. Sé que se está conteniendo, dándome lo suficiente para mantenerme satisfecha y cómoda. Él sabe que hay límites que no está seguro de que esté lista para cruzar todavía, y eso hace que esas líneas se difuminen un poco más cada día. Se aleja cuando mis dedos se entrelazan a través de su cabello, sus labios dejan los míos para descender por mi mandíbula, hacia mi cuello debajo de mi oreja.
―Boina Verde ―murmura contra mi piel, su barba de dos días me quema la piel mientras sus labios y su lengua me dejan sin aliento.
―¿Ejército? ―En este punto, solo soy capaz de pronunciar una palabra a la vez mientras nuestros cuerpos se presionan uno contra el otro, Edward está de pie desde su lugar en el alféizar de la ventana. Lo siento asentir, descansando su frente contra la mía mientras tratamos de recuperar el aliento.
―Lo fui. Serví mis años y volví a casa cuando mi familia me necesitaba.
―¿Aquí en Forks? ―Nuestros dedos se entrelazan mientras nos acomodamos.
―En la ciudad. Carlisle, mi padrastro, se había enfermado y no quería que mi mamá estuviera sola. Así que terminé mi servicio y pasé mucho tiempo con él y mi mamá antes de que él muriera.
―¿Aquí en la cabaña?
―La cabaña era de Carlisle ―explica Edward, sentándonos a ambos en el alféizar de nuevo―. Él me la dejó a mí. Apropiado, ya que desde que era un niño me traía a la cabaña, y sabía que me encantaba estar aquí.
Es fácil imaginar a Edward como un niño pequeño aquí; los senderos, el lago y el aire libre son el sueño de un niño. Puedo decir fácilmente que es igual de purificador para mí como adulta.
―¿Cuáles son las probabilidades? ―Sacudo la cabeza con incredulidad―. ¿Yo, un ama de casa que huye, y tú, un ex boina verde de las fuerzas especiales, viviendo uno al lado del otro?
Edward se ríe.
―¿Destinado a suceder? ―susurra, su brazo se envuelve alrededor de mi cintura para acercarme a él y poder dejar un beso en la parte superior de mi cabeza.
Tal vez no esté equivocado, tal vez sea tan cliché como suena que todo sucede por una razón.
―Supongo que sí ―respiro. Giro la cabeza para mirarlo―. Convénceme.
Así que lo hace.
