En un impulso, sin separar sus labios, una de las manos del rubio bajó hasta la entrepierna de la azabache. Comenzó jugando por encima de su ropa pero sin poder detenerse ahí, metió su mano y comenzó a jugar pasando el movimiento de su dedo índice de una forma circular a de arriba hacia abajo sin detenerse.

Hinata terminó con el beso al reprimirse y soltar un pequeño gemido presionando más la camisa del rubio.

—Pensé que no querías hacerlo, pero al parecer disfrutaste eso eh... —Susurro a su oído después de dejar un pequeño beso.

—Naruto, yo no... —Nuevamente fue interrumpida por el rubio al juntar sus bocas una vez más.

Él mordía su labio superior mientras que ella besaba el labio contrario, Hinata no tenía problemas al seguir con aquellos besos profundos, le encantaban. Amaba esos labios suaves color durazno que podría jurar, tenían un sabor dulce y adictivo. Una vez más, ambos buscaron distancia para poder tomar aire. Su rostro ya se encontraba de un color rojizo casi intenso. La palma del rubio subía lentamente juntando sus labios nuevamente. Llegó a sus pechos y comenzó a masajearlos de forma suave y cuidando no lastimarla, el camisón que la Hyuga tenía puesto era lo suficientemente delgado como para sentir la excitación de sus pezones siendo tocados, empezando a sentir vibraciones electrizantes por todo el cuerpo.

La azabache no se estaba resistiendo, si todo iba igual de bien el rubio podría llegar hasta el final. Comenzó a creer que esos miedos solo eran sus pensamientos jugando con él. Pobre débil.

Para poder tener un mejor tacto de aquellos pechos blandos que tanto amaba, levanto su camisón con intención de desprenderlo. En cuanto Hinata lo capto, el rubio sintió los brazos de la azabache apartarlo de una forma brusca.

Hasta aquí había llegado.

—Hinata... —Mencionó después de un silencio incómodo. Dio una vuelta buscando la mirada desviada de la ojiperla.

Sin darse cuenta ya se encontraba debajo de la mirada intensa de aquellos bellos ojos azules penetrantes. Esos ojos que hace un par de años con solo verlos causaban una montaña rusa de sensaciones en ella, de los cuáles ahora se sentía afortunada por despertar y ser lo primero que su vista encontrará. Se encontraba avergonzada por lo que acababa de pasar.

Se separo de ella y se sentó a un lado ¿De verdad lo había apartado? Suspiro dos veces y volvió a llamarla. La azabache que se encontraba apenada escondida bajo la manta se volvió para mirarlo.

—¿Qué esta pasando? ¿Estas bien? —Acaricio su mejilla.

—Y-yo, lo siento mucho. —Bajo la mirada y tomo las manos del rubio.

—¿Fue mi culpa? ¿Estas enojada? ¿He hecho algo? Quiero saber que esta pasando. ¿Estas así por nosotros? ¿Crees que nuestra relación no está funcionando? ¿Me vas a dejar? —El rubio comenzó a sollozar y a atacar con varias preguntas sin siquiera darle tiempo a la Azabache para poder responderlas. Ella no sabía ni como calmarlo. —Sé que hay algo que te incomoda, por favor dime si hice algo. ¿Es por mi trabajo? Sé que no estoy mucho en casa últimamente, pero sabes que lo único que deseo es protegerte a ti, a nuestros hijos y a toda la Aldea. —No paraba de hablar así que la azabache mejor optó por dejarlo acabar de decir todo lo que lo tenía intranquilo.

Una vez que acabo, miró a la azabache directamente a los ojos. Su expresión sería lo hizo tragar saliva, presiono los puños al ver sus labios que estaban por comenzar a moverse, sin embargo, una risa fue lo que recibió. ¿Se estaba burlando?

—Naruto, eres el hombre más noble y honesto que conozco, sé que nunca me harías daño alguno. ¡Jamás podría estar enojada contigo! Tú eres quien debería estarlo... —Confesó. —Perdón por haberte apartado de esa manera. —El rubio la miraba confundido, sintiendo alivió antes sus palabras pero no del todo. —Perdón por haberte preocupado de esa manera, no fue mi intensión... —Susurro lo suficientemente alto para ser escuchada. —Nada de lo que dijiste tiene que ver. Sé que adoras tú trabajo como Hokage, era tú sueño desde niño y lo lograste, ahora eres el hombre más respetado de la Aldea. Siempre te apoyaré, así que no te preocupes por ello... Sé que estás demasiado ocupado con los asuntos de la Aldea, fue egoísta haberte puesto una preocupación más... —Suspiró.

—Tienes razón, mi mayor sueño era ser Hokage. —Naruto tomo su rostro con ambas manos y lo acerco para poder besar su frente. —Pero sea cual sea la circunstancia, tú y mis hijos serán mi mayor prioridad. —Volvió a besar sus labios, no apasionadamente, sino un beso tierno que le hiciera saber a la azabache que lo que decía era verdad. —Pero sigo sin saber que es lo que te molesta.

Ambos se conocían bastante bien, no se podían ocultar nada, aparte también era su promesa.

La azabache se vio derrotada y aceptó.

—Es algo muy tonto. —Titubeo. —No quería que vieras las marcas...

《¿Eh? ¿Marcas? 》

El rubio no entendía lo que pasaba.

Levanto su camisón poco a poco y bajo él, en su abdomen pálido se encontraban algunas vetas rojizas y hundidas en su piel. Sus nervios se elevaron al sentir la mirada fija del rubio sobre ellos. No pudo más y volvió a cubrirlas. Aparto su vista, no podía mirar a su esposo a la cara, se sentía demasiado apenada.

Después de un silencio no incomodo, la sorprendida fue ella al escuchar la carcajada salir del rubio. Sus mejillas se pusieron coloradas y no sabía cómo reaccionar.

—Perdón, perdón... No me quise reír. Solo que, no me lo esperaba.

—Son feas, no me gustan. —Suspiro. —Visite a Lady Tsunade y me dio un ungüento para desvanecerlas. Su efecto es tardado y esperaba que desaparecieran para poder estar contigo. No quería que te preocuparas por cosas tontas cono estas, lo siento...

Naruto con una rostro serio,bbajó ambas manos y levantó el camisón para poder verlas una vez más. Acercó su rostro y comenzó a seguir aquellas marcas con el dedo de una forma lenta y suave provocando temblores en la chica.

Él sabía que ella chica había crecido bajo ciertas reglas y bajo ciertos estándares que la sofocaban. Así que no la culpaba, aunque había superado aquellas inseguridades, sabía que algunas nuevas aparecerían.

—Puede que estas marcas sean horribles para ti. —Dejó pequeños besos por toda la piel de su abdomen. —En cambio, para mí son importantes. Comprueban que me diste una familia, ¿no es cierto? Una muy hermosa. No deberías sentirte insegura por algo así... Todo lo que venga de ti, lo es todo para mí. —Hinata comenzó a soltar pequeños gemidos, comenzaba a sentirse extraña y acalorada. —Por eso Hinata, hoy déjame demostrártelo.

Ella asintió con una sonrisa que expresaba lo dichosa que sentía.

Sus rostros rojizos solo se separaban para tomar aire y después volver a acortar el espacio entre sus labios.

—Tres dedos. —Exclamó el rubio mientras los metía de forma suave y lenta en ella, presionando cada punto solo para poder ver el rostro de satisfacción de su esposa.

Ambos desnudos sobre la cama, soltó un gemido al sentir la mano de la azabache presionar su miembro, la cual hacia movimientos de arriba hacia abajo para después mover el dedo en círculos sobre la cabeza. El último toque y el rubio de corrió.

Volvió a colocarse sobre ella cuidando no dejar caer su peso por completo. Coloco las delgadas piernas de la azabache sobre sus hombros. Ambos se miraron fijamente y ante la sonrisa de la chica, Naruto colocó su miembro entre su entrepierna metiéndolo poco a poco hasta que entrara por completo. Comenzó a moverse lentamente mientras el sonido de su piel chocando entre sí, lo exitaban aún más. Sus fluidos corporales se mezclaban y sus olores también. Era embriagador.

Acerco su rostro a la chica y mientras seguía moviéndose le susurró. —Hinata... Promete que... no volverás a guardarte las cosas para ti. Somos una pareja, es por eso que tú me sientes y yo te siento ahora mismo. Somos uno solo, ¿entendiste?

Ella solo respondió abrazando sus caderas con sus piernas y frotarse aún más fuerte con el hombre.

Sus respiraciones aceleradas, su rostro rojizo, sus gemidos retenidos. Ella también quería hacerlo. ¿También se estaba acumulando? Fue cuando el hombre recordó esos pequeños sollozos de la azabache a la mitad de la noche, no estaba llorando, estaba gimiendo. Acaso...

—Hinata, ¿te has estado satisfaciendo a ti misma?

—Ti-tienes razón, pero... —Tomo aire. —Eso ya no será necesario, ¿verdad? —Mostró una leve sonrisa engreída.

—Tienes razón...

Hinata sintió una mano masajeando su pezon y pellizcandolo. El otro estaba siendo succionando y mordido lentamente por la boca del rubio después de haber sido recorrido por toda su lengua. Su espalda se levantaba a causa de todo el placer que estaba sintiendo.

—¿Pu-puedes hacerlo más fuerte?

Sorprendido la miro y así lo hizo. Cada vez la embestia más y más fuerte. El dolor de placer era demasiado, tanto que lágrimas salieron de la azabache. El olor de la habitación era embriagador y los gemidos de Hinata eran música para los oídos del rubio. Anhelaba escucharlos una vez más.

—Me voy a correr...

—Hagámoslo juntos... —La azabache lo miro y le dio un beso en los labios. —Te amo...

—También te amo. —El rubio asintió y sus embestidas superaron su fuerza. No paso mucho tiempo para que los fluidos del rubio se soltaran todos dentro el útero de la chica haciendo que un último gemido saliera de sus labios.

Un rayo de luz golpeó el rostro de la azabache. Despertó sobre los brazos del rubio y su mirada fija en ella.

—Buenos días. —Ella oculto su rostro en el pecho del chico avergonzada recordando todo que había pasado.

Tomo su rostro con delicadeza y beso su frente.

Quería dejarle en claro a Hinata que la amaría con todo y todo. Su compañera, su confidente, su mejor amiga y el amor de su vida; como se lo prometió después de la misión al salvar el planeta de ser destruido por la luna. Él estaría con ella hasta el último día de su vida.