Capítulo treinta
Tiempo atrás
Susana sonreía, era incapaz de ocultar la felicidad que sentía, finalmente sus esfuerzos darían fruto, quien lo diría, tenía que admitir que en conclusión actuar como una aburrida mojigata le salió mucho mejor de lo que esperaba, deberían darle un Oscar, todo fue incluso más fácil de lo que ella misma espero.
Su madre estaba impaciente, claro cuando no, ella siempre exigiendo, estaba realmente cansada de sus demandas, nunca estaba conforme, siempre quería más, en muchas ocasiones tenía que admitir para sí misma que la odiaba, casi tanto como la amaba, era su madre, al fin y al cabo, pero no podía dejar de culparla por todo lo que tuvo que perder y sacrificar por ella.
Recordó el breve tiempo en que pudo ser totalmente feliz, cuando era aún demasiado pequeña, pero claro su madre no podía conformarse y terminó desesperando a su padre, no bastándole con eso, se encargó que cualquier posible relación con él también fuera dañada, ahora que podía ver en retrospectiva entendía que nunca debió permitir que su madre la usara para sus exigencias, eso terminó distanciándolo más, hasta que finalmente dejo de tratar de compartir con ella.
Pero ella era una niña, que le costaba a ese ingrato egoísta luchar por ella, alejarla de su madre, él sabía que ella era una mala persona y aun así prefirió seguir su vida, volver a casarse y olvidarse de ellos, seguía justificándose la rubia.
Pero claro debía recordar que cuando ya estaba un poco mayor su padre trató de entablar una relación, recuperar a su hija, pero Susana estaba ya obsesionada con Terry, por lo que no le interesaba nada más que estar cerca de él, aunque este no le diera ni la hora.
Luego estaba su hermano, Ethan nunca la abandonó, pese a todas sus artimañas, el siempre apostó por ella, hasta el final, nunca se dio por vencido en tratar de protegerla, incluso de ella misma, pero ahora ya nada de eso importa, al final tendría a Terry, que era lo único que siempre deseo, en esta ocasión no permitiría a su madre arruinar su felicidad.
Porque si ella comenzaba con sus manías y le metía en dificultades con él, así como hizo con su padre, entonces tendrían problemas, puesto que no estaba dispuesta a perder a Terry, así tuviera que mandar por un tubo a su propia madre, "bien merecido se lo tendría, ella es la culpable de todo a final de cuentas", se decía a sí misma la rubia.
Y es que sin importar todo lo sucedido, Susana era incapaz de responsabilizarse por sus propias acciones u omisiones, ya que, si bien es cierto, su madre es culpable de muchas cosas, ella misma también lo era, puesto que una vez tuvo conciencia de que estaba actuando mal, pudo alejarse y, al contrario, siguió haciendo lo mismo y a sabiendas su comportamiento fue aún peor.
Comenzó a vestirse, Reese pasaría por ella pronto, su rostro dibujó una fea mueca de disgusto, detestaba al tipo, era totalmente asqueroso, que importaba que tuviera dinero, ella lo odiaba, pero no tenía más opción que seguir los planes trazados por su madre, necesitaban toda la ayuda posible, cuando finalmente Terry fuera suyo podría mandar al desagüe a todos aquellos que ya no necesitaría.
No fue barato conseguir las fotos, por ello elegirlas fue fácil, el fotógrafo era un experto, más valía con todo lo que había cobrado, pero merecía la pena cada centavo, las imágenes eran oro puro y ella se encargó de que llegaran a la persona correcta, tanto tiempo esperando pacientemente, por más que investigó, no consiguió nada de la dichosa novia de Terry, hasta que el providencialmente dejo su teléfono desbloqueado sobre la mesa.
En el momento en que ella se apoderó de él, no dudó en obtener la información que necesitaba, tomo una foto de los datos de contacto de la tal Candy, solo estaba su nombre y número, ni una foto, ash que rabia no conseguir más, pues seguía sin conocer a la simplona esa, era un pequeño, insignificante inconveniente, pero no importaba, que va, ahora que tenía su número fue fácil conseguir un teléfono y enviarle las fotos.
Ella se aseguró de enviar las más comprometedoras, estaba segura de que con eso su camino quedaría libre, que más daba tener que aguantar un poco más al desagradable y depravado de Reese, era una suerte que sus fijaciones no incluían tocarla, no entendía su obsesión por grabarla y fotografiarla sin apenas ropa, pero que más daba, no le importaba siempre y cuando ella resultara beneficiada, además nadie más que el veía ese material, al menos eso pensaba ella.
Durante esos días notó extraño a Terry, supuso que era por los reclamos de la noviecita, tenía preparado todo un espectáculo, pero él nunca le reclamo nada, apenas y logro que le respondiera algunos mensajes, todos muy corteses, pero siempre muy ocupado para verla, cansada y con poca paciencia lo siguió hasta su nuevo departamento, no entendía porque ahora vivía en este lugar, el anterior era mucho mejor.
Esperaba que lo que le había dicho la novia de Terry fuera mentira, no quería ni imaginar que él no contaba con los recursos económicos que ella y su madre necesitaban, pero, que más daba, igual lucharía por quedarse con él, así tuviera que mandar a volar las ideas de su madre.
―Susana, ¿Qué haces aquí?
―llevas varios días demasiado ocupado, quería verte, te he extrañado mucho.
―lo lamento, pero realmente no he tenido tiempo y el poco que me queda lo aprovecho para compartir con mi novia.
―pero Terry, yo también te necesito, acaso no importa lo que siento, lo nuestro.
― ¿lo nuestro?, de que hablas Susana, no hay, ni hubo ni habrá un lo nuestro, tú y yo solo tenemos una relación en memoria de mi mejor amigo.
― ¿Cómo puedes ser tan cruel conmigo?, ―preguntó con dolor la rubia.
―no lo soy, simplemente he expuesto un hecho, nunca te he mentido, no hay razón para tus palabras.
―tú sabes que te amo, que siempre te he amado, he esperado por ti durante años, acaso el hecho de que ahora tienes novia te ha hecho olvidar tu deber conmigo.
―el único deber que tengo es con mi prometida.
― ¿prometida?
―si Susana, mi prometida, ella y yo nos vamos a casar.
―eso no puede ser cierto, debes estar bromeando, tú tienes que estar conmigo, es tu obligación, ―reclamó la rubia con los ojos inundados y la rabia e incredulidad a flor de piel.
―mi única obligación es con mi prometida, ya te lo dije, si alguien tiene derecho a exigirme cumplir con mi deber es ella, nadie más, ―Terry estaba inconforme con no decirle que en realidad Candy era ya su esposa, pero se contuvo y siguió con lo que su pecosa le pidió.
―estas alejándome de tu vida por ella, eso haces.
—lo lamento.
—al contrario, Terry, quien lo lamenta soy yo, ―las lágrimas corrían por las pálidas mejillas de la rubia.
—así es como tiene que ser.
—lo dices tan fácil, como si dejar atrás todo lo que hemos compartido, todo lo que vivimos, los recuerdos, todo aquello que superamos juntos, todo lo tiras a la basura por…
—por favor detente, no te hagas daño.
—el que me hace daño eres tú, ¿cómo puedes hacer esto, o, mejor dicho, ¿Cómo me dejas por cumplir con un deber?, estamos en el siglo XIX acaso, ―Terry trató de controlar el impulso de rodar los ojos ante la doble moral de la rubia.
—adiós.
—te arrepentirás, ya lo verás…, un día entenderás.
000
En Chicago un rubio llevaba varios días refunfuñando, sabiendo que se acercaba la fecha en que su querida hermanita tenía planeado viajar para mudarse finalmente a New York, en un inicio llegó a pensar que lograría evitar estar separado de ella, pero que equivocado estaba, no contaba con la tenacidad de la rubia pecosa, quien logró terminar sus clases, y exámenes antes de tiempo, ahora le tocaba solo verla partir.
Le tocó acompañarla al aeropuerto, ella dispuso salir antes de la fecha planeada, sabía que sus queridos primos también pondrían el grito en el cielo y que la despedida seria dolorosa, por lo que se apresuró a salir de forma casi clandestina, nana Pony con tía María se despidieron en casa, deseándole muchas bendiciones y recordándole que llamara.
Ahora viéndola tomar su maleta para dirigirse a la puerta para abordar, una parte de su corazón se desprendía para ir con ella, su pequeña, como dolía, pero por mucho que le disgustara verla partir, sabía que solo podía apoyarla, después de unas palabras y un fuerte abrazo, tocaba despedirse.
—te amo pequeña, no lo olvides, sin importar que, siempre puedes volver a casa conmigo.
—lo sé, también te amo Bert, hasta pronto.
La observó hasta llegar a la puerta de embarque, la vio voltear a verlo y lanzarle un beso, luego se perdió de su vista, dejo que sus ánimos se sosegaran un poco, tomo su teléfono y llamo a George, quería saber cuánto faltaba para completar todo aquello que estaba esperando, la respuesta le agradó, ahora más tranquilo volvió a casa, iba a tener que llamar a Stear, Archie y a su tía Janice, su pequeña revoltosa le dejo tremendo lio al tener que lidiar con sus preocupados primitos.
000
Candy estaba ya con sus maletas lista, apenas salió del área de control soltó todo y corrió hacia su amado Terry, quien la esperaba sonriente con los brazos abiertos, ambos estaban tan felices, no podían creer que finalmente estaban juntos, el castaño especialmente se recriminaba, estuvo a punto de perder a su amada pecosa, todo por no haberse dado cuenta a tiempo de las intenciones de Susana.
De solo recordar lo sucedido sentía que la sangre le hervía, no supo ni como pudo contenerse de no reclamarle a la rubia, su madre y su pecosa se lo impidieron, agradecía el haber escuchado a Candy, cuando ella le explicó cómo prevenir un problema mayor.
000
Días atrás
—sé que actúas de forma correcta y que en ti no hay malicia, también sé que, a pesar de lo sucedido con ella y su madre, tu aun tienes la esperanza de que en verdad este mejorando y que lo que haces por ella, es solo en honor a tu amigo Ethan, pero amor, sucede que, aunque Susana sea su hermana, sabes también que no se parecen en nada en cuanto a su forma de actuar, por lo que tengo que pedirte un favor, —pidió Candy a su castaño.
—sabes que nada te voy a negar amor, dime, —respondió Terry.
—he hablado con tu madre y ella al igual que yo está preocupada y no confiamos en Susana, ni en su supuesto cambio, por más positivo que parezca, por lo que se nos ha ocurrido una forma muy sencilla para probar si sus intenciones son lo que ella dice, estoy próxima a reunirme contigo amor y no quisiera que nada empañase o pusiera en riesgo nuestro futuro.
—eres lo más importante para mí Candy, tu y nuestro hijo lo son todo, lo sabes, todo mi esfuerzo y empeño es por ustedes, si lo pones así, no objeto nada, mi prioridad es cuidarlos, dime que se les ocurrió.
—cuando hablé con ella, me di cuenta de que no sabe nada de mí, ni mi nombre, mucho menos como luzco, es algo bueno que nuestras redes sociales las tuviéramos protegidas y así evitar ese problema, ves lo que sucedió cuando extrañamente perdiste tu teléfono y de casualidad ella lo tenía, veremos si es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra.
—no comprendo.
—vas a crear un contacto que solo diga Candy, sin imagen, te estoy compartiendo el número que deberás ponerle, me avisarás cuando estes con ella, yo te llamaré con el número que tú vas a agregar y le dirás que es tu novia, que ella lo vea, luego dejaras tu teléfono desbloqueado y solo por unos minutos, entonces esperaremos.
—crees acaso que sea capaz, no puede ser tan ingenua de creer que puede hacer lo mismo dos veces.
—bueno, veremos cómo actúa, recuerda revisar bien tu teléfono cuando lo vuelvas a tener en tus manos y estes lejos de ella.
Terry siguió las indicaciones de su pecosa al pie de la letra, tenía la esperanza de… bueno, de algo que no fue, porque en la noche cuando estaba en videollamada con Candy, esta le mostró el mensaje y las fotos que recibió en el teléfono que ella obtuvo solo para ese propósito.
La evidencia era innegable, si el mismo no hubiera estado presente y saber realmente como sucedió todo, creería fielmente en las imágenes, él explicó a su pecosa lo sucedido en cada foto, ella aceptó sus palabras y dándole su confianza sin reservas, aunque se le notaba la rabia y enojo que le causaron las imágenes.
Terry confirmó una vez más que no era afortunado, no, él era bendecido de tener el amor de Candy, una mujer que confiaba plenamente en él, diciéndose así mismo que no le bastaría la vida para corresponderle como ella merecía, pero no pasaría un solo día en el que no le demostrara cuanto valía para él.
000
Terry sostenía con amor el rostro de su pecosa, no podía con tanta felicidad, finalmente estaban juntos, ella estaba en igual condición que él, se besaron tiernamente, sin dejar de sonreír.
―vamos pecosa, mamá nos espera.
―sí, vamos, muero de hambre, tu hijo no me dejo comer mucho temprano.
―mira nomas, como estas poniendo quejas es mi hijo, pero cuando son cosas buenas es nuestro, ―responde con una sonrisa de oreja a oreja el castaño, sin disimular ni un poco su alegría.
―estoy jugando Terry, en realidad si muero de hambre, los nervios del viaje sumado al embarazo no me han dejado comer bien desde ayer.
―no te preocupes pecosa, ya están aquí, me voy a encargar de cuidarlos muy bien, un banquete nos espera, ―Terry se apartó un poco de Candy solo para tomar sus maletas, las que estaban unidas a la más grande que tenía rodos, con una mano las sujetó y con la otra iba abrazando su mayor tesoro.
A lo lejos unos fríos ojos azules veían la escena, Susana estaba que no la calentaba ni el sol, observó a lo lejos el reencuentro de Terry y su novia, se retorcía en su veneno al ver la forma amorosa en que las manos de ambos se acariciaban el rostro, el modo tan caballeroso en que el tomo su equipaje y salió con ella de la sala de espera del aeropuerto.
Tal fue su shock que ni siquiera se le ocurrió seguirlos, como se había atrevido, quien se creía esa mujercita para tratar de robarle a Terry, nunca, ella no iba a permitirlo, él era suyo y nadie iba a apartarla de él, como que se llamaba Susana, "así tenga que desaparecerte intrusa", ―pensaba para si la rubia.
Continuará…
000
Hola, si, yo sé, tarde mucho en actualizar, me disculpo, no he estado bien de salud, de hecho aun no me recupero.
Espero les guste el capítulo que les he traído, tengan un feliz día, bendiciones.
