Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.
Personaje: William Dunbar, Aelita Stones.
Helado
William empujó la puerta del apartamento que se abrió con suavidad. A su lado, Aelita, no dejaba de temblar. Le preocupaba.
—Adelante, pasa.
Ella obedeció casi arrastrando los pies, desanimada, cansada, hecha polvo. Se la había encontrado sentada en el portal de su casa llorando a mares. Le sorprendía porque, si bien eran amigos, William no era una de las personas a las que solía recurrir.
—Lo siento.
—No te disculpes, mujer. Pasa, siéntate, estás en tu casa.
La observó avanzar hasta el sofá, con paso inseguro, y sentarse en él encogida sobre sí misma como si intentase ocupar el menor espacio imposible.
—¿Quieres tomar algo? ¿Café, té, helado?
—Helado —susurró.
«No hay nada como el helado para las penas» pensó él con una sonrisa. Era lo primero que debería de haberle ofrecido. No tenía una gran variedad, pero hacía un par de días había comprado un pack de tres tarrinas de helado de chocolate, suponía que le parecería bien.
William se sentó a su lado.
—No tienes por qué explicarme nada si no quieres —musitó ofreciéndole el helado y una cuchara—. Aunque si quieres puedo escucharte.
—Yo… lo siento.
—No hay nada por lo que debas disculparte.
Aelita le quitó la tapa al contenedor de helado de chocolate y tomó una pequeña cantidad con un punto de timidez, se lo comió sintiendo como aliviaba el ardor de su garganta, deseando que hiciese lo mismo con sus ojos irritados de tanto llorar.
—He pensado que tú podrías entenderme mejor.
Hizo un gesto con las manos invitándola a seguir hablando. Aelita tomó otra cucharada de helado, esta vez sin timidez alguna.
—He intentado hablarlo con Jérémie, con Odd y con Yumi, pero no saben entenderme.
Pero no con Ulrich, sentía curiosidad, aunque no preguntó.
—¿Por Lyoko?
—Sí, por Lyoko.
Eso era lo que ambos tenían en común, el haber estado atrapados en aquel mundo virtual. Ella libre, él bajo el control de X.A.N.A.
—Te escucho.
—A veces tengo sueños —susurró. William comprendió a lo que se refería al instante, aunque no hizo nada por interrumpirla—. Es como si Lyoko siguiera dentro de mí susurrándome al oído, recordándome lo que dejé allí. Que es mi hogar.
—Casi como si te reclamase.
—¡Sí! —exclamó animada, sabía que él la entendería—. Todos me dicen que es simple nostalgia y que es normal.
—Pero no tiene nada de normal.
Empezó a sentirse mejor, con el helado y sabiendo que él la entendía, que no estaba sola en aquello.
—Quiero que pare, pero no sé cómo hacerlo —continuó, ya no temblaba, se sentía mejor—. Jérémie me ha dicho que vaya a terapia, que no tiene nada de malo, y lo sé, pero no creo que la necesite.
—Yo tampoco lo creo. Aelita, sé que no somos los mejores amigos del mundo, aún y así, podemos hablar de esto siempre que lo desees. No te juzgaré.
Asintió con suavidad, podrían hablar de ello, ayudarse el uno al otro a curarse, a superar lo que Lyoko les había hecho. Porque aunque los demás no lo comprendieran Lyoko les había cambiado para siempre. Lyoko seguía dentro de ambos y se negaba a salir.
—Me gustaría mucho.
La próxima vez sería ella quien le invitase a helado.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! Ya sólo quedan seis para el final.
Espero que os haya gustado.
