Resumen: Mirabel crece en un pequeño pueblo, ella y su madre prácticamente sirviendo a su familia materna. Todas las noches su madre le cuenta historias sobre su padre que podía ver el futuro y sobre el maravilloso lugar donde nació: el Encanto. Papá Bruno AU
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
LA MADRIGAL PERDIDA
CAPÍTULO 12
Casita
Dos semanas después
A pesar de la manera en la que Mirabel había juntado a Dolores con Mariano, todo parecía estar saliendo mejor de lo planeado. El muchacho hasta parecía vivir en casita, llegaba temprano y se iba tarde de ver a Dolores en casita. Incluso la abuela tenía que echarlo para que pudiera irse a dormir.
Mirabel no podía estar más feliz: había recuperado a su familia, tenía un don, sus padres la amaban y los Acevedo se habían ido para siempre de su vida. Su tía le había confesado que "se equivocó" con los ingredientes de esos buñuelos y "accidentalmente" les había causado una intoxicación alimentaria a sus primos maternos cuando vinieron a exigir que la entregaran antes de que el pueblo los echara a tomatazos.
El solo recuerdo de esos monstruos cerca de ella le causaba escalofríos.
-¿Qué pasa, Mira? Te ves un poco seria- dijo Luisa mientras estaban charlando en la comida.
-No es nada- dijo Mirabel deshaciéndose de ese pensamiento y volviendo a sonreír a su preocupada prima- está todo bien-
-Que bueno, porque queremos ir a un picnic en el arroyo- dijo Luisa con una sonrisa- ¿quieres venir con nosotros? Nos iremos en dos horas, tan pronto como mamá termine de preparar los bocadillos-
-Claro, eso me gustaría mucho- dijo Mirabel asintiendo- déjame ir a decirle a papá…-
Mirabel se apresuró a subir a la torre esperando avisarle que se iría con sus primos, pero su padre no estaba ahí. Lo buscó en su propia habitación y tampoco estaba ahí. Después de buscar un rato pareció escuchar su voz en la entrada de la casa, así que bajó las escaleras tan pronto como pudo para decirle sobre el picnic.
Casita nuevamente la ayudó a bajar las escaleras formando una rampa para que la muchacha se deslizara y se acercó a su padre, quien le daba la espalda y miraba hacia afuera con las manos en la cintura, pero Mirabel se detuvo de golpe al escuchar su voz molesta.
-Ugh, no puedo creer que otra vez haya venido con lo mismo- gruñó Bruno.
Era la primera vez que Mirabel lo escuchaba hablar de esa manera. Se escondió detrás de una columna después de haberse detenido. Su padre estaba hablando con Pepa, quien se cruzó de brazos mirando hacia la misma dirección, también dándole la espalda.
-Bruno, sabes lo que piensan…-
-Lo sé, pero ella ya me tiene harto- dijo Bruno apretándose el puente nasal- desde que regresé a casa no ha dejado de quitarme el tiempo. Quiero recuperar el tiempo perdido, y estaba con María cuando llegó a interrumpirme-
Mirabel se cubrió la boca con las manos al escuchar eso. Esa mañana ella había interrumpido a sus padres porque había querido verlos, jamás se había imaginado que su padre pensara eso, que estuviera harto de ella. Sintió los ojos húmedos.
-Pepa, en serio ya no quiero hablar con ella y no me importa lo que el pueblo piense- dijo Bruno.
Mirabel no quiso escuchar más y se dio media vuelta para buscar un lugar para calmarse antes de de que sus primos fueran a buscarla para el picnic.
"Mi papá no me quiere", pensó ella con lágrimas en los ojos "papá ya está harto de mí y apenas me conoce".
A su mente regresaron los comentarios maliciosos que tantas veces había escuchando en Fuente Blanca de la boca de Armando y de Marcos.
¿A ti quién te va a querer, si eres hija de un monstruo?
Eres un fastidio, tu padre estaría harto de ti si tuviera que convivir contigo.
Tu padre te detestaba y por eso nosotros tuvimos que rescatarte.
Toda una vida de escuchar esos horribles comentarios de su tío y sus primos maternos la convenció de que su padre no la quería, que en realidad ellos habían tenido razón y su padre la odiaba a pesar de todas las veces que él le había dicho lo contrario. Quizá todo eso había sido una actuación, quizá al inicio su padre se apiadó pero ahora estaba harto de fingir que le importaba.
Se talló los ojos y subo a su habitación para prepararse para el picnic, necesitaba distraerse un rato con otra cosa.
No alcanzó a escuchar lo siguiente que Bruno dijo.
-Esa mujer aún no ha superado a un pescado que murió por falta de cuidado- dijo Bruno- no lo entiendes, Pepa, no quiero que me moleste cuando estoy con María o con Mirabel-
x-x-x
Más tarde
Camilo estaba seguro de que algo había pasado con su prima, pero aún no estaba seguro de lo que estaba pasando. Mirabel no parecía ser la persona alegre que realmente era cuando los alcanzó para ir al picnic, pero ella les aseguró que todo estaba bien. Cuando Bruno quiso despedirse de ella, Mirabel lo había ignorado y se había pasado de largo con una expresión que lo dejó muy preocupado.
-No es nada, Camilo, solo quiero relajarme- dijo Mirabel cuando su primo le había preguntado qué era lo que le pasaba- vamos al arroyo-
Camilo no dijo nada y la siguió sin siquiera quitarle la vista de encima. Gertrudis estaba en su bolsillo y parecía estar también preocupada, de tanto en tanto subía al hombro de Mirabel y lamía su mejilla, pero la muchacha la devolvía al bolsillo de su falda.
Esa tarde todos los nietos Madrigal, menos Isabela y Antonio, habían ido a un picnic al arroyo donde habían pasado la última vez. La mayor de los Madrigal había declinado la invitación diciendo que quería trabajar esa tarde en su huerto mientras que Antonio iba a darle un baño a Parce por insistencia de Pepa, ya que más temprano tanto el jaguar como el niño se habían llenado de lodo jugando detrás de casita.
Dolores y Luisa tendieron un gran mantel y todos se tiraron sobre ella con la canasta en el centro. El aire fresco pareció animar mucho a Mirabel, haciéndola olvidar lo que sea que la hubiera puesto de esa manera.
Pronto abrieron la canasta y sacaron la comida que tía Julieta les había enviado: arepas, buñuelos, alfajores, frutas y demás y comenzaron a comer. Camilo no pudo comer tanto como le gustaría porque no paraba de preocuparse por Mirabel, aunque ella parecía haber olvidado lo que la tenía preocupada.
-Mirabel- dijo de pronto Dolores- nunca te agradecí lo que hiciste por mí. Hacer que Mariano me notara, quiero decir…-
-Ah, yo no hice nada- sonrió Mirabel inocentemente- ustedes dos son el uno para el otro, por supuesto que deberían estar juntos. Solo necesitaran un ligero empujón-
-Y vaya empujón- rió Luisa.
-Sí, ¿y no agradeces a tu hermano?- preguntó Camilo ofendido- ¿sobre todo después de los zapes que recibí por culpa del entusiasmo de Mirabel?-
-Por no decir que Isa casi lo llena de espinas- dijo Mirabel riendo.
-Awww- dijo Dolores abrazando a cada uno de ellos con un solo abrazo y acercándolos a ella- ¡los dos son tan lindos!-
-Awww, estoy de acuerdo- dijo Luisa- desde que Mirabel llegó a la casa todo comenzó a mejorar: la abuela salió de su habitación para echar a esas horribles personas, nuestra primita está de regreso en casa y tío Bruno también regresó en vez de pasarla fuera todo el año-
Y ahí estaba otra vez y Camilo no lo había imaginado, la sonrisa de Mirabel se borró tan pronto como Luisa mencionó a Bruno. ¿Acaso había pasado algo entre ellos de lo que él no estaba enterado? Si apenas la noche anterior Mirabel había estado tan feliz con su padre y él con su hija.
Mirabel sonrió mientras que Luisa y Dolores comenzaron a charlar entre ellas y se puso de pie.
-Vengo en un momento, hay algo que quiero… ver- dijo Mirabel levantándose y caminando un poco para separarse de ellos. Camilo se sintió incómodo con la idea de dejarla sola, así que levantó del suelo para seguirla.
x-x-x
Al mismo tiempo
Tan pronto como escuchó de nuevo el nombre de su padre cuando Luisa lo dijo, Mirabel perdió su optimismo y borró su sonrisa recordando lo que había sucedido más temprano, su padre diciéndole a tía Pepa que ya estaba harto de ella. Su labio inferior comenzó a temblar y se dio cuenta de que iba a llorar delante de sus primos si no se levantaba y se iba.
Hizo una mala excusa y comenzó a caminar junto a la orilla del arroyo, alejándose un poco de sus primos para dejar un poco de espacio entre ellos.
Se llevó las manos a la cabeza y apretó los ojos. Una parte de ella le decía que su padre no la odiaba, que nunca había mencionado su nombre y que podría estar refiriéndose a otra persona, pero otra le decía que nadie la quería, que era normal que Bruno estuviera harto e ella.
Se tiró del cabello nerviosamente.
-Ugh…-
-¡Sabía que algo estaba pasando!- dijo una voz detrás de ella que hizo que diera un respingo de sorpresa. Al volverse se encontró con Camilo cruzando los brazos y apoyando su peso en su pierna derecha.
-¡Camilo! ¡Me diste un susto!- dijo Mirabel parpadeando para quitarse las lágrimas de los ojos y esforzándose por sonreír, pero era demasiado tarde: Camilo ya la había visto.
-¿Me vas a decir qué te pasa?-
-No me pasa nada- dijo ella sonriéndole- ¿por qué pasaría algo?-
Camilo entrecerró los ojos al escucharla decir eso antes de dirigirle una sonrisa traviesa.
-Sí, y yo soy la reina de las flores- dijo el muchacho antes de pasarle tomar sus hombros con sus manos- habla conmigo, Mira. Se supone que somos mejores, amigos, ¿no?-
-Claro que sí- dijo Mirabel- no me pasa nada en serio…-
El muchacho suspiró largamente y sacudió la cabeza, borrando su sonrisa.
-No soy tonto, Mirabel- dijo Camilo- claro que me doy cuenta de que algo no está bien contigo, no solo te puedo ver con los ojos hinchados y llorosos, sino que también me doy cuenta de que no eres la persona alegre que conozco-
Con lágrimas en los ojos, Mirabel se acercó a él y lo abrazó un tanto desesperadamente. El muchacho la abrazó de regreso acariciando la parte posterior de su cabeza.
-Está bien, Mira. Puedes contármelo…-
-Es que… es que… mi papá ya no me quiere…- dijo Mirabel.
-No digas ridiculeces- dijo Camilo.
-Tú no lo escuchaste… dijo que estaba harto y que solo lo molesto cuando está con mamá…- dijo ella con lágrimas en los ojos.
-¿Qué tío Bruno no te quiere? Mira, eso es imposible- dijo ella- tu papá pasó toda tu vida buscándote por toda Colombia, y solo regresaba a casa una vez al año para ver si tu puerta seguía aquí antes de regresar a buscarte. Yo vi a tu papá el día que te trajo a casa, nunca lo había visto tan asustado de perderte. Dejó atrás a tía María para poder llegar más rápido a casa para que tía Julieta te salvara… ¿cómo me vas a decir que no te quiere?-
Mirabel seguía sollozando mientras lo abrazaba. Camilo esperó a que sus sollozos se abatieran un poco antes de soltarla un poco para mirarla a los ojos.
-Seguramente todo fue un malentendido- dijo Camilo- si tuviera que adivinar sería que estaba hablando sobre esa señora que ha estado molestándolo la última semana para reclamarle sobre una visión que tuvo hace muchos años sobre un pez que murió-
La muchacha se sintió estúpida al escuchar eso. ¡Por supuesto que su padre la quería! Todos lo habían visto, y ella lo había sentido! Sus abrazos apretados y sinceros, sus sonrisas y el miedo que tenía de que no lo quisiera. Lo orgulloso que estaba con ella con su don y cómo se había preocupado por ella cuando se había desmayado.
-Lo siento…- dijo ella frotándose los ojos para limpiárselos- fui una tonta-
-Sí, pero te queremos igual- le dijo Camilo con una sonrisa brillante- no te preocupes, vamos a regresar a casa y le vas a explicar a tu papá lo que pasó, ¿te parece bien? Y tío Bruno te va a abrazar y apretujar tan ridículamente que vas a pedirle que te suelte…-
-Nunca- dijo Mirabel recordando con una sonrisa los abrazos de su padre, y lo mucho que le gustaban.
-Bueno- dijo Camilo tomándola por los hombros para hacerla darse media vuelta y comenzó a empujarla de regreso a donde sus primas estaban aún con el picnic- regresemos con las chicas antes de que Dolores…-
Pero Camilo se interrumpió y, para cuando Mirabel se giró para ver que pasaba, su primo estaba tendido en el suelo boca abajo. Y eso no fue lo más preocupante. Con horror vio que Marcos y Armando, sus primos maternos, estaban ahí forzando a Camilo a ponerse de pie a pesar de que estaba aún aturdido.
-AAAAAAAAAAHH…-
Tardó unos segundos en reaccionar, pero Mirabel gritó con todas sus fuerzas e intentó echarse a correr hacia donde estaban sus primas: pensando en que seguramente Dolores la escucharía y Luisa podía acudir a ayudar a Camilo, pero otra persona la atrapó por la cintura y la levantó del suelo con facilidad.
Al volverse vio a Carlos Sandoval, el mejor amigo de Marcos, atrapando sus brazos contra su torso y arrastrándola de regreso a donde estaban los otros dos.
-Ah, aquí estás por fin, Valentina- dijo Armando tomando a la muchacha por el mentón y haciéndola levantar la mirada- no te preocupes, te llevaremos de regreso a casa-
-¡No!¡Déjenme!- exclamó Mirabel tratando de soltarse. Camilo aún estaba aturdido y no reaccionaba. No sabía que hacer, no sabía cómo soltarse ni cómo ayudar a su primo.
Aún pensaba en eso cuando sintió que la tierra comenzó a moverse bajo los pies de Carlos y su corazón dio un vuelco.
"Luisa va a rescatarnos", pensó esperanzada "ella no dejará que me lleven de regreso".
Tal y como lo pensó, Luisa venía corriendo con dirección hacia ellos con cara de pocos amigos y dispuesta a romperles todos los huesos, pero antes de que su prima los alcanzara Mirabel sintió algo frío sobre su cuello que hizo que se detuviera de golpe asustada y que Dolores (quien venía detrás de ellas) lo hiciera también.
-Quietas- dijo Carlos colocando un cuchillo sobre el cuello de Mirabel y apretando aún mas su brazo alrededor de su cintura- un paso más y estos dos se mueren…-
Mirabel miró de reojo a Camilo, y éste también tenía un cuchillo sobre su cuello. Luisa se quedó inmóvil, excepto por el hecho de que temblaba de coraje al verlos, apretando sus manos con coraje mientras que Dolores se cubría la boca con las manos.
-Así me gusta- dijo Marcos- ahora díganle a ese monstruo que queremos que devuelva a María, y nosotros les devolveremos al muchacho cuando lo haga. ¡Ahora largo de aquí!-
Mirabel observó asustada a Luisa, rogándole con los ojos que no la dejaran con ellos, pero sabia que no tenían otra opción. Las muchachas retrocedieron y Mirabel sintió que Carlos la arrastró hacia la salida del Encanto, siguiendo a sus primos.
-Ugh… ¡no!- dijo Mirabel pataleando tratando de soltarse de Carlos. Pero éste guardó su cuchillo y tomó sus cabellos para hacerla levantar la mirada.
-Quédate quieta si sabes lo que te conviene- dijo Carlos de manera amenazante- no querrás que algo malo le pase a tu primito, ¿verdad?-
Preocupada, Mirabel se giró para ver a Camilo, quien aún no reaccionaba del golpe que Marcos le había dado en la cabeza y era arrastrado por sus primos. Había perdido sus sandalias en el camino y sus pies seguían arrastrando en el suelo.
-Cami…- dijo Mirabel bajo su aliento, pero no alcanzó a pensar mucho más porquero que cuando llegaron a la entrada del Encanto se encontraron con su horrible tío, quien los esperaba con una carreta.
El tío Alberto no parecía estar nada contento: la estaba mirando por primera vez en su vida, pero la miraba con desprecio. Momentos después se volvió hacia sus hijos y sonrió maliciosamente.
-Ah, muy bien, trajeron al débil también- dijo Alberto al ver a Camilo, quien estaba comenzando a reaccionar después del golpe que había recibido en la cabeza- ya saben que hacer con él…-
Mirabel trató de forcejear al ver a su tío. ¡Quería correr lo más rápido que pudiera, lo más lejos de él que pudiera! Pero Carlos la tenía firmemente sujeta por la cintura y no parecía dispuesto a soltarla.
-¿Qué está… pasando?- dijo Camilo despertando de pronto al ver a Mirabel tratando de soltarse de Carlos y a dos personas tomando sus brazos con fuerza- ¡hey!¡Déjenla!-
Lo siguiente pasó muy rápido: Camilo intentó transformarse en Luisa para soltarse y hacer que Carlos soltara a Mirabel cuando éste empujó a la muchacha hacia Alberto, quien la sostuvo sin dificultad para que no escapara, antes de acercarse a Camilo y golpearlo con fuerza en la boca del estómago.
-¡NO!¡CAMILO!- gritó Mirabel.
Camilo cayó al suelo sin aire, lo que Marcos y Armando aprovecharon para levantarlo por la fuerza y meterlo a un baúl de madera que llevaba sobre la carreta. Tan pronto como lo dejaron ser en su interior, Carlos cerró la tapa con un candado antes de entregársela al tío Alberto, quien se la guardó en el bolsillo.
-¡Déjenlo!- gritó Mirabel forcejeando con su tío para soltarse- ¡déjenlo salir! ¡No va a poder respirar ahí dentro!-
-Va a poder respirar, tiene un hueco. Justo aquí- dijo Marcos tomándola de sus cabellos y haciéndola mirar la parte lateral del baúl, donde había un hueco rectangular del tamaño de su mano. Podía ver la nariz pecosa de Camilo por ahí y que había comenzando a patalear para tratar de abrir el baúl donde estaba encerrado, pero sus esfuerzos fueron en vano.
-¡Déjenme salir de aquí, hijos de…!- gritó Camilo mientras pataleaba.
-Uy, ¿con esa boquita besas a la berrinchuda de tu madre?- se burló Armando.
Mirabel miró a su alrededor tratando de planear qué era lo que iba a hacer ahora. Marcos la había soltado y nadie la sostenía, podía salir corriendo para conseguir ayuda pero al mismo tiempo no podía hacer dejar atrás a Camilo. Quien sabe qué le harían si lo dejaba con ellos. Como si estuviera leyendo sus pensamientos, su primo comenzó a gritar desde el interior del baúl.
-¡Corre, Mira!- dijo el muchacho sin dejar de patear la tapa del baúl- ¡vete de aquí!-
La muchacha miró apresivamente el baúl sin saber sin moverse.
-Ni lo pienses, Valentina- dijo Alberto señalando el río que estaba fuera del Encanto- sube a la carreta y quédate quieta. Si intentas algo que no nos guste, el baúl con tu primo va a terminar en el fondo del río-
Mirabel sintió un escalofrío al escuchar eso. Camilo se ahogaría si llegaban a tirar la caja al río, no había manera en que el muchacho lograra sobrevivir estando encerrado ahí.
-¡No los escuches, Mira! ¡Vete de aquí!- dijo Camilo desde el interior del baúl- ¡no te preocupes por mí, solo ponte a salvo!-
La joven no tuvo otra opción más que hacer lo que ellos querían: a pesar de que estaba más asustada de lo que podía describir, Mirabel subió a la carreta y se sentó en el suelo de la misma junto al baúl que contenía a su primo. Los Acevedo se echaron a reír al verla hacer eso.
-Ah, así me gusta- dijo Alberto en un tono burlón, tomando a Mirabel por la barbilla para hacerla mirar hacia él- esa es la Valentina obediente que recuerdo-
-¿Qué estás haciendo, Mirabel?- dijo Camilo desde el interior del baúl, su voz llena de frustración- ¡tienes que correr!-
Carlos se acercó a la muchacha para atar sus manos juntas antes de subir a un caballo. Lo mismo hicieron Armando y Marcos, mientras el tío Alberto subió al frente de la carreta y comenzó a conducirla. No pasó desapercibido para ella que los cuatro hombres iban fuertemente armados, como si esperaran una pelea.
-Nos vas a hacer muy ricos, Valentina- dijo Alberto sin mirarla, aún conduciendo la carreta- harás todo tipo de encargos con tu don. Y esta vez nos aseguraremos de que no escapes-
Mirabel apoyó su cabeza en el baúl mientras que algunas lágrimas comenzaban a salir de sus ojos mientras que la carreta salía del Encanto y se alejaba de él. No quería irse de su hogar ni separarse de su padre, y no quería volver con su horrible familia materna, pero no podía dejar atrás a Camilo con esas horribles personas para que le hicieran daño.
Sollozó en silencio al recordar que la última vez que había visto a su padre, ella lo había ignorado, con la idea de que Bruno estaba harto de ella cuando en realidad era el mejor padre que podría llegar a pedir. ¡Lo que Mirabel daría por volver a abrazarlo, aunque fuera una sola vez más!
x-x-x
Casita
Al mismo tiempo
Bruno se había quedado preocupado cuando Mirabel se fue con sus primos al mediodía. A pesar de que tenía apenas unos meses de conocerla, sabía bien cómo era su hija y sabía que algo no estaba bien. Sus ojos se veían hinchados y su expresión herida, como si algo malo hubiera pasado. Había querido ir tras ella para ver qué pasaba pero Agustín y Félix lo habían convencido de que esperara a que regresaran.
-Los adolescentes necesitan un poco de espacio, sobre todo las chicas- le dijo Félix dándole una palmada en la espalda- dale un momento, ella ya te contará lo que la está preocupando…-
No estaba seguro de que eso fuera así, pero decidió escuchar a su cuñado y darle un poco de espacio a Mirabel, pero había algo en su interior que le decía que algo no estaba bien.
-¿Está todo bien, mi amor?- le preguntó María mientras él se columpiaba en una de las hamacas del patio de casita- pareces un poco tenso-
-Sí, es solo que estoy un poco preocupado por Mirabel. Parecía un poco preocupada más temprano- dijo Bruno pensativo. Aún estaba tratando de decidir que era lo que tenía que hacer al respecto.
-Umm…- dijo María pensativa por uno momento sin saber qué responderle, pues ella no había visto nada extraño en Mirabel esa mañana, pero confiaba en el criterio de su esposo- está bien, hablaremos con ella cuando regrese, y quizá para entonces se sentirá mejor. Voy a descansar un rato antes de cenar, ¿vas a estar bien?-
-Mm hmm- dijo Bruno aún pensativo.
Con una sonrisa, María besó su mejilla y subió a la torre dejándolo solo en el patio de la casa. Bruno continuó meciéndose de un lado a otro mientras recordaba su interacción con Mirabel la noche anterior: no parecía haber pasado nada que la pudiera haber preocupado. ¿Había sido esa mañana? ¿Alma le había dicho algo que la hizo sentir mal? Tampoco, él estaba seguro de que su madre había cambiado.
Apenas su esposa cerró la puerta de la habitación cuando Luisa y Dolores entraron corriendo a casita con una expresión llena de pánico. Mil cosas pasaron por su mente cuando las vio, y por alguna razón supo exactamente lo que su sobrina iba decirle cuando escuchó eso.
"Por favor, que no sea lo que estoy pensando", pensó él " que no sean ellos de nuevo".
Las dos muchachas parecían muy agitadas y volvieron sin su canasta de picnic y, más alarmantemente, volvieron sin Camilo y sin Mirabel.
-¡Tío Bruno!- exclamó Dolores asustada- ¡son los Acevedo! Tienen a Camilo y a Mirabel-
-No pudimos hacer nada para evitar que se los llevaran- dijo Luisa preocupada, su expresión a la mitad del camino entre furiosa y preocupada. Podía sentir la impotencia en su voz- ellos… nos amenazaron con lastimarlos si intentábamos algo-
-Y dijeron que quieren a tía María también- dijo Dolores.
Bruno sintió como si todo el mundo le cayera encima. Su hija estaba en poder de la familia de María otra vez. Pero él no iba a permitir que le quitaran a Mirabel, no de nuevo. Y haría lo necesario para recuperarla y poner a esos monstruos en su sitio.
-Eso no va a pasar, no lo permitiré- dijo Bruno poniéndose de pie y comenzando a caminar hacia afuera- Dolores, tú y la abuela encárguense de mantener a María dentro de la casa. Ordénale a casita que la mantenga aquí si es necesario, y solo infórmale a la abuela todo lo que pasó-
-De… de acuerdo- dijo Dolores antes de agregar- ya están fuera del Encanto, y los escuché comenzar a dirigirse hacia el sur en una carreta. Los dos están bien por ahora, pero escuché que esas horribles personas tienen a Camilo encerrado en un baúl para que no se pueda transformar-
-¡¿QUÉ?!-
CRASH
Todos los presentes dieron un respingo al escuchar el relámpago detrás de ellos. Pepa escuchó todo y de inmediato estuvo dispuesta a seguirlo después de escuchar lo que le habían hecho a su hijo.
-Vamos, hermanita, tenemos que recuperar a nuestros hijos- dijo Bruno molesto, y Pepa asintió. Félix estuvo a punto de reclamar pero al solo ver la expresión de su esposa se arrepintió.
-Agustín y yo los alcanzaremos en un momento- dijo Félix.
-Tan pronto como Julieta termine de cocinar algo en caso de que alguien esté herido- completó Agustín.
-Nosotras dos también vamos con ustedes, tío Bruno- dijo Isabela con seguridad, y Luisa asintió flexionando sus músculos.
-Yo también quiero ayudar- dijo Antonio con enormes ojos- voy con ustedes-
-No, corazón, pero hay otras maneras en las que puedes ayudar desde aquí- le dijo Pepa dándole unas palmaditas en la cabeza- como por ejemplo decirle a Parce que los olfatee para que podamos encontrarlos más fácilmente. Y que Pico busque por aire-
Antonio asintió y se volvió al jaguar hablando con él para que los ayudara. Pepa y Bruno salieron en un caballo, Luisa e Isabela en el otro para alcanzarlos más rápido. Tan pronto como salieron, casita cerró la puerta detrás de ellos para no dejar salir a nadie más.
Mientras cabalgaban a toda velocidad, Bruno rezó en silencio para que su hija estuviera sana y salva cuando la encontraran. No iba a perdonar a los Acevedo esta vez.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! No podían ser tan felices, y los Acevedo están de regreso. Veamos si logran rescatar a Mirabel y Camilo antes de que se pierdan para siempre.
Juro que no lo hice a propósito, pero el próximo capítulo será hasta el sábado: me voy a mudar y no tendré tiempo de hacerlo. ¡Abrazos!
Abby L.
