Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 6

Me quedé detrás de la puerta, observando lo que yo nunca había tenido. Recordaba bien desde que Irina llegó a la hacienda y trajo a su hijo, no descansó hasta que Alec se convirtió en el hijo adoptivo de Carlisle. En ese hijo predilecto que mi mal carácter le negó.

— Hijo, ¿estás bien?

Carlisle no podía ocultar la preocupación de ver a su hijo favorito sintiéndose mal. Entre tanto Alec tomó una honda bocanada y asintió con una media sonrisa cuando su padre lo ayudó a sentarse.

— No te preocupes, papá. Es normal cada que me inyecto insulina y no he probado un bocado.

Carlisle lo vio con amor. Con una mirada tierna y cargada de preocupación que nunca tuvo para mí.

Exhalé.

Sintiéndome superado con tanta falsedad entré al despacho haciéndome presente. Alec me miró incómodo sin ocultar que mi presencia le molestaba.

— Harmano, pensé que te habías ido —articuló—, nunca te ha gustado pasar tiempo en la hacienda.

— Tú opinas como si supieras mis sentimientos —espeté mirándolo—, como si tuvieras un jodido poder y pudieras adivinar lo que pienso.

El enfado de Alec fue alegría para mí. Sonreí burlonamente al saber que se había encabronado por mi comentario. ¿Hasta cuándo mantendría su máscara de hipocresía?

— Edward, deja de soltar palabras mal intencionadas hacia tu hermano —Carlisle me ordenó viéndome con suficiente hastío—. Además Alec tiene razón, no soportas estar en la hacienda por más de un día entero, siempre has dicho que te aburrimos.

— Y en verdad lo hacen, pero ahora me divierto por igual —respondí riéndome.

Carlisle me miró fijamente por algunos segundos. Obviamente no había cariño ni siquiera un poco de lástima para mí. Tan solo esa dura mirada fría y vacía que solía darme.

— Edward, no me gusta que te acerques a James —empezó a sermonear—. Irina me ha dicho que últimamente te ve todo el tiempo con él y ella está realmente preocupada por su acercamiento.

— ¿Es que no tienes opinión propia? —inquirí—. Parece que tu mundo gira alrededor de tu mujer. A ver… —restregue los nudillos en mi incipiente barba— estoy tratando de recordar cuando me diste un comentario sin que tu esposa interviniera. Creo que nunca.

— Mucho cuidado en ofender a mi madre —advirtió Alec viéndose sumamente estúpido al temblarle la voz.

Reí. Podría jurar que se había hecho en los pantalones.

Me acerqué a donde estaba sentado y apoyé las manos en los reposabrazos. Sus ojos se hicieron muy amplios a mi cercanía.

— Tu madre no es más que una perra aprovechada —le dije fríamente en su cara—. Así que no me vengas con amenazas.

Su semblante palideció. No habia color en su rostro; su miedo y rabia por igual no podían estar ocultos.

— Basta. —Carlisle apoyó sus palmas en mis hombros y me obligó a dejar de intimidar a su hijo—. Te lo advierto, Edward. Te controlas o te vas.

De un manotazo lo alejé de mí. No me gustaba que me tocara y mucho menos que impusiera órdenes que jamás cumpliría.

— Me iré cuando me dé la gana —dije.

Unos golpes en la puerta nos hicieron guardar silencio. Claro, había que cubrir apariencias y nunca dejar de ser la poderosa familia Cullen, los dueños de los viñedos más grandes de California.

El padre de Bella entró y siendo tan sonriente nos saludó con mucho entusiasmo.

— Muchacho, pensé que ya no estabas aquí —Charlie dio un suave golpe a mi hombro— me alegro que hayas decidido quedarte con nosotros. ¿Te ha contado tu padre las buenas noticias?

Miré a Carlisle sin tener idea.

— Charlie… —Papá lo guió hacia el escritorio— a Edward no le gusta saber nada de la hacienda. Es triste decirlo, pero mi hijo no tiene interés alguno en su patrimonio.

Se notó de inmediato que Charlie estaba confundido. Miró entre Carlisle y yo un par de veces antes de que su ceño se frunciera.

— Aquí no se me toma en cuenta, señor Swan —expresé burlón— soy el cero a la izquierda. La oveja negra según mi familia.

Algo extraño sucedió cuando Swan me escuchó hablar porque hubiera jurado que su mente se fue muy lejos del despacho. De pronto me vio de nuevo y ahí estaba en su entrecejo fruncido un atisbo de duda.

— Hablemos de negocios —dijo Carlisle caminando detrás del escritorio de madera color caoba. Me vio y me hizo una señal con su mano para que saliera.

Cuando salí me encargué de que la puerta resonara en toda la casa.

— ¿Por qué no te largas de una vez? —Me increpó Alec cuando salí del despacho—. Aquí no haces falta.

Me volví de inmediato y lo enfrenté, ¿así qué ya estaba mostrando lo falso que era? Justo cómo yo quería.

— Se te olvida que tengo más derechos que tú —le recordé mientras encendía un cigarro y le daba una calada—. No puedes ocultar por mucho tiempo lo mierda que eres —solté el humo lentamente en su cara.

— Tú no eres mejor que yo.

Volví a soltar el humo sobre su rostro y él tosió.

— No. No estoy interesado en ser mejor, aunque no voy por la vida fingiendo ser quien no soy.

— ¿A qué viniste, Edward?

Reí.

— ¿En serio quieres saber? Quizá no te guste enterarte del verdadero motivo.

Alec dio un paso hacia mí.

— Quiero que te vayas de la hacienda hoy mismo —ordenó.

— Tendrás que sacarme con tus propias manos.

— Lo haré.

Levanté el mentón, mirándolo retadoramente.

— Quiero ver —murmuré— quiero que te atrevas a ponerme una mano encima.

Juraba que algo vio en mi mirada porque él retrocedió.

— Yo solo te pido que no angusties más a papá.

Por su cambio de tono supe que alguien nos estaba escuchando, era tan predecible al igual que su madre.

No me equivoqué cuando Jessica apareció junto a su mamá por el pasillo, la señora Renée me sonrió muy alegre un par de segundos antes de que Alec le ofreciera su brazo y la hiciera caminar junto a él.

La chica flacucha se quedó junto a mí.

— No lo soporto —musitó, haciéndome sonreír—. No veo la hora de que acaben estas estúpidas vacaciones y volver a casa.

— ¿Bella regresará con ustedes?

— Ella es la primera en querer irse —reveló dejándome complacido.

.

.

Estuve tentado a largarme con el pasar de los días.

En cambio desistí cuando James decidió ser mi aliado y recorrer conmigo cada rincón de la hacienda. Era bastante torpe y aniñado, pero descubrí que sólo necesitaba seguridad en él para mostrarse como era.

Él estaba decidido en conquistar a Jessica, y el simple hecho de ayudarlo me divertía. Quizá solo era un pretexto para quedarme y regocijarme con molestar a todos o simplemente porque necesitaba ver a Bella.

No podía negar que disfrutaba meterme a su habitación cada noche y robarle un par de besos. Era emocionante vivir la aventura de poder ser descubiertos.

— ¿Cuándo me enseñarás a conducir tu moto? —James me preguntó detrás mío. Se había convertido en mi jodida sombra.

Seguí caminando sin detener mi paso. Habíamos ido a montar muy temprano y ahora tenía un jodido frío, sentía mi piel entumecida y mis dientes tiritaban.

Necesitaba algo de calor.

— Nunca te enseñaste a usar una bicicleta, James. Posiblemente usar una moto sea más difícil para ti.

— Eso quiere decir que si me enseñarás, ¿verdad?

Reí. Él era insistente.

— Oh, vamos, Edward. Di que al menos lo pensarás.

Me detuve. Lo miré con una sonrisa divertida,

— Todo depende de cuánto avances con Jess —lo reté—. Tú la conquistas y yo te enseño a usar la moto.

Sus hombros se hundieron.

— Sabes bien que no he avanzado nada. Ella apenas me ve y huye, es posible que no le guste.

— ¿Y…? ¿Qué esperas para conquistarla? —Quería decirle qué mejor la cogiera y se queitara las ganas, pero conociendo a James con él era mejor hablar de forma inocente y sin malicia.

Seguí caminando hacia la casa con él pisando mis talones.

— Pero, ¿qué tal si no le gustó?

— Nunca lo sabrás si no te decides a enamorarla.

— Edward, ¿cómo enamoraste a Bella?

Bufé.

James quería ganarse mi confianza y aún no sabía si dejarlo o no.

— ¿Para qué quieres saber?

— Porque necesito un punto de base para poder copiar tus pasos.

Solté una carcajada. Fue natural y estruendosa.

Algo extraño me sucedía con James, pero siempre lograba aligerar mi humor con sus mil preguntas por día.

— ¿Quieres saber la verdad?

James asintió.

— Por supuesto.

Mi sonrisa se borró. Me puse serio y decidí ser honesto con él.

— En un principio lo hice por molestar. Pensé en llevarla a la cama y así demostrarle a Alec que era un pendejo, quería escupirle en la cara que me había cogido a su novia. Sin embargo, después de meses de estar con Bella me di cuenta que ella se había vuelto importante para mí.

Mesé mi pelo. Era extraño hablarlo con alguien más que nomfueran mis pensamientos.

— Te enamoraste —afirmó James, mirándome.

— Antes de venir aquí fui a su casa porque ella me había citado —sonreí sin ganas— ese día había elegido para confesarle mis sentimientos y no estaba. Resultó que ella estaba aquí… comprometiéndose con ese imbécil.

— Bella no ama a Alec.

Sonreí ante el ánimo que me trataba de dar.

Alargué mi mano y despeiné su pelo rubio.

— No repitas lo que acabas de escuchar —le dije.

— Edward, ¿podemos hablar?

Volteé hacía Bella. Se abrazó a sí misma cuando la recorrí con la mirada y sonreí al ver lo bien que lucían esos pantalones de tiro bajo en ella y ese ajustado suéter color canela,

— ¿De qué? —respondí caminando hacia las caballerizas.

— De nosotros —pronunció caminando detrás de mí. Reí al darme cuenta que no podía igualar mis pasos—. Necesito saber que le dijiste a Irina —continuó—, no ha dejado de hacerme toda clase de preguntas y lo peor es que lo hace delante de mi madre, ¿acaso crees que mamá no empezará a sospechar?

No respondí.

Y cómo no lo hice Bella sacudió uno de mis brazos para que me volviera a ella.

— Dejé que su atrofiada mente imaginara lo que ocurre —me sinceré mientras Bella abría su boca y yo seguía caminando hacia atrás,

— ¿¡Qué!? ¿Por qué lo hiciste?

— Ella me preguntó y yo respondí.

— ¿Te das cuenta de lo que provocaste? Les dirá a mis padres, Edward.

— No te preocupes. Ya lo hubiera hecho y si aún no lo hace, es que no lo hará —le di un guiño.

— Seguramente nos está espiando y… —dudó, bajando su mirada— nosotros hemos seguido viéndonos.

Fue extraña la calidez que sentí en mi pecho ante su rubor.

— Si fueras un poco más valiente mandarías todo a la mierda y te irías conmigo. El problema es que no me quieres y debo conformarme con unos cuantos besos y noches para mí.

— Te juro que a veces quiero hacerlo.

Su confesión me hizo detener, me acerqué a ella con dos pasos y la rodeé por la cintura.

— ¿Estás segura? —pregunté esperanzado.

Ella levantó su mirada y vio fijamente mis ojos.

— Sí. Muchas veces he pensado en irme contigo, porque yo te quiero a ti.


Bueno, ¿qué les parece Alec? Aún hay muchos secretos por develar que con el pasar de los capítulos iremos descubriendo. ¿Opiniones?

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Aquí los nombres de quienes amablemente comentaron el capítulo anterior: miop, Cinti77, Andrea, Daniela, terewee, Lizdayanna, Lore562, kaja0507, Daniela Masen, Pepita GY, Isis Janet, Jane Bells, Lily, Chiki Garcia, cleme1765, Rosemarie28, Dulce Carolina, Peerla Salvatore Swan, Andrea, Wenday14, saraipineda44, Diannita Robles, Chiki Garcia, Cassandra Cantu, Adriana Molina, Anto, Torrespera172, catita1999, Lupita Pattinson Cullen, Cary, Mapi13, Noriitha, mrs puff, Elizabeth Marie Cullen, AJM Cullen, Lili Cullen-Swan, Cinthyvillalobo, mony17, Adriana Ruiz, NarMaVeg, Lidia Hernandez, Gabby352, rociolujan.

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