«Sabes cuál es mi mejor cualidad? Creo que soy bueno para acompañar ¡Odiaría no estar para acompañar!»

—Charlie Brown.

Después de tantos meses finalmente Mei había recibido en la posada a las Pilares del insecto y del amor, con la adición de la joven Pilar de la Luna. Puesto que la última vez que habían estado juntas en la casa Yabami Mei les pidió a sus amigas que trajesen más seguido a la Tsukimura, confesándoles que deseaba conocerla mejor.

No era un tiempo demasiado largo, pero la joven viuda recibió a las tres mujeres como si hubiese pasado una eternidad y ella misma les dijo que había sentido exactamente eso. Mitsuri y Kazashi sólo habían podido sonrojarse como respuesta sin saber qué responder, mientras que Shinobu dejó escapar una risita y respondió por las tres al decir que también la habían extrañado.

Empero, cuando ambas estaban en la puerta y estaban conversando con Mei, a través del rabillo del ojo Shinobu notó las miradas aterradas que cierto trío de vecinas les estaban lanzando desde detrás de las ventanas de su vivienda, la adolescente parecía que con su expresión quería gritarles a ella y a Mitsuri que no se acercaran, que estaban corriendo un terrible peligro.

Inicialmente la Pilar del insecto creyó que se podría tratar de algún demonio oculto en la casa, pero no tenía sentido, si hubiese algún demonio en la mansión Mei se los habría notificado, y si no era ella sería algún empleado o huésped, además había ventanas en todas partes ¿En dónde el demonio podría esconderse? No tenía sentido. Dicho esto... Lo más lógico era que esas mujeres le tuviesen miedo a ellas o a la propia Mei.

—¿Qué miras, Shinobu-chan? —Mei siguió la mirada de su amiga, al instante las tres mujeres se apartaron de la ventana dejando escapar una especie de gimoteo de temor, y la teoría de Shinobu no hizo sino confirmarse.
—Te lo diré adentro, Mei-chan —contestó la de profundos ojos violetas y tras volver a echarle un último vistazo a la casa de la familia Mei les permitió el paso a la casona Yabami.

La actitud tan extraña que tenía la Pilar del insecto también había sido percibida por Kazashi y Mitsuri; la primera había permanecido callada pensando que era una cuestión entre las tres mujeres que a ella misma no le concernía, pero Mitsuri no tardó mucho en preguntarle a Shinobu qué ocurría y si había visto algo, Shinobu le aseguró a la más alta que no era nada grave, sin embargo esperó a que las cuatro estuviesen reunidas solas en una de las salas de la casona para hablar.

—Mei-chan —comenzó Shinobu estando sentada en un cojín, revolviendo con suavidad el té de jazmín que había recibido—. Cuando estábamos en la puerta noté algo que te llamó la atención ¿Cómo te llevas con tus vecinos?

La pregunta no pareció sorprender a la aludida, que sólo contestó:

—Es una relación neutral, no solemos hablarnos más que para saludarnos cuando salgo o cuando algún familiar o amigo suyo visita mi posada ¿Por qué lo dices?
—¿Conoces a las tres mujeres que viven cerca tuyo? ¿A una esquina? —Shinobu hizo más preguntas.
—Sí, son las Hinamori —Mei arqueó una ceja— ¿Qué ocurre con ellas?

Shinobu se tomó su tiempo para contestar, dio un sorbo a su té. A su lado, Mitsuri y Shinobu permanecieron calladas, observando a las dos chicas como si fuese algún juego.

—Nada en especial —comenzó la de ojos violetas—. Pero cuándo estaba en la puerta ellas estaban agazapadas en una de sus ventanas y nos miraban extraño a Tsukimura-chan, a Mitsuri-chan y a mí —la Pilar del amor y la de la luna se miraron—. Nos miraban como si estuviésemos entrando a una especie de trampa mortal. Mei-chan, sabes a lo que nos dedicamos y por ende rara vez puedo ver a toda una familia con una mirada así sin inquietarme ¿Has notado algo extraño, Mei-chan?

Kazashi y Mitsuri voltearon a ver a Mei expectantes a la mujer, también con los sentidos atentos a cualquier anomalía que Mei les fuese a confesar. Pero vaya sorpresa se llevaron cuando después de colocar una expresión un poco desconcertada Mei comenzó a reírse, tapándose la boca con la mano y girando el rostro para intentar disimular.

—¿Mei-chan? —preguntó confundida la joven de cabellos rosas. Al igual que las otras dos Pilares; esperaban cualquier otra reacción por parte de Mei, indiferencia, confusión, temor. Pero no esto.
—Lo siento... Perdón —dijo entre risas agitando su mano libre, pidiéndoles con un gesto que le diesen un momento para recuperarse, cuando dejó de reírse las volvió a mirar pero aún sonreía... Sólo que esta vez sonreía de manera sombríamente burlona—. No se preocupen, ningún demonio ha atacado todavía, tampoco hay desapariciones aún... Las Hinamori están asustadas de mí, nada más que eso.
—Ling-san —Kazashi habló por primera vez—. Parece que en realidad su relación con los vecinos no es tan neutral como dijo al principio.

La sonrisa de Mei se amplió: —Me descubriste, Tsukimura-san.

—¿Entonces qué pasa, Mei-chan? ¿Por qué te tendrían miedo a ti? —preguntó Mitsuri. Mei tenía un carácter un tanto difícil, pero Mitsuri no creía que fuese tan agresiva como para aterrorizar a una anciana, una mujer y una adolescente.
—Las descubrí propagando cosas sucias sobre Tanjiro-kun, fui a hacerles una visita para pedirles una explicación y desde entonces me temen, es todo —Mei les dijo como quien habla del clima, para luego darle un sorbo a su té. Como si para ella no fuese la gran cosa que sus propias vecinas le temiesen.
—¿Hiciste algún trato sucio con ellas? —Shinobu la miró con ojos entrecerrados, Mei seguía siendo la viuda de un hombre adinerado, cabía esa posibilidad sobre todo considerando este nuevo lado de su personalidad que les estaba mostrando.
—¡Por supuesto que no, Shinobu-chan! —la expresión de Mei ahora sí parecía ofendida, pero luego la sonrisa oscura regresó— Pero confieso que fui a su casa principalmente para intimidarlas.
—¿A qué te refieres con intimidarlas, Ling-san? —preguntó esta vez Kazashi.

Casi que a manera de respuesta el aire en la estancia comenzó a enfriarse, a enfriarse de verdad y a sorprendente rapidez. Mientras que Shinobu no demostró mayor reacción al frío que sorpresa, la friolenta Kazashi comenzó a frotarse los brazos que ya estaban ligeramente erizados pese a estar cubiertos de tela, al mismo tiempo que Mitsuri se cubría el escote y la porción de muslos que tenía expuesta con su haori, un poco temblorosa y agradeciendo más que nunca a Obanai y a Rengoku por haberle regalado esos calcetines y ese haori respectivamente. Evitaban que se congelase más.

Ignorando las reacciones de sus compañeras Pilares Shinobu fijó la mirada en la mesilla de té y las tazas a medio terminar posadas encima ¿Eso que cubría de a poco la madera era escarcha? Shinobu la tocó con un dedo y se dio cuenta de que sí, era escarcha.

—Todo esto lo estás provocando tú ¿No es así, Mei-chan? —habló la Pilar del insecto.
—Así es, Shinobu-chan —respondió Mei impasible.
—¿Así fue como asustaste a las Hinamori? —volvió a cuestionar Shinobu.
—Sí.
—¡¿Puedes detenerlo, Mei-chan?! ¡Me estoy congelando! —se quejó la Pilar del amor, junto a ella la Pilar de la Luna seguía abrazada a sí misma sin decir una palabra, pero dándole la razón a su compañera con la mirada.

La expresión pétrea de la chica de cabellos rizados fue reemplazada rápidamente por una de disculpa al mismo tiempo que su mirada recuperaba la calidez que las tres Pilares estaban acostumbradas a ver.

—Lo siento, Mitsuri-chan, Tsukimura-san.

Las tres Pilares soltaron un suspiro de alivio que no sabían que estaban conteniendo cuando el frío en el aire comenzó a calmarse, hasta que volvió a su temperatura anterior.

Ya Shinobu no tenía una expresión seria, sino que tenía una sonrisa astuta en el rostro.

—Mei-chan, se me acaba de ocurrir una propuesta que creo que te interesará —habló la mujer de ojos violetas.
—¿Una propuesta? —preguntó la aludida.
—¿Una propuesta? —le secundaron Kazashi y Mitsuri desconcertadas, ya hace rato habían perdido el hilo de la conversación.
—Una que te puede ayudar a buscar justicia por lo que les hicieron a tus hermanos y a tu marido.

Kanroji y Tsukimura se tensaron y por inercia fijaron sus ojos en la chica de cabellos negros azulados, en el caso de Mitsuri porque sabía que el tema del antiguo amante y los hermanitos menores de Mei era bastante sensible para la ex-cortesana y Shinobu no solía tocarlo si no se trataba de algo importante —o si era la propia Mei quien les compartía anécdotas al respecto—, y en el caso de Kazashi porque no tenía aún conocimiento de lo que había ocurrido con los hermanos de Mei, pero sí que lo tenía de la muerte de su antiguo marido y ya le había dado las correspondientes condolencias. La Pilar de la Luna agradecía a los dioses que su familia aún no había experimentado semejante pérdida pero había sido testigo de otras personas que no fueron tan afortunadas como ella y eso le provocaba tristeza.

Mei había sido una de ellas, en dos ocasiones.

—Te escucho, Shinobu-chan —dijo Mei ladeando su cabeza, dándole a entender a su amiga mariposa que le estaba prestando su completa atención.


Había sido una verdadera suerte que Tanjiro hubiese podido encontrar un hueco entre sus misiones para visitar a Mei; Rengoku le había dado el día libre porque Tsukimura-san venía de visita y quería causarle una buena impresión —Tanjiro se reía al notar como el Pilar de la llama brillaba al sólo pensar en su compañera, el enamoramiento le salía casi que por los poros—, su cuervo todavía no lo mandaba a ninguna misión —cosa rara pero que no pensaba desaprovechar— y en cuanto a sus amigos... Habían decidido quedarse con Senjuro bajo la garantía de que se comportarían durante el tiempo que la Pilar de la Luna estuviese en la finca Rengoku —sumado a que no querían tratar con el padre de los hermanos rubios—. Tanjiro se había notado reticente al principio puesto que conocía la naturaleza escandalosa y relación caótica que tenían Inosuke y Zenitsu, por lo que le dijo a Senjuro a escondidas que lo llamara si se volvían demasiado difíciles de controlar.

A pesar de eso, Tanjiro se sintió feliz de que sus amigos ya no hiciesen muecas extrañas al dejarlo irse con Mei, no sabía qué había pasado para que al fin ellos estuviesen aprendiendo poco a poco a confiar en la viuda pero lo alegraba mucho más de lo que ellos eran capaces de entender. El que Zenitsu e Inosuke le dijeran sin ningún tipo de hostilidad que podía ir a ver a la fémina lo hacía sentirse apoyado, como si ellos aprobaran sus sentimientos por Mei.

Hacia tiempo que el cobarde rubio y el combativo chico de ojos verdes se habían convertido en su nueva familia, por eso era tan importante para él que se estuviesen llevando bien con la chica de la que se había enamorado.

Pero regresando al presente, Tanjiro se había sorprendido de que cuando llegó a la residencia de Mei esta le propuso ir de paseo con él con tal de observar el crepúsculo. La razón por la que este pedido lo tomó por sorpresa era porque de que desde hace un tiempo Mei apenas planeaba salir con él cuando llegaba de visita, normalmente se quedaban en el jardín oculto de la posada, en alguna de las estancias o incluso en la habitación de Mei, tanto así que al pelirrojo incluso llegó a pasársele por la cabeza la idea de que Mei lo estaba ocultando o intentando protegerlo de algo desconocido ahí afuera, pero con velocidad había descartado aquella idea tan absurda.

Ingenuo Tanjiro; no notaba que Mei sí lo estaba escondiendo. Lo estaba escondiendo de las habladurías despiadadas y miradas degradantes de sus vecinos.

—¿Por qué de repente ahora quieres salir, Mei-chan? —Tanjiro no pudo evitar preguntar.
—No hay mucho de nuevo para hacer aquí y me siento mal porque prácticamente te tengo encerrado en tu día libre, sólo quiero cambiar un poco de rutina —contestó Mei con una cariñosa sonrisa—. Quiero aprovechar cada momento que tengo contigo, Tanjiro-kun.

Tanjiro había sentido que las mejillas se le calentaban como si fuesen una olla de té. Lo estaba haciendo otra vez, se había vuelto algún tipo de costumbre para la viuda dirigirle de la nada esas frases tan dulces y de cierto modo comprometedoras, que no sólo lo avergonzaban, no sólo lo endulzaban con la idea de saberse cuidado —sobre todo por el hecho de que solía ser él el que cuidaba y casi nunca el cuidado—, sino que también acrecentaban en su interior una esperanza de que sus sentimientos no eran del todo unilaterales.

—No puedo negarte nada a ti —confesó sin siquiera pensarlo, esta vez fue el turno de Mei de sonrojarse, y al darse cuenta de lo que había dicho el color en la cara de Tanjiro no hizo sino aumentar.

A continuación ambos salieron de la residencia Yabami y se dirigieron a su lugar especial que no era nada más ni nada menos que el mismo lago al que Mei lo había llevado aquella ocasión en invierno. Para alivio del Kamado todo rastro de nieve o hielo había desaparecido por completo, dejando nada más que agua cristalina tranquila que mientras las horas pasaban comenzó a reflejar el dorado del sol, pasto verde con pequeñas flores blancas o dientes de león meciéndose a la suave brisa y los principales protagonistas, los árboles de cerezo que antes Tanjiro no sabía que estaban allí pero que ahora se alzaban en todo su esplendor, embellecían el ambiente y los ocultaba a ellos entre el rosado de los pétalos y el verde de los arbustos.

Tanjiro mentiría —cosa que claramente no sabía hacer— si dijese que no se le había quedado mirando en una que otra ocasión a Mei como si estuviese bajo un hechizo. Es que durante ese tiempo en el que ambos vieron el sol ocultarse desde el gran hueco abierto que formaban los árboles, los últimos rayos del astro rey reflejándose en el agua casi parecían crear una especie de aura angelical alrededor de la fémina o cuando menos, iluminar sus rasgos. Como si el mero lugar se esforzase por hacerle notar una y otra vez a la hermosa joven que tenía al lado.

Recordarle que no la debía dejar escapar.

—Tanjiro-kun —la voz de la chica —inquietantemente seria— llamó su atención luego de un buen rato, cuando ya el sol se terminaba de ocultar y el cielo estaba teñido de un tono púrpura profundo con algunos puntos brillantes.
—¿S-sí, Mei-chan? —contestó, tan rojo como su cabello u ojos. Sin embargo ella no pareció notarlo.
—Si... Si yo te guardara un secreto —comenzó la joven, fijó su mirada en el lago sereno unos momentos pero luego la cruzó con la mirada rubí de Tanjiro—. Si hubiera una parte de mí que te oculté todo este tiempo, una parte no tan agradable... ¿Tú me perdonarías?

De acuerdo; eso no se lo esperaba el joven cazador, menos aún con el repentino tono anhelante, suplicante que ella intentaba disimular pero que seguía siendo muy evidente.

—¿Por qué debería perdonarte, Mei-chan? —Tanjiro habló tras unos momentos de silencio y se apresuró a explicarse cuando notó que Mei se tensaba— Te dije antes, tú no hiciste nada malo, y aunque sí lo hubieras hecho eres humana también —el chico de ojos rubí acentuó sus palabras posando una de sus manos sobre la de Mei y apretándola para darle a entender que la acompañaba—. Tú también te equivocas y no puedo pedirte que no lo hagas... Todo estará bien.
—Tanjiro-kun... —musitó la fémina con un nudo en la garganta, y en el corazón.
—Además... —Tanjiro se permitió hacer un gesto pensativo— Mi madre una vez dijo que todos guardamos secretos —Tanjiro se permitió sonreír un poco ante el recuerdo—; yo estaba enojado con Nezuko porque había encontrado algo genial y no me lo había mostrado antes, pero mamá dijo que los secretos no siempre se guardan porque no haya confianza, sino que uno simplemente no está listo para compartir esas cosas —Tanjiro volvió a mirar a Mei—. No te presionaré para que me cuentes todo de tu vida ni te juzgaré porque no me digas algo.

Eso era demasiado para el corazón de Mei; ella a veces se preguntaba si Tanjiro de verdad sería humano y no un ángel llegado para enseñarle lo que era el amor y agregarle color a su grisáceo y monocromático mundo. Al mismo tiempo, la maravillaba su inocencia que discordaba con el sanguinolento mundo en el que se movía, puesto que Tanjiro no entendía a qué clase de secreto se refería ella.

Pero antes de que Mei pudiese contestar; un ruido entre los matorrales hizo que ella se alarmara y se girase con velocidad. Eran ruidos terriblemente similares a los que ella oyó aquella fatídica noche en la que perdió a su marido, Mei había tenido un mal presentimiento al respecto pero él le había dicho que no se asustara, que debía ser un animal rondando, ella le creyó y para su desgracia dicho mal presentimiento se terminó haciendo realidad.

Y no; ella no cometería dos veces el mismo error.

—¿Hay alguien allí? —preguntó Mei, una decisión un tanto estúpida si de verdad había algo o alguien acechándoles, pero tenía que asegurarse primero de que no fuese un simple vecino paseando por ahí que se los había encontrado por casualidad.
—Mei-chan, tranquila. No debe ser nada malo —Tanjiro sujetó la muñeca de la chica para intentar que se relajara, era gracias a su olfato que Tanjiro podía percibir que lo que se aproximaba entre los arbustos no era un demonio ni otra cosa peligrosa... El problema era que Mei no era consciente de ese alcance que tenía su nariz.

Las palabras del Kamado parecieron haber apenas acariciado los oídos de Mei, mientras que la piel de esta se erizó de una manera defensiva cuando el movimiento de los matorrales se hizo más pronunciado, se les estaba acercando. Tanjiro se sorprendió cuando de la nada Mei sacó de entre los pliegues de su capa y vestido un conjunto de cuchillas plateadas y azul pálido y con sorprendente rapidez y precisión ella las arrojó en dirección a los matorrales, directo a "crucificar" lo que sea que los estuviese acechando, la respuesta que ambos recibieron fue el quejido de un lobo y después los sonidos comenzaron a alejarse, dando a entender que la criatura había huido al ser herida por una o dos de las cuchillas.

Mei respiraba agitada por el susto que se había llevado, Tanjiro también lo hacía, pero debido a la sorpresa y el desconcierto de que Mei hubiese llevado esas armas consigo y que las manejase con semejante maestría.

Como si ella las hubiese usado siempre..

Toda la tensión que la viuda tenía encima se desvaneció a través de un profundo suspiro.

—Discúlpame, Tanjiro-kun —la joven se giró hacia el pelirrojo y entrelazó sus manos sobre su abdomen—. Desde que mi marido murió llevó armas conmigo cuando salgo de noche, porque no quiero que se repita lo de aquella vez y esta vez no venga nadie a salvarme —dijo sacando a último minuto una explicación plausible de por qué llevaría cuchillas consigo a un paseo con él.

Tanjiro asintió un poco recuperado; decidió tomar su palabra ya que no era extraño que a Mei le hubiese quedado esa pequeña secuela luego de esa ocasión en la que fue atacada, llevando con ella siempre algo con lo que defenderse en caso de que la historia volviese a repetirse, eso era entendible... Sin embargo había una diferencia entre llevar un cuchillo y saber usarlo, cosa que aún Tanjiro no terminaba de explicarse.

«Si yo te guardara un secreto ¿Me perdonarías?» por la mente de Tanjiro pasaron las palabras de Mei hace apenas unos momentos, y el pelirrojo se dio cuenta de que quizá Mei lo decía de manera más literal de lo que creía.


Al igual que la última vez; la mayoría de los Pilares venían confundidos por el hecho de que el patrón los hubiese llamado para "presentarles a alguien", luego de la llegada de Kazashi no habían vuelto a tener una reunión como esa. Como era natural se preguntaban a qué rostro tendrían que acostumbrarse ahora, así como algunos temían no poder darle el espacio que le correspondía al nuevo compañero, en la situación delicada en la que estaban como lo era el caso en el distrito rojo no tenían tiempo para estar recibiendo un Pilar nuevo en sus filas, menos aún si este resultaba tener un temperamento similar al de Shinazugawa —obviamente nadie lo mencionó delante del Pilar del viento—, para ellos no fue difícil encariñarse con Kazashi gracias a sus dulces modales y personalidad pacífica pero de ser lo contrario...

—Buenos días, hijos míos —les saludó el patrón dejando que la luz de las velas lo cubriese, con su sonrisa apacible que contrastaba con el pútrido aspecto que tenía su frente, sus sienes y sus ojos ciegos, los otros Pilares correspondieron el saludo—. Espero que hayan descansado bien y estén teniendo un buen día.
—Con todo respeto, patrón ¿Para qué nos ha traído aquí? —Shinazugawa tomó la palabra— Es decir, sabemos que quiere presentarnos a alguien, pero usted mejor que nadie tiene que saber que no estamos en condiciones para recibir con los brazos abiertos a un miembro nuevo, muy pronto uno de nosotros tendrá que ir al distrito rojo y... Perdóneme por decir esto pero sería poco agradable que mientras un Pilar nuevo está llegando otro muera.

El cuestionamiento del Pilar del viento, más que molestar hizo sonreír un poco más al líder de la cofradía, dando a entender que estaba al tanto de todo eso.

—Así es, Sanemi. Entiendo que las circunstancias no son las más favorables para que se habitúen a la presencia de otro Pilar —dijo Ubuyashiki—. Por eso la persona que les voy a presentar no será una Pilar.

¿No era una Pilar? Eso tenía todavía menos sentido ante los ojos de los Pilares masculinos, por su parte; Shinobu, Mitsuri y Kazashi se miraron de reojo mientras dejaban escapar pequeñas sonrisas cómplices... Ellas sí sabían de quién se trataba todo esto.

—¿No es un Pilar? ¿Entonces de quién se trata? —esta vez el que habló fue Kyojuro.
—Esta chica no es exactamente una cazadora de demonios —respondió el patrón—. Pero fue recomendada por Shinobu, yo mismo soy testigo de que tiene unas habilidades que no se ven en cualquier otra persona, asimismo tiene toda la disposición para ayudarnos a vencer a Kibutsuji... Esta chica es una Kunoichi —esta declaración llamó la atención del Pilar del sonido—. Y presiento que será de gran ayuda para ti cuando vayas al distrito rojo, Tengen.

Ni bien el líder había terminado de hablar cuando las niñas Ubuyashiki hicieron su aparición acompañadas de otra persona, una mujer un tanto más alta que Mitsuri y más o menos de la edad de Shinobu, esbelta, de figura muy curvilínea y cabello rizado oscuro y bastante largo.

—Esta doncella se llama Mei Ling —dijo el patrón a sus sorprendidos "hijos"—. Es una íntima amiga de sus compañeras y como ya dije, se ofreció a dar su apoyo en la misión de Uzui en el distrito rojo.
—Un placer conocerlos —habló la recién llegada en tono cordial pero de cierta manera impasible, sus ojos felinos se toparon por un momento con la mirada de la Pilar del insecto y luego se dirigieron hacia el llamativo hombre de cabellos blancos— ¿Usted es el Pilar del sonido? Espero poder ayudarlo en esta misión, también tengo entrenamiento ninja.

A Tengen sólo le bastó un vistazo a los ojos de Mei Ling para saber que era verdad; el Pilar del sonido apoyó una mano en su mentón e hizo un monosílabo pensativo mientras observaba a la fémina de los pies a la cabeza, luego de arriba hacia abajo varias veces. Una sonrisa astuta se formó en su rostro.

—Siento que sí me vas a ayudar bastante a la hora de infiltrarnos allí —dijo el de cabellos blancos— ¿Crees ser capaz de soportar estar disfrazada de cortesana en un burdel?
—Por supuesto que sí, yo pasé varios años de mi vida como cortesana.

A la mayoría de los Pilares les volvió a sorprender lo dicho por la joven; pero Uzui en lugar de demostrarlo, amplió su sonrisa. Por su parte; Mitsuri y Shinobu sonrieron más, orgullosas de sí mismas por haber recomendado a su amiga como aliada.

—Creo que trabajaremos bien juntos.