«No te preocupes de que el mundo se acabe hoy; ya es mañana en Australia.»

—Charlie Brown.

Las caras de sorpresa de los tres jóvenes estaban para pintarse o para dedicarles un poema, a pesar de que ya había pasado un minuto o tal vez hasta dos desde que habían conocido al Pilar del Sonido y este les había casi lanzado a la cara aquella... Sorpresa, aunque llamarle así sería un eufemismo.

Por otro lado; la joven de ojos rasgados andaba detrás de Uzui —puesto que Uzui no la dejó caminar delante de él por el simple hecho de que era el "líder" de la misión— y de manera disimulada miraba con preocupación el rostro del pelirrojo, que se había mantenido con exactamente la misma expresión de shock que hace rato; cuando en la finca mariposa en medio del zaperoco provocado por el Pilar del sonido Tanjiro la había visto a ella parada detrás y Uzui le explicó sin pelos en la lengua que ella vendría con ellos a la siguiente misión.

Decir que Tanjiro al principio no le había creído al hombre de cabellos blancos era un eufemismo; considerando la terrible primera impresión que el antiguo vendedor de carbón —y también sus compañeros— se había llevado cuando lo atraparon intentando arrastrar a Aoi y a una de las niñas de la finca con él —aparte de haberle tocado con absoluto descaro el trasero a Aoi—, los tres amigos llegaron a pensar que Mei había sido traída a la fuerza a una misión tan peligrosa como había casi sucedido con las chicas. Pero Mei les confirmó que había venido por voluntad propia e incluso se había ofrecido.

Con todo esto aclarado; sólo quedaba una cosa a la que Tanjiro no podía encontrarle pies o cabeza —o mejor dicho una laguna que quedaba en toda aquella historia—… ¿Por qué de todos ella? ¿Por qué aceptó sabiendo que la amenaza con la que lidiaban estaba más allá de lo común o incluso lo natural o humano?

—Tanjiro-kun ¿Puedo hablar contigo? —el aludido se sobresaltó al notar una mano en su hombro, demasiado delicada y pequeña para pertenecerle a alguno de sus compañeros, de manera instantánea se giró para observar a la viuda. Siempre había tenido bastante claro que ella se movía como una sombra, tan rápida y silenciosa que los más exagerados dirían que se teletransportaba o algo así.
—Mei-chan... Sí, claro que sí.
—¡No se alejen del camino! —les gritó el autoproclamado "dios de lo vistoso" ¿Cómo demonios los había escuchado si estaban susurrando alejados de él? Por el momento no prestaron atención a cuestionar aquello.

Sin soltar el brazo del joven, la viuda comenzó a rezagarse lo suficiente como para que Inosuke no pudiese escucharlos y para que por lo menos fuese más fácil para el rubio y el Pilar del sonido ignorarlos... Bueno, tal parecía que no tenían que preocuparse por Uzui tanto como por Zenitsu ya que el primero estaba demasiado perdido en sí mismo por decirlo de alguna manera.

—¿Te sientes bien? —Mei hizo una breve mueca ante esa tonta pregunta pero que le salió casi natural— ¿Cómo estás con respecto a... Esto? —terminó diciendo la fémina con un rostro de pena.
—Para ser sincero, Mei-chan... —comenzó a responder el joven Kamado, fijó la mirada en el suelo por un momento y luego suspiró— Eres la última persona a la que habría esperado ver aquí ¿Cómo supiste de todo esto? Mejor dicho ¿Por qué decidiste involucrarte? —Tanjiro volvió a conectar miradas y esta vez frunció el ceño— ¿Te das cuenta de lo peligroso que es? Uno de nosotros perfectamente podría terminar muerto.

Esas palabras le salieron más duras al pelirrojo de lo que este hubiese querido y provocaron que un escalofrío poco agradable recorriese la espina dorsal de la chica de ojos rasgados, no por el hecho de que ella pudiese morir en la misión —eso ella lo había sabido desde el principio— sino por imaginar todo lo que le podría pasar a su amado Tanjiro. Aunque la idea había pasado por su mente más veces de lo que ella hubiese querido y con escenarios cada vez más oscuros, Mei se había forzado a empujar esos temores al fondo de su mente, silenciarlos con tal de que sus emociones no influyeran en su profesionalismo o la desconcertaran.

Ella era muy buena en eso.

—Vine aquí porque Shinobu-chan me ofreció la oportunidad y yo la tomé —contestó Mei de manera honesta, no le veía sentido mentirle a él—. Vine porque quiero justicia por lo que sufrieron mi marido y mis hermanos pequeños, vine porque quiero ayudar y sé que tengo la capacidad —de a poco el rostro de Tanjiro comenzó a suavizarse, Mei le sonrió con todo el amor que tenía—, y como un plus, vine porque quiero protegerte, a ti, a Agatsuma-san y Hashibira-san.

El chico con aretes de hanafuda entreabrió los labios y también abrió los ojos, al mismo tiempo que sentía sus mejillas y nariz ardiendo de tal forma que sin ningún problema competirían en color con su cabello y ojos rojos. Mei también estaba un poco sonrojada por el discurso un tanto cursi que le había salido, pero que no había sido en ningún momento una mentira. Tanjiro también lo sabía, lo había sentido, la absoluta sinceridad en cada una de las palabras de la joven que, como cada vez que Mei mostraba cariño y preocupación por él le provocaron una especie de temblor en el corazón.

—No te preocupes por mí, Tanjiro-kun —sin quitar su sonrisa Mei volvió a hablar—. Te aseguró que sabré cuándo las cosas se ponen complicadas y sabré que hacer, soy más fuerte de lo que parezco.

De nuevo; las palabras que hace muy poco tiempo ella le hubiera dicho atravesaron la mente del Kamado y allí se quedaron: «Si yo te guardara un secreto ¿Me perdonarías?»

—Bien, confiaré en ti —a pesar de lo que decía, el peso de la duda no se apartó por completo del pecho de Tanjiro, no era que dudase de ella, sino que él conocía en carne propia lo crueles y mortales que podrían llegar a ser esta clase de misiones. Lo sucedido en el tren Mugen le había abierto los ojos, le había echado en cara el hecho de que al cazar demonios y sobre todo lunas, salir vivos no era una promesa—. Pero aún así me mantendré lo más cerca de ti que pueda ¿Bien?
—Sí, gracias Tanjiro-kun.

No sólo eso; sino que Tanjiro sentía la necesidad de hacerle algunas preguntas. Sin embargo era consciente de que este no era el momento adecuado para empezar a interrogarla.

Tanjiro quiso responder pero luego ambos se sobresaltaron:

—¡Agradezco que valores tan poco mi vida, señorita Ling! ¡¿Si ya terminaron de coquetear pueden concentrarse?! —la voz altanera del Shinobi podría llegar a ser tan potente como la de Rengoku cuando se lo proponía, y Zenitsu no tardó en reclamar por gritar de esa forma y lastimar su sensible oído.
—¡L-lo sentimos! —parpadeando como si hubiese recién despertado de un sueño Tanjiro contestó casi a los gritos, luego apresuró el paso para encontrarse con sus compañeros y evitar la futura discusión entre el rubio y el adulto de cabellos blancos— ¡Y-y no estábamos coqueteando, Uzui-san!

Mei prefirió quedarse atrás por el momento, pensando.

La reacción de Tanjiro había sido mucho más suave de lo que esperaba, y agradecía que hubiese decidido dejar por el momento las dudas a un lado. A pesar de que ellas mismas la habían recomendado al patrón ni Mitsuri ni Shinobu pudieron esconder la preocupación que las embargaba al saber que su primera misión sería una de semejante riesgo como lo era esta, las alarmas se encendían con más fuerza luego de casi haber perdido al Pilar de la llama en el incidente del tren Mugen y aún así ambas mujeres se callaron sus angustias y fueron a despedirla, con múltiples advertencias y recomendaciones de por medio.

Había sido más complicado explicarle a su servidumbre lo que estaba pasando o el lugar al que iba sin levantar sospechas, tampoco había sido capaz de decirles que existía la posibilidad de que no regresara de su "viaje" —tuvo que decir que se iba de viaje sin dar mayores detalles—, las razones eran muy claras puesto que ellos no le permitirían jamás ir a un lugar que pusiese en riesgo su seguridad —sobre todo hablando de Sana— desde lo ocurrido con su esposo y el antiguo patrón, mentirles o más bien contarles medias verdades había sido muy complejo para ella. Estas circunstancias eran las que más le habían provocado dudas al recibir el ofrecimiento de la Pilar del insecto, el hecho de que tendría que dejar atrás a las personas que la necesitaban y a sus amigas.

Y a pesar de todo había aceptado; porque deseaba vengar a su marido, a Wen y a Jiang, deseaba ayudar a sus amigas y también ayudar a Tanjiro. Ahora que se le había presentado la oportunidad no la iba a desperdiciar.


Uzui los había llevado a una especie de habitación en la que podrían hablar con más privacidad —aunque Mei no estaba tan segura de eso— y finalmente se dedicó a explicarles la situación, por el momento sólo tenían que concentrarse en encontrar a las esposas del Pilar del sonido, quienes hace un tiempo atrás se habían infiltrado en las casa del distrito rojo para conseguir información del misterioso demonio que allí habitaba —según los rumores— y de un momento para otro habían perdido todo contacto con él. La posibilidad de que hubiesen sido descubiertas o incluso asesinadas era una que a cualquiera le erizaba la piel o cuando menos, lo inquietaba.

Y Tengen Uzui lo sabía.

Aunque no se lo tomó tan bien cuando el muchacho con máscara de jabalí se lo dijo en la cara sin ninguna clase de tacto y el Pilar del sonido lo calló de un puñetazo, tampoco podían faltar uno de los escándalos de Zenitsu al enterarse de que el adulto tenía tres esposas —no era tan difícil pensar que eso había sido lo único a lo que el usuario de la respiración del rayo le prestó atención en toda la conversación—, aunque luego el hombre de cabellos blancos no tardó en dejarlo noqueado al igual que su compañero, todo frente a los ojos espantados de Tanjiro y los de Mei que tan sólo ofrecían condolencias a los pobres muchachos y esperaba que con semejante golpe no se les hubiese roto algún hueso.

—Señorita Ling.
—¿Sí, Uzui-san? —contestó saliendo de sus pensamientos.
—Venga aquí un momento —la expresión de Uzui se veía tan seria que Mei creyó que era algo importante, que le asignaría alguna ocupación especial o algo así, por más que fuese arrogante pensarlo puesto que era su primera misión.
—Sí, señor —Mei se puso de pie y caminó tranquilamente hacia donde el Shinobi estaba sentado.

Pero el Pilar del sonido no le dijo nada; no hizo mucho más que ponerse de pie y comenzar a caminar alrededor de ella mientras hacía un monosílabo pensativo, comenzando a poner incómoda no sólo a Mei sino también al propio Tanjiro, y justo cuando Mei abrió la boca para preguntarle al adulto qué quería de ella se sobresaltó al sentir la mano de este... Sobre su trasero.

—¡¿Qué?!
—¡¿Q-qué demonios está haciendo?! —Tanjiro reaccionó a tiempo para alejar como podía a Uzui y pararse delante de la fémina, con el ceño profundamente fruncido— ¡¿No sabe que eso es acoso?!
—Sólo estaba midiéndola —espetó con indiferencia Uzui.
—¡¿Cómo que midiéndola?! —volvió a exclamar el Kamado.
—Tiene buen trasero, Señorita Ling. Me servirá sin duda —ambos jóvenes estaban pensando seriamente que este sujeto se creía un oasis en el desierto, que tenía el mayor cinismo que habían conocido jamás o sencillamente era un imbécil.

Uzui se dio la vuelta como si nada, ignorando por completo los reclamos del pelirrojo; detrás de este Mei tenía las mejillas hirviendo de vergüenza y también apuñalaba con su felina mirada la espalda del Pilar del sonido, al mismo tiempo tenía ambas manos sobre sus glúteos como si intentase protegerlos de otro movimiento de aquél sujeto. Ganas no le faltaban de atacarlo o cuando menos darle una patada en sus bajos, pero se contuvo porque ella no era del tipo que reparte golpes sin ton ni son... Además de que no estaba dispuesta a arriesgarse a quedar inconsciente y adolorida como había pasado con Zenitsu e Inosuke, no sabía si Tengen era del tipo que muestra alguna consideración hacia las mujeres, por el momento no lo creía ni quería averiguarlo.

—¿Estás bien, Mei-chan? —dejando de despotricarle por un momento a Uzui —que como cosa rara actuó como si él ni siquiera existiera— Tanjiro se giró para ver a Mei, con preocupación por segunda vez.
—Estoy bien, Tanjiro-kun —más calmada la chica respondió—. Es mejor que despertemos a Agatsuma-san y Hashibira-san, siento que tendremos que salir en cualquier momento.


Mei creyó que estaba preparada para enfrentar de nuevo una parte de su pasado, durante esos días después de que el patrón la haya recibido con los brazos abiertos en sus filas permaneció en compañía de sus amigas —incluida la Pilar de la Luna—, estas le brindaron todas las palabras de ánimo que pudieron y aunque Mei en ese momento lo había encontrado un poco exagerado, justo ahora les agradecía de todo corazón, porque el escenario le provocó un apretón doloroso en el pecho ¿Nostalgia? ¿Tristeza? ¿Temor? Ni siquiera ella misma podía entenderse.

«Este lugar no ha cambiado nada.» Pensó la joven con una sensación extraña en el estómago cuando se encontraba junto a los demás en el carro, avanzando por las calles llenas de gente, puestos y lámparas rojizas que le daban su nombre a este distrito.

Junto a ella se hallaban Tanjiro, Zenitsu e Inosuke con un aspecto... Bastante estrafalario que a cualquiera que los conociera habría podido sacarle una carcajada o un gesto de auténtica vergüenza ajena. Pues los kimonos grandes cuyos patrones recordaban bastante a sus haoris comunes —al menos en el caso de Tanjiro y Zenitsu—, los moños exagerados que sujetaban sus cortos cabellos tratando de hacerlos parecer más "femeninos" y el maquillaje que intentaba con poco éxito eclipsar sus rasgos masculinos —Mei había logrado retocarlos de tal forma que no se viese por completo grotesco como pasó en el primer intento de Uzui por maquillarlos— pero por lo menos lograba hacer ver sus rostros más infantiles y les permitía pasar medianamente desapercibidos.

Medianamente porque había gente que los veía y se detenía a comentar la "fealdad" de tres de las "jovencitas" que acompañaban al hombre de cabellos plateados, comentarios que no le eran indiferentes al Pilar del sonido y que lo hacían pensar que sería difícil que ese trío de alocados adolescentes fueran aceptados en alguna casa y lo hacía lamentar no haber traído a las chicas de la finca mariposa.

Por lo menos tenía a Mei; que aparte de lucir encantadora con el kimono, el moño arreglado y el maquillaje —quizá fuese porque ella era mujer— estaba sentada de tal manera y reflejaba un aura que daba a entender que ella sí sabía lo que estaba haciendo, que ella sabía lo que significaba ser una Oiran. No mintió cuando afirmó que ya conocía cómo funcionaba ese mundo, ni siquiera había que mencionar que cuando ella se apareció vestida y perfectamente arreglada en seguida los rostros de Tanjiro y Zenitsu se habían puesto de color bermellón e incluso ahora el muchacho de ojos rubíes le seguía enviando miradas furtivas —y muy azucaradas— a la joven, poco faltaba para que suspirara como un imbécil enamorado.

En otras palabras; la señorita Ling estaría bien, sus preocupaciones estaban en el trío de caóticos muchachos y que el Kamado se concentrara y no estuviese todo ese tiempo dedicándose a babear por la fémina.

Aunque no tuvo que preocuparse de lo último mucho tiempo porque, cuando les volvió a hablar a ese pequeño "grupo" —en el que él era el líder, no estaba demás aclararlo— y llegó el momento de organizarse para la infiltración en las casas del placer, las miradas determinadas y serias de los jóvenes casi le sacaron una sonrisa, dando a entender que estarían completamente enfocados en su cometido.


Fue pura suerte —o quizá un giro conveniente del guion— el hecho de que Tanjiro y Mei hayan sido aceptados por la misma casa del placer; el primero por su aura dócil que sin duda lo haría "atractiva" para los clientes y la segunda por ser —explícitamente dicho— la más bella del pequeño equipo traído por el albino. Las otras oirans les dieron una bienvenida puramente formal a sus nuevas "compañeras" y para —valga la redundancia— suerte de Mei y Tanjiro, las personas nuevas no volvieron a ser demasiado el centro de atención, y eso les daba una considerable libertad para continuar vigilando las estancias y buscando anomalías.

Decir que esa dichosa misión no los ponía nerviosos o no transformaba sus emociones en una verdadera montaña rusa sería mentir. En el caso de Tanjiro porque lo ponían bastante tenso los aromas diferentes a mujeres que lo rodeaban, pero todos reflejando la misma frustración y dolor de no poder mejorar sus vidas o escapar de ese lugar. Por su parte Mei se ponía nerviosa al saber que Tanjiro estaba rodeado de tantas féminas y todas en un grado similar de hermosura, era obvio que no las tocaría y ellas no lo tocarían a él puesto que estaba fingiendo ser una mujer. Pero la posibilidad de que Tanjiro llegase a hacer conexión con alguna de esas mujeres e incluso desear rescatarlas como alguna vez su marido hubiera hecho con ella era una posibilidad fantasiosa, pero que la perseguía y hacía a menudo que su estómago se sintiese de cierta manera ácido producto de los constantes ataques reprimidos de celos.

Los días pasaron; el pequeño equipo solía reunirse para dar una especie de informe sobre lo que habían descubierto sin demasiadas novedades, llegó un momento en que todos se pusieron de acuerdo en que no había demasiado caso... Se arrepintieron casi de inmediato, porque más tarde esa "novedad" que tanto estaban buscando se presentó de la peor forma.

Zenitsu desapareció.

Cuando Uzui se enteró no tardaron en dar por hecho de que el responsable había sido ese demonio que contaban los rumores, habían confirmado su existencia de la peor manera que era perder a su compañero. Tengen comenzó a lamentar haber aceptado traer a esos jóvenes consigo aún consciente de su inexperiencia, se sentía como si los hubiese dejado a su suerte. Por esto mismo decidió completar el resto de la misión solo y enviar a los jovencitos que quedaban y a la viuda a casa.

Como es evidente; Inosuke y Tanjiro se negaron rotundamente a marcharse sin más dejando solo al usuario de la respiración del rayo que todavía podría estar vivo. Mei contestó de una manera menos enérgica pero aún así bastante contundente apoyando la negación.

—¿Cree que podrá vencer usted solo a ese demonio y recuperar a sus esposas y Agatsuma-kun? Por favor no sea ingenuo, o mejor dicho no sea tan arrogante. Usted mismo sabe que no puede con todo solo.
—Para haber sido una cortesana llegas a ser bastante insolente a veces, señorita Ling ¿Te lo han dicho?
—Sí señor, mis vecinos me lo dicen a menudo.

El Pilar del sonido dejó ver una diminuta sonrisa.

Esa misma noche, cuando Mei se hallaba haciendo "patrulla" a lo largo de los enrevesados y ostentosos pasillos de la casa del placer recubiertos desde el suelo hasta el techo con rojo, dorado y rosa. Ella se dio cuenta de que había algo que no encajaba, un pedazo de tela que no debería estar allí, podría ser una inocente alfombrilla que alguna de las pequeñas yuuyo o las banto shinzo habían dejado para recoger después, pero la cuestión era que esta se movía sola, apenas haciendo ondulaciones cuando no había ninguna ventana capaz de emitir alguna corriente de aire.

Sacando una bella lanza yari que brillaba como el hielo, en azul pálido y blanquecino Mei se atrevió a tocar un poco la tela apoyando la punta, se sobresaltó cuando de pronto la tela se enrolló sobre sí misma como si estuviese poseída, atrapando la punta. Por más que Mei intentó luchar para sacar su lanza del agarre de esa maldita tela no lo consiguió, y la lanza fue arrastrada por un hueco como si fuera una especie de depredador, desapareciendo como si nunca hubiese estado allí.

Segundos después Mei gritó y se apartó de un grácil salto porque la pared se rompió y desprendió aparatosamente, con todo y adornos, y entre el polvo y las astillas de madera Mei se encontró cara a cara con unos destellantes ojos bicolores con extraños símbolos grabados, una risa aguda, maliciosa y de alguna manera retorcida infantil retumbó en el destrozado pasillo.

Mei había encontrado al demonio.


¡El lore ha comenzado juasjuasjuas! /se va a echar en lugar de empezar a escribir la dichosa batalla.

En fin; ha comenzado la recta final de este fanfic, después de esto voy a poner unos capítulos más lindos de ambas parejas, una sorpresita especial y... ¡Nonono estoy dando espoilers como pendeja!

En fin. Ojalá lo disfruten y ténganme piedad, será la primera batalla que escriba en toda mi vida :')