¡Hey! Aquí os traigo actualización rápida pero con la información necesaria.

Actualización es una historieta que sucede con el equipo 100% instalado en la playa.

CONTEXTO

El gran Kerpymon es el ángel del conocimiento. Él guarda absolutamente todo, con el permiso de Baronmon, en su gran castillo, ocupado por Xana-Lucemon. Él tuvo que huir, dejando atrás todo su saber, pero... ¿Realmente está desprotegida la Rosa de las Estrellas?


Xana-Lucemon no podía creerse la suerte que acompañaba a los Guardianes. Por más que su poder estaba yendo en aumento, nada parecía hundir a ese molesto grupo renacido.

—Esta será la última vez que me pasáis la mano por la cara, niñatos del demonio —murmuró —. ¡Duskmon! Ven aquí ahora mismo.

Obediente, el clon corrupto siguió al ángel caído hasta una sala casi olvidada donde un único escáner esperaba con las puertas abiertas. Con un simple gesto, Xana-Lucemon le indicó que entrase.

—Os voy a enviar a la peor de vuestras pesadillas, molestos granos de pus...

Tras pulsar varios botones, Xana-Lucemon se apartó para observar más cómodamente el cilindro en el que Duskmon estaba recibiendo un aumento de poder. Toda una serie de alarmas empezaron a pitar en el lugar, alertando al ángel caído y haciendo que los Phantomons que rondaban por ahí revoloteasen a un lado y a otro buscando el motivo del fallo.

—Estúpidos mocosos... ¡Otra vez están jugando con las torres!

—No, mi señor —se atrevió a hablar un Phantomon —, no se ha desactivado ninguna de vuestras torres.

—Entonces ha de ser otra vez esa estúpida barrera de Kerpymon... ¡Estúpido ángel sin alas!

...

El jaleo en el cuartel era enorme, aunque a Lopmon le importaba poco. Al contrario que Jeremy o Aelita, el trabajo que estaba haciendo no requería obligatoriamente calma, simplemente un ordenador libre.

—¡Lopmon, los niños quieren salir a desactivar torres! —llamó Patamon.

—Sí, sí, tardo nada —dijo tecleando lo más rápido posible.

La base de datos de virus ha sido actualizada.

—Perfecto —sonrió.

Rápidamente, cerró todo cuanto había abierto, asegurándose de desconectar su sesión. Lo dejó todo como lo había encontrado, saltó de la silla y corrió a reunirse con su amigo con una gran sonrisa.

—¿Todo en orden? —preguntó Gatomon.

—Xana-Lucemon no podrá acceder a los datos confidenciales mientras yo siga con vida —dijo antes de soltar una risa malvada que sobresaltó a más de uno por allí cerca.

—Contrólate, hombre. Bastante ocultamos como para que encima crean que tramamos cosas malas —suspiró Patamon.

—No puedo evitarlo. Es una sensación increíble saber que estás fastidiando a Xana-Lucemon día a día —rió —. Venga, que los niños nos esperan.