CAPÍTULO 15

Punto de vista de Jaime

El Castillo Negro era el más grande y poblado de todos los castillos de la Guardia de la Noche. Sin embargo, Jaime prefería Guardiaoccidente del Río e incluso la Torre Sombría, los cuales no tenían nada que envidiar al asiento del Lord Comandante desde su remodelación, nada excepto el tamaño. Jaime pensó que si llegaba a ser Lord Comandante algún día se trasladaría al Fuerte de la Noche, como en los días de antaño.

Tal y como lo esperaba, fueron recibidos con frialdad por el partido de los dragones. Ser Alliser era odiado por los nuevos reclutas pero apreciado por los antiguos partidarios de los Targaryen, quienes lo veían como el posible sucesor de Jeor Mormont. El Viejo Oso era consciente de los nuevos retos de la Guardia y dividía los reclutas según su filiación.

—Y dime hermano, ¿tienes rebeldes en tu castillo? —preguntó Tyrion.

—No soy tan tonto como padre cree que soy —respondió el Joven León —. En Guardiaoccidente nadie cuestiona mi mando.

—Eso es lo que querías para tu vida, ¿no? Ser un comandante eterno.

—Aunque Benjen Stark prefiera llamarme ser, soy el Comandante Lannister para la mayoría de hermanos negros.

—Según tus cartas, si los planes van bien habrá dos castillos para cada región de Poniente.

—Eso espera el Lord Comandante, yo soy más escéptico. Ya lo dijo Yoren, padre no puede crear voluntarios.

Los días en que estuvo en el Castillo Negro fueron tensos para los hermanos Lannister. Si bien el Maestre Aemon no les guardaba rencor, los occidentales no eran los más apreciados en dicho castillo, Jaime solo esperaba el momento de ser despachado. Tenía la orden de llevar los planes de Jeor Mormont a los Comandantes Caswell y Mallister; para así coordinar los planes de la defensa de la mitad izquierda del Muro.

Jaime tampoco prestó mayor atención a Jon Nieve, quien quedó desamparado ante los muchos deberes de Benjen Stark. No había tiempo por perder y la Guardia entera estaba alerta ante una posible invasión, a la cual responderían con o sin la ayuda de los Siete Reinos.

—Cuando Benjen Stark encuentre al joven Royce convocaré un consejo de guerra —le anunció Jeor Mormont a Jaime el día de su partida.

—Le informaré a Mallister y a Caswell.

—No solo a ellos, sino también a tus tíos y todos los nobles menores de su lado del Agasajo. Si tus exploradores tienen razón, esta será la mayor amenaza que enfrentamos en siglos.

Jaime asintió.

—Tú también podrías asistir, Lord Tyrion —agregó el Viejo Oso —. Ustedes dos juntos y tendremos un Lord Tywin completo al servicio de la Guardia.

—Por más que disfrute de la compañía de mi hermano debo declinar vuestra oferta, señor —respondió Tyrion con amabilidad —. Tengo asuntos por resolver en Desembarco del Rey, a lo mejor podría convencer a mi hermana de enviar oro.

Se intercambiaron las últimas sonrisas y partieron. La guerra y el invierno se acercaban y según los maestres sería el invierno más largo en mucho tiempo. No tenía miedo, pero se permitió pensar en cómo sería el mundo si nunca hubiera abandonado la Guardia Real y tuviera a Cersei cerca de él.

Punto de vista de Jon

Jon Nieve no podía esperar el momento en que partiera del Castillo Negro con su tío Benjen y los leales a la Casa Stark. Los dragones lo miraban con el mismo odio que le dedicaban a Ser Jaime Lannister, el verdadero asesino del Rey Aerys cuando él todavía estaba en el vientre de su madre.

Para su desgracia, la amenaza Más allá del Muro lo había cambiado todo. Lord Comandante Mormont había decidido no rehabilitar Puerta de la Reina y Escudo de Roble, castillos que estaban casi listos para ser ocupados. Prefirió en cambio Lago Hondo y Guardiabosque del Lago; apenas listos pero cuya ubicación les permitiría mayor vigilancia sobre el Bosque Encantado.

Y luego estaba el asunto de su madre. Su tío había prometido hablar de ella cuando encontraran al caballero perdido del Valle. Su único consuelo era ser buen combatiente, tanto que a su parecer los demás le tenían envidia. Ser Alliser podía ser un cretino, pero eso no convertía a Jon Nieve en peor luchador.

Un día, tras un entrenamiento, Donal Noye lo llamó a su forja para hablar.

—Eres un matón, chico —pronunció con severidad.

Jon lo miró con rabia.

—Crees que tienes la mirada de tu padre pero no es así, Jon. No puedes juzgar a los inocentes con tus ojos, mucho menos golpear a muchachos que nunca tuvieron instrucción militar.

—Pero soy el mejor.

—¿Crees que el Rey Robert sería un guerrero feroz si no hubiera recibido entrenamiento en Bastión de Tormentas? Incluso nobles como Lord Renly podrían derrotar a tus hermanos reclutas.

—¿Debo entonces humillarme y no pelear en serio?

—No seas estúpido. Te pido que seas humilde, no un tonto. Robert Baratheon era feroz con sus enemigos pero magnánimo con aquellos que derrotaba, así ganó ese Trono de Hierro, así logró que Ser Barristan se uniera a su Guardia Real.

Jon no tuvo más opción que seguir el consejo del herrero manco, pues sabía que tenía razón. No quería convertirse en un cretino como Ser Alliser, los héroes no podían ser cretinos sino justos.

Ese mismo día recibió un cuervo de Invernalia que le informaba que hermano Brann había despertado, aunque estaría lisiado para siempre. Lleno de alegría tomó la misión de Noye con entusiasmo y se hizo amigo de Grenn y de Pyp, ayudándolos a entrenar, ante las burlas de Ser Alliser, que ante sus ojos solo podía tener envidia.

Notas

Puerta de la Reina y Lago Hondo son dos castillos que dentro del canon están relacionados con la Bondadosa Reina Alysanne. Cuando ella viajó al Muro con su marido se quedó a dormir en Puerta de Nieve, el cual sería rebautizado como Puerta de la Reina en su honor.

También financió la construcción de un nuevo castillo, más fácil de mantener que el Fuerte de la Noche, castillo que pagó con su joyas. Esa fortificación es Lago Hondo y posee una estatua de la Reina Alysanne afuera del salón principal.