CAPÍTULO 17

Punto de vista de Jaime

Mucho se había discutido en la Torre Sombría y ya estaba de vuelta en Guardiaoccidente, se sentía en casa, más cómodo que en Invernalia, la Fortaleza Roja o el Castillo Negro. Era un comandante capaz, un león de hielo. Y si era necesario que diera muerte a su viejo amigo Mance Rayder no tenía más opción que obedecer, después de todo jamás se le había dado una orden injusta.

Jaime apreció también la breve compañía de su hermano, a quién no le bastó con orinar desde la cima del Muro sino que lo hizo también desde el Puente de los Cráneos. Luego partió hasta Puerto Helado y de allí a Puerto Glover, para visitar a Bran Stark que recién se despertaba. Jaime pensó que era una pérdida de tiempo visitar al lisiado y que debía continuar por barco hasta que estuviera fuera de las tierras de los Stark y los Tully.

Pero su hermano no prestó atención.

—Primo —le habló Ser Lyonel desde fuera de su estancia.

—Pasa, Lyonel —respondió Jaime.

El Blackfrey llevaba una carta en la mano.

—¿Noticias familiares? —notó Jaime al ser su primo quién le llevaba la carta.

Ser Lyonel asintió.

—Madre ha logrado dos ventajosos matrimonios para los hijos de Cleos.

—¿Se casará el pequeño Ty con la princesa Myrcella? —inquirió Jaime en tono burlón.

—Nada de eso. Ty se casará con Jorelle Mormont y Willem se casará con Lyanna Mormont.

Jaime arqueó las cejas, sorprendido por la sagacidad de su tía.

—Mi tía está decidida en que los Blackfrey tengan sangre de los Primeros Hombres.

—Ya la tenemos, primo, mi abuela era una Royce. Eso le ha permitido negociar, además se lleva bien con Lady Maege.

«Si tan solo el estúpido hijo de Jeor, Jorah hubiera actuado con paciencia ahora tendría suficiente oro para complacer a la chica Hightower»

—Supongo que ahora serás familia de nuestro Lord Comandante —agregó Jaime con tono pensativo —. ¿Ya lo sabe él?

—No, pero el cuervo no debe tardar en llegarle.

Jaime pensó en la reaccionar de su padre, Lord Tywin, y estalló de risa en su interior. Los nietos de una Lannister casados con una casa recién salida de la pobreza. Admiraría la capacidad de su hermana de establecer alianzas, pero jamás asistiría al techo del mundo para asistir a las bodas.

—Por cierto —agregó Ser Lyonel cuando se disponía a retomar sus deberes como maestro de armas —. Padre quiere cambiar el blasón de nuestra casa.

—¿Elegirá los colmillos de morsa con los que se ha hecho rico?

Ser Lyonel se rio. Sabía que los méritos se debían a su padre, pero era un Blackfrey y no un Lannister. Y eran los Blackfrey quienes exportaban marfil, no los Lannister.

—Por un mamut. También tienen marfil en sus cuernos, pero padre no lo piensa sacrificar, lo usa como montura.

—¡Siete Infiernos! ¿Cómo logró conseguir el puñetero mamut? —preguntó el Joven León.

—Los Pies de Cuerno se encargaron —se encogió de hombros —. Aunque Tion me ha dicho que les pagó toneles de vino helado, han de estar hartos de beber hidromiel.

«¿Cómo le explico al Lord Comandante que mientras la mayoría de salvajes se agrupan en los Colmillos Helados un pequeño número de ellos le venden un mamut al esposo de mi tía, el mismo que sería el abuelo político de sus sobrinas».

Y Jaime no quiso pensar más y bebió el vino helado que los Clanes del Norte habían perfeccionado en su aislamiento, acompañado con chuletas de cerdo de Ibben, los mismos que un Manderly importó.

«Me convertí en un señor sin quererlo, ¡Siete Infiernos» —pensó antes de perderse en la comida y la bebida.

Punto de vista de Genna

Lord Emmon Blackfrey paseaba sobre su mamut para asombro de todo Puerto Helado. Gracias a unos viajeros de Essos había aprendido el estilo que usaban en el continente oriental para montar elefantes, así como reclinando sus sillas de montar. Mientras tanto, Lady Genna Lannister revisaba la correspondencia.

Querida hermana, mi princesa. Espero que ya te hayas enterado, pero dada la fiera lealtad de los norteños por los Stark es posible que hayan ocultado muy bien la noticia. Tyrion, mi hijo, tu sobrino, ha sido apresado en el Camino Real por Lady Catelyn Tully.

Kevan, y yo hemos jurado venganza por esta afrenta. Enviaré a Ser Gregor Clegane a saquear las tierras de su padre. Si de algo sirven tus conexiones, haz que liberen a Tyrion de inmediato.

Lord Tywin Lannister

—Tymer —anunció Lady Genna.

—¿Sí mi señora? —respondió el líder de la guardia.

—Llama al maestre y alista una galera.

—¿A dónde partimos?

—A Puerto Glover y de allí a Invernalia.

No convenía la guerra con Mance Rayder acechando al otro lado del Muro, o al menos eso pensaba Lady Genna Lannister. Si el Muro caía, ella sería la primera en morir, porque ni siquiera los que comerciaban al otro lado del Agualechosa recordarían la paz en tiempos de guerra abierta.

Se propuso que Tyrion tuviera un juicio justo, para disipar los rumores del intento de asesinato al pequeño Bran Stark. Debía ser en Invernalia, sede del poder del Norte. Si era encontrado libre en el hogar ancestral de los Stark y no en el castillo de un vasallo nadie protestaría ante el veredicto.

—Tymer —anunció de nuevo cuando le escribió a su hermano sobre sus planes, como anunció a Invernalia su visita.

—¿Sí, Lady?

—Contrata a ese tal Bronn, dile que la guerra contra Mance tardará, que le pagaré mejor si se une a nosotros.

El guardia asintió y se fue a buscar al mercenario. Lady Genna no sabía por qué, pero muchos hombres se estaban concentrado en las villas del Agasajo esperando ser contratados para una guerra inminente. Nunca en toda la historia del Norte hubo tantos hombres de tierras extrañas. Incluso Puerto Helado, la última parada de todas las rutas comerciales del mundo conocido estaba a rebosar.

«Empiezo a creer que la idea de Emmon de cobrar peaje a los salvajes por cruzar el Muro es una idea cuerda a comparación de la locura de los mercenarios» —pensó la leona de hielo.