DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro.


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— Resoluciones —


—Entonces, aquí está el pastel y también los snacks… creo que la comida está lista, ¿verdad?

La voz nerviosa de Kagome logró enternecer a las dos adultas que estaban con ella, su madre le dedicó una sonrisa comprensiva mientras le apretaba el hombro con confianza, en tanto Izayoi también sonreía con tranquilidad.

—Sí, hija. Sólo faltan sus amigos para que te ayuden con la decoración, y el cumpleañero —respondió la dueña de casa, con lo que la azabache le devolvió el gesto, aunque seguía reflejando sus nervios.

—Tranquila, estoy segura de que todo saldrá bien. InuYasha estará muy feliz —la otra mujer intentó disminuir los niveles de ansiedad que tenía la más joven, algo que podía notarse en su rostro.

—¿De verdad cree eso, Izayoi-sama? Es decir, sé que no es mucho de este tipo de cosas… —Kagome dudó de las palabras de la madre de su novio, porque él no se mostraba como alguien que disfrutara de ese tipo de reuniones.

—Sé que mi hijo da la impresión de ser bastante huraño, pero creo que es sólo porque no confía en cualquiera. Hoy compartirá con sus cercanos, personas que lo quieren y estoy segura de que se alegrará por la sorpresa y agradecerá tu esfuerzo.

Kagome sonrió con alegría y alivio, las palabras de la madre de InuYasha, quien podía considerarse la persona más cercana al muchacho, eran capaces de mitigar casi por completo su nerviosismo. Abrió la boca para decir algo en agradecimiento, pero el sonido del timbre la interrumpió. Sin dejar de lado la emoción que la recorría, se apresuró en ir hasta la puerta para abrir, encontrándose con Sango y Michio del otro lado, que la saludaron con una sonrisa.

—Hola Kagome, ¿no estamos retrasados? —Preguntó la castaña, en tanto su amiga los invitaba a entrar.

—No, apenas si estaba revisando que todo estuviese listo —respondió, guiándolos hasta la sala en donde celebrarían al cumpleañero —. Me falta terminar de colocar algunas decoraciones… aunque quizá debería no usar todo lo que tenía planeado…

—Oh, bien… primero, veamos que tenías pensado y luego decidimos… —Sango sonrió mientras entraba en el lugar y luego hacía una reverencia educada hacia las mayores, gesto que imitó su compañero. —Buenas tardes, Higurashi-sama, y usted debe ser la madre de InuYasha, ¿no?

—Sí, mi nombre es Izayoi, un gusto —la saludó de vuelta, con una sonrisa.

—El gusto es nuestro. Yo soy Kuwashima Sango y él es Kato Michio, mi novio.

—Buenas tardes —ante la presentación, el muchacho nuevamente realizó una respetuosa reverencia hacia ambas adultas, que lo observaron con amabilidad.

—Bienvenidos. Por cierto, Izayoi-sama, ¿se le ofrece un té? Creo que los chicos pueden hacerse cargo de lo que haga falta —comentó la madre de Kagome, invitándola con un gesto hacia la cocina.

—De acuerdo, pero no duden en avisarnos si necesitan ayuda —la aludida les dedicó una mirada bonachona antes de seguir los pasos de la anfitriona, dejando a los jóvenes solos ante la tarea de decorar el lugar.

—Bien, entonces… ¿cuál era tu idea? —Sango quiso comenzar la labor que tenían, observando la hora en su móvil para cerciorarse de que aún era temprano.

—Ah… ¡cierto! Pensaba en colocar unos cuantos globos en la entrada, sólo para ambientar, ya sabes… y esas letras doradas en aquella pared… —Comenzó su explicación Kagome, señalando los lugares indicados. —Había considerado colgar algunas guirnaldas y otros adornos desde el techo, pero creo que es demasiado…

—Sí, InuYasha es mucho menos festivo, así que mejor dejamos esa idea de lado…

—En ese caso, deberíamos comenzar preparando todo… ¿Tienes los globos por ahí?

—Claro, hay que inflarlos… pero aquí está la bomba para eso —la azabache se apresuró en buscar las cosas y entregárselas a Michio, quien comenzó de inmediato con la labor asignada.

—Bien, entonces… manos a la obra.

Los tres se dispusieron a decorar el lugar para la celebración que se llevaría a cabo dentro de pocas horas, tarea que los mantuvo ocupados por un buen rato, hasta que finalmente sólo les quedaba colocar los globos en la entrada.

—Bien, entonces… —El judoka se encontraba subido en una pequeña escalera para alcanzar el marco de la puerta, con varios globos en la mano que esperaban ser colgados ahí. —Ah… ¿podrías sostenerme esto, por favor?

Bajó los adornos que tenía sujetos para poder atar más fácilmente el resto en la puerta, sin siquiera mirar quién estaba a su lado para ayudarlo.

—Claro, no hay problema.

Kato se sorprendió al escuchar una voz masculina en respuesta a su petición, teniendo que esforzarse en mantener el equilibrio para no caer y moviendo el colorido atavío para ver a quien ahora lo sujetaba de pie junto a la puerta, reconociéndolo como el amigo de las muchachas.

—Oh, perdón, no quise asustarlo… Por eso no toqué el timbre… —Miroku se disculpó al ver lo que había causado su repentina presencia, agachando la cabeza con algo de aflicción.

—A-Ah… no hay problema, no me di cuenta de que las chicas no estaban aquí —el castaño le restó importancia a lo ocurrido, porque también era su error no haber notado la ausencia —. Eh… Soy Kato Michio, el novio de Sango. Supongo que usted debe ser Tsujitani Miroku, ¿no?

—S-Sí, un gusto —el ojiazul hizo una reverencia cortés a modo de saludo, recibiendo el mismo gesto por parte del otro varón.

—El gusto es mío —comentó con amabilidad antes de levantar la cabeza y mirar sobre su hombro hacia el interior de la casa —. Creo que las muchachas deben estar adentro…

—Es lo más probable, debería avisarle a Kagome que estoy aquí… Aunque eso puede esperar, si necesita más ayuda con los globos…

Kato parpadeó un par de veces, sintiéndose levemente incómodo de que el recién llegado lo tratara con tanta formalidad, como si no fuesen jóvenes casi de la misma edad. Sin embargo, tampoco sentía la confianza suficiente como para hacer la observación, ya que podía ser que se dirigiera a él de esa forma porque esperaba el mismo trato. Iba a agradecer su ofrecimiento cuando las risas de las universitarias llamaron la atención de ambos.

—Sōta tiene unas ocurrencias muy extrañas a veces… —Sango hizo la observación justo cuando acababan de llegar junto a ellos, advirtiendo la presencia del ojiazul ahí y dejándola a ella sin habla por un instante.

—¡Miroku, viniste! Pensé que se te había olvidado —Kagome lo saludó efusivamente, sonriéndole con alegría —. Oh, parece que ya conociste a Kato-senpai…

—Sí, algo así… —Sonrió aún con algo de pena por lo ocurrido antes de dirigirse a la otra fémina del grupo. —Hola, Sango.

—Hola Miroku —ella lo saludó educadamente, observando con curiosidad los globos que sostenía en su mano —. Creo que nos perdimos de algo.

—Ah, eso —Kato soltó una risita, como si el incidente anterior fuese una divertida anécdota —. No me di cuenta de que ustedes no estaban, pedí ayuda y bueno, Tsujitani-san acababa de llegar, así que…

—Oh, ya veo. Me alegra que hayas podido ayudarle —Sango sonrió con tranquilidad al escuchar la historia, sintiéndose aliviada de que la situación no fuese para nada incómoda como ella lo había imaginado en un principio.

—Es maravilloso, pero aún me quedan algunas cosas por hacer adentro y no hay tiempo que perder —Kagome soltó un suspiro, mirando la hora algo nerviosa —. Miroku, ¿por qué no me acompañas? Creo que Sango puede ayudar a Kato-senpai con eso.

—Sí, en seguida.

Miroku le entregó los globos a Sango y se apresuró en seguir los pasos de su amiga, alejándose de la pareja que comenzó a decorar la entrada sin demora. Cuando estuvieron en la cocina y lejos de cualquier otro oído, la azabache se volteó hacia él y le dirigió una mirada perspicaz, que logró desconcertarlo un poco.

—De verdad, pensé que no vendrías. Te noté muy incómodo cuando te invité, como hacía poco tu ex había estado molestando… —Kagome fue directa, sacándole una sonrisa algo culpable a Miroku.

—Bueno, no puedo negar que lo pensé mucho antes de decidirme a venir —admitió, encogiéndose de hombros —. Pero llegué a la conclusión de que era lo mejor. InuYasha es mi mejor amigo y le estoy muy agradecido por muchas cosas, así que lo mínimo que podía hacer era estar aquí. Además, creo que es una excelente forma de despejarme un poco.

—Me alegra que hayas decidido venir —ella le dedicó una sonrisa alegre y sincera —. Y debo suponer que no fue incómodo con Kato-senpai tampoco…

—No, la verdad fue bastante amable. Demasiado educado, incluso —respondió, haciendo una mueca.

—Oh, ¿lo dices por la formalidad…? No es algo habitual en él, en realidad —Kagome lo pensó unos instantes, porque eso también le había llamado la atención —. Quizá sea sólo porque están apenas conociéndose…

—Puede ser —le dio la razón, porque tampoco habían compartido lo suficiente como para dejar los honoríficos de lado —. Bueno, yo también fui respetuoso, no tenemos tanta confianza para tratarnos con más familiaridad.

—Es cierto, supongo que sólo es cuestión de tiempo. Porque si sigues recuperando la amistad con Sango, es probable que tengan que interactuar mucho más.

—Tienes razón —Miroku asintió con un gesto, a pesar de que la idea, por alguna extraña razón, se le hacía algo no tan agradable, era consciente de que su amiga estaba en lo correcto —. Pero dejemos de hablar de esto y enfoquémonos en lo que importa hoy. ¿Qué más falta para que todo esté listo?

La muchacha asintió con un gesto a la idea de su compañero, indicándole en qué podía ayudarla para finalizar con los preparativos y así, sólo esperar la llegada del celebrado para darle su sorpresa. Después de todo, eso era lo que importaba ahora y sólo deseaba que sus esfuerzos se viesen reflejados en la alegría de su novio.


Terminó de revisar el listado de los productos que acababa de retirar del mercado uno de los proveedores del konbini y agregó al pedido algunas opciones para mantener un buen stock de artículos de cuidado personal, que era lo que se había visto afectado por los cambios. Llenó el formulario respectivo para la solicitud de reabastecimiento y lo envió para luego observar la hora en la pantalla de su Tablet y sonreír de medio lado. Apagó el aparato, guardándolo en su mochila e indicándoles a quienes estaban en ese momento de turno en el lugar, que ya se iba. Se despidió con un gesto y se dirigió a su vehículo, enviándole un mensaje a Kagome diciéndole que ya iba en camino a su casa. La muchacha le había dicho que su madre lo había invitado a comer con ellos, porque hacía tiempo que no iba a la casa y al parecer, la familia de su novia quería compartir más con él.

Condujo con calma y estacionó donde siempre, extrañándose de ver que el hermano menor de Kagome lo estaba esperando en el lugar.

—Hola, Sōta —lo saludó, sin ocultar su confusión —. ¿Pasó algo?

—Hola, InuYasha —respondió el menor, con una sonrisa —. No, pero mi hermana me pidió que te recibiera, porque ella está ocupada ayudando a mamá con la comida.

—Oh, entiendo —la explicación le pareció lógica —. Aunque no era necesario, sé llegar a la casa…

—Bueno, pero ella me lo pidió, así que…

Comenzaron a caminar el trayecto que los llevaba hacia el interior del templo y hasta la residencia de los Higurashi, InuYasha en silencio escuchando a Sōta comentarle emocionado algunas anécdotas como si no se hubiesen visto en años. Tras algunos minutos, finalmente llegaron a la entrada de la casa, momento en el que el menor detuvo su plática para invitar al mayor a entrar.

—Adelante.

Sōta abrió la puerta, indicándole a InuYasha que entrara con un gesto. Él lo hizo de inmediato, aunque le pareció extraña la actitud de su acompañante. Sin embargo, no tuvo tiempo de pensar mucho en ello.

—¡Feliz cumpleaños!

Las voces animadas y el recibimiento alegre lograron desconcertarlo, dejándolo paralizado en la entrada, mirando al grupo que lo esperaba con confusión. Parpadeó un par de veces, intentando procesar lo que estaba ocurriendo.

—Ah… ¿Qué…? —Su desconcierto lo dejó sin habla unos segundos, mientras sus ojos recorrían las caras de los presentes con duda. —¿Kagome, tú…?

—Felicidades, InuYasha —la aludida se acercó, sintiéndose ansiosa al ver la reacción de su novio —. Hoy es tu cumpleaños, ¿verdad?

—A-Ah… sí, pero ¿cómo lo supiste? Es decir, no le he dicho la fecha a nadie…

—B-Bueno, digamos que tuve información de primer nivel —ella sonrió nerviosa, haciéndole un gesto hacia los otros presentes —. Tengo otra sorpresa más para ti.

La madre del festejado se abrió paso entre los demás, ya que se había mantenido oculta tras ellos para no arruinar ese presente que quería darle Kagome al oji dorado. InuYasha tardó unos segundos en procesar lo que estaba ocurriendo, observando a la adulta frente a él con el asombro evidente en el rostro.

—M-Madre…

—Feliz cumpleaños, hijo.

Él se dejó abrazar por su madre, esbozando una sonrisa tranquila y recibiendo el gesto en silencio, hasta que Izayoi decidió separarse de él y volver a mirarlo directamente con cariño.

—Oh, estás tan grande…

El oji dorado hizo una mueca ante el tono cariñoso que usó ella para hablarle, porque no era algo a lo que estuviese acostumbrado.

—Keh, por supuesto, ya no soy un niño —le respondió, intentando demostrar algo de molestia, pero sin lograrlo del todo porque se notaba en sus ojos que no lo estaba.

—Lo sé. De todas formas, espero que disfrutes de esta celebración —le guiñó un ojo, causando que un leve sonrojo se asentara en sus mejillas.

—Por supuesto, aunque no tenían que molestarse… —Comentó, aún intentando descubrir cómo reaccionar al gesto, ya que nunca había tenido una celebración sorpresa.

—Lo sabemos, pero queríamos hacerte algo especial —Kagome le sonrió todavía algo nerviosa, mientras todos los demás apoyaban sus palabras con gestos afirmativos.

—Muchas gracias.

El festejado les dedicó una sonrisa alegre a los presentes antes de que su novia los invitara a todos a la sala para que comenzaran a compartir y disfrutar de la celebración. Ella se acercó a él con algo de timidez todavía, demostrando así que aún se sentía algo ansiosa por su reacción.

—Bueno, espero que no te moleste que haya organizado todo esto —comentó, el nerviosismo notable en su voz —. Cuando tu madre me dijo la fecha, comenzó la idea de darte una sorpresa y luego tomó fuerza, y ya no pude detenerme. Sé que no eres alguien tan sociable, por eso decidí hacer algo sólo con tus cercanos, pero si me pasé de la raya o…

—Está bien —la interrumpió InuYasha, dedicándole una mirada cariñosa —. De verdad agradezco tu esfuerzo y la participación de los demás. Además, hace mucho tiempo que no celebraba un cumpleaños… e incluso invitaste a mi madre…

—Sí, ella fue quien me dio la fecha, y estaba muy emocionada por conocer a tus amigos y venir a verte. Dijo que las cenas familiares no contaban como visita porque eran demasiado formales.

—Es verdad, y el resto del año es difícil que nos veamos —InuYasha reafirmó la declaración de su madre —. Por eso me alegra que hayas hecho esto. Eres la mejor.

—No sabes lo feliz que me hace escucharte.

Él sólo acentuó su sonrisa, porque en realidad tenía una idea bastante acertada sobre cómo se sentía su novia en esos momentos. Decidieron que era momento de compartir con los demás, por lo que ambos se acercaron al resto de los presentes, disfrutando de la compañía y uniéndose a las conversaciones alegres, aprovechando esa tarde para distraerse de los problemas que podían terminar agobiándolos y las responsabilidades que los consumían día a día, porque en esos momentos la paz y felicidad que se respiraba en el aire era algo contagioso, por lo que todos aprovecharon de dejarse llevar. Después de todo, esa celebración no sólo era una sorpresa de Kagome, sino que le demostraba el cariño de todos los demás y ese era el mejor regalo de cumpleaños que podía pedir.


—¿Y cómo va la búsqueda de práctica?

Miroku levantó la vista hacia InuYasha, que acababa de llegar a su lado después de notar que se había alejado del resto unos minutos atrás. Inhaló profundo antes de responder, lo que le adelantó la respuesta a su amigo.

—Sin novedad. Estoy intentando mantenerme positivo, aún faltan unas semanas para el plazo final, espero tener alguna respuesta afirmativa estos días…

—Keh, los Nakamura son unos imbéciles rencorosos.

—Nunca pensé que las consecuencias iban a ser tan… serias. Pero creo que no hay mucho que pueda hacer por ahora.

—Es verdad. Pero vas a encontrar algo, lo sé —InuYasha le palmeó el hombro de forma amistosa, al tiempo que la risa de Kagome y Kato llegaba desde el otro extremo de la sala —. Por cierto, creo que ya conociste al novio de Sango, ¿no?

—Oh, sí. Es muy agradable —sonrió levemente, sospechando hacia dónde iba a dirigirse la conversación ahora.

—No lo niego. ¿Y hablaste con alguno de los dos sobre…?

—No, decidí no hacerlo —lo interrumpió antes de que terminara la idea, temiendo que pudiesen escucharlo a pesar del bullicio que había —. Kagome me dijo que, si lo hacía, sólo causaría una situación incómoda sin ningún propósito, porque en realidad no le creí a Nakamura, entonces no tenía sentido molestar a ninguno de los dos con eso.

—Bien, si crees que es lo mejor, te apoyo —le sonrió con calma antes de agregar algo más —. Deberías aprovechar de compartir con ellos. Sé que no soy experto en el tema, pero quizá te ayude a recuperar la confianza de Sango.

—Sí, Kagome dijo lo mismo y me echó una mano, de hecho, mientras estabas poniéndote al día con tu madre. Así que podría decir que ya nos conocimos un poco.

—Eso es bueno —volvió a sonreír, agradecido ahora de que su novia fuese tan buena socializando con los demás.

No pasó mucho rato hasta que los otros universitarios llegaran junto a ellos, Sango y Kato disculpándose porque debían irse, y despidiéndose de todos antes de abandonar el lugar. Pronto, Miroku también se marchó, con lo que se dio por finalizada la celebración. InuYasha decidió llevar a su madre hasta la estación de trenes para que no perdiera su transporte de regreso a Kyōto, y Kagome los acompañó para despedir a su suegra, con quien se llevaba extrañamente bien.

—Espero que hayas disfrutado tu día —la mayor le sonrió a su hijo, mientras caminaban hacia el andén en donde llegaría su tren.

—Sí, muchas gracias a las dos —InuYasha imitó su gesto, reflejando su alegría —. La pasé muy bien.

—Me alegra escuchar eso. Además, me deja más tranquila —miró a su hijo con cariño, causando que él terminara con un leve sonrojo en sus mejillas —. Ahora estoy segura de que tienes personas que te quieren y se preocupan por ti. No sabes lo feliz que me hace saberlo.

—Keh, como si no pudiese cuidarme solo —espetó, aunque desvió la mirada para que ella no viera su gesto algo avergonzado —. Y te había dicho que tenía amigos, también te conté de Kagome…

—Lo sé, pero es muy distinto ver el cariño que te tienen con mis propios ojos —Izayoi presionó su brazo con afecto mientras miraba la hora en el reloj digital que había en la estación —. Siempre decías que no tenía de qué preocuparme, incluso si estabas tan solo aquí…

—Bueno, sé arreglármelas por mí mismo…

—InuYasha, no seas tan terco. Reconoce que incluso has dejado de ser tan gruñón —Kagome lo regañó suavemente, logrando que su sonrojo aumentara.

—Está bien, como quieran —el aludido se cruzó de brazos, dándoles la razón.

—De acuerdo, debo irme. Puedo confiar en que te vas a comportar, ¿verdad, hijo?

—Por supuesto que sí, madre. Recuerda que ya-

—No eres un niño, lo sé —terminó la frase ella, con una risita —. Acabas de cumplir 22 años, ya eres un adulto.

—Sí, como sea… que tengas un buen viaje. Y gracias por la visita.

—Oh, ha sido un placer venir a verte y conocer a tus amigos. Agradezco mucho todo lo que hiciste, Kagome —le dedicó una sonrisa alegre a la chica, quien se sonrojó levemente en respuesta.

—El placer ha sido nuestro. Gracias a usted por todo su apoyo y por hacerse el tiempo de venir —Kagome también le sonrió, sintiéndose emocionada por sus palabras.

—Nunca podría desaprovechar la oportunidad de compartir un poco con InuYasha. Ahora sí, mejor me apresuro para alcanzar a abordar el tren…

—Claro, que tenga buen viaje.

—Sí, que llegues bien. Nos vemos.

Finalmente se despidieron antes de que Izayoi ingresara al andén para tomar su tren, en tanto InuYasha y Kagome esperaron a que el vehículo iniciara su trayecto para luego volver al automóvil del cumpleañero e iniciar el camino de regreso a la casa de la azabache. Durante el viaje, InuYasha escuchó cómo su novia comentaba alegre las anécdotas que tenía de la celebración, desde la organización hasta lo que había ocurrido durante el día, demostrándole a su compañero que realmente se había esmerado mucho en lograr preparar algo de su agrado. Una vez que llegaron al lugar en donde él estacionaba, apagó el motor y, antes de que se bajaran, le tomó la mano a su novia, llamando su atención.

—¿InuYasha?

—Muchas gracias, Kagome. Sabes que no soy bueno con estas cosas, pero de verdad… —Soltó un suspiro, buscando la mirada castaña antes de continuar. —Mi cumpleaños era un día más para mí, porque en realidad no tenía con quién compartir… pero hoy tú, los muchachos, tu familia, mi madre…

—Te queremos, InuYasha, y lo hicimos porque eres alguien importante para nosotros —ella le presionó la mano con cariño, sonrojándose por las palabras de él —. Aunque debo admitir que estaba nerviosa, temía que te molestaras por no haberte preguntado antes o que simplemente no quisieras celebrar… Me alegra tanto que lo hayas disfrutado.

—Sé que no soy el más sociable, pero… fue agradable compartir con todos. Muchas gracias.

Él se acercó para darle un beso en los labios, corto y algo tímido pero lleno de cariño; y ella correspondió el gesto, sintiendo millones de mariposas cosquillearle en el estómago por la emoción y la alegría juntas, sentimientos que InuYasha también compartía porque, pese a que no lo demostraba abiertamente, se sentía afortunado de tener en su vida a Kagome y sus amigos, ya que lo reconfortaba darse cuenta de que ahora su vida ya no era tan solitaria.


Miró con confusión el sobre que acababa de dejar su asistente en su escritorio y luego la observó a ella, sin quitar su expresión y buscando las palabras adecuadas para impedir que la muchacha se marchara.

—Vamos, no puedes renunciar. Te subiré el sueldo, o puedo ofrecerte algún otro beneficio…

—Lo siento, Taishō-sama, pero ya tomé mi decisión —la chica mostró seguridad a pesar del nerviosismo que era evidente en su voz —. No puedo seguir trabajando aquí, lo lamento.

Tōga soltó un suspiro, consciente de que ella tenía muy buenas razones para irse, porque Shishinki seguía haciéndole la vida imposible a cualquiera que tomara ese puesto, sólo por el simple capricho de querer fastidiarlo a él.

—De acuerdo, lo comprendo. De la oficina de recursos humanos te contactarán para concluir con los trámites. Muchas gracias por todo.

—Lo lamento y espero que encuentre alguien que sí pueda con el puesto. Adiós.

La muchacha realizó una respetuosa inclinación de su cabeza como despedida y se retiró, tras lo cual Tōga se echó hacia atrás en su silla, abatido. Esa era ya la tercer asistente que renunciaba en los últimos 12 meses y eso era un problema porque necesitaba alguien estable, después de todo sus asistentes manejaban información importante y muchas veces confidencial de los movimientos de la empresa, por lo que no podía estar siempre contando con alguien nuevo.

—Ah, si tan sólo InuYasha aceptara tomar su responsabilidad…

Un par de golpes en la puerta lo interrumpieron, algo que lo extrañó porque no recordaba tener ninguna reunión programada a esa hora. Indicó en voz alta que podían entrar y se sorprendió de ver a su hijo menor, como si lo hubiese invocado con el pensamiento.

—¿InuYasha? ¿Por qué estás aquí?

—Hola, padre. No vi a tu asistente afuera, por eso golpeé…

—Oh, sí. Acaba de renunciar, así que… —Se encogió de hombros, como si eso no fuese realmente una preocupación para él. —¿Necesitas algo?

InuYasha lo observó con duda, como si aún no decidiera si debía decirle a su padre el motivo de su visita. Él lo había llamado para saludarlo por su cumpleaños y le había propuesto invitarlo a comer, incluso sugiriéndole que podía ser la oportunidad perfecta para que le presentara a Kagome oficialmente como su novia; su primera respuesta había sido negativa porque tenía planes el fin de semana, pero lo había pensado mejor y ahora creía que podía aprovechar la oportunidad para intentar enmendar un poco la relación con el mayor.

—Bueno, dijiste que querías invitarnos a comer con Kagome, creo que es un buen momento…

—Espera, ¿me estás diciendo que sí? —Tōga no pudo ocultar su alegría, poniéndose de pie sólo por la emoción. —Porque tú me dices cuándo pueden, y yo organizo todo. ¿Le gusta la comida italiana? Debería hacer las reservaciones y…

—Oye, aún tengo que preguntarle cuándo puede —InuYasha casi se arrepiente de su decisión al ver la precipitación de su padre ante la idea —. Así que no te adelantes tanto.

—De acuerdo, lo siento —el mayor sonrió a manera de disculpa, pero salió de detrás de su escritorio para acercarse a su hijo, que se mantenía de pie del otro lado del mueble —. Es sólo que, ya sabes, que quieras pasar tiempo conmigo no es algo que ocurra todos los días…

—Sí, me pregunto por qué será —comentó de forma despectiva, negando suavemente.

—Hijo, sé que cometí muchos errores y no te imaginas lo arrepentido que estoy. Ahora sólo quiero mejorar nuestra relación y tratar de enmendar todas las malas decisiones que tomé en el pasado. Nunca quise que nada de esto terminara así…

—Ahórrate ese discurso, padre, porque ya lo he escuchado más de una vez —InuYasha frunció el ceño, aún sentía que había cosas que nunca podría perdonar, pero sabía que no podía guardarle rencor por siempre al mayor —. Sólo no lo arruines y… bueno, supongo que lo demás habrá que verlo.

—Muchas gracias por esta oportunidad, InuYasha. No sabes lo mucho que significa para mí.

—Ah… sí, no es nada.

Un silencio momentáneo los rodeó y de pronto, el menor frunció nuevamente el ceño, observando el sobre con la carta de renuncia que tenía su padre en su escritorio, evidencia de que nuevamente se había quedado sin asistente. Tardó unos segundos en que la idea terminara de formarse en su cabeza, pero en cuanto lo hizo, decidió hablar de inmediato.

—¿Ya tienes a alguien para cubrir su puesto? —Preguntó, señalando el sobre con un gesto, lo que llamó la atención de su padre.

—No, Ikeda renunció poco antes de que llegaras —respondió, soltando un pesado suspiro —. Necesito alguien con carácter y de confianza, que no termine desistiendo por culpa del odioso de Shishinki… Supongo que tendré que hacer otra convocatoria…

—Quizá no sea necesario —InuYasha sonrió de medio lado, llamando la atención del mayor —. Podría ayudarte con eso.

—¿E-En serio, tú…? —Tōga se mostró realmente sorprendido, porque su hijo nunca se había mostrado interesado en los asuntos de la empresa, menos en ayudarlo a él. —¿Acaso vas a dejar el konbini?

—No, estoy bien ahí —respondió de inmediato para que su padre no malinterpretara sus intenciones, y casi a regañadientes, decidió explicarle —. Pero creo que conozco a alguien que es ideal para el puesto.

El peliplata entrecerró los ojos, mirando con agudeza a su hijo porque realmente era inusual que se preocupara por esas cosas.

—No sé por qué ahora te interesa esto, pero tengo curiosidad, así que te escucho.

—B-Bueno… Es alguien que tiene experiencia interactuando con sujetos desagradables en el trabajo, además es responsable, con muy buenas habilidades en administración, comprometido y confiable.

—Que me envíe su currículo —asintió con un gesto, confiando en el criterio de su hijo —. Lo tendré en cuenta cuando haga la selección…

—Sí, pero… ¿puedo pedirte un favor? —InuYasha parecía algo nervioso, lo que sólo llamó más la atención del mayor, que lo observó con detenimiento porque su hijo era bastante reacio a pedirle nada. —¿Podrías sólo contratarlo y ya?

—Hijo, este puesto es de confianza y no puedo dárselo a cualquiera. No es que no quiera hacerte este favor, aunque es bastante raro que lo pidas; pero no puedo arriesgarme…

—Es mi mejor amigo —terminó admitiendo, soltando un suspiro —. Sé que tu asistente debe ser alguien confiable, pero Miroku tiene todas las cualidades que buscas. Es el mejor de nuestra generación en la Universidad, puedes comprobarlo por ti mismo, y aún no ha podido encontrar un lugar donde hacer su práctica. Por eso te lo estoy pidiendo.

Tōga lo pensó unos segundos, algo contrariado. InuYasha no era de los que usaban sus conexiones familiares para hacer ningún tipo de favor personal, menos de ese tipo. La única vez que le había pedido un beneficio, fue con el código de socio que le había dado a la familia de quien ahora era su novia, pero era una nimiedad al lado de lo que estaba solicitando en esos momentos. Sin embargo, sabía que su hijo no sería tan irresponsable como para pedirle algo así a la ligera, por mucho que no quisiera involucrarse con la empresa familiar.

—No dudo de tu palabra, pero no comprendo por qué tiene problemas con su práctica si es el mejor de su generación. Eso debería facilitarle mucho las cosas…

—Lo sé, es sólo que… —Dudó por un momento, la pregunta del mayor tenía sentido, pero no estaba seguro de revelar el problema de su amigo sin su permiso. Sin embargo, necesitaba que su padre comprendiera la situación. —No debería contarte esto, pero tuvo un problema con la hija de los Nakamura y digamos que ellos le han dificultado mucho las cosas…

—Oh, espera… ¿Los Nakamura? Creo que… —Se volteó hacia la pantalla del computador que tenía en su escritorio, escribiendo en el buscador de su correo electrónico el apellido y abriendo un mensaje, soltando una risita. —Estos resentidos lo habían mencionado… ¿Tsujitani Miroku, verdad? Habían enviado una solicitud masiva, diría que a casi todos los empresarios de Tōkyō…

El azabache terminó sentándose frente al escritorio, sintiéndose abatido al corroborar sus sospechas al saber que su amigo aún no tenía ninguna respuesta positiva. Miró a su padre con pesar, sabía que la familia Nakamura era muy influyente y temía que su padre no fuese la excepción, porque desconocía qué tan involucrados estaban en los acuerdos con la empresa.

—Entonces, ¿también vas a rechazarlo…?

—Por supuesto que no —Tōga sonrió con seguridad, tranquilizando al menor —. Nada me obliga a cumplir un capricho como este. Los negocios que tenemos con esa familia no son importantes, después de todo no se dedican a los textiles y si quieren hacer un berrinche, puedo buscar otro proveedor. Dile que me contacte para que veamos los detalles.

—Muchas gracias —InuYasha sonrió aliviado, demostrando que eso de verdad era algo importante para él —. Te prometo que no va a defraudarte.

—Eso espero.

—Bien, entonces… ya debo irme. Nos vemos.

—De acuerdo, y no olvides la cena —el adulto también sonrió, demostrando alegría —. Y gracias a ti, InuYasha.

El aludido sólo le hizo un gesto de despedida y se marchó, dejando a su padre con una sensación agradable en el interior, porque a pesar de que el gesto pudiera parecer algo insignificante, sabía que si su hijo estaba dando esos pasos era porque realmente quería darle una oportunidad, y no iba a desperdiciarla, ya había cometido muchos errores. Además, le alegraba que tuviese la confianza de pedirle ayuda con su amigo de esa forma, eso también era señal de que ya no lo consideraba alguien tan distante y ese simple hecho era suficiente para que él se sintiera más cercano al menor de sus hijos.


—¿Supiste que Kuwashima tiene novio?

—¿De verdad? Pero creí que a ella no le gustaban los hombres…

—Seguro sólo se estaba haciendo la interesante… Es ese chico que a veces viene a dejarla o buscarla…

—Oh, sí, el judoka… Su dojō queda cerca de mi casa. Vaya suerte que tiene…

Miroku inhaló profundo, negando con un gesto al escuchar a quienes hablaban de Sango, un par de compañeras de trabajo que al parecer no tenían nada mejor que hacer. Hizo una mueca, era obvio que la situación sentimental de la muchacha iba a ser comentada, después de todo hasta él había tenido una idea errónea sobre la orientación sexual de la castaña, algo por lo que aún se regañaba. Sacudió la cabeza, volviendo a concentrarse en sus apuntes para terminar de estudiar esa materia antes de que comenzara su turno. Había decidido que era más provechoso estudiar en el konbini, porque por lo menos así estaba alejado de las miradas despectivas y los cuchicheos que no podía evitar en la universidad, además no preocupaba a Mushin al quedarse en casa. Sin embargo, ahora se daba cuenta que a la gente le gustaba chismear por cualquier cosa.

Después de un largo rato, nuevamente su concentración fue echa a un lado, sólo que esta vez la causa lo hizo esbozar una sonrisa, porque había visto de reojo a Sango, que acababa de llegar acompañada por su novio y se veía feliz mientras se despedía del muchacho. La vibración de su móvil llamó su atención justo en el momento en el que Sango quedaba sola para comenzar a caminar hacia el local. Desbloqueó el aparato para revisar el correo que acababa de llegarle, porque era la respuesta a su última opción para realizar la práctica profesional. Hizo una mueca, negando con un gesto y soltando un suspiro de abatimiento: tal como había ocurrido con todas sus solicitudes anteriores, el mensaje era una burda disculpa para darle una negativa.

—Ah, esto es desalentador —murmuró, echándose hacia atrás en la silla y cerrando los ojos con desánimo, ya no sabía qué hacer.

—Hola Miroku. ¿Todo bien?

La voz de Sango lo tomó por sorpresa, porque no creyó que ella notaría su presencia o que se acercaría por iniciativa propia, por lo que la observó con duda antes de encogerse de hombros, intentando aparentar que su problema no era tan grande.

—Sí, descuida, sólo son temas de la universidad, nada grave…

—Bien, haré como que te creo —lo miró con perspicacia, a pesar del distanciamiento que habían tenido, lo conocía lo bastante como para saber que no estaba siendo del todo sincero.

—De verdad no es nada importante…

—De acuerdo, entiendo si no quieres decirme, pero preferiría que fueses sincero y me dijeras que simplemente no es mi problema, después de todo ya no somos cercanos…

Miroku suspiró, su objetivo no era que Sango se sintiera de esa forma. Por el contrario, esperaba poder recuperar la confianza y restablecer su amistad.

—Lo siento, esa no es mi intención…

—Está bien, lo entiendo. Creo que mejor iré a buscar otro lugar para esperar el inicio del turno…

—Espera, Sango —le tomó el brazo para evitar que ella se alejara, algo que la sorprendió —. Perdón, no quiero preocuparte, pero la verdad es que sí tengo algunos problemas… sólo que no debería molestarte con ellos.

La muchacha inhaló profundo, comprendía lo que el ojiazul le decía y no quería forzar nada, pero no podía ignorar la pesadumbre en la mirada de Miroku, algo que sólo había visto cuando ocurrió el malentendido causado por la señorita sensibilidad. Pensó en la posibilidad de que eso se tratara del lío que la ex del moreno había intentado crear, pero decidió que quería arriesgarse a preguntar, porque le afectaba verlo así.

—No puedo obligarte a contarme, pero si necesitas hablar o si te puedo ayudar en algo… Quizá sólo haciéndote compañía este rato, si quieres…

Él esbozó una sonrisa sincera, porque realmente notaba el verdadero interés en los ojos castaños, algo que por sí sólo era reconfortante. Le hizo un gesto señalando una de las sillas a su lado y, después de que Sango se sentara y lo observara, decidió hablar.

—No sabes cuánto aprecio tu preocupación, significa mucho para mí —acentuó su gesto, logrando que ella también sonriera levemente.

—Bueno, digamos que ya has ganado algunos puntos de nuevo…

—Es un alivio escuchar eso —el pesar en sus ojos se aligeró, algo que Sango notó sin dificultad —. Yo confío en ti, es sólo que… supongo que nadie puede ayudarme. Dentro de un par de semanas se vence el plazo para inscribir mi práctica profesional y no he tenido ninguna respuesta positiva. Si no logro encontrar algo, me retrasaré con el resto de la carrera, lo que significa estar más tiempo en la Universidad y perder la beca con la que estudio…

—Lamento escuchar eso, pero creí que al tener un buen rendimiento…

—Sí, mis calificaciones y la evaluación de mis profesores deberían ser una ventaja, pero sospecho que la culpa de esto va más allá de lo académico —soltó un suspiro, sentía que todo eso era injusto.

—¿Qué quieres decir con eso? —Sango se mostró confundida al principio, pero no necesitó una explicación al pensar en las palabras de su compañero. —Espera, ¿acaso tu ex…?

—InuYasha y yo creemos que es lo más probable —admitió, negando con un gesto —. Y, la verdad, no sé qué hacer, porque ya agoté todas las opciones que tenía…

—No lo creo.

La voz de InuYasha los sorprendió, ninguno de los dos lo había visto llegar a su lado ni sabían desde cuando estaba ahí. Miroku le sonrió con decaimiento antes de responderle.

—No tengo ninguna otra opción, así que al parecer debo resignarme.

—No digas eso, tiene que existir alguna alternativa, no creo que esa familia goce de tanta influencia… —Sango intentó animarlo, a pesar de que la situación se veía poco prometedora.

—En realidad, sí tienen muchos contactos y les pidieron a todos que rechazaran tu petición —reveló InuYasha, haciendo una mueca —. Lo vi con mis propios ojos.

—¿Cómo…? ¿Dónde lo viste? —Miroku parecía desconcertado con las palabras de su amigo, porque él no tenía más que sospechas, sin ninguna prueba concreta del hecho.

—En el correo de Taishō Orimono —sus palabras fueron recibidas con asombro por sus amigos —. Mi papá me lo mostró.

—Bueno, por lo menos ya sé con certeza lo que ocurre.

—Qué bajeza, aunque creo que no se podía esperar otra cosa —Sango hizo una mueca, demostrando su molestia.

—Es cierto, aunque saberlo no soluciona todo el problema…

—No, pero no es todo lo que tengo que decirte —la sonrisa segura le pareció fuera de lugar a sus amigos, pero ambos esperaron a que él terminara de hablar. InuYasha sacó de uno de sus bolsillos una tarjeta y se la extendió a Miroku antes de continuar —. Es el contacto de mi padre. Llámalo, dijo que podías hacer la práctica en su empresa.

El ojiazul tomó la tarjeta aún sin terminar de procesar el mensaje del ambarino, porque jamás había pensado en esa opción. De hecho, casi había olvidado los vínculos familiares de su compañero, como él prefería mantenerse lo más alejado posible de todo lo que implicara relacionarse con su padre… Miró los datos que acababa de recibir y luego volvió la vista hasta el azabache, aún incrédulo.

—InuYasha, ¿de verdad tú…?

—Keh, no es nada del otro mundo. La situación era muy injusta, así que pensé en darte una mano —le restó importancia a su gesto, encogiéndose de hombros —. Te debía algunos favores, así que…

—Muchas gracias, esto es más que darme una mano…

—No exageres. Además, no la vas a tener muy fácil en ese puesto y le prometí a mi padre que no lo defraudarías.

—Por supuesto que no lo haré, sería desaprovechar la oportunidad que me estás dando.

—En todo caso, confío en que lo harás bien. Ahora, será mejor que vayan a cambiarse porque el turno está por comenzar —comentó, cambiando el tema.

—Tienes razón, nos vemos luego. Y, de nuevo, muchas gracias.

—Sí, como sea… adiós.

Se despidieron, InuYasha sentándose en la mesa que sus amigos acababan de abandonar, y ellos caminando hacia la entrada a los vestidores del konbini, intercambiando palabras notoriamente animados. El administrador del lugar sonrió, sintiéndose satisfecho y feliz, no sólo porque había ayudado a su amigo y finalmente ser un Taishō no se sentía como una carga innecesaria; también porque le alegraba darse cuenta de que Sango aún se preocupaba por Miroku y que había decidido dejar su orgullo de lado para acercarse, lo que significaba que las cosas iban a mejorar considerablemente para sus amigos y eso era gratificante.


Momento cultural.

Honoríficos: En Japón, es muy poco común que la gente se trate por sus nombres, ya que eso es reflejo de mucha confianza. Por lo general, se llaman por el apellido y usan algún honorífico, ya que no hacerlo puede ser incluso hasta insultante. El sufijo -san se utiliza para nombrar de forma resptuosa a alguien de la misma condición que uno (edad, grado escolar, status, etc). Es por esto que Miroku y Kato se tratan así al conocerse, para no ser irrespetuosos ni maleducados.


Ahora sí, ¡hola! Estoy medio de regreso, pido disculpas por la tardanza en actualizar, pero en resumidad cuentas, tengo una discopatía lumbar, por lo que estuve un tiempo en cama sin poder sentarme, por lo que se me hizo imposible hacer cualquier cosa. Aún sigo con licencia médica, pero comencé mi terapia con kinesiólogo y ya voy mucho mejor. Aunque aún no puedo dibujar otra vez, por la posición. Lo bueno es que he estado mejor y en cuanto pude, comencé a trabajar en esta actualización, ya que estaba emocionada de narrar todo eso.

¿Qué opinan? Diría que el héroe de este capítulo ha sido InuYasha, es que me derrito con lo bien amigo que es. Me encanta la preocupación que muestra, especialmente con Miroku porque sabe que en estos momentos, es quien más necesita su apoyo. Pero, oye, parece que ahí la amistad con Sango ya va volviendo poco a poco (guiño-guiño). Además, siempre me emociona mostar algo más del resto de la familia de InuYasha, así que espero que ustedes también lo disfruten (L)

Agradecimientos desde lo más profundo de mi corazón a todos los que siguen la historia y me tienen paciencia, son un sol. Un abrazo gigante a isabelweaslygranger, SangoSarait, GabyJA, Azussa y Lady Minisa Bracken. Sus reviews son maravillosos, muchas gracias por sus bellas palabras. Y obviamente no puedo olvidar a mi BFF y beta Nuez, quien sigue siendo el mejor apoyo~

Bien, hasta aquí el reporte del día, espero poder leernos pronto.

Yumi~