Este capítulo debe ubicarse después de la primera jornada del Juicio contra Hypnos, desarrollada en el bloque "DL V: Cicatrices".
SAGA y SHAKA
Y sus íntimas circunstancias
- Saga, ¿puedes hacer el favor de relajarte de una vez? - Shaka se enderezó y trató de destensar los músculos de sus propias cervicales, entumecidos debido a la forzada posición que ostentaba arrodillado sobre la cama al intentar masajear la contracturada espalda del fiscal - Si no pones de tu parte poco puedo hacer yo para ayudarte...- se quejó, con ambas manos presionando ciertos puntos cercanos a su nuca mientras echaba la cabeza atrás y se forzaba un necesario crujido de huesos - No es cómodo hacer masajes en la cama...Te llevo diciendo hace meses que tenemos que comprar una camilla para ello...Así también me machaco la espalda yo...
- Pues cómprala, Shaka...¿qué te lo impide? Eres tú el entendido en estas cosas, no yo...- la voz de Saga se escuchó ahogada por la presencia de la almohada, presa entre el cruce de sus brazos y la indecisión de su cabeza, la cual no sabía si asentarse del lado derecho, del izquierdo o enterrarse directamente en ella.- Y cállate, por favor...si no paras de quejarte ¿cómo quieres que me relaje?
Saga seguía tan vueltero como un perro buscando el lugar y el ángulo correcto para satisfacer sus necesidades, propiciando que Shaka optara por dejar caer el peso de su cuerpo sobre sus pantorrillas y aguardar la aparición de alguna intervención divina que calmase el ejército de chinches que parecía haber conquistado al gemelo. Al final la almohada acabó surcando los aires hasta caer entre la cama y el ventanal, y Saga pareció quedarse quieto asentando la mejilla derecha directamente sobre el dorso de sus manos superpuestas.
-¿Por fin se va a quedar quieto el Señor Fiscal? - preguntó Shaka, encaramándose sobre su espalda.
- No me hables así, Shaka...- Saga lo rogó a media voz mientras inspiraba todo lo profundamente que su posición medio atrapada le permitía - Lo que ahora necesito es olvidarme de mi trabajo, del estrés del día de hoy y de...de todo...Ha sido una primera jornada agotadora...
- Shhhh...- Shaka tomó el bote de aceite con esencia de romero y se vertió un poco en la mano para poder practicar un masaje profesional, no uno de esos que duran cinco minutos y que se limitan a cuatro estrujadas de los hombros - Pues olvídate Saga...estamos en casa...solos tú y yo...sin nada más que hacer que centrarnos en relajar toda esta zona que tienes sobrecargada y tensa...
Shaka se frotó las manos para embadurnarlas bien de aceite y dejó que sus dedos rozaran la espalda de Saga muy por encima, deslizándose sobre ella sin apenas contacto y consiguiendo despertar un sinfín de escalofríos que le pusieron la piel de gallina casi al acto. Este camino descendente fue repetido unas tres veces y antes de lanzarse a una cuarta el forense se detuvo para apartar la cabellera de Saga hacia un costado, dejándose el camino libre de estorbos y evitando dar tirones molestos e innecesarios.
- ¿De verdad que no te molesta que mañana llame a declarar a Mu?
Saga arañó el nacimiento de esa atmósfera propicia para la relajación sin siquiera darse cuenta de ello, y Shaka sencillamente se mordió las ganas de regañarle otra vez mientras sus manos se deslizaban hacia los hombros y se asentaban sobre ellos con un poco de presión.
- Claro que no, ¿por qué iba a hacerlo? - respondió retóricamente - Mu está totalmente capacitado para ejercer como testigo.
- Aún así no me parece que él se lo haya tomado muy bien...- Saga emitió un leve gemido que arrugó su nariz cuando Shaka presionó un poco más fuerte esa zona agarrotada de los trapecios.
- Porque hasta ahora le ha resultado muy cómodo que esta tarea recayera sobre mí. Que el viejo Kopis* me propusiera a mí la primera vez creó costumbre, no hay más misterio que ese.
Shaka seguía intentando destensar esa musculatura contracturada a base de intencionados pases circulares de sus dedos pulgares, palpando un par de nudos que no dudó en presionar para deshacerlos, sabiendo que eso iba doler.
Esta vez Saga se quejó en voz alta, soltando algún improperio que le apoyó la frente sobre el cruce de sus manos. Con el movimiento el cabello volvió a desparramarse sobre la espalda dificultando la misión del forense, que desistió de su cometido para erguirse, suspirar con cada vez menos reservas de paciencia y apoyar las manos sobre sus propios muslos, como si estas estuvieran barajando la posibilidad de adherirse a una huelga contra las solidarias intenciones.- Saga, así es imposible hacer nada. O te callas y te quedas quieto o yo lo dejo.
- Es que no encuentro la maldita posición y, además, me estás haciendo daño...- volvió a quejarse el fiscal, catando el poyo de su mejilla zurda para desestimarlo enseguida y recuperar el de la diestra.
- Estoy tratando de llevar a cabo un masaje descontracturante, Saga...Por defecto, duele.
Saga resopló ante una evidencia que no le apetecía mucho aceptar, aunque finalmente acató la naturaleza de la situación.- Va, sigue...No me quejaré ni me moveré más...
- A ver si es verdad...- refunfuñó el joven forense, posando de nuevo las manos en plena espalda de Saga para deslizarlas hacia arriba e ir cada una a un hombro.
Tanto revoloteo por parte del Fiscal había desparramado los cabellos que instantes atrás Shaka se había cuidado de apartar de su campo de acción, por lo que fue inevitable que los húmedos dedos de Shaka se enredasen con algunos mechones que acabaron sufriendo tirones.
- ¡Ahh! ¡Cuidado!
- ¡Estáte quieto de una maldita vez! - Sin ningún resquicio de paciencia Shaka contuvo el enésimo intento de rebelión de Saga, invitándole a mantener la cabeza quieta gracias a la presión de su mano directamente sobre la sesera del fiscal.- ¡¿Me estás llevando al límite adrede o qué?! - Se enfadó, esta vez de verdad.
- ¡Me acabas de tirar del cabello! ¿No será que eres tú quién lo ha hecho aposta? - exclamó Saga fulminándole con una mirada de refilón, ofendido por haberse hallado impedido para alzar la cabeza.
El joven rubio inspiró con incipientes tintes de desesperación - ¿Sabes qué te digo? Que te busques a un fisioterapeuta profesional. Yo dimito contigo. Es imposible que te dejes cuidar. Imposible.
Dicho esto tomó una toalla que se había preparado ahí cerca y se limpió el aceite de las manos como pudo ante de lanzarla sobre la cama y sucumbir al ademán de irse. Un ademán que coartó el veloz agarre que Saga perpetró clavando su mano como garra por detrás de la rodilla izquierda del forense.- Lo siento, tienes razón...- musitó Saga, tomando conciencia de la infantil naturaleza de sus actos, tanto propios como ajenos...- Ambos estamos cansados después de los días que llevamos, y nerviosos...
- Habla por ti, Saga. No decidas cómo estoy o dejo de estar yo. Me da mucha rabia cuando haces esto.
- Shaka...
- Es verdad - continuó Shaka, olvidándose de su huida para dejar caer el peso de su cuerpo sobre las posaderas de Saga - Ya sé que llevas vividos unos días frenéticos, con poco descanso y repletos de un sinfín de emociones muy difíciles de digerir en poco tiempo, pero...joder...sólo te estoy pidiendo que por un rato hagas el esfuerzo de olvidarte de todo y te tranquilices, nada más...¿tan difícil es?
- ¡Y lo intento! - se defendió Saga - pero no puedo...
Shaka le observó desde su ángulo privilegiado y reflexionó sobre el fracaso de momento que estaban armando entre los dos.
- Vamos a hacerlo bien desde el principio. Las cosas a medias no funcionan.
Sin decir nada más Shaka abandonó la cama y se dirigió a la zona de la habitación donde él tenía asentado su rincón. Corrió la fina cortina que le confería cierta privacidad y se dispuso a prender una barrita de incienso, uno de los más suaves que guardaba entre su variado surtido. Saga se irguió lo justo para poder apoyarse sobre sus codos, inspeccionando las acciones de su joven pareja sin atreverse siquiera a ofrecer opinión.
- Quítate los pantalones - le ordenó Shaka cuando se acercó a su lado de la cama para apagar la iluminación cenital y activar la de las dos mesitas, calibrándola hasta dejarla a un nivel muy tenue.
Saga obedeció en silencio. Ejecutó la orden sin bajar de la cama y cuando se dispuso a buscar un lugar para dejar bien puestos los pantalones, Shaka se los arrancó de las manos y los eliminó de su radio de acción sin muchos miramientos, obviando la mirada de terror que transformó el rostro de Saga cuando vio cómo sus preciados ropajes cataban suelo sin misericordia alguna.
- Shaka...es ropa cara...- le recordó, avistándolos a lo lejos de su alcance, desechados a la brava.
- ¿Acaso mañana te vas a vestir los mismos? - Shaka se detuvo frente a él con los brazos en jarra, experimentando un divertido placer al saberse dueño de la escena. Saga negó con la cabeza, rindiéndose a la evidencia que se había encargado de forjar a base de costumbre -Ahora túmbate otra vez boca abajo, te buscas una posición que te resulte cómoda y, cuando la tengas, te quedas quieto.
Alguna osada réplica cruzó por la cabeza del fiscal, pero sus labios se sellaron e impidieron que se materializara en voz alta a riesgos de sufrir una deserción real. Al volver a quedar tendido con la barriga contra el colchón se concentró en observar la gran pecera que les encabezaba la cama, comenzando a dejarse hipnotizar por los gráciles movimientos de los peces al nadar, los cuales lucían más atrayentes gracias a la sutil iluminación que procedía de ambas mesitas y que arrancaba delicados destellos de colores cuando sus caminos se interponían en el haz de luz proyectado sobre el cristal. Por fin un aparente estado de relajación parecía estar haciendo mella en él, y no reparó en que el ambiente se vestía con las notas de una agradable música instrumental hasta que una de las rodillas de Shaka se hundió en el colchón y la otra se alzó para sortearle el cuerpo y caer al otro costado.
- Ahora sí...- susurró Shaka, cerrando los ojos y procurándose una larga inspiración que también contribuyó a suavizarle el espíritu.
Al preguntarle a Saga si estaba listo éste le respondió con un leve asentimiento de cabeza, la cual parecía reposar en calma sobre la mejilla de su elección, pero aún había algo fuera de lugar. Un pequeño detalle que, descuidado, podía volver a marcar la diferencia entre llevar a cabo un exitoso masaje o fracasar estrepitosamente en ello. El cabello de Saga seguía gozando de libertad y anarquía, y Shaka se sirvió de la goma que hasta el momento había estado sujetando su pelo para recoger el de Saga, procurándole una práctica sujeción que lo mantendría alejado del lienzo por el cual sus manos iban a viajar.
Ese simple gesto despertó la sensibilidad de la nuca de Saga, la piel de la cual se erizó al instante, y Shaka sonrió satisfecho al ser testigo de cómo ese estremecimiendo dérmico iba descendiendo por toda la espalda cuando las yemas de sus dedos apenas rozaban la piel. Saga parecía haber hallado el espacio para permitirse un poco de distensión, y Shaka aprovechó la inmovilidad del fiscal para volver a untarse las manos con aceite de romero y llevarlas a los hombros, comenzando con las presiones circulares que ayudarían a eliminar un poco de tensión. Algún que otro mohín de dolor deformaba los labios de Saga cuando los duchos dedos de Shaka se ensañaban con los nudos que constreñían su vistosa musculatura, pero ninguna queja más osó emerger de ellos.
El forense había logrado concentrarse en su tarea, tal y como lo advertía el leve fruncimiento de su ceño y las graciosas mordeduras que sufría su labio inferior cada vez que era necesario ejercer más fuerza sobre un punto u otro. Poco a poco fue trabajando toda la musculatura que conformaba la amplia espalda de Saga, recreándose en esos puntos que requerían mayor dedicación, hasta llegar a la curvatura donde muere la espalda y nacen las nalgas. Shaka se arrastró un palmo hacia atrás y ladeó la cabeza sutilmente cuando sus pulgares decidieron masajear en círculo justo ahí...justo dónde se apreciaban los dos hoyuelos sacros que en Saga se manifestaban de forma exquisita.
Hacía tiempo que Shaka no dedicaba una inspección tan directa y exhaustiva al cuerpo de Saga y toparse con la goma de los calzoncillos cerca de su radio de acción le molestó. Deslizarla hacia abajo fue una tentación disfrazada de necesidad y descubrirle la hendidura de los glúteos generó en su racional y metódico espíritu una reacción química de consecuencias irreversibles. Bajar la tela de los calzoncillos un poco más fue una decisión tomada por sus impulsos, y el descaro que gobernó el siguiente movimiento de sus manos transmutó el reparador masaje en un intenso magreo de las nalgas.
- ¿Qué haces Shaka...? - Saga se removió ante el inesperado cambio de ritmo, intención e intensidad que apreciaba en las expertas artes del forense, dejándose hacer hasta que de repente sintió cómo una mano se deslizaba entre sus glúteos y los traviesos dedos decidían acariciar otras zonas más oscuras - Shaka...- Repitió al notar que la caricia llegaba a los testículos y retrocedía maliciosamente, esparciendo estimulantes sensaciones por toda la zona del perineo...- Shaka, no seas malvado...estoy cansado...- ronroneó al tiempo que su inconsciente le invitó a levantar un poco el trasero para facilitar esas caricias que cesaron de golpe.
- ¿Malvado, yo? Nunca...
Shaka se mordió el labio inferior cuando su mano dejó el trasero de Saga para acudir a su propio vientre y deslizarse por dejabo de la tela de sus pantalones domésticos de lino. Fiel a su costumbre de estar por casa no vestía calzoncillos y la erección que había despertado en él ya se palpaba descarada. Tener a Saga bajo su control le estaba excitando sobremanera y únicamente le bastaron un par de acertados frotamientos para lograr que su pene se izara por completo.
Estaba claro: la idea del masaje acababa de pasar a un segundo plano y Shaka no se retuvo las ganas de bajarse los pantalones hasta medio muslo, inclinarse sobre Saga y acariciarle la espalda en camino ascendente mientras su pene contactaba con la piel ajena y los labios besaban esa zona cercana a la nuca que sabía infalible. El cabello que él ahora lucía libre se desparramó por ambos lados de su rostro, colaborando a sembrar más estímulos placenteros por los costados de la espalda gracias a sus roces casi etéreos.
- Shaka...
- Déjate hacer, Saga...tú únicamente preocúpate de relajarte...- un beso siguió a otro, y luego a otro hasta que el último de ellos se transformó en una especie de mordisquito que acabó en una frágil succión, idónea para electrizar sin dejar señal de ello...- Me apetece hacerlo todo yo...
Saga estaba comenzando a sentir calor. Shaka insistía con sus besos por la nuca y la espalda a la vez que su pelvis se movía sinuosamente, procurándole unos jugosos restregones que estaban llevando la excitación de ambos al máximo esplendor, propiciando que Saga gimoteara de gozo y apoyara la frente sobre el cruce de sus manos cuando Shaka cambió la inclinación de su pene y la dureza de este se deslizó entre los glúteos del fiscal.
- Me...me estás poniendo tonto, Shaka...- ronroneó, arqueando levemente la espalda para disfrutar más de ese cálido contacto.
- No sufras...me ocuparé de todo, te lo prometo...
Saga también era víctima de una irremediable erección, pero su posición le impedía hacer nada para acomodársela y poder estimularla a placer, invitándole a rendirse y dejarle hacer a Shaka y a sus personales destrezas sexuales, las cuales en ocasiones se deleitaban tomándose el tiempo como si este pudiera huir de la impostura del reloj.
El joven forense se deshizo en dedicarle besos y caricias por todo el cuello y los hombros mientras sus caderas continuaban danzando adheridas al trasero de Saga, alimentando su excitación lo justo para que no menguara ni se animara con demasiada rapidez. Y Saga lo consiguió...Finalmente se liberó de sus ataduras mentales y se ofreció en cuerpo y alma a una de esas sesiones íntimas que de vez en cuando les unían los cuerpos sin la premura de los arrebatos de pasión.
Con un calculado retroceso de pelvis el miembro de Shaka cambió de ángulo y ahora los vaivenes del joven rubio azoraban aún más excitación, apresándola a consciencia entre su vientre y la baja espalda del abogado.
- Saga...no puedo aguantar más así...- jadeó contra el oído del fiscal después de notar cómo un nuevo golpe de sangre le dejaba la enrojecida verga a punto de explosión - quiero penetrarte...necesito hacerlo ya...- anunció, dibujando algunas lamidas en su camino desdendente hasta quedarse otra vez sentado sobre los muslos de Saga
- Hazlo...Ya...ya estás tardando...
Saga apoyó la frente contra el colchón cuando sus manos se despidieron de la unión que las había convertido en cojín y se agarraban al borde superior del jergón, arqueando nuevamente la espalda para alzar el trasero y ofrecer una exposición adecuada para su inminente rendición. Al verse libre de encarcelamiento, su erección se disparó como un resorte hacia su posición natural y sufrió una nueva insuflación de vigor cuando Shaka le bajó más los calzoncillos y le prodigó un rápido manoseo con sus dedos untados de aceite. Un manoseo que acabó lubricando toda la zona anal a conquistar y la cabeza de su propio pene que, con maléfica lentitud, comenzó a demandar espacio para su urgida satisfacción.
Shaka gimoteó de placer con el primer intento de invasión, agarrándose a las caderas de Saga para no perder la embocadura mientras empujaba de nuevo, adentrándose un poco más. El gemelo se afianzó al colchón con más fuerza, mordiéndose los labios para evitar esgrimir algún quejido de dolor debido a la menor frecuencia en la que él desempeñaba ese rol, aunque no pudo contener un tímido lamento escapado junto a un azote de respiración cuando se sintió penetrado por completo.
- ¿Duele? - Preguntó Shaka con la voz deformada por el deseo, retirando casi la totalidad de la verga hasta avistarle el glande para, seguidamente, volver a penetrar con odiosa lentitud al tiempo que se regocijaba con toda la colección de estímulos que se concentraban en sus genitales.
- Sigue...no te detengas...- le instó Saga, sosteniendo la respiración a la espera de ser invadido hasta el fondo otra vez.
Los largos cabellos de Shaka se estaban humedeciendo por la veloz aparición de sudor. Algunas hebras se adherieron a su frente y por los costados de su rostro, pero al joven forense no le molestaban. Sólo le importaba la lujuriosa sensación que experimentaba en su falo encarcelado y, aunque comenzó con lentos y tortuosos avances y retrocesos, pronto sucumbió a la necesidad de abalanzarse sobre la espalda de Saga, abrazársele al torso y permitir que su pelvis alcanzara el rápido ritmo de embestidas que acabaría arrancándole un intenso orgasmo macerado a consciencia. Un orgasmo que quiso exprimir lo máximo que pudo, aún sabiendo que Saga todavía no había alcanzado el clímax, aunque había estado cerca. Lo supo cuando su diestra se arrastró desde el sudado pecho del fiscal hasta su bajo vientre, agarrándose a la erección que seguía firme y viscosa debido a la excitación que había comenzado a brotar anunciando la cercana culminación.
- Saga...- susurró, con voz agotada y la respiración todavía a medio recomponer - ¿sabes que adoro cuando te pones así? - su mano se cerró alrededor del tallo y lo estrujó con fuerza, maltratando todos los azorados sentidos que en ese momento estaban convirtiendo en ruinas la envidiable la compostura de la que siempre hacía gala el fiscal.
Saga gruñó y se mordió un gemido al notar su duro pene apretujado con un punto excesivo de firmeza, hallándose con la cabeza enterrada entre los dos codos anclados en el colchón y la espalda inclinada en una posición que le dejaba más arrodillado que estirado.
- Tócame, Shaka...- rogó en un lamento, ardiendo en ansias de hacerlo él mismo si el joven forense no se decidía a terminar con su sufrimiento.- Por favor...
Su propio brazo deshizo el anclaje con el que sostenía el peso de su cuerpo y se apresuró a tomar la mano de Shaka para apremiarle en esas necesarias fricciones, pero Shaka se resistió. Se resistió y aprovechó la brecha en la solidez del equilibrio del fiscal para romper el contacto de sus cuerpos y tumbarlo en la cama con la mirada al techo, asaltándole la boca casi con furia y desesperación. Para Shaka, practicar sexo sin besos compartidos era algo casi inasumible, y ya se había estado aguantando las ganas de jugar con la lengua de Saga durante demasiado tiempo, por lo que masturbarle con fruición a la vez que invadía su boca con descarado deseo fue un detalle que ni pudo ni quiso eludir.
Saga respondió los besos con la misma urgencia que gobernaba las intenciones del forense, y únicamente se apartó de su boca cuando un jadeo sostenido entre el dolor y el placer le escaló por la garganta a la vez que su mano detenía la rápida masturbación, gozando al instante de tres corridas que acabaron derramándose sobre su agitado abdomen. La embriagada mirada de Shaka observó el resultado de su inesperada batalla sexual escurriéndose por el costado derecho del torso de Saga hasta gotear en las sábanas y dejarlas señaladas, momento en que regaló una última y medida fricción al agotado pene del fiscal antes de soltarlo y dejar que comenzara con su inexorable proceso de retracción.
- Joder Shaka...- jadeó Saga apenas sin aire, llevándose su diestra a la frente para despejarla de mechones completamente húmedos de sudor - ¿Cómo...cómo narices hemos acabado así...? - continuó, ladeando el rostro para mirar al forense direcamente a los ojos y responder al nuevo beso que le tentaba los labios.- Se supone que debías darme un masaje descontracturante...
- Y lo he hecho, Saga...- Shaka se sonrió con una enorme satisfacción delineando la dilatación que sufrían sus pupilas y cuando se tumbó al lado del fiscal se apresuró a despojarse de la holgada camiseta de algodón natural que todavía cubría su torso, a la vez que con un gracioso juego de piernas se deshacía de los pantalones, quedando completamente desnudo y expuesto al lado del hombre con el que había aprendido a no experimentar vergüenza alguna - No me digas que no estás relajado ahora mismo...
- ¿Cómo no voy a estarlo? - Saga esbozó una agotada media sonrisa antes de inspirar con fuerza e incorporarse para acabar de quitarse los calzoncillos y limpiarse los restos de semen que habían quedado impregnando su piel.- ¿Y tú...? - preguntó a su vez, volviendo a buscar la mirada de su adorado amante - ¿estás más relajado también? ¿se te ha ido el mal humor?
Shaka rió. Y cerró los ojos mientras trataba en vano de deshacersde del sudor que se condensaba en su frente. Un sudor que se esparcía por todo su cuerpo y se concentraba incordiante en sus axilas y en el vello que enmarcaba su pene medio flácido.
- Digamos que...ha mejorado un poco...- dijo, buscando de nuevo la boca de Saga para compartir otro húmedo beso, más pausado y vivido.- Aunque mejorará del todo si el señor fiscal se digna a acompañarme a la ducha...-propuso al incorporarse con agilidad para encaramarse sobre Saga y sortearle para poder bajar de la cama por el otro costado. Su figura completamente desnuda de pie al lado del exhausto fiscal y la experta mano ofrecida al aire no dejaban mucho margen de decisión.
- ¡Shaka! Sabes que no soporto que hagas burla de mi cargo...- Saga mal fingió un enfado de rigor, pero tomó la mano ofrecida por el forense y dejó que éste le ayudara a alzarse de la cama, notando sus piernas todavía resentidas por la intensa descarga sensorial que acababa de sacudir su cuerpo.
- Y tú sabes que me pone a mil saber que el implacable y admirado fiscal Saga Samaras es capaz de dejarse hacer en la cama, y que sólo yo soy poseedor de semejante y candente secreto...- Shaka habló con ese tono picarón que dejaba patentes unas posibles ganas de seguir jugando un poco más bajo el amparo del agua, arrastrando a Saga tras él sin intención alguna de soltarle la mano.
- ¿Pero qué te ocurre hoy, Shaka?
Saga sonreía con una expresión entre extasiada y bobalicona, dejándose agasajar por las palabras y acciones de ese muchacho con el que tanto se había equivocado y que tanto había temido perder.
- Pues me ocurre que...que te amo, Saga - dijo el forense esgrimiendo un inconsciente encogimiento de hombros, deteniéndose en medio del baño para voltearse y mirarle directamente a los ojos - Me ocurre que me encanta follar contigo, sea de la manera que sea - soltó, sin filtros ni reparos - Y me gusta mucho más cuando sucede sin haberlo planeado.
Estas últimas palabras desvelaron una sombra de tristeza que acudió a mermar un poco el brillo que había adquirido la mirada de Saga, recordando con dolor cómo apenas unos meses atrás él mismo se había convertido en una aburrida víctima de la rutina y programación, apagando esa chispa de locura con la que ambos comenzaron a conocerse los cuerpos, las destrezas y los gustos en lugares tan dispares como lo fueron algunos lujosos hoteles, el gran coche del fiscal o el abarrotado despacho de estudiantes del IMF.
- Sé que durante muchos meses me convertí en un hombre desabrido y esclavo del trabajo...- reflexionó Saga, bajando la mirada ante unos recuerdos desafortunados.- Lamento tanto haberte relegado a un rincón cómodo y seguro de mi calculada vida...- Saga alzó su verde mirada con cierta tristeza y cuando la posó sobre la relajada y comprensiva expresión que le ofrecía Shaka no pudo evitar tomarse la libertad de apartar algunos mechones de cabello que caían sobre el todavía arrebolado rostro del forense.- Años estuve buscándote, esperándote...y casi te pierdo con un chasquido de dedos...
- Shhh...- Shaka volvió a besarle, deslizando su mano hacia la nuca de Saga para poder mantener sus rostros cercanos - Deja que el pasado repose tranquilo, Saga...y vivamos el presente...
Otro beso y el fallido intento de una retirada, coartada por el abrazo con el que Saga cercó a Shaka.- ¿Qué presente? - Inquirió, rescatando esa expresión pícara y juguetona con la que había conquistado a ese tímido joven estudiante en prácticas.- ¿Éste presente? - Insistió, bajando su abrazo hasta desintegrarlo sobre las nalgas de Shaka para dejar que sus manos las disfrutaran a discreción.
- ¿Acaso hay algún otro? - Shaka se afianzó a los antebrazos de Saga para deleitarse con el contacto directo de sus sexos antes de forzar el distanciamiento con el que activó el fluir del agua.- Estamos tú...yo...y nuestras circunstancias...- Un rápido vistazo a la zona pélvica del fiscal, subrayado con una mirada joven y juguetona - ¿Necesitamos algo más?
- ¿Ahora? ¿Aquí y contigo? No Shaka...Nada más...
Aclaraciones al capítulo:
(*) Kopis aparece en los Complementos donde se relatan los primeros encuentros de Saga y Shaka. Es el que desempeñase el puesto de Jefe de médicos forenses cuando Shaka y Mu ejercían ahí sus prácticas.
