Faltaba una semana para el tan esperado día para toda la aldea Ishigami y allegados.

Se celebraría un matrimonio.

El matrimonio de Chrome y Ruri.

Luego de que Kokuyo insistiera—o, mejor dicho, amenazara— a Chrome con la idea de que se casaran lo más pronto posible en vista que la «brutal mega artesanía» en la que estaba trabajando el equipo científico tomaría muuuchooo tiempo, por fin tomaron ese paso. Chrome pidió formalmente la mano de Ruri y empezaron los preparativos para la boda.

Ahora solo faltaba un par de días para el gran evento.

En ese momento todos se encontraban en la ostentosa mansión de Ryusui en una pequeña reunión coordinando los detalles finales.

Kohaku no podía dejar de sonreír ante la idea que su hermana por fin se casaría con la persona que amó desde su niñez. Las mejillas las tenía entumecidas de tanto sonreír mientras abrazaba a Ruri, completamente feliz y tirando corazones por dónde sea.

—¡Waa! ¡Estoy muy emocionada de ir a la aldea luego de mucho! —Sonó emocionada Suika. La boda se realizaría ahí después de todo, justo como dictaba la tradición por tratarse de la sacerdotisa. —Amo que sea una fiesta pequeña, jeje. Espero que el regalo que tengo preparado para ustedes les guste. —Sonrió dulcemente.

—Lo que nos regales nos encantará, gracias— Rio enternecida Ruri, acariciando el cabello de su hermana quién no se separaba de ella.

—¡JA, JA! ¡De mi parte tendrán la mejor recepción y luna de miel de la historia! —Chasqueó los dedos Ryusui junto a una risa escandalosa. — Tengo que superarme después de la boda de Taiju y Yuzuriha, aunque lamento que su boda no sea tan grande como la que tuvieron ellos—Dijo algo decepcionado, no duró ni unos minutos hasta que volvió a sonreír— Aun así, podrán disfrutar de los mejores manjares de su vida, después de todo François estará a cargo personalmente de la comida.

Senku, quien se había tomado un ligero descanso del planeamiento de la ciudadela en la luna para ir a esa reunión, soltó una risita al escuchar al capitán.

—Jaja, es algo de esperarse de un despilfarrador cómo tú.

—¿Qué significa «despilfarrador», Senku? — La voz casi mecánica del Whyman se escuchó a su costado. Senku lo tenía en su cinturón.

—Alguien que gasta su dinero sin medir las consecuencias.

La escena era observada de reojo por unos ojos azules de excelente visión. Kohaku solo podía ensanchar su sonrisa, cómplice.

Aunque Senku siempre intenté aparentar que no le importaba ese tipo de cosas, sabía perfectamente que también estaba preparando un regalo para los dos.

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Luego de una extensa guardia nocturna cuidando el laboratorio central en lo que en su momento fue el imperio de Tsukasa, Kohaku terminaba su turno y estaba a nada de irse a su hogar, de no ser porque de la oscuridad resaltó una habitación entreabierta. La tenue luz alumbraba vagamente el pasillo como si la llamara a entrar.

Extrañada, ingresó empujando la puerta ocasionando un leve chirrido. Ella pensaba ser la única aún en el edificio.

No fue ninguna sorpresa encontrase a Senku ahí, durmiendo sobre la mesa con muchos papeles a su alrededor y una pequeña lámpara prendida a su costado. Este tonto... Debería dejar de trabajar hasta tan tarde y descansar más cómodo, no así.

—Hola, Kohaku. —La voz de Senku rompió el silencio de la noche, pero no venía precisamente de su Senku.

—Oh. Hola, Medusa. —Se acercó más hasta quedar atrás de la silla donde descansaba el científico, en el respaldar se encontraba colgando de un cinturón la pequeña cápsula del Whyman.

—Senku se durmió hace cuarenta y tres minutos mientras terminaba los planos de su nuevo pequeño proyecto. — Explicó. Kohaku revisó con la mirada la mesa mientras lo escuchaba y entre los papeles, un pequeño destello azulado llamó su atención. Era una caja con muchas piedras entre azules, negras y grises.

Eso la desconcertó. ¿Por qué aún Senku trabajaría con piedras en bruto y no con superaleaciones? ¿De qué se trataba su nuevo proyecto?

Sin conseguir respuestas a simple vista solo pudo descartar su curiosidad. Ahora tenía algo que hacer, llevarse a Senku— aunque sea— a alguna camilla del laboratorio para que siga durmiendo o bien despertarlo para que se vaya a casa.

Lo tomó del hombro y lo movió, llamándolo. Nada.

—Últimamente ha estado durmiendo más tarde de lo normal.— Dijo Whyman— No despertará tan fácilmente.

—¡Ja! Ya verás como lo despierto. —Sonó orgullosa. —Oye, Sen-

Lo sintió acomodarse bajo su mano, gruñendo por la incomodidad. Se acurrucó más sobre sus brazos con el ceño levemente fruncido.

Si es que no fuera Senku, hasta pensaría que se veía tierno.

Cambiando su atención a algo que no sea su rostro durmiendo, notó como sus planos ahora eran más visibles y ahí lo entendió.

En una esquina y encerrado para resaltar estaba escrito, «cromo y lapislázuli»

Esas piedras eran para...

—¿Kohaku...?—Una voz adormilada la sacó de su revelación, Senku había despertado. Se irguió en su sitio, estirando la espalda y, como si supiera que estaba leyendo sus planos, rápidamente tomó un cuaderno, tapando justamente el nombre de las piedras. —¿Qué hora es? ¿Qué haces aquí?

—Demasiado tarde. Ya vete a dormir a casa. Ya estaba por salir cuando me percaté que esta habitación aún tenía luces.— Por ahora, ignoraría que se lo ocultaba. Lo entendía.

—Sí, sí. Mamá leona. — Alzó los brazos y se levantó. Sabía que no logró ocultarlo de la increíble vista de la Leona, pero ya qué.

—¡Cánsate de llamarme así!

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Kohaku solo rio y se acercó más a su hermana. Sabía que Senku era muy entregado a sus amigos, aunque nunca lo admitiera a viva voz y lo comprendía.

Por eso lo seguía.

Por eso le gustaba.

...

Y el gran día llegó.

El buen ánimo se respiraba en la aldea Ishigami desde el día anterior. Ni bien salió el sol todos ya estaban trabajando para darle los toques finales a la fiesta. El matrimonio de su sacerdotisa y uno de los científicos más importantes.

En lo que transcurría la mañana iban llegando los invitados más cercanos a la pareja, así como también empezaban ellos a alistarse para la ceremonia.

El bufet patrocinado por los Nanami y elaborado por François gozaba de deleites para la vista y el paladar— a pesar que, para los aldeanos, cualquier comida era más que deliciosa—. Las decoraciones con mezclas de lo tradicional y moderno eran finas y elegantes. Así como los trajes de la mayoría de invitados importantes eran hechos a medida por las talentosas manos de Yuzuriha.

Y en un abrir y cerrar de ojos, la tarde había llegado.

Ruri, que sostenía un ramo de rosas amarillas y rosadas pastel, vestía un verdaderamente hermoso vestido blanco diseñado y hecho por ella y Yuzuriha. La fina tela en capas de tul caía suave por debajo de su pecho en corte imperio, el escote en corazón con escasa pedrería resaltaba en el vestido y las semi mangas de tul terminaban de enmarcar su figura. Aun así, el detalle que más destacaba de su traje era la cuerda con hilos rojos que rodeaba su cuello y terminaba en un moño, su símbolo de pertenencia a la aldea. Ella y Chrome, quien vestía con un elegante traje azul oscuro, portaban con orgullo sus cuerdas, orgullosos de su aldea.

Kokuyo los veía desde lejos como intercambiaban miradas enternecidas y sonrisas tranquilas en lo que esperaban que empezara la ceremonia. No quería admitirlo, pero el picor en sus ojos ya no podía aguantarlo. Estaba muy feliz de poder presenciar el matrimonio de su hija, quien la enfermedad la siguió por años. Un matrimonio donde ella se viera feliz.

Kohaku le acarició la espalda cuando se percató de ello, sonriendo de lado.

La vista al mar que gozaba la isla de la sacerdotisa era increíble. Un azul puro se fusionaba con el celeste en el cielo y el verde en la tierra. Una mezcla perfecta que resaltaría aún más cuando las luces se prendan al anochecer.

Eso era lo que pensaba Senku, un tanto alejado de los demás, observando todo a su alrededor. Para su comodidad, está boda sería mucho más pequeña que la de Taiju y Yuzuriha, que hasta duró dos días.

—Parece que te quitaran el título de líder de la aldea y ni siquiera tuvo que haber una «Gran Batalla»~— Se escuchó sarcástico a su costado. Gen se había plantado a su izquierda para acompañarlo.

El albino alzó la ceja por su comentario.

—Ja, puede ser. La aldea ya no me necesita de todas formas. —Le siguió el juego.

—¿Eso quiere decir que te desligas de ellos? Que cruel~ — Bromeó el mentalista con una sonrisa sospechosa para el científico.

—Nunca dije eso.

—Bueno...— Sus ojos lo miraron directamente por unos instantes, escogiendo muy bien las siguientes palabras. — Aún tienes un vínculo que te unen a esta pequeña aldea, más allá que sea el legado de tu padre.

Los orbes rojizos se abrieron más de la impresión por fracción de segundo cuando dio con el significado tras sus palabras. Sabía perfectamente a qué se refería.

Por no decir quién.

Su inconsciente lo hizo buscar con la mirada a la joven rubia de vestido magenta a unos metros de él. Su cabello, usualmente incontrolable, bajaba lacio por sus hombros y espalda, que ahora en vez de cargar sus espadas y escudo, destacaba desnuda por la forma de su traje.

Rio sin más, desviando su atención.

—No sé de qué estás hablando. — Dio un paso al frente, con total intención de irse. —Apúrate y busca un asiento, la ceremonia ya va comenzar. Se está poniendo el sol. — Y se fue.

—Claro, claro, Senku. —Contestó riendo, a sabiendas que no lo escucharía. —Lo que tú digas.

...

La ceremonia fue corta y se llevó con tranquilidad.

A pesar que para los aldeanos no les era importante la presencia de un juez para que aprobar el matrimonio, para las leyes del nuevo mundo sí lo era.

Con estas nuevas leyes también llegaron nuevas costumbres.

—Yo... Ahh...— Chrome no podía dejar de ver a Ruri nervioso en busca de ayuda. Tenía que decir sus votos y su lengua no lograba terminar una frase.

—Tranquilo...— Le susurró con voz dulce, acariciándole el dorso de la mano con los pulgares en busca de calmar sus nervios. El gesto le transmitió seguridad, suspiró y recordó todo lo que había practicado.

—Ruri siempre ha estado conmigo desde la niñez...

Luego de un par de lágrimas de parte de ella y risitas de parte de él, por fin pudieron decir el «Sí, acepto» y firmar frente a todos, recibiendo aplausos y gritos de felicidad cuando ya se encontraban compartiendo el beso que sellaría su futuro.

Y así es como inició la fiesta.

—¡JA, JA! Mañana a primera hora tienen mi avión privado a su disposición, los llevará a un tour por tres países durante tres semanas. Los detalles los tendran con François. — Ryusui se plantó frente a ellos en la cabaña de la sacerdotisa, chasqueando los dedos con la carcajada sonora tan natural suya, tras suyo François asentía con la cabeza y Sai los veía con una sonrisa nerviosa por la efusividad de su hermano. —Es lo mínimo que puedo ofrecerles.

Y con la fiesta, la entrega de los regalos.

—Solo espero que compense el trabajo de esas tres semanas de vacaciones. —Murmuró Senku un tanto más atrás, hurgando con el meñique en su oído.

Esperó hasta que los Nanami se fueran, quedándose solo con los recién casados, ellos aun recuperándose de la cantidad de información.

—Bueno, parece que es mi turno. — Su tono divertido los tomó por sorpresa, del bolsillo de su pantalón de vestir sacó una caja rectangular forrada con terciopelo. Lo tendió hacia ellos con una sonrisa de lado, en una pose relajada.

Ruri lo recibió aún en su impresión, abrió la cajita y sus ojos brillaron.

Dos gemas de azul resplandor descansaban en el cojín aterciopelado. Los trazos suaves combinados entre celeste y mostaza le recordó a Chrome esas representaciones de la tierra en el espacio que alguna vez Senku le mostró. Mientras que a Ruri le recordaba a la inmensidad del mar.

Estás joyas perfectamente pulidas eran enmarcadas por una montura de un metal gris brillante, rozando a la plata. Un metal que Chrome reconoció al instante.

—Esto es...

—Son colgantes de lapislázuli recubiertos de acero inoxidable. —Completó el albino. — De esa manera les durarán más y no deben preocuparse por estropearlos. Bueno, si es que los usan. —Hurgó en su oreja con desinterés.

Nunca hubieran imaginado que sea Senku el que les dé algo así. Ni en mil millones de años.

Y eso los llenaba de felicidad.

—Muchas gracias, Senku-san...— Ruri no pudo contener las lágrimas.

—Ah... Son solo joyas.

Afuera de la cabaña, sentada apartada de los demás y bebiendo un trago, Kohaku sonreía por la tan tierna e inusual escena.

La música suave acompañaba la tranquilidad de la noche, encajando con precisión la entrega del conmovedor obsequio.

—Ja, Senku— Suspiró llevando la copa a sus labios rosados por el labial, nadie la escucharía.—Eres verdaderamente increíble. —Rio leve, se reclinó por completo en su asiento, admirando las estrellas en el firmamento. — Siempre actuando tan frío cuando no lo eres. Eres alguien más de acciones que de palabras, alguien que además puede ir paso a paso sin detenerse hasta su objetivo y estoy feliz de que me permitas aún trabajar a tu lado y lo haré por lo que me quedé de vida si es necesario, sin importar nada más.— Sintió su voz flaquear.— Ja... Ten por seguro que te seguiré hasta que ya no pueda hacerlo.

Con la seguridad de no haber sido escuchada por nadie, dejó su copa en la silla y se fue con los demás. Esas palabras se quedarían para ella hasta el momento que crea conveniente, no ahora.

Aun así, ella desconocía que, en la silla continua, abajo de un sacó de vestir, se encontraba el Whyman en su cápsula, logrando escuchar cada una de sus palabras cargadas de sentimientos que un ser que no los poseía no podría entender.

Quizás le pregunte a Senku después.


Doy parte de los créditos a mi flaco por que me ayudó a sacar la idea para este fic UwU Muy lindo.

Este shot fue un tierno de imaginar, lo siento si esperaban una boda de Senku y Kohaku jajaja. Algún día haré algo así.

Me gusta pensar que ellos al final del manga (y del One-shot) avanzaron mucho en su relación y no solo como amigos o compañeros, así que quise plasmar algo así aquí, solo que sin decirlo directamente.

¡Gracias por leer!

Día 2: Boda