5x07 EL ARTISTA
"Esto es casi una copia de mi primer apartamento en Georgetown. Mi madre quería que me quedara en el campus, pero yo estaba determinada a hacerlo, así que trabajaba de camarera los fines de semana para pagarlo"
"Debías ser una estupenda camarera para mantener un apartamento en Georgetown"
"No. Era terrible. Sólo lo lograba porque mi madre ponía dinero en mi cuenta todas las semanas y ambas fingíamos que yo no lo sabía".
(Emily y Rossi)
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— Por eso me quedo con Beethoven. No hay posibilidad de culpabilidad por asociación— Proclamó Reid.
El resto de agentes intercambiaron miradas divertidas, sin duda compartiendo el mismo pensamiento. Después de descubrir los matices del último caso, y la relación del conocido como "Dante", un artista que causaba verdadera obsesión entre sus seguidores, habían estado debatiendo sobre la relación entre la música y la violencia.
Volaban de regreso desde Los Ángeles, la ciudad a la que Rossi había proclamado su odio más de una vez durante su estancia.
— ¿Si? ¿Estás seguro?...— Bromeó Emily— Quiero decir, ¿alguna viste una película llamada "la naranja mecánica"?
Reid, desconcertado, negó con la cabeza, lo que hizo que todos se echaran a reír. Simplemente no podían creer que no conociera el popular film de Stanley Kubrick.
— ¿Debería haberla visto?— Preguntó inocentemente— ¿De qué trata?
— Déjalo Reid— Intervino J.J. — Es mejor que te quedes sólo con Beethoven. Mantén tu alma pura.
Aquel comentario provocó nuevas risas en el equipo. Emily y Morgan se miraron con complicidad, disfrutando del momento distendido. Las cosas parecían haber vuelto a su cauce. Al día siguiente del "incidente" de la batería del coche de Emily, Morgan la había sustituido por una nueva, y ambos habían evitado hablar de nada que se relacionara con la vida amorosa de Morgan.
Efectivamente, Morgan había llegado tarde aquella noche a su cita con Tamara Barnes, pero ésta se había mostrado muy comprensiva al explicarle que se había retrasado porque estaba ayudando a una compañera de trabajo. No había entrado en detalles sobre su relación con Emily. Tamara tampoco se los había pedido, simplemente había aceptado sus disculpas por el retraso, y después de salir del local, se habían despedido con un beso en la mejilla y habían acordado verse de nuevo.
— Emily, ¿Te gustaban ese tipo de artistas como Dante en tu adolescencia?— Se interesó Reid básicamente para desviar la atención hacia otro objetivo— Con la estética que llevabas no creo que fueras fan de los clásicos…
— Conozco a los clásicos, Reid— Replicó Emily intentando desviar el tema de los ídolos de su juventud más que cuestionables— ¿Te olvidas de quien soy hija? Mi madre me obligó a aprender a tocar el piano desde niña.
Antes de terminar su confesión ya estaba arrepentida. Sin embargo se sorprendió de que ninguno pareciera a su vez sorprendido de sus habilidades musicales.
— Debía ser un espectáculo verte tocar a Mozart vestida de negro y con el pelo cardado— Se burló Rossi— Seguro que tu madre estaría contentísima.
— Siempre es gratificante un poco de rebeldía juvenil— Continuó Hotch. Le dirigió una sonrisa amistosa a Emily, que comenzaba a sentirse abochornada.
— No era tan rebelde— Protestó Emily.
— Tengo un documento gráfico que demuestra lo contrario— Se burló Derek, sentado a su lado.
De inmediato recibió un fuerte codazo, y una mirada fulminante.
— ¿Tienes?— Lo cuestionó J.J. Miró alternativamente a los dos implicados pero éstos parecían mantener su propia conversación silenciosa— ¿Te quedaste con la foto que nos enseñó García?
La respuesta era evidente. Un gran "sí", para desgracia de Emily. Aunque bien era cierto que ella misma se la había cedido después de una especie de forcejeo para arrebatársela. No esperaba, sin embargo, que la utilizara en su contra.
Ilusa.
— ¡Me la robó!— Se defendió la morena a sabiendas de que mentía.
— ¡No mientas! ¡Me la diste!— Le rebatió Morgan frunciendo el ceño.
Teniendo en cuenta el detalle de que precisamente ese era el título del último álbum de Dante, las conexiones fueron inevitables.
— "La mentirosa"— Pregonó Reid— Estás ganando puntos para convertirse en la fan número uno de Dante.
Hotch le dirigió una mirada de advertencia al joven. Sin duda no era una comparación muy afortunada considerando cómo habían sido desangradas las víctimas.
— Reid… Eso no ha sido muy apropiado.
Emily resopló, mirando de reojo a Morgan.
— La culpa es tuya, lo sabes ¿no?
Emily no habría podido explicar exactamente por qué la culpa era de Morgan, pero estaba convencida de que un modo u otro era él el responsable de su situación actual.
— Sí, claro…— Aceptó éste con ironía— No deberías avergonzarte de tu pasado más oscuro, Prentiss…
Antes de que Emily pudiera contestar, Reid decidió indagar un poco más en la cuestión.
— ¿Qué has hecho con la foto?
Derek ignoró la expresión de sorpresa de la morena, y sonrió burlonamente.
— La tengo sobre mi mesita de noche.
Un jadeo salió de la boca de Emily.
— ¡No es verdad! Ahora ¿Quién miente?— Le reprochó ella, satisfecha de poder devolverle su pequeña traición— No sé dónde la has escondido, pero desde luego no la tienes a la vista…
Su revelación levantó más suspicacias de las que Emily había presagiado.
— ¿Cómo lo sabes?— Curioseó J.J. No había apartado el paño con hielo de su cabeza, que aún le latía con fuerza, pero no lo suficiente como para no percatarse tanto del lapsus de Emily como del modo en que había contenido el aliento— ¿Has recorrido su casa para averiguarlo?
Tratando de evitar la mirada inquisidora de J.J., Emily se encontró de pronto con la mirada astuta de Rossi y la desconcertada de Hotch.
Mierda.
— Yo….
Su mente se había llenado de imágenes de la noche en que ella había acudido a casa de Morgan buscando consuelo y habían terminado haciendo el amor.
No era precisamente algo que estuviera dispuesta a compartir… Nunca.
Estaba tan petrificada que no fue capaz de encontrar una alternativa creíble para su estancia en casa de Morgan.
— Me traje un piano de la última propiedad que compré y Emily me ayudó a valorar su estado… — Morgan mintió con tal naturalidad, que habría dejado pasmado al mejor perfilador. Hábilmente había recurrido a las dotes de Emily con dicho instrumento para que la mentira encajara— Yo no sé demasiado de pianos… No estaba muy seguro si valdría la pena integrarlo en la decoración.
Le dirigió una mirada tan cálida que Emily recuperó la serenidad suficiente como para apoyarlo en su excusa improvisada. La intriga seguía allí, en los rostros de sus compañeros, pero lo cierto era que Emily era aún mejor que Morgan mintiendo.
— Ya te dije que sólo necesitaba una buena puesta a punto… No te habría perdonado que te deshicieras de él.
Soportaron con una sonrisa estoica dibujada en el rostro los intercambios de miradas entre los agentes, pero finalmente parecieron conformes con la explicación. Sí, sorprendidos, pero también conformes.
Después de todo, ¿Qué habría de extraño en que en ocasiones se visitaran entre ellos? No era algo tan anormal. Lo único que no terminaba de encajar era que nadie hubiera tenido conocimiento de esa pequeña anécdota, pero ninguno de los allí presentes se atrevió a indagar en el tema durante el resto del vuelo hasta llegar a Virginia.
Mientras bajaban la escalinata en dirección a los vehículos que lo esperaban para llevarlos hasta las oficinas, Morgan se inclinó sutilmente sobre Emily.
— Ahora me veré obligado a conseguir un piano— Le susurró al oído.
Emily se mordió con fuerza el labio para contener la sonrisa que afloró en su rostro. Tenía que admitir que se sentía un poco culpable, pero en el fondo, la situación la divertía.
— No te preocupes, te ayudaré a elegirlo— Bromeó.
Un instante después, lo escuchó detrás de ella, murmurando.
— ¿Por qué tu madre no te enseñaría a tocar la flauta?— Se lamentó Morgan.
Y en esa ocasión, Emily tuvo que cubrirse la boca con la mano para sofocar la inmediata carcajada que le provocó aquel comentario.
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