© Shingeki no Kyojin es propiedad de la mente maestra de Hajime Isayama.
Lost Moments
—Yelena.
La mujer rubia detuvo sus pasos. Conocía ese tono de voz.
Onyankopon no esperó su respuesta.
—¿Por qué le dijiste eso a los de la Legión?
Yelena no dijo nada por un segundo. Mantuvo la espalda recta, sin traicionar sus pensamientos.
—Supongo que es una versión más interesante —dijo al fin—. ¿Por qué te interesa?
—Curiosidad. No pensé que fueras de las que se inventa historias para agradar a los demás.
Yelena, aun de espaldas, se mordió el labio y por un momento no dijo nada.
—Es cuestión de precaución —sentenció—. ¿Tú habrías confiado en mí?
El silencio fue su respuesta
—Sasha.
La Comandante Hange la llamaba. La muchacha se detuvo en dirección al sonido, y esperó más instrucciones. La brisa del verano hacía rodar las hojas alrededor y sacudía su flequillo, ahora más delgado.
—¿Sí, Comandante?
Hange le hizo señas, y Sasha la siguió al cuartito que fungía como su oficina. Le indicó que tomara asiento, y Sasha obedeció mansamente.
—He notado tu cercanía con Nicolo —ofreció.
Sasha asintió sonriendo.
—Es el mejor cocinero —suspiró, y luego su voz subió un par de decibeles—. Siempre me da mucha comida, ¡y cocina tan rico! ¡No se queja si le pido más y siempre me guarda algo!
Sasha se detuvo abruptamente y se tapó la boca como si hubiera dicho algo malo.
—¿No estará…? ¡Perdón! —exclamó dramáticamente—. ¡No lo metan en problemas por mi culpa! ¡No le pediré comida de más de ahora en adelante!
Hange le devolvió una mirada tranquilizadora y Sasha recuperó el aire y la calma.
—Nadie está en problemas, Sasha. Te llamé por algo más —Sasha volvió a sentarse, y la escuchó atentamente—. Pronto iremos a Marley —había seriedad en su voz—. El hogar de Nicolo. Me preocupa que intente usarte para contactarse con su familia o los militares de allá. Sabes que bajo ningún concepto puedes hablar conversación con nadie fuera de nuestro grupo, ni mencionarlo a él en ningún momento.
El rostro de Sasha se vació de toda emoción a medida que Hange hablaba. Guardó silencio por unos momentos, como si pensara intensamente, y luego, su expresión se suavizó y su mirada adquirió un pequeño brillo.
—Nicolo es muy bueno conmigo —dijo bajito—. No me mira como los otros voluntarios, o como los soldados que están prisioneros. Nicolo es mi amigo. Nunca me ha pedido nada. Sabe que iré a su tierra y lo que haremos allá, y lo único que dijo fue que tuviera cuidado y ocultara mi acento. Creo que pudo haber dicho algo, pero no lo hizo. Yo en verdad pienso que le agrado por ser solo yo, y no porque soy una oficial de alto rango en la Legión…
Hange la escuchó con atención, sopesando cada palabra. La comprensión se apoderó de su rostro, haciéndole lucir por un momento como la mujer que era después de todo, y no como la Comandante. Se recuperó rápidamente, y dio su veredicto.
—Solo ten cuidado, Sasha.
La más joven se retiró, llevándose consigo su rifle de asalto, el que había estado usando toda la tarde para practicar. Hange la observó marcharse, aun sin saber si aquel último consejo había sido como su superior al mando, o si tenía un significado diferente.
Tenía esto guardado y lo había olvidado. Inicialmente tenía la intención de publicar más escenas así, pero no escribí nada más, y no creo que lo haga, así que dejaré esto así.
