5x08 MÁS ZORRO

"No creo que esta mujer tenga que ver con Karl"

"Lo animé. Coqueteé con él. Lo hice personal. Tener intimidad con un asesino es… tan diferente"

"Es lo que hacemos"

"Sí, pero… No hay remedio para cómo me siento ahora, ¿verdad?"

(Hotch y Emily)

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Se sentía sucia.

No había tenido contacto físico con Karl Arnold, pero el hecho de haber flirteado con él para conseguir un objetivo, había sido suficiente como para que Emily se sintiera asqueada de sí misma.

Aquello se había acercado demasiado a un pasado que no quería recordar.

Después de la detención de la sudes, Hotch los había reunido en su oficina, y los había puesto al tanto de la reaparición de Foyet. Emily, aunque tan preocupada como el resto por el peligro al que estaban expuestos, especialmente Hotch, estaba demasiado conmocionada como para intervenir en la reunión.

En cuanto pudo escaparse, Emily recogió sus cosas y sin despedirse regresó a su apartamento. Tan pronto llegó, se deshizo de su ropa y se metió en la ducha, donde frotó escrupulosamente cada rincón de su cuerpo. No era racional, era muy consciente, pero no lo podía evitar.

También estaba inquieta por Morgan. Había visto su expresión durante la exposición de Hotch, y había notado su enojo. Estaba claro que la experiencia de haber estado a punto de morir en manos de Foyet, lo había marcado más de lo que quería admitir, y la presión añadida que últimamente estaba soportando como jefe interino de la unidad, sólo lo empeoraba.

Por eso, al salir de la ducha, y aun conteniendo las náuseas que le provocaba recordar la cercanía y el olor de Karl Arnold, decidió llamar a Morgan, únicamente para asegurarse de que estaba bien. No habría sido su primera opción en otras circunstancias. En otro tiempo se habría acercado a su casa para hablar con él, pero el hecho de pensar que podría encontrárselo en compañía femenina, la acobardó. Ni en mil años habría querido verse en una situación semejante.

El teléfono apenas había dado dos tonos cuando escuchó la voz de Morgan al otro lado de la línea.

— Ey…— Saludó suavemente Emily.

— ¿Va todo bien?— Preguntó Morgan.

Parecía intranquilo, lo que no la sorprendió.

— Sí… Sólo quería saber cómo estabas. Lo de Foyet…

Se había acurrucado en el sofá de la sala para hacer aquella llamada. Envuelta en una manta, la estrechó contra su cuerpo y cerró los ojos, dispuesta a concentrarse en la voz cálida de Morgan.

— ¿Te ocurre algo? Iba a llamarte— Le contestó éste, ignorando el interés que ella había mostrado previamente— Parecías abrumada durante la reunión y te fuiste sin despedirte.

Emily abrió la boca, aturdida. ¿De dónde había salido aquello? Hasta aquel momento, creía haber disimulado su malestar lo suficiente como para que nadie hiciera preguntas. Sólo le había confiado a Hotch sus dudas durante su entrevista con Arnold, pero con todo el tema de Foyet la última preocupación de éste, serían sus cuestionamientos morales.

— Estoy cansada…— Se excusó Emily— No esperaba que Foyet reapareciera, ¿seguro que estás bien? No estarías durmiendo, ¿no?— Continuó de forma atropellada— Espero no haberte despertado.

Pero Morgan la conocía demasiado bien como para interpretar sus respuestas evasivas. Había notado su aliento contenido, la inseguridad en su voz, y casi podía visualizarla mordiéndose las uñas, cosa que solía hacer cuando estaba nerviosa. La había pillado desprevenida con su interés, y era evidente para Morgan que trataba de dominar sus emociones.

Si hubiera estado bien, habría respondido con más seguridad, o quizás incluso con su típica ironía.

Posiblemente habría engañado a cualquiera, pero no a él.

— Emily… ¿Qué te ocurre?— Insistió Morgan ignorando sus argumento.

Emily suspiró, resignada a que tendría que ofrecerle algo.

— Karl Arnold no es un tipo agradable, eso es todo…

Era una de las opciones que Morgan había barajado por su propia experiencia con la detención de Arnold. No sabía exactamente qué había ocurrido durante la entrevista en la prisión donde cumplía condena, pero conociendo su perfil podía imaginar el impacto que Emily debía haber causado en él.

— No fue buena idea que acompañaras a Hotch…— Se lamentó Morgan. Lo cierto es que en un principio él mismo había estado de acuerdo, ahora comenzaba a dudar de esa decisión— Lo siento…

— Deja el paternalismo, Morgan. No es tu culpa. Soy una agente del FBI y debería ser capaz de simular un simple flirteo sin que me perturbe tanto.

— ¿Eso hiciste?— Jadeó Derek— ¿Flirtear con él?— Por un momento quiso tener a Hotch enfrente para tener unas palabras con él, porque estaba convencido de que había sido cosa de Hotch— ¿Era realmente necesario?

Si él estaba asqueado no podía imaginar cómo se sentía Emily.

— Lo era…— Admitió Emily, y recordó cuántas veces se había dicho a sí misma que el fin justificaba los medios durante su etapa encubierta con Doyle. Aquello había sido muchísimo más duro, y no entendía por qué ahora le había resultado tan difícil. El trauma, suponía – Pudo haber sido peor…No fue tan grave…— Continuó, arrepentida ya de haber inquietado a Morgan. Lo había llamado para tranquilizarlo, no para causarle más preocupaciones— Normalmente compartimento mejor en este tipo de situaciones.

Sus palabras confundieron más a Morgan. ¿Eran imaginaciones suyas o Emily estaba insinuando que ya tenía experiencia en situaciones similares? En muchas ocasiones, había tenido dudas de que realmente Emily viniera de un trabajo burocrático. Esta era una de esas ocasiones.

— ¿Normalmente?— La cuestionó Morgan— ¿Has hecho esto antes?

Sólo entonces Emily se dio cuenta de su lapsus. ¿Por qué demonios Derek Morgan siempre conseguía que bajara la guardia?

— Sí, muchas veces… En mi tiempo libre suelo entrar en esa web de citas… ¿Cómo se llama? "¿Pon un asesino en serie en tu vida?"— Replicó con desgana— Hablaba en general, Morgan… No hagamos de esto una tragedia griega.

Morgan sabía que sólo estaba esquivando la pregunta, pero en cualquier caso no pudo evitar sonreír ante su humor sarcástico.

— De acuerdo, tú ganas…— Cedió él— No me apetece discutir contigo.

Aunque en honor a la verdad, eso sucedía bastante a menudo en los últimos tiempos.

— Es una pena… Se nos da muy bien…— Apuntó Emily como si le hubiera leído la mente.

Derek ignoró el comentario, y se centró en lo que en realidad importaba. Parecía muy afectada por todo aquel asunto, y no creía que fuera sólo por Karl Arnold.

— ¿Seguro que estás bien?

Se la imaginó mordiéndose las uñas mientras luchaba consigo misma.

— Siempre lo estoy, ¿no?— Dijo ella finalmente.

Su poca convicción no lo sorprendió. Por su parte, Emily agradeció que no pudiera verla. De otro modo no sabría si podría contener las lágrimas.

— Em…

— Derek…— Sintió un nudo en la garganta pero no podía darle la explicación que él le estaba pidiendo— No quiero hablar de ello, ¿de acuerdo? Nos vemos mañana en la oficina— Se despidió con la voz a punto de resquebrajarse.

Ya sin Derek al otro lado de la línea, se secó la humedad que había asomado a sus ojos, y se acurrucó en el sofá con un buen libro, sabiendo que aquella noche difícilmente lograría conciliar el sueño.

Apenas había avanzado un par de capítulo cuando llamaron a la puerta. Emily comprobó la hora. Era un poco tarde para una visita vecinal, y en honor a la verdad sólo se le ocurría una persona que pudiera aparecer a esas horas.

— No tenías por qué venir— Dijo ella al ver a Morgan.

Éste se encogió de hombros, luciendo su irresistible sonrisa.

— Me pillaba de paso. No vayas a creer que lo hago sólo por ti. A mí me apetecía un poco de compañía.

Mintió con tanto descaro, que Emily fue incapaz de resistirse a invitarlo a pasar.

— ¿Sesión de película?— Dedujo ella cuando Morgan balanceó ante sus ojos una bolsa de palomitas para microondas.

— Sólo si te apetece… — Le hizo un guiño cómplice— Te prometo que no habrá conversaciones incómodas.

El clásico de Drácula de Bela Lugosi fue la elección de aquella noche, que habían comenzado con Emily y Derek sentados cada uno en un extremo del sillón, y había terminado con Emily prácticamente acurrucada en sus brazos.

Como dos buenos amigos, por supuesto.

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