5x10 EL ESCLAVO DEL DEBER

"Al fin conocerás a tu alma gemela, Joe. En la cárcel. Salvo que no podrás abusar de él como hiciste con esas mujeres. Y cuando él venga a buscarte en medio de la noche, cuando menos te lo esperes, hazme un favor… coopera"

(Emily al sudes)

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Era su primera noche en Nashville, Tennessee. No habían dormido desde antes del funeral de Haley, y Morgan los había enviado a descansar hasta que pudieran dar con algún nuevo indicio que los llevara hasta el sudes. Estaba un poco intranquilo por Emily. A su llegada, habían acudido juntos a la escena del crimen de la última víctima, y desde ese momento la había notado incómoda, incluso parecía disgustada por tener que regresar al hotel.

Cuando estuvo seguro de que ya todos se habían retirado a dormir, salió al pasillo y recorrió los escasos metros que separaban sus habitaciones.

Como solía ser habitual cuando decidía visitarla en mitad de un caso, Emily no tardó en abrir la puerta. Realmente Morgan no conocía a nadie que durmiera menos que ella y que por la mañana consiguiera estar tan lúcida. Sabía además que Emily tenía sueño acumulado de la noche anterior. Su noche de copas se había alargado hasta altas horas de la madrugada, y apenas habían podido dormir un par de horas – cada uno en su respectiva casa - ya que al día siguiente estaba previsto el funeral.

A Emily no le sorprendió en absoluto encontrárselo frente a la puerta, aunque instintivamente comprobó que no hubiera nadie del equipo por allí cerca, sólo por precaución. Cuando Morgan aparecía a esas horas sin avisar, nunca se podía prever qué iba a pasar.

Le dirigió una expresión intrigada, y sin decir una palabra, lo invitó a entrar.

— ¿Qué ocurre?— Le preguntó finalmente ya en el interior de la habitación.

Morgan cerró la puerta detrás de él.

— Te molesta este caso— Expuso— Pero necesito que te mantengas centrada… Esto no tiene nada que ver contigo.

Ella apretó los labios, dibujando una línea que evidenciaba claramente su desacuerdo.

— Sus víctimas son aproximadamente de mi edad, morenas, de origen acomodado, educación selecta, e independientes— Recitó Emily— Diría que sí tiene algo que ver conmigo.

A Morgan no le cabía duda de que había estado pensando en ello desde que habían aterrizado en Nashville.

— Tú no vas a ser su víctima.

— Podrías utilizarme perfectamente como cebo si se diera la posibilidad. Encajaría perfectamente con el tipo de mujer que busca.

Aquella sugerencia horrorizó a Morgan. ¿De dónde había sacado semejante idea?

— Jamás se me ocurriría pedirte que hicieras algo así – Replicó él.

Casi parecía enojado.

— ¿Por qué no? Infiltrarse es parte del trabajo. A veces es necesario— Recalcó Emily, y en ese momento no pensaba sólo en Doyle, sino en muchas otras ocasiones en las que había tenido que hacerlo mientras trabajaba en la Interpol. Era algo que tenía completamente asumido.

— Una cosa es infiltrarse sabiendo que tu máxima preocupación es que descubran tu identidad, y otra muy distinta es meterte en la boca del lobo como el tipo de víctima específico de un asesino en serie… — Argumentó Morgan, incrédulo de que estuvieran realmente discutiendo sobre ello— Y menos si hablamos de un delincuente sexual, Emily… ¿Realmente crees que te pondría en esa situación?

— Tal vez tú no…— Le concedió ella. Comenzaba a arrepentirse de haber sacado el tema, era muy consciente de que Morgan no tenía la culpa de su enfado, pero por alguna razón aquel caso y aquel sudes la habían desestabilizado.

— Hotch tampoco— Se apresuró a enfatizar Morgan. Lo que había sucedido con Elle hacía unos años, había sido una lección para todos, incluido para Hotch— Y aunque te lo propusiera, tú no tendrías por qué aceptar algo así… De todos modos, ¿por qué estamos hablando de esto? Nada de eso va a suceder… Mañana obtendremos algún avance y terminaremos capturándolo, como siempre. No te ocurrirá nada— Hizo una pausa, y dio un paso hacia ella— Yo no lo permitiría.

Emily sonrió suavemente. Allí estaba de nuevo el dulce y protector Derek Morgan. No podía ser más diferente a Clyde Pascua, que prácticamente la había embaucado para aceptar participar en la operación Valhalla. Sí, también le había prometido que no le sucedería nada, pero el hecho era que no había salido indemne, y las secuelas la perseguirían para siempre.

Declan era el mejor ejemplo.

Sintió deseos de acariciarle el rostro, pero ya no quedaba rastro de alcohol en su sistema que sirviera de excusa para un acercamiento con un hombre que había llegado a algún tipo de compromiso con otra mujer. No era correcto, y Emily no estaba dispuesta a ser esa clase de persona.

— Eso es muy dulce…— Dijo ella finalmente— Pero un poco irreal, ¿no crees? No puedes asegurar que siempre estarás ahí cada vez que yo esté en peligro. Eso sólo es una fantasía, Morgan.

— Lo dices como si estar en peligro fuera algo habitual para ti… En este equipo cuidamos unos de otros… Yo confío en ti, y tú deberías confiar en mí… Por supuesto ayudaría que fueras menos osada… Estoy seguro de que aceptarías si alguien te propusiera un disparate como el que acabas de sugerir.

Por supuesto que aceptaría. Ya lo había hecho.

No sin pagar el precio.

— ¿Tú me estás llamando osada a mí? ¿En serio, Morgan? Yo no fui la que conduje una ambulancia con una bomba en su interior atravesando Nueva York— Se burló ella— Diría que suelo ser muy prudente comparándome contigo.

Morgan no podía negar que de entre los miembros del equipo él era el más intrépido, incluso podía llegar a ser temerario. Muchas veces actuaba más por con el corazón que con la cabeza, pero Emily, aunque en apariencia era más fría, en el fondo se parecía mucho a él.

— Me he dado cuenta de que no tienes problema en traspasar límites…

Ella lo miró con recelo.

— ¿Por acostarme contigo? Creo que fue cosa de ambos…

Morgan esbozó una sonrisa.

— No hablaba de eso… Pero supongo que también cuenta… Quería decir que estoy seguro de que no te importa saltarte las normas si crees que lo haces por un buen motivo.

— Derek, no creo que yo te haya dado ejemplo nunca de algo así.

No uno que él hubiera podido presenciar, al menos.

— Porque nunca te has visto en esa encrucijada— Comenzó a explicar él— Pero te conozco… Saco conclusiones de nuestras conversaciones y de tus reacciones… Sé cómo eres… Sé lo importante que son para ti tus valores… Sé cómo te afectan las situaciones injustas, es algo que no eres capaz de disimular… Bajo esa capa de educación refinada, eres una rebelde. No te gusta la política, ni la autoridad… Todo el tiempo intentas encajar a pesar de que en el fondo sabes que nunca lo harás, porque eres diferente al resto. Emily Prentiss… No eres una oveja más del rebaño y nunca lo serás… Por eso confío en ti.

Emily escuchó boquiabierta cómo exponía un perfil detallado de su personalidad. ¿No se suponía que no debían perfilarse mutuamente? Estaba claro que a Morgan eso le importaba poco.

— Quiero pensar que intentas hacerme un cumplido… Quizás deberías tener una conversación con mi madre— Ironizó ella.

— No estoy seguro de cómo podría resultar eso…— Bromeó Morgan— En cualquier caso… ¿Estás más tranquila?— Se acercó a ella, y fue entonces él el que deslizó su mano por su cabello. Emily no pudo evitar estremecerse, por muy inadecuado que fuera— Si necesitas algo… Sólo dímelo, ¿de acuerdo?... Al fin y al cabo soy tu supervisor…— Añadió guiñándole un ojo.

Ella asintió, y se apartó de él con toda la naturalidad que le fue posible dirigiéndose hacia la puerta. Morgan siguió sus pasos y ambos se quedaron en el umbral, con la puerta entornada.

— Hay algo que sí puedes hacer por mí…— Dijo Emily. Derek la miró intrigado— Quiero hacer yo la detención.

— Me parece justo— Accedió él— Pero prométeme que no harás ninguna tontería.

Emily terminó de abrir la puerta para permitirle salir.

— Me ofendes, Morgan… Soy la sensatez personificada…— Declaró ella en tono afectado.

Morgan se echó a reír y no paró de sonreír hasta que llegó a su habitación.

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