5x13 NEGOCIOS ARRIESGADOS

"Había un joven príncipe que quería ganar el corazón de la doncella más bella del reino, así que trepó a la cima de la torre más alta del reino y atrapó una estrella fugaz. Por desgracia, estaba tan emocionado que se le cayó y la estrella se partió en mil pedazos. Así que frenéticamente la reconstruyó para demostrar su amor incondicional por ella. Y lo logró… Y vivieron felices para siempre"

(Emily)

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El vuelo desde Wyoming a Virginia era largo y fatigoso. En la zona del office, Emily preparaba un café cargado para sobrellevarlo. Era un vuelo nocturno, y todos, a excepción de ella misma, habían aprovechado para dormir un poco.

Emily se estremeció cuando notó la mano de Morgan en su cadera. Pero no era un estremecimiento incómodo, la calidez de Morgan nunca podía serlo. Más bien el contacto de su mano había sido inesperado y al mismo tiempo agradable.

— ¿Quieres uno?— Le ofreció, aunque empezó a preparárselo antes de que pudiera contestar.

— Solo— Se limitó a recordarle Morgan.

Ella lo miró de reojo, sonriéndole. Rara vez Morgan tomaba el café de otra manera.

— Lo sé...

Derek se inclinó un poco sobre ella, aspirando el olor del café recién hecho. Cerró los ojos cuando se mezcló con el olor a violetas del perfume de Emily. Cuando los abrió nuevamente se encontró con los de ella a apenas unos centímetros de los suyos.

— Morgan…— Susurró Emily en un tono que denotaba más complicidad que advertencia.

Él se apartó lo poco, y permaneció observándola mientras la morena terminaba de servir el café.

Morgan tomó un sorbo, y lo dejó sobre la encimera del office. Emily permanecía en silencio, con la taza de café arropada entre sus manos, disfrutando de su calor.

— Así que eres una romántica...— Declaró Morgan repentinamente— Comprobó a su alrededor que el resto del equipo continuaba durmiendo— Últimamente estoy descubriendo muchas cosas sobre ti…

Emily hizo un gesto de negación, aunque no pudo evitar la tímida sonrisa que asomó a sus labios. Ya había notado cómo Morgan se había deshecho de sus auriculares para escuchar la historia del príncipe y la estrella, a pesar de su propia frustración por intentar que Reid consiguiera entender el cuento.

— Sólo es una historia… — Emily le restó importancia— Y no deberías sentirte mal por no saber mi segundo nombre… Nunca lo utilizo.

— No es sólo la historia— Insistió Morgan— Es tu forma de contarla… Emily Prentiss… Eres una romántica aunque te niegues a reconocerlo— Se reafirmó.

Ella se echó a reír, sofocando al mismo tiempo el sonido para no despertar al resto del equipo.

— No te aconsejo que trates de comprobar esa teoría— Bromeó.

— Dada nuestra situación actual, sería un poco complicado…— Se lamentó él— Ya sabes… Por lo de ser sólo amigos…

Emily lo miró de reojo. Morgan prácticamente acababa de romper con Tamara Barnes, algo de lo que, por otra parte, apenas habían hablado. Cuando Morgan se había confesado con ella, Emily se las había ingeniado para escabullirse de la conversación y no habían vuelto a sacar el tema.

— No cambia nada que ahora estés libre de nuevo, ¿sabes?— Le advirtió ella, aunque en su tono de voz no había asomo de hostilidad, al contrario, parecía una sermón casi infantil.

Derek asintió, captando el sutil modo de pedirle que reprimiera su coqueteo.

— Espero que no, estaba muy a gusto colándome en tu casa sin avisar— Afirmó Morgan. Emily notó cierta melancolía en sus palabras— Deberíamos cambiar el escenario de vez en cuando.

— ¿Tu casa?— Insinuó ella. En realidad, no le disgustaba la idea. La casa de Morgan era más grande que su apartamento, y tenía una hermosa terraza que daba a un jardín frondoso.

— Más bien pensaba que podrías asesorarme con algo…

Ella lo miró intrigada.

— ¿Te has olvidado de la mentirijilla que tuve que improvisar para justificar tu presencia en mi casa?

Emily abrió los ojos de par en par.

— ¡¿Has comprado un piano?!

Morgan, entre risas, ahogó su exclamación cubriéndole la boca.

— Shhhhh— La silenció— Vas a despertar a todos.

Emily miró a su alrededor, comprobando con alivio que todos seguían durmiendo. Se acercó un poco más a Morgan, si es que eso era posible dado el espacio reducido en el que se encontraban, para susurrarle al oído.

— ¿Dónde lo has conseguido?

— Aún "no lo he conseguido"— Aclaró Morgan. En su interior, disfrutó de la proximidad de su compañera, amiga y ex amante. Se sentía natural e insólitamente adorable— He contactado con alguien, pero no tengo ni idea de pianos… Podríamos ir juntos a verlo.

Ella reflexionó durante unos segundos. Realmente hacía mucho tiempo que no tocaba el piano, y tampoco se consideraba una experta en la materia.

— ¿No te gustaría una opinión más profesional?... Conozco a algunas personas que podrían…

— Nada de eso— Rehusó Morgan de forma tajante— Tú me has metido en este lío, y tú me sacarás de él…. No vas a escaparte tan fácilmente, Prentiss.

— Bueno…— Emily se encogió de hombros— Tú ganas, te acompañaré… Pero no te garantizo que hagas una buena compra…

Morgan asintió.

— Emily, posiblemente ese piano la única utilidad que tendrá en mi salón será la de llenarse de polvo.

— No tienes ni idea de cuántos puntos puedes ganar con algunas mujeres sólo con que vean algo así en tu casa…— Sostuvo ella, muy convencida de que dejando al margen a Tamara Barnes, las mujeres con las que Morgan solía relacionarse, por lo general eran bastante impresionables.

Su tono malicioso no pasó desapercibido para Morgan.

— ¿Lo ves? Una razón más para comprarlo— Rió él, siguiéndole el juego— Supongo que tú no te incluyes en esa categoría.

— Yo no soy una romántica, no lo olvides…— Se reafirmó Emily. Alzó la barbilla con expresión orgullosa.

— Entonces— Continuó Morgan— ¿Si alguien te regala flores, te molestaría?

Emily no pudo evitar recordar a Doyle. Durante el tiempo que habían compartido, era un detalle que éste solía tener con ella de forma bastante habitual. En realidad, tenía que admitir que Doyle, con todos sus defectos era un adicto al romanticismo. Al final, eso nunca era suficiente para compensar la balanza.

— No me molestaría— Dijo ella con indolencia— Simplemente creo que el amor se demuestra en el día a día, y no con flores…. ¿Qué ocurre, Morgan? ¿Estás pensando en algo en particular?

Él se echó a reír.

— Me da un poco de miedo, la verdad… Por el momento te puedo invitar a pizza si me asesoras en la compra ¿Qué te parece?

— Chino— Propuso Emily— Casi siempre comemos pizza.

— Está bien. Es un compromiso— Continuó Morgan— Llamaré al vendedor y concertaré una cita. Así que lleva tus dedos preparados…

Emily dejó los ojos en blanco.

— Morgan, parece que no me conoces… Mis dedos siempre están preparados.

Morgan esbozó una sonrisa complacida. Emily no se había esforzado lo más mínimo en ocultar el doble sentido de sus palabras.

— Bueno… Pues tal vez podrías ponerlos sobre mi espalda hasta que aterricemos en Virginia… Tengo unas contracturas…

Emily resopló, y le dio un suave empujón, escabulléndose del office.

— En tus sueños…— Se burló, y acto seguido regresó a su asiento.

Lo cierto era que algunos de los miembros del equipo comenzaban a removerse al notar algunas turbulencias, y temió que su actitud cómplice con Morgan despertara sus sospechas.

— ¡Vamos, Em…!— Imploró Morgan, con expresión de perrito abandonado.

Emily se echó a reír, esta vez sin contenerse, lo que provocó algunas miradas curiosas.

Derek abandonó la zona del office, y tomó asiento frente a ella. Mantuvo sus ojos en la morena, disfrutando del modo en que ésta había comenzado a ignorarlo intencionadamente, aparentemente muy interesada en la lectura del último de los libros que la acompañaba en sus viajes. Morgan sonrió para sí mismo al descubrir que se trataba de una colección de poemas de Lord Byron, precisamente uno de los autores románticos más arquetípicos, dejando en evidencia que su compañera sólo pretendía ocultar su lado más sensible y soñador.

— ¿Nos hemos perdido algo?— Preguntó J.J. ocultando un bostezo. Había alcanzado a escuchar el final de la conversación de Morgan, y las risas de Emily.

— Sólo a Derek suplicando por un masaje…— Reveló Emily sin levantar la vista de su libro. Sin embargo, su sonrisa reprimida la delató.

— Oh… Lo de siempre entonces...— Intervino Reid, más dedicado a frotarse los ojos que a prestar realmente atención a las disputas de sus compañeros— ¿Falta mucho para aterrizar?

— Queda algo más de una hora— Informó Hotch.

Sólo Rossi continuaba durmiendo plácidamente.

Reid se volvió hacia Emily.

— ¿Te animas a jugar al póquer?— Le propuso.

— Buena suerte con eso, Emily— Le advirtió J.J.

Ella dibujó una sonrisa condescendiente.

— No necesito suerte…

La partida comenzó y efectivamente, no fue suerte lo que necesitó para ganarle.

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