5x15 ENEMIGO PÚBLICO
"Su padre está en prisión. No puede atacarlo. Así que ataca en los lugares que le recuerdan a su padre"
"El único modo de hacerle entender algo a su padre es con violencia"
(Rossy y Emily)
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— Gracias por asesorarme.
A primera hora de la mañana, Morgan había recogido a Emily en su casa para que lo acompañara a ver el piano del que habían hablado. Era una pieza antigua aparentemente de calidad, pero el actual dueño se mudaba de ciudad y no estaba interesado en conservarlo. Emily se había enamorado de él en cuanto lo había visto y aquello había sido suficiente para que Derek decidiera cerrar la compra.
El propietario se había ofrecido a realizar el traslado, con lo cual, después de salir de allí, Morgan la había invitado a desayunar en una cafetería cercana.
— Espero que no te arrepientes de no haber pedido opinión a un experto.
Emily se lo había sugerido en varias ocasiones, pero Morgan tenía la teoría de que fuera un acierto o no la compra del piano, debía ser algo entre ellos.
— Tengo la única opinión que me importa… Además, ya tienes un buen motivo para venir a visitarme.
Emily aplacó el inminente sonrojo que estuvo a punto de apoderarse de sus mejillas, devorando una porción de la tarta de frambuesa que había pedido. Morgan la miró con diversión, disfrutando del efecto que sus indirectas solían provocar en ella.
Esperó por su respuesta, pero Emily parecía haberse quedado ensimismada jugueteando con el tenedor, como si estuviera estudiando las texturas y colores de la tarta.
— ¿Vas a contarme qué tienes en mente o tendré que adivinarlo?— Le preguntó Morgan, intrigado. Suponía que debía tener relación con su comentario anterior, aunque lo cierto era que Emily había estado bastante callada desde que la había recogido.
Morgan no se equivocaba. Emily llevaba días replanteándose su situación con Morgan. Después de su ruptura con Tamara, las cosas entre ellos se habían vuelto de nuevo cada vez más personales. Los comentarios de Morgan, sus propias reacciones y las excusas para hablar a solas o para verse, eran cada vez más habituales y en opinión de Emily, todo se encaminaba a repetir la historia. Su historia era una montaña rusa a la que ninguno de los dos parecía dispuesto a renunciar.
— Estás haciéndolo de nuevo…— Expuso ella finalmente.
Sus ojos habían adquirido un matiz angustiado, que Morgan no supo cómo interpretar.
— ¿De qué hablas?
Ella suspiró profundamente, deslizó la mano sobre la mesa y tomó la de Morgan.
Lo miró a los ojos, asegurándose de que él comprendía la importancia de ese gesto.
— Buscas excusas para vernos fuera del trabajo… ¿No te das cuenta?— Le dirigió una mirada cálida— Quisiera estar segura de que ninguno de los dos volverá a salir dañado…
Él acarició con su pulgar el dorso de su mano.
Podía sentir su mortificación, sus dudas, sus miedos.
— Eso no volverá a ocurrir, te lo prometo…
Su voz era serena, sincera.
— Estamos jugando otra vez al mismo juego, Morgan…— Continuó Emily— Y creo que te das cuenta pero no te importa… Es evidente que los dos hemos perdido la perspectiva de las cosas.
Morgan comprendía por fin el motivo de su mortificación, aunque Emily se equivocaba al insinuar que, de algún modo, él había actuado conscientemente.
— Emily, créeme que mi única intención al invitarte a casa es que puedas hacer algo con lo que sé que disfrutas. Sólo quiero que seas feliz, pero si supone un problema para ti… si te sientes presionada… sólo tienes que decírmelo, no estás obligada… — Le dirigió una mirada confusa— Creí que estábamos bien.
— Lo estamos— Le aseguró Emily— No quiero que sufras, eso es todo… Es sólo que a veces tengo la impresión de que sientes que tenemos que escondernos para vernos… pero es absurdo, no estamos haciendo nada malo… Deberíamos tomarnos esto con más naturalidad.
A pesar de que intentaban marcar distancias, su mano se mantuvo entrelazada con la de Morgan, evidenciando las contradicciones que caracterizaban su relación.
— Bueno— Morgan arrugó los labios, encogiéndose de hombros— Entonces estamos de acuerdo, yo tampoco tengo intención de sufrir— Bromeó— Y lo del piano… No te culparé si se llena de polvo porque nadie tiene interés en él… Es una lástima… Seguramente acabará mohoso y oxidado… y cuando alguien intente tocarlo sólo sonarán notas tristes…— Añadió en tono dramático.
Emily se echó a reír.
— Está bien, acepto…— Alzó un dedo en señal de advertencia— Pero sólo porque no quiero que me lo estés reprochando el resto de mi vida…
Sus teléfonos sonaron al mismo tiempo, con el clásico aviso de un mensaje de texto.
Soltaron sus manos, que hasta el momento habían permanecido unidas, para comprobar lo que sin duda sería un aviso de J.J. para algún caso.
— El día no podía ser perfecto— Se lamentó Morgan.
— Nos vamos a Rhode Island— Resopló Emily. Observó con desconsuelo lo que aún quedaba de su tarta – Esto no es justo…— Proclamó compungida.
Morgan rió con ganas, mientras dejaba un billete de veinte dólares sobre la mesa, suficiente para las dos porciones de tarta que habían pedido y para los cafés que apenas habían probado.
Acto seguido, se levantó de su asiento y le tendió la mano a Emily.
— Te invitaré a tarta – Le propuso— Así tendrás un motivo más para venir a casa… Además me apetece escucharte.
Eso era cierto. Derek había esperado a que ella pusiera en práctica sus dotes aquella mañana pero no había podido convencerla, más allá de que desgranara sólo la escala musical para comprobar el sonido.
Emily aceptó su mano y se levantó.
—Igual te llevas una decepción… Hace mucho que no practico…. Y en cualquier caso… ¿A qué viene tanto interés?
Morgan no podía darle ninguna explicación más allá de que sospechaba que Emily era mejor pianista de lo que quería reconocer. Siempre le había llamado la atención lo crítica que era con sus defectos y lo modesta que era con sus virtudes.
— Quiero comprobar algo…—Se limitó a señalar, con lo cual la dejó aún más confusa.
— Y supongo que no vas a compartir ese "algo"
Derek se inclinó sobre ella, y le dio un toque en la nariz.
— Todo a su debido tiempo, princesa.
Emily entornó los ojos, desistiendo de insistir. Si a Morgan le apetecía jugar un poco, lo dejaría, al fin y al cabo eso era lo que siempre habían hecho.
Se encaminaron hacia la camioneta de Morgan, y después de subirse, Morgan condujo hacia el apartamento de Emily para que pudiera recoger su bolso de viaje. Luego continuaron hacia Quántico, para la presentación del caso. Reid y Rossi ya estaba allí. Después de soportar sus miradas intrigadas se sentaron uno junto al otro a la espera de que llegara el resto del equipo.
— ¿Habéis venido juntos?— Curioseó Reid.
No tenía motivos reales para asumir algo así, simplemente la actitud entre ellos había llamado su atención aunque fuera incapaz de explicar el motivo.
Emily y Derek contuvieron su impulso de mirarse, y mantuvieron sus ojos apartados el uno del otro.
— Mi coche está averiado— Dijo Emily— Le pedí a Morgan que me trajera.
La mentira salió con naturalidad de sus labios. Esa era otra de las cosas que a Morgan no dejaba de sorprenderle de Emily. Tan pronto sufría incontinencia verbal como era capaz de convencer a cualquiera de lo que ella quisiera.
O a casi cualquiera.
Mientras Reid parecía conformarse con su aclaración, Rossi se permitió estudiarlos un poco más en profundidad. No podía deducir demasiado de la actitud de Emily, pero sí de la de Morgan, que no podía disimular su perplejidad.
No sabía qué había ocurrido aquella mañana, pero para él, estaba muy claro que allí había mucho más que la simple avería del sedán de Emily.
Cuando Hotch finalmente entró a la sala de reuniones, acompañado de J.J., Morgan aprovechó para inclinarse un poco hacia Emily y susurrarle al oído.
— ¿Ahora quien inventa excusas y se esconde?
Rodeados de perfiladores, Emily no tuvo valor para responderle, más allá de una sutil mirada de advertencia que hizo sonreír a Morgan.
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