5X16 MOSLEY LANE

"Están rodeados de oscuridad. Díganme, ¿por qué lo hacen?"

"Por días como éste"

(Sarah Hillridge y Emily)

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Emily tocó el timbre de la casa de Morgan, rezando para que estuviera. Recordaba perfectamente que la última vez que se había presentado en su casa sin avisar había terminado en la cama con él, pero estaba dispuesta a correr el riesgo.

No quería estar sola aquella noche.

El caso de Ashburn había tenido un final agridulce. No habían podido salvar a todos los niños, pero tres de ellos regresarían con sus padres, y el resto al menos no se pasarían la vida preguntándose qué había pasado con sus hijos. Sus padres podrían darles un entierro y despedirse. Tendrían un lugar donde visitarlos a pesar de la tristeza de saber que nunca los verían crecer.

Pero no era eso lo que la había llevado hasta allí.

Justo cuando se disponía a regresar a casa, había recibido una llamada de Tom y habían acabado discutiendo, algo que no era habitual. Normalmente solían estar de acuerdo en todo lo que se refería a Declan, pero al parecer el niño había estado haciendo preguntas a Louise sobre su padre y Tom consideraba que no podía seguir viviendo en una mentira.

¿Qué quieres contarle, Tom? ¿Qué su padre es un criminal y está cumpliendo condena en una prisión rusa?— Le había recriminado ella— ¡Por el amor de Dios! ¡Solo tiene once años!

Aquel momento que tanto había temido acababa de llegar, y definitivamente todo lo que había planeado en su cabeza no había servido para nada. Estaba aterrorizada.

No digo que le cuentes todo, Emily— Tom había intentado que entrara en razón— Sólo digo que tal vez sólo necesite que le hablen de su padre, no del criminal… ¿Sabías que lo recuerda?

Durante el primer año durante su estancia en Estados Unidos, Declan habían preguntado por su padre en muchas ocasiones, pero poco a poco había dejado de hablar de él. Emily había guardado la esperanza de que realmente lo hubiera olvidado. Claramente no había sido así.

No está preparado, Tom.

Por supuesto, ese había sido el argumento estrella.

Tú eres la que no estás preparada— Le había reprochado Tom— ¿Es que no lo ves? Eres incapaz de hablar de Doyle.

La sola mención de su nombre la había hecho estremecer, y no en el buen sentido.

Eso no es justo— Se había defendido Emily— ¿Tienes idea de lo que he tenido que hacer para mantenerlo a salvo?

Oye, soy yo el que se ha hecho cargo de él. Tú últimamente ni siquiera quieres estar en su vida.

Aquella había sido una recriminación en toda regla.

¡No puedes acusarme de que no estoy pendiente de él! ¡Sabes que eso no es cierto!

¡Pero no hablas con él, Emily! ¡No vienes a verlo, evitas todo contacto! ¡¿Qué demonios temes?! ¡No va a convertirse en su padre!

La conversación había terminado con Tom arrancándole la promesa a Emily de que iría a visitar a Declan para que intentara apaciguar sus dudas con la poca información que pudiera darle. Emily había accedido a regañadientes, nada a gusto con la idea y al mismo tiempo sintiéndose miserable por las decisiones que había tomado en su pasado. Quizás Declan se conformara sólo con una pincelada de su padre que no pudiera comprometer su seguridad, pero ¿por cuánto tiempo podría sostener las mentiras?

Aquel sentimiento de culpa no se detuvo ni siquiera cuando Morgan abrió la puerta.

— Dijiste que podía venir…— Dijo ella a modo de saludo.

Derek notó enseguida su nerviosismo. Se frotaba las manos, y se veía tensa. ¿Qué le había ocurrido? Cuando se habían despedido después del caso, parecía que estaba bien.

— Entra— La invitó sin hacer más preguntas.

Para Morgan, era evidente que a Emily le ocurría algo, pero ya tenía la suficiente experiencia como para ser precavido y darle algo de tiempo. Emily entró en el salón y se detuvo frente al piano que había sido la excusa inicial para invitarla a su casa. En realidad, ambos sabían que no necesitaban ninguna justificación. Para Morgan era casi un hábito presentarse en casa de Emily sin avisar y si Emily no solía comportarse del mismo modo, sólo era por la influencia de la educación que había recibido de niña.

La observó mientras deslizaba sus dedos por las teclas del piano, como si intentara escuchar el latido de un corazón de madera noble.

— ¿Quieres tomar algo?

Morgan había hecho aquel ofrecimiento más por cortesía que porque le pareciera buena idea. Emily no era la única que recordaba lo que había ocurrido la última vez. En esta ocasión, no caería en la trampa del consuelo a través del sexo.

— No... Sólo quería un poco de compañía...— Se sinceró— No ha sido un buen día.

Morgan asintió, y se acercó a ella.

— Esto no es por el caso, ¿verdad?

Emily se volvió hacia él, decidiendo si podía confiar en él.

— He discutido con un amigo...— Se sinceró— No es nada que no podamos solucionar... pero sabía que si me iba a casa sola me pasaría la noche pensando en ello y sintiéndome...— Vaciló un momento, al tiempo que pulsaba con delicadeza algunas teclas del piano, como si la música la ayudara a pensar — La verdad es que ni siquiera sé cómo me siento— Añadió.

Derek no sabía prácticamente nada de sus amistades anteriores a su incorporación al equipo, más allá de que todas estaban rodeadas de misterio, al igual que el resto de su pasado. En las pocas ocasiones en las que había intentado curiosear, ella había respondido con evasivas. Asumió que esta vez sucedería lo mismo, por lo que prefirió conformarse con aquella explicación.

— Me gustaría escucharte tocar— Le pidió entonces Morgan.

Emily lo miró con curiosidad.

— ¿Por qué tanto empeño? ¿Quieres comprobar si realmente puedo hacerlo?

— Algo así...— Admitió Morgan— Realmente lo que creo es que tocas mejor de lo que quieres admitir, pero eres demasiado humilde como para reconocerlo. ¿Me equivoco?

Emily pareció meditarlo durante unos segundos.

— Está bien...— Dijo al fin. Se sentó frente al piano. Morgan por su parte tomó posición frente a ella, ligeramente apoyado sobre el piano— ¿Alguna petición en especial?

En ocasiones Derek ponía música clásica de fondo, pero no era un gran experto en la materia.

— Decide tú.

— Bueno...— Emily colocó suavemente los dedos sobre las teclas— Estoy bastante segura de que esto lo conocerás.

En circunstancias diferentes, posiblemente Emily habría escogido una pieza musical más alegre, como la "Para Elisa" o la "Marcha Turca", pero lo que salió del contacto de sus manos con el piano fue algo más acorde a su propio estado de ánimo.

Morgan se quedó embelesado escuchando cómo desgranaba las primeras notas de "Claro de Luna" de Beethoven. Tal vez Emily no había sido capaz de definir sus sentimientos con palabras, pero había encontrado otro modo de hacerlo.

La magia de aquella melodía pausada y melancólica impregnó toda la sala a medida que brotaba la música, y cuando Emily terminó, todo quedó en silencio, como si sus ecos persistieran.

— ¿Y bien?, ¿Cuál es el veredicto?— Bromeó ella finalmente.

De algún modo, la música había conseguido aliviar sus preocupaciones.

Derek la miró con profunda admiración.

— Honestamente, estoy impresionado. ¿Por qué dejaste de tocar?

Emily se encogió de hombros con un suspiro, y luego se incorporó. Sus manos sin embargo, siguieron en contacto con las teclas, mientras en su mente brotaban imágenes de tiempos pasados. Doyle, culto como era, tenía un piano en su villa de La Toscana. Él sabía tocarlo, y muchas veces lo hacían juntos, aunque Doyle tenía debilidad por temas más lúgubres, y Emily en cambio, solía escoger piezas más ligeras sólo porque sabía que le gustarían a Declan. Había comenzado a enseñarle a tocar el piano, pero no había habido tiempo suficiente para eso. Al huir a Estados Unidos, una de las primeras cosas que le había pedido a su amigo Tom era que lo apuntara a clases, y así lo había hecho. Con el tiempo descubrieron que el niño tenía talento para la música, y hacía poco que había comenzado también a tocar el violín.

Emily, por su parte, no había vuelto a intentarlo desde aquella época. Demasiados recuerdos que prefería olvidar. Pero aquel día, con Morgan, se había sentido bien. Había disfrutado de nuevo, y eso la hacía feliz.

— El trabajo, supongo...— Mintió— Además, sería un verdadero reto meter un piano en mi apartamento— Bromeó.

— Puedes venir aquí cuando quieras, ya lo sabes— Le ofreció Morgan— Si te apetece, claro...

Ella pareció pensárselo. Si era honesta consigo misma, no podía afirmar que no sucumbiría de nuevo a aquello que se había propuesto dejar atrás.

De pronto, la idea no le pareció tan terrible.

— Gracias…

Poco después se instalaron en la terraza y conversaron tranquilamente durante varias horas, hasta que Emily juzgó prudente retirarse antes de que fuera demasiado tarde para regresar a casa.

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