5X18 LA PELEA
"Así que… ¿Qué llevas puesto?"
"Un arma"
(Mick y Emily)
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Había tomado demasiado alcohol.
Emily normalmente tenía mucho más resistencia, pero la celebración con el equipo de Cooper, se había extendido varias horas, y comenzaba a notar los primeros efectos, así que decidió salir al callejón a tomar un poco de aire antes de que empeoraran.
Había sido refrescante trabajar con otros agentes, y había sido agradable trabajar con Mick Rawson. Emily tenía que admitir que era atractivo aunque su carácter la exasperara en ocasiones. Además, le había salvado la vida, lo cual era un punto a su favor.
Se dejó caer de espaldas contra la pared. Cerró los ojos y se concentró en su respiración, esperando que se le pasara aquella ligera sensación de vértigo.
Ni siquiera los abrió cuando notó a alguien colocarse a su lado.
— ¿Mareada?
Emily miró a Morgan de reojo, brevemente, y luego volvió a cerrar los ojos, con la cabeza hacia atrás.
— Creo que no debí aceptar esa última cerveza.
Estaba lejos de la ebriedad, pero sí notaba el familiar cosquilleo en la cabeza que la precedía.
— Te la dio Rawson— Le recordó Morgan.
Emily lo miró de nuevo, estrechando sus ojos con curiosidad. Sí, lo había visto sonreír mientras Mick le lanzaba indirectas, pero también era cierto que en más de una ocasión, había sorprendido a Morgan mirándola fugazmente.
Después de su última conversación en el jet, resultaba desconcertante. Emily tuvo la impresión de que su sugerencia de salir con otras personas, en realidad no era tan sincera como Morgan había pretendido hacer ver.
— ¿Detecto una pizca de celos en tu tono de voz?— Bromeó ella— Creía que te daba igual lo que hiciera— Le reprochó con ironía— ¿O crees que estoy tratando de demostrar que no me importas?— Añadió, recordando cómo se había burlado de ella aquel día.
Derek se echó a reír suavemente. Emily era libre de relacionarse con quien quisiera, al fin y al cabo, él mismo la había animado ¿no? Entonces, ¿por qué iba a molestarse? ¿Y por qué tenía la sensación de que ella esperaba algún tipo de reacción por parte de él? Tal vez su teoría no era tan desacertada después de todo.
Se volvió hacia ella, y se quedaron frente a frente.
— Al contrario, me he divertido mucho viendo cómo Rawson intentaba flirtear contigo… Por lo demás, diría que estabas más interesada en que yo lo presenciara que en él.
— ¿Realmente, Derek?— Lo cuestionó ella con incredulidad, negándose a reconocer lo evidente, que era eso exactamente lo que había estado haciendo, sólo que su orgullo le impedía reconocerlo, más después de soportar sus burlas — ¿Hablabas en serio el otro día? ¿Eres tan engreído que piensas que todo gira en torno a ti? ¿O es que no creías que fuera capaz de seguir tu consejo?
La tensión entre ambos crecía a medida que se intensificaban los reproches. En aquel pequeño callejón, al que se accedía por una puerta trasera del local, comenzaba a hacer un calor sofocante, y no sólo era por la temperatura del ambiente.
— Lo creería si no me hubieras devuelto cada una de mis miradas…— Señaló él — ¿Estabas intentando darme celos, Emily?— Se jactó. Inmediatamente Morgan se arrepintió de sus palabras. Emily había apartado la vista hacia sus pies, y había comenzado a juguetear con las piedrecillas sueltas del pavimento, claramente incómoda— Perdona…— Se disculpó— No pretendía…
Y entonces ella alzó la vista, enfrentándolo, con la expectación reflejada en su rostro.
— ¿Funcionó?— Le retó, mordisqueándose el labio.
Permanecieron en silencio, desconcertados y confusos, incapaces de apartar sus ojos el uno del otro. La música llegaba atenuada por los muros del edificio, mezclada con las risas amortiguadas de los agentes allí reunidos, dándole al callejón un aspecto irreal.
En un puro impulso, Morgan cerró la distancia entre ellos y la besó, profundamente, asumiendo el riesgo de que alguien pudiera descubrirlos o de que ella lo rechazara.
Pero no lo hizo.
Emily tardó sólo un par de segundos en recuperarse de la sorpresa inicial antes de permitirle sumergirse en su boca mientras Morgan la empujaba contra la pared. Las manos de Morgan viajaron por sus caderas, agarrándola con fuerza, y ambos volvieron a experimentar, después de mucho tiempo, aquella sensación de ardor en sus cuerpos que creían haber dejado atrás.
Fue Morgan en el que en un instante de lucidez se apartó, casi atemorizado con lo que acababa de suceder.
— Emily— Balbuceó.
Por supuesto había notado que ella le respondía a cada gesto de su boca y de sus manos, pero al mismo tiempo sintió miedo de que Emily se arrepintiera y la historia se repitiera.
Sin embargo, Emily pasó sus manos por detrás de su cuello y lo atrajo de nuevo hacia ella.
Ese segundo beso fue aún mejor, porque la inseguridad ya había desaparecido y sólo quedaba el deseo y el anhelo. Al separarse, compartieron una mirada cómplice muy conscientes de que el alcohol no serviría de excusa para justificar lo ocurrido.
Emily sonrió tímidamente.
Morgan sintió que su corazón golpeaba su pecho con fuerza al volver a ver esa sonrisa en sus labios.
— Será mejor que volvamos… Cualquiera puede vernos…. — Dijo ella.
Regresaron al interior del local, donde el resto disfrutaba de su propia diversión. Nadie parecía haberse dado cuenta de que los dos agentes habían desaparecido durante unos minutos, o si alguno lo hizo, no dio muestras de haberse percatado.
A partir de ese momento, se mantuvieron a distancia, mezclándose con el grupo de Cooper. Aquella noche pernoctarían en San Francisco, y el hotel estaba cerca de allí, así que a medida que el cansancio comenzaba a hacer mella en los agentes, se fueron retirando. Morgan fue uno de los primeros que lo hizo, dándole un tiempo prudencial a Emily para que lo siguiera sin levantar sospechas con la esperanza de que la noche se alargara un poco más para los dos.
Así lo hizo. Emily regresó al hotel una media hora después, acompañada de J.J. y se despidieron frente a la habitación de ésta, contigua a la suya. Entró en su habitación y comenzó a dar vueltas, tratando de calmar su nerviosismo. Morgan se alojaba justo al otro lado, al final del pasillo. Ese era uno de los motivos por los que estaba segura de que no sería Morgan quien llamara a su puerta aunque tuviera tantos deseos de hacerlo como ella misma. Si lo hubiera hecho Morgan, se habrían arriesgado a que J.J. los oyera. El otro motivo, era que posiblemente Morgan esperara que fuera ella quien diera ese paso teniendo en cuenta que había sido la que había dinamitado su relación meses antes.
Emily lo comprendía. Era lo justo.
Escuchó el sonido del agua mientras Derek se duchaba. Los baños se encontraban pared con pared, así que Emily supo exactamente el momento en que éste regresaba a la zona del dormitorio.
Morgan, por su parte, estaba igual de ansioso. Después de ducharse, se había vestido únicamente con su ropa interior y el pantalón del pijama. Casi nunca usaba parte superior, y menos aún en aquella noche calurosa de San Francisco.
Luego se sentó en la cama, decidido a revisar los informes del caso antes de ir a dormir. Al menos de eso era de lo que intentaba autoconvencerse. La realidad era muy distinta. Sus oídos se habían aguzado tratando de atender a los movimientos de Emily en la habitación de al lado.
Contuvo la respiración cuando finalmente escuchó el característico sonido de la puerta al abrirse, y unos segundos después, dos golpes suaves en la suya.
Su corazón se aceleró mientras se dirigía hacia allí. Por supuesto era Emily quien estaba al otro lado, impaciente, anhelante e incluso un poco ruborizada.
Al parecer también sin palabras.
— Creí que no ibas a venir...— Dijo Morgan aliviado, justo antes de agarrarla de la cintura y arrastrarla hacia el interior de la habitación.
La aprisionó contra la puerta, ya cerrada, y estrelló sus labios contra los de ella. Esta vez no tenía dudas.
Aquella era la única razón por la que ella se había presentado allí, desafiando las consecuencias de que alguien del equipo pudiera sorprenderlos. Lo vio en sus ojos, en su expresión y en la forma en que le devolvía cada toque, cada beso, cada jadeo.
Con la voracidad de aquel deseo reprimido, se despojaron ávidamente de sus ropas, como si aquel fuera el último día de sus vidas y se redescubrieron mutuamente, sin cuestionarse si estaban recayendo en el mismo error o si de nuevo su relación estaría destinada al fracaso.
A las primeras luces del alba, Emily se despertó. No se había llegado a dormir del todo, en realidad. Tenía muy presente que a excepción de García, todo el equipo se alojaba en el hotel. Tal vez incluso alguno ya se habría despertado y no estaba dispuesta a correr riesgos. Morgan seguía dormido. Sonrió al notar la expresión tranquila en su rostro. Se le veía relajado, incluso feliz.
No sabía lo que ocurriría a partir de ahora, pero si algo tenía claro era que no volvería a hacerle daño a propósito para apartarlo de ella.
Recogió su ropa, que yacía esparcida por la habitación, y justo cuando iba a salir sigilosamente por la puerta, Derek la sorprendió.
— ¿Huyes?
Se volvió hacia él, con la culpa reflejada en su rostro. La había atrapado como a una niña pequeña.
— No quería despertarte.
Por un momento notó la duda en su rostro, así que se acercó a la cama y se sentó.
— Oye… Todo está bien— Le aseguró acariciándole el rostro— Quería regresar a mi habitación antes de que el resto se levantara. Iba a dejarte un mensaje en el móvil.
Morgan no vio atisbo de duda en su voz, pero aun así, necesitaba confirmarlo.
— ¿Seguro?
Emily se inclinó y lo besó en los labios.
— Seguro. Nos vemos en el avión.
Con una sonrisa su rostro, Emily se encaminó de nuevo hacia la puerta, y después de una mirada cómplice, salió de la habitación.
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